-Quédate con nosotros vanimelda (hermosa).Tranquila pronto pasará.- prosiguió el Señor Elrond.

-Instalaré la tienda, cuídela, ella aún debe permanecer en el agua, después la dejaremos descansar… aún no hemos terminado y la tempestad tampoco.- aseguró el elfo de Imladris.

-Iston, hantalë (Lo sé, gracias)- dijo Thranduil dirigiéndose a una parte menos profunda del río con Lothíriel entre sus brazos. El agua penetraba en sus heridas y al salir se llevaba consigo delgados hilillos de sangre y ponzoña que se desvanecían en la corriente.

-Consejero recibimos autorización de Aran Thranduil para dar amparo a la gente del Valle.- anunció el elfo de la Guardia Real.

-Está bien, por favor, indiquen a Nimphelos que prepare víveres y ropas; consulten a Ereb para que disponga a los sanadores y al Consejero Lewë para que se decida donde instalarlos.- explicó el Consejero a los elfos que le acompañaban.

Varios de los elfos que observaban la caravana se acercaron y comenzaron a ayudar a las personas…

-Consejero Isilion, le fael (le estoy agradecido).- dijo Belthil acercándose al elfo.

-Belthil, lamento lo que ha pasado con su gente y esperemos coadyuvar para que puedan superar esta situación tan pronto como sea posible.- pronunció el Consejero.

-Si no fuese por su ayuda muchos de nosotros estaríamos muertos ahora… además gracias a la valiente intervención de su hija pudimos escapar de un ataque de orcos, aunque nuestro pueblo fue completamente arrasado.- mencionó acongojado el hombre.

-¿Sabe qué pasó con mi hija?- indagó Isilion inquieto.

-Por desgracia, no. Lo único que sé es que fueron sorprendidos por la horda de orcos mientras evacuaban el pueblo, su hija, la mía y uno de los centinelas. El elfo regresó con mi hija malherida pero de su hija no escuché nada más, lo siento.- explicó el hombre mirando a los elfos que atendían a Ivorwen.

-Gracias por la información, vamos descanse.- pronunció Isilion acercándose al guardia real.

-¿Qué fue lo que sucedió?- cuestionó el Consejero al guardia.

-Una gran emboscada en la frontera norte del Reino, el Rey encabezó la defensa y logramos repelerla. En el camino encontramos la caravana proveniente del pueblo, Aran Thranduil autorizó la entrada de estas personas al Bosque Verde y continuó el viaje rumbo al Valle. Al parecer, un sector de la población se encuentra rezagado por la enfermedad y la tempestad… respecto a su hija no sabemos nada, lo lamento, Consejero.- explicó el guardia.

-Hantalë (Gracias), prosiga con sus tareas.- dijo afligido Isilion.

-¡Ai, ai! (¡Hola, hola!) ¿Puedo ayudar?- curioseó interesada Eilinel quien tiraba de la túnica del Consejero Real.

-¡Á veleth nin! (¡Oh cariño!) ¿Dónde está tu madre?- preguntó Isilion a la pequeña hija de Seregon y Luinil.

-En (Mire allí) quiero ayudar, tengo muchos juguetes…- señaló Eilinel un gran número de pequeñas figuras de animales talladas en madera.

-Amin hiraetha (Lo siento), Consejero ¿hay algo que podamos hacer?- cuestionó Luinil algo apenada por la intrusión de su hija.

-Muy loable de su parte, necesitaremos toda la ayuda posible, por favor vaya con Nimphelos y ella podrá orientarle.- indicó Isilion.

-Enseguida… nan, ¿massë nalyë Eilinel? (¿dónde estás Eilinel?)- afirmó la elfa mientras buscaba a su hija que se había escabullido nuevamente.

-¡Aiya marilmanna!, ¡Maare tulde! (¡Hola bienvenidos a nuestra tierra! ¡Bienvenidos!)- gritaba cándidamente la pequeña elfa que se había montado en un enorme saco y se paraba sobre sus puntas para observar a aquellos fascinantes extraños que habían llegado.

-Á pusta Eilinel (Para Eilinel)- pidió su madre colocándose a la altura de la pequeña.

-¿Selman mana nana? (¿Por qué mamá?)- indagó desilusionada Eilinel.

-Estas personas están tristes y no quieren jugar. Ahora acompáñame les ayudaremos a sentirse mejor.- explicó pacientemente Luinil.

-Nana (Mamá), ¿Por qué están tristes?- quiso saber la elfa mirando con atención el barullo a su alrededor.

-Porque han perdido a sus seres amados y su hogar.- expuso Luinil llevando consigo algunas mantas y comenzando a repartirlas entre la gente.

-Len (Para ti).- dijo Eilinel entregando a una niña un pajarito de madera, el cual, fue recibido con una tímida sonrisa. Al tiempo que su madre caminaba repartiendo mantas y ropas; su hija iba obsequiando gozosamente sus juguetes a los niños.

-Quizá después puedas jugar con ellos, ahora necesitan descansar y reponer fuerzas.- indicó Luinil al percatarse de las miradas curiosas entre su hija y los niños.

-Náto, naneth (Sí, madre).- respondió la pequeña ayudando a su madre a llevar algunas mantas.

-¡Gracias!- dijo un niño agitando su mano para llamar la atención de Eilinel. La elfa lo miró entusiasmada y le devolvió una dulce sonrisa.

-Está lista la tienda Lord Thranduil, llevemos a Lothíriel dentro.- indicó Lord Elrond.

Lothíriel fue trasladada a la pequeña tienda, allí fue arropada con algunas mantas, el Señor de Imladris le dio de beber algunos brebajes para tratar de fortalecerla.

La lluvia había cesado pero el viento era intenso, las nubes grises viajaban a gran velocidad a través del cielo y los relámpagos aparecían constantemente.

-¿Por qué hasta ahora?- indagó ensimismado el Rey Elfo.

-¿Cuál es su hipótesis? – inquirió Lord Elrond.

-Sé de antemano que usted no actúa guiado exclusivamente por un estandarte de indulgencia; en sus acciones y decisiones hay algo más de lo que se percibe…- especuló Thranduil.

-¿Y qué es lo que usted percibe?- averiguó el Señor de Rivendell.

-Sabemos que los rumores de los vasallos de Sauron recorriendo estas tierras vienen de tiempo atrás, la infección de las aguas tiene al menos varios meses de estarse gestando, nos encuentra justo en el lugar y momento indicados, y por otro lado, el hecho de que posea todos los implementos necesarios para la atención de Lothíriel no me parecen sólo una bienaventurada coincidencia.- expuso Thranduil observando a Lord Elrond.

-Razonables son sus argumentos, lamento que mis acciones levanten tal sospecha, pero tras mi propósito no subyace ardid alguno que pueda entorpecer sus intereses.- analizó Elrond tranquilamente.

-¿Qué sabe de mis intereses?- indagó Thranduil escéptico.

-No más de lo que usted sabe de los míos, pero sin duda es usted un elfo sabio y confío en su probidad.- respondió Lord Elrond.

-Entonces tendré que considerarme afortunado.- apuntó sarcástico el Rey Elfo.

-Lord Thranduil es momento de pensar en aquello que nos une, y ahora lo hace, la vida de Lothíriel y eventualmente la erradicación del mal en la Tierra Media.- analizó el Señor de Imladris mientras ingresaba a la tienda para revisar a Lothíriel.

-Al final quizá nos dividirá lo que ahora nos une…- pensó el soberano siguiendo al elfo de cabellera negra con el pequeño en brazos.

Las sábanas que cubrían a la elfa estaban humedecidas con la sangre de sus heridas, su piel estaba mortalmente pálida, sus párpados, labios y dedos tenían una coloración azulada.

-Esta vez drenaremos sus heridas en el río…- indicó Lord Elrond.

-De acuerdo, la llevaré.- advirtió Thranduil cargando cuidadosamente a la elfa.

Entró al río, la tormenta se desató nuevamente y la corriente creció. El cuerpo de la elfa estaba cubierto por el agua, excepto su rostro, esta vez Lord Elrond reabrió las heridas dejándolas expuestas a la creciente, entorno a ella se formaban oscilaciones de tonalidades oscuras que poco a poco desaparecían, la temperatura de su cuerpo era peligrosamente elevada. Allí permanecieron horas, con el sabio Señor de Imladris completamente volcado al intenso ritual de curación, hasta que la fiebre de Lothíriel cedió y sus silenciosas lágrimas volvieron a ser claras.

Thranduil la llevó de vuelta a la tienda limpió su cuerpo, vertió el cristalino líquido en las lesiones y colocó nuevamente su raída vestimenta. Varios días pasaron, Lord Elrond y el Rey Thranduil se turnaban para viajar al refugio de la roca y conocer el estado que guardaba la situación, la lluvia continuaba aunque no con la misma intensidad, la inundación había disminuido y el rastro de los orcos se había hecho ceniza producto de los rayos.

En el refugio los enfermos habían presentado una importante recuperación, la mayoría había recobrado la lucidez, se aventuraban a tomar aire fresco fuera de la cueva, algunos ayudaban incluso a los elfos ya que su energía aumentaba paulatinamente; motivo por el que se alistaba ya el viaje hacia el Reino del Bosque. Los elfos del Bosque Verde habían cabalgado largamente en busca de suministros que pudieran llevar de vuelta al reino.

Lord Elrond había trasladado al bebé al refugio mientras organizaba a su comitiva y daba instrucciones relativas a la medicación que debía ser administrada a las personas. Thranduil mientras tanto permanecía con Lothíriel en la tienda que había sido instalada a unos metros del cauce del río. El estado de la elfa era inestable había días en los que su ausencia era silenciosa y su respiración prácticamente imperceptible, pero había otros en los que su cuerpo temblaba, sudaba, se agitaba y las lágrimas escurrían incesantemente.

El Rey Elfo en las noches de vigilia conversaba con ella tratando de mitigar la angustia de Lothíriel con la esperanza de que ella lo escuchara. Había momentos en los que Thranduil se sentía asfixiado, atrapado y se alejaba cabalgando sin rumbo fijo simplemente alejándose de todo y de todos, pero nunca podía alejarse de sí mismo. Lord Elrond notaba la inquietud del elfo sinda, no obstante, dejó que las cosas pasaran como tuvieran que ser sin su intervención en ese asunto. Finalmente su injerencia revelaría sus frutos en los tiempos por venir, para bien o para mal.

Thranduil se acercó a la orilla del río, se agachó y tocó el agua, estaba fresca e increíblemente cristalina, se retiró la casaca y se tiró; se sumergió dejándose llevar por la corriente, la luz del sol se refractaba con hermosos colores a través del agua, giró impulsándose con el lecho del río y nadó vigorosamente contra la corriente hasta que llegó al lugar del cual había partido, salió y colocó nuevamente su ropa. Miró el cielo, las nubes de tormenta se habían disipado casi por completo, la lluvia había cesado y ahora sólo quedaba el frío clima otoñal.

El soberano entró a la tienda, observó a la elfa inmóvil, se sentó cerca de ella y de su bolsillo sacó el prendedor con la diminuta piedra preciosa incrustada, se aproximó a ella y le colocó el adorno sobre el cabello. De pronto, la elfa se removió con un mohín de dolor en sus facciones, abrió lentamente los ojos miró detenidamente a su alrededor, hasta que vio al Rey Elfo a su lado, cerró pausadamente los ojos y los volvió a abrir. Ambos se miraron en silencio hasta que los labios de la elfa se abrieron.

-Guren glassui Aranya. (Mi corazón está agradecido Mi Rey)- musitó Lothíriel volviendo a cerrar sus diáfanos ojos grises, a la vez que diminutas lágrimas caían de éstos.

-Av-'osto, agorel vae. (No temas, lo hiciste bien)- pronunció Thranduil secando delicadamente las lágrimas de la elfa con sus dedos. Salió de la tienda y por primera vez en varios días pudo respirar.

-Lord Thranduil ¿man ie? (¿qué pasa?)- preguntó Elrond que llegaba del refugio con algunos abastos.

-Ha despertado…- mencionó Thranduil.

Lord Elrond se apresuró, entró a la tienda y agarró la mano de Lothíriel. – ¿Vanimelda? (¿Hermosa?)-

-Im gelir ceni ad lin (Me alegro de verlo otra vez)- murmuró la elfa sonriendo débilmente, recibió un beso en la mano y volvió a descansar.

-Necesita tiempo, va a estar bien…- anunció Lord Elrond acercándose a Thranduil.

-¿Habrá secuelas?- averiguó el monarca.

-Ú-iston (No lo sé)… el envenenamiento ha sido muy grave pero, tampoco había visto que alguien lo superase como lo ha hecho ella, así que tengo esperanza.- explicó con sinceridad Lord Elrond.

-Iré al refugio daré la orden para que partan hacia el Bosque Verde… Lord Elrond le fael (le agradezco)- dijo Thranduil y subió a su caballo.

-Lord Thranduil la comitiva de Rivendell tiene ordenes de guardar a los suyos hasta los linderos de su reino.- advirtió Lord Elrond.

-De acuerdo.- pronunció el monarca y partió de inmediato.

Los elfos y las personas se marcharon esa misma tarde, Anardil y otro de los elfos de Imladris se negaban a dejar solos a sus señores, sin embargo, al final tuvieron que hacerlo. Lord Elrond planeaba regresar a su morada en cuanto su corte volviera del bosque, ya que, Lothíriel parecía haber superado la etapa más crítica.

En el Bosque Verde la gente del Valle se habían establecido entre los elfos y, aunque algunos de éstos últimos se mostraban recelosos, poco a poco estaban aprendiendo a conocerse. Eilinel se encontraba fascinada por poder compartir con alguien tan diferente a ella, comenzaba a comprender que había distintas formas de vivir un mismo suceso. Los Consejeros, por su parte, se hallaban preocupados por la ausencia del Rey, la falta de información sobre lo sucedido con el resto de las personas, el paradero de Lothíriel, y desde luego, el destino de la misión enviada a Dol-Guldur.

-Aran Thranduil ha tardado en volver ¿qué habrá podido retrasarlo?- preguntó Imloth a Luinil mientras repartían la cena a los habitantes del Valle.

-Lo ignoro, sólo espero que se encuentren bien…- respondió Luinil con algo de ansiedad en su voz.

Imloth permaneció en silencioso sabiendo que Luinil se refería también a Seregon, Elendë y Lothíriel

-Seguro que lo están…- declaró Imloth, sin evitar sentir celos de que tal vez Thranduil estuviera con la hija de Isilion. Imloth había visto partir aquella noche a Lothíriel y aunque pudo haber hecho algo para detenerla, la dejó seguir… para que no volviera, para que dejara de ser un obstáculo entre ella y el Rey.

Los días pasaron, había caído la primera nevada que anunciaba la llegada del invierno, todo se cubrió de blanco y una fina capa de hielo se formó sobre el río. Había costado mucho que Lothíriel comiera, ya que apenas tenía energía para masticar, no obstante, de a poco se le veía con más voluntad.

-Mi comitiva llegará mañana y tendré que irme, me aseguraré de dejarle pertrechos para los próximos días. Lothíriel está aún muy débil como para realizar el viaje. Saldré a buscar algunas hierbas.- anunció Lord Elrond. -Posto vae (Descansa bien)- dijo dándole de beber un brebaje a la elfa.

-Iston, av-'osto (Lo sé, no se preocupe)- respondió el elfo sinda mientras atizaba el fuego.

-Aranya (Mi Rey) creo que nos escabullimos…- dijo Lothíriel intentando sentarse y dirigiéndole una cálida sonrisa al elfo que la miró sorprendido.

-Así que de eso se trataba, francamente planeaba algo más sutil cuando te lo propuse.- respondió juguetonamente Thranduil acercándose a Lothíriel y acomodándose para que la espalda de ella pudiera recargarse contra su pecho. El Rey Elfo pudo sentir el cuerpo de la elfa temblar.

-¿Tienes frío?- preguntó el elfo.

-No, ya no.- respondió Lothíriel nerviosa pero complacida ante la cercanía con Thranduil.

-Tari meletyalda, an ngell nîn, goheno nin. (Majestad, por favor, perdóneme)- se disculpó Lothíriel por haber transgredido las reglas del reino.

-Tu intervención salvó la vida de muchos, no obstante, es un tema que deberemos tratar una vez que te encuentres mejor, por ahora, sólo ocúpate de ti misma.- aseveró el monarca.

-Le fael, guren glassui hîr vuin. (Mi corazón agradece su generosidad mi señor).- pronunció Lothíriel agarrando con ternura la mano del monarca, llevándola junto a su corazón.

-¿Recuerdas aquella vez en las montañas del Bosque Verde? Había caído la primera nevada, justo como ahora en este lugar…- comentó Thranduil.

-Recuerdo que fue una de nuestras escapadas cuando recién aprendíamos a cabalgar. Éramos verdaderamente pequeños.- dijo Lothíriel con una delicada sonrisa en sus labios.

-No paraste de llorar aquella vez cuando nos creíste perdidos.- apuntó el Rey Elfo con nostalgia en los ojos.

-Eso no es del todo cierto, creo que usted ya no se acuerda que fuimos sorprendidos por un enorme oso ocasionando que los caballos se desbocaran y nos dejaran a nuestra suerte…- mencionó la elfa acomodando su cabeza en el pecho del monarca.

-De manera que llorabas porque te asustó el oso.- dijo Thranduil acariciando suavemente la mano de Lothíriel.

-No, tampoco fue eso, cuando el oso nos persiguió corrimos entre los arbustos espinosos, mi cabello quedó enredado, no podía moverme y el animal estaba aproximándose…- expuso Lothíriel.

-Y entonces corté tu cabello… lo había olvidado.- expresó Thranduil con una sonrisa al remembrar la escena. El cabello de la elfa había quedado tan corto que se levantaba por todos lados dándole un aspecto gracioso.

-Y usted reía a carcajadas, cuando finalmente logramos burlar al enfurecido animal. Incluso aseguraría que ahora mismo está sonriendo.- mencionó Lothíriel.

-Amin hiraetha Lothíriel nan, (Lo siento Lothíriel pero,) lucías muy graciosa y yo no entendía el motivo de tu llanto pese a que habíamos escapado del oso y sabíamos el camino de vuelta aunque tuviésemos que recorrerlo a pie.- agregó el Rey Elfo entretenido.

-Corrí hasta que trepé a un gran pino; no pude verlo, ni escucharlo. Esperé, entonces, me percaté que el oso pasó de largo montaña arriba, pero de usted no había rastro, temí lo peor e incluso creí que me dejaría allí…- explicó Lothíriel agitada.

-Me ofende ¡Qué poco me conocías!- apuntó juguetonamente el elfo sinda.

-Nunca me alegré más de haberme equivocado. Mi miedo no era infundado, hîr vuin (mi señor), ya antes me habían abandonado, mi silenciosa presencia era fácilmente olvidada por los que me rodeaban. Muchas veces deambulé sola a través de lugares desconocidos procurando encontrar el camino de regreso a casa… hannon le Aranya (gracias Mi Rey) por nunca haberme abandonado.- expresó Lothíriel conmovida.

Thranduil se quedó un momento en silencio, entonces la elfa pudo escuchar el latido del vigoroso corazón del Rey Elfo. Él se movió, la sostuvo hasta recostarla entre las mantas, ambos se miraron, el monarca recorrió sutilmente el cabello y el rostro de ella; Lothíriel cerró los ojos ante el gentil contacto.

-Pude escucharlo… en el río.- apuntó nerviosa la elfa… -Aranya Thranduil melinyes (Mi Rey Thranduil lo amo) siempre lo he hecho.- manifestó sinceramente Lothíriel dejando escapar algunas lágrimas.

Thranduil se aproximó lentamente sin dejar de mirar a la hermosa Lothíriel y la besó suavemente en los labios. -Gi melin Lothíriel (Te amo Lothíriel)- expresó el Rey Elfo conmovido. –Por cierto te veías linda con tu cabello trasquilado.- dijo el soberano, provocando la risa de ambos.