Edward frunció el ceño mientras veía a Bella alejarse.
'¿Estás bien, Edward?' escuchó la voz mental de Alice. Ni siquiera se giró para observar a su hermana la duende, que llevaba un vestido escotado y corto de color azul oscuro que resaltaba contra su piel pálida. Iba hacia él de la mano de Jasper, que estaba envarado y completamente rígido al encontrarse entre tantos humanos.
-No me gusta ese chico, Allie. Eso es todo -casi podía ver a Alice rodando los ojos.
'¿Celos? ¿En serio, Edward? ¿CELOS?'
'Eddie ¿en serio estás celoso?' escuchó inmiscuirse en su cabeza la voz de Emmett. 'Quizá no tendrías motivos para preocuparte si decidieses dejar de imitar aquella película... ¿cómo se llama? Ah sí, VIRGEN A LOS 40. AH NO, A LOS 109'
Edward siseó en dirección a su hermano el oso, apoyado con los brazos cruzados en una de las columnas. Rosalie, a su lado, con un vestido violeta que se abría en forma de cola de sirena tras el prolongado escote que llegaba hasta la cintura, le fulminó con la mirada.
El chico de los cabellos de cobre sintió una mano en su hombro. Se giró para ver a Carlisle.
-Hijo -dijo Carlisle; sus ojos completamente serios.- Es amigo de Bella. No puedes apartarla de él. No ahora que lo ha recuperado.
-Lo sé, Carlisle -suspiró Edward. El aludido le dio una ligera sonrisa y le palmeó el hombro antes de tomar a su esposa de la cintura. Esme le sonrió a Edward con afecto antes de marchar con su marido para bailar como el resto de magos, solo que ellos no se parecían en nada al resto
de los magos mientras giraban con gracia sobrehumana, semiabrazados.
Un estruendo sacó a Edward de sus pensamientos. La música cesó en el acto y una gran criatura plateada se formó en el centro de la carpa.
-El Ministerio ha caído -dijo la voz de Kingsley, el mago de piel oscura que habían conocido en casa de los Weasley, desde el lince plateado que flotaba en mitad de todos ellos.- Scrimgeour está muerto... Ya vienen.
Ya vienen, ya vienen, ya vienen...
La voz de Kingsley reverberó un momento, mientras Edward trataba de procesar lo que acababa de escuchar. Y entonces todo estalló.
La gente comenzó a moverse, huyendo. En mitad del griterío, Bella creyó escuchar a su madre, que sonaba desesperada.
-¿Dónde está Bella? -la vampiresa del cabello color caramelo se materializó frente a él. Colocó las manos en sus hombros.- EDWARD -su voz entrando en pánico conforme pasaban los segundos- ¿DÓNDE ESTÁ BELLA?
-Cedric -murmuró Edward, y sintió un escalofrío recorrerle de arriba abajo.
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Harry miró a su alrededor tras escuchar el mensaje de Kingsley. Podía ver a sus amigos corriendo de un lado a otro; Bill y Fleur apoyados el uno en el otro, con las frentes juntas, sin poderse creer que ni siquiera hubiesen podido culminar su boda; la señora Weasley, que buscaba
cabezas pelirrojas entre la multitud, añadiendo a Hermione y los mellizos; Luna, que tenía una expresión confundida mientras su padre la llevaba lejos a empellones; Lupin, que varita en ristre trataba de abrirse paso hacia Sirius, que estaba a un lado, convertido en perro y enseñando los colmillos con el oscuro pelo erizado; Charlie, que trataba de evacuar a mujeres y niños; Hermione, que le miraba desde la otra punta de la carpa; su hermana Bella, que estaba al lado de Cedric, y que miraba, anonadada, la escena ante ella.
-Encantado de verle, señor Potter -exclamó Elphias Doge antes de desaparecerse.
Harry miró el sitio donde Doge se había desaparecido antes de reaccionar. Al tiempo que sacaba la varita, varias sombras negras se materializaron allá dentro. Rayos de luz verde y roja surcaron el aire, y varios invitados recibieron impacto de la maldición imperdonable, cayendo muertos al suelo.
Harry iba hacia Bella cuando vio a Ginny Weasley, en un duelo contra un mortífago. Sintió que se le revolvían las tripas.
-GINNY -rugió, pero los brazos de Lupin se cerraron a su alrededor, dándole la vuelta para encararle.
-HARRY -exclamó, empujándole en dirección contraria.- COGE A BELLA. CORRE. HUID.
Harry dudó un segundo antes de volverse hacia Bella, tomarla de la mano y, prácticamente arrastrándola, como si no quisiera moverse de su sitio junto a Cedric, correr al encuentro de Hermione, que arrastraba tras de sí a Ron, también dados de la mano y resoplando, con el rostro tan rojo como su cabello.
-¡BELLA! -se oyó un grito. La castaña dirigió la mirada hacia atrás un segundo para ver el rostro de Edward contraído por la pena, corriendo hacia ellos a velocidad vampírica, esquivando cualquier criatura que se le pusiese por delante.
Justo cuando lo tenía frente a frente, Harry y Hermione entablaron contacto, la chica Granger giró sobre sí misma y la mano de Edward se cerró en la nada.
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El Cuarteto Dorado se apareció en mitad de una carretera y tuvieron que saltar a un lado para evitar que un enorme autobús de dos pisos no se los llevara por delante, apretándose contra los quitamiedos que bordeaban las aceras.
-Hermione, te quiero como a una hermana y sabes que siempre sigo tus consejos, pero no creo que quedarnos sin cabeza sea una de las mejores ideas que has tenido -murmuró Bella, todavía impresionada.
Hermione ni siquiera contestó, subió a la acera y comenzó a abrirse paso entre la multitud que llenaba aquella calle de Londres, seguida de sus tres mejores amigos. Mientras que Harry y Bella estaban totalmente familiarizados con aquel ambiente, la cara de Ron era todo un poema mientras observaba la vestimenta de los muggles, así como a los renombrados trajes de los Guardias Reales ingleses, que estaban tanto en escaparates como en disfraces de personas-anuncio.
-¿Dónde estamos...? -inquirió, con los ojos tan abiertos que pensaba que se le iban a salir de las órbitas y se irían rodando por el suelo en todo su esplendor de ojos azules. (N/A: Esta cita está sacada directamente de una de mis conversaciones con ChocalteFrogs98... TENÍA QUE PONERLO ¿VALE?)
-En Shaftesbury Avenue -contestó Hermione, frunciendo el ceño ligeramente.- Venía al teatro por esta zona con mis padres. -Se encogió de hombros y añadió:- No sé por qué se me ha ocurrido de repente.
Se metió por una bocacalle que estaba oscura y desierta, y se descolgó el bolso del hombro.
-Tenemos que cambiarnos -suspiró Hermione, abriendo el bolso. Ante las miradas atónitas de Harry y Ron, metió el brazo hasta el hombro y sacó un puñado de ropa.
-¿Cómo demonios...? -comenzó Ron, con los ojos abiertos como platos por segunda vez en los últimos cinco minutos. La expresión de Harry no era mucho mejor. Bella soltó una risita, alzando las cejas.
-Hechizo de extensión indetectable -contestaron ambas a la vez. Una pequeña sonrisa se implantó en la cara de Hermione, y Bella se la devolvió de buena gana.
-Eres asombrosa, tía -exclamó Ron.
-Siempre ese tono de sorpresa -se burló Hermione, haciendo referencia a aquello que Ron le había dicho hacía unos días, cuando se había enterado de la ayuda que le había prestado a Tonks en el camino desde Privet Drive.
Siguió sacando ropa, desde camisetas y sudaderas hasta jeans y calzado cómodo, incluyendo las converse negras de Bella, cuya cara se iluminó.
-Te quiero, Herms -exclamó, tomándolas con adoración. Ella le guiñó un ojo y tomó los zapatos de Bella, metiéndolos en el bolso. Cuando sacó el brazo, se oyó un estrépito amortiguado procedente del interior del bolso y sus tres amigos la miraron. Hermione se ruborizó ligeramente.
-Serán los libros... -murmuró y ellos no pudieron evitar echarse a reír.
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-¿Qué habrá pasado con la gente de la boda? -preguntó Harry, sentado junto a Bella y frente a Ron y Hermione a la mesa de una pequeña cafetería. -¿Deberíamos volver?
Ron resopló.
-Venían a por vosotros, tío -dijo Ron en un susurro furioso. -A por ti. A por Bella. Pondríamos en peligro a todos si volviéramos.
Un puño dio un golpe en la mesa, sobresaltándoles, y todos dirigieron la mirada hacia la señora de mediana edad que les miraba entre indiferente y enfadada.
-¿Café? -inquirió.
Hermione asintió, deseando que se marchase para poder seguir hablando con sus amigos.
-Un capuccino, por favor.
-Que sean dos -pidió Bella. La señora asintió y miró a Ron.
-¿Y tú? -le espetó. El pelirrojo parecía no saber donde meterse.
-Co-como ella... -murmuró temeroso.
-Lo mismo -asintió Harry antes de darle tiempo a abrir la boca.
La señora entrecerró los ojos un momento, mirándoles de hito en hito, antes de girar sobre sus talones y volver a la cocina a preparar los cafés.
Bella la siguió con la mirada y, cuando ya no la veía, retomó la conversación.
-¿Dónde vamos ahora? -preguntó, con la mente todavía en otro lugar, con otra persona.
-¿Al Caldero Chorreante? -preguntó Ron de vuelta, encogiéndose de hombros.
Hermione negó
-Eso es peligroso. Si Voldemort -Ron hizo una potente mueca al escuchar aquel nombre de la boca de Hermione- se ha hecho con el Ministerio ninguno de los viejos lugares será seguro. Los asistentes a la boda se habrán refugiado en otros sitios.
Harry sintió un frío helado extendiéndose por su pecho, atorándole la respiración y empujándole desde el fondo de la garganta.
-La mochila con todas mis cosas -medio exclamó medio susurró con voz ahogada.- Me la he dejado en la Madriguera.
Hermione negó con la cabeza mientras dirigía los ojos hacia su bolso, pero antes de que abriese la boca la puerta se abrió y dos hombres vestidos con monos de construcción azules y que abultaban tanto como dos armarios (empotrados) pasaron. Todos guardaron silencio. La mirada de Harry se desviaba de vez en cuando hacia ellos. Algo no estaba bien...
-¿Estarás de broma? -murmuró Harry, en parte divertido, en parte preocupado y sin saber por qué.
-He... he empaquetado lo esencial -indicó su amiga, hablando con la boca pequeña.- Por si acaso.
Bella elevó la mirada, notando la incomodidad de Harry. Entrecerró los ojos mirando a los obreros, que estaban realizando un movimiento muy extraño. Habían llevado sus brazos derechos a una de las perneras, ambos a la misma altura. La bombilla se le encendió en el momento en que les vio tirar de algo hacia arriba.
-¡AGACHAOS! -exclamó al ver las varitas dispararse en su dirección.
Todos se tiraron al suelo y ella, que no había soltado la varita desde que salieran, la dirigió hacia ambos mortífagos.
-EXPULSO -exclamó y vio como uno de ellos salía volando, empotrándose contra las vitrinas donde estaban los bollos.
-DESMAIUS -un haz de luz roja se dirigió hacia ella, pillándola desprevenida, y hubiese hecho impacto si Harry no la hubiese tirado al suelo.
Ambos mortífagos se escondieron tras el mueble de la vidriera rota y el Cuarteto Dorado tras las mesas. Hermione y Ron lanzaron un par de hechizos, dando tiempo a Harry y Bella de ponerse a cubierto.
-PETRIFICUS TOTALUS -exclamó Hermione y los esbirros de Voldemort cayeron al suelo como un enorme tronco de roble, el fuerte golpe resonando en el pequeño espacio.
La puerta de la cocina se abrió y la camarera treintañera salió al exterior, con 4 capuccinos en su bandeja y mirando a su alrededor, sus ojos abriéndose más y más a cada segundo que pasaba.
-Corre -le pidió Hermione. La mujer la miró, sin comprender. Hermione apretó los dientes y la apuntó con la varita, los ojos llenándosele de lágrimas mientras unos recuerdos nada gratos le llenaban la mente.- VETE.
No tuvo que repetírselo. Dejó caer la bandeja y se marchó corriendo. Hermione se limpió las lágrimas con el dorso de la mano y Bella le rodeó los hombros cariñosamente en un abrazo fraternal.
-Cierra la puerta y apaga las luces -le pidió Harry a Ron mientras éste sacaba el desiluminador. Con un par de movimientos de varita, Hermione hizo caer las persianas. Todos se acercaron a los dos mortífagos, que yacían en el suelo, inmóviles e inconscientes.
-Este -dijo Harry, señalando a un mortífago de pelo ralo y oscuro, con unos rasgos demasiado familiares para su gusto- se llamaba Rowle. Estaba en la Torre de Astronomía cuando Snape mató a Dumbledore.
-Y este Dolohov -replicó Ron, que se encontraba mirando al otro, detrás de la vitrina, con todo de desprecio. Arrugó la nariz con asco.- Le reconozco por los carteles de 'Se busca'. ¿Qué hacemos contigo ahora, eh? -preguntó Ron mirando el rostro sin expresión de Dolohov. Sus ojos estaban abiertos y fijos.- Tú nos habrías matado.
-Si los matamos sabrán que hemos estado aquí -indicó Bella, tratando de hacer caso omiso de la voz que estaba oyendo dentro de su cabeza.
-Ron... -le llamó Hermione con tono de advertencia. El chico Weasley se volvió hacia ella.
-Supón que él mató a Ojoloco -planteó Ron como quien platea un problema de matemáticas. Un escalofrío recorrió a Hermione de la cabeza a los pies ante su tono, frío y calculador.- ¿Cómo te sentirías?
Bella dudó un momento, pero negó con la cabeza, tratando de despejarse.
-Es mejor que borremos sus recuerdos -indicó la chica Potter.
Ron suspiró.
-Tú mandas -contestó a su amiga alejándose de Dolohov. Miró a Hermione un momento y vio su cara de consternación. -Hermione... -susurró pasando un dedo a lo largo de su mejilla, tratando de reconfortarla, en una súplica silenciosa.- Tú... eres la mejor con los conjuros.
Su amiga se adelantó con la varita por delante, el brazo temblándole terriblemente. Apretó las mandíbulas.
-Obliviate -susurró.
Todos se quedaron en silencio mientras Hermione acababa de borrar sus recuerdos, cada uno enfrascado en los suyos propios. Ron, en su enfado; Harry, en Dumbledore; y Bella... Bella solo podía pensar en la voz que había oído dentro de su cabeza.
Concretamente, en una sola palabra, dicha en pársel por aquella voz que tantas pesadillas le había provocado a lo largo de los años...
Mata.
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Hola chicas :D
MUCHÍSIMAS GRAAAAAAAAAACIAS POR TODOS LOS REVIEWS RECIBIDOS! Sé que lo digo mucho, pero SOIS GENIALES :)
Respondo antes que nada a Sandrytta, que ha comentado sin cuenta:
Siii! Yo también lo vi y estaba como LOL. Me encanta que te encante jajaja (8)
Muchísimas gracias por tu review! Espero que nos leamos pronto. Un abrazo, Ceci.
Bueno, continuemos:
¿Qué os parece esto? Bella está empezando a escuchar voces... escalofriante ¿no?
Dark Bella is closer, and she knows where you liveeee (8)
Okay, ya xD Ahora en serio... ¿review? c:
Un saludo,
Ceci.
*TRAVESURA REALIZADA*
*NOX*
