Carlisle suspiró, sentado en el porche de los Weasley. Podía escuchar el trasiego dentro de la casa, ya que estaban tratando de limpiar los restos de la boda que se había convertido en una batalla campal. Había habido muertos y heridos, de ambos bandos. Por suerte, ningún miembro de su familia o los amigos de Bella.
Carlisle se estremeció ante tal pensamiento, antes de avergonzarse profundamente. Su naturaleza afable y benévola habitualmente no le permitía pensamientos que él consideraba tan... egoístas. Pero, la verdad era, que, por primera vez en su existencia, había temido realmente por la seguridad de su familia. Al menos, por primera vez por los vampiros.
Le recorrió un escalofrío al pensar en todo lo que Bella había tenido que superar desde que la conocía, empezando hacía ya año y medio por James. La marcha de su familia, los lobos, Victoria, el ejército de neófitos, la muerte de Dumbledore. Y ahora aquello.
Apenas habían podido ayudar a que la cifra de víctimas se redujese. Tan pronto como los mortífagos se habían dado cuenta de que ni los mellizos ni sus dos amigos más cercanos estaban allí, se habían marchado. Después de todo, no merecía la pena derramar más sangre mágica de la necesaria por esos pequeños bastardos. Carlisle había necesitado de toda su fuerza de voluntad para no desgarrar la garganta de aquel hombre que, pese a la máscara, había reconocido por la voz. Una voz que arrastraba las palabras, altanera, tan parecida a la de su hijo cuando la había escuchado meses atrás, amenazando a Bella, cuando toda aquella locura había empezado...
Carlisle sacudió la cabeza, sin querer pensar en ello. En su vida había visto ya varias batallas en las que la luz y la oscuridad se enfrentaban. Como Hitler, con sus nazis. Siempre tenía el mismo final terrible... miles de muertos, familias destrozadas para siempre, jóvenes que habían sido obligados a crecer demasiado deprisa, niños arrancados de los brazos de sus padres.
En lugar de eso, pensó en su pequeña niña, la compañera de su hijo mayor y menor, según se mirase. Al haber convertido a Edward tan joven, había llegado a temer que ese aspecto de su personalidad se hubiese perdido en el cambio. Que estaría solo para siempre. Primero había tenido la esperanza de que Rosalie fuese para Edward lo que Esme para él; más tarde, esa esperanza había recaído en Tanya Denali. Sin embargo, ahora no podía estar más feliz de que la elegida hubiese sido la dulce Bella.
Recordaba con total claridad la primera vez que les había visto juntos, cuando había tenido que hacerle un reconocimiento en la sala de urgencias. Edward había salvado a esa chica humana de que una camioneta impactase contra ella. Si en un primer momento Carlisle pudo haber dudado un ápice y creer en la versión que daba Edward acerca de haberlo hecho para que su sangre no se derramara, había quedado suprimida al ver la mirada en el rostro de su hijo. Por más que intentase aparentar, no podía despegar la vista de la pequeña humana de expresivos ojos color chocolate; incluso su postura le delataba, con los hombros encorvados hacia delante, como si estuviese preparándose para hacer de escudo viviente ante cualquier tipo de peligro.
Cuando semanas después Edward la había llevado por primera vez a casa de los Cullen, estaba tan profundamente enamorado que su adorada Esme no había podido evitar bromear acerca de ir haciendo sitio para Bella. Y, la verdad, a Carlisle no le había disgustado la idea. Es más, le había causado alegría, una alegría casi incomprensible. Después de todo, solo la conocía desde hacía un par de meses... pero la chica ya le tenía envuelto alrededor de su dedo, tal y como le tenían Alice y Rosalie.
Podía recordar cuando Bella le había llamado 'papá' por primera vez. No era algo fácil de olvidar... Había hecho que su muerto corazón saltase en su pecho. Se había quedado en shock, congelado, hasta que finalmente había conseguido reaccionar lo suficiente como para abrazar a su pequeña hija contra sí, apretándola contra su cuerpo de piedra y depositando un frío beso en su frente.
En ese momento se había jurado no volver a dañarla, como había hecho con su partida. En parte se culpaba de aquello, ya que la idea había sido de Edward pero él, como cabeza de familia, había sido quien había tomado la decisión final... la decisión de abandonar a su hija.
Apretó los puños mientras dejaba caer la cabeza entre las manos. Nada volvería a hacerle daño. Ni él, ni los lobos, ni otro vampiro. Lo había jurado. Y ahora no estaba. Su pequeña... no estaba. Se había marchado. Estaba en peligro. ¿Estaría sola y asustada? ¿Le echaría de menos? ¿Tendría pesadillas y le llamaría en sueños? La sola imagen de Bella llorando, con todo su cuerpo convulsionándose a causa de los sollozos, hizo que se le escapase un gemido de dolor, lamentándose.
Una pequeña mano se posó sobre su hombro y Carlisle apoyó en ella una de las suyas. Apenas sintió el movimiento del tablado de madera cuando Esme se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro. Tenía el blanco de los ojos enrojecido y los ojos dorados ligeramente oscuros, llenos de lágrimas de veneno que no podía derramar. Carlisle rodeó la cintura de su mujer con sus brazos, apretándola contra él, y ella le devolvió el abrazo.
-¿Estará bien, Carlisle? -preguntó Esme con su suave voz temblándole ligeramente.- Nuestra pequeña... ¿estará bien?
Carlisle no respondió en un primer momento, dirigiendo sus ojos dorados al cielo, donde vislumbraba la luna y las estrellas, en una silenciosa oración. Si Dios existía, como él realmente creía, les devolvería a su niña sana y salva.
-Eso espero, Esme... Eso espero.
o.O.o.O.o.O.o.O.o.O.o
-Creí entender que con otra varita... NO TIENE SENTIDO -gimió el anciano cuando los largos dedos de Harry se cerraron en torno a su garganta.
-Me has mentido, Ollivander -siseó. Podía verse reflejado en la oscura piedra de la pequeña celda donde se encontraban. Su rostro de serpiente estaba furioso, con los oscuros y pequeños ojos brillando salvajemente con un fulgor rojo sangre.
-CREÍ QUE CON OTRA VARITA FUNCIONARÍA, LO JURO -la voz del hombre no demostraba miedo realmente, sino perplejidad por algo que él, Harry, no alcanzaba a comprender. Solo sabía que fuera lo que fuese que le había dicho aquel mago, no había resultado como esperaba, y eso le ponía furioso. -Pensaré en otra solución.
Hubo un resplandor y los gritos del hombre resonaron, una vez más.
Harry abrió sus increíbles ojos esmeralda con un sobresalto. Jamás se acostumbraría a tener acceso directo a la mente del Señor Oscuro.
Se levantó y observó la escena ante él. Ron estaba tirado en el suelo de cualquier manera, roncando. No se encontraba a gusto durmiendo con los 2 hermanos, ya que Bella se movía mucho cuando dormía, y había acabado en el parqué tras uno de sus numerosos empujones. Hermione se encontraba en el cómodo sofá al lado de la cama. Tenía la mano caída justo donde se encontraba la de Ron, y Harry imagino que habían estado de la mano hasta que se habían dormido. Miró a su lado solo para comprobar que la ropa de cama estaba caída y su hermana no estaba por ningún lado.
Se levantó y anduvo por la casa, mirando los retratos ya conocidos y pasando los dedos por las paredes, hasta llegar a una puerta de madera en la que estaba grabado un nombre: Sirius. La puerta estaba abierta por un resquicio. Al pasar, se encontró con Bella, parada en mitad del cuarto, al lado del escritorio de su padrino. Tenía en la mano un libro de aspecto antiguo y ajado, quizá de un par de décadas, puede que más. En la contraportada se podía ver a una mujer ya mayor en aquella época bajo el nombre de Bathilda Bagshot. En la parte delantera el título 'Historia de la magia' relucía en dorado.
-¿Bella, qué...? -empezó a preguntar Harry pero la voz de cierto pelirrojo les interrumpió.
-¿¡ISABELLA!? -gritó Hermione. Sonaba asustada.- ¿¡HARRY!?
-¡Estamos aquí! -gritó Harry de vuelta. Se oyeron pasos fuera, y Hermione irrumpió en la habitación.
-¿Qué ocurre? -le preguntó Bella con un hilo de voz al verla.
-¡Nos hemos despertado y no sabíamos donde estabais! -jadeó la chica. Volvió la cabeza y boceó-: ¡LES HE ENCONTRADO, RON!
La irritada voz de Ron resonó varios pisos más abajo:
-¡Me alegro! ¡Diles de mi parte que son un par de idiotas!
-Harry... -le llamó Bella suavemente. El pelinegro volvió sus ojos esmeralda hacia su hermana. Le tendió un par de fotos con manos temblorosas.- Mira lo que he encontrado...
Harry miró el cuadrado de papel. Un bebé de pelo negro entraba y salía zumbando de la fotografía en una escoba diminuta y riendo a carcajadas. A su lado, una bebé jugaba en el suelo, con su pelo corto cambiando de color constantemente, en el regazo de una mujer pelirroja. Se veían unas piernas al fondo que debían de ser las de James. La otra foto era un retrato de familia, pero estaba partida por la mitad: solo se veía a James con Harry sentado en sus rodillas. No había nada más.
Harry miró a Bella y vio sus ojos llenos de lágrimas.
-Quiero irme a casa, Harry... -parecía querer decirle, mirándole con sus oscuros ojos. Sin embargo, ni un solo sonido salió de su boca.
-¿Hermione? ¿Dónde estáis? -reclamó Ron, con tono apremiante.- ¡Creo que he encontrado algo!
Los tres amigos se precipitaron escaleras abajo. Harry tomó la delantera, bajando de un salto desde la escalera y aterrizando en el rellano, con Hermione y Bella tras él. Cuando llegaron al piso donde estaba Ron, le vieron parado delante de una puerta abierta de madera oscura y que tenía profundos arañazos en la madera.
Hermione sacó la varita y se asomó a la habitación. El sofá estaba tirado, los armarios abiertos, había marcos rotos por todas partes. En resumen, se encontraba patas arriba.
-Genial... -murmuró Hermione con voz cargada de sarcasmo.
-No me refería a eso -replicó Ron, pensando que el comentario iba por él.
Hermione rodó los ojos.
-Yo tampoco. Creo que alguien ha registrado la casa -explicó Hermione. -La habitación de Sirius estaba igual.
-¿Quién puede haber sido? -inquirió Harry.
-¿Snape? -observó Ron. Bella apretó los labios y negó con la cabeza.
-Él era parte de la Orden. Todo lo que tenía que saber, lo sabía cuando nos traicionó -los amigos intercambiaron miradas de preocupación ante el tono de Bella. Parecía muy preocupada por algo, y tenía la mirada ida. La última vez que la habían visto así, fue cuando Edward se había marchado. En aquel entonces realmente habían temido que hiciera algo... temerario. Como acabar consigo misma o incluso ir ella sola tras el Señor Oscuro.
Hermione dio un paso atrás desde el marco de la puerta; pero, antes de que pudiese decir algo a su mejor amiga, captó algo por el borde del ojo y se volvió como un resorte hacia la plaquita de la puerta.
-Regulus Arcturus Black... -murmuró. Los ojos se le abrieron de golpe y abrió la boca un par de veces, sin emitir sonido alguno.
Parecía que por fin habían encontrado a R. A. B.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
Sentados en la mesa de la cocina, Harry dejó el falso horrocrux sobre la mesa y leyó la nota que había encontrado dentro, para que sus amigos conociesen las palabras exactas.
-Ya sé que moriré mucho antes de que leáis esto... -Harry miró a sus amigos y tragó saliva antes de continuar. El corazón la latía desbocado y sentía la boca extrañamente seca.- He robado el horrocrux auténtico y lo destruiré en cuanto pueda.
-R.A.B. es el hermano de Sirius -señaló Ron diciendo lo que ya era obvio pero que no conseguían terminar de procesar.
-Sí -asintió Hermione, frunciendo el ceño.- La cuestión es si llegó a destruir el auténtico horrocrux.
Se oyó un golpe y todos se sobresaltaron, volteándose a la vez al pequeño armarito de la cocina bajo el fregadero. Se levantaron, procurando hacer el mínimo ruido posible. Harry fue, varita en mano, y cerró el puño entorno al pomo. Contó hasta 3 y abrió la puerta de golpe.
La mano de Harry se cerró en torno al cuello de la criatura con orejas similares a alas de murciélago y vestido con un viejo saco de patatas. El elfo que, a efectos prácticos, pertenecía a los Potter corrió a esconderse.
Kreacher había sido parte de la herencia de Sirius. Aunque hubiese resultado que estaba vivito y coleando, el elfo ya había jurado lealtad a sus nuevos amos. Eso no quería decir que no fuese a obedecer a Sirius si le decía cualquier cosa, pero tenía la obligación de escuchar a Harry y Bella.
-¿Nos estabas espiando, verdad? -gruñó Harry furioso. El elfo agachó la cabeza, a regañadientes, en un gesto de servidumbre.
-Kreacher ha estado observando -dijo la criatura con su ronca voz de sapo.
-Tal vez sepa donde está el guardapelo -intervino Hermione. Bella se dirigió a la mesa y tomó el falso medallón antes de dirigirse al elfo.
-¿¡Has visto esto antes!? -inquirió balanceándolo frente a él. La criatura gimió un par de incoherencias y Bella sintió que se le acababa la paciencia.- Kreacher -rugió apretando los dientes.
-Es el guardapelo del amo Regulus -se rindió el elfo.
-Pero había dos ¿no? -replicó la bruja. Hubo un destello rojo sangre en sus ojos marrones tan fugaz que Harry se preguntó si se lo había imaginado.- ¿Dónde está el otro?
Kreacher parecía de repente muy apenado.
-Kreacher no sabe donde está el otro guardapelo...
-Ya, pero ¿lo has visto alguna vez? -preguntó Hermione, adelantándose y mirando fijamente al elfo.- ¿Ha estado en esta casa?
Kreacher le dirigió una mirada de puro odio.
-PUERCA SANGRE SUCIA, LOS MORTÍFAGOS ESTÁN EN CAMINO, Y TE MATARÁN A TI Y AL TRAIDOR A LA SANGRE WEASLEY -Hermione se apresuró a contener a Ron, que en el momento en que había empezado a escuchar el insulto hacia Hermione había tomado una sartén y estaba intentando librarse para atizarle.
-¡YO TE VOY A ENSEÑAR RESPETO, BICHEJO! -gritó, intentando liberarse de los brazos de Hermione y Harry.
-¡YA BASTA! -rugió Bella, sacando la varita y apuntándole. Su expresión se volvió salvaje. -Responde -gruñó.- AHORA.
Kreacher la miró de hito en hito antes de contestar.
-Sí, ama... -suspiró.- Estuvo aquí... En esta casa -Kreacher se estremeció.- Un objeto diabólico...
-¿Por qué dices eso? -inquirió Bella.
-Antes de morir, el amo Regulus ordenó a Kreacher destruirlo -los normes ojos del anciano elfo se llenaron de verdaderas lágrimas, atormentado por los viejos recuerdos de su amo.- Pero por mucho que Kreacher lo intentó, no lo consiguió...
-Bien -dijo Bella secamente. -¿Dónde está ahora? ¿Se lo llevó alguien?
Kreacher asintió, con la mirada perdida en la nada.
-Vino por la noche... Se llevó muchas cosas... -un escalofrío recorrió el pequeño y maltratado cuerpo del elfo. Comenzó a mecerse hacia delante y hacia atrás.- Incluido el guardapelo.
-¿QUIÉN? -exigió Bella.- ¿Quién fue, Kreacher?
El elfo doméstico dirigió la mirada hacia la muchacha, con una pose respetuosa.
-Mundungus... Mundungus Fletcher.
La mirada de Bella se volvió fría como el hielo.
-Búscale -dijo con una voz que rebosaba enfado e indignación y, con una sonrisa vengativa, Kreacher giró sobre sí mismo y se desapareció de la vieja cocina, en busca del ladrón.
En busca del traidor.
En busca de Mundungus Fletcher.
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Buenaaaaas, mis lectores :) Este es mi regalo de fin de año, el último capítulo que publicaré en 2014. Espero que os haya gustado tanto como a mi escribirlo. ¡POR FIN HAN ENCONTRADO A R.A.B.!
¿Tenéis ganas de ver lo que Bella hará con el traidor de Mundungus? DarkBella is comiiiiiiiiiiiing... (8)
¡Echo de menos a ciertos lectores con los que solía hablar a menudo! D: ImagineMadness, Sandryttaa, Casiepl, sí seguís ahí... ¡I MISS U!
El resto ya sabéis quienes sois (CF98, Nuria13C, taikara100, marieisahale, damalunaely, etc y etc) porque os doy la tabarra por MP xd
SOLO QUERÍA FELICITAROS EL AÑO! :)
A todos y todas los que dejáis anónimos o simplemente me leeis porque os gustan mis historias, feliz año también, y espero sigáis conmigo el año que viene!
¡FELIZ 2015!
¿Merezco un review como último regalo vuestro este año? C:
Un saludo,
Ceci.
*Travesura realizada*
*NOX*
