La comitiva de elfos del Bosque e Imladris, así como, la gente del pueblo del Valle habían llegado sin contratiempo al reino. Anardil, el Jefe de la Guardia Real, informó sobre los últimos acontecimientos a los Consejeros, no obstante, sólo mencionó que Lothíriel había sido encontrada y el Rey junto a Lord Elrond estaban con ella. Aunque Isilion, sin duda, sabía que algo grave había pasado con su hija.

De inmediato, la gente del Valle fue recibida y reunida con los otros miembros del pueblo. La mejoría en el estado de salud era notable, aunque el viaje los había agotado, los sanadores tenían un buen pronóstico para ellos.

-¿Anardil volverá para encontrarse con el Rey Thranduil?- investigó Isilion.

-Ván (No lo haré) por órdenes del Aran (Rey). Él desea que todo esté organizado y debo ir a transmitir las órdenes a los guardianes del bosque. Áva sorya (No se preocupe) su hija está en excelentes manos.- manifestó Anardil retirándose al bosque para encontrarse con los guardianes.

La comitiva de Rivendell se había retirado en cuanto avistaron el Bosque Verde y cabalgaron a toda prisa para volver con el Señor Elrond.

-Anardil una jinete de Lórien viene hacia acá. Está siendo escoltada- anunció uno de los guardias del bosque.

-Manténganse alerta.- indicó el Jefe de la Guardia Real dando instrucciones a los guardianes.

-¿Ha habido alguna primicia respecto a la misión de Dol Guldur?- inquirió Anardil.

-Nos hemos comunicado con los centinelas que están más al sur; los vieron transitar sin mayor problema hasta su destino pero no ha habido más noticias al respecto.- apuntó el centinela.

-Creo que la inquietud de Aran Thranduil no está por demás, ya deberían haberlos visto cabalgar de vuelta.- analizó Anardil.

-Vuelvan a sus puestos, cualquier novedad trasmítanla de inmediato.- ordenó el Jefe de la Guardia Real.

-¿Ivorwen cómo te sientes?- preguntó el elfo de la comitiva que había combatido junto a ella.

-Perdí parte de mi pierna pero creo que estaré bien.- dijo la chica acongojada.

-Lo siento…- pronunció el elfo.

-No hay porque sentirlo, todos estábamos en peligro y conseguimos salvar nuestras vidas gracias a su ayuda. Por cierto, ¿quentuvalyë nin esselya? (¿me dirías tu nombre?)- preguntó Ivorwen.

-Essinya ná Vorondil (Me llamo Vorondil).- respondió sorprendido, ya que, sabía que la joven no hablaba su lengua.

-Espero haberlo dicho correctamente, estuve practicando, mi padre me ayudó.- apuntó sonriente la mujer pelirroja.

-Lo has dicho bien, yo podría enseñarte si estás interesada pero necesitas recuperarte primero. Debo irme…- se despidió Vorondil.

-Vorondil, estoy muy agradecida.- expresó la joven mujer.

-Hanon le Ivorwen (Gracias Ivorwen).- respondió el elfo retirándose del lugar.

-Consejero se me ha informado que una jinete de Lórien se acerca, ya está siendo escoltada…- indicó Anardil.

-Ya me han puesto al tanto, tendremos que detenerla en los subterráneos, Aran Thranduil (Rey Thranduil) dejó órdenes expresas de no dejar pasar a nadie, sin excepción. Por otro lado, el mensaje que recibimos de Lórien ya fue respondido y no esperamos, por ahora, nada más. Por favor, encárguese de ese asunto e infórmeme en cuanto haya llegado- expuso Isilion.

-De acuerdo Consejero.- dijo Anardil retirándose con los guardias del bosque.

-Isilion ¿hay noticias de nuestra hija?- cuestionó Ilmen encontrándose con su marido a la entrada del palacio.

-Ilmen nuestra hija ya fue localizada y permanece en las cercanías del pueblo del Valle en compañía del Rey Thranduil y Lord Elrond, es eso lo que se me ha dicho.- expuso Isilion meditabundo.

-No sé qué pensar Isilion, el cambio en el ambiente probablemente tiene algo que ver con todo esto y la presencia del Señor de Imladris confirma la gravedad de lo que sea que se gestó en esas tierras.- apuntó Ilmen preocupadamente.

-Supongo que después de la decisión que tomé deberé seguir confiando y aferrándome al idealismo.- declaró Isilion besando la mano de su esposa.

-Espero que nuestra hija, sea fuerte para enfrentar lo que sea que el destino que ha escogido le depara…- dijo Ilmen apesadumbrada.

¿Crees que has conocido el dolor elfo? No tienes ni idea… arderás, pero primero verás sucumbir tu mundo. Thranduil se despertó de golpe alarmando a la elfa que dormía. –Hîr vuin ¿prestad? (Mi señor ¿hay problemas?)- murmuró Lothíriel adolorida.

-Ahora vuelvo.- advirtió Thranduil desenvainando su espada al escuchar los pasos de un caballo aproximarse. El Rey aguzó sus sentidos y pudo distinguir a la distancia a Lord Elrond.

-An ngell nîn ¿man-ie? (Por favor ¿qué pasa?)- dijo Lothíriel ansiosa al percatarse que Thranduil había desenvainado la espada y ella no podía moverse por sí misma.

-Únat, av-'ost (Nada, no temas), se acerca Lord Elrond.- indicó Thranduil desde la entrada de la tienda.

-¿Está todo bien?- preguntó Lord Elrond descendiendo del caballo y mirando al abrumado elfo sinda.

-Lothíriel está despierta me parece que siente mucho dolor y quizá la fiebre haya vuelto…- expuso el Rey Elfo retirándose en dirección al río.

El Señor de Rivendell entró a la tienda y depositó la alforja a un lado. -¿Manen natye Lothíriel? (¿Cómo estás Lothíriel?)- preguntó el elfo de cabellera negra.

-Duele mucho y no puedo moverme.- pronunció débilmente la elfa.

-Tranquila lo solucionaremos. Bebe.- el sabio Señor de Imladris colocó su mano sobre la frente de la elfa y pronunció imperceptibles palabras que fueron mitigando el dolor y energizando su maltrecho cuerpo.

-Guren glassui (De corazón le agradezco) por todo lo que ha hecho por mí.- musitó Lothíriel volviendo a dormir.

-Losto vae vanimelda (Duerme bien hermosa).- dijo Lord Elrond arropando a la delicada elfa.

Thranduil rompió la fina capa de hielo que cubría el río y sacó un poco de agua para refrescar su rostro.

-¿Puedo ayudarle en algo?- preguntó Lord Elrond.

-Ya lo ha hecho Lord Elrond. Le fael (Ha sido generoso).- respondió Thranduil sin dejar de mirar el río.

-Mañana partiré a primera hora rumbo a Imladris, le preguntaré a Lothíriel si desea partir conmigo para que pueda recuperarse más rápidamente.- expresó El Señor Elfo.

-Quizá sea lo mejor…- opinó Thranduil mirando a los ojos a Elrond.

Durante el trascurso de la madrugada llegó la comitiva de Imladris e informaron al Rey Thranduil que la caravana había llegado con bien hasta el Bosque Verde.

-Lothíriel echuio (Lothíriel despierta)- pidió Lord Elrond tocando suavemente la mano de la elfa.

-Alassi'aure Lord Elrond (Buenos días Lord Elrond)- saludó adormilada Lothíriel.

-Veleth nin, boe i 'waen (Cariño, debo irme) ¿quieres venir con nosotros a Imladris? Allí podré ayudarte a que te recuperes más rápido.- indagó Lord Elrond.

-Ni 'lassui Lord Elrond nan (Estoy agradecida Lord Elrond pero) deseo volver a mi hogar, amin hiraetha (lo siento).- explicó Lothíriel que había conseguido sentarse sin ayuda.

-Entiendo… me marcharé con angustia, sin embargo, sé que eres valiente y saldrás victoriosa de esto. Él cuidará bien de ti.- dijo Lord Elrond besando paternalmente la frente de la elfa. –Hay un brillo especial en tu mirada espero que te haga muy feliz. Nan alasseä omentielvanen. Laitalë. Namarië Lothíriel (Estoy encantado de haber estado contigo. Bendiciones. Adiós Lothíriel).- se despidió el Señor de Imladris.

-Le fael Lord Elrond. Mára mesta. Enomentuvalvë. (Ha sido generoso Lord Elrond. Buen viaje. Volveremos a encontrarnos).- pronunció Lothíriel haciendo una pequeña inclinación con la cabeza.

-Ella ha decidido quedarse Lord Thranduil, he dejado en la alforja todo lo necesario, le recomiendo que aguarde al menos dos días más antes de partir, para entonces ella estará más repuesta. Creo que es todo, Na lû e-govaned vîn. Namarië (Hasta la próxima vez que nos veamos. Adiós).- dijo Lord Elrond.

-Ni 'lassui. N'i lû tôl, novaer (Le estoy agradecido. Hasta entonces, adiós)- se despidió Thranduil.

El Señor de Imladris montó su corcel preparándose para marcharse. -¿Está hecho Lord Elrond?- indagó uno de los elfos de su caravana.

-Lo que estaba en mis manos lo está…- analizó el Señor de Rivendell.

-Debiste haber ido a Imladris.- aseguró el soberano regresando a la tienda.

-Por ahora, no deseo alejarme más de mi hogar.- expuso la elfa bebiendo la infusión que había preparado Thranduil para ella.

-Está bien anhelar pero debes ser realista y considerar las prioridades.- apuntó Thranduil mientras reanimaba el fuego.

-Aran (Rey) Thranduil ¿puedo preguntar qué estaba soñando?- averiguó inquieta la elfa.

-Nada digno de ser relatado… losto vae (duerme bien) aún es muy temprano.- indicó el soberano de pie a la entrada de la tienda y con la mirada hacia ninguna parte.

Lothíriel tuvo dificultades para volver a recostarse sus heridas dolían pero no quiso molestar al monarca pues parecía ausente y taciturno. Lo observó durante un rato, el elfo erguido, majestuoso dándole la espalda a la tienda mientras el viento movía su larga cabellera rubia, el vaho de su respiración se evaporaba en el crepúsculo y los copos de nieve se acumulaban en su ropa. La elfa sentía miedo, había contemplado tal maldad impregnar su ser que temía que al cerrar los ojos caería al vacío, a la nada…

-Yo estaré aquí…- se sobresaltó al escuchar la voz de Thranduil. Lothíriel se aferró a las mantas derramó una temerosa lágrima y se quedó dormida.

-Recuerda que nada es absoluto, tu temor es justificado pero no debes paralizarte has de elegir tu destino. Todos lo hacemos por omisión o por acción… -escuchó Lothíriel en sus sueños las palabras que le había dicho Lord Elrond cuando le habló acerca de lo que le había mostrado aquel espectro.

-¡Daro sí! (¡Detente ahora!)- ordenó Anardil a la jinete, la cual, obedeció de inmediato. Dos centinelas se aproximaron, uno tomó las riendas del caballo, el otro ató una venda alrededor de los ojos de la elfa y así la condujeron hasta los subterráneos del palacio del Bosque Verde.

-¿Pero qué sucede? Deseo hablar con su Rey, no soy ningún enemigo.- decía la elfa inútilmente mientras escuchaba el sonido metálico de la reja cerrarse tras de sí. Se retiró la venda y se percató que se encontraba en una celda, se pegó a la reja, el pasillo estaba silencioso y oscuro.

-Consejero la elfa ha sido llevada a las celdas subterráneas.- informó Anardil.

-Acompáñeme a interrogarla.- pidió Isilion saliendo de su despacho.

Ambos elfos se dirigieron a los niveles subterráneos del palacio hasta que estuvieron de pie frente a la celda donde se encontraba la elfa.

-¿Man ná esselya? (¿Cómo te llamas?), ¿mallo tulalyë? (¿de dónde vienes?)- cuestionó el Consejero Real.

-Essinya ná Symbelminë, tulan Lorienello (Me llamo Symbelminë y vengo de Lorien).- respondió nerviosa la elfa.

-¡Miente! ¿Con qué objeto se ha internado en estas tierras?- inquirió severamente Isilion.

-Soy una elfa de Lothlórien, eso es verdad, no fui enviada directamente por los Señores de esas tierras yo viajaba cerca del cauce sur del Anduin, cuando fuertes temblores me sorprendieron, pude notar que parte de la arboleda caía, una bandada de aves voló despavorida, el agua del río comenzó a colarse por una grieta que se abrió en la tierra. Lo único que recuerdo después fue que algo me derribó del caballo y quedé tendida sobre la ribera, cuando desperté de inmediato cabalgué hacia acá porque sé que esto proviene de Dol Guldur y creo que es importante que lo sepan.- expuso Symbelminë.

-¿Qué más has visto?, ¿alguien más te acompaña?- demandó el Jefe de la Guardia Real.

-No estoy segura, me sentía desorientada cuando cruce cerca de ese lugar, creí haber visto un jinete que cabalgaba en dirección opuesta a la mía. Y no, nadie más venía conmigo. Eso es todo, señores…- puntualizó la elfa.

-Permanecerá aquí hasta nuevo aviso.- declaró Isilion retirándose del lugar seguido por Anardil.

-Nan (Pero) Aran Thranduil me conoce, alassenyan (por favor), infórmenle.- gritó la elfa desde la oscuridad de la celda.

-¿Qué opina Consejero?- preguntó Anardil.

-Creo que dice la verdad, seguramente Elendë y Seregon quedaron envueltos en aquella vorágine. El jinete a que hace referencia la elfa no creo que haya sido ninguno de los dos. Lo consultaré con el Consejero Lenwë y, por otro lado, no creo que podamos tomar una decisión al respecto en tanto el Rey Thranduil no conozca de la situación.- expuso consternado el Consejero Real.

-Investigaré si alguno de los centinelas se aproximó a Dol Guldur, aunque lo dudo, ya que se les dio la orden de que se mantuvieran precavidamente alejados de la fortaleza.- expuso el Jefe de la Guardia Real.

-¿Hîr vuin Thranduil massë nalyë? (¿Mi señor Thranduil dónde está?)- averiguó ansiosa Lothíriel al despertar y advertir que se hallaba sola en la tienda. Miró a su alrededor percatándose que a su lado había una humeante bebida y lembas. Bebió pero no comió nada. Sus piernas aún estaban muy débiles como para ponerse de pie, realmente deseaba salir de allí y respirar aire fresco, se había cansado del encierro. De modo que se arrastró fuera de las mantas, notó que había manchas de sangre fresca en estas pero no le dio demasiada importancia.

Thranduil se había sumergido por algunos minutos en el congelante río, escuchó movimiento dentro de la tienda y salió del agua; su piel estaba enrojecida por el quemante frío, se vistió rápidamente y caminó de vuelta. Se detuvo silenciosamente a la entrada de la tienda, pudo ver la fina mano de Lothíriel apretujando la nieve y tratando de asirse de algo para asomar su rostro. El Rey Elfo se agachó y tocó su mano provocando que la elfa se sobresaltara y la retirara velozmente.

-Alassë' arin Lothíriel ¿manen natye? (Buen día Lothíriel ¿cómo estás?)- preguntó Thranduil abriendo discretamente la entrada de la tienda aun permaneciendo agachado.

-Alassi'aure Aran Thranduil (Buenos días Rey Thranduil), me asustó. Me siento un poco mejor…- respondió la elfa aún con la mano en el pecho debido al susto.

-¿Man-ie? (¿Qué pasa?)- indagó el soberano.

-Aran, me gustaría salir un momento necesito tomar aire fresco ¿me ayudaría?- pidió Lothíriel.

-Está bien pero antes come algo…- dijo el monarca. La elfa agarró la lemba la partió y le ofreció un trozo al elfo sinda.

-Aphado nin Lothíriel (Ven aquí Lothíriel).- el elfo se puso de pie, tomando las manos de la elfa.-Trata de apoyarte sobre tus piernas.- sugirió Thranduil. Lothíriel se agitó pero consiguió ponerse de rodillas, tomó aire y se sujetó con fuerza del elfo. –Gwaem (Vamos)- dijo Thranduil. La elfa se esforzó y logró erguirse momentáneamente pero sus piernas se doblaron y fue sostenida por el Rey Elfo que le ayudó a pararse nuevamente. –Tranquila- susurró el monarca quien mantenía a la elfa cerca de su cuerpo para que ésta no cayera.

Lothíriel pudo sentir el calor emanar del cuerpo del Rey Elfo, se puso nerviosa ante la proximidad, de pronto sintió la mano de Thranduil levantar su barbilla, sus ojos encontraron los profundos zafiros del soberano, el corazón de la elfa latía con fuerza, ella le dedicó una delicada sonrisa –Aranya (Mi Rey)- musitó la elfa acariciando el mojado cabello del monarca. Thranduil besó a Lothíriel lentamente explorando ese nuevo contacto, la elfa disfrutó la dulzura del acercamiento al tiempo que acariciaba suavemente el pecho del elfo.

El Rey Thranduil sentía una calidez reconfortante que relajó y vitalizó su cuerpo. Atrajo a la elfa más cerca de su cuerpo y la levantó cuidadosamente unos centímetros del suelo para tener un mejor acceso a su boca. Lothíriel acarició el rostro y orejas del elfo; hasta que separó sus labios. –Aranya (Mi Rey), salgamos, an ngell nîn (por favor)- pidió Lothíriel sonrojada.

-Iston (Lo sé), ¿quieres intentarlo nuevamente?- averiguó el Rey Elfo agarrando la barbilla de la elfa.

-Nacë (Sí).- Lothíriel se aferró a los brazos del monarca, tambaleante dio algunos pasos, se abrió la entrada de la tienda de campaña y entrecerró los ojos pues la luz reflejada en la nieve la había deslumbrado. Thranduil colocó la capucha de la capa de la elfa y salieron.

El frío era intenso, la nieva caía pausadamente, el entorno era silencioso. –Todo está muy cambiado, no parece el mismo lugar…- expresó Lothíriel observando detenidamente el paisaje. –Hîr vuin (Mi señor) quisiera acercarme al río.- sugirió la encantadora elfa. Thranduil cargó a Lothíriel pues con la nieve acumulada le era aún más difícil caminar. Llegaron a la orilla del río, el elfo sinda la bajó cuidadosamente, ella se arrodilló y metió la mano al agua. Sus huesos dolieron por la baja temperatura, la capa de hielo que recubría el cauce se agrietó completamente y el agua osciló. La mano de Lothíriel comenzó a ennegrecerse atrapada en el hielo, un hilillo de sangre coloreó el agua.

Lothíriel no dirweg! (¡Lothíriel ten cuidado!)- advirtió Thranduil preocupado intentando liberar la mano de la elfa.

-¡Vá Aran Thranduil! Nan mara (¡No lo haga Rey Thranduil! Estoy bien)- dijo Lothíriel adolorida, ya que, el río estaba absorbiendo el veneno que aún se encontraba en el cuerpo de la elfa.–El saneamiento aún está en proceso en esta tierra.- explicó la elfa. Después de unos instantes pudo sacar la mano del agua, la cual, había vuelto a su color habitual. -Me alegra saber que esta zona está siendo liberada de la ponzoña que la envenenaba, es un pequeño paso en la dirección correcta.- expuso la elfa con una discreta sonrisa en el rostro.

-No (Así parece)… Lothíriel tenemos que hablar, es importante que me digas todo lo que pasó. Debes estar consciente que serás juzgada por haber infringido las normas.- advirtió Thranduil revisando la mano de la elfa y examinando su rostro.

-Iston (Lo sé)- dijo Lothíriel con un dejo de aprensión en su voz.

-No te preocupes, se te juzgará con justicia. Regresemos a la tienda tengo que revisar tus heridas.- indicó el Rey Elfo.

-Aún no deseo volver.- indicó Lothíriel inhalando profundamente y comenzó a relatar a Thranduil todo lo sucedido desde que viera en sus sueños lo que pasaría con el Valle hasta que quedaran inconsciente tendida sobre la roca.

El Rey Elfo escuchó con atención analizando los hechos hasta que la elfa concluyó, entonces intervino. -¿Desde cuándo tuviste ese presentimiento?- cuestionó el soberano.

-Me fue revelado la misma noche en que partí…- respondió Lothíriel.

-¿Por qué decidiste tomar en cuenta esa revelación?- indagó el monarca.

-No sabría decirlo con exactitud porque nunca tuve la certeza de que en realidad sucedería simplemente me cansé de huir, después de mucho tiempo se me volvía a presentar una visión y decidí seguir mi presentimiento. Por ello consideré no involucrar a nadie.- expuso la elfa observando a los ojos al Rey.

-Indirectamente involucrados se les atribuirán responsabilidades a los guardias que te acompañaron y a tus padres.- advirtió Thranduil.

-Confío en la ecuanimidad del tribunal pero me siento directamente responsable por lo que pueda sucederles.- explicó Lothíriel desilusionada.

-¿Sabías que era posible que el enemigo te dejara ver deliberadamente sus planes y aun así seguiste?- averiguó el Rey Elfo poniéndose de pie.

-En el momento no lo contemplé pero supe que era factible, sé que fue imprudente, no había tiempo pero, ¿qué se suponía que debía hacer, ignorarlo?- reflexionó Lothíriel irritada.

-Debes estar preparada para lo que vendrá, preguntas de esta índole se te formularán. A tu favor, está sin duda que has contribuido a salvar a un pueblo, a los elfos que se encontraban allí y al proceso de saneamiento de este lugar.- analizó el elfo con rostro serio.

-No, hîr vuin (mi señor), no necesito prepararme porque la verdad respalda mis acciones.- aseveró la elfa sin retirar sus relucientes ojos grises de los del Rey.

-No esperaría menos de ti.- expresó Thranduil ofreciendo su mano para ayudar a Lothíriel.

Ambos elfos se encaminaron en silencio hacia la tienda, cada uno sumidos en sus pensamientos. Entraron, Thranduil depositó con suavidad a Lothíriel entre las mantas, se retiró momentáneamente para atizar el fuego. La elfa vio que a un lado de la alforja había un reluciente arco y flechas, gateó hasta este y notó que tenía algunas inscripciones características de Imladris.

-Lord Elrond lo dejó para ti.- anunció Thranduil entregándole a la elfa una infusión mientras él bebía de un trago otra. –Necesito atender tus heridas.- dijo el soberano agachándose, retirando la capa de la elfa, revisó las laceraciones del cuello, estaba amoratado, tomó un paño humedecido en un tónico y lo pasó suavemente. – Será mejor que te recuestes.- pidió el elfo rubio. Lothíriel regresó a las sábanas pero llevó consigo el arco y flechas. –Lo entiendo seré cuidadoso.- declaró Thranduil juguetonamente mirando el arco y después a la elfa.

-¡Á ú! (¡Oh, no es eso!) Confío plenamente en usted.- mencionó la elfa dejando escapar una sincera sonrisa.

-Descubriré tu espalda.- indicó el elfo, removió el cabello de la elfa, desabotonó el traje de viaje, dejando al descubierto la blanca espalda de ella, algunas de las heridas habían casi cicatrizado pero otras aún parecían graves quemaduras. Thranduil sumergió nuevamente el paño en el tónico y limpió las heridas, percibió que la elfa se estremecía. –Amin hiraetha (Lo siento) casi he terminado aquí.- informó el monarca. Continuó y esparció el polvo de algunas hierbas sobre las heridas.

-Aran Thranduil ¿por qué decidió venir hasta acá?- cuestionó Lothíriel con el prendedor que había encontrado el monarca.

-El ciervo que dejaste en el bosque se acercó al palacio actuando de una manera inusual, consiguió llamar mi atención y lo seguí hasta el claro. Allí encontré el prendedor que hay en tu mano, supe que algo grave pasaba… estaba preocupado por ti.- explicó el Rey Elfo.

Lothíriel guardó silencio, miró por sobre el hombro al elfo sinda, le dirigió una cándida sonrisa, pausadamente se sentó hasta quedar de frente al monarca, agarró su mano y mirándole a los ojos dijo –Hantalë Thranduil (Gracias Thranduil), a tu lado siempre me he sentido segura, provocas que me sienta en paz conmigo misma, puedo confiar en mí, junto a ti soy una mejor elfa… junto a ti ya no me siento sola.- la elfa se aproximó hasta que quedó sobre el regazo del monarca, agarró su rostro entre sus manos, besó su frente, luego sus labios y lo abrazó.

-Lothíriel vanimelda (hermosa), tanto tiempo anhelando tu compañía, gracias por recordarme que en mí hay algo más que un crudo corazón porque has sido una luz en mis horas más aciagas.- aseguró el Rey Elfo estrechando a la elfa y besando el dorso de sus manos.

-¿Le gustaría cenar conmigo Mi Lady?- investigó Thranduil.

-Me encantaría Mi Lord ¿qué cenaremos?- aceptó divertida Lothíriel.

-Suculentas lembas y té ¿le apetece?- prosiguió el juego el elfo sinda.

-¡Qué coincidencia justo lo que se me atoja!- exclamó la elfa con una sonrisa en sus finos labios.

El Rey Elfo retiró del fuego las infusiones calientes mientras Lothíriel desenvolvía la lemba y la racionaba para ambos. –Hîr vuin (Mi señor) la cena está dispuesta- anunció la elfa con actitud solemne.

-Perfecto- se acercó el monarca con las bebidas humeantes y se sentó junto a ella. -Por favor, disfrútelo.- dijo

Ambos elfos comieron y bebieron sintiéndose, por primera vez en muchos días, cálidos y relajados. –¿Qué nos pasó Aran Thranduil?- preguntó Lothíriel.

-Ú-iston Lothíriel (No lo sé Lothíriel).- respondió pensativo el soberano –Será mejor que descanses- opinó. Salió de la tienda para ver a Dîn, su caballo, que trotaba por los alrededores. Lothíriel cantó por lo bajo con su melodiosa voz, acomodó las mantas, revisó las provisiones, preparó una bebida, con mucho esfuerzo se irguió, caminó muy lentamente hasta la entrada de la tienda.

-Aranya (Mi Rey) no soy la única que debe descansar ¿hace cuánto que no duerme o come adecuadamente? Por favor, beba esto. Thranduil se acercó a ella, agarró el recipiente, el olor de la bebida era agradablemente dulce y lo tomó. Las piernas de la elfa vacilaron y cayó de rodillas.

-¿Manen natye? (¿Te encuentras bien?)- preguntó preocupado el elfo levantando a Lothíriel.

-Nan mara Aran Thranduil (Estoy bien Rey Thranduil), mis piernas son débiles todavía.

Ambos elfos se sentaron uno a lado del otro, la noche estaba avanzada, Lothíriel tomó una manta, la enrolló alrededor de su cuerpo, agarró otra y la ofreció a Thranduil, no obstante, cuando volteó el elfo se había recostado sobre uno de sus brazos y había comenzado a dormir. Ella lo miró y sonrió –Debes estar exhausto, losto vae (duerme bien).- dijo la elfa cubriendo a Thranduil con la sábana y dándole un tierno beso en la frente.

-Lothíriel- murmuró Thranduil entre sueños.