El amanecer en la oscuridad
Capítulo 2: "Vigilia"
Un ligero resplandor se había posado en el rostro de la pelirrosa, con la vista borrosa, miró el reloj, las 6 en punto de la mañana, triste, se sentó en la orilla de la cama, mirando con nostalgia el espacio vacío que había a su lado. Tan pronto como había regresado Sasuke a la aldea se había marchado, dejando tras de sí, más dudas que respuestas.
Sakura levanto de su cama y se desnudó con delicadeza frente al espejo, su cuerpo, delgado pero bien formado se veía exquisito, su piel tan blanca como la nieve resplandecía en la todavía oscura habitación. Tomó una toalla de la repisa y se la envolvió al cuerpo. Justo cuando se dirigía al baño, escuchó unos ruidos, sigilosa se dirigió a la cocina que es de donde provenían los sonidos.
-¿Sarada qué haces despierta a esta hora?- Dijo sorprendida al ver a su hija poniéndose un delantal y sacando los trastes de la alacena.
-¿Qué se te antoja para desayunar mamá?- Con un semblante frío como el hielo, la pelinegro se dispuso a encender la estufa.
-¿Sarada qué sucede? Es muy raro que te despiertes tan temprano- Dijo con voz trémula, Sakura temía lo peor, temía que Sarada sintiera ese enorme vacío que la ausencia de su padre le provocaba.
-No tengo sueño mamá es todo- Sarada mantenía la vista en el sartén, no quería que su madre viera sus ojos rojos.
-Eres mi hija y me preocupas, te llevé en el vientre casi ocho meses, siempre fuiste apresurada, hasta para nacer, siempre quieres ir un paso adelante de todos, pero a mí no me engañas. Así que dime. ¿Estuviste llorando por qué se fue tu papá? Sabes que él tiene misiones muy importantes, lo hace por nuestro bien- Sakura se mostraba fuerte y segura de sus palabras, aunque por dentro, se sentía igual de triste que su pequeña.
-¿Sopa de miso te parece bien?- Concentrada la pelinegro cortaba los vegetales necesarios a gran velocidad.
Sakura pensó que no era momento de insistir, su pequeña era una Uchiha en toda la extensión de la palabra, así como su padre, ella también era reservada.
-Sí, suena delicioso, bueno, me iré a dar un baño o se me hará tarde- Tan pronto como se dirigió a la regadera, unas lágrimas rodaron por sus mejillas. No hago otra cosa más que llorar últimamente, se dijo así misma.
El desayuno transcurrió calmado, casi en silencio, madre e hija sólo se hablaron para pedirse algún condimento, la pelirrosa intentó hacerle un poco de conversación a su hija sin mucho éxito. De pronto de la tristeza pasó al enojo.
-¡Shannaro!- Golpeando la mesa con su característica fuerza descomunal, Sakura miraba iracunda a su pequeña hija. – ¡Estoy cansada de esta situación Sarada! Siempre que viene tu padre, todo en esta casa se descompone, si sigues así le diré que venga lo menos posible, yo no tengo la culpa de que nunca esté en casa, lo único que he hecho en todo este tiempo es luchar porque esta familia se mantenga unida a pesar de todo. Y si tú estás triste, yo lo estoy aún más- Con lágrimas en sus ojos, la pelirrosa se volvió a sentar en su lugar.
-Mamá, lo… lo siento, perdóname por estresarte, no era mi intención, sólo no tengo ganas de hablar. ¡Soy una tonta, perdón!- Levantándose de su lugar, corrió hacia la puerta.
-Sarada, la tonta soy yo- Dijo su madre, cerrando la puerta, evitando que huyera su hija.
Ambas se abrazaron y lloraron. Cuando estuvieron más tranquilas Sakura acompañó a su hija a la escuela, se despidió de la pelinegro con un cálido beso en la frente y se dirigió al hospital.
Ese beso le removió por un momento toda la tristeza que sentía en su interior. Mientras caminaba al hospital se sentía entre las nubes, que importaba si Sasuke no estaba en la aldea, ella tenía a su hija, su pequeña niña Sarada, que la amaba tanto como a nadie. Amaba a Sarada con toda su alma y su amor era correspondido por la pequeña de la misma manera. Estaba a punto de entrar al hospital, cuando vió en la entrada alguien colocando una placa que rezaba lo siguiente:
"Por los notables esfuerzos en mejorar la calidad de vida de los habitantes de Konoha se coloca está placa en honor a Sakura Uchiha, ninja médico y gran kunoichi de la aldea de la hoja".
-¿Pero qué es esto?- Le preguntaba una sonrojada pelirrosa al joven que martillaba la placa en una de las paredes de la entrada.
-E…e…esto me dijeron que lo hiciera, me lo dio, la…la gran Tsunade, me ordenó que la clavara lo antes posible- Dijo tartamudeando un apuesto joven, se encontraba muy avergonzado pues la bella Sakura lo ponía demasiado nervioso.
-Vaya, vaya Daichi. ¿Por qué no le pides su autógrafo?- Decía burlona la hermosa Ino Yamanaka que venía llegando al hospital – A Daichi lo pones muy nervioso Sakura te tiene como toda una institución, él será nuestro nuevo ayudante, estuvo entrenando con Tsunade sama, llegó ayer en la noche junto con tu placa, no te preocupes por nada, ya le hemos mostrado todo el lugar-.
Ino le ordenó a Daichi dirigirse al pabellón de los quemados, pues la rubia quería que la pelirrosa le platicara todos los detalles de la visita de Sasuke. En cuanto llegaron a su oficina, las preguntas no se hicieron esperar.
-Sakura, dime. ¿Cómo fue todo? No quiero perderme ningún detalle amiga. ¡Qué emoción! –Con mirada morbosa y un tanto cómica Ino miraba a Sakura con ojos como platos. Pronto se calmó al ver la mirada de Sakura apagarse.
-Lo mismo de siempre Ino. No sé por qué sigues preguntando, ahora dime. ¿Qué pendientes tenemos?- La pelirrosa tan pronto como se había sentado en su escritorio se levantó y se dirigió a la ventana mirando hacia la nada.
-Vaya, ese torpe de Sasuke lo volvió a hacer. Lo siento Sakura, mira, debe haber una manera, estoy segura que él te ama, sólo necesita dejar de temer. Aún recuerdo cuando me dijiste que todo lo que necesitaba Sai era confianza en sí mismo y perdonarse. Confié en tus palabras y ahora soy una mujer muy feliz, amiga, no pierdas la fe, algo hemos de resolver- Ino estaba muy segura de sus palabras, quería darle ánimos a la pelirrosa, su mejor amiga de toda la vida.
-Me alegro que seas feliz Ino, lo mereces, sin embargo, no respondiste mi pregunta. ¿Qué pendientes tenemos hoy? Y respecto a eso sabes que yo…- Sakura se vió interrumpida de repente por el sonido del teléfono. Sintiendo un escalofrió recorrer su cuerpo, contestó apresurada, era Kabuto.
-Sakura, necesito que vengas lo antes posible, son los Shin. Necesito estar seguro de algo antes de avisarle al Séptimo, ven sola-.
-¿Qué ha pasado Sakura? De repente palideciste- Preguntaba confundida la rubia.
-Nada, debo de salir ahora mismo, dile a Shizune que me cubra por favor-
Sakura se dirigió a toda prisa a las afueras de la aldea, justo cuando llegó al orfanato, sintió un chakra maligno y muy poderoso que provenía de uno de los Shin.
-¿Es esto lo que creo que es?- Sakura asustada y con mirada incrédula, no podía creer lo que tenía ante sus ojos.
-Necesitamos ponerlo en cuarentena lo antes posible, pero primero necesito que me ayudes con unas pruebas- Kabuto sacaba unas jeringas de un cajón y recostaba al extraño pero inmóvil Shin en una placa de metal.
-Está bien, déjame tomar líquido de su espina dorsal- Mientras clavaba la aguja, Sakura observó algo extraño en una de las palmas de Shin. Cuando la miró a detalle no pudo creer lo que vió.
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Continuará…
