Hola! Tarde un poco esta vez pero espero les guste este capítulo, un saludo muy especial a Alexandria Kousukey a todos los que se toman el tiempo de leer un ratito mi fic.
ADVERTENCIA este capítulo contiene SEXO YAOI (HOMBRE X HOMBRE) ligeramente explícito se recomienda discreción, así que….seamos discretos.
Entrégame tu amor.
Era imposible no caer rendido ante esos preciosos ojos azules, acompañados de ese largo cabello blanco que caía con libertad tras esos estrechos y finos hombros simulando ser una cascada plateada, ahora que lo miraba mejor el brillaba igual que lo hacia una estrella, toda esa luz que emanaba su ser le hacía sentir afortunado de tenerle aunque fuera por unas horas a su lado, ese ángel brillaba para el y era real.
Aun sentado sobre su asiento su cuerpo se movía de un lado a otro mientras cantaba esa pegajosa canción de la cual no recordaba muy bien la letra, pero al parecer Ryou si lo hacía, sus delicados movimientos, su contagiosa risa y esa abrumadora sensación de emoción hacían que su pulso se acelerara, su corazón no podía más con esa euforia.
Jamás imagino que su noche terminaría de esa forma, había imaginado una y otra vez el escenario perfecto en donde volvería a reencontrarse con ese chico, pero en ninguno de esos estaba presente Kaiba ni su propuesta de matrimonio, y mucho menos el estado etílico de su acompañante que cantaba a su lado.
Condujo con rapidez directamente a su apartamento, acababa de llegar a Tokio y no había tenido mucho tiempo para desempacar, pero a Atem siempre le había gustado viajar ligero, su alma aventurera le impedía aferrarse a las cosas materiales, había recorrido gran parte del mundo en esos años que estuvo ausente y de lo único que se había arrepentido en cada uno de esos días era de no haber llevado consigo a su novio de preparatoria.
Los años habían pasado en ambos haciéndoles madurar, aunque Ryou conservaba aun un par de rasgos muy infantiles como sus suaves mejillas y el intenso color azul de su mirada aunque el tiempo era la única cosa sobre la tierra que no podía dejar de fluir, ya no eran unos niños pequeños nunca más tendrían 17 otra vez, pero esas canciones y la compañía de ambos después de tanto tiempo le hacía revivir momentos dignos de su adolescencia.
-Creo que tu chofer nos está siguiendo. - Interrogo con algo de incertidumbre el de cabello tricolor mirando por el espejo retrovisor, ese auto negro había hecho un par de paradas pero les había vuelto a encontrar inmediatamente.
- Lo sé, Roland no va a dejarme hasta que entre a mi departamento esas son las ordenes de Seto. - Contesto con tranquilidad del más joven de los dos sonriendo, las indicaciones que daba el jefe eran las ordenes que eran seguidas al pie de la letra, aunque Roland siempre hacia cierto tipo de excepciones con Ryou y guardaba silencio en cuanto el chico hacia algo indebido como comer comida rápida o salir de vez en cuando a reuniones dentro de casa de Bakura.
- No sé si eso sea bueno. -
- Descuida, no se lo dirá. -
- ¿Estás seguro? -
- ¿Por qué? ¿Te da miedo mi futuro esposo? - La única verdad era que sí, Seto era una persona sumamente poderosa, influyente y con muy mal carácter, ser su enemigo no era una buena opción para nadie, y Atem lo sabía, pero al ver ese angelical rostro se propuso correr el riesgo, ya había enfrentado muchas aventuras antes, así que una mas no le haría daño.
- Roland también se arriesgaría al decirle que me dejo venir contigo así que relájate. - Le calmo el albino mientras se acomodaba nuevamente sobre su cómodo asiento subiendo el volumen de la música y bajando un poco más el vidrio de la ventanilla del auto, deseaba sentir esa frescura de la noche en su piel, lujos como esos eran muy escasos en su caótica vida al lado del CEO.
- Por fin llegamos. - Afirmo el antiguo faraón apagando el motor del auto para salir del vehículo acompañado de un mareado Ryou que le sonrió, dejando que las inquietas manos de Atem se posaran en su estrecha cintura para descender "accidentalmente" por sus caderas.
- No debería estar aquí esto está mal…. - Dijo Ryou sepultando sus sentimientos de culpa dejándose caer momentáneamente en los brazos de Atem, colgándose de su cuello sonriendo por lo bajo, se sentía muy mareado pero estaba feliz, libre por primera vez desde hacía mucho tiempo.
Su mente estaba confundida, por momentos creía ver a Seto a su lado, podía percibir su aroma su fuerte espalda y ese firme agarre, pero después eran los ojos rojizos de Atem los que estaba contemplando y sus manos eran las que lo sostenían, lo único seguro en ese instante era que debía dejar de beber de la manera en la que lo hacía y moderar su consumo de calmantes.
- Espera un poco más se pondrá peor. - Respondió gustoso el de orbes amatista para de un solo tirón cargar al albino y llevarlo directo al elevador sin que este opusiera resistencia, ambos lo deseaban y era algo que necesitaba, su piel reclamaba el cuerpo de Ryou.
Avanzo con lentitud por el corredor, disfrutando del viaje, tratando de estudiar cada detalle nuevo, cada gesto y cada carcajada que Ryou ocultaba con sus manos, el chico era más ligero de lo que recordaba, y era obvio cuando había salido con él en la preparatoria estaba más "lleno" si a eso se le podía llamar lleno, pero ahora su cuerpo tan bien tonificado y definido no se asemejaba al que por noches enteras mantuvo entre sus sabanas. Abrió la puerta con rapidez y encendió la luz de su apartamento dirigiéndose directamente a su alcoba, no quería parecer desesperado, pero de verdad necesitaba poseer el cuerpo de Ryou, explorar cada milímetro de esa perfecta piel blanca bajo sus dedos y lo necesitaba ya.
- No no no no me invitaste a cenar.- Protesto sonriendo el albino sentándose sobre la amplia cama de Atem, su habitación estaba rodeada de cajas de mudanza que aún no había logrado desempacar, pero ese suave y acogedor colchón bajo de si era tan suave que le invitaba a recostarse por completo.
- Cenemos entonces. - Continuo el de cabello de estrella, tomando la quijada del pequeño para dirigirlo con suavidad hacia sus labios, besándolo con pasión por fin, probando ese dulce sabor que creía olvidado, profundizando inmediatamente para poder colocarse sobre él, ya no había marcha atrás, las puertas del cielo se habían abierto esa noche para recibir al Sol de Egipto.
- Pero S-seto….- Los recuerdos y los sentimientos del chico estaban revueltos, se sentía tremendamente mal por lo que estaba pasando en ese momento, pero podía imaginar que Seto estaría haciendo exactamente lo mismo en otro lugar con su amante de hacía tiempo, culpaba al alcohol y a las drogas por su desinhibido estado en ese instante, pero probablemente parte de él también quería estar con Atem, con ese espejismo que se hizo realidad frente a sus ojos, su antiguo novio de preparatoria al que le pregono amor eterno con tanta devoción.
- No digas su nombre no ahora solo relájate. - Con deleite cello esos delicados labios rosados con otro beso, descendiendo rápidamente por su cuello dirigiendo sus manos inquietas por los botones de esa camisa blanca que pronto reposo en el suelo de la habitación.
La suavidad de la piel de Ryou le hacía estremecer en placer, esa felicidad y excitación no podía ser más evidente en sus ajustados pantalones que desabotono con rapidez, sentía que pronto estallaría de emoción y no quería arruinar el momento tan pronto.
- ¿Tienes algo de licor aquí? -
- Creo que ya has bebido demasiado, no necesitas alcohol para esto Ryou sé que lo deseas tanto como yo. - Con delicadeza e interés el espíritu del rompecabezas despojo una a una las prendas que cubrían esa perfecta y esbelta figura de su amante albino que sucumbía ante el ataque de besos y caricias que su ex le proporcionaba, el cuerpo de Ryou era muy distinto a lo que recordaba, esa delicada y fina figura bajo sus brazos hacia que sus ojos no pararan de apreciar cada nuevo detalle, cada roce y cada gemido que escapaba de la garganta del dueño del anillo; Poso las palmas de sus manos sobre sus abdominales alargados y sutilmente coronados por esa estrecha cintura, girándolo para besar esos hoyuelos en su espalda baja que le hacían tocar el cielo.
Intentaba hacer que todo fluyera de forma suave y delicada, pero la pasión que desbordaban sus cuerpos era imposible de controlar, la lucha de cuerpos ya había comenzado, habían probado ese fruto prohibido, esa emoción estaba quemando el corazón de Atem que continuaba besando a Ryou despegando sus manos de esa piel ajustada a su diminuta cintura para poder despojándose a sí mismo de su camiseta blanca que cayó al suelo.
Era tal vez la mejor sensación del mundo el ver el cuerpo del menor regocijarse de placer bajo su hombría, sus hermosos ojos azules ligeramente abiertos y su pecho subir y bajar sin control después de llegar al edén, le hicieron culminar de la misma forma en la que lo había hecho en el pasado. Pero a pesar de eso, de por fin haberle tenido a voluntad, no había saciado su pasión por el muchacho, las horas de la madrugada no le alcanzarían para demostrar cuanto le necesitaban, su cuerpo seguía reclamando la piel del ojiazul.
Continuo besándolo por largos minutos, quería sentir nuevamente el cuerpo de Ryou fundirse otra vez con él, ser uno mismo, memorizarlo, quería identificar cada pequeño gesto que se posaba en su rostro, era magnifico recuperarlo después de todo ese tiempo, todas esas noches en las que había calmado sus ansias de poseerlo solo en recuerdos por fin se hacían realidad.
Se separó un poco del chico que se había quedado dormido al fin exhausto, cuidaría de su sueño como lo hacía antes, miro su espalda por un segundo cubierta por ese espeso cabello blanco descubriendo uno de sus hombros, encontrándose con una horrible sorpresa, ahí estaba ese delicado y pequeño tatuaje de color blanco y azul al igual que su piel, los dragones siempre habían sido el emblema distintivo de su rival y ahora su amado lo llevaba en la piel.
Sabía que había hecho algo mal, que el alcohol probablemente le había llevado a tomar malas decisiones, pero no podía arrepentirse después de eso, Ryou estaba sumamente ebrio y el monarca de Egipto por lo menos sabía que sus cinco sentidos estaban intactos así que tal vez si se había aprovechado un poco de la situación, pero su pasión y su deseo no podían ser controlados ni si quiera por su buena voluntad y menos después de verle así de glamoroso después de tantos años.
Continuo con su labor colocando al pequeño de costado, así podría apreciar mejor su perfecta anatomía, volviendo a sentir ese inmenso placer de estar dentro de su amante, deseando que las horas se volvieran eternas no quería desperdiciar ni un segundo al lado del albino, suplicándole a Ra que esa noche fuera eterna y que el amor y la pasión que sentían ambos no se extinguiera con los primeros rayos de la mañana.
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Odiaba visitar ese horrendo lugar, el olor según los sentidos del afamado CEO era insoportable, no deseaba estar en un lugar tan "deplorable" como ese barrio de la ciudad, pero la maldita insistencia de Joey había logrado convencerlo de hacerlo, tenía que verlo para algo "urgente" y si se trataba solo de sexo no estaría interesado, correría al lado de su prometido a darle una bella sorpresa, esperando olvidar ese mal entendido entre los dos.
Mientras subía las escaleras de ese complejo de condominios se preguntaba si realmente eso valía la pena, si haber dejado a Ryou de esa forma en esa noche en particular era una buena idea, pero tampoco quería que Joey armara un escándalo fuera de la mansión Kaiba repleta de periodistas en una noche tan especial, arruinaría el memento y la noticia que tanto había deseado revelarle al mundo pasaría a segundo plano porque las noticias malas y los chismes de las celebridades siempre opacaban sus triunfos o su felicidad.
Lastimar a Ryou nunca estuvo en sus planes, y un escándalo de infidelidad seria fácilmente tolerado por él, pero el frágil estado mental de su novio probablemente no lo soportaría, a final de cuentas esas acciones solo lastimaba a Ryou y no deseaba que el chico tuviera una recaída y tener que enviarlo a rehabilitación, tenía muy malas experiencias con esos temas y no quería volver a verse involucrado con otro escándalo de esa magnitud, con uno había tenido suficiente.
Abrió la puerta con desagrado escuchando el rechinar de esta al entrar, odiaba visitar a ese imbécil en su casa, sus encuentros siempre se daban en la torre de Kaiba, donde la limpieza estaba asegurada y donde la discreción era parte del compromiso con sus empleados.
Una vez dentro del apartamento fue inmediatamente recibido por el rubio que corrió a sus brazos rodeándolo mientras gimoteaba por lo bajo, su rostro era un mar de lágrimas que no podía contener y quería buscar consuelo entre los brazos de ese hombre que tanto amaba.
- ¡Hey alto! No quiero que manches mi ropa con tus fluidos nasales es un traje muy costoso aléjate de mí Joey. - Dijo con rudeza el de cabello castaño separándose de inmediato del abrazo del más bajo que lo miro con desconcierto, pero el repudio de Seto siempre había sido parte de su relación se podría decir que ninguna palabra dulce había salido de esos finos labios hacia Joey; Ambos llevaban ya un par de meses juntos, meses en los que las golpizas y las humillaciones eran más fundamentales que el sexo, la rudeza con él era algo que ya había aprendido a tolerar.
- Lo siento…..- Dijo el más bajo, tratando de contener esas lagrimas que tapizaban sus mejillas. - ¿Te ofrezco algo de beber? - Interrogo el rubio llevándose las manos a la espalda apenado, haber llamado a Seto tampoco era muy agradable para el sabiendo que no se verían en la torre Kaiba, era probablemente la primera vez que el de ojos castaños llamaba a su amante sin ser contactado antes por el en primer lugar. Trato de disuadir la mirada del otro que le fulminaba con rabia, sentía tanta vergüenza por el deplorable estado en el que vivía que ver a Seto tan deslumbrante como siempre le hacía pensar en lo poco afortunado que era en la vida.
- Dudo que tengas una botella de Russo-Baltique. - Dijo con recelo el mayor molesto, era obvio que un licor tan exclusivo sería imposible de conseguir para un chico como Wheleer, y era cruel de su parte hacerlo tan obvio.
- ¿Agua? -
- Púdrete Joey ¿Qué ocurre? ¿Para qué me trajiste aquí? Te lo advierto si es solo para servirte de consuelo entonces llama a un amigo. - Continuo el millonario caminando por el corredor para buscar un lugar limpio donde sentarse pero al entrar a la diminuta sala de estar decidió permanecer de pie.
Con lentitud el rubio le siguió con la mirada agachada, odiaba ser tan poca cosa al lado de ese hombre, en momentos así deseaba parecerse un poco más a Ryou, siempre había sentido mucha envidia por el albino, la vida le sonreía al de cabellos plateados, era admirado y amado por los demás, Yugi le adoraba, Bakura le protegía y Seto le amaba incondicionalmente, por el contrario sus amistades y las personas en general evitaba a Joey por el tipo de vida que estaba llevando.
- Es que….El cáncer avanzo, los doctores dicen que hizo metástasis…..Mi madre tiene cáncer en el hígado y en los pulmones también…..Serenity dice que deben conectarla a un respirador, pero necesito realizar un depósito y y-yo tenía pensado que…..T-tal vez tú puedas prestarme un poco de dinero, te prometo que te pagare…. - Meses atrás el chico había recibido la devastadora noticia por parte de su hermana que su madre había sido diagnosticada con cáncer, una horrible enfermedad que había consumido su existencia y por lo cual él había tenido que hacer "trabajos" distintos a los que realizaba rutinariamente tratando de ganar dinero extra para pagar el costoso tratamiento que su madre necesitaba y la estadía de su hermana en los Estados Unidos, pero ahora ella estaba perdiendo la batalla y el dinero que ganaba ya no era suficiente y el único con el capital suficiente para sostener un tratamiento así de costoso era Seto su cliente regular.
- Y se puede saber ¿Con que vas a pagarme? ¿Con tu cuerpo? ¿Con trabajo? ¿Con esta horrible casa tuya? No estoy interesado gracias. - Los ojos azules del CEO se posaban en diferentes esquinas de la pequeña habitación en la que se encontraba mientras torcía el ceño.
- ¡Por favor te lo suplico Seto! Hare lo que sea, ¡ lo que tú quieras por favor! - Gimió el rubio comenzando a llorar, estaba harto de su situación, todo ese dinero, esa humillación esa venta de su persona le tenía exhausto, odiaba ser tratado cual juguete para satisfacer las más bajas pasiones de los enfermos hombres que pagaban por sus servicios, solo para conseguir dinero que ni si quiera podía gastar en ropa o comida, era integro para el tratamiento de su madre y la comodidad de Serenity en los Estados Unidos.
El dinero era algo que Joey nunca había anhelado, jamás había sido de su interés ni tampoco había logrado despertar la codicia que ahora con los años había adquirido, pero sabía que el dinero le serviría para solucionar todos los problemas que tenía en la actualidad, si su madre moría o vivía eso era lo de menos, lo único importante para el rubio era que su hermana no sufriera, que ella estuviera feliz, cómoda y que supiera que se había hecho hasta lo imposible para salvar a su madre, vendería cada pedazo de su cuerpo si era necesario para ver a Serenity feliz, ver esa sonrisa en su rostro era el único motivo por el que Joey soportaba todo eso.
- No lo sé, no me convence sería un acto de caridad muy noble de mi parte ¿no crees? - Dijo Seto después de un rato, nunca había caído ante las lágrimas de Joey, pero esta vez estaba pensando más allá de él, se había centrado en la situación en sí, era el momento perfecto para terminar su relación con Joey de la mejor forma, pagándole con ese último favor el chico no volvería a molestarlo y Ryou estaría tranquilo por fin.
-¡Por favor Seto por favor te lo pido por favor! - Continuo el rubio secándose las lágrimas con el antebrazo derrotado, si Seto no accedía no sabía que más hacer, vender uno de sus riñones o robar un banco, algo debía hacer para conseguir dinero rápido.
-De acuerdo creo que si hay algo que puedas darme a cambio que me interesa. - Respondió el más alto para alegría del rubio que sonrió inmediatamente mientras se acercaba a Seto sin si quiera tocarlo, pero ese brillo en sus ojos caoba había regresado.
- Lo que sea, hare lo que tú quieras solo dímelo y lo hare. - Afirmo con alegría el chico, entusiasmado por esa noticia.
- Pagare el tratamiento que tu madre necesita, hare un par de llamadas y la trasladaran al mejor hospital de la región en donde ella viva, hasta que clínicamente ya no haya nada más que hacer, pagare absolutamente todo hasta que ella muera ¿Estás de acuerdo? -
- Si si claro que si muchísimas gracias. - Esa noticia era un verdadero bálsamo para Joey, si el tratamiento de su madre estaba pagado entonces no tendría porque seguir haciendo "trabajos" extra para mantener los gastos de la hospitalización, ese favor era más que caridad, era su libertad definitiva se alejaría para siempre de sus clientes y ahora podría vivir un poco más tranquilo hasta que todo eso se arreglara.
- Mañana será noticia así que te daré un adelanto, me voy a casar con Ryou. - Dijo con orgullo el de ojos azules, esa sonrisa solo era arrancada de su rostro con el recuerdo del albino, jamás había reído de la forma en la que lo hacía con el cómo cuando pensaba en su prometido.
- ¿Qué? F-felicidades creo, ¿t-te casas con Ryou?- La sorpresa no había sido del todo bien recibida por el rubio que trato de mostrar felicidad aunque su corazón se partía a pedazos frente a sus ojos.
- En mi primera oración dije me voy a casar con Ryou ¿eres tonto o solo te haces el tonto? Olvídalo se cuál es la respuesta. - Siguió el más alto acercándose un poco a su interlocutor que lo miro sorprendido, ese porte elegante y su perfecta figura le habían hipnotizado.
- Como dije antes, me voy a casar y no quiero volver a verte otra vez, tampoco quiero que tú me llames ni te acerques a mí o a Ryou y por tu seguridad nunca intentes contactar a la prensa o lo sabré y no te conviene tenerme como enemigo Joey no quiero arruinar más tu deplorable vida ¿te queda claro? -
- E-entendido jamás he pensado en la prensa y menos en molestarte, te juro que será la última vez que nos vemos…..la última. - Continuo el rubio bajando la mirada, estaba triste y eso era obvio, en meses anteriores se habría alegrado pero con el tiempo se había enamorado de Seto, de su espantoso carácter y de su perfecto cuerpo, había soñado un par de veces en las que ambos podrían formar una pareja algún día, pero al ver fotos de Ryou y Seto juntos como pareja esas ilusiones se iban a la basura, jamás podría competir contra ese chico y aunque el CEO engañara a Ryou con él siempre le había recordado su posición como "acompañante" ni si quiera como un amante.
- ¿Es un trato? - La mano de Seto se posó en su barbilla mirándolo por un segundo antes de besarlo con lentitud.
- Si, muchas gracias. -
- ¿Así me vas a agradecer por pagar el tratamiento de tu moribunda madre? Anda tengo un par de ideas que podemos hacer para despedirnos de "esto" camina nos vamos a mi torre, haré la transferencia de fondos en el auto, ah y tal vez te de dinero extra para que vivas en un lugar mejor que esto, cualquiera será mejor que esto.- Fue así que se marcharon con rapidez de ese diminuto apartamento seguidos por un par de hombres más que les llevaron directamente a la famosa torre Kaiba donde las horas pasaron de la misma forma para Seto que para Ryou.
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