Él la había visto, la había tenido al alcance de la mano, casi había llegado a ella. Casi. Pero, a veces, 'casi' no era suficiente.
Cuando Bella desapareció ante sus propios ojos, sintió como algo dentro de él se quebraba. Un profundo y lacerante dolor le cruzó de lado a lado. Cerró los ojos, que le picaban por las lágrimas de veneno que jamás derramaría. No podía permitirse aquello. No en ese momento.
Se dio la vuelta y corrió a ayudar a aquella pobre gente. Podía escuchar los gritos de los niños y las mujeres, lo que no lo hacía más fácil. Vislumbró una cabellera pelirroja a lo lejos y se lanzó en ayuda de Ginny, interponiéndose entre un haz de luz roja y ella.
Al instante, cayó al suelo y gritó. Sentía como si sus entrañas se estuviesen quemando. Era como el dolor de la transformación... No, se corrigió, era aún peor. Porque a aquel ardor se le sumaba el agujero en su pecho ante la falta de Bella. Tan pronto como el dolor había venido desapareció. Entreabrió sus orbes dorados para ver los preocupados ojos de Ginny Weasley y, tras ella, al mortífago del que había intentado protegerla, inconsciente.
-¿Estás bien...? -le preguntó con su suave voz. Luego, negó con la cabeza y esbozó una triste sonrisa.- Olvida lo que he dicho, está claro que no. ¿Por qué has hecho eso?
Edward se levantó en un fluido movimiento y se la quedó mirando, su rostro sin vida.
-Quería ayudar -Ginny rodó los ojos.
-Soy una bruja, puedo protegerme. Ahora veo por qué Bella y tú sois pareja -suspiró.- Sois iguales. Igual de cabezotas e igual de sacrificados -la chica pelirroja dirigió su mirada hacia el espolio montado a su alrededor. Luego miró de nuevo a Edward y suspiró, varita en mano.-
Intenta no dejarte matar ¿quieres, Cullen? Si te pasa algo, Bella nos mata -añadió tratando de forzar una temblorosa sonrisa.
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-¿Cómo -golpe- demonios -patada- sabían -golpe- que estábamos -patada- aquí? -exigió Bella, emprendiéndola contra todo lo que se encontraban de camino a Grimmauld Place.
-Quizá aún tengáis activado el detector -observó Hermione y Ron no pudo hacer otra cosa que resoplar.
-Eso es imposible -replicó el pelirrojo rodando los ojos.- Desaparece a los 17 de forma obligatoria, son leyes de la magia.
-Claro, porque Vold... Quien-Tú-Sabes -cambió Bella al ver el rostro de Ron- sigue las leyes ¿verdad? Siempre lo ha hecho y siempre lo hará. Es evidente -el sarcasmo en su voz era tan sumamente obvio que ni con un cartel de luces de neón podría haberlo dejado más claro.
De repente, Hermione se paró y jadeó, mirando a sus amigos con horror, que se alarmaron.
-¿Herms? -preguntó Harry, sacando la varita del bolsillo y mirando en todas las direcciones.- ¿Qué ocurre?
La aludida lo miró con lágrimas en sus ojos castaños.
-No hemos celebrado vuestros cumpleaños -exclamó, mirándolos y con voz terriblemente afectada.- Ginny y yo habíamos preparado una tarta, Harry. Y Carlisle y Esme tenían un regalo para Bella... -lo último se le escapó y se llevó una mano a la boca como si acabase de darse cuenta de lo que había dicho.
-¿Qué? -preguntó Bella, perpleja.
Hermione suspiró. De perdidos al río... se dijo a sí misma.
-Era un brazalete -replicó la bruja que era su mejor amiga, pasándose los dedos por entre los mechones enredados de pelo castaño.- Con el escudo de los Cullen. Maldita sea, Bella. ¿Es que tu suerte no puede dejarnos siquiera celebrar uno solo de tus cumpleaños? -Bella hizo una mueca ante el intento de broma de su amiga y le sacó la lengua.- Y la tarta, Harry... era preciosa. En forma de snitch. Y la íbamos a sacar al final de la boda.
-Oye, Hermione, en serio, agradezco el detalle -Harry no sabía cómo decir aquellas palabras sin parecer un borde o un burro redomado o ambas cosas.- Pero... teniendo en cuenta que casi nos matan un par de mortífagos hace unos minutos... -hizo un gesto con los hombros, incómodo, y Hermione asintió, tragando el nudo de su garganta.
-Hay que dejar las calles -interrumpió Ron mirando a sus amigos, ceñudo.- Buscar un lugar seguro.
Bella le miró por encima del hombro y sonrió, bravucona.
-¿Y adónde crees que estamos yendo?
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Los cuatro se encontraban fuera de una placita pequeña y fea, bastante hecha polvo. Ante ellos, rodeadas de casas altas y descuidadas, distinguieron el número 12 de Grimmauld Place, porque Dumbledore, el Guardián de los Secretos del Cuartel General de la Orden del Fénix, les había revelado su existencia. Corrieron hacia dentro, subieron a toda
prisa los escalones de piedra y Harry golpeó la aldaba de la puerta una sola vez con la varita. Se oyeron una serie de sonidos metálicos y la puerta se abrió con un chasquido, permitiendo al Cuarteto Dorado el paso a su interior.
Se quedaron de espaldas a la puerta cuando ésta se cerró, sin atreverse a mover un solo dedo. Intercambiaron miradas.
-¿Y si alguien ha estado aquí? -preguntó Hermione, con voz ansiosa.- ¿Y si Snape ha estado aquí...?
-Ahora que lo dices... ¿dónde están los hechizos que la Orden puso contra él por si volvía? -inquirió Bella en un susurro.
-¿Quizá solo se activen si entra él? -el murmullo de Ron pasó de ser una afirmación a convertirse en una pregunta conforme la formulaba.
A Bella le recorrió un escalofrío. No quería reconocerlo... pero estaba asustada. Quería tener con ella a Carlisle y a Esme, abrazarse a sus cuellos y permitir que la mimasen y le diesen el amor paternal que durante tantos años había deseado. Quería ir con Edward a su prado y quedarse allí tumbados, sintiendo el calor del sol en el rostro. Quería jugar a videojuegos con Emmett y Jasper, o ayudar a Rose en el garaje. Demonios, hasta quería ir de compras con Alice o jugar (más bien, dejarla jugar) a 'Barbie Bella'. Cualquier cosa antes que aquello. Solo quería estar con su familia...
Miró a sus amigos y vio que tenían expresiones similares. ¿Acaso aquel era uno de los encantamientos escudo? ¿Producirles un miedo feroz, que se les calase en los huesos y les arrancase los latidos?
Harry dio un paso cauteloso y algo se movió en la oscuridad al fondo del vestíbulo. Una figura alta, grisácea y terrible surgió de la alfombra.
Hermione dio un chillido y la señora Black la imitó al abrirse las cortinas que tapaban su retrato.
La figura gris, de rostro descarnado, mejillas hundidas y cuencas vacías, se deslizaba hacia ellos cada vez más deprisa, con la larga cabellera y la barba blanca flotándole hacia atrás. Era un rostro espantosamente familiar, aunque alterado de forma grotesca. La criatura levantó un brazo y señaló a Harry y Bella, cada vez más cerca. Bella sintió una extraña punzada en su interior, como de dolor, mientras la figura se acercaba. No se veía capaz de reaccionar, pero al parecer Harry no estaba sintiendo lo mismo, porque se interpuso entre ellos, abrió los brazos y gritó:
-¡NO! ¡No fuimos nosotros! ¡Nosotros no le matamos! -al pronunciar la última palabra la figura estalló en un millón de volutas de polvo.
Ron se había quedado blanco del susto y en un arrebato había tomado la mano de Hermione entre las suyas.
-¿Qu-qué era eso? -preguntó, claramente impresionado.
-Puede que idea de Ojoloco... -contestó Hermione; la voz temblorosa y la respiración rápida y superficial. Luego, vacilante, añadió:- Por si Snape estaba husmeando.
Acto seguido, avanzó, varita en mano. Debían asegurarse de que no había nada ni nadie en aquella casa.
-Homenum revelio -dijo, levantando la varita. Todos contuvieron la respiración un minuto, y... no pasó nada. Suspirando, bajó el brazo y miró a sus amigos, sin saber si sentirse aliviada o aún más asustada al ver que ningún miembro de la Orden había vuelto al cuartel- Estamos solos -murmuró, y ellos supieron que no se refería solo a la casa.
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Bella miró la escena ante sí. De algún modo, sabía que estaba soñando. Las luces brillaban en el techo del gimnasio y podía ver a la familia de Edward, en el centro de la habitación. El resto de estudiantes se había echado a un lado y miraban con envidia a las 2 parejas que bailaban con una gracia sin igual. Nadie podía igualar la elegancia de Emmett y Jasper, que vestían trajes de etiqueta clásicos. Alice llevaba un llamativo vestido de satén negro con cortes geométricos que dejaba al aire grandes triángulos de nívea piel pálida. Y Rosalie era... bueno, era Rosalie. Estaba increíble. Su ceñido vestido de vivido color púrpura mostraba un gran escote que llegaba hasta la cintura y dejaba la espalda totalmente al descubierto, y a la altura de las rodillas se ensanchaba en una amplia cola rizada que era similar a los de las bailarinas latinas de tango, salvo que en ella resaltaba un millón de veces más.
La mano de Edward estaba en torno a su cintura. Elevó la mirada para observar su rostro perfecto. Ella sintió como él tomaba su cara entre las manos y se inclinaba para besarla con sus labios helados, que encajaban en los suyos como las piezas de un puzzle.
Sin previo aviso, el beso se tornó cálido. Demasiado cáldo. No era pasional, sino que sus labios se habían vuelto, efectivamente, cálidos y blandos. Bella no quería que ese beso se acabase nunca. Podía sentir un corazón palpitante bajo su mano, que reposaba sobre el pecho de su novio. Algo dentro de ella le decía que no estaba bien, que había algo equivocado. Bella abrió los ojos y se encontró con unos ojos grises en lugar de dorados.
Pero... ¿por qué debían ser dorados? Aquello no tenía sentido. Ella amaba aquellos ojos grises que conocía desde pequeña, aquellos ojos que pertenecían a su mejor amigo, su protector.
De nuevo aquella insistente vocecita habló en la parte de atrás de su mente. Fue solo un susurró: Edward...
Bella parpadeó. No recordaba quién era Edward, pero era alguien importante. Las inexplicables palpitaciones que había sentido en la boda de Bill y Fleur cuando Cedric le había confesado su amor, esas horribles intrusas, habían aparecido de nuevo.
Bella intentó obligarse a retroceder, reuniendo toda su fuerza de voluntad. Pero sus piernas pesaban demasiado y se negaban a cooperar, su respiración se estaba volviendo rápida. Era como si hubiera echado raíces: No podía moverse. Se vio derrotada ante la necesidad de ver a Cedric, de estar con él.
Una bestia se había despertado dentro de ella, y estaba exigiendo ser alimentada. Y a pesar de todos sus esfuerzos por recordar a aquel extraño llamado Edward antes de que fuese demasiado tarde... Ya era demasiado tarde.
-No te vayas, Bella -Cedric la mira con ojos suplicantes, todo pelo dorado y dientes brillantes, con aquellos orbes de un cremoso color gris clavados en ella. -Pareces estar confusa... ¿va todo bien? -su acento británico hizo que su voz se elevase de una forma que Bella encontró realmente... encantadora. Apretó los dientes. Debía seguir luchando la épica batalla que se libraba en su interior... la batalla en la que se enfrentaban aquel monstruo de las palpitaciones extrañas y ella.
Cedric sonrió entonces y deslizó las manos por los brazos de Bella. Sus mangas se subieron, y la chica Potter observó una marca en su antebrazo izquierdo, un tatuaje en forma de calavera con una serpiente saliendo de su boca. Los ojos de la víbora se clavaron en los de ella, y tuvo la sensación de que la llamaban.
Y aunque Bella era consciente de todo sobre el bien y el mal, lo correcto y lo equivocado, la Orden y los Mortífagos, dio un paso hacia delante. Un paso hacia la derrota seguido de otro. Y otro. Tocó la Marca del brazo de Cedric con sus dedos, recorriéndola como una vez había
recorrido las venas azules del brazo de Edward en su prad... ¿Edward? ¿Prado?
Bella miró a Cedric... al espléndido y deslumbrante Cedric. ¿Qué chica no querría a un chico así? Era lo único que veía, lo único que necesitaba. Apenas era consciente del pequeño reflejo de su persona, aquella voz dentro de ella en alguna parte (esforzándose, gritando, exigiendo que escuchase) pero que no tenía ninguna oportunidad. Un momento después esa parte quedó silenciada por los latidos en su interior.
El nombre de Cedric salió de sus labios, situada frente a él de tal forma que podía contar las distintas variaciones de gris en el iris de sus preciosos ojos y sentir la calidez que irradiaba su cuerpo. La misma calidez que, de recordar a Edward, rechazaría, pero que en ese momento... le parecía el hechizante canto de una sirena animándola a regresar a casa, a su destino, a puerto seguro.
-Sabía que al final te rendirías -suspiró Cedric sonriendo, recorriéndola con la mirada mientras hunde los dedos en su cabello oscuro.- Bienvenida al lado oscuro, Bella. Creo que aquí serás bastante feliz -él rio como un niño pequeño y su risa envolvió a la joven bruja como un abrazo.- No me extraña que te hayas librado de ese anticuado de Edward... -Bella se sobresaltó. ¿Él conocía a ese chico...?- Sabía que te hartarías de él. De la angustia, el dolor... y de ser tan 'buena' -hizo una mueca, como si la simple idea le doliera.- No sé cómo has aguantado tanto, ni por qué, la verdad. Porque solo hay una cosa que importa Bella... el poder. Por suerte para ti soy de los que perdonan -esbozó una socarrona sonrisa.- Y estoy más que dispuesto a servirte de guía.
Deslizó los dedos por la garganta de Bella, su clavícula, su hombro, hasta el cuello holgado de la camiseta. Y aunque en algún sitio Bella echaba de menos otro toque, más frío, no pudo evitar inclinarse hacia delante, cerrar los ojos y abandonarse a los sentidos que le provocaba mientras recorría sus amplios hombros con las manos. Quería animarle a bajar aún más, a explorar terreno desconocido, dispuesta a ir adónde él quisiera llevarla...
Bella abrió los ojos de golpe, jadeante y tirando la ropa de la cama en el proceso. ¿Qué demonios había sido aquello...?
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Hola, lectores míos! Lo primero disculparme por el retraso, pero tenía a una invitada en casa (regalo de Navidad adelantado C':).
Espero que os haya gustado este capítulo. Sí, soy mala. ¿Qué? ¿Alguna especulación sobre qué es esto? ¿No? ¿Ninguna?
Bueeeeeeeeeeeno, espero que no me odiéis demasiado ahora mismo *ceci9123 se frota las manos y se ríe como Maléfica en la Bella Durmiente*
¿Qué haréis? ¿Llevarme a los Vulturis? ¿A los Juegos del Hambre? ¿Vais a lanzarme a la desquiciada de Bellatrix? ¿Pensáis tirarme al Tártaro? ¿Quitarme mis legados y dejarme a merced de los Magadarianos? ¿Enviarme a Klaus? ¿O acaso a Sebastian y Lilith? ¿eh? ¿EH? NO PODÉIS CONMIGO, SOY DIVERGENTE. (CF98, ¿te das cuenta de que hablar contigo me está afectando, verdad? ERES CONSCIENTE DE ELLO ¿NO?)
Modo fangirl: ON. Bueno, dejemos este momento de locura xddd
Lo que siempre digo, gracias a todos mis lectores. Y gracias a todos los que leen pero que no dejan review, así como a los favs y las alertas :) GRACIAS.
¿Merezco un review? :)
Un saludo,
Ceci.
*Travesura realizada*
*NOX*
