EL Amanecer en la Oscuridad

Capítulo 7: "Deseo"

Apenas amaneció y nuestro ninja solitario se dirigía a las oficinas del Hokage tal y como lo había prometido.

En el camino no dejaba de pensar en su esposa, en lo hermosa que la vio la noche anterior, en sus profundos ojos verdes que le recordaban las preciosas lagunas vírgenes que de vez en cuando se encontraba en sus viajes, en sus labios húmedos y rojos, en su piel blanca como la nieve y suave como la seda. La amaba, la amaba demasiado tanto que tenía miedo de tocarla y romperla al tacto, no por que fuera débil, no, nada de eso, tenía muy claro que su esposa era una mujer fuerte y poderosa, temía romperla con toda la carga emocional que él sólo llevaba a cuestas. Luego, pensó en su hija, se llamó a sí mismo torpe, quería pero no sabía como acercársele, siempre que lo hacía, ella lo abrumaba con miles de preguntas y él aunque quería responderle todas, algo se lo impedía, en el fondo tenía miedo de que su hija lo odiara o peor aún que de una manera lo admirara y decidiera ser como él. Por un momento pensó en volver a su soledad, quería irse de nuevo, muy lejos y jamás volver. No las merecía, estaba muy convencido de eso. Lo suyo no era una familia, no estaba preparado emocionalmente para una y se sentía culpable por haberla tenido, por dejarse llevar por aquella emoción pura que de joven tocó su corazón.

Haciendo un esfuerzo titánico para no pensar en su amado, Sakura Uchiha se levantaba de su cama, ni siquiera miró el lugar que le correspondía a su esposo como cada mañana lo hacía. No, de inmediato se vistió y preparó el desayuno de su hija. Esperaba que su pequeña esta vez si le abriera la puerta.

-Sarada chan. ¿Ya estás despierta? Preparé panes al vapor, algunos rellenos de crema de chocolate y otros de ensalada de col- Tocó la puerta esperando que con su suerte su niña abriera.

-No tengo hambre mamá, gracias.

Suspirando la bella madre pensó en algo que la hiciera salir.

-Sabes, ayer en la madrugada llegó tu padre, te quiso dar un beso de las buenas noches, el pobre no sabía ni qué hora era, lo tuve que persuadir para que no te despertara. Hoy en la mañana quiso entrar a verte de nuevo pero como cerraste con seguro tu puerta, pensó que no querías ser molestada y se fue- ¿Qué es una mentira para hacer feliz a mi hija?- pensó.

-¿De verdad? ¡Mamá me hubieras despertado!- Abriendo la puerta con rapidez la pequeña Uchiha salió al comedor.

Ambas se sentaron a desayunar, la pelirrosa se había lucido esta vez, estaban riquísimos los panes al vapor.

-Mamá te quedaron deliciosos. ¿Es por qué está papá?

La ojiverde se ruborizó por un instante.

-Uhmmm... no, no es por eso.

-¿Entonces?

-Es por ti, tú eres mi prioridad, grábatelo, eres mi niña, mi pequeña Sarada y yo sólo quiero que seas feliz. Es más, si nos damos un poco de prisa, me dará tiempo de irte a dejar.

-Sí - Con una sonrisa angelical, la de los ojos negros se apresuró a terminar sus alimentos.

Ya en la entrada de la escuela, Sakura se despidió de su hija de la mejor manera que podía hacerlo, con un entrañable poke en la frente.

Mientras se dirigía a la estación para tomar el tren que la llevaría al hospital se encontró a cierto ninja de cabellos azules y ojos verde como el bosque, tan bellos como esmeraldas.

-¿Daichi? ¿Vives cerca de aquí?

-¡Sakura!- dijo ruborizado el ninja médico, tratando de calmar sus nervios le respondió- Sí, así es, vivo en uno de los nuevos complejos habitacionales que abrieron en la zona sur.

-No tenía idea que ya hubiera casas por esa zona Daichi.

-S...sí, me sigue pareciendo increíble todo lo que ha crecido la aldea en los últimos años, en definitiva, el mandato del séptimo será recordado para siempre.

-Naruto es un ninja excepcional, mejor dicho, es una persona excepcional.

-Ustedes dos han sido una gran inspiración para mí, yo nunca fui un ninja poderoso; mis habilidades son limitadas, eso siempre lo he reconocido, pero mi camino siempre fue muy claro, deseo ayudar a las personas, quiero dejar huella en el mundo de alguna manera, que mejor forma que salvando vidas. No lo cree así, Sa... Sakura Sama- apenado el ojos de esmeralda, quería esconderse en algún lugar, sus nervios estaban saliendo a relucir, era obvio que la hermosa Sakura le imponía demasiado.

-Pienso lo mismo que tú Daichi. Y no te disculpes, no pasa nada, ya te acostumbraras a no llamarme con tanto respeto- Sonreía delicadamente, enamorando aún más sin percibirlo al joven muchacho.

-Es que... perdón por mi atrevimiento, pero¿Cómo no hacerlo?Usted es grandiosa, sin pertenecer a un prestigioso clan con un kekkei genkai, a superado a la gran Lady Tsunade. Y sin embargo, es usted tan, tan...-Se sonrojó por un momento- Es usted muy humilde.

Sakura había sido halagada muchas veces, incontables por distintos caballeros de la Hoja, sin embargo, las palabras de Daichi en ese momento se sintieron diferentes, fue como un bálsamo para su adolorida alma. Miró al piso y muy sonrojada, sólo pudo contestar.

-Gracias, Daichi kun.

-Oh... wow- ¿El peliazul había escuchado bien? ¡Le había llamado Daichi Kun! Muerto de felicidad, estaba apunto de decir algo más, pero en ese momento habían llegado a su destino- Sakura... gracias, creo que ya hemos llegado.

Daichi y Sakura se dirigieron al hospital y cada quien se dirigió a su pabellón correspondiente.

-¡Sakura! Ahora que te veo me siento mucho más tranquila- la hermosa rubia recibía a su gran amiga con un fuerte abrazo.

-Ino... muchas gracias por recibirme así, pero no es para tanto, estoy bien- decía Sakura conmovida.

-Supe que Sasuke regresó a la aldea, me lo ha contado todo Sai. Me da mucho gusto por tí, ahora podrán arreglar todos sus malos entendidos.

-Uhmmm... no estoy tan segura de ello. Y... la verdad... es que ya no le tomo tanta importancia como antes- dijo cabizbaja.

-Tranquila, todo saldrá bien, estoy segura que de una u otra forma, ustedes saldrán adelante.

-Ino... cada día...yo...pierdo más interés...

-Tranquila frentona, de seguro estás exagerando. Mejor lo platicamos con calma en Ichiraku's.

-¡Oh! Lo había olvidado, pero tú invitas Ino puerca- Ambas rieron al unísono.

Más tarde en la oficina del Hokage.

-Ni porque eres el Hokage llegas a tiempo a tu oficina.

-Lo siento Sasuke, fuí con Shikamaru a ver a los otros Kages en persona. Tenía que decirles las investigaciones de Sakura y su equipo.

-Ayer creí haberte visto en tu casa.

-No era yo, era un clon de sombra.

-Uhmmm... ya veo. ¿Y bien?

-Vendrán mañana mismo, quieren verlo todo con sus propios ojos.

-Ahora tenemos mucha tecnología, pudieron verlo a través de una vídeo llamada. Así ahorraríamos tiempo en confirmar lo evidente- Expresó molesto el Uchiha.

-Yo le sugerí que no lo hiciera- interrumpió Shikamaru- No sabemos quién pueda estar detrás de todo esto, la tecnología es maravillosa, sí, pero propensa a fallos, no quise arriesgarme a que intervinieran las comunicaciones.

-¿Volveremos a los halcones?

-Por un tiempo, sería lo más apropiado- Expresó Naruto.

-Ja!- Exclamó con orgullo el pelinegro, que ya de por sí odiaba la tecnología.

-En definitiva te quedaste en los viejos días Sasuke, te alegra volver al método antiguo de comunicación.

-Como sea. En fin, Sakura ya me ha contado todo- Dijo dando la espalda, dispuesto a irse inmediatamente.

-Ha estado bajo mucha presión últimamente Sakura chan, nos ha sido de mucha utilidad en la aldea, la gente la admira y le tiene mucho cariño, siempre está al tanto de todos en la aldea y su labor en el hospital ha sido más que notable, quisiera que descansara unos días, pero...

-¿Pero qué?- interrumpió Sasuke.

-La necesito aquí mañana mismo, los Kages quieren escucharla a ella y a Kabuto, también a Sai. Pero principalmente a ella, no confían en los otros dos, uno por su pasado como criminal y al otro por su pasado en Raíz. Se que es una tontería, pues ambos ahora son hombres de bien. Pero así son las cosas. Espero contar con ella, mañana será un día muy agotador para todos.

-Entiendo, se lo diré.

-Sasuke, también te necesito a ti.

-Supongo que quieres que vea con mis ojos la marca del Shin.

-Vaya, tan intuitivo como siempre- Anunció el de la cola de caballo.

Los tres ninjas de la Hoja se pusieron a platicar los detalles de la seguridad para la llegada de los Kages, pasaron varias horas en la oficina y algunas más recorriendo los lugares que consideraban más vulnerables de la aldea. Cuando por fin habían terminado, se dirigieron a sus respectivas casas.

Nuestra ninja solitario, nervioso y algo cabizbajo se dirigía a su casa. Aún no sabia como comportarse en familia, su hija y él prácticamente eran extraños, la relación con su esposa era más distante que nunca y aunque en el fondo estaba feliz de tener una familia a quien amar, un hogar a donde llegar, la culpa y la confusión abordaban su mente por centenas de unidades. Justo al llegar a la puerta sintió una electricidad que recorrió todo su cuerpo, dicha electricidad no se sentía para nada mal, se sentía cálida, con toda la alegría del mundo dio vuelta al picaporte y abrió la puerta.

-¡Papá!

-Sarada...-Un hermoso calor recorrió su corazón, conmoviéndolo hasta las entrañas, su pequeña lo tenía abrazado del cuello, él correspondió el abrazo con la misma fuerza y por un momento su mente sólo pensaba en cosas bellas.

La pequeña lo soltó para abrir la puerta de nuevo y asomarse un poco hacia la calle.

-¿Y mi mamá?

-No entiendo. ¿No está contigo?

-Papá. ¿Cómo es posible que no sepas dónde está tu esposa?

-Podría decir lo mismo de ti, que no sabes dónde está tu madre- dijo orgulloso el pelinegro.

-Uhmmm... papá eso no me hizo gracia.

-Ja! No exageres, no ha de tardar, además tú madre puede cuidarse sola.

-¿No te importa que le pase algo?- Expresó triste la niña.

-Ya te dije, puede cuidarse sola.

-¿Y si no regresa?

-Entonces iré a buscarla, te lo prometo.

-Está bien papá.

La pequeña Uchiha entró contenta a la casa y le sirvió la cena a su querido padre, nuestro ninja solitario jamás se había sentido tan orgulloso en su vida, su hija era tan madura, tan responsable y de buen corazón, era tan parecida a él, pero con el alma bondadosa de su madre. Platicaron cerca de una hora, por suerte nada que incomodara a Sasuke, ella le presumía sobre lo fácil que le resultaba pasar todas las pruebas del colegio y de lo molesto y estúpido que era Boruto. Una risa salió inevitablemente de la boca del azabache, de repente se sentía tan nostálgico y orgulloso al mismo tiempo, todo le resultaba tan familiar.

-Y dime. ¿Qué se te facilita mejor?

-Uhmmm... creo que todo papá, pero bueno, creo que tengo un talento especial para lanzar shurikens, aún con los ojos cerrados y sin esfuerzo siempre doy en el blanco.

-Itachi...- susurró casi inaudible el pelinegro. Su hija lo miró confundida y prosiguió.

-También se controlar bien mi chakra, mi mamá dice que golpeo más fuerte de lo que ella lo hacía a mi edad. Pero... hay algo que me falta, algo en lo que mi mamá no me ha podido entrenar...- expresó bajando la cabeza.

-¿Qué pasa Sarada qué es?

-¡Papá! ¿¡Cómo puedes ser tan distraído!?

El Uchiha no entendía nada, solo veía furiosa a su hija.

-Dime. ¿Qué es?

-Papá es obvio, no me has enseñado los jutsus de fuego, yo no tengo quien me enseñe eso, sólo los Uchihas en la aldea manejamos ese elemento. Y cómo tú has estado tan lejos, pues... El otro día fui a la biblioteca, pero había muy poco material, al parecer no hay mucho de nuestro clan, le pregunté a la anciana bibliotecaria y me dijo que mucho de ese material lo habían quemado a propósito, por la mala fama que...- una lágrima brotó de sus ojos, tragó saliva y continuó- por la mala fama que tenemos.

Sasuke estaba furioso y triste por las palabras de su hija. ¿Quiénes se creían esas personas en la aldea para prohibir el conocimiento de esa manera? Sin expresar emoción alguna prosiguió.

-No llores, eres un ninja recuérdalo, nosotros no mostramos emociones.

-Está bien. No lloraré- se secó sus lágrimas con el antebrazo.

-Te prometo que te entrenaré.

-¿¡Papá de verdad!?- Una sonrisa llenó el rostro de la niña y de nuevo se colgaba del cuello de su padre.

-Ya es tarde, tienes que ir a dormir, mañana seguiremos platicando.

-Pero... ¿Y mi mamá?

-Saldré por ella, lo más seguro es que esté en el hospital resolviendo pendientes.

Con un poke en la frente, Sasuke se despidió de su hija y salió en busca de su esposa. Brincando de tejado en tejado se adentró a lo profundo del bosque, tomaría un atajo para llegar lo más rápido posible al hospital. Llegó y se dirigió a las oficinas pero Shizune le dijo que se había ido desde hace ya varias horas con Ino a comer en Ichiraku's, así que se dirigió para allá a toda velocidad, pero nada, no había señales. Pregunto por ellas y le respondieron que ya tenían rato de haber salido. Molesto y preocupado (aunque no quisiera aceptarlo) se dirigió a la casa de los Yamanaka. Pero fue recibido por Sai.

-Sasuke san, que sorpresa. ¿Buscabas a tu esposa no es así?

-¿Cómo lo sabes?

-¿Por qué otro motivo estarías aquí si no es por Sakura?

-Ja...-Sonrío orgulloso.

-Sakura vino a dejar a Ino hace unos minutos, se veían felices, creo que han bebido un poco, nada grave. Ino ahora está durmiendo. ¿Quieres que la despierte?

-No, seguiré buscando.

Sasuke se marchó tan pronto como había llegado, Sakura no tendría que estar muy lejos de ahí pues a esa hora no había trenes. De tejado en tejado a toda velocidad recorrió cerca de cinco cuadras y algunas otras zonas comerciales que permanecían abiertas. Pero no había señal de su esposa, así que pensó que probablemente ya estaría en casa, se dirigió para allá y justo cuando iba llegando divisó dos figuras que parecían muy amigables. Una de ellas en definitiva era su esposa, pero de la otra no tenía conocimiento, venían a paso lento así que no le dio más importancia al asunto y se adelantó a su casa por una zona donde no pudieran verlo. Al llegar apagó las luces, se aseguró que su hija estuviera completamente dormida y se puso estratégicamente en una jardinera, dónde no pudieran verlo, pero él si podría escucharlo todo. ¿Quién era esa persona que acompañaba a su esposa? ¿Tenía que ver con la investigación? De ser así su mujer le contaría todo, pero no, él quería saberlo por su cuenta. Después de unos minutos su esposa y su misterioso acompañante estaban a fuera del pórtico.

-Muchas gracias por acompañarme Daichi kun.

-No... no es nada, una bella mujer como usted no debería andar sola a estas horas.

Un notable rubor recorría las mejillas de la pelirrosa.

Sasuke podía verlo todo con esos ojos que cualquier ninja envidiaria, ese rubor en su esposa, sólo lo había presenciado cuando él estaba a su lado. ¿De dónde conocía a ese ninja? ¿Por qué ella era tan familiar con él? Y más importante aún. ¿Por qué seguía ahí parado escuchando todo? Acaso, ¿Se sentía inseguro?.

-Gracias Daichi, pero sé cuidarme sola, no te hubieras preocupado.

-Probablemente usted es mucho más fuerte de lo que yo podría aspirar a ser algún día. Pero...-tragó saliva y prosiguió- sí algo llegara a pasarle a la persona que más admiro en mi vida, nunca me lo perdonaría.

-Daichi Kun...

Suficiente, se dijo así mismo, una ira creció y se elevó al cielo por parte de nuestro ninja solitario, se alejó del lugar y puso en práctica todo el autocontrol que había aprendido durante tantos años, pensó, qué más da, es su vida que haga lo que quiera con quien ella desee, no es que él con tantos años de ausencia tuviera el derecho de reclamarle algo. Sin darle más importancia se metió a su casa.

-Perdone, ya estoy siendo incómodo. Bueno me alegra haberla, digo, me alegra haberte acompañado, nos vemos mañana en el hospital- el ojos de esmeralda ya estaba más rojo que un tomate.

-Hasta mañana Daichi kun.

La pelirrosa abrió la puerta y enseguida notó un olor, su olor. Por unas horas había olvidado que su esposo ya no saldría de la aldea, nerviosa y con el corazón a mil por hora se dirigió a su habitación, sin duda él estaba ahí. Podía olerlo, podía sentir su aura por toda la casa. Abrió con cuidado la puerta y lo vio dormido.

-Sasuke- susurró casi inaudible.

Al verlo profundamente dormido, no tuvo pudor en desnudarse y ponerse la pijama. Enseguida se puso a su lado, por un momento pensó en abrazarlo pero temía despertarlo, temía incomodarlo y que se fuera, así que no lo hizo, una vez más se guardaba todo su amor y sus caricias, una vez más callaba lo mucho que lo amaba.

Pasaron las horas y ninguno de los dos estaba dormido, sólo fingían estarlo para no despertar al otro. Sakura no pudo seguir así y se levantó dirigiéndose al baño.

-Tal vez un baño me relaje- pensó.

Se desnudó y se sumergió en la tina, inundada en pensamientos, un sentimiento de nostalgia recorrió su cuerpo, sin darse cuenta empezó a sentir un nudo en su garganta y las lágrimas no se hicieron esperar, esas lágrimas se convirtieron en un sollozo que nuestro ninja solitario pudo escuchar con claridad.

-¡Sakura!- se levantó a ver qué sucedía.

Cuando abrió la puerta del baño sintió su corazón estrujarse, frente así, tenía una de las escenas más tristes que hubiera presenciando en su vida, su hermosa esposa llorando sin consuelo tratando de ahogar sus sollozos con las manos.

-¿Te has hecho daño?

-No es nada amor mío, estoy bien.

¿Amor mío?¿Había escuchado bien? Una corriente eléctrica recorrió su cuerpo nuevamente, un brillo de esperanza llegó a sus ojos, sintiéndose tan seguro y orgulloso de sí mismo.

-No parece que sea nada, pero si no quieres decirme está bien, respeto tu privacidad.

-Sasuke...¿Por qué estás conmigo?

Sorprendido por la pregunta, no pudo evitar que se notará esa sorpresa en su rostro, apresurado se limitó a responder.

-Ya lo sabes, por Sarada, el lazo que nos une.

-¿Es lo único?

-No te entiendo, estás actuando muy extraño, no deberías beber.

-¿Cómo sabes que bebí?

-Sarada estaba preocupada, me mandó a buscarte.

-Ya veo, bueno, gracias por buscarme, pero sigues sin responder mi pregunta.

-No hay nada que responder.

Sasuke que ya estaba bastante apenado por ver a su desnuda esposa e incómodo por la pregunta, se regresó a su habitación.

Sakura decepcionada, se terminó de bañar y se puso un camisón, pero no sé dirigió a su cuarto. Se fue al sillón a dormir. Sasuke por otro lado no conciliaba el sueño, la pregunta que le había hecho su esposa aunado a su bella figura y a sus ojos primorosos lo habían descolocado por completo, su mujer no regresaba al cuarto y sigiloso salió de su habitación a ver que ocurría, la vio en el sillón, ya estaba dormida, está vez de verdad, tenía los ojos hinchados y las manos apretadas al pecho. El Uchiha se quedó toda la madrugada viéndola dormir, la confusión llenaba de inquietud su mente. Sabía sin esfuerzo que amaba a su esposa, lo que no sabía era sí quería estar con ella, él de ninguna manera podría ser un esposo normal, ni siquiera llegar a ser como Naruto que aunque siempre estaba ausente a su vez, de alguna forma siempre estaba presente. Le costaba tanto liberarse, salir de sus demonios, tenía tanta culpa en su interior.

El cansancio estaba a punto de vencerlo, así que se sentó en el sillón de enfrente, ver a su mujer dormir le hizo recordar tantas cosas, como el viaje que habían tenido varios años atrás. Ella no había cambiado en nada, a excepción del ancho de sus caderas y el ligero aumento de busto, su rostro angelical era el mismo, era tan etérea y atemporal, su rostro parecía el de una hermosa virgen y sus labios rojos lo tenían hipnotizado. Recordó todas esas noches en las que durmieron a la luz de una fogata, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas volver a esos días donde por primera vez, él le había ganado a la oscuridad. De pronto su esposa sintió una profunda pero familiar mirada, abrió sus ojos y sabía que su esposo iba a desaparecer, pero está vez fue más rápida.

-¿A dónde vas?

-Ya casi amanece, necesito preparar todo para la llegada de los kages, de hecho tú también necesitas alistarte, quieren platicar contigo.

-Sasuke, estás loco, llegarán hasta tarde. ¿Por qué me estabas viendo?

-Debo irme.

-No, no te irás, ya me cansé de está situación, a veces... siento que estoy loca y que imagino que estás ahí viéndome o acariciándome para luego despertar y darme cuenta que no es así-Sus ojos se humedecieron- pero ahora sé que no lo estoy, hoy lo sé, así que no te irás. No aún.

-Eres... tan fastidiosa.

-Y tú eres tan cobarde.

-Ja! Ninguno ha cambiado. Me voy. Te veo en la oficina de Naruto.

-Te dije que no, aún no te irás.

-Deja de molestarme.

-¿De verdad quieres que deje de molestarte?

-Llevo años queriéndolo...-Sasuke de ninguna manera quiso decir eso, pero lo dijo.

-Entonces que así sea. Te veo con Naruto en unas horas.

Sasuke se alejó en la oscuridad dejando a una muy dolida flor de cerezo llorando sin consuelo de rodillas en la puerta. En el camino nuestro ninja solitario se iba maldiciendo así mismo. ¿Por qué le dije esas cosas tan terribles? ¿Qué gano con hacerla sufrir?. A ella que tanto lo amaba, que lo amaba más que a su propia vida, a ella que le dio una hija, que le dio un hogar, que le dio tantas cosas que su mente le decía que no se merecía.

Cerca de las 2 de la tarde llegaron todos los Kages a la aldea de la Hoja. El fabuloso equipo 7 estaba reunido de nuevo y se dirigían todos al orfanato de Kabuto.

-Muy bien Naruto, estamos esperando- anunció con su característica expresión ruda el Raikage.

-Pasen, es por aquí- Indicó Kabuto.

Todos entraron a una habitación en donde estaba el Shin infectado, el pobre con una cara demacrada y un cuerpo esquelético estaba más del lado del Inframundo que de los vivos, Sólo lo mantenían vivo como objeto de estudio.

-Siento un chakra poderoso y diferente, lleno de venganza que sale de su cuerpo- dijo intrigada la sensual Mizukage.

-Sakura, podrías explicarnos todo- indicó el Kazekage, Gaara.

Sasuke analizó a detalle a Kabuto y a todos los demás Shin en tan sólo un instante, sin duda, aquello que estaba en el cuerpo del Shin infectado no se parecía en nada a los experimentos de Orochimaru, pero esa misteriosa energía le recordaba a la poderosa diosa Kaguya Otsusuki.

-Sí- Sakura se acercó al cuerpo del Shin infectado y se dispuso a levantar su mano con el sello- Sasuke por favor necesito que...

¡BOOM!

Una gran explosión inundó el laboratorio haciéndolo trizas. Gaara y los demás Kages por suerte estaban a una distancia razonable cuando explotó el lugar, sin embargo Kabuto y Sakura estaban muy cerca del cuerpo, siendo los más afectados por la explosión.

-¡Sakura chan! Gritó Naruto.

Gaara se apresuraba con su arena a levantar los escombros, tratando de liberar a los otros Kages que habían quedado atrapados.

-¡Sakura!- Gritó preocupado el Uchiha mientras formaba el susanoo para encontrarla de entre las ruinas del orfanato.

Kabuto apareció al poco rato y los demás Kages también. Sakura realmente estuvo muy cerca del cuerpo, Sasuke pudo ver como en el momento en el que su esposa levantaba la mano del Shin un enorme resplandor salía de la misma.

-¡Séptimo! ¿Qué significa esto?- expresó con furia el Raikage-

-¡Un acto de traición por parte del seguidor más fiel de Orochimaru!- señaló el Tsuchikage.

Naruto confiaba en la verdad de su más querida amiga y en la redención de Kabuto, mismo que se encontraba inconsciente y que no se pudo defender de las terribles acusaciones en su contra. Mientras tanto, un desesperado ninja buscaba a su mujer, los demás Shin que por suerte no les había pasado nada grave ayudaron en la búsqueda. Justo abajo de un pilar yacía inmóvil nuestra flor de cerezo.

-¡Sasuke! Lleva a Sakura chan al hospital, rápido- Ordenó preocupado el rubio.

A Sasuke no le importó usar su Rinnegan para llegar al hospital, sabía que no debía hacerlo, pues dejaría huellas, rastros que a la larga pudieran ser mortales, pero su miedo a perderla fue más grande que el miedo a cualquier Dios.

-¡Dios mío Sakura!- Shizune no podía creer lo que tenía ante sus ojos, la pelirrosa estaba bañada en sangre completamente inconsciente.

Alarmada por los alaridos de Shizune llegó Ino y demás personal médico que atendieron a Sakura lo más pronto posible. El pelinegro esperaba a fuera de urgencias, perdido en sus pensamientos, deseando haber estado en el lugar de ella.

-Otra vez no- se dijo a sí mismo, recordando una dolorosa escena similar que habían pasado hace años.

Perdido en su mente, mirando sus manos ensangrentadas, escuchó otros gritos.

-¡¿Qué?! No puede ser. ¡Déjenme pasar!- Un apresurado Daichi llegaba a toda velocidad al pabellón de urgencias, colocándose su bata y su cubrebocas listo para ayudar. Sasuke lo reconoció enseguida.

Tan pronto como entró Daichi, salió Shizune con una mirada llena de tristeza y desolación. El pelinegro la intervino.

-¿Qué sucede Shizune?

-Sasuke... necesito buscar a Tsunade Sama, mi sobrino Daichi se quedará en mi lugar, él es muy buen doctor. Pero...

-¿PERO QUÉ?- expresó exaltado el azabache.

-Ni él ni yo...-unas lágrimas brotaron de los ojos de Shizune- ni él ni yo... somos capaces de salvar a Sakura, necesito encontrar a Lady Tsunade en cuanto antes, o Sakura podría morir está misma noche.

El corazón del de los ojos negros se hizo pedazos ante semejante declaración, por primera vez, Sasuke Uchiha estaba llorando en público violando así todo mandamiento ninja que se había impuesto durante tantos años.

-Vamos, no hay tiempo que perder, usaremos todo el poder que tengo- expresó decidido el Uchiha.

Gracias a su poder ocular y en cuestión de minutos Lady Tsunade se encontraba en el hospital. Pasaron varias horas en el quirófano. Ino salía llorando por equipo y regresaba con la misma velocidad, Sasuke no se atrevía a preguntar que ocurría allá adentro. De pronto una señorita se le acercó con un teléfono.

-¿Diga?

-¡Papá! ¿Estás con mamá?- al escuchar la voz de su hija, su corazón se estrujó aún más.

-Sí, aquí estoy, pero estamos ocupados, te hablaré en unas horas- Con una frialdad estoica, Sasuke colgaba el teléfono mientras maldecía toda esta situación.

Pasaron al rededor de 15 horas cuando Lady Tsunade llamó a Sasuke a su oficina.

-¡¿Cómo está ella?!

-Por ahora, está bien, sobrevivió a la operación, pero eso no es lo importante.

-¿De qué se trata?- pregunto intrigado y asustado el azabache.

-Cuando vi a Sakura, supe, que de no hacer algo drástico, ella no viviría, no sé que clase de explosión le hizo esto a una mujer tan fuerte como ella, pero te digo algo, otro ninja no hubiera sobrevivido al impacto. Sakura sin duda es formidable pero no inmortal, lo que tuve que hacer lo hice porque antes que ser tu esposa, tu mal cuidada esposa, es madre y una muy devota.

-Si sólo me vas a decir lo que ya sé, es mejor que me vaya.

-Espera, aún termino.

-Le he implantado a Sakura las células de Hashirama- Sasuke quedó impactado ante la revelación de Lady Tsunade.

-¿Qué? ¿De qué estás hablando?

-Era imposible que Sakura pasara de esta noche por sí misma, así que he decidí.. implantarle en su cuerpo casi el 80% de las células que tenía cultivadas.

-Explícate, no entiendo nada anciana.

-Uhmmm... es de esperarse que un simple vengador como tú no pueda entender algo de ciencia, así que déjame proseguir- Suspiró y continuó- el brazo que le implanté a Naruto contenía cerca de un 10% de las células de Hashirama. Aún así, siendo Naruto al igual que tú la reencarnación de una especie de semidios le costó años de terapia aceptarlo. No sé que clase de consecuencias tendrá Sakura después de este implante masivo. Podría hacerla muy poderosa o podría agotar su cuerpo paulatinamente hasta matarla.

-¿De cuántos años estamos hablando?

-El último ninja sobrevivió tres años, claro, no tenía la fuerza de Sakura, pero no creo que el margen de tiempo sea más grande.

No, no, no, esto es una pesadilla pensaba el Uchiha, esto no podía estar pasando. ¿Por qué? ¿Por qué a ella? De nuevo unas lágrimas se asomaron en su rostro, salió huyendo de allí.

Sin poder entrar a cuidados intensivos, nuestro ninja solitario permaneció en el bosque que estaba a minutos del hospital. Llorando sin consuelo en la oscuridad, cargado de recuerdos e imágenes fuertes de su amada, su mente no era más que un proyector. Recordó su primera cita, las noches que habían pasado juntos frente al fuego mientras estaban de viaje, el nacimiento de Sarada, la primera y última vez que le hizo el amor...

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Continuará

Nota del autor: Un capítulo largo y demasiado intenso, lamento la espera mis queridos lectores, espero que les guste. Muchas gracias a todos aquellos que me siguen y que con ansias leen lo que escribo, no saben lo feliz que me hacen.