Buenas aquí traigo la continuación como prometí. Lo que desearía recalcar es que este es un capítulo no de relleno, aunque pueda parecer; debido a que es fundamental en la trama al menos en el ámbito psicológico y también porque es importante ponerse desafíos. Así me motivo a seguir escribiendo, centrarme tanto en la historia de Harry iba a ser lo correcto, pero un poco monótono, espero que las personas que están esperando la continuación del romance no me abucheen demasiado, pero hay momentos para todos y este capítulo digamos que mucho de eso no tiene. Como me sucede con regularidad mi expectativas difieren bastante de la realidad cuando se trata de cumplir con los plazos propuestos. Creo que si logró mantener un ritmo d capítulos por mes pueda acabar el arco para Febrero. Agradezco como siempre las personas que se molestan en leer la historia con eso es suficiente, aunque los comentarios también son muy gratificantes.
Nos vemos.
Capítulo IX: El punto de vista del profesor de Pociones.
Un hombre de cabello negro sentado sobre su escritorio de madera, contempla sus manos con detención el inusual color de su piel. La cual ha tomado un raro tono purpura muy opaco, y esto fue producto de la broma de unos infames alumnos de la casa enemiga, Gryffindor. Después de exponerse a una extraña solución que estaba presente en los calderos que explotaron, debido a que el líquido de su interior era una mezcla muy inestable. Los resultados de la dichosa poción es una mofa al bello y sutil arte de la creación de pociones cosa que Potter y los gemelos Weasley han profanado.
—Esos estúpidos Gryffindor los haré pagar —juró a sí mismo.
Le tomo un poco de tiempo el aplicar Oclumancia para ordenar sus pensamientos, y así calmar sus convulsionadas emociones.
Una vez enfrío su mente comenzó a recapitular los sucesos anteriores a lo ocurrido. Snape primero fue a realizar la ronda de la tarde por los patios de Slytherin como lo hacía de costumbre, más tarde, fue a hablar con Dumbledore para entregar la nomina de alumnos de su casa que regresarían a sus casas para las vacaciones de navidad. Al regreso de realizar sus labores administrativas, mientras se devolvía a su despacho un desagradable hedor proveniente del laboratorio de pociones lo distrajo de su meta inicial que era retornar a su despacho. Este acontecimiento extraño cambio sus prioridades y dejó de lado su plan original, cambiando su camino hacia el laboratorio de pociones. A medida que avanzaba el hedor se hacía cada vez más intenso y penetrante.
—¿Pero que es este desagradable hedor?. En todos mis años elaborando pociones en muy pocas ocasiones he tenido que soportar un olor como este —se dijo a sí mismo.
Un extraño sentido de urgencia le azoto de golpe, su intuición le indica que algo anormal a tenido lugar y puede ser peligroso no atender este desconocido acontecimiento. Snape se apresuro a llegar al laboratorio. Cuando llegó al lugar había tres calderos que despedían humaredas grises oscuro que parecían ser el origen de ese nauseabundo hedor. Snape avanzó lentamente hacia los tres calderos que se comenzaron a tambalear lo cual era una muy mala señal, Snape en un acto desesperado por frenar la inevitable ebullición de los calderos saco su varita e intentó recitar un hechizo, pero fue tarde, ya que cuando pudo concretar su magia. Los calderos entraron en erupción arrojando todo el contenido liquido que estaba en su interior. La explosión atrapo al profesor por sorpresa que aún en su precaria condición pudo ejecutar un improvisado hechizo de protección para defenderse. Luego, salió expulsado hacia la pared donde perdió el conocimiento durante varios minutos.
Al tiempo después de despertar, Snape se levanto con un leve mareo. Con dificultad uso un hechizo para abrir tanto las puertas como las ventanas del laboratorio de pociones para ventilar. Una vez más recuperado se puso a observar la situación general que quedo producto de la explosión de los calderos, de los cuales no quedaron restos. Estos se habían evaporado junto con la explosión. Snape recogió un poco del liquido para estudiarlo y mientras realizaba esta labor, varios de sus compañeros de trabajo llegaron a la escena. Junto con ellos aparecieron el director Dumbledore y la profesora McGonagall que con expresiones muy preocupadas interrogaron al profesor Snape.
—Profesor Snape, ¿Qué ha sucedido? —pregunta la mujer mayor con desconcierto.
El profesor Snape le relata lo que aconteció desde el momento en que llegó hasta ahora. Los profesores se conmocionaron un poco por el relato, pero se sintieron más tranquilos cuando se enteraron que su colega estaba bien. El director le hizo algunas preguntas a Snape.
—Profesor Snape, ¿tiene alguna idea de quién podría provocar un hecho como este? —preguntó Dumbledore.
El profesor de pociones mantuvo su cordura y le respondió.
—Tengo a varios sospechosos, pero tendré que estudiar esta sustancia por un tiempo —dijo refiriéndose al liquido que guardaba en un recipiente.
En ese momento, un suceso inesperado tuvo lugar. La piel del profesor de pociones comenzó a adquirir una tonalidad morada. Lo que alarmo a todos.
—!Profesor, tu piel se está volviendo morada! —exclamo un colega consternado.
Al escuchar la voz exaltada de su jefe. El hombre vestido de negro se dirigió hacia un trozo resquebrajado de vidrio que reflejo la verdad de las palabras de Dumbledore. La imagen del espejo mostraba la cara de un hombre de piel morada. Un sentimiento de ira reverbera en su interior, propagándose como el fuego en un mar de llamas. Ese sentimiento duro algunos minutos hasta que pudo calmarse, de nuevo.
—¿Quién podría hacer algo como esto? —pregunto un profesor con un tono de incredulidad.
Snape como el experto en pociones tampoco tenía a alguien claro en mente, pero por precaución estudió con detenimiento los residuos y rastros de liquido dentro de la habitación, hasta que pudo llegar a alguna conclusión.
—Profesor, ¿Ha podido descubrir algo? —le pregunta Dumbledore.
Snape se toma algunos segundos antes de contestar.
—Sí. Este líquido es una mezcla extraña, pero inofensiva, y al juzgar por la calidad de la mezcla. Me atrevería a afirmar que si bien el creador de esta "ridiculez" conocía la forma de elaborar lo que sea que esto sea...esto no es más que una broma para llamar la atención —determina Snape con desdén.
Todos se quedan sorprendidos por las palabras del profesor de pociones. El director hace una pequeña mueca al oír la evaluación de aquel profesor.
—¿Puede ilustrarnos un poco más profesor?, ¿cómo es que llegó a esa conclusión? —pronuncia el director con algo de curiosidad.
El hombre de túnica negra echa un vistazo al director antes de hablar.
—La pobre técnica con la que esta mezcla está ejecutada, habla de que el autor es tan solo un aficionado o un sujeto que no tiene un gran manejo de las técnicas necesarias para la elaboración de pociones, ya que a esta misma le hace falta pulir bastantes cosas para lograr que esta mezcla sea estable...me atrevería a decir que esto es obra de un alumno de tal vez de tercer año o incluso más joven —afirma el hombre con un tono frío.
Un grupo de niños que me había querido jugar una broma. ¿Se tienen bastante confianza? Jamás había recibido una humillación de este calibre durante mis años como profesor...me responsabilizaré de hallar al culpable.
Al final, resultó ser que los culpables que andaba buscando eran esos alborotadores alumnos de Gryffindor. Y todo fue por un estúpido libro de quidittch...aunque sin esa pista me habría demorado más en pillar con estos molestos mocosos. En ese momento, la cara de los tres culpables se asomó por la mente del profesor de pociones y al recordar a un chico de once años de pelo desordenado, el rostro de aquel hombre se transfiguro.
—!Pooottterrr! —grito el profesor de pociones perdiendo los estribos.
Crack...crack...crack.
Muchos vidrios se agrietaron y muchos otros se quebraron, producto de la magia descontrolada que se origino del mago. Esa cara...ese pelo desordenado...le hace rememorar la cara de su archienemigo, aquella persona que alejo lo que el más amaba y fue quien lo atormento con burlas hacia su persona junto a Sirius Black, James Potter. Ese despreciable sujeto que tanto sufrimiento le había hecho pasar, haciendo de su vida escolar algo miserable.
—Potter...incluso después de muerto hallas manera de fastidiarme. Ahora a través de tu hijo. !Pero no creas que se lo pondré tan sencillo! —exclamaba Snape consumido por la rabia.
La determinación iluminaba los oscuros y profundos ojos del jefe de la casa de la serpiente. Su mirada arde con sed de revancha. Si de algo estaba seguro el hombre de piel pálida es que no escatimaría esfuerzos en dificultar las cosas para ese niño que era el hijo de su peor enemigo y la mujer que más amo. El mundo estaba lleno de contradicciones. Cuando pensó en aquellos ojos verdes su voluntad se tambaleo.
—Lily...te extraño —esas palabras salieron en un susurro inconsciente hacia su amada.
El recuerdo de la mujer más bella que Snape conoció jamás había dejado una huella indeleble en el corazón del frío hombre de Slytherin. Su imagen hacia que el corazón de ese hombre se ablandará sin la menor resistencia. Una vasta cantidad de sentimientos se mezclaban en el corazón de ese hombre contradictorio e inconstante que no es capaz de poner en orden sus pensamientos y emociones.
—Tengo que sacar a Lily de mi cabeza —se intentaba persuadir Snape a sí mismo.
Estuvo varios minutos en ese proceso, pero fue inútil su motivación decaía cada vez más.
—Está bien, Lily. No haré nada malo a tu hijo —dijo Snape al aire.
Después de decir esas palabras la imagen de Lily abandonó los pensamientos del hombre atormentado. Sin querer la gaveta de su escritorio se abrió. El espacio que Snape podía ver era justo el lugar donde ese libro de quidditch estaba. Eso lo dejó pensando largo rato.
—Ese molesto Gryffindor ahora que lo recuerdo a mostrado habilidades muy singulares. Además la mejor manera de cumplir con mi promesa es tener a ese mocoso cerca. Tengo que ser más racional, no puedo dejar que las acciones de ese mocoso me nublen el juicio. Quirrell ha estado haciendo movimientos muy raros y casi asesina a Potter en el anterior partido de quidditch. Será mejor mantener a esos dos tontos vigilados —hizo una profunda reflexión el jefe de Slytherin.
Snape pasó el resto de su tiempo libre pensando en distintos planes y objetivos para su próxima clase de pociones, ya que en su siguiente sesión tendría que dar cátedra a la clase común de primer año de Gryffindor y Slyterin, quienes a su juicio eran un manojo de mentes dispersas a las cuales por obligación debía ceder parte de su preciado tiempo en instruir y educar, aún cuando, estaba seguro desde su experiencia: que toda esa inversión no daría buena cosecha. Siendo que estas futuras semillas no alcanzarían a cumplir con sus altos entandares de enseñanza. Con desmotivación el amargado hombre de ojos centellantes anotaba en un pergamino los deberes que asignaría los alumnos de cada casa. Adicionalmente agregó un pie de página para recordarse que los deberes de los Gryffindor sería un poco más exhaustivos-esto alegraría a cierta Gryffindor-de manera que estos comiencen a apreciar lo que significa entrometerse con Severus Snape.
Como todos los Viernes en la mañana, el profesor de pociones se dirigió a su salón a la hora acostumbrada y como siempre dejó el libro guía que usaba para el primer año. Snape con normalidad emplea su singular habilidad verbal para hablar a sus alumnos y lograr captar su atención-al menos en lo aparente-sin alzar la voz. En esa fría clase de invierno el ambiente es más frío de lo usual, ya que es sabido que la piel del profesor de pociones se volvió morada(los efectos aun son apreciables). Nadie sabía cómo reaccionaría el profesor más temido de los alumnos de primer año y para su sorpresa el profesor se mantuvo compuesto y distante como siempre lo hacía. Algunos de los alumnos de Slytherin como Malfoy estaban un poco decepcionados frente a la apática reacción que mostró el profesor en su clase, ya que estos eran partidarios de que los Gryffindor tenían que pagar tanto como hiciera falta por sus "crímenes", mientras que otros admiraban la templanza y la resiliencia del docente para hacer frente a la situación con astucia y prudencia como se esperaría del líder de Slytherin.
La clase siguió su curso normal con el estilo directo y preciso, que todo el tiempo el profesor Snape hace uso cuando enseña. Cuando la clase estaba por finalizar el profesor de pociones aprovecha esa última ventana de tiempo para hacer un pequeño recordatorio.
—Escuchen. La investigación que les he solicitado realizar sobre las propiedades del polvo de cuerno de unicornio es básica para poder ser un buen maestro de pociones. Quien tenga la osadía de no llegar con el informe hecho le espera ser el compañero del señor Potter como mi asistente. Les aseguro que no quisieran estar en sus zapatos... —incluyo el profesor pronunciando con saña el apellido de su alumno. Luego dirige su fría mirada a esos expresivos ojos llenos de odio de su pupilo—.Señor "Black"...perdón Potter le anuncio en frente de toda la clase que su castigo por realizar aquella "travesura" a mi persona será ser mi asistente durante todo el semestre...si gusta puede avisar a la señorita sabelotodo y al señor "quiero jugar quidditchh" que estoy consciente de su infructuosa visita a mi despacho el día del accidente.
Luego el profesor de pociones se marchó sin decir más.
Algunos días más tarde.
Una noche despejada, dos hombre se hallaban reunidos en la oficina del director. El hombre canoso de ojos vivos y llenos de energía dirige la mirada hacia su inteligente, pero escueto acompañante. Al percatarse de aquello el hombre devuelve la mirada a aquel hombre más viejo.
—Severus. He escuchado que has adquirido los servicios de Harry y los gemelos Weasley como tus ayudantes —comenta el director al profesor Snape.
Snape mira con desdén a Dumbledore y le contesta.
—Recuerdo que fuiste tú, Dumbledore. Quien me pidió que mantuviese vigilado al hijo de Potter, además sería extraño que llamase solo al chico y no al resto de involucrados en aquel incidente —puntualiza Snape ante la afirmación de su interlocutor.
Dumbledore se queda en silencio antes de responder.
—Confío en tu juicio y sé que no debo preocuparme por tu manera de proceder frente a este tipo de cuestiones, Severus. Soy consciente de que te es difícil tener a Harry tan cerca de ti, pero Harry es un chico muy inteligente y curioso, aunque demasiado me temo para su propia seguridad —afirma Dumbledore.
Snape hace una sonrisa.
—El hijo de Potter está demasiado influenciado por Black. Su comportamiento es prueba de ello, también es quien constantemente pone a prueba mi paciencia con sus tonterías...su madre dando su vida para salvarlo y el solo pierde su tiempo gastando bromas a sus profesores. Dumbledore, hiciste bien en dejar la custodia de ese niño en manos de Black —comenta Snape con sarcasmo.
Los ojos del director destellan con fuerza al oír las palabras duras del profesor de pociones.
—Severus...debes recordar, que aún cuando Harry, es la única persona que sobrevivió al ataque de la maldición de Tom. Incluso si el debe llevar esa tremenda carga consigo ,sigue siendo solo un niño de diez años, y como tal, tiene derecho a divertirse y cometer errores como cualquier niño de su edad. Además que tú tengas tus complejidades para abordar tu relación con él, eso no significa que él tenga que ver las cosas como tú. Ambos son personas distintas y todos sabemos que la vida de cada uno no ha sido fácil, no obstante, creo que yo que tengo la responsabilidad de aliviar la carga de Harry tanto como me sea posible si tengo la capacidad. Y puede ser que tu no estés de acuerdo conmigo en ese aspecto, pero siendo sincero pienso que he vivido bastantes años como para darme cuenta que cada cual tiene su manera de afrontar sus problemas. Tú, Severus procedes de cierta forma y Harry procede de otra —finalizo su largo monólogo.
Snape frunció el ceño al escuchar las palabras de su aliado.
—Ese exceso de sentimentalismo siempre es algo que me ha desagradado de los Gryffindor, Dumbledore y no creo que este será el momento en que cambie mi forma de pensar. Me comprometí a resguardar la seguridad y la vida del hijo de Lily, pero no a mimar a un mocoso arrogante con aires de comediante —lanza sus descargos Snape.
Dumbledore solo esboza una sonrisa.
—Severus, uno de tus principales problemas es que malentiendes el concepto de lo que significa amar a una persona. No es mi intención tener contigo un debate moralista sobre los valores de tu persona o sobre cómo se debería actuar de la manera correcta. Sin embargo, no puedes tratar a todas las personas con la dureza con la que te tratas a ti mismo...no todos pueden soportar una carga tan pesada como lo tuya y seguir adelante. Creo con convicción que eres un hombre muy valiente y leal a tus principios, pero a su vez eres muy inflexible y terco acerca de los temas que tienen que ver con el corazón Severus —le habla Dumbledore usando un tono afable.
Snape adopta una actitud solemne.
—¿A dónde quieres llegar con toda esta conversación Dumbledore? —pregunta Snape usando un tono más frívolo.
El director conociendo a su antiguo alumno, sabía que este estaba perdiendo la poca paciencia que le quedaba.
—Quiero que sepas que estoy de acuerdo contigo, en que Harry necesita a alguien le enseñe que hay límites que no puede infringir y que lo que lo que te hizo esta mal. Sin embargo, no debes cegarte por el odio que le tienes a James y Sirius a la hora de tomar decisiones que puedan afectar a Harry. Todos buscamos algo que añoramos con desesperación Severus, en tu juventud, tu buscaste el reconocimiento y aceptación de aquellos que compartían los mismo ideales que los tuyos. En el caso de Harry, el quiere la atención de los demás: esperando que lo reconozcan no como el-niño-que-sobrevivió; sino como la persona que es Harry Potter con sus virtudes y defectos. En otras palabras, tú y Harry son muy parecidos Severus, ambos quieren ser amados incondicionalmente, ya que desde su infancia temprana ustedes no pudieron experimentar el amor de sus padres —se expreso el director con sinceridad.
Después de eso el profesor Snape se quedo en silencio sin decir ninguna palabras. Esa conversación nocturna quedo grabada para siempre en el corazón melancólico de Severus Snape.
