La reunión había sido larga, varios temas habían sido abordados, especialmente el que advertía sobre la presencia de seres oscuros en las tierras vecinas al Bosque Verde. Lenwë, el Consejero encargado de informar al pueblo sobre el tema, había expuesto con mesura las medidas que habían sido puestas en marcha para indagar sobre la situación. Los elfos estaban habituados a lidiar con ese tipo de condiciones, por lo tanto, mostraban una actitud más dispuesta y solidaria respecto a acatar disposiciones que coadyuvaran al bienestar del pueblo.

Dichas reuniones eran frecuentes, ya que, constituían la vía que tenía el Rey para mantener relación con su pueblo, enterarse de sus necesidades, deseos y malestares. Thranduil gustaba de éstas, aunque eran extenuantes, le aportaban una perspectiva diferente del entorno, le eran de utilidad en la toma de decisiones y proveían a su gente un elemento de proximidad con él. Generalmente el Rey Elfo era acompañado por Isilion, un miembro respetado y de trato cercano con los elfos del reino, quien conciliaba y negociaba cuando se presentaban desavenencias.

Concluida la audiencia, se sirvieron exquisitos manjares que degustaron los asistentes. Thranduil debía retirarse para atender el asunto de Dol Guldur, así que indicó a Isilion que se hiciera cargo de cualquier eventualidad durante la cena. Al retirarse el Rey Elfo fue despedido respetuosamente por los presentes. Mandó a uno de los guardias que avisaran a Seregon y Elendë que los vería en su despacho y se encaminó a éste.

-¡Alassëa lómë hîr vuin Thranduil! (¡Buenas noches mi señor Thranduil!)- dijo una elfa castaña de exuberante belleza haciendo una reverencia.

-Alassëa lómë Imloth.- respondió el Rey sólo deteniéndose momentáneamente.

-¿Aranya (Mi Rey) está molesto conmigo?- averiguó la elfa tomándolo de la mano.

Thranduil sostuvo la mano de la elfa y la observó. Imloth movió la otra mano dibujando el contorno del rostro del Rey.

-¿Man cárat? (¿Qué estás haciendo?)- preguntó el elfo sinda.

-Ú-iston (No lo sé)- respondió en un susurro la elfa mirando los labios de él.

Thranduil aferró por la cintura a la elfa, la cual se había sonrojado, se inclinó para estar a la altura de ella y entonces ambos se besaron, primero lento y después más profundamente. Respiraban pesadamente, Imloth acariciaba su espalda y su boca se dirigió al cuello del Rey. El monarca la detuvo y la giró poniéndola contra una de las paredes de roca tallada, deslizó suevamente el vestido para descubrir sus hombros, los cuales, rozó con sus labios húmedos hasta llegar al cuello y morderlo suavemente. Ella se estremeció…en un instante las caricias cesaron.

-¡No dirweg Imloth! (¡Ten cuidado Imloth!).- sentenció en un murmullo al oído de la elfa y, se marchó.

Imloth permaneció estática observando la espalda del Rey, sus ojos se llenaron de lágrimas; se sentía humillada. Largo tiempo había amado a Thranduil, aunque él siempre se había mostrado distante, las raquíticas atenciones las había usado para sostener una fantasía cada vez más resquebrajada por la irrefutable realidad…

-Ada (Papá) ¿Puedo ir contigo? Soy valiente.- preguntó la pequeña Eilinel casi al borde del llanto al saber que su padre se marcharía de nueva cuenta.

-No tengo duda, veleth nin (cariño). Pero ahora necesito que acompañes a tu madre en mi ausencia.- explicó Seregon a su pequeña hija de 4 años.

-¿Ada (Papá) regresarás mañana?- dijo Eilinel con sus mejillas rosadas por los sollozos.

-Lá Eilinel (No Eilinel), te prometo que regresaré lo más pronto posible.- afirmó el Capitán cargando a la elfa.

-Hodo-ninya, tye-mélane (Mi corazón, te amo).- expresó Luinil abrazando a su esposo e hija.

-Tye-mélane vanimelda (Te amo hermosa).- contestó Seregon besando a su esposa y bajando a Eilinel.

-Me reuniré con el Rey Thranduil y después partiré.- avisó Seregon.

-Está bien, meleth nin (mi amor). Te esperaremos en el corredor principal del palacio.- aseguró Luinil viendo a su esposo salir rumbo a la audiencia.

Elendë, el Consejero, caminaba por el corredor en dirección al despacho de Thranduil; donde se discutirían los últimos pormenores de la misión hacia Dol Guldur, al pasar se percató de la presencia de Imloth que lucía apesadumbrada.

-¿Necesita ayuda?- indagó el Consejero.

-Lau, hantalë (No, gracias). Disculpe.- respondió la elfa secando discretamente sus lágrimas y retirándose.

-Alassëa lómë Elendë (Buenas noches Elendë), amin hiraetha (lo siento), me he retrasado. El Rey debe estar esperándonos.- dijo Seregon.

-Vi pasar al Rey hace un instante. Así que, no creo que lleve mucho tiempo esperando.- intervino Imloth, sin dejar de caminar, llamado la atención de ambos elfos.

El Consejero y el Capitán de la Guardia, llegaron al gran portón de roble del despacho, y se anunciaron. El Rey les autorizó la entrada. Al ingresar observaron a Thranduil concentrado examinando unos pergaminos mientras bebía una copa de vino.

-¿Y bien? Tomen asiento.- indagó el monarca observando a los elfos.

-Aran Thranduil (Rey Thranduil), estamos preparados para salir.- anunció Elendë.

-De acuerdo, si han entendido los objetivos, espero una gestión provechosa. Es una encomienda arriesgada pero cuento con su sensatez. Pueden partir de inmediato.- sentenció Thranduil.

Seregon y Elendë hicieron una leve reverencia saliendo del despacho. Caminaron por los sinuosos pasillos de finas maderas hasta llegar al corredor principal del palacio. Allí esperaban Luinil, Eilinel y la esposa de Elendë para despedir al Capitán de la Guardia del Bosque Verde y al Consejero Real.

Seregon abrazó a su esposa, besó sus labios y frente; mientras la pequeña Eilinel se aferraba a una de las piernas de su padre.

-Alámenë.Entula rato. Tye-mélane Seregon. (Ve con nuestras bendiciones. Regresa pronto. Te amo Seregon).- deseó Luinil a su esposo.

-Len ada (Para ti papá).- dijo Eilinel entregándole a su padre un arrugado trozo de pergamino con un curioso dibujo de ellos tres.

-¡Vanya! Tye-mélane veleth nin (¡Qué bonito! Te amo cariño).- expresó el Capitán abrazando tiernamente a Eilinel.

-Debemos irnos.- señaló Seregon a Elendë, el cual, se despedía besando la mano de su esposa.

Luinil y Eilinel estaban familiarizadas con las constantes ausencias de Seregon, sin embargo, no por ello sufrían menos. Eilinel aún no comprendía porque su padre se iba durante largos periodos, sólo sabía que lo extrañaba y que le gustaría verlo con más frecuencia. Luinil, por su parte, consolaba a su pequeña, aunque en ocasiones no era suficiente, quizá porque ella misma deseaba a su esposo a su lado.

Había días en que la zozobra era insoportable, sabía que el puesto que ostentaba Seregon, lo exponía a diversos peligros. Cuando él guardaba total silencio sobre su próxima encomienda, Luinil deducía; sin duda, que sería arriesgada y ello le oprimía el corazón. Su esposo trataba de consolarla explicándole que gracias a su trabajo, él podía contribuir a la seguridad de su familia y a la de otros elfos.

-Mauya nin avánië. Namárië. (Debo irme. Adiós).- anunció Seregon montando con agilidad sobre el enérgico equino. Seguido por Elendë.

Eilinel corrió agitando su manita hacia donde unos instantes había estado su padre. Luinil alcanzó a su hija y la abrazó contra su pecho.

Lothíriel, quien recién había terminado el seminario con los elfos, observó conmovida la escena y se acercó a donde estaba la familia del Capitán y el Consejero.

-Disculpen ¿Puedo ayudar en algo?- preguntó Lothíriel.

-A, hantalë Lothíriel (Oh, gracias Lothíriel). Nunca es fácil.- respondió Luinil con su hija en brazos y lágrimas en los ojos.

-Es verdad. Sólo nos queda confiar en que Eru nos los devolverá con bien.- confirmó la esposa de Elendë retirándose del lugar.

Lothíriel lo entendía, pues muchas ocasiones su padre había tenido que marcharse por largas temporadas e incluso a cruentas batallas. El vacío por la ausencia nunca había sido un sentimiento fácil de paliar.

-Regresará con bien.- agregó Luinil, en un intento por convencerse a sí misma.

-¿Te gustaría cenar con nosotras Lothíriel?- invitó Luinil.

-Tancave, hantale. (Sí, gracias).- aceptó Lothíriel.

Escuchó un sonido hueco justo en el troco detrás de ella, se sobresaltó y se incorporó aún semidormida, era una flecha que se había clavado en el árbol. Miró a su alrededor y pudo ver un ligero movimiento en la copa del árbol frente a ella. Agarró su arcó y cuando se disponía a tirar de él, uno de los elfos la detuvo de inmediato. De pronto el campamento estaba agitado y los caballos relinchaban con fuerza.

Ivorwen seguía mirando alrededor sin entender lo que sucedía, pudo ver que había otros elfos conversando con los miembros de la comitiva, no obstante, aquellos apostados sobre los árboles permanecían alerta con los arcos dispuestos. Después de un rato, la confusión cesó y los arqueros descendieron, uno de ellos se acercó a la joven que desconfiada retrocedió; el elfo le dirigió unas palabras, que a juzgar por su expresión, se trataba de una disculpa.

-Vuelva a descansar, no hay de qué preocuparse. Se trata de elfos de la Guardia del Bosque y, sólo han querido advertirnos de su presencia e interrogarnos sobre nuestro destino.- dijo el elfo que guiaba al grupo.

Aún con los nervios alterados, la mujer pelirroja, se acurrucó sobre la raíz del árbol en el que había estado durmiendo, se cubrió, cerró los ojos y después de un rato los sonidos fueron apagándose.

-Máratulda Lothíriel (Bienvenida Lothíriel)- dijo Luinil al llegar a su hogar.

-Hannon le Luinil (Gracias Luinil).- agradeció la hija de Isilion entrando a la acogedora casa de Lunil y Seregon.

-Enseguida vuelvo iré a recostar a Eilinel.- señaló Luinil, pues la pequeña, se había quedado profundamente dormida.

-Anwa (De acuerdo).- asintió Lothíriel tomando asiento.

-Es una linda pequeñita y, por lo que veo, una promisoria artista.- aseguró Lothíriel admirando el montículo de pergaminos desperdigados por la mesa.

-Hannon le (Gracias). Eilinel tiene una especial predilección por el dibujo y parece disfrutarlo enormemente. Creo que es una de las formas en las que ha ido aprendiendo a canalizar su sensibilidad.- expuso Luinil preparando unos cuencos con infusiones calientes de hierbas y trozos de apetitoso pan de miel con fresón.

-Cuéntame Luinil ¿Sigues tocando el arpa? Recuerdo que los hacías con gran destreza- preguntó la elfa de ojos grises apilando cuidadosamente los dibujos.

-Por ahora mis manos están ocupadas correteando y mimando todo el día a una pequeña elfa que gusta de escabullirse al menor descuido. Creo que esa es otra de sus habilidades.- advirtió Luinil con una sonrisa en su rostro y dejando la bandeja con pan sobre la mesa.

-Á ná (Oh sí), vaya que me es familiar. Yo también solía escapar frecuentemente de casa; para desazón de mis padres.- recordó Lothíriel con una sonrisa.

-Len (Para ti).- ofreció Luinil un recipiente con una cálida infusión que depositó sobre las gélidas manos de Lothíriel.

-Hantalë (Gracias).- respondió Lothíriel retirando rápidamente sus manos.

-¿Man-ie Lothíriel? (¿Qué pasa Lothíriel?) Tus manos están congeladas.- señaló con preocupación la elfa castaña.

-Tengo miedo…- explicó Lothíriel cuando tímidas lágrimas fueron empapando sus mejillas. Luinil abrazó a la elfa.

-En mi soberbia me he sentido impertérrita ante la lobreguez.-expuso taciturna Lothíriel.

-No deberías ser tan dura contigo. Aferrarse al estoicismo es una manera de negarse al dolor. Quizá no temas a la oscuridad sino al sufrimiento que ésta sería capaz de atraer. Estamos expuestos a las bondades y desventuras de la vida, ese es un pensamiento presente pero no conscientemente aceptado. El miedo es un mal consejero.- reflexionó Luinil tomando las manos de Lothíriel.

-Anwa, ná (Cierto, así es). Tengo miedo al miedo…y eso es algo que me he negado a ver pero, irónicamente la penumbra me lo ha revelado…- recapacitó Lothíriel mirando el recipiente que tenía entre las manos.

-Tu tarea ahora es resolver ¿Qué hacer con ello?- repensó Luinil ofreciendo un trozo de pan a la elfa de cabellos negros.

Ambas elfas disfrutaron de la cena, pese a sus acongojados corazones. Luinil explicaba divertida sobre las vicisitudes que debían atravesar cuando Eilinel elaboraba otro dibujo que, ni su esposo o ella, atinaban con certeza a saber de qué se trataba y entonces la pequeña adoptaba una actitud ofendida. Que después debían reparar con una tarde de mimos y juegos.

-El amor proteja siempre a tu familia Luinil.- deseó Lothíriel con una dulce sonrisa.

-Nasië, hantalë. (Que así sea, gracias).-agradeció Luinil devolviéndole el gesto.

-Nana (mamá).- dijo entre sollozos Eilinel acercándose a Luinil.

-A tule sira velth nin (Ven aquí cariño).- indicó Luinil cargando a su hija y sirviéndole la cena.

-¿Qué te parece Lothíriel si conmemoramos viejos tiempos?- propuso emocionada Luinil con su arpa y una ocarina en mano. Mientras los ojos de Eilinel brillaban por la sorpresa.

-Me encantaría.- afirmó Lothíriel tomando la ocarina.

-A lelyalmë (Vámos).- señaló Luinil dirigiéndose al exterior de su casa junto a los robustos árboles. Seguida por Eilinel quien había agarrado una pieza de pan y corría detrás de su madre.

Las elfas se acondicionaron entre los árboles, Eilinel se sentó enfrente de ambas impaciente, y entonces Luinil rasgó gentilmente las cuerdas del arpa y las primeras notas danzaron en los alrededores. Lothíriel la acompañó, ambos sonidos se entremezclaron en una encantadora armonía que hacía vibrar a la floresta.

Los elfos atraídos por la hermosa melodía se aproximaron, unos escuchaban atentamente, otros se unían con sus instrumentos e incluso Imloth improvisó la letra con su bella voz. Eilinel se levantó arrojando el pan que estaba comiendo, correteó y bailó junto a otros pequeños.

-Aran Thranduil, la reunión ha concluido sin contratiempos. Necesito hablarle.- avisó Isilion encontrándose con el Rey quien caminaba absorto en sus pensamientos.

-Espero sea sobre lo que me interesa escuchar.- advirtió Thranduil irritado, sin embargo, el sonido de una melodía atrajo su atención y se dirigió hacia el pasaje más cercano al origen de la música. Seguido por el Consejero.

Cuando llegaron al lugar donde, desde lo alto, podía observar la reunión. El Rey Elfo se cruzó de brazos e inmediatamente ubicó a la familia de Seregon, Lothíriel e Imloth quienes parecían amenizar la tertulia. Isilion, por su parte, miró a su hija que, para su tranquilidad, parecía más animada. Además se sorprendió así mismo con una sincera sonrisa al mirar a la simpática hija de Luinil. En el momento en que la música cesó los elfos congregados se les veía felices y complacidos.

-Creo que esta es una de las recompensas al trabajo duro, Aran Thranduil.- aseguró Isilion, no obstante, el Rey no le miró.

-Ha sido reconfortante.- explicó Luinil sonriente.

-¡Ná! (¡Así es!). Tocar con ustedes en un placer. Además la magnífica voz y letra de Imloth han engalanado la armonía.- afirmó Lothíriel con un sentimiento de bienestar recorriéndole.

-Hannon le Lothíriel, Luinil (Gracias Lothíriel, Luinil) por dejarnos participar de su música.- dijo Imloth emocionada.

El resto de los elfos continuaron con la música mientras otros danzaban o conversaban sentados sobre las hojas otoñales. Luinil, Lothíriel e Imloth se sentaron a apreciar las interpretaciones.

-Has estado estupenda. ¡Ai Lothíriel! (¡Hola Lothíriel!)- dijo Elmoth, un atractivo elfo de cabello oscuro y ojos azules, que ofrecía su mano para ayudar a levantar a la elfa.

-¡Á, hantalë. Aiya Elmoth! (¡Oh, gracias. Hola Elmoth!)- respondió efusiva abrazando al elfo.

-A mí también me alegra verte. Ocólien sina pitya anna len. Panta sa. (He traído un obsequio para ti. Ábrelo.) – indicó Elmoth entregando a Lothíriel un pequeño envoltorio de tela aterciopelada atada con un listón.

-¡Vanya! (¡Qué hermoso!) Aunque no sé si sea correcto aceptarlo.-pensó Lothíriel al contemplar el reluciente collar labrado en plata fina y decorado por una delicada gota de zafiro.

-Alassenyan (Por favor), me ofenderías si no lo hicieras, ya que lo he trabajado pensando en ti.- explicó dignamente Elmoth, un hábil orfebre.

-Guren glassui Elmoth (De corazón te lo agradezco Elmoth) ¿A qué debo el honor?- averiguó Lothíriel abrazando nuevamente a Elmoth.

-¡Nana, ela! (¡Mamá, mira!).- decía Eilinel dando saltos y señalando al corredor superior donde se encontraban Thranduil e Isilion.

-¿Man-ie Eilinel? A tulë sira, alassenyan. (¿Qué pasa Eilinel? Ven aquí, por favor.)- demandó Luinil mirando a su emocionada hija.

Naneth, en Aran Thranduil! (¡Madre, mira allí, el Rey Thranduil!)- señaló Eilinel haciendo una profunda reverencia y saludando al Rey con su mano sobre el pecho.

Entonces Luinil y los presentes, miraron hacia arriba divisando la imponente figura del Rey Elfo, quien observaba la escena. Los elfos interrumpieron momentáneamente la reunión e hicieron una educada reverencia, a la cual, Thranduil respondió asintiendo ligeramente. Miró nuevamente a los elfos, fundamentalmente a la familia de Seregon, a Imloth y Lothíriel, dio media vuelta y se marchó a sus aposentos.

-¿Pasa algo?- preguntó Elmoth al darse cuenta que Lothíriel se había quedado pensativa mirando el lugar donde antes había estado Thranduil.

-Lau, unat (No, nada)- respondió la elfa volviendo a sonreír contemplando el hermoso regalo.

-Quisiera vértelo puesto.- apuntó Elmoth agarrando el collar y colocándolo alrededor del delicado cuello de Lothíriel.

-Justo como imaginé luces aún más hermosa.-aseguró Elmoth tomando las manos de Lothíriel.

-Eres muy gentil.- respondió la elfa nerviosa desviando la mirada hacia donde se encontraba Luinil y Eilinel.

-¿Se lleva el registro adecuado de los elfos que salen y entran al reino?- preguntó Thranduil a Isilion sin detener la marcha rumbo a sus aposentos.

-Ná (Sí), Lenwë y Anardil se encargan de ello.- expuso Isilion sabiendo que el Rey se referiría a la repentina aparición de Elmoth.

-Necesito ese reporte- exigió el Rey Thranduil.

-Está bien, avisaré a los responsables.-asintió Isilion.

-¿Te encuentras bien Imloth?-interrogó Lothíriel sentándose a lado de la elfa después de que Luinil había salido a buscar a Eilinel.

-¡Á, ná! (¡Oh, sí) Vaya es un collar precioso.- respondió la elfa tratando de disimular su semblante apesadumbrado.

-Me pregunto ¿Por qué el Rey no ha encontrado a su Reina? Aunque su carácter adusto asusta a cualquiera.- sugirió Elmoth escuchando las conversaciones de algunas elfas que hablaban entusiasmadas de la majestuosa presencia de Thranduil.

-Juzgas con ligereza Elmoth. Son muchas las desventuras en la vida del Rey y el dolor nos transforma para bien o para mal.- expuso seriamente Imloth incorporándose y despidiéndose. Lothíriel distinguió el semblante visiblemente afectado de la elfa ante el comentario de Elmoth.

-Me parece que Imloth está enamorada del Rey.-aseguró Elmoth observando a Imloth yéndose del sitio.

-¿Por qué los comentarios mordaces?-cuestionó Lothíriel.

-Sólo digo lo que percibo o pienso.- dijo Elmoth irritado ante la reacción de Imloth.

-Quizá debas rectificar tu especulación.-aseveró Lothíriel.

Luinil caminaba buscando a Eilinel, quien había desaparecido en el momento en que platicaba con Imloth, preguntó a varios elfos pero ninguno parecía haberla visto. Comenzó a angustiarse porque sabía que su hija podría haber salido al bosque, sin embargo, intentó calmarse al saber que sí así hubiese sido algún guardia la detendría.

-Aran Thranduil (Rey Thranduil)- saludaron con una reverencia Ereb y Nimphelos en el portón de los aposentos reales.

-Pasen- dijo el Rey Elfo una vez dentro de su habitación.

-Hîr vuin (Mi señor) he traído su cena y el baño está listo.-indicó Nimphelos.

-Nimphelos quiero que estés pendiente de la familia de Seregon en su ausencia.- dispuso el Rey.

-Como ordene Aran Thranduil (Rey Thranduil).- se despidió Nimphelos.

-Aguarda en el estudio Isilion.-indicó Thranduil al retirarse con Ereb, quien atendió concienzudamente las lesiones del Rey.

-¿Qué haces aquí pequeña?, ¿Dónde está tu madre?- averiguó uno de los guardias reales que custodiaban el amplio corredor de los aposentos reales.

-¡Ai! (¡Hola!) quiero ver al Señor Rey, le traigo un regalo importante.- dijo seriamente Eilinel al guardia, el cual, sonrió ante la actitud solemne de la pequeña.

-Amin hiraetha Eilinel (Lo siento Eilinel), el Rey está ocupado. Vamos te llevaré con tu madre.- explicó el guardia reconociendo a la hija del Capitán de la Guardia del Bosque Verde.

-Lau, lau. (No, no) Quiero verlo.- lloriqueó la pequeña elfa.

Luinil pudo distinguir a la distancia la voz de su hija e inmediatamente corrió hasta el lugar. Al llegar pudo ver a Eilinel con el guardia real, que al parecer algo le explicaba, pero la elfa parecía indignada.

-Á, hannon le…Eilinel ¿Man carat? A tulë sira (Oh, gracias…Eilinel ¿Qué estás haciendo? Ven aquí)- dijo agitadamente Luinil.

-No se preocupe, ella está bien.- aseguró el guardia.

-Lau, naneth (No, madre) traigo un regalo para el Rey.- afirmó Eilinel.

-Veleth nin (Cariño), el Rey está muy ocupado. Se lo darás en otro momento.- intentó persuadir a su hija.

-¡Deshazte de ese alboroto!- exigió Thranduil a Ereb quien recién terminaba la curación del monarca.

-Iré a investigar.- indicó el sanador dirigiéndose al pasillo. Al salir pudo distinguir a la familia de Seregon y al guardia real hablando.

-¿Man-ie? (¿Qué pasa?)- examinó el sanador.

-¡Ai señor elfo! (¡Hola señor elfo!) Traigo un regalo para el Rey.- gritó Eilinel antes de que el guardia pudiera responder.

-¿Qué clase de regalo pequeña?- quiso saber Ereb.

-Lau (No), es secreto.- dijo Eilinel ocultando el arrugado pergamino que llevaba en la mano.

-¡Gwaem, daro. Aphado nin Eilinel! (¡Vamos, basta. Ven conmigo Eilinel!)- indicó incomoda Luinil ante la insistente actitud de su hija.

-Nana nan ada (Mamá pero papá), dice que el Rey debe saber escuchar para poder ser un buen líder.- expuso Eilinel para asombro de los presentes.

-Y escucharé.- confirmó Thranduil tomando desprevenidos a los elfos que se encontraban atentos a la pequeña.

Eilinel abrió grandes sus ojos y corrió hacia donde estaba el Rey.

Aiya Señor Rey! Im Eilinel. Len. (Hola Señor Rey. Me llamo Eilinel. Para ti.)- se presentó la elfa haciendo una simpática reverencia, entregando el arrugado pergamino al monarca.

Ai Eilinel!- Thranduil se inclinó para tomar el pergamino y miró con curiosidad a la elfa. El Rey Elfo observó el dibujo sobre el pergamino, los trazos eran burdos y poco claros, no obstante pudo distinguir una pareja de elfos rubios con coronas rodeados de árboles. El soberano vio a los ojos a Eilinel, sospechando de qué se trataba…

-Dijeron que viven aquí.- Eilinel pidió a Thranduil que se agachara y, cuando lo hizo, ésta colocó su delicada mano sobre el corazón del Rey.

Thranduil se sintió extrañamente aturdido ante las palabras de la pequeña elfa. Varias cuestiones se desencadenaron en su mente: ¿Cómo pudo saber de quiénes se trataba?, ¿quién le pudo haber dicho?, ¿con qué propósito? O ¿en realidad había encontrado un forma de ver a los reyes, sus padres?

Eilinel había regresado con su madre y la tomaba de la mano disculpándose. Isilion había presenciado la escena con atención y miraba al Rey.

-Hîr vuin (Mi señor). Creo que en esta ocasión, el sentimiento debe prevalecer ante el pensamiento…- reflexionó Isilion.

-Amin hiraetha, Aran Thranduil (Lo siento, Rey Thranduil). No quisimos importunarlo. Ahora si nos disculpa, regresamos a nuestro hogar. - mencionó apenada Luinil retirándose del lugar junto a su hija.

-Tenemos asuntos pendientes.- anunció Thranduil regresando al estudio de su habitación.

El Capitán y el Consejero cabalgaban velozmente, los equinos habían sido adiestrados para sortear los cuantiosos obstáculos del fértil bosque y, los elfos debían entrenarse infatigablemente en el arte de la equitación, así como, en el conocimiento y rastreo del Bosque Verde. Los avivados sentidos de los elfos, sin duda, les proveían una gran ventaja en dichas faenas.

Seregon y Elendë percibieron la presencia de algunos elfos sobre las ramas de los robustos árboles y decidieron parar la cabalgata para indagar sobre el estado de la situación en aquella zona. Los arqueros de la Guardia del Bosque Verde descendieron ligeramente, a su vez, elfos rastreadores emergieron de las penumbras del bosque reconociendo a los jinetes, se aproximaron y presentaron un informe sucinto: las tierras en aquél lugar se hallaban libres de forasteros y de criaturas malignas, por lo que podían proseguir con seguridad el viaje.

Los jinetes espolearon a sus enérgicos caballos y éstos reemprendieron el camino a todo galope, dejando tras de sí una estela de hojas secas revueltas por el aire. Seregon miró hacia atrás, arqueros y rastreadores, habían desparecido como si hubiesen sido reclamados por el regio follaje. Los elfos eran de movimientos; ágiles, fuertes, elegantes, tenaces y certeros; lo que los hacía excepcionales y temibles guerreros. El Capitán de la Guardia se sintió satisfecho ante la disciplina y voluntad manifiesta en sus soldados.

En el otro extremo del bosque, la comitiva cabalgaba rápida pero cuidadosamente debido al cargamento que llevaban. A su paso, los animales del bosque se ocultaban y la flora parecía ceder momentáneamente el camino a los apresurados viajeros. El Bosque Verde era un lugar de imponente vegetación, donde los árboles parecían intentar alcanzar el sol y sus frondosas ramas dificultaban el paso de la luz. La tierra era fértil, húmeda y poblada por enredaderas, zarzales, arbustos, musgos, grandes raíces y troncos. El Bosque podía ser apreciado como una fortaleza infranqueable a los ojos del extranjero que ignoraba sus desafíos y peculiaridades.

-Hantalë Elmoth, boe i 'waen.Alassea lómë. (Gracias Elmoth, debo irme. Buenas noches).- se despidió Lothíriel ante la puerta de su hogar.

-Ánin apsenë (Perdoname) no quise incomodarte. ¿Te gustaría acompañarme a comer en el bosque mañana?- invitó Elmoth a Lothíriel.

-Promete que te disculparás con Imloth...y evitarás hacer comentarios venenosos cuando conversemos- demandó Lothíriel seriamente.

-Náto (Sí), lo prometo. ¿Te veré mañana?- preguntó una vez más Elmoth examinando con la mirada a la elfa.

-Sólo tengo una condición, yo elegiré el lugar. ¿Estás de acuerdo?- averiguó Lothíriel sintiéndose incómoda ante la insistente mirada azul del elfo.

-Me parece justo. Abarad. Posto vae vanimelda. (Hasta mañana. Duerme bien hermosa).- se despidió Elmoth depositando un beso sobre la suave mano de la elfa.

-Namarië (Adiós).- mencionó la elfa ruborizada.

Elmoth era un diestro orfebre, oficio herencia de su padre quien muriera durante la Guerra de la Última Alianza, amigo de la infancia de Lothíriel y poco simpatizante de la familia del Rey a quienes culpaba por las desgracias acaecidas sobre las familias de elfos que tuvieron que enfrentar la muerte. El orfebre disfrutaba del perfeccionamiento de su arte y solía emprender largos viajes en busca de piedras y metales preciosos. De carácter voluble, impulsivo y persuasivo; se mantenía casi siempre al margen de las grandes reuniones optando por establecer vínculos restringidos.

A Lothíriel la amó desde el momento en que ella se convirtió en el pilar que le ayudó a sobrellevar la pérdida de su padre. Ella había sido capaz de encender la luz en la oscuridad de su tristeza. Aunque a veces habían tenido desencuentros debido al tiempo que ella pasaba con el hijo del Rey Oropher, ya que, lo hacía sentir prescindible. Siempre atesoró el tiempo que Lothíriel le dedicaba. La deseaba…deseaba fervientemente confesarle sus sentimientos pero temía su rechazo, ya que, la elfa de los ojos grises parecía estar aguardando a alguien, alguien que no era él…y entonces la incertidumbre era la manera más esperanzadora que había encontrado de asirse a su anhelo.