Disclaimer: Los personajes que aquí aparecen no me pertenecen 7w7 pero si la historia :D es de mi propia autoría, escrita por mi cerebruto, a través de mi propia manito para llegar a mi laptop :3 ... en serio, si no pregúntenle al angelito en mi hombro derecho y al diablito en mi hombro izquierdo... Si es que los ven... :p

Gracias a todas las que leyeron este fic... Las amo!... También a los(as) que agregaron esta historias a sus favoritos y alertas...me hacen muy feliz :3... también gracias a aquellos(as) lectores(as) silenciosos(as)... niños y niñas, ¡no muerdo! Dejen un review y así sabré si les gustó! :3

Lamento mucho tardarme tanto, pero los estudios me están consumiendo poco a poco... lo único que me relaja en estos momentos es escribir y leer.

Espero que les guste este capítulo C:

Ahora...

¡A leer!


Save me


Capítulo 7

– ¡Colócale las cintas de un lado al otro de la camilla para que no mueva más sus manos! – le gritó Sango a las asistentes, mientras ella aplicaba morfina con la esperanza de que Kagome se pudiera tranquilizar. – ¿Cómo se te ocurrió darle eso a Kagome? ¡Sabes que aún está en prueba!

– ¡La usaste conmigo!

– ¡Era un momento de angustia!

– ¡Este también lo fue! No sabes la angustia que viví al saber que me matarían por obtenerla a ella, y que después también lo harían con ella, no tenía opciones, lo único que intentaba era despertarla para poder enfrentarlos… Sabía que con ella podría ganar...

Lo miró culpable. Sango se mordió los labios y mandó a las tres asistentes a que se la llevaran a la sala de prácticas 5P, donde ella usualmente hacía las pruebas de sus "investigaciones".

Con un ademán Miroku comprendió que deseaba que la acompañara. Subieron al ascensor – Bien sabes quién es ella en realidad… Miroku, esta muestra sólo estaba aprobada para humanos… – susurró preocupada. – No sé qué efecto pueda tener en ella.

Ambos salieron del ascensor callados y se dirigieron a la sala de prácticas 5P, de donde las tres asistentes salían. No tenían permitido quedarse allí si no obtenían el permiso de Sango.

Ambos entraron al cuarto pintado completamente de blanco. Una dormida Kagome se encontraba en una cama y con varios aparatos alrededor de ella. También, al lado derecho, había una congeladora que parecía una refrigeradora pero con la puerta transparente, mostrando varios tubos de ensayo, pequeños tarros transparentes con contenidos de todos los colores y jeringas encima de estos.

– Siempre lo digo y siempre lo diré. – habló Miroku para romper con el silencio. – Este lugar me aterroriza.

Sango no le prestó atención y fue a una gran mesa en la que también habían tubos de ensayos en gradillas, algunos tarros de plástico tapados, un microscopio, un par de goteros en un vaso de vidrio y cuatro cajas de diferentes tonos de blanco: Uno contenía jeringas en sus respectivas bolsas selladas, en otra habían guantes blancos esterilizados, otra tenía algodón y la última tenía varias botellitas de alcohol y agua oxigenada.

Se colocó un par de guantes, un estetoscopio que sacó de uno de los cajones "secretos" de la mesa y con una mirada le indicó que él también se colocara unas, ya que tenía la manía de tocar todo aquello que era víctima de su curiosidad.

Se acercó a Kagome y la examinó cuidadosamente.

– Le diré a Hoyo que le avise a Inuyasha y Koga, de repente fueron en mi busca y…

– ¿Como esta Kagome? – llegó Inuyasha gritando y empujando la puerta con fuerza.

– ¡Cuidado!, pudiste haber roto alguna muestra si la hubiera tenido en la mesa. – habló Sango molesta mientras veía el cuello de Kagome. – Ella ahora está dando una pequeña siesta, tuve que darle un tranquilizante.

– Inuyasha. – se le acercó Miroku cerrando la puerta – Ella se convirtió.

– ¿Qué? – miró hacia un punto invisible en la blanca pared – No… No puede ser…

– Sí Inuyasha… – murmuró Sango – Y mejor que haya sucedido ahora. El concentrado que una vez le aplique a Miroku o fue demasiado fuerte para ella o…

– O…

– O Miroku se lo aplicó en un lugar equivocado.

Inuyasha miró a su amigo con sus ojos rojos.

– Inuyasha… Hey, amigo tranquilizate, solo quería que se despertara, tal vez con ella en una pelea con esos vampiros les hubieramos ganado, no sabía que le pasaría esto…

– ¡Pero sabes que NO es como tú! MALDICIÓN, ¡NI SIQUIERA ES COMO YO! – Gritó agarrándolo del cuello de su camisa.

Ante el ruido Kagome abrió los ojos de golpe y empezó a moverse frenéticamente. Felizmente estaba atada a la cama, por lo que los tres presentes se calmaron un poco, mas, esa calma no duró mucho al ver que sus uñas empezaban a crecer y se convertían en garras que empezaban a rasgar la sábana y el colchón, su cabello se convertía lentamente desde las puntas hasta la raíz en azul marino, las iris de sus ojos se convertían en color rojo sangre y su boca se abrió para gritar de dolor mientras un par de colmillos crecían. Su cabeza la movía de un lado a otro como si tuviera un fuerte e incesante dolor de cabeza.

– ¡Sango! ¡Dale un calmante o algo! – gritó Inuyasha tapándose los oídos ante tal ruido.

La nombrada se acerca a la paciente, coloca el estetoscopio en sus oídos y la otra parte lo coloca en el pecho de Kagome.

– No puedo suministrarle calmantes, su corazón se acelera a cada minuto, sería perjudicial para ella. – miró asustada a Inuyasha y a Miroku. Esta situación se estaba saliendo de control debido al estado de Kagome. – Miroku, dime exactamente donde le dio la aguja.

– Pues en el cuello.

– Señálame el lugar.

Miroku se acercó lentamente y con temor de la peliazul, tocó el lugar escondido por un mechón de cabello azul el cual Sango apartó, para poder observar atentamente el punto rojo e hinchado que tenía la joven.

– ¡Por esto no debiste hacerlo! ¡Le aplicaste la inyección un centímetro más abajo de lo permitido! – su mirada era cada vez más preocupante y la culpabilidad crecía en Miroku.

– ¡ESTABA ASUSTADO! ¡Lo admito!, No iba a esperar a que Inuyasha y Koga aparecieran, cada vez más entrabamos a terreno peligroso y si la tenían a ella probablemente la hubieran asesinado… En lo único que pensé luego fue en que necesitaba despertarla para luchar juntos y lo que se me vino ala mente fue esto. – miró a su amigo, quien estaba perdido en sus propios pensamientos.

– Yo… – hablo Sango – Yo… No sé… qué hacer...– se alejó de Kagome y pequeñas lágrimas se deslizaron por su mejilla – Yo… Ella es diferente a todo lo que yo estudié en humanos y vampiros, e intentar examinarla para encontrar el porqué de su comportamiento tardaría mucho tiempo.

– Yo sé a quién le podemos preguntar… Aunque no creo que sepa sobre esto. – Habló Inuyasha, quien hasta ese momento se había mantenido en total silencio – Tal vez… Sesshomaru pueda ayudarlos con esto.

Sango y Miroku lo miraron como si le hubiese salido un tercer ojo. Volver a ver a su hermano era arriesgado, sobre todo si deseaba continuar en este mundo.

– ¿Estás seguro Inuyasha? – preguntó Sango – Después de todo, él dijo que si te volvía a ver te iba a patear el culo, sabes que él siempre mantiene sus promesas.

– No creo que lo haga frente a su esposa.

Miroku lo miró incrédulo mientras Sango respiraba profundamente y sacó una pequeño pañuelo blanco del bolsillo izquierdo de su bata blanca y se puso a secar el sudor de la chica en la cama manteniéndose indiferente ante el comentario de Inuyasha. Ese frío, aburrido y cortante hombre -bueno, vampiro- había conseguido casarse?

– ¿No lo sabías Miroku? – el mencionado niega lentamente – Sango está resentida porque el mismo día de la boda de Sesshomaru tuvimos el enfrentamiento con los miembros de la junta directiva de Express & Asociados.

Inuyasha observó a Sango quien cerraba los ojos con culpa, y Miroku miraba dolido a la chica.

Decidió hacer lo más inteligente en ese momento: Salir.

Tomó el celular que se encontraba en el bolsillo de su pantalón negro y buscó en la agenda aquel número que pensó, nunca llegaría a usar de nuevo… Volvería a contactar a su hermano… tendría que hacerlo por Kagome.

Esperó y esperó, pero nadie contestaba el celular, por lo que decidió llamarlo una segunda -y última- vez.

– Aló, ¿Quién habla? – contestó una voz de mujer. Si no supiera que Kagome se encontraba atravesando una dolorosa transformación, podría decir que por el tono de voz era ella.

– Esto… Busco a Sesshomaru Taisho. – se recostó en la pared contraria a la puerta y cerró los ojos.

– ¿Eh? y… ¿Quién lo busca?

– Dile que lo busca Inuyasha, es… urgente que me hable, por favor…

– Espérame un momento que le aviso. – inmediatamente escuchó las voces de la que parecía ser su cuñada -la misma que le contestó- hablando con su medio hermano.

"Tienes que hablarle, dice que es urgente."

"Yo no hablo con ese bastardo."

"Sesshomaru Taisho, o hablas con ese hombre o duermes en la sala."

"¿Por qué tienes tanta insistencia en que hable con él?, ni siquiera lo conoces."

"Porque sentí su desesperación."

Se escuchó un leve gruñido y leves ruidos.

– ¿Qué quieres idiota? Me despertaste de un merecido descanso. – la grave voz de su medio hermano mayor se escuchó, mientras él trataba de darse una imagen mental de el hombre con quien él hablaba.

– ¿Qué sabes tú de transformaciones semihumanas?

– ¿Me llamaste para preguntarme esa mierda?

– Respondeme.

El silencio reinó entre ambas hasta que un suspiro de parte de la otra línea se dejó escuchar.

– Tendría que ver el caso… Las transformaciones humano-vampìro son más dolorosas que las de vampiro-humano.

– ¿Vampiro-humano?¿Acaso se puede regresar a ser…?

– No te emociones imbécil, eso sólo sucede con los de ambas sangres, de los cuales solo habitan cuatro o cinco en el mundo, uno de los chicos que cuida mi esposa en el orfanato tiene sangre vampira y humana, por lo que estudie su comportamiento diariamente. En el equinoccio de primavera se convirtió por primera vez en un ser totalmente humano, pero al terminarse, Shippo volvía a tener sus garras y colmillos que mi esposa acostumbraba ocultar con un conjuro, ya sabes que un vampiro adulto puede ocultar sus garras y colmillos, pero un niño no, por ello…

– Mierda, ¿Vas a decirme lo que quiero escuchar o no? No tengo mucho tiempo.

– ¿Cuál es ese estúpido caso?

– La hija de Kenta.

– ¿Higurashi?

– Eso parece…

– Voy a la base.

– Pero…

En ese instante se corta la llamada.

Lo último que él quería era ver a Sesshomaru de nuevo. Sólo quería respuestas la condición de Kagome, y ¿Qué recibe a cambio? La visita de su medio hermano.

Escucha abrirse la puerta y observa a Miroku salir de ahí cabizbajo.

– ¿Qué pasó con Sango? – pregunta Inuyasha.

Me miró. Se veía triste y muy decepcionado. – Esa vez que derrotamos a la junta directiva de Express & Asociados, ella se molestó conmigo… así sin más, no me habló por casi cuatro meses alegando que yo la había hecho enojar y ni siquiera me quería decir el por qué, solo uso su molestia por no ir a esa boda para tener una excusa para alejarse de mi.

– ¿Hablas de Sango?

– ¿De quién más?... – suspiró – Sigue molesta por la fiesta de navidad del 2012.

– ¿Qué?... ¿Acaso no le dijiste que te drogaron? – Observó a su amigo negar. – TIENES que decírselo, si ella no lo sabe jamás te perdonará.

– Le intenté decir mil veces que no fue mi intención tener sexo con ella y luego que una tercera mujer llegara. Sabes que yo no la llamé ni lo haría nunca, la droga empezó a hacer efecto en el mismo momento en que casi…

– Omite los detalles idiota, Sango es como mi hermana.

– Prefirió creerle a la zorra de Abisha que a mí… ¿Cómo pensó que yo haría un trío con ella?... ¡Maldición!... ¿Acaso no se da cuenta que, literalmente, beso el suelo que ella pisa?

– Y si me dejas hablar con ella… – Trató Inuyasha de acercarse a él, más Miroku se alejó.

Desde que lo conocía, nunca lo había visto tan abatido como en ese momento. Quién hubiera pensado de que el mujeriego Miroku terminaría rendido ante una mujer como Sango.

– Será mejor que lo dejes así. Yo sólo… – llevo sus manos a su cara y luego las bajó lentamente. – Creo que pediré mi traslado a otra de las bases… Necesito estar lejos de ella por un tiempo.

– Esa no es la solución.

– No la es… pero estoy cansado de esto… y apuesto a que ella también lo está. – Diciendo esto se marchó a paso de tortuga.

Inuyasha negó para sí mismo. No dejaría que su mejor amigo se fuera. Abrió la puerta de la sala 5P. Kagome ya se encontraba más calmada. De su boca aún se veían salir un par de colmillos que chocaban contra su labio inferior haciendo pequeñas incisiones, y a los lados de sus manos, se observaba la manta debajo de ella y la camilla, ambas rasguñadas fieramente.

Ahora no podía tener más dudas más que ella era la heredera de Kenta Higurashi.

La única capaz de matar a Naraku.

La híbrida más poderosa de todo el mundo.

Y ella no lo sabía.

Al lado de ella Sango estaba parada contemplandola con una mirada perdida, como si no la estuviera mirando a específicamente a ella.

– Sango… – La nombrada ni siquiera movió un sólo músculo. – Sango…

– No puedo creerle Inuyasha… yo… quisiera hacerlo pero… no puedo...

Quería gritarle por ser tan malditamente obstinada, pero en lugar de ello, sólo atinó a decir: – Droga.

Ella levantó la mirada y la confusión inunda su rostro. – ¿Qué? ¿Droga? ¿De qué hablas?

– Si… – Inuyasha hizo una leve pausa y continuó. – No sé si habrás visto los análisis que se hicieron de él la mañana siguiente a la navidad del 2012 en la que lo encontramos tirado en la puerta del edificio. – ante su silencio, continuó. – Le echaron droga a su bebida mientras estaba contigo… y, no sé si recuerdas a Abisha…

– ¿La puta a la que Miroku llamó?, Cómo no recordarla. – se enfureció y caminó directamente hacia la puerta.

Antes de que ella pudiese salir él habló – Si... bueno… – Atrajo su atención y ella se volteó – Ella trabajaba en el bar en donde era la fiesta. Le pedimos a su jefe que nos dejara ver las cámaras a cambio de una buena suma de dinero y pudimos alcanzar a ver el momento en que el barman se da la vuelta y ella le entregaba una pequeña bolsa con una sustancia blanca mientras le decía algunas palabras… echó el contenido en la bebida que Miroku… Estaba cien por ciento seguro de que ella los había escuchado a ustedes dos cuando se coqueteaban mutuamente.

– ¿Cómo sabes que…?

Señaló a sus orejas y dijo: – Super oídos, ¿Recuerdas?

Se tapó la cara para cubrir la vergüenza. – Así que... ¿Nos escuchaste hablar sobre quién la tenía más grande en el edificio y a donde me hubiera gustado que me lleve esa noche? – Mientras el asentía lentamente, ella se lamentaba ante la vergüenza. Nadie, nunca la había escuchado hablar tan sucio como lo hizo aquella noche, y el que Inuyasha, quien ella consideraba un hermano, la haya escuchado hablar así, la mortificaba de sobremanera.

– Lamentablemente sí. Luego descubrí que Abisha era una vampira, pero no la maté. Cuando la busqué, la encontré alimentándose de una rata, ella era una novicia del grupo de Naraku… no sabes en los monstruos sedientos de sangre en los que los convierten, ella quería alimentarse de Miroku, pero no pudo hacerlo ante la culpa y lo trajo hasta aquí. L a información que nos dio acerca de los raros experimentos que Naraku hace con los novicios fue vital para nosotros, les inyecta un extraño suero que hace que su sed de sangre aumente a medida en la que el tiempo pasa… – se recostó contra la pared y observó a Kagome mientras hablaba – Ella escapó de milagro una semana antes, pero quería acabar con su sufrimiento y decidió que iba a beber sangre humana.

– ¿Qué hiciste? – preguntó – ¿Acaso le diste un poco de tu sangre para que se calmara? – lo miró burlonamente. Él la miró con seriedad. – ¿Lo hiciste?

– Claro que si no podía dejarla así, hubiera asesinado a otra persona si no lo hacía, me dijo que no fue su intención engañarte diciéndote que Miroku la llamó para un trío, ya ella no lo conocía hasta esa noche, me dijo que lamentaba haberse puesto en esa situación, tanto a ella como a tí y a Miroku.

– ¿Y le crees? – me miró como si la hubiera traicionado.

– Claro que sí, ella ahora tiene un trabajo estable y nosotros le damos cinco bolsas de un sustituto de sangre mensualmente para que no se vea en la necesidad de tomar sangre humana.

– No puedo creerte.

– ¡Ya basta! – Sango lo mira asustada. Sus ojos se habían puesto rojos y sus colmillos hicieron su aparición. – ¡Deja de ser una persona tan obstinada! – inmediatamente Kagome se comenzó a sacudir como lo había hecho antes reaccionando, al parecer, ante la transformación de Inuyasha. – ¡No voy a perder a mi mejor amigo por tu culpa!

– ¡No lo vas a perder!

– ¡Va a pedir su traslado!, No quiere seguir aquí… Las cosas entre él y tú siempre se vuelven tensas cuando él menciona esa noche o cuando tú se lo sacas en cara, ¡Nunca quieres escuchar sus explicaciones y él ya no puede encontrar un momento adecuado para al menos decirte su parte de la historia, prefieres sólo creer en tu triste versión!

Ella se quedó completamente muda. Inuyasha jamás le había hablado de esa manera. El único momento en que se había convertido frente a ella fue cuando la defendió luego de que unos depravados la quisieran violar aprovechándose de que se sentía débil luego de que la convirtieron en vampira.

Sango abrió la puerta y salió tan rápido como su condición se lo permitía, volviendo a su oficina. Con lágrimas en los ojos se prometió así misma que no iba a dejar que Miroku se fuera.

Ella misma iba a buscar las pruebas de lo que Inuyasha decía, y lo haría rápido para evitar el traslado de Miroku.

-.-

Inuyasha respiró lentamente y trató de calmarse para volver a esconder su apariencia vampírica.

Una vez logrado, se acercó a Kagome y trató de tranquilizarla.

– Hey… Kagome, cálmate… tienes que aprender a controlar tus poderes. – acercó su mano a su flequillo para arreglarlo, hasta que ella empezó a hablar y respirar con dificultad.

– ¿Po-po-de-res?

– ¿Kagome? – se asustó – ¿Estas bien?

– ¿Te… pa-pare-ce que… me… si-e-nto… bien? i-dio...ta

– Si, discúlpame, no era mi intención.

– Sie-n-to co-mo… si tu-vi-era… horri-bles cal-am-bres en… to-do… mi… cuerpo…

– Bien… la ayuda viene en camino, sólo… resiste. – se levantó y caminó hacia la puerta, pero antes de que pudiera siquiera tocar la perilla, ella volvió a hablar.

– ¡No!... que-queda… te… conmi-go… por… favor…

– Yo… – volteó, encontrándose con ella estirando su mano con los ojos llorosos – Está bien… me quedaré siempre y cuando puedas estar calmada, ¿Bien?

– S...si.

Se acercó a ella y se sentó a un lado de la camilla sujetando su mano hasta que el sueño la venció. Pero mientras ella se encontraba dormida, hizo preguntas, a las cuáles no podía dar una respuesta inmediata, por lo que agradeció que ella estaba dormida.

¿Por qué te preocupas tanto por mí… Inuyasha?

¿Qué sientes por mí…?

…¿Qué soy?


Muchas gracias por leer este fanfic y espero me perdonen si me vuelvo a demorar en el otro capi :)

Gracias por soportarme :D... y por esperarme :D

¡Dejen reviews!

By: V-a-l-e-a-o-m-e :3