Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen.
Perdonen la demora.
Ese momento en que…
No había mucha distancia entre ellos, había ido a reprocharle una acción y ahora estaban a solas en el pasillo. Ya se había olvidado que cosa le iba a decir. Sus ojos se encontraron, sus alientos chocaron y el silencio dominó el momento. Sentía el alocado paso del corazón de ella, solo era cuestión de inclinarse un poco y besarle. Una parte de él decía no, pero otra aullaba desesperadamente pidiendo ese beso. Algo le decía que no iba a encontrarse con resistencia si lo hacía, a pesar que el corazón de ella corriera como un conejo.
Sabía que no correría de él, que no escaparía, cuando sus labios se encontraran. Acortó lo que quedaba de distancia y el maldito ring toné comenzó a sonar. La chica se alejó y le escucho decir "¿Y ahora qué crisis existencial tienes Hilda?".
Que la joven de cabellera plateada no la iba con ellos, eso lo tenían claro todos (por eso sufrían ante la idea de que fuera la futura reina). Pero arruinar un momento, que podría haber sido perfecto.
-Es el colmo.
Varias horas antes.
Tethys tenía una cara de agobio total, Geist no sabía si preguntarle si le pasaba algo o llevarla a un manicomio para tratar su depresión.
-Pregunta. -Dijo la rubia al fin, mientras retiraba con mano temblorosa la lata de refresco de la máquina.
-¿El jefe psicópata te torturo con las modificaciones de la agenda?
-Conseguí nuevo trabajo.
-Ah… Bien… te felicito -hizo una mueca confusa- creo.
-Es mejor trabajo, pero… es mucha la exigencia -la joven rubia estrelló la cabeza con la máquina- estoy cansada… Ya no doy más… -le miro fijamente- quiero que se calle.
-¿Qué cosa se calle?
-El teléfono de mi jefa, me enloquece… Le llaman de todos lados.
-Ah… Bueno, renuncia, y ruégale al otro que te vuelva a contratar.
-Ni que fuera tan sencillo.
-¿Qué temes? Que te pida ponerte de rodillas para volverte a contratar…
-¡GEIST!
-De rodillas para suplicar, no para otra cosa -Sacó su bebida y le dio un sorbo- Mal pensada.
Editorial, un rato después.
-Si cierras la boca y no dices nada… -Kanon no levantaba la vista de los papeles- Puedo volver a contratarte como mi asistente. -Le daré un revés a Milena, veamos quien necesita de otro para solucionar sus problemas.
-Hay gracias.
-Por tu cara deduzco que quieres renunciar como los 150 anteriores…
-¿150? -¿150 personas tuvieron mi cargo antes que yo?
-Yo estoy incluido -Le miró- Aunque a mí me despidió, destruí tres celulares consecutivos porque me volvía loco… Y bueno, un asistente con ese temperamento no sirve.
-¿Entonces estoy re contratada?
-Sí, pero primero avísale a Milena… Va, convencerla de aceptar tu renuncia.
Bar. Al medio día.
-Si Kanon te re contrata… -La chica le miró sorprendida, el hombre lo había planteado como algo imposible.- Suerte con conseguir el trabajo con Kanon… -Hizo una pausa- Ahora si me disculpas, tengo que atender unos asuntos con el embajador Chino.
Universidad.
-Geist.
-Dramas existenciales, consejería amorosa u otras actividades que no me interesan normalmente -Miro a Miho- consultar con otras amigas…
-Esto si sabes.
-¿Qué es? -Le miró, sin sacar la vista del celular. Donde el grupo de esgrima (de las chicas) compartía una foto del profe con el torso desnudo. Geist para sus adentros se preguntaba en qué momento habían tomado esa foto al docente.
-Es que… -la otra estaba roja como un tomate- veras…
-Miho ¿Te recuerdo cuánto dura normalmente mi paciencia?
-Mu me invitó a cenar… y…
-Sabes que no me interesa el romanticismo.
-Sí, lo se...pero que hay si después de la cena quiere…
-¿Postre? -Le miro con un brillo peculiar en los ojos.- Dile que no y ya está.
-Pero…
-Ah… ya veo. -Se cruzó de brazos- Eres una mujer adulta, tú sabrás que haces…
-Geist.
-¿Qué?
-Enserio… necesito.
-Habla con Saori. -La de cabellera violeta, que recién llegaba, les miro confundida.
-¿Yo qué? -La otra se retiró, dejando a las dos jóvenes sola.
-Saori… -La otra estaba roja.
-¿Que te dijo Geist ahora?
-No… es que…
En otra parte de la universidad.
-¿Y si te devuelvo la manzana que obtengo? -Shaina había descubierto el lugar donde Milo iba a comer manzanas en privado y no pudo evitar sacarle la fruta al chico.
-Mmm… ¿Que quieres a cambio? -preguntó Milo, en un peculiar tono seductor.- Si no me las das por las buenas, supongo que tendré que hacer "la carita"
-Me intriga saber cómo es "la carita"... y si esa logra quitarme la manzana. -La puso delante de Milo.
-Pues… es muy seductora- Informó Milo, mientras le daba una mordida a la manzana que la chica aun sostenía.- Demasiado seductora- informó mientras se relamía los labios y metía en el interior de su boca los restos de la dulce fruta.
Cafetería.
-Perdone, fue sin querer, no le vi venir -Seika estaba roja por la vergüenza, tras volcar el vaso de café encima de la pulcra camisa blanca del profesor.
-No te preocupes, Seika, fue un accidente… -Estaba el chico, a pesar que el café caliente realmente le había ardido.- Me… las ingeniare para dar clases…
-Perdone, perdone… -Estaba la chica, una y otra vez, mientras intentaba secar la camisa con servilletas.
-Ya te he dicho que no es necesario pedir disculpas…
Biblioteca. Esa misma tarde.
-¿Acaso esperas el momento preciso para venir a molestarme?
-Quiero hablar contigo.
-Pues por el momento yo no. -Hilda le sacó el libro y el chico alzó la mirada- Quiero estudiar.
-Escucha.
-No, Hilda, tu escucha. -El chico se levanto le tomo del brazo y la llevó a una parte apartada de la biblioteca. - Soy distinto al resto, no puedes venir de golpe a plantearme lo que sea que te haya pasado por la cabeza ¿O ya se te olvido como terminamos en este lio?
-No, no me olvido… aun recuerdo la peste de tu aliento.
-Hilda -El chico cerró los ojos y llamó a su paciencia- Quiero mi espacio, respeta mi distancia… y verás lo fácil que es la vida. -La chica no dijo nada y comenzó a salir, pero al hacerlo lo vio a él. Camus pareció darse cuenta de que pasaba, dado que ambos jóvenes se pusieron en tensión al instante.- Y al final… ¿Vamos o no? -Hilda le miro- Tengo hambre bonita… -Le dedicó una sonrisa seductora, una con la que cualquier chica cae rendida.
-Sí, vamos.
Parque.
-Gracias… -Le miró, dado que Camus no replicaba nada- Dije "Gracias". -Repitió, en ese momento estaban sentados en uno de los canteros de la universidad.
-Sí, te oí… -El chico le miró fijamente- Por cómo reaccionaron ambos, supongo que ustedes dos eran algo...
-Es mi ex…
-Ya veo.
-No vas a decir nada…
-No, no es mi asunto.
-Pero interviniste. -La chica le miró, tal vez Camus no era tan idiota como pensaba...
-Eres mi pareja -Aunque no me guste admitirlo.- Y como tal, tengo que dejarle en claro a los otros que lo eres…
-Espera… -Hilda le miro- Me estás diciendo que eso solo fue una muestra de "macho Alfa" -Preguntó indignada, y ella pensando que Camus no era tan idiota.
-No -El chico se sentó bien y le miro- eso no es algo de macho alfa.
-Y que si es "algo de macho alfa" -A ella le quedaba una duda al respecto, suponía que algo se tramaba el chico u ocultaba.
-Te enojaría saberlo…
-Todo lo que viene de ti me enoja, no se cual podría ser la…-La chica fue callada por un imprevisto beso. La mano de Camus se enrosco en los cabellos de la chica, mientras se aseguraba que esta no rompiera el beso que comenzaba a responder. Corto el beso a propósito y le miro a los ojos.
-¿Te enojo? -pregunto burlón.- Tiene que ser más largo o tal vez… más pasional. Para enojarte.
-Te odio. -Se alejó del chico, pero en eso noto a Sigfrido caminando y volvió junto a Camus.- Te súper odio.
-¿Por casi matarte o por besarte en este momento? -La chica le miró y los labios volvieron a fundirse. Camus abrió los ojos y enfocó su mirada en los ojos que le observaban llenos de rencor. Con toda la sutileza del mundo abrazo a Hilda, atrayendo con cuidado la chica a él.
Le había escuchado murmurar algo de "Hablar con Hilda" y cosas por el estilo, por lo cual era momento de indicar de quién era la chica ahora. El chico se alejó, murmurando cosas por el estilo contra él. Aunque en lo personal no le interesaba que dijera el muchacho, él era mucho mejor.
Vestuarios de mujeres, un tiempo después.
-Geist, por favor…
-¿Qué quieres que te diga?
-Geist… -Suplico la chica, necesitaba que la más sarcástica y realista de su grupo le pusiera los pies en la tierra.
-Hilda. Mi vida amorosa es un fracaso, tiendo a elegir a los peores -La chica se acostó en la banca- ¿Y a mí me vienes a pedir consejo?
-Es que… Con Saori no puedo consultar estos temas, Seika y Miho se ponen de todos los colores y Shaina no atiende el celular.
-Que bueno saber que no soy la primera opción. -Comentó la joven mordaz.
-Geist, tómalo para lo serio… Sabes que no te llamaría a menos que fuera algo… vital
-Es que no entiendo… ¿No se supone que son novios? -Hilda contuvo el insulto, pero que idiota era… Hasta donde Geist sabía ellos estaban en pareja. Se quedó quieta y comenzó a morderse las uñas ¿Como solucionaba ese lío?- ¿Hilda? ¿Hilda estas ahí? -La voz de la pelinegra sonó preocupada.- ¿Hilda?
-Sí, sigo aquí.
-¿Me repites cual es el problema?
-Nos besamos frente a Sigfrido.
-Oh… el tercero en discordia.
-Geist.-Soltó con fastidio.- No es el tercero en discordia.
-Cierto, me olvida, terminaste hace un año con él. -Cerró los ojos, realmente el problema de su amiga no lo entendía.
-Sí, pero…
-Hilda ¿Estas con alguien a pesar de amar otro? -Silencio, su amiga no respondía nada- Hilda… madura, no juegues con el corazón de ese chico. -Corto la llamada- Mataría por una cerveza. -Una lata fría se apoyó en su frente, al alzar la mirada se encontró con el instructor de esgrima.- No voy a besarlo.
-Solo es una cerveza -Informó Shura, pensando como reaccionaria Camus cuando se le pasara esa información.
-Con él, todo empezó con una cerveza -La chica abrió la lata, Shura sabía muy bien que se refería al idiota que le había golpeado a la salida de la práctica.
Continuará.
