Capítulo 24

Lothíriel caminó por el pasillo escoltada por el elfo que le había sido asignado, se detuvo cuando observó al Rey Elfo aproximarse.

-Ai hîr vuin Thranduil (Salve mi señor Thranduil)- saludó con gentileza Lothíriel.

-Ai Lothíriel, sigamos al comedor.- indicó el rey. En ese instante los guardias pasaron junto a ellos escoltando a Symbelminë, ella los miró un instante, le sonrió a la elfa y siguió rumbo a las caballerizas. Lothíriel siguió con la mirada a la elfa castaña, mientras Thranduil se adelantaba.

-¿Vendrás?- preguntó el Rey Sinda al percatarse de que Lothíriel se había rezagado.

-Ná, Aran Thranduil (Sí, Rey Thranduil).- siguió Lothíriel al monarca hasta descender al pasillo inmediato e ingresaron al lujoso y espacioso comedor; el cual, estaba rodeado por inmensos ventanales por donde podía apreciarse el Bosque Verde. En el centro de la estancia una gran mesa de roble, finamente tallada en cuyas orillas podían apreciarse algunas hojas entrelazadas que hacían juego con las sillas de respaldo amplio.

-Esperen afuera.- ordenó el soberano a los guardias.

-Por favor, toma asiento. ¿Te apetece comer?- ofreció Thranduil.

-Le fael Aran Thranduil (Se lo agradezco Rey Thranduil).- expresó Lothíriel.

-¿Te encuentras mejor? Sé que has pedido colaborar con la atención de los refugiados.- mencionó Thranduil.

-Así ha sido, y sí me siento mejor Rey Thranduil. Gracias.- respondió Lothíriel. –No pretendo ser impertinente pero ¿a qué debo su invitación?- averiguó la elfa.

-"Necesitamos crear el momento", dijiste y eso es lo que pretendo hacer.- apuntó Thranduil.

-Me halaga, Tari meletyalda (Majestad).- agradeció Lothíriel mientras miraba que Nimphelos y otro elfo servían los alimentos y las bebidas.

-Déjenos solos.- ordenó el elfo sinda.

-¿Qué nos pasó hîr vuin (mi señor)?- preguntó Lothíriel.

-¿Qué nos pasó Lothíriel?- reviró Thranduil acercando su silla a la de la hermosa elfa.

-Miedo, tristeza, responsabilidad, evasión…quizá.- apuntó el monarca tomando ambas manos de Lothíriel entre las suyas y mirándola.

-¿Otro amor?- preguntó nerviosa Lothíriel.

Thranduil suspiró, soltó sus manos para ponerse de pie y caminó hacia el ventanal.

-Vi amor en los ojos de la elfa de Lórien, he visto amor en los de Imloth…- mencionó Lothíriel sintiendo un vacío en el estómago.

Thranduil la miró y volvió a acercarse a ella. –Dime ¿qué ves en los míos?- preguntó el Rey del Bosque levantando la cara de Lothíriel con sus manos en la barbilla.

-Ú-iston Aranya (No lo sé, Mi Rey).- respondió la elfa.

-Inténtalo, no temas averiguarlo.- expresó el soberano mirando directo a los ojos grises de ella. Lothíriel observó por unos instantes los zafiros radiantes del elfo sinda, perdiéndose en ellos, entre el amor, la pasión, la lealtad, la tempestad, el odio, la indiferencia, el dolor y… la oscuridad.

Lothíriel se puso de pie y se acercó al monarca. –Yo también lo amo Majestad pero, ¿nos amamos por las razones correctas?- cuestionó.

-¿Razones correctas?, ¿cuáles deberían ser esas?- examinó Thranduil.

-No debe ser un sentimiento engendrado por la soledad, la necesidad, la compasión, la obligación, el sufrimiento, el egoísmo o la salvación.- analizó Lothíriel moviéndose por la estancia tan elegante como si flotase.

-Es una decisión que lo más profundo de mi ser ha tomado, no por ninguna de esas motivaciones, sino porque me impulsas a buscar mi felicidad y me aportas el valioso juicio de realidad. El transcurso del tiempo nos ha puesto a prueba, ni la distancia, ni los obstáculos han transformado ese sentimiento; sólo me ha llevado a consolidar y fortalecer el vínculo que comunica nuestras almas. - expresó Thranduil acercándose a la elfa que lo observaba desde el ventanal.- ¿Cuáles son tus razones?- preguntó.

-Me viste cuando era invisible, fuiste la luz que me ayudó a encontrar el valor para enfrentar mi oscuridad, me hiciste consciente de mis alas, me devolviste la alegría.- expresó la elfa sin dejar de mirar los ojos del Rey Elfo.

-¿Confundes gratitud con amor?- indagó Thranduil.

-¿A caso no hay en el amor algo de gratitud? Aran vuin Thranduil (Mi amado Rey Thranduil) nunca he estado más segura en mi vida de lo que siento.- expresó Lothíriel. – ¿Por qué su corazón buscaría en otros sitios algo que ya había encontrado?- examinó refiriéndose a los cortejos que había tenido con otras elfas.

-Porque creí que merecías a alguien mejor.- mencionó el Rey Elfo.

-¿Por qué creía eso? En todo caso la que debe decidir lo qué es mejor o no para mí soy yo.- manifestó Lothíriel.

-Dudas, eso es lo que nos separa.- puntualizó Thranduil invitando a Lothíriel a sentarse a la mesa. -Elmoth está enamorado de ti debo decir que es un elfo persistente y ha alejado de ti a tantos otros…- decía el elfo de cabellos dorados.

-Mi corazón sólo lo ha amado a usted.- declaró Lothíriel.

-Mi corazón sólo te ha amado a ti y a nadie más. Si las dudas nos separan que las certezas nos unan.- respondió Thranduil.

-¿Y bien has visto lo que se te ha pedido?- interrogó Anardil a Symbelminë después de recorrer las enormes caballerizas.

-Me parece haber reconocido al caballo que vi en Dol-Guldur. Ha sido aquél.- indicó la elfa de Lórien.

El Jefe de la Guardia Real se quedó de pie un momento observando el caballo. –Si estás segura, eso es todo, se te escoltará a la frontera del reino. Vamos.-

-Hodo-ninya (Mi corazón), ¿cuánto tiempo estarás aquí?- preguntó Luinil sentada al otro lado de la celda.

-Todo se decidirá en el juicio.- respondió Seregon amargamente.

-¿Ya hay fecha para el juicio?- averiguó con impaciencia su esposa.

-Lá (No).- contestó ásperamente Seregon.

-¿Man-ie Seregon? (¿Qué pasa Seregon?)- preguntó Luinil intrigada por la actitud hosca de su esposo.

-No sé si podré volver con ustedes, aún si la sentencia me favorece…- manifestó el soldado volviendo a la parte más oscura de la celda.

-Seregon escúchame, lo que ha pasado no ha sido…- explicaba Luinil acercándose a los barrotes.

-¡No hables como si supieras lo que pasó o lo que está sucediendo porque no es así! ¡Ah y por si lo has olvidado maté a Elendë!- dijo alterado el exjefe de la Guardia del Bosque.

-Salga, por favor.- dijo el guardián de la celda.

-Denme un momento más con mi esposo, por favor.- pidió Luinil intranquila.

-Guardia escolte a mi esposa, hemos terminado de hablar.- manifestó Seregon impaciente.

-Si no sé de lo que hablo porque no me lo dices tú. Quiero entenderte, ayudarte.- expresó Luinil aferrándose a los barrotes.

-No traigas a este sitio a Eilinel.- pidió el centinela, casi en un murmullo.

-¡No permitiré que te hagas esto!- pronunció en voz alta la elfa castaña.

-¡Y yo no las condenaré al ostracismo!- gritó Seregon encarando a su esposa.

Luinil fue escoltada por el guardia fuera de los subterráneos. De inmediato ella se dirigió a buscar a su hija.

-Lothíriel mañana será tu juicio.- anunció Thranduil cuando recién habían terminado de comer.

La elfa lo miró un momento y después se levantó. –Aranya (Mi Rey), si me disculpa me retiro, seguro tendrá asuntos que zanjar. Además quisiera cooperar con la atención a los refugiados.- expresó Lothíriel.

-Lothíriel sabías que esto pasaría, las normas se aplicarán sin excepción. Por otro lado, no consiento que te integres a las labores con el pueblo de los hombres, no hasta después de la deliberación del jurado.- manifestó Thranduil acercándose a la elfa.

-Hîr vuin (Mi señor) por favor no me malinterprete, no pretendo evadir mis responsabilidades y acataré lo que se decida en el juicio.- dijo la elfa con un tono de aprensión.

-Mañana a primera hora en la sala del trono.- indicó el Rey Elfo. –Confía…- dijo al oído de Lothíriel, ella lo abrazó y salió del comedor.

Thranduil podía percibir el temor de Lothíriel, que no era principalmente por la conclusión a la que el tribunal pudiera llegar, sino porque durante gran parte de sus primeros años de vida había estado bajo constante escrutinio. Sus premoniciones, desasosiegos, caos; esos habían sido entonces sus terribles crímenes implacablemente castigados por ella misma a través de la segregación, la mudez, la soledad; y consentidos por omisión por su entorno. Ahora debía enfrentar el juicio de haber decidido enfrentarse a sus miedos.

-Aran Thranduil, miembros del Honorable Tribunal, mis señores y señoras. Nos reunimos hoy para presentar el caso de Lothíriel, hija del Consejero Real Isilion e Ilmen.- presentó el Consejero Real Lenwë solemnemente.

La sala del trono era un espacioso lugar en cuyo centro se hallaba el magnífico trono del Rey Elfo, un gran reclinatorio que fluía en armonía con el vigoroso tronco de un antiguo árbol que atravesaba todo el palacio a lo alto, las ramas se entretejían de tal forma que emulaban la extraordinaria cornamenta de un ciervo, estaba ubicado de manera que durante los solsticios o las noches de luna llena, los rayos del sol y la luna, se colaban iluminando el trono dándole un aspecto aún más esplendoroso. A los costados de la sala, unas sutiles cascadas caían incesantemente, aderezando con su relajante música el sitio.

En un nivel inferior una labrada explanada en la que se habían dispuesto, en los laterales, las sillas para los integrantes del tribunal, en una mesa al centro de la estancia se encontraba Lothíriel y los centinelas que le habían facilitado la salida del bosque. Más allá algunas hileras de asientos eran ocupados por Isilion, Ilmen, los familiares de los centinelas, Belthil, Ivorwen, Luinil, Elmoth, Ithil y los miembros de la comitiva que había sido enviada al Valle. En las escalinatas hacia el trono, y en cada una de las esquinas de la sala, había miembros de la Guardia Real ataviados con sus relucientes armaduras y espadas, listos para resguardar al Rey Thranduil ante cualquier contingencia.

-Aiya Aranya Thranduil (Salve Mi Rey Thranduil) solicitamos su anuencia para iniciar con el proceso.- solicitó Lenwë respetuosamente poniéndose de pie al mismo tiempo que los presentes.

-Que la justicia hable el día de hoy.- decretó el Rey del Bosque Verde con su señorial presencia desde el trono.

-El Honorable Tribunal estará presidido por Su Majestad El Rey del Bosque Verde Thranduil Oropherion, El Jefe de la Guardia Real Anardil, el Maestro Sanador Ereb, el recientemente nombrado Capitán de la Guardia del Bosque Vorondil y su servidor Consejero Real Lenwë.- presentó el Consejero Real.

-Lothíriel, hija del Consejero Real Isilion e Ilmen, ha sido acusada de trasgredir una orden real que impedía a cualquier miembro del reino abandonar sus fronteras, poniendo en riesgo la comisión de elfos enviados en auxilio a los hombres del pueblo del Valle.- introdujo escuetamente el caso Lenwë.

Lothíriel quiere, por favor, relatarnos su versión de los hechos.- pidió Anardil desde el otro lado de la sala.

-Su Alteza, Honorable Tribunal, presentes todos; con su permiso.- expresó Lothíriel con nerviosismo y se dispuso a dar los detalles de su premonición hasta su incursión en los hechos acaecidos en el pueblo de hombres. Los presentes escucharon con atención, el silencio imperaba en la sala, los miembros del tribunal le miraban escrutadoramente, tomando notas de vez en cuando, observándose entre ellos, el rey con la espalda sobre el respaldo, una de sus manos sobre la sien y mirando momentáneamente a cada uno de los presentes para después abstraerse evaluando la situación.

-¿Cómo podemos saber que se tratan de premoniciones o visiones y no de otra cosa?- preguntó Lenwë impaciente.

-Porque lo que he visto ha sucedido…- respondió Lothíriel.

-¿Ha sucedido o ha colaborado para que así fuera?, ¿nos puede hablar de algo en específico?- inquirió el Consejero Real.

-Durante una etapa fui enviada por recomendación del Maestro Ereb a mi padre, con El Señor de Imladris, Elrond, para que se me instruyera sobre el conocimiento y manejo de esos mensajes.- explicó Lothíriel observando a los ojos del escéptico Consejero Lenwë.

-¿Así fue?- preguntó el Consejero Real a Ereb e Isilion. Ambos elfos asintieron. –Continúe, por favor, Lothíriel.- indicó.

-Quizá, no intencionalmente, he contribuido por omisión a que los hechos ocurrieran como se me revelaban. Sin embargo, ¿cómo puede hacerse algo al respecto sin entender frente a lo que se está? No fue sino hasta que las terribles situaciones que creí eran pesadillas afectaron mi entorno…- expuso Lothíriel, respiró profundo y prosiguió. –En mi infancia fui invitada por Luinil, esposa de Seregon, a las cascadas del Río del Bosque pasaríamos el día con un par de sus primas, pequeñas al igual que nosotras. Cuando estábamos sentadas observando la caída de agua, en un flash pude ver que una de ellas caería por la cornisa golpeándose con una roca muriendo al instante. De inmediato me levanté y les grité para que se alejaran del lugar pero en ese momento una de ellas tropezó y cayó a las cascadas…- dijo Lothíriel con semblante entristecido.

-¿Sucedió así Luinil?- averiguó Lenwë mirando desde su sitio a la esposa del excapitán.

-Así fue como pasó, mi prima murió ese día.- ratificó Luinil de pie en su lugar.

-Consejero Lenwë, espero que este interrogatorio nos lleve finalmente a juzgar el asunto que nos atañe, el don de las premoniciones no es un asunto común entre los eldar pero hay casos documentados y estudiados que constatan su fiel existencia. Conocemos a Lothíriel y a su familia, una de las más antiguas del Reino del Bosque Verde. Acompañé el proceso que el Consejero Isilion y su esposa Ilmen llevaron a cabo para ayudar a su hija con los presagios que le eran enviados, la mayoría funestos. Desafortunadamente no pudimos orientarle eficazmente y Lothíriel padecía las pavorosas consecuencias de ello. Su vida estuvo en peligro, fue entonces que se decidió buscar el consejo de Elrond de Imladris, un sabio elfo que conoce de esas cosas…- expuso Ereb, el Maestro Sanador.

-Señores son sus acciones y no su persona las que deben ser juzgadas.- indicó Vorondil.

-Conozco su historia pero dados los acontecimientos recientes no podemos simplemente obviar los hechos y fiarnos ciegamente de lo que bien puede ser ahora sólo un recuerdo.- añadió el Consejero.

-Y sería una locura simplemente dudar de todo, a qué nos conduciría si no es a la disgregación de nuestro pueblo.- intervino Vorondil exasperado.

-¿Desde cuándo ha tenido esas premoniciones?- indagó el Capitán de la Guardia Real, Anaradil.

-Desde que tengo memoria…- dijo Lothíriel inquietada por el rumbo que parecía estar tomando el juicio.

-¿Fue provechosa su estancia con Lord Elrond?- interrogó nuevamente el Jefe de la Guardia Real.

-Si su preocupación está relacionada con el control sobre las premoniciones, entonces la respuesta es no…- asentó Lothíriel, para sorpresa de algunos de los presentes que se miraban con nerviosismo. –Pero si se refiere al conocimiento y aceptación consciente de las mismas considero que fue fructífera. Además que sigo viva, gracias a ello. No obstante, si mis palabras no son veraces para este Honorable Tribunal, puede comunicarse con el Señor de Imladris y pedir las referencias pertinentes.- sugirió observando a cada uno de los integrantes del tribunal.

-Me he comunicado con Lord Elrond de Imladris al respecto y sus palabras son ciertas.- confirmó el Rey Thranduil con voz firme, atrayendo hacia sí todas las miradas.

-Hannon le Aranya (Gracias, Mi Rey).- respondió Anardil. -¿Recuerda usted algún momento en que se le haya revelado un suceso y haya actuado en consecuencia?- indagó sagazmente.

Lothíriel sentía los latidos de su corazón en la garganta. –Lo intenté, juro que lo hice…- respiró profundo bajó la mirada, una diminuta lágrima descendió por su mejilla hasta la mesa frente a ella. –Después sólo me refugié en el silencio.-

-¿Cómo puede explicarnos que se le haya concedido ese don y no haga nada al respecto?- averiguó rígidamente Anardil.

-¿Cómo se sentiría si aun estando despierto sus pesadillas no se alejaran de usted?, ¿qué haría si cada rostro que ve después apareciera muerto?, ¿cómo reaccionaría si lo único que ve es muerte y destrucción?- examinó Lothíriel indignada.

-Buscaría la manera de evitar que mis pesadillas se volvieran realidad, emplearía ese don para la salvaguarda de mi pueblo.- sentenció Anardil.

-Entonces quizá usted debió haber recibido el don y convertirse entonces en el salvador del pueblo eldar.- manifestó Lothíriel turbada mientras intentaba contener el mar de emociones que amenazaba con desbordarse.

-Cada uno es único en sus circunstancias, lo demás son especulaciones.- intervino el soberano. -¿Por qué actuar ahora?- examinó seriamente.

-Me cansé de huir, me cansé de ser rehén de mí misma y acepté que si no puedo controlarlo al menos haré lo que esté a mi alcance para evitar el sufrimiento de otros.- aseguró Lothíriel mirando al Rey Elfo.

-Muy loable de su parte, sin embargo, usted misma sugirió que su premonición le fue enviada intencionalmente por el Señor Oscuro para llevar a Aran Thranduil hasta el pueblo del Valle, ¿es así?- cuestionó el Consejero Real.

-Cuando me encontré con aquella criatura oscura en las cercanías del pueblo así lo insinuó, es por ello, que cuando decidí salir del reino pedí que no se me siguiera y fue la razón principal por la que no di aviso al rey. Con las premoniciones hay que ser cuidadosos una interpretación errónea puede conducir a una trampa.- expuso Lothíriel.

-¿Cómo sabemos que no es una espía de Sauron?- preguntó Lenwë seriamente.

-¡No permitiré esa clase de alusiones!, ¡No consentiré que se mancille el honor de mi hija!- exclamó Isilion poniéndose de pie y con el enojo cruzando su rostro.

-¡Áva quetë! (¡Silencio!)- ordenó el Rey Thranduil enérgicamente. –Lothíriel responde.-

Lothíriel miró a su padre, a su madre y después al Rey Elfo; se sentía humillada y profundamente defraudada por semejante calumnia. ¿Es que acaso el mismo monarca dudaba de ella y por eso exigía que respondiera? -¿De qué sirve que responda a eso si cada una de mis palabras levantan sospecha?- reconoció la elfa de cabellos azabaches.

-¡Responda!- exigió Lenwë irritado.

-Si lo fuera no estaría en esta situación.- expresó Lothíriel tajante.

-Aran Thranduil ¿sobre qué es este juicio?...- cuestionó Isilion visiblemente molesto.

-¡Basta o serás arrestado Isilion!- demandó el Rey Elfo con severidad.

-Sí, desobedecí una orden real, salí cuando estaba prohibido y no me arrepiento. Tomé la decisión de hacer algo con lo que se me presenta… cuando caí inconsciente vi a una multitud de orcos masacrando a cada hombre, mujer, niño y elfo que estaban en el Valle. ¿Debía quedarme paralizada sólo porque no podía salir del reino y negarles la oportunidad de salvarse?- examinó Lothíriel.

-¿Por qué no, si ya antes lo había hecho?- analizó Anardil.

-No hay caso, mis señores, no escucharán lo que desean.- concluyó Lothíriel mirando a cada uno de los miembros del jurado. Los espectadores guardaban silencio absoluto pero intercambiaban miradas aprensivas. Isilion e Ilmen se debatían entre el enfado y la angustia.

-Los noldor han sido maldecidos por matar a sus congéneres, no les ha importado pisotear a nadie en pos de conseguir lo que desean, nada los ha detenido, su estandarte ha sido la mentira, la traición y la muerte…- decía severamente Lenwë acercándose a la mesa donde estaban los acusados.

-Consejero Lenwë, creo que eso no es relevante ahora…- pronunció Ereb intranquilo.

-¿Y me condenará por lo que mis antepasados hicieron?- preguntó Lothíriel poniéndose de pie y encarando al Consejero Real.

-¿Y nos condenarás por el honor de tus antepasados?- reviró Lenwë mordaz. –Quienes se han unido a los noldor han sido alcanzados por la maldición que los condena.- aseguró con desdén y después observó al Rey Thranduil.

-Consejero creo que deberíamos proseguir con los interrogatorios.- propuso Vorondil alarmado por el rumbo que había tomado el juicio.

-¡No dirweg! (¡Ten cuidado!)- advirtió el Rey Elfo visiblemente irritado al Consejero.

-Escuché Lothíriel que usted supo de antemano lo que sucedería con los Reyes del Bosque Verde antes de su partida a la guerra. ¿Me equivoco?- dijo Lenwë encarando a la elfa que lo miró con asombro.

Los murmullos reinaron en la sala, los elfos se miraban unos a otros con desconcierto. Los padres de Lothíriel se levantaron, Ilmen trataba de calmar a su furioso esposo. Lothíriel sintió que la sala comenzaba a dar vueltas, miró a todos y cada uno en la sala, de pronto se sintió asfixiada, se aferró a la mesa para no caer.

El Rey Elfo se levantó del trono y el silencio volvió a prevalecer en el recinto. Las miradas se dirigieron hacia el rostro serio del monarca. Lothíriel alzó sus ojos y observó a Thranduil. –Majestad, esto…- decía la afligida elfa.

-Responde- exigió implacablemente Thranduil.

De los ojos de Lothíriel pequeñas lágrimas empezaron a nublarle la vista, respiró profundo, se limpió las lágrimas. –Supe que no regresarían y cómo morirían…- dijo Lothíriel mirando directo a los ojos a Thranduil cuyo rostro se había ensombrecido.

Ivorwen se puso de pie con ayuda de sus muletas. –Rey Thranduil, Mis Señores del Tribunal, mi nombre es Ivorwen, hija de Belthil, soy del Pueblo del Valle. Puedo dar mi testimonio, Lothíriel y Vorondil me salvaron la vida pero, Mi Lady salvó a mi pueblo de una muerte segura a manos de las huestes oscuras, nos ayudó a evacuar, nos protegió, combatió contra los orcos, cobijó a un bebé huérfano, nos dio valor cuando creíamos todo perdido. Y usted, Señor del Bosque Verde, nos ha rescatado de la enfermedad y el destierro. A mi parecer, si se me permite expresar mi opinión, se le está acusando a Lady Lothíriel de no cambiar sus destinos a su conveniencia y de dejar que la responsabilidad de las decisiones de otros sea expiada por ella ¿Mis Señores, es eso justo?- expuso Ivorwen con aplomo.

-Por favor, Ivorwen siéntate.- dijo su padre en un susurro a la chica. Lothíriel dirigió una tímida sonrisa a la mujer pelirroja.

-Discurrirán sólo lo que ha venido a juzgarse.- aseveró el Rey Elfo dándole una última mirada a Lothíriel y volvió al trono.

-Centinelas me gustaría escuchar su versión de los hechos.- pidió Vorondil. Lothíriel volvió a sentarse miró discretamente al Rey Thranduil, éste la observó y ella desvió la vista al percatarse del fuego de sus ojos.

Los centinelas se pusieron de pie. –Aiya Aranya Thranduil (Salve Mi Rey Thranduil), Honorable Tribunal. Mis compañeros y yo formamos parte de la patrulla norte de la Guardia del Bosque fuimos asignados por el excapitán Seregon; se nos transmitió la orden de Su Majestad, nadie saldría, ni entraría al reino, sin previa autorización o moriría. Durante nuestra guardia nocturna, nos percatamos de un jinete que se dirigía a todo galope a la frontera norte del bosque, de inmediato la interceptamos y descubrimos que se trataba de la hija del Consejero Isilion. Le advertimos de las restricciones, sin embargo, ella parecía preocupada; nos explicó sobre sus visiones, la probabilidad de que se tratase de una trampa y, por ello, la decisión de no dar aviso o involucrar a nadie más.- dijo uno de los centinelas.

-Lothíriel iba sólo con su caballo y arco; no vimos mentira en sus ojos sino una preocupación sincera, decidimos ayudarla le dimos algunas provisiones, una espada y decidimos escoltarla hasta los linderos del Bosque Verde.- explicó otro de los soldados.

-Mientras nos alistábamos y dábamos aviso a los demás guardias, ella escribió en un pequeño trozo de pergamino una nota que pidió le fuera entregada a sus padres. Así se hizo y tengo entendido que el Consejero, se la entregó a usted hîr vuin (mi señor).- añadió el guardia.

Thranduil entregó el pergamino al guardia que estaba cercano al trono y pidió que se lo mostrara a los miembros del jurado, los cuales, leyeron atentamente la nota.

-¿Qué pasó cuando llegaron a la frontera norte?- preguntó Ereb.

-Allí despedíamos a Lothíriel cuando observamos a un jinete aproximarse, dedujimos que se trataba de un elfo, de pronto un Uruk le disparó una flecha y lo mató, el caballo siguió el camino hasta que entró al bosque. Lothíriel empuñó su arco y derribó a la bestia. Y entonces estuvimos más seguros de la decisión que habíamos tomado.- concluyó el centinela.

-¿Y aún le parece una decisión acertada?- averiguó Ereb.

Los guardianes se miraron entre sí y después al Rey Thranduil. –Así es- dijo el centinela.

-Ninguno de los acusados ha considero que el haberse tomado atribuciones que no les competen pudo haber puesto en entredicho la misión al Pueblo del Valle y la seguridad de los elfos del reino. ¿Qué hubiese sucedido si Lothíriel hubiera atraído la presencia de esas bestias al reino?, ¿qué hubiera pasado si Aran Thranduil hubiera caído en aquella trampa?, ¿qué…- estudiaba Lenwë incrédulo ante lo que él juzgaba un acto de deliberado desafío.

-¡Áva quetë! (¡Cálla!) Especulaciones, meras especulaciones. Me parece ocioso concentrarnos en lo que pudo ser.- dijo Thranduil con impaciencia.

-Amin hiraetha Aran Thranduil (Lo siento Rey Thranduil), sólo deseo asentar lo que…- intentaba explicar el Consejero.

-Y nos podríamos pasar varias edades elucubrando lo que podría haber sido. Si los involucrados ya han terminado de dar su testimonio, quiero saber ¿qué sanción creen que merecen sus acciones?- declaró el Rey del Bosque con exasperación.

-Aranya… creo que…- decía dubitativo el centinela. –Faltamos a una orden real y en consecuencia a nuestro juramento. Considero que lo más justo es que se nos releve de la Guardia del Bosque.- sugirió el centinela.

-¿Qué dicen ustedes?- preguntó el soberano a los demás guardias.

-Estoy de acuerdo, hîr vuin (mi señor).- dijo otro de los soldados.

-También yo Aranya (Mi Rey).- respondió el centinela.

Los soldados hicieron una respetuosa reverencia y tomaron asiento.

Lothíriel se levantó, miró al Rey Sinda. –Aranya Thranduil, Honorable Tribunal, confío en su ecuánime resolución.- hizo una reverencia y tomó asiento.

-¿Alguien de los presentes o del jurado tiene algo más que agregar respecto a este caso?- indagó el monarca.

Isilion e Ilmen se levantaron. –Con su permiso Aran Thranduil, somos elfos noldor, seguimos y servimos diligentemente al Rey Oropher y a la Reina Amanthil; no por obligación, no por interés, no por un artificio subyacente sino porque creímos en sus ideales, virtudes y acciones. Los reyes acogieron y favorecieron el vínculo entre los elfos silvanos que, por una u otra razón, habían errado en busca de un sentido de pertenencia. Mi hija fue criada bajo esa misma creencia, mis antepasados pudieron haber cometido atrocidades, estamos conscientes de eso pero es precisamente por ello y, porque condenamos su actuar; que podemos conducirnos de manera diferente.- expuso firmemente Isilion.

-Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil) mi esposo y mi hija son depositarios de la memoria eldar, les ha sido encomendado el honor de iniciar y transmitir la historia de nuestro pueblo a las nuevas generaciones. Y se ha hecho con total fidelidad sin obviar lo que fuimos, lo que somos o lo que podríamos llegar a ser. Nuestra historia, la de los elfos noldor, se les enseña sin tabúes. Si nuestras intenciones fueran maliciosas, esas maleables mentes de nuestros niños, podrían haber sido envenenadas desde tiempo atrás. Nuestra hija ha encontrado el valor en el amor. Evitar lo que se hubiese convertido en una tragedia le ha traído aquí y enfrenta con estoicismo sus consecuencias, pues cree en la justicia de nuestro pueblo, en la de aquellos que aun sintiéndose agraviados por el pasado pueden ver más allá del prejuicio o el temor. Sé que se transgredieron normas importantes sobre las que se cimienta la estabilidad del Reino del Bosque Verde pero, hîr vuin (mi señor) y sin afán de ofender, ¿qué es más peligroso, alguien que acata una orden a rajatabla; sin preguntar o analizar sus posibles implicaciones o alguien que es capaz de tener esa consciencia emancipada?- explicó Ilmen con elocuencia.

-Si me permite Aranya (Mi Rey), sólo quiero pedirle que cualquiera que sea la decisión que tome el Honorable Tribunal, nos permita acompañar a nuestra hija.- pidió el Consejero Isilion.

-Miembros del jurado quiero escuchar lo que tienen que decir antes de deliberar.- pidió el Rey Thranduil señorial desde el trono.

-Acompañé a Lothíriel durante la evacuación del Pueblo del Valle, fui testigo de su impecable actuar, preocupada en todo momento por el bienestar de la gente, ella misma varias veces se puso en peligro para que otros pudiéramos escapar, no la escuché quejarse, ni conducirse erráticamente. Fue ella la que pensó en dónde podríamos refugiarnos y he escuchado que fue gracias a su intervención que el río ha sido saneado.Considero que es un punto importante que no debe pasarse por alto sin queremos llegar a un veredicto ecuánime.- manifestó Vorondil

-Hîr vuin Thranduil (Mi señor Thranduil) es verdad que se ha infringido una norma y que esto puede sentar un precedente para que otros elfos se permitan hacerlo sin que haya consecuencias por ello. No obstante, confío en la sensatez de nuestro pueblo, dadas las extraordinarias circunstancias, de no haberlo hecho ahora estaríamos lamentándonos por una terrible tragedia que probablemente también hubiera sido desastroso para la misión en el pueblo del Valle. Conozco a esa familia y confío en su probidad.- declaró Ereb observando a cada uno de los miembros que se hallaban en el recinto mientras hablaba.

-Es preciso ser cautelosos en estos tiempos inciertos, el que pudo haber sido el más fiel de los aliados puede ser corrompido por la oscuridad y transformado en el más peligroso de los enemigos.- reflexionó con molestia el Consejero Real.

-Si no hay nada más que agregar, les pido que abandonen el recinto mientras el tribunal delibera.- ordenó el Rey Thranduil.

El salón del trono fue abandonado silenciosamente y los asistentes fueron conducidos a un salón contiguo donde fueron resguardados por miembros de la Guardia Real.

Los miembros del tribunal siguieron con la mirada al Rey Elfo mientras descendía del trono. En su rostro era evidente el disgusto. Recorrió en un silencio reflexivo la explanada, los miembros del tribunal se habían puesto de pie y parecían tensos.

-¿Y bien qué sugieren hacer en este caso?- preguntó seriamente el monarca.

En el Reino del Bosque Verde las penas más severas eran: el destierro, éste se aplicaba obligando al sentenciado a abandonar en absoluta soledad, aún si éste tuviese familia, el reino. Se le comunicaba a los otros reinos élficos de la decisión y el inculpado no podía pisar ninguna de esas tierras, ni relacionarse con los elfos. El encarcelamiento perpetuo en la oscuridad y aislamiento absolutos. Sin duda la pena más dura era la muerte y ésta sólo se llevaba a cabo en casos extremos en los que se hubiera comprometido la vida del pueblo eldar.

-Majestad quizá lo más adecuado sea retenerla por un tiempo en las mazmorras, posiblemente al verse aislada pueda develarnos sus verdaderas intenciones…- dijo el Consejero Real seriamente.

El Rey se le acercó amenazadoramente. –¡Basta! ¿Sabes algo más para deducir que algo oculta?, ¿qué esperas que confiese?- indagó el monarca harto.

-Aranya, ella sabía que sus padres marchaban a una muerte segura…- decía alterado el Consejero.

- Áva quetë! (¡Cállate!) ¿Y crees que si mis padres hubiesen sabido lo que pasarían cambiarían su decisión de marchar a la guerra? No permitiré, que fabriques culpables.- levantó la voz el Rey Sinda encarando al Consejero.

-Sé que es difícil de escuchar pero sus padres podrían aún estar vivos de haber tomado las previsiones necesarias. Una oportunidad que les fue negada por Lothíriel, su amada elfa noldor.- aseveró Lenwë alterado.

-Serás arrestado, quizá entonces cuando estés encerrando con tus pensamientos recordarás ¿cómo fue que estabas al tanto de dicho acontecimiento?, ¿por qué si lo supiste en su momento, no fuiste tú el que lo mencionó a los Reyes? Y ¿por qué hasta ahora lo revelas?- decretó el Rey Elfo para sorpresa del Consejero Real quien era sujetado por los guardias reales.

-Esperen, el arresto se hará hasta después que se dicte la sentencia, tiene obligaciones que cumplir.- mencionó mordaz el Rey Elfo.

-¿Me arrestará por decir lo que pienso?- vociferó el elfo.

-Sé que no eres tú el que habla, así que, por cada palabra que pronuncies se agregará un día más a tu detención.- aseguró el soberano.

-Los escucho…- dijo con exasperación el Rey Thranduil a los demás integrantes del jurado.

-Aran Thranduil, consideramos Vorondil y yo, que a Lothíriel se le debe poner al frente de las gestiones con los refugiados; no como un castigo, sino más bien como una responsabilidad.- explicó el maestro sanador.

-Me parece prudente. Lothíriel se encargará de todo lo concerniente a los hombres del Valle hasta garantizarle a éstos la posibilidad de reconstruir su pueblo. Asimismo, los guardias del bosque, serán removidos de sus puestos para que colaboren con ella. No consiento que Isilion o Ilmen se involucren directamente en las gestiones.- declaró el Rey Elfo.

-¿Algo más que deseen agregar?- inquirió el monarca mirando a cada uno de sus interlocutores.

-Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil) ¿qué pasará si nos seguimos dividiendo? El mal ya se ha comenzado a agitar entre nosotros, recordemos aquello que nos une.- pronunció con consternación Anardil. Los elfos se miraron entre sí y Lenwë bajó la mirada hundiéndose en sus pensamientos.

-Iston (Lo sé)- respondió Thranduil.

-Creo que se ha tomado una decisión, háganlos pasar.- dijo el soberano a sus guardias reales.