*Gracias lector

Los elfos combatían a los numerosos orcos, los rayos de la tormenta caían sorprendentemente sobre el montículo de cuerpos convirtiéndolos en cenizas que eran lavadas por la inundación. Thranduil arremetió contra un grupo de orcos que intentaban huir, empuñó su arco y disparó a las criaturas que estuvieron a punto de entrar al Bosque Verde. Se escucharon estridentes graznidos surcar el cielo, los carroñeros habían comenzado su festín con los cadáveres.

-¡Acábenlos!- ordenó el Rey Elfo, y una avanzada de jinetes elfos arremetieron contra los últimos grupos de orcos que escapaban.

-Guardia del Bosque ayuden a los heridos, vuelvan al reino y permanezcan alerta. – ordenó Thranduil.

-¿Aran Thranduil?- preguntó Anardil agitadamente acercándose al Rey.

-Anardil reúne a tu Compañía iremos al Valle.- anunció el soberano. La lluvia era intensa y el granizo ya golpeaba sus cuerpos.

-Ná Aran Thranduil (Sí Rey Thranduil).- dijo el Jefe de la Guardia Real y de inmediato partieron.

-¿Qué está sucediendo?- se preguntaban intrigados la gente del pueblo del Valle que caminaba con dirección al bosque. –Deberíamos detenernos- decían otros.

-Esta tormenta es inusual, algo está pasando… pero no creo que debamos parar.- opinó uno de los elfos.

-Pero señor, todo se está inundando y los rayos podrían alcanzarnos.- explicó una de las aldeanas.

-Iston (Lo sé) pero no hay lugar seguro… continuemos.- advirtió el elfo.

La caminata se hacía cada vez más difícil, el agua les llegaba casi a las rodillas, el terreno se había convertido en un traicionero pantano, el fuerte viento agolpaba la lluvia y el granizo contra sus rostros, numerosos árboles caían y el cielo se iluminaba con amenazantes relámpagos.

-No se detengan, vamos…- exclamaban los elfos que custodiaban a la gente.

Los elfos del refugio de la gran roca habían conseguido acomodar a los enfermos al interior de la caverna pero les preocupaba la inundación, por lo que, apilaron algunas piedras a la entrada para bloquear el agua.

-¿Qué es todo esto?- preguntó uno de los sanadores al observar que un par de rayos cayeron sobre los escombros donde alguna vez se había asentado el pueblo.

-Purificación…- dijo otro de los elfos que observaba hacia el Valle.

Los elfos en el Reino del Bosque Verde se hallaban inquietos ante la tormenta, no era habitual que se presentaran ese tipo de fenómenos durante el otoño. Más allá de eso, podían presentir que algo había sido removido y despertado.

-Isilion, iellig… (Isilion, mi hija) no puedo sentirla - sollozó Ilmen en los brazos de su esposo.

-Confiemos Ilmen, confiemos…- dijo el Consejero besando la frente de su esposa.

La lluvia no había cesado desde que dejaran los linderos del Reino del Bosque, día y noche.

-Hir vuin (Mi señor) ¿cuál es el plan al llegar al Valle?- preguntó Anardil mientras daban un descanso a los animales.

-Aún no estoy seguro si algo queda del hogar de los hombres, y de ser el caso, no deseo que ese lugar se transforme en una madriguera de los sirvientes oscuros.- aseveró Thranduil.

-Aran Thranduil, jinetes se acercan, ya han ido a interceptarlos.- anunció un elfo.

-¡Todos alerta!- ordenó el Rey y los elfos montaron sus caballos.

Thranduil distinguió en la distancia a un gran número de personas que aparentemente eran guiadas por los jinetes que se aproximaban.

-Aiya Aranya (¡Salve Mi Rey!), venimos desde el pueblo del Valle, el cual, fue asaltado y destruido por una enorme turba de orcos. Logramos evacuar a tiempo a los pobladores gracias a que fuimos prevenidos por Lothíriel, la hija del Consejero. Ahora nos dirigíamos al bosque, con una parte del pueblo, a solicitar asilo y ayuda para los que aún permanecen en aquél lugar.- explicó accidentadamente el elfo.

-No estoy complacido con lo que ha pasado pero, ese asunto lo trataremos después. Cuentan con mi anuencia para entrar al Reino del Bosque Verde; bajo la condición de que se perturbe lo menos posible la vida de nuestro pueblo. Requiero que uno de ustedes nos guíe, parte de la guardia escoltará a la gente y los demás partiremos.- advirtió seriamente el Rey Elfo.

-Le fael hir vuin (Se lo agradezco mi señor).- dijo el elfo retirándose para informar a los demás y llevar a cabo las órdenes del soberano.

Thranduil y la Guardia Real cabalgaron largamente mientras el centinela los guiaba y explicaba que los llevaría al lugar donde se resguardaba parte de la población más vulnerable. Dio los detalles de lo acontecido desde que salieran del Bosque Verde, arribaran al pueblo hasta que partieran del mismo e informó del desconocimiento del paradero de Lothíriel.

-Melda heru (Mi señor), en esa roca se encuentran las personas y los sanadores.- gritó el elfo mientras se acercaban después de un accidentado viaje entre la implacable tormenta y la inundación.

-Iremos hacia allá, rápido.- indicó el Rey Elfo.

-Alguien se acerca, iré a revisar.- alertó uno de los elfos en el refugio de la roca. Se asomó entre la pared de piedras que habían apilado a la entrada de la cueva y apenas pudo distinguir, entre la tormenta, a una nutrida cabalgata aunque no supo de quienes se trataban pero, sabía que se dirigían justo hacia donde estaban.

-Son jinetes aunque no puedo saber de quienes se trata, la tormenta es muy intensa.- avisó el elfo mientras corría por su espada seguido por su compañero. Ambos esperaban a la entrada de la cueva en la roca mientras los enfermos dormían y el otro elfo había ido a depositar un cadáver fuera del lugar.

-Espera…- dijo el elfo que había visto a su compañero correr hasta donde se encontraban. De pronto un feroz relámpago iluminó la zona y los elfos pudieron distinguir a uno de sus compañeros entre los jinetes.

-Elfos del Bosque Verde.- anunció uno de ellos.

-No los esperaba tan pronto.- explicó el sanador.

-Aquí están reunidos Aran Thranduil.- advirtió el elfo que los guiaba.

-¡Daro! (¡Alto!)- gritó el Rey y descendió de inmediato del caballo.

-Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil) no le esperábamos.- dijeron sorprendidos los elfos del refugio. Thranduil entró a la cueva, la cual, estaba silenciosa, iluminada con algunas antorchas y pese a la premura organizada. A cada costado de los enfermos, hombres, mujeres y niños, se encontraban pequeños contenedores con los preparados y tónicos para cada uno. El aspecto de la gente era macilento, vulnerable y triste. Los elfos explicaron los pormenores al monarca que analizaba la situación con atención.

-Esperaremos a que pase la tormenta y decidiremos al respecto. Comuniquen a la Guardia lo que se necesita para solventar la situación.- externó el soberano.

-Tacave hîr vuin, hantalë (Sí mi señor, gracias)- pronunció el sanador dirigiéndose hacia los guardias para organizarlos.

Thranduil salió de la cueva y se dirigió a Anardil. –Reúne a algunos elfos peinaremos la zona.- ordenó el elfo sinda.

La cuadrilla de elfos se dividió y cabalgaron en busca de posibles amenazas. Thranduil, Anardil y el elfo guía exploraron las ruinas del pueblo del Valle, el olor a quemado aún impregnaba el ambiente, los escombros y cadáveres flotaban debido a la inundación. No había rastros de nuevos enemigos… ni de Lothíriel.

Thranduil se sentía inexplicablemente atraído por una zona arbolada a las afueras del pueblo; así que cabalgó hacia allá mientras sus acompañantes inspeccionaban otros sitios del pueblo. Con espada en mano, cruzó la planicie y se adentró en la floresta. Al instante varios árboles fueron fulminados por los rayos, el caballo logró esquivar los obstáculos hasta que se detuvieron junto a los despojos de los orcos que habían perseguido a la elfa. El Rey bajó del caballo para examinar a los caídos y verificar la causa de su descenso; la inundación le llegaba un poco más arriba de las rodillas, se agachó, dio vuelta a los cuerpos y pudo ver las heridas producidas por una espada. Supo que estaba tras el rastro de Lothíriel.

El Jefe de la Guardia Real observó a su alrededor y no pudo identificar la posición del Rey Elfo, se dirigió hasta el lugar donde indagaba el elfo guía.

-¿Dónde está el Rey?- preguntó inquieto Anardil.

-Ú-iston (No lo sé), la última vez que lo vi cabalgaba hacia allá.- dijo el elfo guía señalando el lugar de la arboleda.

-Iré a buscarlo, regresa con los demás e informarles sobre lo que has visto en este lugar.- apuntó el guardia que salió a toda prisa.

Thranduil montó y siguió el estrecho camino entre los troncos caídos. De pronto escuchó un grito y algo lo derribó, de inmediato se puso en guardia y vio al orco sobre el lomo de su caballo. Dîn relinchó y se paró sobre sus patas traseras derribando a la criatura, el monarca se abalanzó contra el orco cortándole el cuello. Miró a su alrededor y sobre la copa de los árboles que aún quedaban en pie, no obstante, nada vio. Subió a su equino y terminó de recorrer aquel terreno; al salir de allí se sorprendió al observar el torrente que descendía.

-¿Massë nalyë Lothíriel? (¿Dónde estás Lothíriel?)- se preguntaba el monarca reemprendiendo la marcha bordeando la fuerte corriente que había adquirido la inundación en esa zona. Por la distancia que había recorrido la elfa, Thranduil supo que ella había sido perseguida. Siguió el camino hasta que casi alcanzó el afluente del río que se desbordaba. En ese instante un relámpago iluminó el lugar, pudo distinguir una roca y sobre ella parecía yacer alguien. Bajó del caballo, ató una cuerda a su cintura y después al cuerpo del animal, agarró una pesada vara para apoyarse, se introdujo al torrente, el agua llegó hasta su pecho, a cada pasó tenía que clavar la rama para sujetarse, caminó con cuidado evitando los escombros que arrastraba la corriente, finalmente llegó hasta la roca y subió a ésta.

Sobre el peñasco vio a la elfa tendida, inmóvil, con su larga cabellera revuelta sobre el rostro, sus ropas desgarradas y varios hilillos de sangre que recorrían la superficie de la piedra. Cuidadosamente la giró hacia él descubriendo un pequeño bulto hecho con su capa, Thranduil miró dentro de la tela y le sorprendió encontrar a un bebé que, aunque débil, parecía estar bien.

-¿Man agoreg? (¿Qué hiciste?)- cuestionó Thranduil angustiado. Acercó a Lothíriel a su pecho, la elfa apenas respiraba, su piel estaba helada, sus párpados y labios tenían un color azulado, tenía múltiples contusiones y heridas por todo el cuerpo. -¿Quién te ha hecho esto?- preguntó el Rey Elfo sintiendo la ira recorrer su cuerpo; acarició el rostro de la elfa y le beso la frente. –Los sacaré de aquí.- dijo el soberano cargando al bebé, tomando la vara, tiró de la cuerda atada a su cintura para llamar la atención del caballo y cruzó lentamente; a mitad del camino casi fue arrastrado por los cadáveres de huargos que empujaba el agua, lo que le hizo sumergirse junto al asustado pequeño. Dîn haló fuertemente hasta que consiguió sacarlos. El viento arreció considerablemente, Thranduil revisó al niño…

-Aran Thranduil ¿man ie? (Rey Thranduil ¿qué pasa?)- llegó cabalgando Anardil.

-Yé utúvienyes, en (La he encontrado, mira allí)- señaló el monarca la roca… -Cuídalo, iré por ella.- advirtió Thranduil entregándole el bebé al guardia.

-Nan Aranya (Pero Mi Rey).- pronunció Anardil preocupado pues la crecida era peligrosa. Depositó al bebé sobre su caballo, descendió de éste, se dirigió al equino azabache del monarca y ató otra de las cuerdas entre ambos animales para reforzar el agarre.

Thranduil se introdujo en el agua, ahora debía nadar pues ya era imposible tocar el fondo, el agua lo cubrió completamente, su caballo se agitó ante el fuerte tirón de la cuerda, el elfo emergió y observó que Lothíriel estaba a punto de ser arrastrada, se apresuró a llegar a la roca, desató su cuerda amarrándola alrededor de la cintura de la elfa y entonces, una ola chocó contra ellos, el monarca desapareció de la vista de Anardil. Ambos caballos relincharon al tiempo que reculaban y lograron sacar a Lothíriel. El guardia corrió hacia la elfa y observó con desasosiego la gravedad de su estado, cortó la cuerda y Dîn salió corriendo río abajo.

-¡Aran Thranduil!- gritó varias veces el elfo pero no había respuesta.

Thranduil era arrastrado bruscamente por el torrente que por largos periodos le hundía, hasta que se estrelló contra la rama de un árbol caído de la cual consiguió asirse y poco a poco logró salir. Recuperó brevemente el aliento y salió corriendo río arriba; sintió que algo cálido le recorría un costado de la cabeza, se tocó y había sangre.

Anardil se quitó la capa, cubrió a Lothíriel con ella y la cargó caminando río abajo seguido por el equino que llevaba al bebé.

-¡Aranya! (¡Mi Rey!)- seguía gritando el guardia.

Thranduil divisó a lo lejos a su caballo, aumentó la carrera para encontrarlo y regresar.

-¡Gwaem Dîn! (¡Vamos Dîn!)- ordenó el soberano montando al afanoso equino azabache.

-Viniste Rey Elfo. Pensé que seguirías enviando a tus súbditos a hacer lo que a ti te corresponde.- dijo una potente voz en el aire.

El caballo del elfo sinda se agitó y relinchó negándose a seguir. Thranduil empuñó su espada y en un imperceptible movimiento la lanzó contra aquella sombra, al mismo tiempo cayó un rayo sobre la afilada arma y la negrura desapareció provocando un violento vendaval que ocasionó que el soberano cayera del caballo. El Rey Elfo se quedó quieto en aquél lugar pues comenzó a sentir ese intenso fuego que lo quemaba dolorosamente por dentro, una vorágine de terribles escenarios se agolparon contra su mente, su padres muertos, su pueblo en decadencia, muerte… y Lothíriel. Inmediatamente salió de la ensoñación, Dîn estaba a un costado…

-Hîr vuin… (Mi señor)- gritó Anardil al observar a lo lejos al Rey del Bosque Verde.

Thranduil se irguió adolorido y alcanzó al guardia. –Yo la llevaré.- dijo montando a Dîn mientras retiraba de los brazos del guardia a la desfallecida elfa.

-¿Se encuentra bien?- preguntó Anardil ante la ausente presencia del elfo sinda.

-No dirweg, gwaem. (Ten cuidado, vamos)- indicó el Rey saliendo a todo galope rumbo al refugio seguido por el guardia quien llevaba al bebé.

-Tienes que ser fuerte Lothíriel…- repetía el Rey Elfo cuando intempestivamente una cuadrilla de jinetes les cerró el paso.

-Alla Aran Thranduil (Salve Rey Thranduil).- le saludaron respetuosamente.

-Alla Señor del Bosque Verde.- se presentó Lord Elrond entre sus jinetes.

-Ai Señor de Imladris.- respondió Thranduil extrañado.

-Dejemos las formalidades para después. Permítame revisarla.- expuso Lord Elrond bajando de su caballo, tomó a la elfa entre sus brazos y la depositó sobre el suelo anegado. -Está peligrosamente emponzoñada parece que ella ha absorbido en su cuerpo todo el mal que habitaba en este lugar. Esta tormenta ha sido invocada por ella con la venia de los Valar para sanear esta zona y no se detendrá hasta hacerlo.- explicó el sabio Señor de Imladris.

-¿Hay algo que podamos hacer para salvarla?- indagó el Rey del Bosque Verde.

-Probablemente…- meditó Elrond exponiendo las múltiples heridas de la elfa de las cuales manaba una sustancia negra mezclada con sangre.

-¿Si esto es un proceso de saneamiento y la introducimos al afluente del río éste podría curar sus heridas?- indagó el monarca.

-Su razonamiento es adecuado, no obstante, el veneno se ha mezclado a tal grado con su sangre que temo que eso no será suficiente.- explicó Elrond quien corrió hasta su caballo trayendo su alforja. -Retírense.- pidió el elfo a sus jinetes ya que debía descubrir el cuerpo de la elfa para iniciar con su ritual de sanación.

-Anardil guíalos hasta el refugio.- ordenó el Rey Elfo.

-Como ordene Aranya (Mi Rey), pero creo que no es seguro para este pequeño exponerlo a la enfermedad.- expuso el guardia.

-Acomódalo sobre mi caballo y váyanse.- indicó Thranduil irritado.

Lord Elrond revisó al bebé y le dio de beber un líquido cristalino que de inmediato calmó su llanto. –Tranquilo, estarás bien.- le dijo el elfo al pequeño quien lo observaba con curiosidad.

Lothíriel estaba completamente expuesta, tenía múltiples heridas principalmente en el cuello, piernas y espalda.

-Será doloroso veleth nin (cariño) pero sé que eres valiente. Ayúdanos a ayudarte…- pronunció cariñosamente el Señor de Rivendell quien sentía un paternal amor por la elfa que había vivido en el Valle por años.

-Comenzaré por las heridas más profundas, a medida que el veneno abandone su cuerpo será más doloroso para ella.- expuso Elrond a Thranduil.

El Rey dio vuelta a la elfa y removió su cabello de la espalda, los cortes producidos por aquel látigo eran particularmente profundos y parte de su carne estaba desprendida. Elrond pronunció algunas letanías, abrió una de las heridas, vertió aquel líquido cristalino y brillante; de la lesión comenzó a supurar una sustancia y vapor oscuros. Thranduil pudo sentir el cuerpo de Lothíriel temblar. El Señor de Imladris continuó con el complejo ritual, de los ojos de la elfa se desprendían copiosas lágrimas oscurecidas, su cuerpo convulso por el dolor luchaba por expulsar la ponzoña, Thranduil revisó los ojos de Lothíriel y éstos estaban completamente ennegrecidos…

Había momentos en los que el veneno impregnaba sus sentidos y ambos elfos parecían debilitarse, sin embargo, aparecía un aura que absorbía aquellos males y les devolvía la fuerza. Lord Elrond prosiguió con el mismo proceso en todas las lesiones de Lothíriel, aunque inconsciente, en su fino rostro se dibujaba una expresión de angustiante sufrimiento.

-Necesito que limpie su cuerpo con esto. La dejaremos descansar un momento.- pidió Elrond a Thranduil entregándole un pequeño recipiente con un preparado y un paño. –Iré a revisar al pequeño.- advirtió el elfo de cabellos negros.

Thranduil empapó el paño con el líquido del recipiente y limpió delicadamente el rostro y cuerpo de la elfa. Algunas de las heridas ahora tenían un aspecto de quemaduras y otras estaban aún más abiertas que antes, de unas fluía sangre y de otras veneno. El Rey no había reparado en el tiempo que llevaban allí hasta que los primeros rayos del amanecer iluminaron su rostro, la tormenta aún no cesaba pero el sol se abría paso entre las nubes.

-¿Cómo estás pequeño?- preguntó Lord Elrond al bebé que recién despertaba y lo miraba con sus grandes ojos castaños. –Bebe.- dijo el elfo dándole algunas gotas del líquido cristalino y de un tónico para erradicar el envenenamiento y fortalecer al niño. El Señor de Rivedell parecía disminuido por el mal con el que habían estado luchando, lo mismo sucedía con el Rey del Bosque Verde.

-Tome nos hace falta.- externó Lord Elrond ofreciéndole al Rey Elfo un frasco con una infusión para combatir el envenenamiento.

-Hantalë (Gracias)- dijo Thranduil bebiendo. –Puedo preguntar ¿qué lo trajo a estas tierras?-

-La presencia de orcos, huargos y trolls cruzando el Valle de Imladris. El mensaje que recibimos de Lord Celeborn y Lady Galadriel en relación a esa misma situación en Lothlórien y las tierras aledañas al Bosque Verde. Así como el cambio en las aguas que bañan estas tierras. Nuestro propósito era investigar.- explicó Lord Elrond.

-No pudo ser más oportuna su presencia.- expresó suspicazmente Thranduil.

-Considero que dos de nosotros debemos volver a verificar la situación y llevarles algo de comer al Rey y al Sr. Elrond.- propuso Anardil a los elfos de la comitiva de Rivendell.

-De acuerdo, llevémosles algunos suministros.- confirmó uno de los elfos preparando su caballo para partir.

Ambas comitivas, del Reino del Bosque Verde e Imladris, había podido organizarse para dar descanso a los sanadores, atender a los enfermos complementando su atención con algunos preparados medicinales de Rivendell, mientras que otros patrullaban, buscaban suministros, elaboraban los tónicos e incluso buscaban un depósito para los muertos, ya que, el terreno inundado no permitía sepultarlos.

-Continuemos.- indicó el Señor Elrond. Volvió a descubrir a la elfa y miró detenidamente sus heridas. –No temas Lothíriel.- pronunció el elfo sacando una pequeña hoja afilada y vertiendo un líquido sobre ésta. -No será fácil lo que le pediré a continuación pero es la única manera… necesito que vuelva a abrir sus heridas.- Lord Elrond le entregó al elfo rubio la navaja.

-¿Am man theled?, ¿boe? (¿Con qué propósito?, ¿es necesario?)- indagó Thranduil seriamente.

-Amin hiraetha (Lo siento), el veneno sigue en su sistema y hay que drenarlo por completo. Confíe en mí, no lo haría si no fuese el único camino.- explicó Elrond mirando a Thranduil.

El Rey del Bosque Verde tomó la afilada hoja y la hundió cuidadosamente en cada una de las lesiones de la elfa, al mismo tiempo, Lord Elrond vertía ese extraño compuesto que parecía estar hecho con restos de estrellas. El cuerpo de Lothíriel se contrajo y el veneno volvió a gotear pero esta vez acompañado con una mayor cantidad de sangre. La mano del monarca tembló cuando en su mente apareció aquella memoria en la que hundiera la espada en el pecho de su padre…

-¿Manen nalye? (¿Está bien?)- preguntó Elrond al notar el estado perturbado del elfo rubio. –Tómese un momento, si lo desea.- y continuó con el poderoso ritual. Thranduil se levantó, caminó jadeante hasta su caballo y volteó al lugar donde yacía Lothíriel. El Señor de Imladris estaba completamente absorto en el proceso, de él emanaba una poderosa energía que lo cobijaba. El cuerpo de la elfa estaba nuevamente impregnado por aquella ponzoña en su sangre.

El Rey Elfo desenfundó su espada al escuchar el trote de caballos acercarse…

-¡Ai hîr vuin! (¡Salve mi señor!) Hemos traído provisiones.- anunció Anardil permaneciendo a una distancia prudente del lugar donde el Señor Elrond y Lothíriel se encontraban. Thranduil se acercó a ellos y agarró la alforja.

Aran (Rey) ¿hay algo más que podamos hacer?- investigó el elfo de Imladris.

-No, por ahora. Vuelvan al refugio.- indicó el soberano.

-Estaremos alerta Lord Thranduil.- dijo el elfo marchándose.

Thranduil colocó el saco con los suministros sobre su caballo y revisó al bebé, éste dormía.

-Lord Thranduil debe darle el brebaje y usted debe beberlo también. He dejado un pequeño frasco en su alforja.- advirtió Lord Elrond.

Thranduil vertió unas gotas sobre la boca del niño y él también bebió un poco. –Lord Elrond convendría que lo tomara.- indicó el elfo sinda llevándole el frasco. El Señor de Rivendell tenía un aspecto demacrado.

-Nos detendremos unos instantes, Lothíriel se ha debilitado mucho.- pronunció con preocupación el elfo de cabellera obscura bebiendo el tónico e irguiéndose. Thranduil volvió a limpiar el cuerpo de la elfa y lo cubrió. Lord Elrond elaboró una compleja tisana. –Debemos procurar que la beba.-

Thranduil levantó la cabeza de Lothíriel, derramó unas gotas sobre su boca pero no lo tragó… -Gwaem (Vamos)- pronunció el soberano. Inclinó un poco más su cabeza y finalmente lo bebió; volvió a realizar el mismo procedimiento hasta que casi consiguió que ella tomara toda la infusión. Inmediatamente después de los ojos, nariz y boca de la elfa comenzó a manar el veneno, su cuerpo convulsionó violentamente y su corazón se detuvo. –Ava Lothíriel, an ngell nîn, echuio (No lo hagas Lothíriel, por favor, despierta)- pronunció incrédulo Thranduil cargó a la elfa y se dirigió al río. Lord Elrond los alcanzó alarmado.

El Rey Elfo se internó en el afluente hasta que le llegó a la cintura, la corriente aumentó, revistió el cuerpo de la elfa y lavó sus heridas, el agua del río se tiñó con la sangre de la elfa, Thranduil la abrazó contra su pecho - Gi melin (Te amo)- murmuró en el oído de Lothíriel. –Regresa-

El Señor de Imladris colocó una de sus manos sobre el pecho de la elfa, cerró los ojos, de su palma una luz cálida y brillante germinó, por lo bajo pronunciaba poderosos versos, el agua a su alrededor se calmó formando sutiles ondas, aquél halo fue internándose paulatinamente en el corazón de la elfa, hasta que finalmente se hundió en su pecho, la tormenta se silenció, un tímido rayo de sol se posó sobre ella y Lothíriel inhaló gradualmente.