Capítulo 30

-Deseo verlo, por favor.- manifestó Lothíriel con los ojos enrojecidos por el llanto.

-Por ahora, ha pasado…- dijo acongojado Mithrandir. –Podrás verlo, sólo te pido que cuides de ti.- agregó enjugando gentilmente las lágrimas de los ojos de ella.

-Lo haré.- acordó la noldorin que corrió inmediatamente fuera de la habitación. Los guardias reales parecían confusos y preocupados. Vorondil custodiaba la habitación donde había permanecido la elfa, al verla, la siguió junto al agotado mago gris. Lothíriel abrió cuidadosamente el portón de roble, el rey estaba siendo acomodado en la cama. Nimphelos y Anardil, acomodaban las sábanas limpias y colocaban los suaves cojines detrás de la cabeza del soberano. En el suelo estaban revueltas las frazadas empapadas de sangre. Radagast estaba de pie a un costado de la cama con un cuenco entre las manos, su semblante era pálido y sudoroso. Cuando observó a la elfa acercarse le dedicó una cálida sonrisa y se apartó para reunirse con Mithrandir en el recibidor de la habitación.

-Aran vuin Thranduil, im gelir ceni ad lin (Amado Rey Thranduil me alegro de verte nuevamente).- expresó Lothíriel besando la frente del inconsciente soberano. Thranduil yacía cubierto por las sábanas blancas, su cabello dorado caía encima de los hombros y pecho, sobre sus ojos un paño humedecido sanaba sus quemaduras. Respiraba lenta y profundamente, su rostro estaba inexpresivo, sus extremidades inmóviles. –No debes preocuparte, tu pueblo está unido y organizados superaremos esta tempestad.- agregó.

Lothíriel se levantó y se acercó a los presentes. –Debemos repartir las lembas entre nuestro pueblo.- apuntó decidida.

-Me encargaré de ello.- dijo Vorondil entregándole una lemba para ella y el Rey Elfo.

-Gracias.- respondió Lothíriel regresando junto a Thranduil.

Anardil y Nimphelos habían terminado de asear los aposentos del rey. Mientras Ereb mezclaba concienzudamente diferentes tónicos que servirían para la curación del monarca. Después de unos instantes abandonaron la habitación, elfos e Istari se sentían agobiados. En el pasillo, los miembros de la Guardia Real y la Guardia del Bosque se acercaron para preguntar sobre el estado de salud del soberano y ponerse a disposición en caso de que pudieran hacer algo más por él.

Los primeros rayos del sol matinal iluminaron la estancia, sacando de su ensimismamiento a Lothíriel, el rey seguía en la insensibilidad, los magos habían regresado a la habitación, con unos frascos y cuencos entre las manos. Continuarían con la sanación de Thranduil.

-Mithrandir, Radagast mauya nin avánië (debo irme).- dijo Lothíriel sin despegar su mirada del rey.

-No creo que sea una buena idea.- aseguró Radagast preocupado.

-Ayudaré en la búsqueda de reservas para mi pueblo y el del Valle, éstos últimos son la responsabilidad que Aran Thranduil me encomendó. Debo cumplir con ello.- indicó ahora observando a ambos magos. –Además ustedes están aquí y sé que velarán por él.- añadió con una sonrisa sutil.

-Prometiste que cuidarías de ti.- recordó Mithrandir.

-Lo haré. Volveré más tarde.- manifestó la elfa.

-Que la gracia de Ilúvatar te proteja.- dijo Lothíriel al oído del monarca. Le tomó la mano y los dedos de él se movieron ligeramente.

Lothíriel salió apresurada de los aposentos, saludó gentilmente a los guardias, corrió hasta su casa, antes de llegar se asustó ante la intempestiva aparición de Elmoth frente a ella.

-Creí que no vendrías.- dijo el elfo con el semblante adolorido y el brazo sobre un cabestrillo.

-Sabías que vendría por eso estás aquí. Espero que tu herida sane pronto.- dijo la noldorin. –Aguarda un momento.- pidió entrando a su casa, corriendo a su habitación se cambió el hermoso vestido esmeralda por su traje de viaje, colocó su arco y flechas sobre su espalda y se reencontró con el orfebre.

-Gwaem (Vamos).- indicó Lothíriel presurosa.

Los elfos caminaron por la nieve y los árboles hasta encontrarse en los linderos del espeso bosque. Allí su padre, madre, Lenwë y Seregon; se reunían discurriendo sobre la salud de Aran Thranduil, sobre los grupos de búsqueda y los alimentos que habían logrado encontrar.

-Aiya (Salve)- saludó cortésmente Lothíriel. La elfa dio un afectuoso abrazo a sus padres.

-Lothíriel ¿qué noticias tienes del Rey Thranduil?- averiguó su padre con semblante serio.

-La oscuridad arremetió contra él durante la madrugada pero logró sortearla. Está siendo atendido por los Istari, Ereb, Anardil y Nimphelos.- explicó escuetamente la elfa pues le resultaba doloroso exponer los detalles de los hechos.

-Por cierto, Vorondil ha venido a solicitar nuestra colaboración para repartir las lembas a los elfos. He convocado al pueblo para comenzar con la tarea.- explicó Isilion.

-Hantalë adar (Gracias padre)- respondió acercándose a él. –Adar (Padre), Consejero, Seregon; Elmoth y yo deseamos unirnos a la búsqueda.- propuso la elfa mirando a sus interlocutores.

-Elmoth no solo puede, tiene la obligación de hacerlo. ¿Por qué no ha coordinado a la Guardia del Bosque?- inquirió Lenwë con fastidio y observando con recelo al orfebre.

-Mi herida ha resultado muy dolorosa y creí que descansar un momento me despejaría la mente.- respondió Elmoth con cierta soberbia en su tono de voz.

-¿Descansar ha dicho, en las circunstancias en las que nos encontramos? ¡Vaya cinismo!- exclamó el Consejero incrédulo.

-Lo importante es que ahora está aquí y estoy segura que colaborará tanto como le sea posible para superar las dificultades.- mencionó Ilmen mirando al orfebre de tal manera de que esperaba que así lo hiciera.

-Es indispensable que busquemos en diferentes sitios, lo que hemos encontrado es escaso pero valioso, así que, no pierdan más tiempo.- indicó Isilion. Uno de los elfos de la guardia corrió a las caballerizas para traer a los equinos.

-Yo iré con ustedes.- dijo Imloth aproximándose a ellos.

-Yo también quisiera unirme al grupo, si es posible.- señaló Belthil, el Embajador del Pueblo del Valle.

-¿Estás segura?- preguntó Lothíriel a Imloth.

-Por su puesto…- dijo en respuesta a lo que le había parecido un desafío.

Los palafreneros llegaron con los equinos. Los elfos montaron, a Belthil se le autorizó la salida con ese grupo. Seregon indicó los caminos que ya habían sido inspeccionados. Así que tomando en cuenta esa información, el grupo decidió cabalgar rumbo a las Montañas del Bosque Verde.

-Hay tristeza muy hondo en tu corazón… alassenyan veleth nin, no dirweg (Por favor cariño, ten cuidado).- expresó Ilmen acercándose a Lothíriel.

-Áva sorya nana (No te preocupes mamá).- dijo Lothíriel sonriéndole a su madre.

El grupo partió, cabalgaban a distancia procurando no perderse de vista, cada uno intentando ser cuidadoso en su búsqueda. Lothíriel escuchó el viento revolver las hojas, y pisadas. A su lado izquierdo vio una sombra avanzar velozmente, siguiéndola. Detuvo el trote del caballo y aguardó. Aquellos sonidos también cesaron; de entre los troncos, distinguió unos ojos curiosos que la observaban, la elfa bajó de su caballo y entonces el ágil animal se acercó a ella. El pequeño cervatillo había casi duplicado su tamaño, se veía fuerte, ágil y saludable. Lothíriel lo reconoció y lo acarició emocionada.

-Pequeño amigo me alegra verte…- dijo la elfa. El ciervo moteado se alejó unos metros y regresó, volvió a hacerlo un par de veces hasta que Lothíriel lo siguió montada en su caballo.

-No debemos dispersarnos.- advirtió Belthil, oteando nerviosamente por los alrededores mientrasseguía a la elfa.

-Lo sé pero creo hay alguien que desea mostrarnos algo.- indicó Lothíriel señalando al pequeño animal que corría veloz entre la nieve.

Lo siguieron bordeando el río en dirección al sur justo a las montañas, durante el trayecto habían perdido de vista a Elmoth e Imloth, sin embargo, el destino parecía ser el mismo aunque por diferentes caminos, lo que les permitiría cubrir mayor terreno y extender la búsqueda.

-¡Maldición los hemos perdido!- advirtió Elmoth frustrado deteniendo bruscamente el trote del caballo, el cual, protestó ante el intempestivo movimiento.

-Así parece, no te apures, los encontraremos en las montañas.- manifestó Imloth observando con atención sus alrededores.

Elmoth descendió del caballo y auxiliado por Imloth recolectaron algunas hierbas medicinales.

Finalmente después de cabalgar por un buen trecho, llegaron al pie de las montañas que se alzaban majestuosas, completamente nevadas y salpicadas de color verde de los árboles que se habían sacudido la nieve. La punta de éstas se perdía entre la niebla blanca que contrastaba con el azul profundo del cielo invernal. Lothíriel y Belthil siguieron a pie por una escarpada ladera, el terreno era muy inestable, los temblores habían producidos deslaves. El ciervo siguió subiendo hasta perderse dentro de una cueva. De pronto Belthil resbaló cayendo un par de metros, Lothíriel le ayudó a incorporarse y continuaron. El viento era más helado y fuerte conforme subían. Al llegar a la entrada de la cueva vieron al delgado ciervo que aguardaba, se introdujeron, la temperatura allí se elevaba algunos grados, el sol se colaba por los resquicios entre la roca.

-Mire.- dijo Lothíriel sorprendida. Verdes arbustos llenos de frutos rojos se apilaban por aquella cueva, en cuyo fondo fluía un torrente de agua cristalina.

-Es maravilloso.- señaló Belthil emocionado. –Gracias…- dijo mirando al nervioso ciervo que se ocultó tras un arbusto.

-Hantalë meldo (Gracias amigo).- expresó la elfa acercándose al ciervo y acariciando su cabeza. Lothíriel y Belthil cortaron los frutos y los metieron en pequeños sacos de tela.

-¿Has podido verlos?- preguntó Elmoth a Imloth.

-No.- respondió la elfa terminando de cortar algunas hierbas comestibles.

-He detectado ceniza a lo largo del camino y grietas en la tierra.- señaló el orfebre.

-Parece que son los vestigios de la penumbra que combatió Aran Thranduil.- opinó la elfa. –Y por lo que veo resultaste herido también ¿qué fue lo que hiciste?- preguntó con cierta intriga.

-Lo que cualquiera en mi lugar haría.- respondió el elfo de ojos azules apretando los puños.

-Supongo que tu amada Lothíriel tiene algo que ver con ello. Por lo que veo serías capaz de cualquier cosa.- mencionó sarcásticamente Imloth.

-Cuidado con tus palabras porque tú y yo no somos tan diferentes.- apuntó Elmoth acercándose amenazadoramente a la elfa.

-Te equivocas.- señaló Imloth alejándose para montar a su equino.

-Creo que podemos considerar que nuestra búsqueda ha sido exitosa.- dijo Belthil levantando los sacos con los frutos.

-Nácë (Eso parece).- Lothíriel había perdido de vista al ciervo, así que salió de la cueva y fue derribada por el ágil animal. La elfa asustada observó que el ciervo yacía sobre la tierra herido en una pata por una lanza de metal que de inmediato fue evaporándose. Belthil corrió hacia ella oteó por el lugar pero no parecía haber nadie.

-¿Se encuentra bien?, ¿qué fue lo que sucedió?- preguntó el hombre preocupado agachándose a un lado de la agitada elfa.

-Nan mara (Estoy bien)…- respondió la noldorin revisando al pobre animalito que daba respingos adolorido.

-Venga conmigo, debemos entrar a la cueva.- señaló Belthil ayudando a Lothíriel que ya cargaba al ciervo. Se metieron en la cueva, la elfa colocó ambas manos sobre el animal, pronunció algunas palabras; de la herida el veneno comenzó a emanar y la laceración cicatrizó lentamente. Al mismo tiempo, ella parecía debilitarse peligrosamente. El ciervo sanado se puso de pie tratando de afianzar sus patas, lamió el lugar donde había sido herido y salió corriendo de la cueva. La noldorin fue sostenida por Belthil que la miraba preocupado.

-Iré a buscar ayuda…- apuntó el hombre pelirrojo al observar la extraordinaria palidez de Lothíriel.

-Oh no, sólo necesito un par de minutos. Me alegra haber podido hacer algo por nuestro buen amigo.- señaló Lothíriel. Belthil acercó el odre que traía consigo y le ofreció agua a la elfa.

-De acuerdo, revisaré afuera.- dijo el embajador del pueblo de hombres. Caminó con la espalda pegada a la pared de roca, aguzó sus ojos y observó con atención a los árboles, la nieve y las rocas próximas. No obstante, no había rastro del agresor. Así que regresó junto a la elfa que estaba sentada recargada en un tronco viejo.

-Ha sido magia negra, la misma que se agita en las entrañas de Dol Guldur y la que se empeña en destruir nuestra forma de vida.- manifestó Lothíriel. –Será mejor que nos preparemos alguien se aproxima.- señaló agitada la elfa empuñando su arco y arrodillándose. El hombre se puso nervioso pero sacó su espada y se apostó a un lado de la entrada a la cueva. Después de un par de minutos apareció la figura de un elfo guardián. Que de inmediato desarmó al hombre antes de que lo atacase.

-Hemos visto la lanza, la Guardia del Bosque está explorando el sitio de dónde provino. ¿Se encuentran bien?- preguntó el elfo atentamente.

-Sí… me parece que Lothíriel…- decía Belthil cuando fue interrumpido por la elfa.

-Estoy bien. Deben ser cuidadosos, Sauron está furioso ante la acometida que sufrió de parte del Aran Thranduil. Los Istari reforzaron el cerco y siento la energía de Lady Galadriel desplazando la lobreguez. Pronto llegará ayuda de Lórien.- explicó Lothíriel incorporándose.

-De acuerdo, daré aviso a los guardianes. Elmoth e Imloth cabalgan hacia acá. Vamos los escoltaré hasta sus caballos.- dijo el elfo que ayudó a Lothíriel con los sacos de frutos. Salieron de la cueva y bajaron cuidadosamente. Hasta que encontraron a sus caballos y colocaron los sacos sobre estos.

En ese instante Imloth arribaba sola. –Elmoth se ha unido a los guardias.- anunció. –Escuchamos que fueron atacados. ¿Están bien?- preguntó escrutando a sus interlocutores de arriba abajo.

-Sí lo estamos.- contestó Belthil. Lothíriel por su parte permaneció en silencio y evitó a la elfa.

-Regresemos, creo que ha sido un viaje productivo.- propuso el hombre pelirrojo.

-Estoy de acuerdo.- dijo el centinela.

-Iré con Elmoth. ¿Puede decirme de qué dirección provino la lanza?- indagó Lothíriel.

-Es peligroso, le sugiero que vuelva, fue usted a la que atacaron.- mencionó Belthil con inquietud.

-Creo que el hombre tiene razón.- dijo el centinela ajustando el cinto en el que había colocado sus armas.

-Dígame o me tomará más tiempo encontrarlo.- exigió la elfa de largos cabellos azabaches. El guardián a regañadientes detalló el lugar de dónde habían visto salir la lanza. Finalmente la noldorin cabalgó hacia allá. Imloth y Belthil viajaron de vuelta al palacio. El guardia dio aviso a sus compañeros de aquello que Lothíriel le había informado.

La elfa cabalgó y llegó al pie de la montaña, pudo ver la cueva donde habían estado, siguió de largo hacia la tupida arboleda frente a esta. Escrutó todo a su alrededor, vio a un par de guardias del bosque y se acercó a ellos. –Aiya- saludó Lothíriel.

-Aiya Lothíriel, se nos dio el aviso que vendría. Desafortunadamente no hemos encontrado al atacante, ni rastro alguno.- dijo un elfo alto de cabellera y ojos negros.

-Encontramos el caballo supuestamente desaparecido de Elmoth. Está muerto, la cabeza le fue cercenada.- advirtió el otro guardia, un elfo delgado de vivos ojos verdes.

Lothíriel se sintió profundamente disgustada, presentía que Elmoth lo había hecho. No sabía que estaba sucediendo con él pero sin duda algo había cambiado. El orfebre siempre había sido un elfo reacio a la autoridad del Rey Elfo, pero no por ello desafiante y arrogante. Pese a mostrarse siempre como un elfo duro y frío, sabía que era leal, protector y sensible. Gustaba de ausentarse por largas jornadas del reino, en busca de sus preciosas joyas y del perfeccionamiento de su oficio. Siempre había sido un amigo confiable e incondicional para ella. Ahora había algo en él que los demás también podían percibir y agudizaba las diferencias con los demás elfos.

-Gracias, creo que cabalgaré un trecho más al sur.- indicó la elfa sin que los guardias pudieran decir palabra alguna.

Después de una larga cabalgata en silencio, pudieron ver el palacio. Se les acercó Lenwë y Vorondil para recibirlos. -¿Dónde están Lothíriel y Elmoth?- quiso saber el Consejero Real.

-Ambos se quedaron a explorar cerca de las Montañas del Bosque Verde acompañados por los centinelas.- informó Imloth obviando lo del ataque.

-Creo que las órdenes fueron lo suficientemente explícitas, no debían separarse.- expuso Lenwë molesto.

-Lo sé y lo siento señor. Pero Lothíriel fue atacada, afortunadamente no sufrió daño alguno, pero se quedaron a averiguar sobre el origen de aquél acontecimiento.- dijo Belthil ante el atónito Consejero.

Lothíriel descendió del caballo, Elmoth se encontraba con una de sus rodillas sobre la nieve, su espada clavada al piso y la cabeza gacha, parecía estar pronunciando extrañas palabras que a la elfa le produjeron un escalofrío en la espalda. -¿Elmoth?- titubeó al hablarle. No obstante, éste permaneció inmutable. -¿Te encuentras bien?- preguntó colocándose detrás de él.

-No, no lo estoy.- respondió en un susurro el orfebre y se levantó lentamente dejando su espada clavada en la tierra. –No lo estaré, hasta que poses tus ojos sobre mí. ¡No lo entiendes! ¡No soporto que estés con él, que lo mires, que te preocupes por él! Todo esto me está carcomiendo el alma y estuve a punto de perderte.- mencionó fuera de sí acercándose a Lothíriel al tiempo que la elfa retrocedía sin quitarle la mirada de encima.

-¿Qué te está sucediendo Elmoth? Hay maldad en ti…- pronunció nerviosa.

El elfo la aprisionó contra un árbol, acarició sus cabellos y rostro. –Eres muy hermosa, me volvería loco si te perdiera.- dijo llevando su mano al delicado cuello. Besó su frente, ella temblaba, después agarró su barbilla y depositó un ardiente beso en los finos labios rojos de Lothíriel. Trató de aventarlo pero no podía, el elfo la tenía bien sujeta; además cada vez que se removía, Elmoth apretaba su cuello con el antebrazo de la mano herida. La elfa mordió fuertemente los labios del orfebre, sintió el sabor metálico de la sangre y entonces el elfo detuvo el contacto. Lothíriel aprovechó la ocasión, corrió en dirección a su caballo, sin embargo, el elfo la interceptó, se limpió la sangre de la boca, en su mirada había una rabia incontenible; volvió a acercarse a la elfa acarició su mejilla por la que una lágrima rodaba y en un rápido movimiento le propinó una bofetada enviándola al suelo.

Lothíriel aturdida se llevó la mano a la mejilla, miró a Elmoth quetenía el rostro ensombrecido, adolorido, ausente. Ella se arrastró entre la nieve, el elfo le dedicó una sonrisa lasciva, entonces se abalanzó sobre ella, le rasgó la ropa. Lothíriel pataleaba y manoteaba desesperada, otra bofetada, le nubló la vista. –Tan bellamente inmaculada. Serás mía, jamás de él. Tu muerte está cerca.- le dijo el elfo al oído. Ella se quedó inmóvil, sentía las caricias del elfo recorrer su cuerpo, las dolorosas mordidas desgarrando su piel. Volvió a manotear e intentar zafarse del agarre de su atacante, entonces su brazo fue quebrado, nuevamente los labios ensangrentados del elfo se fundieron con los suyos, sus lágrimas fueron lamidas de sus ojos.

Entonces el contacto se detuvo. –Yo sé que te gusta esto…- pronunció el agresor profiriendo una siniestra carcajada. Lothíriel enfocó su vista nuevamente, su corazón dio un vuelco al observar aquél horrendo rostro desfigurado de ojos de fuego. Volvió a mirar; la cara del atacante cambiaba vertiginosamente adquiriendo la identidad de todos aquellos que había visto morir. Ahogó un grito cuando intentó tocarla nuevamente. Entonces sintió una potente energía que hizo retroceder a aquél espectro que fue desmembrándose aterradoramente sobre ella. La elfa se encogió horripilada.

-Vanya sínomello (Vete de aquí)- escuchó en un susurro la voz de Thranduil aunque él no estuviese allí. Lothíriel salió corriendo a prisa y se internó en el bosque.

El Consejero Lenwë había informado a Isilion sobre la agresión perpetrada en contra de su hija. Ilmen pidió a su esposo que fuera en busca de Lothíriel ya que tenía un mal presentimiento al respecto. De inmediato, Isilion cabalgó acompañado por Seregon, guiados por la información que Belthil e Imloth les facilitaron. La tarde estaba ya avanzada, el frío se hacía más intenso y una espesa neblina cubría el suelo nevado del bosque. Después de cabalgar el largo trecho, se encontraron con Elmoth y un par de guardianes que habían insistido en la búsqueda de la elfa sin resultados. El orfebre comunicó al Consejero y al excapitán los detalles de los últimos acontecimientos e Isilion comenzó a desesperar y a angustiarse por su hija. Así que sin perder más tiempo, reemprendieron la pesquisa.

-Iston Tari meletyalda (Lo sé Majestad)- dijo Mithrandir ante el convulso Rey Elfo que parecía luchar por despertar pero su cuerpo se lo impedía. Los magos entendían el motivo de su inquietud pues ellos también experimentaban el mismo sentimiento: Lothíriel se encontraba en peligro. Los Istari recorrían la habitación de un lado a otro con semblante preocupado, mientras atendían a Thranduil. Anardil y los guardias vigilaban los aposentos.

-¿Lo has sentido Mithrandir?- preguntó el mago de expresión distraída.

-Sí, querido amigo. La luz del Bosque Verde y la de Lórien se han unido.- manifestó el espigado mago de barba blanca deteniendo su frenética marcha. Ambos magos cerraron los ojos y se dejaron llevar por aquella sensación.

No supo cuánto tiempo corrió, ni la dirección en la que lo hacía, simplemente deseaba escapar y esconderse. Aquél ser monstruoso había hurgado en su alma e intentado ultrajarla. Se sentía estúpida al no haber hecho algo más para defenderse, había caído en una trampa, se recriminaba por no haber sido lo suficientemente precavida y juiciosa. Estaba mareada, unas enfermizas náuseas le apretujaban el estómago, su brazo dolía severamente, encontró un amplio tronco hueco, se introdujo allí, se sentó, hundió la cabeza entre sus rodillas y lloró de rabia, frustración, temor…

De pronto levantó la cara, su entorno había cambiado, se encontraba recostada sobre un agradable césped verde, rodeada de flores de vivos y exóticos colores. El sol era agradable, brillante y se reflejaba un pequeño estanque a unos metros de ella. El viento sutil transportaba el agradable aroma de la naturaleza y el canto alegre de las aves. –No temas flor de estrellas, tu luz brilla intensamente por ti y por aquellos que amas. No temas a la oscuridad, no temas a la muerte porque el amor prospera en ti. Aquél que ama y es amado posee la fuerza y el valor que encumbrará su espíritu.- escuchó una dulce voz y pudo distinguir el bello rostro de Lady Galadriel que le sonreía amablemente.