Capítulo 2. Yonqui
-¡Él no es enemigo de la humanidad! ¡Al contrario, creemos que tiene información valiosa!
- ¡No intentes negociar por su vida! Después de mostrar su verdadera identidad frente a nosotros, ¿piensas que te creeremos? Si estás diciendo que él no es enemigo de la humanidad, ¡muéstranos una prueba! Si no puedes hacer eso, no voy a escucharte.-
- No es el problema que la humanidad que Eren…eh …mierda, la cagué …- Se oyeron quejidos frustrados desde todas las esquinas del set.
-¡Corte! ¡Por centésima vez, corte! ¡Todos, tómense un descanso! ¡Menos tú, Beck, repasa el maldito guión!
Anton observó el gesto frustrado y un poco descarado de Oliver Beck. Qué sujeto patético. El cast estaba lleno de sujetos patéticos, y solo algún que otro talento. Él mismo, entre ellos, por supuesto. Lo mínimo que podía esperar por parte de los realizadores de la serie era que situaran esos talentos en los lugares adecuados. Pero en cambio, él debía tener como coprotagonista a un maldito yonqui que no podía recordar ni una línea. Anton conocía muchos de sus trabajos y tenía altas expectativas al respecto. Había estado muy equivocado, y al parecer los que lo habían contratado, también. Pero era muy tarde para volver atrás.
Darle el papel de Armin Arlet a Beck no había sido el único error cometido por esos ineptos; debían haber millones de asiáticas dispuestas a interpretar a un personaje tan sencillo como Mikasa Ackerman, y sin embargo esos tipos habían llamado a Ryoko Yamashita. No era mala actuando, pero a decir verdad, cualquiera podía poner cara seria y decir cosas amenazantes. Era admirable como había preparado su cuerpo para el papel, pero eso no borraba el hecho de que era mujer hambrienta por la atención. Atendía a todas las entrevistas que podía, estaba todo el día con sus redes sociales y podía quedarse horas hablando con sus fans. Un total y completo narcisismo. ¿Dónde estaba la profesionalidad? Y lo peor era que todas esas odiosas costumbres le habían creado una reputación que estaba influyendo en la publicidad de la serie. ¿Cómo podían haber puesto el nombre de esa nipona más grande que el suyo? De seguro tenía que ver su etnia. Sí, ahora todo el mundo era políticamente correcto y cada vez que aparece un artista mas o menos decente perteneciente a otra cultura, inmediatamente lo ponían en un pedestal. Más si era mujer.
Pero lo que realmente lo enfermaba era la elección del protagonista. ¿Él, Anton Kurtz, Eren Jeager? Es decir, en otra circunstancia habría estado muy satisfecho con el papel principal, pero ni siquiera se había postulado para ese rol. No, el no quería ser el adolescente confundido y con poderes. No, el quería interpretar al gran, heroico, complejo e icónico Levi Ackerman. Mierda, era fanático de la saga de libros de Hajima R. R. Isayama desde pequeño y desde siempre había sabido que su destino era interpretar al fantástico Capitán. Y cuando por fin tuvo la oportunidad frente a sus ojos, esos estúpidos llaman a su agente para decirle "Te queremos ofrecer una mejor propuesta. Todos los que dirigimos el casting coincidimos en que Anton Kurtz debe tener el papel de Eren." ¿Mejor propuesta? ¡¿Mejor propuesta?! ¡Era una propuesta casi denigrante! Pero había aceptado de todas formas porque en serio quería participar de ese proyecto. Y porque el idiota de su agente no podía encontrarle ningún otro trabajo, y su estilo de vida no podía permitir un período extenso de desempleo. No sin hacer sacrificios.
Se estaba equivocando; el hecho de que le hubieran dado el papel que no quería no era lo que más lo enfermaba. No, claro que no. Lo que le revolvía el estómago y le daba ganas de vomitar era el idiota que habían situando en el puesto que debía pertenecerle. ¡Por favor, a Jules Blanc no lo conocía ni su propia madre! Nunca había oído habla de ninguno de los proyectos en los que había participado. Cine y teatro independiente. Jah. Clase C, querrás decir. C de casero. El tipo ni siquiera tenía la apariencia adecuada para interpretar a Levi; tenía la contextura y casi la cara de un niño. No había forma en la que alguien creyera que esa ratita flacucha fuera un soldado de 34 años, y mucho menos el Mas Fuerte de la Humanidad.
Todavía no le había tocado filmar con él, pero había visto las escenas correspondientes al capítulo 9. Anton no podía creer la poca capacidad expresiva de ese sujeto. Bueno, sabía que en los libros Isayama aclara en varias partes que el Capitán Levi no dejaba ver sus emociones tan fácilmente. Pero eso no importaba porque de seguro ese hippie no había leído ni un renglón de esa obra maestra. Además, ¿dónde estaba la ira contenida? ¿Dónde estaban los traumas psicológicos? ¿Dónde estaba el dolor?
La cercanía de Beck arrancó a Anton de su pozo de odio y frustración. El maldito descarado en vez de estar repasando el guión estaba tomándose un café.
-¿Por qué no aprovechas y lees el guión mientras tratas de espabilarte? Porque todos queremos seguir grabando para poder irnos a casa.-
Oliver lo miró con una amplia sonrisa
-¿Por qué no aprovechas y metes tu culo en tus asuntos?
-¿Por qué no te tomas tu trabajo en serio?
-¿Por qué crees que me importa lo que tengas que decirme?
- ¿Por qué no dejas de venir con resaca a las grabaciones?
-¿Por qué todavía no te tiré mi café en la cara?
-¿Por qué no dejas de meterte mierda en el cuerpo? Así tal vez tu cerebro pase a ser algo más que papilla y puedas decir tus malditas líneas.
Oliver tiró el vaso de plástico con café negro que llevaba en la mano y se lanzó, dispuesto a arrancarle los ojos a esa cara de mierda. Kevin lo detuvo tomándolo del hombro.
-Ey, pudiste haber mojado un cable.-
Anton suspiró de alivio internamente. Beck no era precisamente un tipo fornido, pero él nunca había estado en ninguna pelea, así que no estaba seguro de poder ganar. Además, pelear a puño limpio en el trabajo era lo más salvaje, humillante y poco profesional que se le cruzaba por la mente.
No prestó atención a lo que Kevin le decía al yonqui, pero pareció apaciguarlo un poco. Eso, y el aviso de que dentro de cinco minutos iban a intentarlo de nuevo.
-Eh, Kurtz, mira y toma notas. Mi cerebro de papilla está a punto de hacer arte. – Dijo Oliver antes de dirigirse a su silla donde estaba el guión tirado de cualquier manera.
Anton quiso contestar pero no era tan rápido a la hora de elaborar una respuesta ofensiva.
-Anton- Le llamó Kevin.- No lo incentives.
-No lo incentivo a nada. Él está loco, ¿qué quieres que le haga?-
-Todos en el rubro están locos. Es hora que te vayas acostumbrando a la convivencia.-
Anton hizo un gesto despreocupado y se sentó a ver como el rubio se humillaba aún más.
Comenzaron la escena desde que Armin salía del vapor del titán. Vio como levantaba las manos ante las armas de utilería que le apuntaban y gritaba, por décima vez en la tarde
-¡Él no es enemigo de la humanidad!-
Y después procedió a dar el discurso más convincente, enardecido y hasta adorable que Anton había oído en su vida. Cuando terminó, los miembros del equipo técnico aplaudieron con alivio y admiración.
La mirada de Anton se cruzó con la de Oliver, quien le enseñó el dedo del medio con saña.
- Ryoko Yamashita: Mikasa Ackerman
- Jules Blanc: Levi Ackerman
-Anton Kurtz: Eren Jaegar
-Oliver Beck: Armin Arlert
