Capítulo 26
Thranduil dirigió una última mirada a Lothíriel, la cual, bajó el rostro. El Rey Elfo salió de allí, al tiempo que la música cesó y los presentes desconcertados miraban la escena.
-Aranya (Mi Rey), los guardias custodian a dos jinetes.- explicó Anardil.
-¿De dónde provienen?- cuestionó el Rey Elfo.
-Al parecer del sur, hir vuin (mi señor).- respondió el guardia.
Cuando el Rey y el guardia llegaron a las mazmorras, unos cuatro elfos custodiaban dos de las celdas en donde habían encerrado a los forasteros. Ambos tenían un aspecto maltrecho, cubiertos por enormes túnicas grises que les cubrían de la cabeza a los pies; la tela que les cubría el rostro sólo permitía que unas largas barbas se asomaran.
-Aran Thranduil, los encontramos cabalgando rumbo al palacio, no pudimos interceptarlos antes porque no habíamos reparado en su presencia, no han querido pronunciar palabra, ni mostrar sus rostros.- advirtió uno de los centinelas.
-Los magos son escurridizos y volubles, a veces creen que las normas de los demás no aplican en ellos. ¿No es así Mithrandir, Radagast?- pronunció el Rey Sinda cruzándose de brazos.
Debajo de los raídos mantos aparecieron dos hombres viejos. Uno de ellos, el más alto era delgado de nariz larga y aguileña, suspicaces ojos azules, barba y cabello largos y blancos, vestía con una túnica gris ajustada con un cinturón, este era Mithrandir. El otro era más bajo, rechoncho, de espeso cabello y barba castañas, redondos ojos azules, y una expresión algo disparatada, Radagast era su nombre.
-Nuestro más respetuoso saludo, Rey del Bosque Verde.- dijeron ambos magos haciendo una leve reverencia.
-Los esperaba hacía días.- advirtió Thranduil.
-Mi señor, queremos que nuestros báculos, pipas y demás pertenencias no sean devueltas, por favor.
-Eso depende de la información que me traigan, vamos a mi despacho.- demandó el Rey Elfo para disgusto de los magos.
-¿Capitán?, ¿qué es lo que hace aquí?- preguntó Radagast al ver al elfo recluido en una de las celdas del pasillo en el que también se encontraban ellos hace algunos momentos.
-Radagast, Mitharndir; maare tulde (bienvenidos).- dijo Seregon desde el fondo de su celda.
-Quetuvalme, a lelyalmë (Hablaremos, vamos).- indicó el soberano.
-Disculpe Lothíriel, ¿está todo bien?- preguntó Belthil.
-Oh, sí. El Rey tenía asuntos urgentes por atender.- respondió la elfa. –Le expondré la propuesta a Aran Thranduil, por favor, si tiene otra inquietud o sugerencia háganmela saber lo antes posible.- pidió Lothíriel al embajador.
-Cuente con ello.- aseveró Belthil.
-Iré a hablar con el responsable de los almacenes.- informó a elfa dirigiéndose a los sótanos del palacio.
-Creí que merecíamos un recibimiento, digamos… menos hostil.- dijo Mithrandir mostrándole al monarca un montón de flechas que había coleccionado bajo el manto.
-Creo que deberé castigar a los centinelas por su pésima puntería.- advirtió Thranduil con una sonrisa sarcástica en el rostro.
-Señor del Bosque, si no hubiese sido por nuestra magia, ahora mismo tendríamos agujeros por todos lados.- advirtió Radagast un poco nervioso.
-Entonces jamás estuvieron en peligro. Además ¿cómo burlaron durante el trayecto a mis soldados?- indagó el Rey Elfo, sentándose en su labrada silla e indicando a los magos que tomaran asiento.
-Un mago puede camuflarse cuando la situación apremia.- señaló Mithrandir. El mago caminó hasta donde estaba la botella de vino del Rey, le dirigió una mirada y éste asintió.
-Creo que todos lo necesitamos.- señaló Mithrandir sirviendo una copa de vino a los presentes.
-Rey Thranduil creo que lo que ha visto es cierto…- señaló el mago de barba blanca. –Ignoro cómo ha logrado introducirse en los pensamientos de la maldad pero, pienso que es una pésima idea seguirlo haciendo, aunque creo que eso ya lo sabe. Lo más peligroso es que el mismo Señor Oscuro lo infiere, no se detendrá hasta depositar en su mente falsos recuerdos, visiones quiméricas, terroríficos impulsos hasta que lo destruya a usted y a su pueblo.- advirtió Mithrandir con el rostro ensombrecido mientras tocaba con uno de sus largos dedos el lugar donde Thranduil había clavado la daga cuando hablara con Lothíriel. El Rey Elfo examinaba a ambos magos.
-Parte del cerco a la fortaleza del Dol-Guldur fue roto y pútridas criaturas han comenzado a infectar el Bosque Verde. Una energía maligna se extiende por el área corrompiéndolo todo a su paso, la sombra camina por allí, no con total libertad aún. No obstante, ya ha comenzado a mover sus piezas, sus vasallos se agitan atendiendo el llamado de su amo.- añadió Mithrandir tomando un gran sorbo de vino.
-Sus enviados fueron atacados y manipulados por ese mal. El Capitán fue usado como medio para asesinar a su Consejero. El Señor Oscuro no ha conseguido materializarse por eso debe buscar intermediarios que cumplan sus deseos. El envenenamiento del río pudo haber sido más grave si no se hubiese intervenido oportunamente, el agua baña las tierras y alimenta otros afluentes lo que hubiera envenenado todo, convirtiéndolo en una catástrofe.- expuso Radagast mientras acariciaba su barba nerviosamente.
-El Señor Oscuro teme a lo que podría gestarse en el Bosque Verde, por lo tanto, enviará espías, reavivará las discordias para dividirlos, atizará los sentimientos más oscuros de los elfos y cuando estén quebrados, lanzará su golpe final.- manifestó Mithrandir de pie junto al recién reparado ventanal.
-Y por lo que hemos percibido ya ha comenzado.- señaló Radagast bebiendo de un jalón el vino de su copa. –Su Capitán y Consejero encerrados, otro Consejero muerto, y la oscuridad violentando su alma.- añadió.
Thranduil se levantó de su asiento, no pronunció palabra, sólo caminó pensativo por la estancia.
-En cuanto a la estrategia que ideó, surtió efecto, los elfos sirvieron de señuelo y pudimos invocar un poderoso conjuro para sellar la fortaleza. Eso sólo nos dará tiempo, no es una solución definitiva, por ahora no creo que la haya.- advirtió Mithrandir sirviéndose más vino.
-Rey Thranduil ni su poderoso ejército o el de otras tierras pueden hacer frente a tan abrumador poder maligno. El tiempo que hemos conseguido será valioso para averiguar lo que necesitamos saber y comprender para enfrentar a Sauron.- expuso Radagast de pie junto a la silla en la que antes estaba sentado.
-Hay sucesos que aún deben pasar, en los que es importante no intervenir y allí encontraremos las respuestas a nuestras inquietudes.- reflexionó ensimismado Mithrandir.
-¿La sugerencia es hacer nada?- indagó Thranduil incrédulo.
-La paciencia, el análisis de los sucesos y el entrenamiento del discernimiento, no es hacer nada.- contestó Mithrandir observando detenidamente al Rey Elfo.
-Es momento de cultivar nuevas alianzas y recuperar las antiguas. Elfos, hombres, enanos, magos, hobbits; todos los habitantes de la Tierra Media tienen la responsabilidad de combatir y destruir el mal. De otra manera, temo que será inútil cualquier movimiento en solitario.- analizó Radagast tropezando con la silla cuando pretendía acercarse a sus interlocutores.
-¿Esperar qué?, ¿qué tendría que pasar para que podamos tomar una decisión?- cuestionó Thranduil estudiando la expresión de ambos magos.
-Las cosas sucederán cuando tenga que ser, ni antes, ni después.- afirmó Mithrandir volviendo a llenar su copa.
-Creo que el vino y el tabaco han comenzado a nublarles el juicio ¿sabes qué significa lo que ha estado pasando? Atacaron al Capitán de la Guardia del Bosque y asesinaron al Consejero, lo que se traduce como: la violación de la seguridad del Reino del Bosque, el extermino paulatino de la memoria y sabiduría eldar. Emboscaron a los hombres para sacarnos de nuestra tierra, tropas orcas en nuestras fronteras y ahora los hombres están refugiados en el Bosque Verde. ¿Tienen idea de la situación tan precaria en la que nos encontramos?- advirtió Thranduil con frustración ante la aparente actitud displicente de los magos.
-Majestad comprendemos su preocupación, temo que por ahora es todo lo que podemos hacer, el cerco resistirá y el tiempo que tome deberemos aprovecharlo con sabiduría.- indicó Mithrandir con las mejillas un poco coloradas por el vino.
-Sus guardias comenzaron con la caza de las bestias oscuras y nosotros pudimos dar muerte a la desbandada que se desató cuando sus enviados fueron descubiertos. Rey Thranduil, usted ha contribuido a erigir la luz que penetrará la oscuridad, debe confiar en eso.- dijo Radagast.
-Es hora que confiemos en nuestra intuición y aprendamos a leer más allá de las palabras.- analizó Mithrandir.
-Cuando el cerco se rompa mi pueblo será la primera línea de defensa y me pides que confíe en que los demás harán su papel.- reflexionó el soberano exasperado.
-Sí, así es.- sentenció Mithrandir. –Los elfos deben olvidar sus diferencias y unirse, esa es la gran labor que se le ha encomendado al Rey del Bosque Verde.- explicó.
-No seré parte de uno de tus planes si no estoy al tanto del más mínimo detalle.- sentenció Thranduil molesto.
-El único plan que tengo por ahora es el que le he expuesto. Debo investigar más a fondo y para ello requiero, Rey Thranduil, que se me permita conocer los detalles de lo que ha acontecido recientemente y, sobre todo, estoy interesado en saber quién ha sido capaz de expulsar la lobreguez de la tierra y el agua.- dijo Mithrandir al absorto monarca.
-Su Majestad queremos que sepa que nosotros compartimos su inquietud, somos parte de este mundo y sólo pueden ser honrados el origen de nuestros poderes cuando somos capaces de emplearlos para cumplir con la voluntad de Ilúvatar y los Valar. Le pedimos que confíe en nosotros.- manifestó Radagast.
-Conversaremos con Seregon, necesito escuchar la versión conjunta de lo que pasó, además requiero su presencia durante el juicio al que será sometido. Por otro lado, después los reuniré con Lothíriel.- decidió Thranduil.
-¿Lothíriel?- preguntó Mithrandir.
-Ha sido gracias a ella que los hombres lograron escapar y la maldad fue expulsada del río.- explicó el Rey Elfo dirigiéndose nuevamente a su escritorio.
-Ya veo, algo me decía que esa pequeña contaba con extraordinarios poderes.- señaló Mithrandir.
-Anardil trae a Seregon e informa a Isilion.- ordenó el soberano al guardia apostado a la entrada del despacho.
La reunión se prolongó por varias horas, se confrontaron las versiones, se reunieron los detalles. El relato de Seregon fue prácticamente confirmado por los magos. Sin embargo, había un elemento que no encajaba y que Symbelminë había mencionado también. Los magos habían visto un jinete que se había internado a la fortaleza, no habían podido ver de quien se trataba porque estaba cubierto por una túnica negra que lo envolvía por completo, les había sido imposible seguirlo debido a que habían tenido que contener el cerco y acabar con las criaturas malignas. Por otro lado, Seregon no había visto a ningún jinete.
-Por lo que escucho no creo que se trate de uno de los espectros de Sauron, ya que no tendría motivo para ocultarse y, en todo caso la instrucción de aquél ser sería la de eliminar a los elfos, no sólo a Seregon y Elendë, sino liderar el asalto al Bosque Verde, probablemente se trate de un espía.- reflexionó Mithrandir.
-Díganos Majestad ¿sospecha de alguien?- averiguó Radagast.
-Elmoth, el orfebre, fue quien encontró a Seregon y a Elendë. La misión que les encomendé a ambos se mantuvo en absoluta reserva, así que, ¿cómo pudo ser coincidencia su intervención?- analizó el soberano desde su amplio escritorio de roble.
-Pero, Aranya (Mi Rey), si Elmoth fuera un espía o un aliado de Sauron debió haber terminado con mi vida y así evitar que yo regresara y le confirmara sus sospechas. Por otro lado, si lo hubiese hecho, la oscuridad bien pudo darle el cobijo adecuado para que nadie sospechara de su actividad.- cuestionó Seregon.
-Quizá porque tiene más que ganar y porque quiere que eso pensemos ¿por qué asesinar a un elfo cuando puede matar a los habitantes del Bosque Verde llegado el momento oportuno?- respondió el soberano.
-Hir vuin (Mi señor) coincido con que Elmoth es un elfo de extraños comportamientos, sin embargo, cuando lo atacó por la espalda en el campo de entrenamiento pudo haberlo herido de gravedad y pareció haber fallado a propósito…- recordó Anardil para sorpresa de los demás que no estaban al tanto de tan grave incidente.
-Eso es realmente grave ¿por qué no se le arrestó?- indagó Isilion.
-Ese elfo puede ayudarnos a develar algunos enigmas.- respondió Thranduil.
-U-iston Aran Thranduil (No lo sé Rey Thranduil), creo que Elmoth ha tenido la ocasión para cumplir con los designios de la maldad, en caso de estar a su servicio, pero no lo ha hecho. Se trata de un elfo muy afectado por la muerte de sus padres, para nadie es novedad que lo ha culpado a usted. Además, si me permite, el orfebre ha estado enamorado de mi hija desde que lo recuerdo y Lothíriel sólo lo ha amado a usted. No debemos menospreciar los impulsos pasionales que pueden desatar los celos y el rechazo. Por ello me es difícil creer que Elmoth, errático como es, pueda involucrarse en una traición, ya que, implicaría incluso la vida de quien dice amar.- manifestó Isilion.
Thranduil observó a Isilion, el silencio en el despacho prevaleció por unos minutos…
-No lo entiendo Aranya Thranduil (Mi Rey Thranduil), si sospecha a tal grado de Elmoth ¿por qué le delegó la responsabilidad de la Guardia del Bosque Verde?, ¿no es eso arriesgado?- cuestionó Anardil inquieto evaluando los rostros preocupados de cada uno de los presentes en la reunión.
-Creo que el Rey Thranduil tiene sus motivos y si ustedes confían en él, lo seguirán aunque sus elecciones no alcancen a comprender.- pronunció Mithrandir.
-Confiamos plenamente en usted Su Alteza, estamos aquí para aconsejarle y, de ser el caso, señalar aquello que a nuestra consideración podría estar errado o poner en peligro al pueblo.- indicó Isilion seriamente.
-Iniciaremos en unos momentos más el juicio sobre Seregon, ya que estamos reunidos y discurriendo sobre el tema. Pasaremos al salón del trono, reúnan a los involucrados, ya fueron informados aquellos que conformaran el jurado.- indicó el Rey Elfo poniéndose de pie, los presentes lo hicieron también.
-Como ordene.- dijo Anardil saliendo del despacho.
-Isilion conduce a Mithrandir y Radagast al salón del trono.- demandó el Rey Elfo saliendo de la sala.
Después de algunos instantes estaban los elfos requeridos esperando en el salón del trono: Ithil la viuda de Elendë; Seregon excapitán de la Guardia del Bosque Verde. El jurado integrado por Mithrandir, Radagast, Isilion, Anardil e incluso Lenwë; presidido por el Rey Thranduil. Acudieron a la cita Elmoth y algunos de los guardianes del bosque. A nadie más se le autorizó presenciar el juicio.
Cada uno de los presentes testificó, se expusieron hipótesis, se interrogó a Seregon durante largo tiempo. Lenwë tenía un aspecto confundido y abstraído, participó muy poco. Pero Radagast estaba muy al pendiente del Consejero Real analizándolo. Hasta que llegó el turno de Elmoth de testificar, el cual, había permanecido con una actitud de franco fastidio.
-Espero que recuerden, mis señores, que no soy yo el que está en juicio.- expresó Elmoth poniéndose de pie.
-Contestarás lo que sea que se te pida.- demandó Isilion con irritación ante el irreverente elfo.
-Explícanos ¿cómo fue que encontraste a Seregon y Elendë?- preguntó Isilion.
-Como ustedes saben, soy orfebre y me gusta investigar nuevos sitios en busca de piedras preciosas. Viajé hacia el sur, rumbo a las montañas del bosque con un poco de suerte supuse que encontraría lo que necesitaba, escudriñé por varios días, desafortunadamente no encontré nada allí. Entonces cabalgué unas leguas más allá del Camino del Bosque Viejo cerca de las montañas, entré a una de las cuevas del lado oeste, finalmente encontré un par de diminutas gemas blancas. De pronto, escuché acercarse un par de caballos, creí que eran los guardias y salí de inmediato de la cueva para explicar el porqué de mi estancia en la zona. Me sorprendí cuando observé a la distancia que uno de los jinetes era trasportado de forma extraña sobre el animal, el otro montaba tambaleante abrazado al cuello del caballo y parecía murmurar algo ininteligible. Me acerqué con sigilo empuñando mi daga, cuando los reconocí, inmediatamente los ayudé.- explicaba Elmoth frente a la mesa del jurado.
-Supongo que tendrás pruebas de lo que dices.- manifestó Anardil.
-¿Qué era lo que murmuraba Seregon?- preguntó Mithrandir.
-¿Fuiste detenido por los guardias del bosque?- cuestionó Radagast.
-¿Sabes que está prohibida la salida del Bosque Verde?, ¿eres consciente que debías haber informado de tu expedición por el reino? , ¿a qué se debe tu constante desafío a las órdenes del Rey Thranduil?- indagó Lenwë saliendo de su estado de confusión.
-Está bien, está bien… dejémosle hablar.- pidió Mithrandir con los manos cruzadas sobre su regazo.
Elmoth observó a los presentes, se encaminó hacia el jurado, hurgó dentro de una pequeña bolsa atada a su cinto y mostró las brillantes gemas blancas. – Estas joyas fueron las que encontré en aquellas montañas. Cuando reconocí al Capitán y al Consejero, me acerqué a ellos, de inmediato supe que Elendë estaba muerto y Seregon estaba semiconsciente, miré con aprehensión a mi alrededor pensé que probablemente eran perseguidos pero, nada vi. Pregunté al Capitán ¿qué había pasado?, sin embargo, repetía "¡Cállate!, ¡No quise hacerlo, mi familia!" Después me observó creo que no me reconoció y se desmayó.- explicó Elmoth.
-Como dije, no recuerdo qué fue lo que pasó, supe que alguien nos había encontrado. En efecto, no supe de quien se trataba o a dónde nos conducía y francamente no me interesaba.- declaró Seregon.
-El por qué los guardias del bosque no me detuvieron, no lo sé, sentí su presencia en diferentes momentos, sólo me vigilaban.- indicó Elmoth observando suspicazmente al Rey Elfo.
-A Elmoth sólo se le vio con intermitencia cabalgando al sur, no se le det…- decía uno de los guardias cuando fue interrumpido por Anardil.
-Ordené que no se le detuviera, tengo motivos para sospechar de él y sus actividades.- admitió Anardil.
-¿Puedo saber cuáles son esos motivos?- averiguó Elmoth con soberbia.
-Lo sabes mejor que nosotros. Responde a lo que se te ha preguntado.- demandó Isilion con molestia.
-No, no lo sé Consejero. Mis señores les recuerdo que no soy yo el que está siendo enjuiciado, no fui yo quien mató al Consejero Elendë y no seré yo el sacrificado para elevar la popularidad del Rey Thranduil frente a su decadente reino.- vociferó irritado Elmoth.
-Quizá esa lengua tuya sea la que finalmente te estrangule.- expresó el Rey Elfo con desagrado.
-Con tu comportamiento no haces si no atizar las dudas sobre ti, por favor, ayúdanos a entender lo que pasó. Éste reino es de los elfos, fue el hogar de tus padres, es tu tierra y la de aquellos que amas.- pronunció Radagast.
Elmoth no pudo disimular su estremecimiento ante el comentario del mago. –Y todo me ha sido arrebatado. ¿Por qué debería yo confiar en un monarca que no ha sabido proteger adecuadamente a su pueblo?- cuestionó.
-Todos hemos experimentado el dolor de la pérdida, la angustia y la desesperanza. No podemos simplemente anclarnos allí, la unión nos fortalecerá ante la oscuridad, el rencor te aislará y te arrebatará la vida que se te ha concedido. Quien te despojó de lo que más amabas ha sido Sauron, quien salió a la defensa de la tierra que te ha acogido fueron los Reyes Oropher y la Reina Amanthil seguidos fielmente por su amado pueblo, entre ellos tus padres. El Rey Thranduil ha…- expresaba Radagast cuando fue interrumpido por el soberano.
-¡Basta! Puede pensar lo que quiera, puede irse al infierno si le place. ¡Responde!- ordenó el Rey Elfo con impaciencia.
El Rey Thranduil era como el océano: bello, atrayente, a veces calmo y relajante, lleno de vigor y vida. Otra veces, tempestuoso, amenazante, destructivo, impredecible y atemorizante.
Los presentes guardaron un tenso silencio mientras se removían en sus asientos. Elmoth apretó los puños observando al piso. –Seregon parecía estar teniendo una lucha interna, se agarraba la cabeza como si ésta fuera a desprenderse de su cuerpo en cualquier momento y, aunque tenía varias heridas, ninguna parecía poner en riesgo su vida. Alcancé a entender algo de lo que dijo "la oscuridad camina entre nosotros, la oscuridad está en nosotros"…- admitió Elmoth mientras el jurado se dirigía nerviosas miradas entre sí.
Ithil, la esposa del Consejero Elendë, se miraba las manos entrelazadas sobre su regazo. Durante el interrogatorio había derramado algunas lágrimas. Sin embargo, se debatía entre la tristeza, el rencor, el perdón y la justicia. Había escuchado con atención la experiencia del excapitán, el relato la había sobrecogido: ¿qué había hecho ella en su lugar?, ¿hubiera sido capaz de hacerle frente a la oscuridad? Y si su esposo había entendido antes de morir que habían sido las fuerzas oscuras la causante de ésta, ¿por qué ella habría de culpar entonces a Seregon? Al final del juicio Ithil debía otorgar su indulgencia o proponer una sanción sobre el procesado.
-Hir vuin Thranduil (Mi señor Thranduil), creo recordar vagamente cuando aquellas fuerzas nos atacaron, antes de perder el conocimiento percibí cómo miles de lo que parecían pisadas apisonaban la tierra a mi alrededor, temo que una especie de ejército ha sido liberado de Dol-Guldur.- dijo atribulado Seregon.
-¿Qué nos pueden decir al respecto guardias?- indagó Thranduil, sabiendo que los centinelas cumplían con su labor en la parte sur del bosque.
-Aran Thranduil, no hemos visto nada inusual.- respondió el guardia impresionado ante las declaraciones de los presentes.
-Y no tendrían por qué hacerlo, si el ejército de Sauron en la fortaleza ha sido liberado, el principal objetivo es que éste no sea descubierto mientras aguardan las instrucciones de su amo.- afirmó Mithrandir.
-¿Elmoth qué me puedes decir al respecto? Finalmente te he nombrado como encargado de la Guardia del Bosque Verde.- pidió el monarca.
-Vorondil y yo hablamos con los guardias y no se nos ha trasmitido ninguna información sobre intrusos en el Bosque Verde.- respondió el orfebre.
-Señores, antes de mi último viaje, no sabía de las restricciones que Su Majestad había declarado, hasta que él mismo me puso al tanto. Posteriormente, no me importó, me gusta creer que tengo la libertad de decidir lo que deseo que pase con mi existencia.- expresó Elmoth mientras caminaba de un lado a otro de la explanada frente al jurado. –Además, sí Aran Thranduil tiene tal sospecha sobre mí ¿por qué me ha puesto al frente de la Guardia del Bosque Verde?- advirtió.
-Aranya Thranduil, mis señores. Elmoth tiene razón no es sobre él que la suspicacia debe recaer. He declarado que manipulado por la oscuridad, facilitada por mi debilidad, asesiné al Consejero Real Elendë. Lo lamento profundamente, me arrepentiré por siempre de ello, Ithil le arrebaté a su esposo, su compañero, su amor… Ánin apsenë, alassenyan (Perdóneme, por favor).- pidió sinceramente Seregon acercándose a la viuda.
Ithil se puso de pie, miró a cada uno de los presentes y después se dirigió hacia Seregon. –He escuchado con atención su relato, me estremece saber que pese a nuestra lucha perseverante, la maldad está más que latente pero no sólo en los linderos del Bosque Verde, sino entre nosotros, levantando controversias, agudizando diferencias y dividiéndonos. Excapitán, mi esposo no le culpó, ¿por qué habría de hacerlo yo?
Cierto es que en un principio sucumbí al dolor, busqué culpables y quise venganza, un paliativo que apaciguara mi alma. No me quitó el amor, el amor de mi esposo siempre estará en mi corazón hasta el final. Lo extrañaré, anhelaré su presencia en mi vida pero, mi pueblo me cobija, mi familia me acompaña y yo honraré la vida de mi esposo. No dejaré que en mi alma germine la oscuridad porque si lo hiciera mi esposo habría muerto en vano.
Excapitán Seregon, mi esposo lo tenía en muy alta estima, siempre se expresó de usted con respeto y admiración. No dudo de su lealtad y su sincero arrepentimiento. Lo único que deseo para usted, es que pueda perdonarse a sí mismo.- expresó Ithil con franqueza tomando asiento.
-Le agradezco sus palabras y si puedo redimirme de alguna manera. Haré lo que esté en mis manos para enfrentar la lobreguez que ha vuelto a despertar.- aseguró Seregon regresando a su asiento.
-Elmoth si creemos en sus palabras usted sería entonces…- decía Lenwë cuando el Rey Elfo bajó del trono con paso apresurado y el rostro serio, salió de la estancia mientras los presentes se quedaron de pie contrariados. El monarca fue seguido por Mithrandir, el cual, parecía preocupado.
-¿Man-ie? (¿Qué pasa?)- dijo alarmado Anardil, corriendo tras el Rey.
