Capítulo 34

-Seregon ¿has hablado con Ithil?- preguntó Luinil conversando con su esposo en la habitación de la pequeña Eilinel, quien dormía profundamente después de un baño caliente y de la atención del sanador.

Ithil, la esposa del fallecido Consejero Elendë, había otorgado el perdón a Seregon, no obstante, habían quedado temas pendientes debido al ataque que tuviera lugar durante la deliberación.

-No he tenido oportunidad de hacerlo…- respondió el excapitán. –Descuida, lo haré.- aseguró con el rostro ensombrecido y dolorido.

-De acuerdo, es importante que ella sepa que cuenta con nuestro apoyo.- opinó la elfa castaña, abrazando a su esposo.

Seregon besó la frente de su esposa y la abrazó. –Han sido tiempos difíciles y temo que esto es sólo la antesala de algo más grande.- manifestó observando con aprensión a su hija.

-Mientras estemos unidos, no importa qué, estaremos bien.- dijo Luinil, Seregon se quedó pensativo, observando a su pequeña dormir, la cual, sollozaba debido a las lágrimas que había derramado, producto de la reprimenda que él le diera.

-Ella estará bien, es una pequeña curiosa, valiente e inteligente. Eres un buen padre, eres su mundo y te ama. No te atormentes, no vivamos en un futuro que no existe, ni en un pasado que ya ha sido, ahora estamos aquí y nos encontramos bien.- expresó Luinil, no obstante, Seregon se mostró completamente absorto en sus pensamientos.

-Se aproximan los jinetes de Lothlórien.- advirtió Lothíriel a sus compañeros. El grupo detuvo la marcha y aguardó.

-Alasse' aurë (Buenos días), afortunado nuestro encuentro.- se saludaron los elfos del bosque y los galadhrim.

-El mensaje de los Señores de Lothlórien ha sido entregado al Rey del Bosque Verde. Díganme ¿podemos hacer algo por ustedes?- preguntó el elfo de cabello trenzado.

-Como saben, el pueblo del Valle, ha sido acogido en nuestras tierras. Numerosa es su gente y sus necesidades, hace varios días ya, el Reino del Bosque fue atacado por entidades oscuras que mermaron gravemente nuestras capacidades. Aran Thranduil me encomendó la tarea de salvaguardar a los hombres hasta que estos regresen a su hogar, por ello, me permito pedir la ayuda de su gente para levantar de las ruinas a este desventurado poblado.- explicó Lothíriel diligentemente mientras los elfos escuchaban con atención.

-Mi Lady, los Señores de Lórien estarán complacidos en proporcionar la ayuda que se requiera, mis compañeros se quedarán, yo seguiré mi camino y volveré con más de mi gente.- indicó el elfo.

-Guren glassui (Desde el fondo de mi corazón, gracias).- dijo respetuosamente Lothíriel.

El elfo de Lórien partió y, el ahora robustecido grupo del Reino del Bosque, cabalgó apresuradamente rumbo a las estancias del Rey Elfo.

-Melda heru (Mi señor) han avistado el grupo proveniente de Imladris a un par de días de aquí, son al menos unos treinta jinetes, encabezados por Lindir. El mensaje fue enviado por Mithrandir quien se encontró con el grupo.- informó el Consejero Isilion.

-¿Se ha ido ya el grupo al Valle?- preguntó el monarca.

-Así es, se reunieron en la armería, se llevaron herramientas, armas y provisiones. De inmediato, se fueron. Elmoth se adelantó con una carreta y un par de caballos, después de hablar con usted se puso a trabajar sobre ese asunto.- advirtió el Consejero Real.

-Espero que se den prisa, ya ha pasado la mitad del invierno y no admitiré que los hombres se queden más tiempo del que se acordó desde un principio. Nuestra gente ya se ha sacrificado lo suficiente.- demandó el Rey Elfo.

-Así se hará.- aseguró Isilion.

-El grupo de Lothíriel y Belthil llegarán esta noche, requiero que vengan a verme cuanto antes.- exigió el Rey Sinda. –Espero que ya se hayan rehabilitado los almacenes.- averiguó, refiriéndose al lugar en el que tuviera lugar el ataque de la serpiente.

-Desde luego Aran Thranduil, el Consejero Lenwë, Radagast y miembros de la Guardia Real ya se han hecho cargo. Asimismo he clasificado y repartido las provisiones que nos fueron enviadas de Lothlórien.- señaló Isilion.

-Retírate.- ordenó el Rey Elfo sin mirar al Consejero.

Entrada la noche, con la niebla cubriendo el bosque y las estrellas brillantes en el cielo despejado. Se escucharon las pisadas de los caballos. El Consejero Isilion fue informado por los guardias del bosque y rápidamente fue a recibir a los viajeros. Se sorprendió al volver a ver a los elfos de Lórien.

-Aiya adar (Salve padre)- saludó Lothíriel seriamente.

-Maare tulde (Bienvenidos), espero que su viaje haya sido productivo.- dijo el Consejero. Los jinetes descendieron de sus caballos, los palafreneros se llevaron a los animales a las caballerizas.

-Creí que se habían marchado a Lórien.- comentó Isilion a los galadhrim.

-Hemos decidido quedarnos a colaborar con ustedes. Mi compañero cabalgó a nuestra tierra para traer a más elfos y avisar de lo acontecido a Lady Galadriel y Lord Celeborn.- anunció el elfo.

-Muy generoso de su parte.- dijo el Consejero Real.

Isilion notó la tensión en el grupo, Lothíriel lucía visiblemente incómoda, Belthil parecía enfermo y resignado.

-Embajador Belthil, Lothíriel; Aran Thranduil desea verlos.- indicó Isilion.

-Anwa adar (Cierto padre), iré enseguida.- dijo Lothíriel retirándose la capa de viaje, el carcaj, el arco y su espada.

-¡Padre has vuelto! ¿Cómo te fue?- preguntó Ivorwen acercándose a su padre y abrazándolo, sin embargo, el Embajador no le correspondió el gesto. –Padre ¿estás bien?- averiguó la chica pelirroja angustiada ante la apariencia y actitud distante de Belthil.

El Embajador, ni siquiera miró el rostro de su hija, sólo atinó a asentir. Siguió al Consejero y a Lothíriel rumbo al palacio a encontrarse con el Rey del Bosque Verde.

Vorondil tuvo un mal presentimiento, se aproximó a Ivorwen que se había quedado confundida observando a su padre alejarse. –Vamos, ve a descansar. Mañana conversarás con tu padre.- sugirió el elfo.

-Sí… tal vez sólo esté cansado por el viaje. Además tiene muchas responsabilidades que atender.- reflexionó inquieta la joven pelirroja.

El Consejero Isilion se anunció en la puerta del despacho, sin embargo, no hubo contestación. Un guardia real se aproximó e informó que el monarca no se encontraba. Así que, el guardia les permitió la entrada al recinto y se quedó vigilante acompañando a los viajeros. El silencio era incómodo, Lothíriel se había acercado a la ventana y observaba desde allí la vastedad del oscuro bosque nocturno. Belthil se había literalmente derrumbado en una silla delante del escritorio de roble. Isilion observaba intrigado la escena sin hacer comentario alguno. El guardia cuidaba cada uno de los movimientos de los presentes desde la entrada.

Después de algún tiempo, escucharon la voz del monarca dando algunas indicaciones a Anardil, instantes después ingresó con paso firme y elegante al despacho. Thranduil vestía su traje de viaje, llevaba su espada en el cinto, tenía rasguños en las manos, su piel estaba enrojecida debido al frío congelante, la herida en el hombro derecho sangraba, ya que su ropa, lo delataba. Miró a los presentes, hizo un ademán para que el Jefe de la Guardia Real y el Consejero Isilion, abandonaran la estancia. Éstos salieron haciendo antes una reverencia.

-Ai Aran Thranduil (Salve Rey Thranduil)- saludó Lothíriel respetuosamente.

-Salve Rey del Bosque Verde- dijo Belthil.

Thranduil los observó examinándolos agudamente. - ¿Cuáles fueron las condiciones?- inquirió para sobresalto de Belthil y reserva de Lothíriel.

Thranduil tomó asiento, colocó su mano izquierda sobre su sien y esperó la respuesta. El Embajador se puso de pie, se llevó la mano a la barbilla y caminó nerviosamente en círculos. –Majestad, los Hombres del Bosque nos proporcionarán semillas, animales y herramientas; a cambio les entregaré en matrimonio a mi hija Ivorwen para sellar la alianza entre nuestros pueblos y asegurar que se les desvuelva lo que se nos proveerá.- explicó Belthil observando al impertérrito soberano.

-El viaje ha sido provechoso entonces. Necesito que se pongan a trabajar, el invierno pasará pronto y no los alojaré por más tiempo en el reino. Un grupo de hombres y elfos ya está en camino a su pueblo para iniciar con la labor de limpia. Tú hija y Vorondil podrán ponerte al corriente.- opinó Thranduil con semblante serio evaluando a sus interlocutores.

-Amin hiraetha brannon nin (Lo siento mi señor), ¿cómo un viaje puede ser provechoso cuando se comercia con la vida una persona como lo ha hecho el Embajador? Esos hombres pueden llegar a ser crueles…- sugirió indignada Lothíriel.

-El objetivo del viaje ha sido satisfecho, las costumbres de los hombres, no nos competen. ¿Tienes algo que reportar en cuanto a nuestros intereses se refiere?- preguntó el Rey Elfo.

Lothíriel se mostraba realmente extrañada ante la opinión del Rey Thranduil. -Tari meletyalda (Majestad), no comparto su punto de vista, ante un acto injusto no podemos simplemente ser meros espectadores, la pobre chica tendrá un triste destino. De haberse explorado otras opciones posiblemente habríamos evitado esta situación.- expuso.

-¿Injusto, para quién? Un triste destino es mejor que un pueblo muerto.- expresó el Rey Sinda.

-Nan (Pero)…- pronunció Lothíriel incrédula.

-¿Qué implicaciones ha tenido esto para el reino?- exigió impaciente el elfo sinda.

-El Embajador Belthil, sugirió que quizá cuando el dirigente de los Hombres del Bosque, conozca a su hija desista de casarse con ella debido a su cojera. Para entonces, el Pueblo del Valle ya habría logrado conseguir lo deseado e Ivorwen podría permanecer a su lado. Sin embargo, considero que esa opción podría acarrear desavenencias entre los hombres e inclusive provocar que éstos se internen en el Reino del Bosque en busca de venganza.- reflexionó Lothíriel seriamente.

-Cuento con que eso no suceda porque entonces me veré en la necesidad de intervenir.- dijo en un tono amenazante el Rey Sinda.

Belthil asintió sabiendo que el soberano enviaría a sus soldados a aplastar cualquier revuelta que pusiera en peligro a su pueblo. –Cumpliré con lo que he prometido, a usted y a los hombres.- aseguró.

-Aran Thranduil de regreso nos encontramos con los galadhrim, como encargada de las gestiones con el Pueblo del Valle, les pedí que colaboraran con dichos asuntos, a lo cual accedieron. El líder del grupo prosiguió su camino a Lothlórien y regresará con más ayuda.- explicó Lothíriel.

El Rey Elfo se puso de pie. –Espero que todo se lleve a cabo en tiempo y forma. Retírate Belthil y más vale que hables con tu hija.- declaró seriamente. El Embajador hizo una reverencia y salió del despacho, escoltado por un guardia.

-Lothíriel acompáñame iremos con Radagast.- indicó el monarca.

-Como ordene, mi señor.- dijo secamente aun dándole vueltas al asunto del Embajador y su hija.

Caminaron en silencio hasta la estancia de los sanadores. Allí estaba Radagast, sentado frente a una mesa con una cantidad innumerable de frascos y tónicos, mientras estaba profundamente concentrado tomando notas en un viejo y polvoriento libro.

-Radagast- llamó el elfo sinda al Istari que dio un respingo y derramó el tintero.

-Majestad, lo siento, no lo escuché entrar. Oh, Lady Lothíriel, bienvenida, espero que haya tenido un buen viaje. Permítanme, por favor.- Radagast corrió a uno de los estantes, sacó el frasco con el líquido plateado.

Lothíriel se asombró al reconocer aquella brillante sustancia. –Savia de los árboles sagrados de Caras Galadhon.- señaló.

-Así es, Mi Lady, fue enviada por los Señores de Lothlórien para ustedes.- señaló el Istari ofreciéndole un poco en un pequeño recipiente.

La elfa de hermosas facciones observó al Rey Elfo y luego a Radagast, tomó el recipiente, percibió la calidez y vibraciones de las palpitantes ondas. Bebió poco a poco, el líquido era inodoro, insípido incluso no pudo percibirlo cuando lo tragó era como si de pronto se hubiese transformado en algo más.

-Aran Thranduil, por favor, beba.- pidió Radagast.

Thranduil asió la copa y bebió de un sorbo todo el contenido. A diferencia de Lothíriel, sintió un sabor sanguinolento. Recordó aquella visión, en la que comía el corazón de la elfa, y su estómago se contrajo violentamente. Lágrimas involuntarias escaparon, dejando a su paso quemaduras en su piel. Sus ojos se nublaron con aquella espantosa lobreguez, entonces volvió a sentir los colmillos de la serpiente taladrar su hombro y calcinar su interior.

Radagast y Lothíriel se aproximaron sumamente angustiados al soberano, sin embargo, éste no permitió que lo tocasen. Thranduil respiraba agitadamente; a tientas se sostuvo de una de las mesas próximas, algunos recipientes cayeron haciéndose añicos. Pudo sentir en su cuerpo, todas y cada una de las heridas de antiguas batallas abrirse dolorosamente, de estas hilillos de una sustancia ennegrecida emanaron. Oleadas de calor recorrieron su cuerpo como el vaivén del mar, el sudor escurría por su frente y nariz humedeciendo el suelo de la estancia.

-Radagast debemos hacer algo…- sugirió Lothíriel, atribulada al ver el estado del monarca.

-Espere, el veneno está siendo expulsado de su cuerpo. Es verdad que ha sido una reacción inesperada pero estará bien.- explicó el mago con semblante nervioso.

Lothíriel agarró un paño, lo humedeció en un cuenco con agua y corrió a lado del soberano que estaba recargado sobre la mesa y se apoyaba precariamente sobre la pared. Recorrió su empapado cabello dorado, tenía los ojos cerrados y un mohín de dolor en sus bellas facciones. Radagast se apresuró a acercar una silla y entre ambos ayudaron al monarca a sentarse. La elfa secó el sudor del rostro del elfo sinda, levantó cuidadosamente la casaca y vio las espeluznantes heridas abiertas. El mago desfiló por la habitación y se dirigió a las pilas, vertió el resto de la savia en agua caliente, salió al pasillo y llamó a Anardil.

-Tranquilo, estarás bien, pasará pronto.- dijo Lothíriel a Thranduil.

Entre Anardil y Radagast ayudaron al alto elfo a levantarse para sumergirse en la pila. Retiraron rápidamente la casaca, su torso estaba surcado por profundas laceraciones, sus brazos y manos estaban lívidos. De la herida hecha por la serpiente supuraban coágulos venenosos, las arterias de su cuello y sienes palpitaban frenéticamente. Lothíriel apartó la vista.

El Istari y el Jefe de la Guardia Real sumergieron al Rey Elfo en la pila. Cuando el cuerpo del elfo estuvo cubierto por el agua se relajó, sus heridas fueron bañadas por la savia, que brilló intensamente ante los ojos atónitos del mago y el guardia; y así fueron cicatrizando y desvaneciéndose de la piel blanca del soberano. Thranduil abrió lentamente los ojos aquella negrura que los opacaba fue disipándose.

-Majestad ¿se encuentra bien?- preguntó Radagast, examinándolo nerviosamente con la mirada.

-Déjenme un momento a solas.- pidió el monarca, aturdido y adolorido.

-Como disponga Aran Thranduil, estaremos cerca.- señaló Anardil, preocupado por el estado de salud del rey.

En cuanto salieron Thranduil se sumergió por completo en la pila y allí permaneció.

Lothíriel había salido del recinto de los sanadores, le había resultado perturbador el estado en el que había visto últimamente al Rey Elfo… ahora estaba aproximándose a su hogar. En la entrada esperaba su madre, la cual, le sonrió dulcemente.

-Yelya vanimelda, im gelir ceni ad lin. A tulë asenyë (Mi hija hermosa, me alegro de verte nuevamente. Ven conmigo.)- expresó su madre abrazando cariñosamente a Lothíriel.

-Ammë, tye-mélane (Madre, te amo)- dijo Lothíriel emocionada.

-Mi pequeña he preparado un baño caliente y un trozo de lemba.- señaló Ilmen acompañando a su hija.

-Hannon le ammë (Gracias madre).- fue a la pila, se despojó de sus ropas, el agradable aroma del agua y la calidez la reconfortó.

-Los tiempos difíciles y los errores son los mejores maestros, de nosotros depende aprender las lecciones para evitar que estos se repitan incesantemente.- reflexionó Ilmen acercando a su hija un paño para que secara su cuerpo y un delicado vestido azul.

Lothíriel observó a su madre largamente, le dedicó una cálida sonrisa, salió de la pila se vistió y comió del trozo de lemba y bebió una agradable infusión caliente; mientras su madre cepillaba su larga cabellera negra. Fue un momento muy agradable por un instante se olvidó de todo a su alrededor.

-Deberías descansar mi pequeña, ha sido un largo viaje.- sugirió Ilmen.

-Saldré un minuto a caminar, necesito pensar.- señaló Lothíriel con congoja en sus ojos grises.

-Como desees, búscame si necesitas algo. Tye-mélane Lothíriel (Te amo Lothíriel)- dijo Ilmen besando la frente de su hija y saliendo de su habitación.

Lothíriel se colocó una abrigadora capa y salió caminando hacia el claro que tanto adoraba. En su camino pasó cerca del campamento de los hombres, allí apreció a Ivorwen durmiendo, y a Vorondil a su lado velando su sueño. El elfo parecía ausente y preocupado. Belthil deambulaba ansiosamente por el campamento mientras conversaba en un murmullo con dos hombres de edad avanzada.

Siguió de largo, caminó y caminó hasta el maravilloso claro, el afluente estaba congelado, por lo que las estrellas no se reflejaban, la gruesa capa de nieve se acumulaba irregularmente por el lugar, sobre todo, en la base de los árboles. Se ajustó la capucha de la capa y se paró cerca del río.

-¿Majestad se encuentra bien?, ¿puedo servirle en algo?- averiguó Lothíriel al sentir la presencia de Thranduil detrás de ella.

-¿Aún estás molesta?- preguntó el elfo aproximándose a Lothíriel, que lo veía intrigada.

-Brannon nin Thranduil (Mi señor Thranduil), no se trata de una cuestión meramente personal, sino de solapar un atropello.- comentó la elfa girándose hacia su lado derecho donde se había colocado el Rey Sinda. Le escrutó con la mirada tratando de evaluar su condición.

-Debes mirar más allá de lo que el primer impulso te dice. ¿Qué pasaría con el pueblo de los hombres si le planteases la misma cuestión?, ¿sacrificarías la vida de todos por la de una sola persona?- reflexionó Thranduil, con el pálido rostro observando hacia el cielo.

Lothíriel se quedó pensativa un instante. –Aran Thranduil, los elfos de Lothlórien respondieron y la ayuda proveniente de Imladris llegará, había otras opciones. Incluso pudimos acudir a los enanos.- opinó la elfa convencida. Preguntándose aún si el rey se había recuperado después de haber bebido la savia de Lórien.

Thranduil la observó adusto.- ¿Crees que la ayuda que se recibe o se proporciona siempre se origina con nobles designios?, ¿qué subyace tras la pretendida solidaridad de los elfos?, ¿te lo has preguntado?- inquirió.

Lothíriel permaneció en silencio por alguna razón comenzó a sentirse horrorosamente ansiosa.

-Bien te lo diré. Nuestro pueblo es la primera línea de defensa contra Sauron y sus vasallos cercados en Dol-Guldur. Mantenernos con vida, facilita las suyas, no teniendo que enviar a su gente a morir aquí y conservando sus tierras lo más alejadas posible de la lobreguez. Si han colaborado para mantener acorralado al Señor Oscuro es porque quieren evitar que éste pueda instalarse en sus reinos. Probablemente les alivia que yo no haya muerto porque entonces mi pueblo de elfos silvanos pediría refugio en las tierras de los noldor, cuyo desprecio data de tiempos antiguos. Además ya no habría quien contuviera a la maldad. ¿Puedes juzgarlos por ello?- razonó el Rey Thranduil, examinando el torrente de pensamientos que atravesaba por la clara mirada de la noldorin.

-¿Qué espera obtener del Pueblo del Valle?- examinó Lothíriel sin poder disimular su desencanto.

-Lealtad y soldados dispuestos a intervenir en caso de un potencial ataque de las fuerzas oscuras.- afirmó Thranduil, llanamente.

-Me he negado a creer que el mundo se maneje en términos de ganar-ganar, he sido una idealista, una ingenua.- manifestó Lothíriel, profundamente desalentada.

-¿Por qué tendrías que ser de otra manera?- averiguó el Rey Elfo, colocándose frente a ella.

-Porque quizá así podría entender todo lo que está pasando y evitar que me afecte tanto.- manifestó Lothíriel, desviando la mirada para evitar llorar frente al elfo sinda.

-Lothíriel no tienes por qué cambiar para adaptarte a un mundo que se rige por la lucha constante por y para el poder. Puedes aprender a mirar desde otra perspectiva y encontrar tu manera de vivir en él.- reflexionó Thranduil, intentando aproximarse a la elfa pero esta se alejó.

-Ivorwen y Vorondil sufrirán, mientras sólo miramos, esperando que no seamos nosotros lo que compartamos ese destino.- expresó la elfa ansiando disimular sus lágrimas.

-Vano sería intentar controlar lo incontrolable.- pronunció el Rey Sinda.

-Hîr vuin (Mi señor), ¿por qué debería hacer algo con las visiones que he tenido?, ¿qué he obtenido?- cuestionó con desesperación Lothíriel.

-Porque eres diferente, porque ves el mundo distinto. Crees en el amor, en la esperanza y porque no esperas sino construir el mundo que anhelas.- aseveró Thranduil, para asombro de Lothíriel que lo miró fijamente.

Lothíriel tenía una pregunta en mente, una que empezaba a atormentarla pero que temía hacer. –Thranduil…- vaciló – ¿Qué esperas de mí?- finalmente expresó inquieta.

El Rey del Bosque Verde se acercó a ella, levantó el hermoso rostro de la elfa para mirarla a los ojos. –Que seas feliz Lothíriel.- aseguró.

Lothíriel no se contuvo y dejó salir el llanto, profundo, silencioso e intenso. Cubrió con sus manos su rostro. Hasta que sintió los fuertes brazos del monarca rodearla protectoramente.

-Thranduil, soy una elfa noldor, la sangre de nuestra gente fue derramada por mis ancestros. ¿Confías en mí?- averiguó Lothíriel separándose de Rey del Bosque.

-Por supuesto, que confío, dejaría mi vida en tus manos sin vacilar.- aseguró seriamente Thranduil.

-¿Cuánto tiempo más estarás allí?- inquirió severo el monarca.

Imloth recién había llegado al claro y al ver la escena, los celos hicieron presa de ella. –Lo siento Majestad pero no creo que podamos confiar en ella. Es una noldor, lo envolverá con sus mentiras y después hundirá una daga en su espalda, tal y como su gente lo hizo. En las manos de Lothíriel corre la sangre de aquellos a los que decidió no prestar ayuda desatendiendo un don que le fue entregado por los Valar. Los mismos Reyes del Bosque Verde, sus padres, fueron víctimas de su egoísmo.- manifestó irritada.

-¡Áva quetë! (¡Cállate!) ¡Tú no sabes nada!- expresó molesto el ReyElfo, girándose bruscamente para observar a Imloth.

-Si me disculpa Aran Thranduil, me retiro.- dijo Lothíriel, alejándose para evitar una confrontación con la exaltada elfa silvana.

-No huirás, aclararás tus intenciones ahora mismo.- exigió Imloth deteniendo a Lothíriel por la muñeca.

-No tengo nada que aclarar.- aseveró Lothíriel, zafándose del agarre de Imloth y yéndose.

-¿Man cerig? (¿Qué estás haciendo?)- exigió enfadado el soberano. -¿Quién te crees que eres para repartir semejantes juicios? ¡Estoy harto de tus impertinencias!- agregó hoscamente.

-La maldición de los noldor se instalará entre nosotros.- manifestó intimidada ante la implacable ira del monarca.

-¿Qué es lo que quieres?- inquirió Thranduil, confrontándola.

-Melinyes Aranya Thranduil (Lo amo Mi Rey Thranduil) ¿A caso no se ha dado cuenta?- manifestó Imloth acercándose seductoramente al soberano.

-No te confundas elfa, los dos obtuvimos lo que estábamos buscando en aquella ocasión. Lo disfrutaste puede sentirlo, pero eso no fue sino placer y deseo que se extinguió en aquél instante. Por supuesto, que yo no te amo, nunca podría hacerlo.- declaró hiriente el Rey Elfo caminando alrededor de la elfa.

Imloth sintió una corriente fría recorrer su espalda, sus piernas temblaban y la lágrimas comenzaron a brotar. –¿Me usó, eso es lo que quiere decirme?- preguntó con la voz entrecortada y las manos apretadas.

-No hablaré más de esto, piensa lo que gustes, victimizaste si quieres, lo que te haga mejor para entender la situación. No toleraré más insolencias, ni intrigas. Mantente alejada de los problemas por tu propio bien.- declaró el Rey Thranduil apartándose del lugar.

Imloth se quedó petrificada, tratando de contener el dolor que las inclementes palabras de Thranduil le producían. Recordó que el monarca le había advertido que no esperara más de él, y ella creyó poder salir avante de la situación. Ahora estaba allí con el corazón desgarrado y con una indescriptible ira que la cimbraba desde lo más profundo de su ser.