Miró fijamente al frente, sin poder sacar de su mente a la vampiresa pelirroja. Una lágrima se deslizó lentamente por su mejilla. ¿Cómo había podido creerla? Era una vampira, por el amor de Dios. Su enemiga natural. Y él era un lobo... Victoria le había encontrado tan solo a las semanas de la primera vez que había entrado en fase, lengañado haciéndole creer que le quería y que Riley era solo un juego. Dolido, se preguntó si le había contado lo mismo al joven vampiro de Seattle pero intercambiando los roles: él era su peón, su juego.

-Habla -le ordenó con voz potente el chico musculoso que tenía delante. Un poderoso instinto le habló desde el interior, ordenándole que elevase la mirada. Dejó de mirar al suelo y le encaró.

El chico, o más bien el hombre, tenía el pelo corto y negro, piel oscura y pómulos altos. Los ojos, oscuros y duros, le miraban sin compasión.

-Habla -repitió con los dientes apretados.

-¿Qué quieres? -preguntó él, sin dejar de mirarle. No quería obedecerle, pero se sentía obligado a ello.

-Sam -intervino otro de los jóvenes, de pelo oscuro y piel rojiza. Podrían haber sido hermanos, pero claro... ¿quién de todos aquellos lobos era distinto al resto? Él mismo podía pasar por ser parte de ellos, con su piel oscura y sedosa y el cabello oscuro. La única cosa que le diferenciaba del resto es que iba apoyado en una muleta y con camiseta. De vez en cuando hacía gestos de dolor.- No creo que te conteste.

-Jacob -gruñó el primero, sin permitirse el lujo de mirarle- yo soy aquí quien manda. Y si digo que me contestará, me contestará -sus ojos se volvieron despiadados mientras miraba al muchacho.- ¿Verdad, cachorrito? Dinos tu nombre.

El chico pareció dudar. ¿Podía confiar en ellos? Bueno, dejando a un lado que habían masacrado al aquelarre de vampiros con quienes había llegado al pueblo y por ende a Victoria, ellos no le habían dado razones para no hacerlo. Podrían haberle matado en el acto, y, sin embargo, ahí estaban.

Sam apretó los dientes y volvió la cabeza hacia su manada. Iba a llamar a Paul para que se encargase de hacerle entrar en razón cuando abrió la boca.

-Jayden -susurró con un hilo de voz. Todos los lobos se le quedaron mirando y él tragó saliva.- Me llamo Jayden.

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Remus oyó el latido del corazón de Charlie, recuperando un ritmo normal. Tal vez había sido su amigo James, desde el más allá. O Lily, salvando a su hermano. O quizá la gracia de Dios. Pero la realidad era que Charlie Evans estaba vivo, aunque pareciese increíble. Abrió los ojos, de color marrón e inyectados en sangre por los capilares reventados. Tosiendo, se incorporó. Lupin le colocó una mano en la espalda y otra en el hombro, atrayéndolo hacia él para darle un abrazo.

-Bienvenido a la vida, amigo -susurró Remus, sin soltarle.

-¿Dónde está Bella? ¿Y Harry? -Charlie parecía confuso y preocupado, lo cual era normal teniendo en cuenta las circunstancias.

-A salvo -se limitó a contestar Remus.

Carlisle, viendo que Remus estaba a salvo, se encontraba al otro lado de la habitación ayudando a Emmett. Jasper le sujetaba de espaldas a Carlisle, colocando su brazo a su espalda.

-Vamos Emmett -murmuró Rosalie, acariciando su mejilla. Él sonrió en respuesta.

-No te preocupes, Rosie, no me va a dolJODER -rugió Emmett al notar un ardor semejante al de su transformación recorrerle el cuerpo, centrándose a la altura de la muñeca.

-Lo siento, hijo -susurró Carlisle, mientras seguía con su trabajo. Emmett siseó, incapaz de hablar. Sentía la necesidad de luchar contra aquellos vampiros que le estaban hiriendo y no pudo menos que gruñir, incapaz de controlarse.

Jasper le soltó y el gran vampiro saltó a la esquina contraria tan rápido que pareció un borrón. Se inclinó hacia delante enseñando los dientes. Su hermano le envió ondas de calma hasta que la realidad se abrió paso en su mente.

-¿Emmett...? -Rosalie habló con un hilo de voz. Emmett dirigió su mirada a su gran amor y sintió su corazón encogerse al ver su expresión de agonía. -Todo está bien, cariño. Ya se ha acabado -comenzó a caminar hacia él y tomo su mano. -Mira. -Emmett observó su mano y brazo, maravillado. El dolor había desaparecido sin que se diera cuenta y ahora solo quedaba una leve cicatriz rosada sobre su piel de granito. Jamás pensó que él, como vampiro, tendría ese tipo de heridas de guerra.

Fred Weasley entró por la puerta de la Madriguera, corriendo hacia su hermano gemelo y su madre. Arthur le seguía de cerca, y no habían pasado más que unos segundos cuando el cuarteto dorado, Cedric, Devon, Kingsley, Hagrid, Bill, Fleur, Sirius y Tonks entraron en la casa.

Fred se dejó caer junto a George y Bella avanzó hasta situarse a su lado. Molly abrazó por los hombros a la chica Potter, que no despegaba la vista de sus gemelos. George tenía un oscuro agujero en el lado izquierdo de su cabeza, donde debería haber estado su oreja. La sangre que cubría su rostro estaba seca, al parecer habían podido detener la hemorragia.

George abrió ligeramente los ojos y Fred suspiró, visiblemente aliviado.

-¿Cómo estás, Georgie? -preguntó con ansiedad.

George tragó saliva ruidosamente antes de responder.

-Estoy doloído... -susurró con un hilo de voz.

El rostro de Fred se quedó en blanco y frunció el ceño, creyendo haber oído mal.

-¿Cómo...?

-Dolor de oído -contestó George, sonriendo ligeramente con presunción, pese a que su rostro seguía contraído por el dolor.- 'Ido de oído'… 'Ido de oído', Fred -levantó una mano y se señaló el cráneo, justo donde faltaba su oreja. -¿Lo pillas?

Bella bufó al tiempo que rodaba los ojos y Fred movió la cabeza, ambos divertidos, y ambos ajenos a nada que no fuese George.

-Con la cantidad de gracias que hay en el mundo -comenzó Fred, sin dejar de sonreír- y se te ocurre esa tontería 'doloído'. Es penoso.

-Aún así estoy más guapo que tú -replicó George.

-Lo corroboro -confirmó Bella para la diversión de los gemelos.

Los ojos de Bella se movieron hacia Emmett y luego hacia Charlie al comprobar que el primero estaba bien, con todos sus miembros de nuevo en su lugar. Bella empezó a abrir la boca al ver las heridas de su tío, sintiéndose culpable, pero Charlie negó con la cabeza.

-Estoy bien, Bella -sonrió mostrando los dientes. Parecía cansado.- Lunático me ha curado.

Bill se aclaró la garganta entonces y el silencio cayó en la sala. Avanzó, mortalmente serio, sin soltar a Fleur, cuyos ojos rebosaban lágrimas que caían por su rostro como cataratas. El rostro de Bill estaba consternado.

-Ojoloco ha muerto -un escalofrío recorrió la sala entera. Hermione ahogó un grito. Bella cerró los ojos con fuerza, tratando de negarse la evidencia; Harry miró a Bill con ojos afligidos, la congoja presente en sus rasgos. Remus se dejó caer contra la pared, llevándose una mano al rostro; Sirius apretó los puños y cerró los dientes con un fuerte chasquido. El resto estaba demasiado sorprendido por la noticia como para reaccionar con nada que no fuese un completo y absoluto silencio.- Mundungus miró una vez a Voldermot... -Ron gimió al oír el nombre del mago oscuro. Odiaba que Bill empezara a atraverse a decirlo.- Y se desapareció.

Nadie sabía que hacer o que decir. Bella miró al frente, demasiado enfrascada en sus pensamientos como para darse cuenta de la mirada decidida de Harry.

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Harry dormía profundamente en la habitación que compartía con Ron, Cedric y Devon. Incluso en sueños, Harry no podía desconectarse de los acontecimientos del día, al igual que su hermana.

El joven Potter oía la voz de un joven Tom Ryddle en su mente, hablando con Slughorn, intercalados con sus propias palabras y las de Bella.

''Esto es más grave de lo que imaginaba...'' -oía decir a Dumbledore.

''Siete... horrocrux'' -murmuraba la voz de Ryddle.

''Podrían estar ocultos en cualquier lugar'' -observó él mismo.

''¡Fragmentar el alma en siete partes...!'' -exclamaba la voz del profesor Slughorn, completamente horrorizado.

''¿Y si se destruyen todos los Horrocruxes?'' -inquirió la voz de Bella.

El diario de Tom Ryddle apareció en sus sueños, seguido en rápida sucesión del anillo de Sorvolo Gaunt y el guardapelo de Salazar Slytherin.

''Se destruiría a Voldemort...'' finalizó la voz de Dumbledore.

Entonces se vio enviado a una fría habitación que se asemejaba a una mazmorra. Delante de él vio el rostro de un anciano que estaba lleno de heridas y con los ojos abiertos de miedo, horrorizado.

-Me has mentido -dijo. Su propia voz le sonaba similar al silbido de una serpiente.- Me mentiste Ollivander.

-NO -exclamó el viejo. -S-se lo juro, yo no he mentiddo, y-yo...

-Tsk, tsk, tsk... -movió un largo y níveo dedo frente a él, negando.- Nadie miente a Lord Voldemort, Ollivander... CRUCIO.

Harry no supo si habían sido las risas de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado o los gritos de Ollivander los que le habían despertado. Pero sí sabía lo que debía hacer. Tomó la varita y se levantó.

En apenas unos minutos se encontraba saliendo de la Madriguera, mochila al hombro. No había recorrido más que unas decenas de metros cuando la puerta de la casa se abrió de nuevo con un chirrido y una mata pelirroja asomó por ella. Otro par de pasos resonó en el silencio de la noche, siguiéndole hacia la oscuridad. Harry ni se inmutó hasta que oyó la voz de su mejor amigo.

-¿Vas a algún sitio? -inquirió Ron, con genuina inocencia. Si Harry no le hubiese conocido, habría pensado que se lo preguntaba en serio, pero igualmente le respondió.

Se dio la vuelta y le encaró.

-Nadie más va a morir -contestó el joven mago pelinegro. Se llevó una mano al pecho, señalándose.- No por mi.

Acto seguido siguió caminando hacia delante sin esperar respuesta, pero Ron no estaba por la labor de colaborar a su fuga callándose.

-¿Por ti? -resopló casi con desdén en la voz, sin dejarle escaparse tan fácilmente. Caminó tras él sin alterarse, hablando como quien comenta el tiempo.- ¿Crees que Ojoloco ha muerto por ti? ¿O que George ha sufrido esa maldición por ti? ¿O acaso por Bella? -Harry se paró ante la mención de su hermana. No iba a permitir que Ron dijese nada en su contra, pero esa no era la intención del chico Weasley.- Seréis los Elegidos, tío... Pero esto es mucho más grande que eso. Siempre ha sido algo más grande.

Harry pareció dudar un momento, mirándole de hito en hito, hasta que finalmente abrió la boca.

-Ven conmigo -le pidió, los ojos esmeralda encontrándose con los azules.

-¿¡Qué!? ¿¡Y dejar a Bella y a Hermione!? -bufó Ron, mirándole como si se hubiese vuelto loco.- Estás majara -afirmó meneando la cabeza.- No duraríamos ni 2 días sin ellas... -luego se sorprendió de lo que acababa de decir, cayendo en la cuenta de que había admitido algo que ambas brujas llevaban años esperando para oír. -Pero no se lo digas...

Harry meneó la cabeza. 'No te preocupes' quería decirle, pero no podía dejar de pensar en cómo Ojoloco había muerto; tampoco la muerte de Cedric dejaba su mente tranquila. Ellos habían visto el Avada Kedavra impactando en su pecho... Además, Harry y Bella siempre habían deseado que sus padres volvieran. Si el poder de la mente era lo suficientemente fuerte como para traer a Cedric de vuelta, ¿por qué no funcionaba con James y Lily Potter? La voz de Ron le sacó de sus cavilaciones.

-Además, aún llevas el detector -le espetó con dureza.- Y nos queda la boda.

Harry se rió sin gracia.

-La boda... ME DA IGUAL -se pasó una mano por el pelo negro, sonriendo con amargura.- Lo siento, sea de quien sea. Tengo que empezar a encontrar esos Horrocruxes. Son. Nuestra única. Opción. De Vencerle -separó las palabras, tratando de hacer énfasis en ellas. Se sentía frustrado; ¿por qué su amigo no podía (o no quería) entenderlo?.- Y cuanto más tiempo estemos aquí, más fuerte se hará.

Ron avanzó hacia Harry y le tendió el brazo.

-Esta noche no, tío -negó Ron con la cabeza.- Solo le estaríamos haciendo un favor.

Se miraron por un largo tiempo hasta que, finalmente, Harry dejó caer la mochila de sus hombros, que impactó en el suelo terroso con un golpe sordo. Luego miró de nuevo hacia el infinito, fuera de la protección de la Madriguera. Ron se apresuró a recoger la mochila con el brazo extendido y caminó hacia la casa seguido de Harry.

-¿Crees que... él lo sabe? -preguntó Ron en un susurro.- Porque... son pedazos de su alma. Esos Horrocruxes son partes de él. Cuando Dumbledore destruyó el anillo -continuó al no recibir respuesta de Harry- y Bella destruyó el diario de Tom Ryddle, él debió sentir algo. Para destruir los demás Horrocruxes tenemos que encontrarlos. Pero ¿dónde están? ¿Por dónde empezamos?

Harry suspiró.

-Ojalá lo supiera, Ron. Ojalá lo supiera...


*Lumos*

*Juro solemnemente que esto es una travesura*

Hola chicas! No pude subir antes porque... me intoxiqué haciendo prácticas en pociones (que para las carreras muggles es algo que llamáis 'laboratorio'). No lo he pasado peor en mi vida 'u.u

GRACIAS A TODAS POR VUESTROS REVIEWS, ME HABÉIS HECHO MUY FELIZ!:) Y sí, puede que en este cap no haya matado a nadie más que a Ojoloco (y pensaréis ¿te parece poco...?) pero en el futuro habrá más muertes, sintiéndolo en el alma. Es parte de las guerras, al fin y al cabo.

Respondiendo a los guest:

Taikara100: I DIDN'T LET HIM DIE! You see...? But I can't promise anything... maybe in a future. Who knows? Thanks for your review! :) (Me hizo ilusión responderte en inglés, LOL)

Espero vuestros comentarios :D

Un abrazo,

Ceci.

*Travesura realizada*

*NOX*