Capítulo 21

-Alassë' undómë (Buenas tardes), quisiera ver a mi esposo.- dijo Luinil que llevaba de la mano a la pequeña Eilinel.

-Está bien, se les escoltará pero sólo podrá verlo a través de los barrotes.- advirtió Vorondil.

Cuando llegaron al pabellón donde se encontraba la celda de Seregon, Eilinel corrió y estiró las manos a través de los barrotes.-¡Ada! (Papá)- dijo.

Seregon se encontraba de pie en la parte más obscura de la celda, vio las pequeñas manos de su hija y se acercó dubitativamente, temía que pudiera hacerle daño. No sabía, hasta qué punto podría llegar aquella maldad… así que se quedó contemplando a su hija.

-¿Man-ie ada? (¿Qué pasa papá?)- preguntó Eilinel al ver la duda en los ojos de su padre.

-Eilinel- dijo Luinil -A tulë sira (Ven aquí).- Luinil cargó a su hija y se quedó mirando a su esposo con cautela. La afable elfa castaña percibió la profunda tristeza, culpa y remordimiento que atormentaban a su esposo.

-Iellig goheno nin. (Hija mía perdóname)- expresó el Capitán sacando su mano por entre los barrotes y tocando una de las mejillas de su hija.

-Atarinya tye-meláne (Padre mío te amo)- respondió la pequeña que pidió bajar al piso y corrió a abrazarse de una de las piernas de su padre, a través de los barrotes. Seregon se agachó y besó la frente de su hija para después reincorporarse.

-Meleth nin, goheno nin, an ngell nîn.(Mi amor, perdóname, por favor).- expresó Seregon mirando a su esposa, Luinil extendió sus manos y limpió las lágrimas de su esposo.

-Conozco tu corazón.- dijo la elfa colocando su mano sobre el pecho del elfo. –No temas, estaré contigo siempre.-

-Deben retirarse.- dijo el guardia que las había acompañado hasta la celda.

-Ada, alae len (Papá, mira es para ti)- Eilinel le entregó un gastado conejito de tela con el que solía dormir. –Es buen compañero, te cuidará.- agregó la pequeña sonriendo inocentemente.

-Hantale veleth nin (Gracias cariño).- dijo Seregon acariciando la cabeza de su hija.

-Luinil sabes que…- intentó señalar el Jefe de la Guardia.

-Estaré allí no importa que. Tye-mélane (Te amo).- expresó Luinil saliendo con su hija de los subterráneos.

-Tye-mélane Luinil (Te amo Luinil).- se despidió el Capitán sentándose en la oscuridad de su celda.

-Mi señora ¿qué significa el sonido de las trompetas?- preguntó Ivorwen a Ilmen quien atendía a los enfermos en la salón de sanadores.

-Anuncia la llegada del Rey Thranduil.- respondió la elegante elfa.

-Ivorwen ella es la madre de Lothíriel.- anunció su padre que al verlas conversar, aprovechó la oportunidad para presentarlas y poder agradecer la intervención de su hija.

-Es un honor, su hija nos salvó, muchas gracias.- dijo conmovida la joven del cabello pelirrojo.

-Ciertamente mi señora, su intervención le dio una segunda oportunidad a nuestra gente.- agregó Belthil.

-Mi hija se sentirá honrada al escuchar sus palabras.- aseguró Ilmen.

-El Rey Thranduil y su pueblo han sido generosos.- afirmó Belthil.

-¿Qué sería de esta tierra si no nos ayudamos los unos a los otros?- mencionó Ilmen pensativa.

Lothíriel sintió que su vista se nublaba y sus fuerzas disminuían, paró el galope de su caballo, se tomó la cabeza.

-Ava pustë (No te detengas).- dijo el elfo que la custodiaba.

-Amin hiraetha (Lo siento)…- Lothíriel cayó del caballo y el elfo alarmado corrió hacia ella.

-¿Man-ie? (¿Qué pasa?)- inquirió preocupado Elmoth, quien los había interceptado justo en ese momento. El orfebre miró molesto al centinela mientras removía el cabello del rostro de Lothíriel.

-No sé qué pasó de repente colapsó.- aseguró el elfo.

-Yo la llevaré hasta el palacio.- informó Elmoth cargando a la elfa.

-Tengo órdenes del Rey Thranduil de custodiarla, así que…- expuso el soldado.

-¿Y si muere qué custodiarás?, ¿qué explicación le darás al Rey?- advirtió Elmoth subiendo a su caballo con Lothíriel en brazos. Ambos elfos cabalgaron con rapidez durante el trecho que aún faltaba. Con los primeros rayos del sol de la mañana siguiente llegaron. Elmoth bajó de inmediato del caballo con la desfallecida elfa y corrió hasta el salón de los sanadores seguido por el elfo que se encargaría de custodiarla.

-A un lado, necesito a los sanadores…- gritaba Elmoth desesperado mientras recorrían los sinuosos pasillos.

Arribaron al salón de sanadores donde eran atendidos los hombres del Valle. –Ereb necesitamos que la ayude.- pidió Elmoth.

-Claro, hay una cama al fondo junto al ventanal.- señaló el sanador que junto a los otros dos elfos rápidamente se dirigieron hasta allí.

-Aran Thranduil me ha dado estos preparados para que le sean administrados a Lothíriel. Dijo que usted sabría cómo hacerlo.- le entregó al sanador la alforja con las provisiones medicinales.

-Avisen a los padres que ella está aquí.- pidió el sanador.

Ereb revisó cuidadosamente los pertrechos, pidió ayuda a Nimphelos, recorrió las cortinas que rodeaban la cama para brindarle un poco de privacidad a la elfa y pidió a los elfos que se retiraran. Rápidamente, le suministró las medicinas; el sanador descubrió que los preparados provenían de Imladris lo que lo asombró, la elfa limpió el cuerpo de Lothíriel y el sanador atedió la herida en su espalda que estaba sangrando. No obstante no parecía tener ninguna otra laceración visible.

-Iellig, im gelir ceni ad lin (Hija mía, me alegro de verte de nuevo).- expresó Ilmen con semblante preocupado mientras observaba a su hija inconsciente.

-¿Qué es lo que tiene mi hija Ereb?- preguntó inquieta Ilmen.

-Apenas llegó hace unos momentos, no lo puedo decir con exactitud, aunque considero; por los tónicos que se me proporcionaron está pasando por un grave envenenamiento, se le ve agotada.- expuso el sanador mezclando los tónicos, colocándolos en recipientes, al tiempo que Nimphelos continuaba aseando la herida de la elfa.

-Ilmen, alassenyan, a pusta (Ilmen, por favor, espere).- pidió Ereb sugiriéndole a la afligida madre que fuera paciente mientras atendían a la elfa.

Ilmen cerró la cortina tras de sí, Ivorwen quien estaba en la cama de enfrente se levantó vacilante con ayuda de las muletas y se acercó. -¿Cómo está ella?, ¿hay algo que pueda hacer?- dijo la joven de alborotado cabello rojo.

-Aún no lo sabemos. Gracias, regresa a reposar, tus heridas aún deben sanar.- indicó Ilmen angustiada.

En ese instante entró apresuradamente IsilionIlmen ¿nan mara Lothíriel? (¿cómo está Lothíriel?)- besó la frente de su esposa y la abrazó.

-Está inconsciente, Ereb cree que se ha tratado de envenenamiento.- respondió Ilmen aferrándose a su esposo.

-Tranquila ella es fuerte, lo superará, estoy seguro.- señaló Isilion. -¿Quién la ha traído? El Rey Thranduil aún no ha llegado.- cuestionó el Consejero Real.

-Aiya Consejero Isilion, Aran Thranduil me ordenó traer y mantener vigilada a su hija.- informó el guardia.

-¿A qué se refiere?- cuestionó nerviosa Ilmen temiendo la respuesta.

-Lothíriel incumplió un mandato del Rey y será juzgada por ello.- advirtió Isilion seriamente.

-Nan (Pero) ella ha salvado muchas vidas si no lo hubiera hecho aquello habría sido una tragedia horrorosa.- opinó Ilmen confundida.

-Iston (Lo sé), no obstante, no le exenta de sus responsabilidades y las posibles implicaciones que aquello tendría. No te preocupes, el juicio será llevado con total imparcialidad.- explicó Isilion con cierta aprensión al respecto.

-Nen (Agua)- murmuró Lothíriel. Nimphelos acercó un cuenco con agua fresca, Lothíriel bebió varios de éstos, estaba sedienta.

-Tranquila estás a salvo, tus padres están aquí.- dijo Nimphelos a Lothíriel que parecía estar inquietándose.

-¿Qué ha pasado con el Rey?- indagó el Consejero abandonando la pulcra sala y saliendo al pasillo.

-Llegó con Lothíriel a la frontera norte del Bosque Verde y allí me pidió que me adelantara con ella para que pudiera ser atendida lo antes posible. Su Majestad permaneció conversando con uno de los centinelas quien le transmitía las últimas noticias acaecidas.- explicó el guardia. -Cuando cabalgábamos hacia acá ella perdió el conocimiento y cayó del caballo, fue allí cuando nos encontró Elmoth y la trajo hasta acá.- agregó.

-Disculpen, Lothíriel está descansando, por ahora es mejor dejarla tranquila. Esteré al pendiente de ella, no se angustie.- informó Ereb alejándose de la sala y caminando por el pasillo hasta su despacho privado con los contenidos de la alforja.

La gran sala estaba cuidadosamente ordenada, los enfermos eran atendidos por los elfos y los hombres que ya se habían recuperado. Al final de ésta, un gran ventanal desde el cual se podía vislumbrar la bastedad del Bosque Verde iluminaba la estancia; allí se encontraba la cama en la que se encontraba ahora Lothíriel, al frente estaba la cama en la que se recuperaba Ivorwen. Los enfermos eran visitados por sus familiares, sin embargo, el salón permanecía respetuosamente quieto y en silencio.

Ivorwen se acercó, se metió entre las cortinas que cubrían los alrededores de la cama, miró a la elfa dormida, le tomó la mano. –Hantalë (Gracias)- pronunció por lo bajo y dejó sobre su almohada una pequeña flor blanca que le eran llevadas por su padre y Vorondil. Después se retiró, acercó una silla al ventanal y allí permaneció observando el bosque.

-Iellig, tye meláne (Hija mía, te amo) es una bendición tenerte de vuelta.- susurró Isilion cuando besó la frente de su hija. Él y su esposa permanecieron allí durante toda la tarde pendientes de la salud de Lothíriel. Ilmen iba de aquí para allá colaborando con las labores que allí realizaban los sanadores; entraban y salían algunos elfos que daban informes al Consejero Isilion, por ello y para evitar molestias, decidió retirarse de la sala a su despacho e ir a visitar a su hija cada tanto.

Luinil, Imloth, Elmoth y otros elfos participaban de la organización y atención del resto del pueblo del Valle. Los Consejeros Reales visitaron a Seregon y a Symbelminë. El pueblo estaba atento a la llegada del monarca que ocurriría hasta bien entrada la noche.

Por la madrugada se escucharon los cascos de varios caballos acercarse hasta el palacio, las figuras de aproximadamente unos seis elfos aparecieron, los palafreneros se acercaron para llevar a los caballos a los establos. El Rey Elfo encabezó al grupo, los elfos que le vieron llegar hacían una reverencia y le daban la bienvenida.

-Quiero al Consejo reunido en un par de horas.- ordenó el imponente Rey del Bosque Verde.

-Transmitiré sus órdenes, hîr vuin (mi señor).- dijo uno de los elfos que le acompañaban.

-Espero que no hayan olvidado que los cómplices de la salida de Lothíriel serán juzgados, manténgase disponibles.- asentó el monarca entrando al palacio con paso firme.

Thranduil caminó hasta su habitación, Anardil le esperaba fuera. –Ai Aranya, le suilon (Salve Mi Rey Thranduil, le doy la bienvenida).- hizo una reverencia.

-El Consejo se reunirá en un par de horas, quiero que se me informe del estado que guarda Lothíriel.- pidió el soberano y entró a su habitación. Una vez allí se metió en la pila se aseó, bebió el vino y su cabeza comenzó a girar con todos los pensamientos que se aglomeraban en su mente. Salió de la tina se vistió, caminó hasta su escritorio allí habían un sinnúmero de pergaminos por revisar, dio vueltas por su habitación, finalmente salió al balcón, pudo observar el blanquecino bosque cubierto por la niebla invernal y coronado por un cielo impresionantemente estrellado. Regresó a su escritorio y comenzó a leer algunos de los informes.

Todo en el Bosque Verde se movía de manera diferente, la presencia del monarca podía sentirse, Elmoth había visto llegar al Rey Sinda desde el sitio donde se asentaban los hombres del Valle. El habilidoso orfebre se encaminó hacia el salón de sanadores, todo estaba en calma, silencioso, sólo unos cuantos elfos caminaban por allí. Llegó hasta el salón, Belthil, el padre de Ivorwen, se encontraba sentado a la entrada velando el sueño de los que allí convalecían. El elfo de expresivos ojos azules, entró a la sala, seguido por el antiguo Embajador del Valle que intentó detenerlo en vano.

-Sólo quiero saber cómo está ella.- aseguró Elmoth al hombre.

-Podría visitarla por la mañana y preguntarle al sanador sobre su estado. No comprendo por qué tiene que ser a esta hora.- manifestó Belthil contrariado. No obstante, Elmoth sólo le miró y recorrió cuidadosamente las cortinas que cubrían la cama de Lothíriel.

-Le pido que se retire.- demandó Belthil comenzando a exasperarse.

-Sólo será un minuto y después me iré.- aseguró Elmoth. A regañadientes, Belthil cedió y se alejó hasta la entrada manteniéndose alerta.

Elmoth permaneció estático al pie de la cama de Lothíriel; la elfa dormía, su respiración acompasada y sutil apenas perceptible, sus largos cabellos negros enmarcaban su fino rostro de porcelana, una de sus manos reposaba sobre su pecho y la otra al costado de su cuerpo. Poco a poco se acercó, se sentó a la orilla de la cama, acarició los cabellos de la elfa. –Vanimelda, áva sorya, (Hermosa, no temas,) estoy aquí ahora y te protegeré con mi vida si es necesario.Laitalë len (Bendiciones para ti).- masculló el elfo delineando con sus dedos el hermoso rostro de Lothíriel, se agachó y besó los delicados labios de la elfa. -Tye meláne (Te amo)- dijo, se levantó y cerró las cortinas tras de sí, entonces se encontró con unos grandes ojos esmeralda que lo observaban.–¿No deberías estar durmiendo?, ¿Ivorwen, cierto?- expresó el elfo.

-Los cuchicheos me han despertado.- aseguró Ivorwen adormilada. Elmoth la observó con una sonrisa de medio lado y se retiró del sitio.

-Hîr vuin im Anardil (Mi señor soy Anardil).- se anunció el Jefe de la Guardia Real a la entrada de su habitación.

-Adelante ¿y bien, qué noticias tienes?- inquirió Thranduil quien se encontraba leyendo los informes, de pie junto al balcón.

Anardil informó al monarca sobre lo que Ereb le había comentado respecto al estado de salud de Lothíriel, le dijo que se encontraba en el salón de los sanadores. Además anunció que los Consejeros estaban preparados para la reunión en la Sala de Consejo.

-Gwaem (Vamos).- ordenó el Rey Thranduil, ambos salieron de sus aposentos, los guardias del monarca se encontraban apostados fuera, al verlo le dieron la bienvenida, respetuosamente hicieron una reverencia y el séquito lo siguió hasta la Sala de Consejo. Los guardias se apostaron fuera del labrado portón de roble y sobre el pasillo; dentro esperaban ansiosos los Consejeros Reales Isilion y Lenwë en silencio recorrían el elegante salón, el portón se abrió y entró la señorial figura del Rey Elfo, observó severamente a los elfos y éstos hicieron una reverencia.

-Ai Aranya Thranduil maa… (Salve Mi Rey Thranduil bie…)- intentó decir uno de los Consejeros.

-¡Basta de cortesías, los escucho!- exigió el monarca dejando caer los pergaminos sobre la robusta mesa de granito, y comenzando a recorrer la sala mientras los Consejeros y el Jefe de la Guardia Real tomaban asiento. Los Consejeros Reales pusieron al tanto al Rey Thranduil sobre los últimos acontecimientos en el Reino del Bosque, desde la llegada de los hombres del Valle, su atención, asentamiento y organización; la llegada y reclusión de Symbelminë, así como el arribo de Seregon, Elendë y el fallecimiento de éste último. Al respecto, Anardil informó sobre lo que había averiguado respecto al grupo que interceptara a Elmoth quien a su vez localizara a Seregon y al Consejero. La reunión se prolongó durante toda la madrugada y hasta el atardecer del día siguiente, el soberano discutió sobre los informes, cuestionó sobre algunos asuntos. El Rey Sinda y el Jefe de la Guardia expusieron lo sucedido durante el asedio orco en la frontera norte del bosque, cada uno de los presentes quedó absorto en sus propias disertaciones y en la Cámara reinó el silencio.

Thranduil sentado, se colocó los dedos sobre la sien y cerró momentáneamente los ojos. –Tendremos una reunión con los demás involucrados pero antes debo reunirme con Seregon, Symbelminë e Ithil. Antes de decidir el día de los juicios, por ahora retírense hasta nuevo aviso.- aseveró el exhausto monarca.

-De acuerdo, con su permiso Aran Thranduil.- dijeron los presentes saliendo de la Cámara.

Isilion se quedó al final. –Hîr vuin Thranduil, guren glassui. (Mi señor Thranduil, de corazón le agradezco)- expresó sinceramente el Consejero.

-El mérito es de ella, es fuerte, valiente e inteligente.- respondió el Rey Elfo mirando al Consejero. Isilion hizo una reverencia y se retiró de la Sala de Consejo. Thranduil se quedó un momento a solas pensando en las decisiones que debía tomar, decidió visitar primero a las viudas de los elfos caídos durante la caravana al Valle y la inspección a Dol-Guldur.

El encuentro con las viudas fue emotivo, escuchó sus pesares, inquietudes y demandas, principalmente de Ithil, la esposa de Elendë, quien buscaba que se esclareciera en qué circunstancias había fallecido su esposo. El Rey Elfo informó que se llevarían a cabo las pesquisas necesarias para ello y, desde luego, se juzgaría la situación oportunamente.

El Rey del Bosque regresó a su despacho, se sentó en la ornamentada silla. –Guardia.- llamó Thranduil.

-Hîr vuin (Mi señor)- respondió el soldado elfo.

-Traigan a Seregon.- pidió el Rey Sinda.

-Como ordene Aran Thranduil.- respondió el elfo y se retiró.

Los soldados llegaron hasta los subterráneos, allí encontraron a Anardil y le informaron del mandamiento del monarca. Custodiaron al Capitán de la Guardia del Bosque Verde por los pasillos hasta el despacho del soberano. Seregon iba atado de manos, tenía un semblante macilento, el cabello castaño revuelto y la ropa raída.

-Aranya (Mi Rey) traemos al Capitán Seregon.- se anunciaron Anardil y los guardias.

-Adelante.- indicó Thranduil quien miró con rigor al Capitán. –Las cadenas no son necesarias y retírense.- ordenó el monarca.- quien comenzó a caminar alrededor del despacho. Los elfos se retiraron del elegante lugar y permanecieron custodiando la entrada.

Thranduil se colocó detrás de Seregon -¿Por qué lo dejaste entrar?- indagó el monarca.

Seregon encaró asombrado al soberano. -¿Qué quiere decir?-

-Sabes bien a qué me refiero, quiero respuestas. Cuando tomaste esta responsabilidad estabas consciente de que podría pasar esto, ¿no es así?- aseveró Thranduil caminando por su despacho con las manos detrás de la espalda.

-Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil), yo lo maté, clavé mi espada en el vientre de Elendë…- dijo ansioso Seregon. –Estaba consciente, o eso creía, de lo que podía pasar; no obstante, nunca quise considerar realmente esa posibilidad y he aquí las consecuencias.- explicó.

Thranduil analizó con la mirada al Capitán, quien tenía la vista clavada al piso cuando caminaba mientras hablaba. -¿Qué te dejó ver?- insistió el soberano tomando asiento.

-Dijo que le daría rienda suelta a mis deseos reprimidos, lo escuchaba en mi cabeza, a mí alrededor, en todas partes. Todo estaba oscuro, el aire era pesado y dificultaba la respiración. Sentía que algo pasaba cerca de mí, pisadas, temblores, arañas, truenos, derrumbes, pero nada sabía con certeza, mis sentidos estaban confundidos. Elendë y yo nos separamos por un instante…- decía Seregon alterado, frotándose las manos, sudando y con los ojos mirando hacia todos lados y a ninguno.

-Continúa- ordenó el Rey Elfo sentado detrás del escritorio y con una mirada escrutadora.

A Seregon no dejaba de asombrarle la frialdad con la que a veces se conducía el soberano, resultaba desconcertante y amenazador. –Luinil y Eilinel suplicaban, habían sido aprisionadas por unos uruk-hai y estaban a punto de asesinarlas, yo sabía que podía ser un espejismo pero, maldición todo era tan real… me abalancé sobre las supuestas bestias con espada en mano y la clavé en el vientre de uno de ellos, al instante cayó herido Elendë y todo lo que había creído ver se volvió cenizas.- miró perturbado a Thranduil.

-¿Qué le dejaste ver?- cuestionó tajantemente el monarca.

-U-iston (No lo sé) ¿cómo puedo saber eso?, ¿y usted cómo sabe que el señor oscuro entró en mi mente?- preguntó sobresaltado Seregon sin dejar de observar al Rey.

-¡Pe-channas! (¡Idiota!) analiza la situación. No me hagas creer que envié a un par de estúpidos a esa misión.- expresó exasperado el soberano.

Seregon apretó los puños. –Sabe que estamos al tanto de sus movimientos pero que evitamos la confrontación directa, me parece que puede deducir que buscamos una acción discreta e indirecta pero certera. El hecho de que nos haya enviado a los elementos más cercanos a usted, le envía un mensaje de que Su Majestad hará uso de todos sus recursos para combatir. Probablemente haya considerado la incursión como un desafío y el asesinato de Elendë es el mensaje que le ha mandado a usted y, espera la respuesta.- analizó Seregon enojado y con las uñas clavadas en las manos.

-Esto es lo que sirve, no las lamentaciones, ni la autocompasión.- declaró Thranduil deteniendo su paso y observando al Capitán. -¿Qué sabemos de él?- cuestionó el monarca.

-Nan (Pero) ha muerto Elendë, lo he matado ¿está consciente de eso?, ¿no le importa?- gritó Seregon lanzando la silla a sus espalda por el suelo.

Inmediatamente entró Anardil y un par de soldados con las espadas en mano. -¡Ego! (¡Largo!)- ordenó irritado el Rey Elfo.

-Y seguirá muerto, así que, si no quieres que eso mismo le pase a más elfos, me dirás lo que te he pedido.- exigió mordazmente Thranduil.

-Ha desatado a sus bestias, orcos, arañas, murciélagos; está infectando el Bosque Verde pero, eso qué importa, si nos puede manipular de esta manera ¿qué más da?- decía Seregon fuera de sí. –Juega con nosotros, nos distrae mientras planea su golpe principal ¿qué podemos hacer contra eso Aran Thranduil?- manifestó el Capitán con la mirada clavada en el ventanal.

-¿Cuáles fueron mis órdenes?- preguntó Thranduil desde detrás del escritorio.

-Sigilo, evitar confrontación y averiguar si la oscuridad se había levantado en la fortaleza de Dol Guldur.- dijo el Capitán.

-¿Cuál es el resultado de la misión de acuerdo a los objetivos?- indagó el Rey Elfo seriamente.

-Fracaso… vislumbramos lo que allí sucede pero, el enemigo sabe que sospechamos, además nos dejamos llevar por la oscuridad y perdimos.- respondió Seregon mirando al monarca. -¿Cuál fue su verdadero plan?- averiguó.

-Creo que ya estás de vuelta.- manifestó Thranduil. -Hace falta mucho más que un ejército para hacer frente directo al Señor Oscuro, muchas son sus argucias y las armas de las que se vale para minarnos serán de muy variada índole. Tendremos que hacer frente a sus distractores y a las batallas periféricas; resarcir el cerco a Dol Guldur es una opción, un paliativo que nos dará tiempo para buscar alianzas y terminar con esto definitivamente.- explicó.

-Hir vuin (Mi señor) ¿qué función jugamos Elendë y yo? Porque al parecer usted sabe más de lo que en realidad nos ha revelado.- analizó el Capitán acercándose al escritorio.

Thranduil observó a Seregon que parecía más calmado y centrado. –Mithrandir y Radagast han pretendido reconstruir el cerco.- explicó Su Majestad para sorpresa del centinela.

-Fuimos una distracción entonces ¿es eso?, ¿por qué no fuimos informados?- preguntó Seregon volviendo a crisparse ante las declaraciones del soberano que permanecía impertérrito ante su agobio.

-No exclusivamente, su tarea fue confirmar lo que sólo era una especulación hasta ahora, las criaturas oscuras infestan el Bosque Verde, han puesto en alerta a Sauron respecto a que sólo esperamos ataques externos por ello ordené que se desplazara la caravana al Valle y he llevado a parte de la Guardia Real fuera de las fronteras donde hemos repelido una agresión orca. Además permanecí fuera del reino dándole a entender que estamos volcados al exterior. Algo muy diferente hubiera sucedido si hubiera enviado a parte del ejército a la fortaleza. Asimismo creo que hemos conseguido la alianza con los hombres del Valle y con los hombres del bosque. No se les comunicó porque cabía la posibilidad de que la oscuridad rebuscara en sus mentes y pudiera averiguar los planes al respecto. Sólo los magos y yo sabíamos de esto y; ahora que has sido puesto al tanto espero total secrecía de tu parte.- explicó Thranduil desde la ornamentada silla detrás del escritorio.

Seregon permaneció en silencio unos minutos tratando de digerir la información que le había sido confiada. No había considerado todas las aristas que se habían puesto en juego durante la incursión. –Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil) ¿puedo saber cuál ha sido el resultado de la intervención de Mithrandir y Radagast?- preguntó Seregon.

-Aún no hay noticias.- dijo el Rey Elfo masajeando una de sus sienes. –Serás juzgado, aún no he determinado la fecha, esperaré a tener noticias de Mithrandir. Te relevo de tus funciones como Capitán de la Guardia del Bosque hasta que tengamos un veredicto, hasta en tanto, permanecerás en la celda.- declaró el soberano poniéndose de pie.

-Násië Aran Thranduil (Que así sea Rey Thranduil).- respondió el Capitán ambiguo.

-No está por demás que sigas analizando lo que ha pasado, cualquier información puede ser útil.- dijo el monarca.

-Anardil- llamó el Rey Sinda al Jefe de la Guardia Real.

-Hir vuin (Mi señor)- entró el soldado haciendo una reverencia.

-Llévate a Seregon a su celda allí permanecerá hasta nueva orden.- decretó Thranduil.

-Como ordene Aran Thranduil.- respondió el soldado colocando las cadenas sobre las muñecas del elfo castaño. Seregon observó tratando de dilucidar algo en el rostro del monarca. –Gwaem (Vamos)- dijo Anardil a Seregon a quien se llevó junto con otro elfo a los subterráneos del palacio.

-Necesito que avises a Vorondil y Elmoth que los veré el día de mañana a primera hora aquí mismo.- indicó Thranduil al centinela, el cual afirmó con la cabeza y se retiró. El Rey se sentía agobiado y agotado, así que salió del palacio, en el bosque nevaba ligeramente, el frío era intenso y el vaho de su respiración se hacía evidente ante la luz de la luna. Caminó sin realmente estar consciente al lugar donde se dirigía pues estaba absorto en sus pensamientos.