El Amanecer en la Oscuridad
Capítulo 6: "Miedo"
No importaba cuantas veces Sasuke entrara por esa puerta, el efecto en Sakura era el mismo, no existían palabras en el vocabulario que pudieran describir lo que ambos ninjas sentían el uno por el otro, la danza de miradas había comenzado. Ambos, torpes cual niños sólo alcanzaban a nombrar al otro.
-Sasuke kun…
El pelinegro estaba inmóvil, mirándola fijamente, estático mientras su hija le preguntaba mil y un cosas, pronto, la pequeña Sarada se dio cuenta de la inactividad de sus padres, así que decidió romper el hielo por ellos.
-Mamá. ¿No vas a invitar a papá a cenar?
-¡Oh!… sí, sí, claro, siéntate Sasuke kun, prepararé más comida en un momento- Dijo una ruborizada y feliz pelirrosa, dándole la espalda a su amado, se puso a cortar vegetales a toda velocidad.
-No es necesario, de hecho, sólo vine por mi permiso especial de la Hoja. Naruto me mandó un águila pidiéndome que regresara a la aldea, seguramente debe tratarse de algo especial, pasé a su casa pero se veía ocupado, así que no interrumpí, sin embargo, si se trata de una nueva misión seguramente se encuentra registrada en los archivos del departamento de inteligencia, así que iré a ver.
Ambas mujeres se sintieron abatidas al escuchar esas palabras. La ojiverde paró en seco, se quedó helada por unos segundos, luego se olvidó de sí misma y como una madre preocupada volteó a mirar a su pequeña, rápidamente la pelinegro pasó de la sonrisa a la tristeza, su carita expresaba una abrumadora desolación, la niña estaba a punto de decir algo cuando su madre la interrumpió, apretando el cuchillo con todas sus fuerzas y sin mirarlo a la cara dijo lo siguiente.
-Sarada… si tu padre no quiere quedarse a cenar, no hay por qué insistirle. Recuerda que él es un hombre muy responsable y comprometido no sólo con nosotras sino con la aldea. Sasuke…-Expresó seria- Tu permiso se encuentra en el estudio, en la cajonera principal, primer cajón a la izquierda.
En un abrir y cerrar de ojos nuestro ninja solitario se había marchado. La tristeza y la desolación se respiraban en el aire, madre e hija, abatidas por igual. La más pequeña de los Uchiha se fue corriendo a su cuarto, su madre fue a alcanzarla pero ésta le cerró la puerta en la cara, por más que intentó abrirla no pudo, el seguro estaba puesto, desde afuera se podía escuchar el llanto de la pelinegro, su madre le hablaba intentando calmar sus lágrimas pero fue inútil, su hija terminó gritándole que se fuera y la dejara sola. La flor de cerezo se dirigió al jardín, mirando las estrellas les prometió no llorar, acto seguido se quitó el delantal y se puso a entrenar su taijutsu como pocas veces lo hacía; con una fuerza abrumadora, con una pasión incandescente que elevaba su chakra hasta el universo. Cuando por fin terminó, el dolor ya sólo era físico.
Lo que madre e hija a veces olvidaban era que Sasuke poseía los mejores ojos del mundo ninja, él podía notar los estados físicos y anímicos de sus personas amadas en cuestión de segundos. Notando así que tanto su esposa como su hija estaban agotadas, no quería darle más trabajo a su esposa y tampoco deseaba que su hija se esperara para comer.
Pasaron alrededor de tres horas cuando el ninja solitario regresó a casa, los de inteligencia al parecer, no tenían registrado nada aún. Lo primero que hizo que al regresar fue dirigirse a la habitación de su hija pues quería darle las buenas noches, intentó abrir sin éxito la puerta, así que decidió no interrumpir, se dirigió nervioso y sigiloso a su habitación, pensó que su esposa estaría durmiendo para esa hora, pero lo que vio lo puso más nervioso aún, su mujer estaba semidesnuda, húmeda y ruborizada con una toalla envuelta al cuerpo con las piernas ligeramente abiertas, concentrada estaba curándose lo que parecía un desgarre en su brazo izquierdo. Preocupado y tímido preguntó:
-¿Te hiciste daño?
-¡Sasuke!- La pelirrosa intentó cubrirse su cuerpo con algo más, sin embargo, no tenía ninguna prenda a la mano, señalando su antebrazo izquierdo dijo- No es nada, me lastimé un poco entrenando mi taijutsu, pero enseguida estaré bien. No pensé que llegarías a dormir.
De nuevo Sasuke estaba inmóvil, los movimientos apresurados de su mujer habían hecho, sin que ella se diera cuenta que se viera uno de sus senos. Y lo peor es que la mirada jade tan hermosa y profunda de su esposa no ayudaban en lo absoluto, de extremo a extremo en la gran habitación marido y mujer permanecían en silencio. Apresurado el pelinegro, temeroso y desacostumbrado de las emociones que lo hacían sentir tan frágil y humano decidió romper la enorme tensión amorosa de la peor manera posible.
-No pude encontrar ninguna misión registrada en el departamento de inteligencia. Mañana me levantaré al alba e iré a ver a Naruto- Serio e inexpresivo desvío la mirada al piso.
-Yo sé para que te quiere, después de cenar quería platicar contigo al respecto, pero saliste tan apresurado como de costumbre- Expresó con un dejo de tristeza la pelirrosa.
-Creí que le había pedido estrictamente que no te metiera en todo esto- Molesto, Sasuke se sentaba en la orilla de la cama, de espaldas a Sakura.
-Él no me ha metido en nada, fui yo quien lo metió en una investigación que estuve realizando estos últimos días con Kabuto y Sai. Nosotros descubrimos algo que podría cambiar no sólo el mundo ninja sino el mundo entero para siempre, por increíble que parezca Kaguya está incluida y posiblemente…-Tragó saliva la ojiverde- Mao Tse Ren.
-Imposible…- Expresó exaltado el de los ojos negros- Te escucho.
Sakura vio cómo su marido le daba la espalda, ella lo interpretó como una señal de vergüenza y respeto hacia su casi desnudez, aprovechó para levantarse de su asiento pues ya se había curado, sin expresar palabra alguna se quitó la toalla, el pelinegro de reojo pudo ver como esta se caía al suelo, avergonzado y curioso volteó ligeramente al fondo de la habitación intentando encontrar a su esposa, su cabeza regresó a su posición original cuando avergonzado vio las grandes caderas de su mujer, sus glúteos perfectos, su cintura húmeda y estrecha lo hicieron olvidarse por un momento de la impactante noticia que le había dado la hermosa flor de cerezo, por si fuera poca la tortura, la pelirrosa se puso con sensualidad su camisón de seda blanco y se sentó junto a él para contarle lo sucedido.
-Listo, ya estoy vestida.
Sasuke Uchiha, experto en esconder sentimientos, volteó a mirarla con su clásica frialdad, sin embargo, su esposa en ningún momento bajó la mirada. Era imposible no sentirse atraído por ella, eres hermosa, pensó. Su mujer no tenía ni la menor idea de lo que provocaba en su marido, ni sabía todo lo que él amaba su pulcra belleza, sin maquillaje ni artilugios que lucían otras mujeres, era perfecta para él con su camisón blanco acentuando aún más el rubor natural de sus mejillas, la tenía tan cerca que sufría su cercanía, esos malditos doce años lejos de la aldea lo habían vuelto más duro consigo mismo, solo por tanto tiempo, lo único en lo que pensaba era en la culpa.
¿Cómo podía siquiera pensar en reclamar su cuerpo? Después de todo el dolor que le había causado a lo largo de su vida a la única persona que siempre lo amó desinteresadamente, después de lo sola que la había dejado y peor aún, con una hija. No te merezco Sakura, por favor déjame solo, volvió a pensar. Y aunque sabía que las había dejado para asegurar su futuro, eso no bastaba para él, se sentía miserable. Justo cuando recordó la única razón de su partida, volvió en sí.
-Adelante, te escucho Sakura- Expreso serio y seguro de sí mismo el de los ojos negros, una vez más, desviando la mirada al piso.
Resignada y herida por la frialdad de su esposo, la ojiverde le contaba todo lo sucedido con lujo de detalle sin demostrar emociones, tal y como se lo contaría a un ninja cualquiera. Pasaron varios minutos en los que el Uchiha la escuchaba con mucha atención, cuando ella llegó a la parte de Mao Tse Ren no pudo más y se le escapó una lágrima, intentando contenerse con éxito la pelirrosa continúo su relato hasta terminarlo.
-No puedes ponerte así por algo que viste en una foto- Expresó serio el de los ojos negros.
-No lo entenderías, yo la tuve en mi vientre, yo he estado con ella, no tú- Respondió molesta la ojiverde.
Estas últimas palabras hirieron a Sasuke profundamente, Sakura nunca le había respondido de esa manera. ¿Y si está dejando de amarme?, pensó. Conflictuado respondió de manera aún más hiriente.
-Vaya, tanto tiempo y aún no sabes como manejar una misión como esta. Lo mejor será esperar la reunión con los kages, una vez tengamos el permiso para investigar hasta por cielo mar y tierra encontraremos la relación de ese mal nacido con todo esto- Se preparaba para decir algo más, pero para su sorpresa, su fría mente lo traicionó y con su mano limpió delicadamente una de las lágrimas de su adorada esposa, asombrado por ese gesto, retiró la mano con rapidez y enmudeció.
-Lo mejor será que vayamos a dormir- Expresó confundida la pelirrosa.
-Es lo mejor, iré al baño a cambiarme- Dijo Sasuke mirándola a los ojos, pero esta vez no con frialdad, sino con su eterna e infeliz compañera, la culpa.
La hermosa flor de cerezo desdobló las cobijas y se metió a la cama, recostada sobre un solo lado no quería pensar nada, habían sido días muy difíciles para ella, sólo quería que el sueño la anestesiara por las horas que fueran, ni siquiera se dio cuenta cuando Sasuke volvió del baño y se acostó a su lado.
Esa noche el pelinegro no pudo dormir, por su mente pasaban miles de cosas, desde recuerdos dolorosos de cuando viajó con Sakura en su adolescencia, hasta las lágrimas de la misma hace unos momentos. Justo el alba comenzaba a asomarse, se había quedado velando el sueño de su esposa, la veía tan afligida, que no quiso dejar de cuidar su sueño ni un momento, cuando la notó profundamente dormida, su mente lo volvió a traicionar, tímido se acercó a su esposa y la abrazó a su cuerpo con tal fuerza que la despertó. Cuando la ojiverde feliz se giró a mirarlo, este había desaparecido.
-Sasuke… de nuevo te has ido.
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Continuará.
Queridos lectores espero les guste mucho este capítulo, lo hice tratando de transmitir la dificultad que tiene una pareja casada de acercarse, créanme yo como esposa sé que no es para nada fácil la convivencia y que aun teniendo hijos a veces la barrera resulta impenetrable. Quiero darles las gracias a andreafenix26 y a Sol por seguir la historia desde el principio. Les doy la bienvenida a: EmV45 y a Sakuritta. No dejen de leer que esto cada vez se pondrá más interesante.
