Nota de la autora: os recomiendo escuchar 'Trying not to Love You' de Nickelback tras la primera separación (ESTO: o.O.o.O.o.O.o) para darle ambiente a esa parte del capítulo. Sin más, os dejo disfrutar:)


La alegre música salía desde el interior de la enorme carpa blanca que cubría toda la parcela de los Weasley. Bill y Fleur bailaban animadamente; el chico Weasley iba ataviado con un esmoquin rojo oscuro de terciopelo, camisa blanca y corbata roja y dorada, y el pelo, de vívido color naranja, estaba en su sitio, lo que, siendo Bill cómo era, era decir mucho. La joven francesa iba con un vestido de novia blanco de raso, con motivos negros de gasa dibujando un intrincado motivo sobre su figura, que le dejaba los hombros y la espalda, hasta la cintura, al descubierto. El pelo, rubio y perfecto, estaba suelto, cayendo en cascada por la espalda, salvo unos mechones laterales que llevaba recogidos a la nuca como una trenza. Sus parientes y amigos daban palmas siguiendo el ritmo de la música, mientras ellos giraban dando vueltas y más vueltas, con las manos de Bill en las caderas de su esposa.

Harry sonrió. Se respiraba felicidad. Bella estaba bailando con Edward, feliz de estar en sus brazos y sin prestar atención a nada más. La señora Weasley estaba más contenta de lo que se la había visto en meses; en un lado, Hagrid sonreía tímidamente a Madame Maxime; Xenophilius Lovegood, y su hija, Luna, bailaban de un modo curioso ataviados con sus ropajes de color amarillo y dorado intenso.

Hermione, sonriendo débilmente, se encontraba al lado de unas mesas tras rechazar a Viktor Krum de la manera más educada que había encontrado. Llevaba un vestido de color rojo apagado y el pelo rizado suelto. En el hueco de su garganta descansaba una cadenita de oro de la cual colgaba un corazón, también rojo.

Ron la observaba recargado en uno de los postes que sostenían la carpa, sus ojos azules fijados en una de sus mejores amigas, con los ojos brillando con algo que no se podía calificar cómo simple amistad. ¿Qué eran esas mariposas que sentía en el estómago constantemente? ¿Por qué no le ocurría con Bella, si ella también había sido su amiga desde... siempre?.

Harry vislumbró a Elphias Doge sentado a una de las mesas y se dirigió hacia ella, pero antes de que pudiese dar dos pasos, Luna salió de la nada.

-Hola Harry -saludó la pequeña Ravenclaw. Harry se sobresaltó.- He interrumpido un profundo pensamiento -dijo con su suave voz, que sonó ligeramente afligida.- Veo cómo se hace pequeñito en tus ojos.

Harry sacude la cabeza en respuesta, sonriendo ligeramente.

-Para nada -contestó el chico de ojos verdes.- ¿Cómo estás, Luna?

La aludida le dedicó una enorme sonrisa.

-Muy bien -dijo en respuesta, en tono risueño, antes de que su padre se acercase abriendo unos ojos como platos. Antes de que Xenophilius abriese siquiera la boca, Luna añadió, señalando su dedo índice: -Me ha mordido un gnomo de jardín hace un momento.

Xenophilius soltó una risa nerviosa y agarró a su hija por los hombros.

-La saliva de gnomo es muy beneficiosa -luego, extendió la mano hacia Harry.- Xenophilius Lovegood, señor Potter. Vivimos al otro lado de la colina.

Harry se la chocó y la sacudió un par de veces.

-Un placer conocerle, señor -antes de que pudiese reaccionar, el padre de Luna se había acercado tanto a él que podía escuchar su corazón latir.

-Confío en que sepa, señor Potter -susurró con voz llena de reverencia- que nosotros, en El Quisquilloso, a diferencia de esos lameculos de El Profeta, hemos apoyado a Dumbledore toda su vida -mientras hablaba, un extraño colgante triangular con algo semejante a un ojo en el medio que llevaba colgado del cuello se bamboleaba sobre su pecho. Harry no podía quitarle los ojos de encima.- Y, tras su muerte, le apoyamos a usted y a su hermana igualmente.

Harry levantó la vista, mirándole agradecido.

-Gracias.

-Ven, papá -dijo entonces Luna tomándole de la mano. -Harry no quiere hablar con nosotros ahora -luego le dirigió una sonrisa brillante a su amigo- pero es muy educado para decirlo.

Conforme les veía marcharse, Harry reinició su camino hacia Elphias Doge, aturdido por el comportamiento de los Lovegood. Verdaderamente, eran una familia muy... peculiar, por decirlo de alguna forma.

-Perdone señor -dijo Harry al anciano situado frente a él. Era muy mayor, con marcadas arrugas en su rostro y una enorme papada, tenía el poco pelo blanco y ralo que le quedaba corto y repeinado. -¿Puedo sentarme?

-Señor Potter -exclamó Doge, sorprendido.- Desde luego, desde luego. Tome asiento.

Cuando Harry se sentó, Doge retomó su copa de whisky de fuego.

-Lo que escribió en El Profeta -comenzó Harry- me pareció muy... conmovedor. -No sabía qué palabras debía decir y cuales no, y eso le estaba poniendo muy nervioso.- Obviamente... conocía a Dumbledore bien.

Elphias asintió con la cabeza, pensativo.

-Lo conocía mejor que nadie -replicó.- Eso si dejamos de lado a su hermano Aberforth... No sé por qué la gente siempre deja de lado a Aberforth -suspiró, pegando un gran trago del líquido dorado de su copa.

Harry alzó las cejas, la sorpresa reluciendo en su cara en todo su esplendor.

-No sabía que tenía un hermano -Doge se rió entre dientes.

-¿Ves a eso me refería? Bueno, Dumbledore fue siempre muy discreto ya de niño.

Una señora de rizado cabello color gris oscuro y ataviada con un tocado llamativo incluso para una bruja lleno de cuentas, brillantes y terciopelo en colores rosas y fucsias resopló desde la mesa adyacente.

-No desesperes, Elphias -se burló. Luego, haciendo alarde su posición de maruja como quien presumiría de sacar un Extraordinario en sus EXTASIS, añadió:- He oído que ha sido completamente desenmascarado por Rita Skeeter. En ochocientas páginas, nada más y nada menos.

Doge le dirigió una mirada cargada de desprecio y su papada tembló como la gelatina, fruto de su enfado.

-Se rumorea que alguien habló con ella -continuó la vieja bruja.- Alguien que conocía muy bien a la familia Dumbledore. Y tú, tan bien como yo, sabes quien es, Elphias.

El aludido arrugó la nariz, mostrando asco ante aquello.

-Una monstruosa traición -le espetó con voz ronca.

-¿De quién estamos hablando...? -murmuró Harry, mirando a uno y a otro.

La bruja se echó hacia delante, bajando la voz y añadiéndole un tono dramático antes de decir:

-De Bathilda Bagshot -el rostro de Harry se quedó como estaba.

-¿Quién...?

-¡Dios mío, muchacho! -exclamó la señora, mirándole en estado de shock y perdiendo el poco respeto que le tenía.- Es la más célebre historiadora de la magia del último siglo. Tenía una gran amistad con la familia Dumbledore -añadió en tono jocoso. La mano de Elphias Doge se cerró en un puño en tornó a la copa, los nudillos tornándosele blancos. Frunció los labios con fuerza, mirando a la anciana hechicera con desaprobación.- Seguro que Rita Skeeter pensó que valía la pena dejarse caer por Godric's Hollow para echar una ojeada a esa panda de pajarracos -Harry se sobresaltó, mirando a la bruja de hito en hito.

-¿¡Godric's Hollow...!? -inquirió con el ceño fruncido.- ¿Bathilda Bagshot vive en Godric's Hollow?

-Ahí es donde conoció a Dumbledore -replicó la bruja.

Harry se sentía como si apenas pudiese respirar.

-¿No querrá decir que él también vivió allí?

-La familia se mudó allí tras la muerte de su padre a manos de tres muggles -afirmó para acto seguido reírse con desprecio.- Fue todo un escándalo -en su voz se filtraba un tono de regocijo que hizo que a Harry le diesen arcadas.- Sinceramente muchacho... ¿estás seguro de que le conocías bien?

o.O.o.O.o.O.o.O.o

Bella no podía sentir nada que no fueran las manos de Edward, una en su propia mano y la otra en la parte baja de su espalda. Tampoco quería. Mientras giraban juntos, no se le ocurría nada que fuera mejor que aquello. Le miró a los ojos.

No podía entender qué de bueno había hecho en la vida para tener a alguien como él. Era tan hermoso... Podía ver el amor brillando en sus orbes dorados, y ella sabía que él podía ver lo mismo en sus ojos. Se puso de puntillas para apoyar su frente en la suya.

-Te amo -susurró Bella.

Él le dedicó una sonrisa torcida, su favorita.

-Como yo a ti -afirmó antes de colocar una mano en su mejilla y darle un pequeño beso. Sus fríos labios se deslizaron sin esfuerzo sobre los de Bella en una leve caricia que la dejó temblando. Fue lento y muy, muy dulce.

Edward sintió una mano que daba golpecitos en su hombro y se volvió para encontrarse con Cedric.

-¿Me permites? -inquirió, mirándole de frente en su desafío silencioso.

-Por supuesto -contestó sin ceder lo más mínimo, sus ojos concentrados en los pensamientos del chico, que, por alguna razón, iban en círculo.

Cedric avanzó y tomó a Bella de la cintura. Ella tenía que reconocer que estaba verdaderamente guapo. Llevaba un traje diplomático azul marino, camisa clara y corbata verde botella. Se había cortado el pelo y en lugar de llevar el habitual peinado con raya lo tenía desordenado, como si se acabara de levantar de la cama.

Mientras se alejaban, comenzó a sonar una canción lenta. Cedric colocó una mano en la parte baja de la espalda, donde momentos antes estaba la de Edward y Bella se estremeció. ¿Qué la pasaba?

Su mano se cerró entorno al hombro de Cedric, sorprendida al notar sus músculos definidos bajo el esmoquin. Al ver su mirada de asombro, Cedric rio entre dientes y Bella se sonrojó profundamente.

-¿Sabes que los esteroides son malos para ti, verdad?

-Solo es el estirón, Bella -replicó él mientras se balanceaban semi abrazados. -No te parecería un cambio tan drástico si aún estuvieras en Hogwarts.

Bella rodó los ojos y sonrió socarrona.

-Cambia de aires y vente conmigo -bromeó ella.- Ya sabes, con los muggles y eso.

-La verdad, prefiero la exclusividad de Hogwarts. No es por criticar pero en los institutos muggles dejan entrar a cualquiera -añadió con una segunda intención, de la que Bella no se percató porque no podía dejar de mirarle. Era vagamente consciente de la canción lenta que estaba sonando de fondo, pero toda su atención estaba centrada en el chico que tenía delante.

Cedric acunó la mejilla de Bella en su mano y la miró a los ojos mientras la apretaba contra sí. Bella tembló.

-No importa el tiempo que pase -susurró Cedric moviendo los labios contra su oreja, tan bajo que ella apenas podía oírle- siempre esperaré por ti. Siempre. Para siempre.

Los puños de Bella se cerraron sobre la tela de su pecho.

-Para siempre es mucho tiempo -murmuró ella, su voz temblando.

Cedric sonrió y, sin dejar de girar, la condujo por un pequeño resquicio de la carpa. Una vez fuera, miraron el cielo estrellado.

-¿Qué hacemos aquí? -inquirió Bella. Cedric llevó una de sus manos al bolsillo delantero de la chaqueta de su esmoquin y sacó un colgante. Estaba hecho de cristales de distintos colores, sujetos entre sí por hilo dorado y que colgaban de una cadenita de plata.

-Es para ti, Bella -Bella se le quedó mirando mientras él deslizaba las manos por su cuello y su nuca, abrochando el colgante, sin saber qué decir, totalmente conmocionada. Entonces, Cedric tomó su mano y ella sintió un pinchazo en el dedo.

-¡Ay! -exclamó. Observó la gota de sangre que se estaba formando en la yema de su dedo índice y frunció el ceño.- ¿Por qué has hecho eso? -inquirió.

Cedric repitió el gesto consigo mismo y le tomó la mano, uniendo sus dedos y, por consiguiente, sus sangres.

-Es un ritual de protección -susurró él antes de llevar sus manos unidas hasta el colgante, que descansaba en el hueco de la garganta de Bella. Su corazón se aceleró al sentir la piel de Cedric sobre la suya. Rozó los dedos y la sangre de ambos sobre los cristales, que brillaron un momento ante el contacto con el líquido rojo antes de volver a quedarse impolutos.- Para cuando te vayas...

A Bella se le anegaron los ojos de lágrimas. Se le cerró la garganta.

-Ced... -tragó saliva sin dejar de mirarle.- Te he echado tanto de menos... Te daba por perdido. Gracias -extendió una mano hacia su rostro y los ojos grises de Cedric brillaron, reluciendo como estrellas en el cielo nocturno. Ella comenzó a alejarse pero él la retuvo.

-Por favor... -murmuró Bella, mirándole entre las pestañas bañadas en lágrimas.- Déjame ir.

-Tengo que decirte una cosa.

-¿Por qué no puedes decírmela dentro? -inquirió la bruja.

Cedric tragó el nudo que se estaba formando en su garganta.

-Porque soy un Hufflepuff y lo que voy a decirte... -dudó un momento antes de continuar- es probablemente lo más egoísta que he dicho en mi vida.

Bella intentó separarse una vez más, con una lágrima traicionera recorriendo su mejilla, pero Cedric no la dejó. Ella negó con la cabeza.

-Cedric, no lo hagas... -le imploró con voz rebosante de dolor.

-Tengo que decirlo de una vez -replicó el chico Diggory, tomándola de la barbilla. -Y tú tienes que oírlo.

Bella podía sentir el martilleo de la sangre en los oídos, y estaba segura de que también Cedric podía oír su corazón palpitante.

-Te quiero, Bella -susurró el joven mago.- Y ha sido así desde la primera vez que te vi, cuando me choqué contigo en tu primer año e hice que tu kit de pociones se rompiese. Cuando vi tus ojos enfadados, el sonrojo que cubría tus mejillas. Te quiero -otro torrente de lágrimas bajó por las mejillas de Bella, sintiendo como su corazón se saltaba un latido con cada palabra.- Y como te quiero no puedo... ser egoísta contigo. Y es egoísta guardarme lo que siento. Él -añadió haciendo un gesto hacia la carpa, hacia Edward, el estúpido vampiro que le había robado a la chica- no te merece. Pero yo... yo sí. He intentado no amarte, te juro que lo he intentado. Nuestro tiempo separados es como cuchillos directos al corazón. Ahora mismo estoy tratando no amarte. Estoy tratando no necesitarte con cada respiración -los ojos le brillaron como fruto de lágrimas no derramadas. Bella se sentía desfallecer. Le ardía la garganta. Se encogió de hombros tristemente.- Pero no lo consigo. Y esto... me está destrozando por dentro. Esto es todo lo que he guardado dentro durante años... -se pasó una mano por el rostro y le sonrió, con los labios temblándole en las comisuras.- Solo quiero que seas feliz. Decidas lo que decidas.

Bella le miró sin saber que decir ni qué hacer, sin dejar de sollozar. Antes de que pudiese siquiera abrir la boca, una bola de luz plateada pasó junto a ellos, atravesó la carpa y la música cesó en el acto. Ambos se miraron antes de entrar de nuevo, observando como el patronus tomaba forma.

La voz de Kingsley resonó en el silencio.

-El Ministerio ha caído. Scrimgeour está muerto... Ya vienen.


*LUMOS*

*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*

¡NO ME MATÉIS! Cedric es muy dulce ¿verdad? Yo no pude evitar llorar escribiendo este capítulo... es tan... romántico/triste/dramático.

A ChocolateFrogs98... Te dije que me encantaba el Bellward, ¿verdad? Y tú dijiste que así estabas segura de que no pondría a Bells con Ced (Bedric. ¿O Cedrella?) ¿te acuerdas? PUES BIEN, ESTO TE DEMUESTRA LO CONTRARIO, MUAHAHAHAHAHAHAHA.

Espero que os haya gustado. Gracias por vuestros favs y vuestros reviews :) ¡HOY ENCONTRARÉIS A UN EDWARD A TAMAÑO REAL AL LADO DE VUESTRA CAMA!

Ahora en serio... ¿review?

Un saludo,

Ceci.

*Travesura realizada*

*NOX*