Aquí, traigo el siguiente capítulo espero sea de su agrado. He leído los comentarios y me sorprende un poco algunos de ellos. Agradecer a quienes se toman la molestia de postear sus impresiones. Me ayuda a saber que les parece y si lo estoy haciendo bien o no.
No me quiero alargar demasiado, pero de aquí en adelante las continuaciones serán más extensas, pero eso significa que no publicaré tan rápido como lo he hecho hasta ahora. Espero puedan comprender.
Hasta la próxima.
Aclaro que tanto como los personajes como el mundo pertenece a la autora de la saga J. K. Rowling.
Capítulo I: Los últimos días de vacaciones y el callejón Diagon.
Sentado en su cuarto esta un joven de once años, de pelo negro desordenado, delgado, de tez blanca, ojos tornasol que pasan de un apagado gris a un pálido verde esmeralda. El escribe sobre un diario con hojas de pergamino con una pluma con tinta de un verde oscuro sobre el papel. Aquí, plasma sus experiencias pasadas de los últimos días, en donde acontecen los hechos más significativos para su persona. Escribe con ahínco sobre las páginas lo siguiente:
"Día, veintiséis de Agosto de 1991:
Hoy ha sido otro largo día de entrenamiento de Oclumancia. Lupin me ha estado enseñando a cómo mantener mi mente despejada, sin pensamientos o emociones. Es algo muy difícil, pero he ido progresando semana a semana. Es más tanto el cómo Sirius me animan diciendo que tengo mucho talento para esta rama de la magia. Aun cuando no es lo más entretenido que he hecho, sin duda no deja de ser interesante; después de todo los primeros días tan solo me pasaba leyendo diversidad de libros para aprender la teoría que hay detrás de la Oclumancia.
A pesar de que mí tiempo se ha vuelto más escaso, también me ha servido para darme cuenta que, debo aprovechar mis ratos libres. Aprovecho para leer de distintas cosas, ya que el mundo mágico siempre me ha parecido de lo más interesante.
Mi vida con Sirius es muy divertida, puesto que siempre está animado para hacer bromas a Lupin y unas cuantas veces le he ayudado en eso. También, he aprendido un poco acerca del quidditch (el deporte más popular entre los magos) Sirius me ha enseñado a montar en escoba y me dijo que le recuerdo a mi padre por la manera que vuelo en la escoba. Sin embargo, no todo es genial, en la residencia Black está Kreacher, el elfo domestico de la casa Black, siempre esta amargado y rara vez hace alguna de las instrucciones que se le dan, pero es muy divertido hacerlo enfadar. Como la vez cuando Sirius me dio lecciones de volar en escoba dentro de la casa y el reto era capturar a Lupin que se unió al juego más tarde.
Estoy esperando ansioso el día de mañana, ya que iré a comprar los materiales para ir a Hogwarts, y también, obtendré por fin mi propia varita. Además, Sirius me adelanto que me tiene preparada una sorpresa, aunque sospecho que esa sorpresa tiene que ver con mi regalo de cumpleaños que no ha llegado"
El joven Potter termino de escribir con cansancio en todo su cuerpo. Las lecciones sobre Oclumancia lo desgastan mucho y Sirius siempre lo está poniendo a prueba ingeniando nuevas formas de jugarle una nueva broma lo que termina por minar las pocas energías que le quedan. El chico presa del sueño cerro su diario, dejo la pluma sobre el tintero y apago las luces para irse a dormir hasta el día siguiente.
Harry está durmiendo muy a gusto cuando oye los gritos de Sirius que provienen de abajo. El cuarto de Harry está en la segunda planta. Harry lleno de energía se levanta con rapidez y se ducha. Posteriormente, se viste y sale disparado al salón donde Sirius está tomando el desayuno junto a Lupin que está leyendo el periódico con el nombre: "El Profeta". Ese es el diario más popular en Londres y todos los magos lo leen… a excepción de Sirius, que prefiere leer la revista mensual para magos donde salen fotos de la bruja más sexy del mes. Sirius que se cuenta de la presencia de Harry lo saluda:
— Ya estás despierto, Cachorro… desayuna para que vayas con Lupin a comprar tus materiales — menciono Sirius.
Harry está un poco decepcionado al escuchar las palabras de Sirius. Claro no es que no le agrade Lupin, pero digamos que el muchacho tiene cierta inclinación por el desordenado hombre de cabello negro. Lupin, ágilmente, se percata de la decepción en el rostro de Harry y le proporciona un salvavidas a Sirius diciendo:
— Harry, entiendo que desees ir a comprar tus útiles en compañía de Sirius, pero sucede que Sirius tiene asuntos urgentes que atender… Es por eso que iras conmigo — señala el hombre lobo.
Harry es demasiado honesto para esconder su descontento ante la noticia, pero comprende que hoy no podía ser acompañado por Sirius. El dueño de casa termino su desayuno y se despidió de ambos, aunque con Harry siempre fue más afectuoso. Pasaron unos veinte minutos antes de que Harry termine su primera comida del día. Lupin que ya había terminado le espera acabando su lectura matutina. Una vez que ambos estuvieron listos salieron de la casa con destino al callejón Diagon. Lupin y Harry se fueron conversando gran parte del camino acerca de las cosas que Harry encontraría al ir a Hogwarts. El camino se hizo bastante corto para Harry que junto a la grata compañía de Lupin hizo el viaje bastante agradable. Ambos se detuvieron en un viejo bar, que está al lado de una tienda de música y una librería. Curiosamente los únicos que notan el extraño lugar son ellos para sorpresa de Harry, ya que la mayoría de la gente que pasa a su alrededor son muggles (personas que no puede hacer magia) y salen o entran de la librería o la tienda de música sin percatarse de este curioso lugar. En la fachada frontal del lugar está escrito el nombre del Caldero Chorreante. Harry que nunca ha venido para acá le pregunta a Lupin:
— ¿Qué es el Caldero Chorreante? — se preguntó Harry con curiosidad.
Para Lupin la expresión dubitativa del pequeño Harry fue de lo más divertida. Cosa que a Harry no le agrado demasiado. Lupin le explico a Harry sobre el Caldero Chorreante:
— Este lugar mí querido Harry. Es un punto de reunión para todos los magos. Y como verás más adelante es un bar, aunque puede dar la impresión de ser un lugar de mala muerte siempre hay gente interesante a la cual conocer… pero no te preocupes no estaremos mucho tiempo aquí — señalo Lupin.
Harry no supo muy bien cómo reaccionar ante la respuesta de Lupin y solo se apresuró a seguirle. El lugar esta abarrotado de gente y muchas de esas personas saludan a Lupin llamándole por su nombre Remus. Lupin avanza con Harry hasta la cantina donde al parecer el dueño está atendiendo la barra. El hombre era un tipo bajo, con la cabeza con forma de nuez y arrugada, con diminutos ojos negros y casi sin dientes. Harry al verlo se sorprendió un poco y pensó:
— Este tipo es tan feo como este lugar — refiriéndose al mal gestado dueño.
El sujeto se acerca a Lupin y le estrecha su mano, en señal de saludo. Y le pregunta:
— ¿Qué te trae por aquí? Remus — hablo el dueño con una sonrisa.
Lupin le contesta:
— Vengo a acompañar a mi pequeño amigo, Harry. A comprar sus útiles para su primer año en Hogwarts… Tom — menciono Remus.
Tom quedo mirando a Harry por unos momentos y sus ojos se abrieron de golpe. Y se estremeció, en un instante, luego se acercó a Harry y le dijo:
— Pero que grata sorpresa. Por fin puedo conocer en persona al Señor Potter. Es un placer, mi nombre es Tom y soy el dueño del Caldero Chorreante — le tendió la mano a Harry.
Harry le devolvió el saludo. Aun cuando ya lleva un tiempo viviendo en el mundo mágico no tuvo muchas oportunidades para salir de la residencia Black y menos interactuar con otros magos con excepción de Sirius y Lupin. A Harry le desagrada la excesiva atención que recibe a causa de su nombre. Sirius siempre le menciona que después de convertirse en el niño-que-vivió se transformó en una celebridad en el mundo mágico y todos los magos conocen su historia. Esta circunstancia le llamo la atención a Harry e investigo al respecto y descubre que su nombre figura en libros de distintos temas como Artes Oscuras, Historia de la Magia del siglo XX, entre otros textos. Harry siempre ha deseado una vida normal y su fama no facilita a que esto ocurra. Es más fue todo lo contrario todas las personas del bar se apresuran a saludar al chico acabando con la paciencia del joven de la cicatriz. Lupin noto esto y le dirigió una mirada a Harry que le responde con otra mirada.
Lupin capto el mensaje de Harry que le decía: "Quiero irme". Cuando todos los presentes saludaron a Harry, Lupin le habla a Tom:
— Tom, va siendo hora de que me lleve a Harry. Espero podamos vernos en otra ocasión — se despide Lupin.
Tom asiste junto con los demás que les dan un poco de espacio. Lupin y Harry se marchan hacia un patio trasero que está rodeado por una muralla de ladrillos, un basurero, hierbas seca y colillas de cigarro. Lupin saca la varita y le da unos golpes a la pared de ladrillos en forma certera, y el último ladrillo que toco se estremece y se retuerce. Luego de unos segundos se ensancha el agujero dejado por los ladrillos que se acomodan, de tal forma que, abren el paso a un callejo rodeado de tiendas que se extiende de manera serpenteante hasta más allá donde la vista les permite observar. Harry solo esboza una sonrisa en su rostro y mira a Lupin que le dice:
— Bueno, Harry este es el Callejo Diagon. Aquí compraremos todo lo que necesitas para tu estancia en Hogwarts — acoto Lupin entrando en aquella calle.
Harry siguió a Lupin que se adentra dentro del callejón. Hay muchas personas que transitan por toda la calle que está llena de tiendas, gente saliendo entrando de ellas, niños observando los escaparates de las tiendas. Lo que más llamo la atención a Harry fue lo aglutinado que esta una tienda llena de niños de distintas edades donde varios de ellos comentan:
— ¡Mira es la nueva Nimbus 2000!, ¡Es la escoba más rápida que existe! — exclama uno de ellos.
Los comentarios variaban dependiendo de cada uno, pero todos realzan las cualidades superiores del producto. Lupin trata de captar la atención de Harry, quien de manera distraída observa todo a su alrededor sin tratar de perderse de ningún detalle. Harry que se percata de la llamada de atención de Lupin. Y este le habla:
— ¿Harry tienes dinero suficiente para comprar tus materiales? — le pregunta el hombre.
Harry le responde de manera afirmativa, ante su pregunta. Lupin, por su lado, camina hasta una tienda de nombre Madam Malkin, Túnicas para todas las ocasiones. El lugar tenía un enorme mostrador con maniquíes vestidos de hermosas túnicas. En distintos modelos y estilos. Lupin entro seguido de Harry el lugar no es demasiado grande y se pueden ver varios vestidores separados por hileras largas de telas. Lupin se detiene y se dirige a Harry:
— Harry, aquí compras tu uniforme. Espérame aquí. Mientras voy a comprar tus libros de texto. Si estás listo, antes de que yo llegue. Puedes preguntar a alguien sobre la tienda de varitas Olivander e ir a comprar tu varita — señalo Lupin.
Harry vio como Lupin se marcha saliendo de la tienda. El comenzó a mirar a hacia todos lados y vio a una señora rechoncha que está desocupada. Sin perder tiempo Harry se acercó a ella y le pregunto:
— ¿Disculpe, me puede atender? — dijo Harry tratando de llamar la atención de la señora.
Ella se dio vuelta y observar quien le está dirigiendo la palabra y ve a Harry cerca de ella. Una sonrisa adorna el rostro de la mujer y le contesta a Harry:
— ¡Pero, que niño tan lindo!... ¿Qué puedo hacer por ti? — pregunto la señora.
Harry le quedo mirando por unos instantes y le responde:
— Vengo a comprar mi uniforme para Hogwarts — aclara Harry.
La señora con una sonrisa asiste y le indica a Harry:
— Por favor, espérame allí en aquel vestíbulo. Mientras busco la túnica — señalo la señora.
Mientras que, Harry espera a la señora observa toda la tienda y puede ver como hay otros chicos probándose túnicas. Ellos conversan sobre distintos temas de Quidditch de las escobas, sobre las reglas y distintas jugadas. Harry está escuchando la conversación con interés sobre todo la parte donde se habla que en el colegio Hogwarts también se juega este deporte. Ambos jóvenes parecen un poco mayores que Harry y comentan:
— ¿Vas a probarte para ingresar al equipo de Quidditch? — le pregunta uno de ellos.
Mientras su compañero está siendo atendido por una mujer que le toma medidas y le dibuja en la túnica variados trazos. Una vez que toma una posición más cómoda le habla a su compañero:
— Si intentare hacer las pruebas para quedar en el equipo de mi casa, Slytherin — añadió el chico con un poco de incomodidad.
Harry que con atención escucha la charla entre ambos. Es interrumpido por la señora que le calza la túnica sobre su cabeza. Harry se acomoda la túnica con algo de dificultad. El observa a la señora que saca una cinta para medir y toma nota desde distintas posiciones como sus extremidades, el torso, el ancho de su cuello entre otras medidas. Harry que hizo un esfuerzo en vano para escuchar el resto de la conversación cuando miro en dirección a los dos jóvenes sean habían ido. Harry no podía negarlo está muy aburrido. Una vez que es sacudido un par de veces por aquella señora. Harry que cedió ante el tedio de la situación cerró los ojos esperando a que le anunciaron que ya está listo. Lo que tardo un poco:
— Bien, guapo estás listo. Ahora, necesito que me des la túnica — anuncia la señora.
Harry siguió las instrucciones y le entrego la túnica. La señora en un rápido movimiento le entrego a otra persona la túnica con las medidas y le pregunta a Harry:
— Guapo, ¿Cuántas túnicas vas a llevar? — pregunta la señora.
Harry ojea la lista que tenía en su poder y le solicito tres túnicas para llevar. La señora instruye a uno de sus empleados y le pide a Harry que le siga a la caja registradora cobrándole 15 Sickle (moneda de plata). El niño entrego el monto estimado a la cajera y ella realizo la transacción entregándole una boleta. Ella le dijo que espere a que su pedido esté listo unos minutos. Harry se sentó a esperar y la misma señora le entrego la bolsa, y Harry se marchó despidiéndose. Reviso el contenido de las túnicas y encontró una demás. Él iba a decir algo justo cuando ella le hace un guiño bastante sugerente. A Harry le recorre un escalofrió por todo su espalda y salió lo más rápido posible de la tienda. El un poco agitado pensó:
— Ella es más terrorífica que Voldemort — reflexiono Harry con cierto estremecimiento.
Harry una vez acabo en esa tienda opto por seguir el consejo de Lupin y preguntar a alguna de las personas que pasa por la calle la ubicación de la tienda de varitas Olivander. Los primeros intentos no fueron de lo mejor, pero una agradable mujer de baja estatura y de cuerpo rollizo se dio el tiempo para contestar a las dudas de Harry. La característica más distintiva de la mujer es su cabello rojizo y su amable sonrisa. Ella fue la primera en romper el hielo:
— ¿En qué puedo ayudarle lindo joven? — le consulto la mujer.
Harry se acercó a la mujer y le responde:
— Necesito encontrar la tienda de varitas Olivander, ya que no sé dónde se ubica — aclara Harry.
La mujer al enterarse de ello lo mira con cierta familiaridad. Harry no entiende muy bien por qué la señora le mira de esa forma. Lo que lo deja confundido. Ella sin preocuparse le responde:
— Me recuerdas tanto a mis hijos… Perdón por desviarme. La tienda de Olivander queda unas cinco cuadras más allá — dijo la señora indicando hacia el norte.
Harry le agradece su amabilidad y se despide con cierta prisa. Harry avanza en la dirección que la señora apunto y tras caminar aquella distancia se tropieza con una tienda algo destartalada al menos en su fachada frontal. La tienda tenía el título: "Olivander fabricante de excelentes varitas desde…" más abajo se menciona funcionando desde 382 A.C… Este dato despertó la curiosidad en Harry y le invito a entrar en el local. Al acceder al interior de la tienda una pequeña campanilla suena anunciando la llegada de Harry. El lugar es bastante lúgubre, lleno de polvo y algo siniestro. Una enorme escalera cruza todo el local y en cada pared se puede apreciar que está llena de cajas muy pequeñas hasta el techo. También, hay un despacho y una lámpara que ilumina de forma muy tenue el lugar. Harry hace un llamado tratando de establecer comunicación con alguien, pero nadie contesta. Harry espero un poco hasta que siente como un sonido hasta que observa a un hombre mayor. De pelo canoso y alborotado, de cejas pobladas, de tez blanca y piel algo arrugada, una penetrante mirada azul que indaga al pequeño Harry que acompañada de una amable sonrisa le habla:
— Estaba esperando este día… Algo me decía que este día llegaría, señor Potter. Tienes unos ojos muy parecidos a los de tu madre… Siento como si fuese ayer cuando ella vino y compro su primera varita. 26 centímetros de largo, elástica, de madera de sauce… una bonita varita para encantamientos… — menciona el anciano bajando de la escalera.
El anciano se acercó a Harry y esto lo intimidado un poco. La forma en que se comporta el dueño de la tienda fue particularmente excéntrica para el gusto de Harry. El hombre seguía su largo monólogo como si gozara de ventilar a los cuatro vientos sus pensamientos:
— Tu padre, por otra parte, compro una varita de caoba, 28 centímetros y medio, flexible, un poco más poderosa, excelente para transformaciones… Aunque debo corregirme, es la varita la que elige al mago, señor Potter. No es al revés… — el anciano redujo la distancia aún más.
Observo con atención la marca en la frente del muchacho que esta algo inquieto por la peculiaridad de Olivander. Le examino con un largo dedo blanco tocando su frente. Sin más Olivander se separó de Harry y le dijo:
— Yo fui quien vendió la varita que le hizo eso señor Potter… debo confesar… 34 centímetros, una varita y muy poderosa que cayó en las manos equivocadas, debo decir… Bueno, me estoy desviando del tema usted viene a comprar una varita ¿No es verdad? — termino su reflexión.
Harry asiste de manera positiva. Olivander susurro lo siguiente: "Ahora… señor Potter, déjeme revisar" saco una cinta para medir de color plateado y procedió a medir una y otra vez a Harry. Tomo dimensiones de las muñecas, el largo de los brazos, el largo del brazo al piso, el contorno de la cabeza, entre muchas otras medidas. Olivander entre tanto pregunto a Harry:
— ¿Qué mano es la que más utiliza señor Potter? — consulto el hombre de ojos penetrantes.
Harry solo pudo responder:
— Soy ambidiestro, señor — agrego Harry.
Un ligero brillo broto de los ojos de Olivander que asistió y se marchó al interior de la tienda. Se podía escuchar como balbucea, mientras saca algunas cajas de diversos lugares y las lleva al mostrador. A lo que ordena las cajas en el pequeño mostrador le habla a Harry sobre los núcleos que son utilizados para las varitas de esta tienda, algunos de ellos son de plumas de fénix, cabello de unicornio o nervios de corazón de dragón, por mencionar algunos. Añadió algunos datos curiosos que Harry ya conocía. El señor Olivander cuando termino le paso una caja a Harry y le hablo:
— Bien, señor Potter. Pruebe esta varita madera de Aliso, algo rígida, núcleo de nervios de dragón, 24 centímetros, muy buena para las transformaciones… Vamos, ¡Agítela! — exclama el anciano.
Harry saca la varita de su estuche la agita y una diversidad de estantes sale disparados de sus gavetas como proyectiles. Olivanders al darse cuenta solo le quita la varita de las manos y dice:
— No, no, no,no… definitivamente, no. Prueba la siguiente… 27 centímetros tres cuartos, madera de Haya, núcleo de cabello de unicornio, elástica… — le pasa la varita.
Harry nuevamente agita la varita y esta vez destruye un cristal. Olivander le vuelve a quitar la varita de las manos y le pasa otra. Esta acción se repite innumerable cantidad de veces y las varitas se acumulan apilándose sobre el mostrador. A medida que, este fenómeno se incrementa la sonrisa en el rostro de Olivander se ensancha cada vez más y sus ojos brillan destellando en la oscuridad. Una vez Harry acaba con las varitas que Olivander le ha entregado este solo comenta:
— ¿Quién lo diría? Usted es un cliente muy exigente, señor Potter… Pero, debe estar tranquilo todo mago tiene una varita esperando por él. Solo hay que tener paciencia — añade el anciano.
El anciano va un poco más adentro y comienza a sacar otras cajas que están más llenas de polvo. Las sacude un poco y comienza a hablar:
— Creo que tendremos que ser un poco más arriesgados… tal vez si probamos con cosas un poco más inusuales… tal vez… señor Potter, pruebe esta varita. Una combinación poco común… madera de acebo y un núcleo de pluma de fénix, 28 centímetros, bonita y flexible. Inténtelo, señor Potter — lo alentó el anciano.
El resultado fue un poco menos explosivo, pero el rostro del señor Olivander mostro que tampoco es la correcta. A parte de esa varita, las otras fueron un fracaso total. El señor Olivander está dicho de observar a Harry y solo le dice:
— Usted ha demostrado ser todo un reto, señor Potter. Pero, todavía no he acabado — argumenta Olivander.
Olivander tomo todas las varitas y las saco de golpe. Esto llamo la atención de Harry. El anciano le pidió un poco de paciencia y me metió en el fondo de su tienda unos ruidos extraños provienen del interior de la tienda y trae una caja muy distinta a las anteriores. De hecho, esta está en muy malas condiciones y daba la impresión de que ha estado años guardada. Él la puso sobre la mesa y dijo:
— Esta es una varita muy particular, señor Potter… Sin embargo, usted ha demostrado que está lejos de ser un mago con gustos muy convencionales… Creo que, no perdemos nada con intentarlo… Adelante.
Harry tomo la varita y al instante un calor le invadió todo el cuerpo. Luces de diversos colores se despedían de la punta de la varita y el polvo alrededor de la tienda se sacudió de forma violenta por una fuerte brisa que hizo acto de presencia. La primera mirada de Olivander fue de total sorpresa, pero pasó rápidamente a una mirada un poco más sobria. Olivander murmuro:
— Pero, que sorpresa… Vaya… usted es algo señor Potter, no hay duda de ello…
Harry lo mira extrañado y no se inmuta en preguntar:
— ¿Qué quiere decir con ello? — consulta Harry con mucha curiosidad.
Olivander le mira directamente y le responde:
— Verá… Señor Potter, los materiales con que fue construida esa varita son muy inestables, aunque muy poderosos. Y solo un mago de un enorme potencial será capaz de controlar esa varita de forma adecuada… No tengo duda de ello, usted está destinado para grandes cosas… Si…sí..si una combinación excepcional de materiales forman esta varita. Es una obra maestra en sí, 32 centímetros tres cuartos, madera de Pirul, muy elástica y núcleo de pelo de cola de Thestral. Muy buena para duelos, encantamientos y las artes oscuras… — dio un largo discurso.
Harry asistió y sin saber que decir pago por su varita y sin más demora aparece Lupin. Que le pregunta sobre ¿Cómo le fue? Y este le muestra su nueva varita y Lupin le felicita y se marchan a comprar lo que les falta que son ingredientes para Pociones, el telescopio, herramientas para Herbología. No paso mucho tiempo para que terminaran sus compras y regresarán a la mansión de los Black. Al llegar con los polvos Flu a la chimenea de la residencia. Lo primero que aparece es la figura de Sirius que da la espalda a los dos visitantes. Este se da vuelta enseguida y les saluda:
— Lunático, Cachorro han llegado — les recibe el dueño de casa.
Harry va a saludar a Sirius y le da un abrazo varonil. Le comenta que ya tiene su nueva varita y se la muestra. Sirius le sonríe y le desordena el pelo como de costumbre. Luego, intercambia unas palabras con Lunático para llegar nuevamente a Harry y le dice:
— Cachorro tengo un regalo para ti — confeso Sirius.
Harry se sentía feliz por dentro. Sirius se acordó de su regalo, pero le intriga saber que sería. Sirius le pide que se quede allí y sube por la escalera y un extraño ruido se escucha de arriba. Luego, el sale cargando una gran ave de cabeza de color negro, con la espalda de un gris azulado, la parte inferior más blanquecina con manchas oscuras. Este animal está encerrado en una jaula un poco más grande que la de una lechuza. Se ve imponente y Harry que está realmente impresionado al igual que Lupin. Y Sirius le habla a Harry:
— Este es tu nuevo familiar, Harry. Su nombre es Falco — le dice a Harry.
Harry observa a Sirius y la sorpresa es muy grande. Le agradece a Sirius por el regalo, pero le pregunta luego:
— Sirius, ¿Puedo llevar a Falco a Hogwarts? — intuyendo la respuesta.
Lupin que detectando el punto de Harry toma la palabra y riñe a Sirius:
— Canuto, sabes que Harry no puede llevar ese Halcón a Hogwarts — afirmo Lupin.
Sirius encara a Harry y le pregunta:
— ¿Quieres llevar a Falcón a Hogwarts contigo Harry? — insinuó Sirius con una sonrisa.
Sirius sabía cuál sería la respuesta de Harry y esta fue exacta a la que la espera:
— Claro… — finaliza Harry.
Lupin que mira todo lo que acontece no puede dejar de pensar en lo siguiente:
— ¿Qué clase de tutor le consiguieron a Harry? — pensó el hombre lobo con cierta preocupación.
