El expreso de Hogwarts se detuvo repentinamente con un chirrido. Los alumnos intercambiaron miradas y los más mayores sacaron las largas varitas de madera, dispuestos a luchar de ser necesario.
Una por una las puertas de los compartimentos se fueron abriendo. En primer lugar Slytherin. Los mortífagos no le dedicaron dos miradas; era obvio que nadie de su casa iba a ocultar a los mellizos.
La siguiente fue Ravenclaw. Era conocido por todo el mundo en Hogwarts la estrecha relación que tenía Bella con más de un mago de los que pertenecían a la casa del águila. Su afición por el conocimiento y los libros habían hecho que se granjease muchas simpatías entre los eruditos hechiceros.
Por último, Hufflepuff y Gryffindor, los cuales se encontraban en el último vagón, el más grande de todos, suficiente para albergar a ambas casas. Un trío de mortífagos se abrió paso y todos los estudiantes callaron.
Al frente se encontraba Avery, con su rostro tosco y el pelo largo y desgreñado. Sus oscuros ojos miraban con desprecio a los Hufflepuff, a los cuales consideraba un simple reflejo de lo que un mago debía ser, y a los Gryffindor, sus enemigos, los niños mimados de Dumbledore. A sus flancos se encontraban Crabbe senior y Goyle padre, con unos rostros que eran demasiado parecidos a los de sus crueles vástagos.
Cormac McLaggen, haciendo alarde de lo que él consideraba valentía y que el resto pensaba que rayaba en la estupidez, se levantó y dijo con voz clara:
-Mi padre se enterará de esto -los ojos de Crabbe se trabaron en los suyos, enseñando un poco los dientes, y Cormac se quedó pálido.
Los mortífagos continuaron avanzando. Cedric, cuyos puños temblaban fruto de la ira, se levantó pegando un puñetazo en la mesa.
-¿Quiénes os creéis que sois? -dijo entre dientes, tratando de no ponerse a gritar mientras sentía las llamas ardientes de la ira abrirse paso en su pecho.
Avery le miró y sonrió de lado, burlón, esbozando una expresión socarrona.
-¿De verdad tenemos que matarte de nuevo, muchacho? -Cedric se llevó una mano a la cinturilla de los pantalones, pero Devon le tomó de la manga. El chico Diggory dirigió una mirada irritada a su amigo, que negaba con la cabeza.
-No lo hagas -susurró el pelinegro. Finalmente, Cedric se dejó caer de nuevo en el asiento y Avery soltó una carcajada.
-Buen chico -aprobó mientras sus ojos seguían vagando por la estancia.
Otro estrépito se oyó cuando Neville Longbottom se levantó desde su posición al lado de Ginny Weasley, sus ojos desafiantes y el rostro mostrando fiereza.
-¡Eh, inútiles! -les llamó en un arranque de bravuconería. Los mortífagos le fulminaron con la mirada, pero él no se echó atrás.- No están aquí. Pero nosotros sí -afirmó con rotundidad, su voz fuerte, poderosa. Con los restos de su bravata aún calientes en el pecho, no pudo contenerse y les sonrió malévolamente. Peligrosamente.- Yo de vosotros lo tendría presente.
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El Ministerio de Magia estaba completamente controlado por los mortífagos. Se podía ver en los innumerables carteles con fotos de Harry y Bella bajo el sobrenombres de 'Indeseables Nº1'. Se podía ver en los estandartes con la marca tenebrosa que ondeaban por doquier. Se podía ver en la gran M mayúscula que se había grabado en la pared de la cúpula bajo la inscripción 'La magia es poder', aquello que hacía tantos años el recuerdo de Tom Ryddle había tratado de hacer ver a la joven y testaruda Isabella Potter. Y se podía ver en la gran estatua de un mago, sentado en un trono que descansaba sobre los hombros de decenas de muggles y otras criaturas, que ahora presidía el Ministerio.
Pius Thicknesse miró al frente, hacia las decenas de flashes de los periodistas, rodeado por Dolores Umbridge, el insufrible sapo rosa; Rowle, que se estaba recuperando de las heridas infligidas por los Potter; y Albert Runcorn, en su nuevo papel de secretario del nuevo Ministro.
-Como nuevo Ministro de Magia -comenzó Thicknesse; su tono robótico y su cara sin emoción, fruto de la maldición imperius que le controlaba por completo- prometo devolver a este templo de tolerancia su pasada gloria -los periodistas se apartaron cuando un grupo de carroñeros aparecieron agarrando a magos de diversas edades y etnias, todos inconscientes o aterrorizados. Thicknesse continuó su discurso sin inmutarse, al igual que su séquito: -Por tanto, a partir de hoy, todos los empleados se someterán de forma... voluntaria a evaluación -una sonrisa tétrica muy poco humana se extendió por su rostro al ver como los carroñeros arrastraban a un joven mago de pelo claro que no llegaría a los 27 años, muy malherido: Un chico que acababa de ser padre hacía nada, un chico con una vida por delante. Pero eso no importaba.- Considerad que no tenéis nada que temer -su mirada recorrió la concurrida sala, seria- si no tenéis nada que ocultar... -finalizó, y Dolores Umbridge no pudo menos que sonreír, pensando que por fin las cosas marchaban como debían.
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Ron aporreó las teclas del piano, haciendo que el bello instrumento desafinara estrepitosamente. Bella hizo una mueca. Recordaba perfectamente todas las mañanas, tardes y noches que había pasado con Edward sentado al piano, deslizando los pálidos dedos sobre las teclas blancas y negras de marfil, tocando su nana o la canción de Esme, las favoritas de Bella. Se sobresaltó cuando escuchó reír a Hermione, que se veía más feliz de lo que había estado en días.
-Un poco más suave -susurró su amiga, tocando una lenta escala en el piano, las mismas notas que había tocado Ron, solo que esta vez salieron en forma de una bella melodía. Hermione apenas se percató, mientras tocaba, de que los ojos azules de Ron estaban clavados en su rostro, mostrando un cariño que poco tenía de fraternal.
Bella dirigió sus oscuros ojos a Harry, que miraba la snitch en sus manos, dándole vueltas una y otra vez, sin comprender por qué demonios no se abría. La chica Potter no podía sacarse de su mente el sueño con Cedric, y estaba comenzando a asustarla. Para compensarlo, trataba de pensar en los Cullen siempre que le era posible. Había odiado la sensación de olvidarles, de no recordar a su amor, a su familia; no quería que eso ocurriese, nunca.
-Tiene memoria táctil -dijo Hermione y Bella se sobresaltó; ni siquiera se había percatado de que el piano había dejado de sonar y sus 2 amigos se habían unido a ellos en los sillones de los Black.- Cuando Scrimgeour te lo dio... -Hermione negó con la cabeza, confundida- pensé que se abriría, en cuanto lo tocaras. Que Dumbledore habría escondido algo dentro.
Antes de que Harry pudiese contestar se oyó un potente ruido y se empezaron a escuchar gritos y gemidos ahogados, como si a quien fuese le hubiesen metido un calcetín en la boca.
Todos se levantaron y echaron a correr hacia la cocina. Bella sacó la varita, no entendía qué era la maraña de extremidades que no dejaba de proferir improperios. Mundungus Fletcher, con su calva reluciente y su pinta de mafioso de tres al cuarto, trataba de librarse de los dos elfos: Kreacher, que se aferraba a la parte superior de su espalda y
cuello, tapándole la boca con la mano y lo que parecía un trapo tan viejo como el saco de patatas con el que se vestía; y Dobby, que estaba agarrado a su pierna derecha, pegado como una lapa a los salientes de un acantilado.
-Harry e Isabella Potter -saludó su amigo el elfo, mirándoles con sus ojos verdes y brillantes, sin soltarse de Mundungus. Una sonrisa se implantó en su cara, de oreja a oreja.- ¡Cuánto tiempo! -exclamó con alegría.
-SOLTADME, BICHOS INMUNDOS -gruñó Mundungus entre dientes.- ¡SOLTADME O...!
En un rápido movimiento, Bella tenía fuera la varita y se había colocado delante de él, agarrándole por la pechera de la fea camisa barata y mirándole a los ojos.
-No están en posición de amenazarnos, Mundungus -susurró con voz peligrosamente dulce, para luego sonreír de forma aterradora.- Yo que tú cuidaría tu lengua... o quizá yo me cuide de ella -presionó la varita en la base de su garganta, lo suficiente como para que él la notase sobre la piel. Los ojos de Mundungus se abrieron, aterrados.- ¿Me entiendes?
-Bella -llamó Harry, con tono reprobatorio. Bella rodó los ojos y chasqueó la lengua antes de apartarse, volviendo al lado de su hermano.
Kreacher saltó desde los hombros de Mundungus al suelo e hizo una profunda reverencia.
-Como han solicitado los amos, Kreacher vuelve con el ladrón -anunció con su ronca voz.
Mundungus aprovechó aquel momento, levantándose con dificultad y sacando su varia, pero Hermione fue más rápida que él y gritó:
-¡Expelliarmus!
La varita mágica de Mundungus saltó por los aires y Hermione la atrapó en un fluido movimiento. El ladrón les miró incómodo, retrocediendo hasta colocarse al otro lado de la mesa, de forma que hubiese al menos alguna barrera entre los cuatro jóvenes magos y él.
-¿Qué juego es este? -inquirió Mundungus, con voz ligeramente ofendida, pero también temerosa. No creía que Harry le fuese a hacer realmente daño... al menos, no algo de lo que no pudiese recuperarse con un poco de tiempo y magia. En cuanto a esa chica, Isabella... había algo en su mirada... se estremeció.- ¿Enviar a dos elfos domésticos en mi busca...?
El cuerpecito de Dobby aterrizó en la mesa y se subió a ella, mirando al Cuarteto Dorado algo nervioso.
-Dobby solo intenta ayudar -dijo el pequeño elfo con su voz chillona. Mientras continuaba andando por la mesa, con los ojos fijos en Harry y Bella, Hermione y Ron cercaron a Mundungus yendo por el otro lado del mueble. -Dobby vio a Kreacher en el Callejón Diagón y a Dobby le pareció... curioso. Y luego, Dobby oyó a Kreacher mencionar el nombre de Harry Potter. Y luego, Dobby le oyó mencionar a Isabella Potter -Kreacher, que había hecho lo posible para seguirles pese a su edad, trató de meter baza entonces, pero Dobby le dio un codazo para continuar hablando él, provocando una expresión de enfado en el rostro de la anciana criatura.- Y luego Dobby vio a Kreacher hablando con el ladrón Mundung...
-¡NO SOY UN LADRÓN! -exclamó entonces Mundungus, indignado. -ENANO, DE M... -se interrumpió al ver los ojos de Bella relampaguear, mientras se llevaba la mano al bolsillo de los vaqueros. ¿Había sido cosa suya o, por un momento, los ojos de la joven bruja habían parecido de color rojo...?.- Soy proveedor de objetos raros y asombrosos.
Ron resopló con desdén.
-Eres un jodido ladrón, todo el mundo lo sabe -replicó el pelirrojo, sin dejar de escudriñarle con la mirada. El rostro de Dobby se iluminó.
-¡Maestro Weasley...! -exclamó con adoración.- ¡Qué alegría verle otra vez...!
Ron se rio y le tendió la mano, que Dobby cogió y sacudió ligeramente, haciendo una ligera reverencia.
-Molan las zapas -le alabó Ron guiñándole un ojo, y el Dobby se puso de color carmesí, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. ¡Cómo había echado de menos a sus amigos...!
-Ron, siento interrumpir el momento -comentó Bella, sarcástica.- Creo que os podéis ir luego a cenar y poneros al día, pero ahora... -se volvió a Mundungus, arrinconado ya en la esquina de la cocina. -Es hora de demostrarle qué se hace con los traidores como él.
-¡ESPERA, ESCUCHA! -exclamó Mundungus, que estaba sudando a chorros.- ¡ESCUCHA BELLA! ¿Puedo llamarte Bell...?
-NO -rugió la bruja, su pelo comenzando a ponerse rojo fuego.
-Yo... yo... -Mundungus parecía al borde del colapso nervioso mientras miraba los ojos de la chica Potter, llenos de odio.- ME ENTRÓ PÁNICO ESA NOCHE, ¿VALE? ¿ACASO FUE CULPA MÍA QUE OJOLOCO -Los chicos se quedaron lívidos ante la mención de su compañero caído, pero Mundungus pareció no darse cuenta- CAYERA DE SU ESCOBA?
-PARA QUE TE ENTERES, NADIE MÁS SE DESAPARECIÓ -le espetó Hermione.
Mundungus se rio sin gracia.
-Pues sois una pandilla de malditos héroes ¿vale? Yo nunca dije que estuviera dispuesto a dar la vida por...
-No nos interesa saber por qué dejaste plantado a Ojoloco -lo interrumpió Harry.- Ya sabíamos que eras un canalla y que no se podía confiar en ti.
-¿Entonces...? -exclamó sorprendido Mundungus.- ¿Qué más...?
-Calla y escucha -gruñó Bella, acercando aún más la varita a sus ojos, con bolsas e inyectados en sangre.
-YO NO HE HECHO NADA -gritó Mundungus.
-DI LA VERDAD -replicó Hermione, también a gritos.
-Cuando pusiste esta casa patas arriba, no lo niegues, encontraste un... -empezó Harry pero de nuevo Mundungus le interrumpió.
-¡OH, POR FAVOR! ¡SIRIUS NUNCA LE DIO NINGÚN VALOR A LA CHATARRA QUE...!
Hubo un correteo, un destello color cobre, un resonante golpazo y un chillido de dolor: Kreacher se había abalanzado sobre Mundungus para golpearle la cabeza con una sartén.
-¡SACÁDMELO! -vociferó Mundungus cubriéndose la cabeza con ambos brazos al ver que el elfo volvía a levantar la enorme sartén.
-¡Kreacher, no lo hagas! -ordenó Harry.
-¡Oh, vamos! -exclamó Bella con fastidio, pegando una patada en el suelo.- ¡DÉJALE QUE LO HAGA!
Los delgados brazos del elfo temblaban bajo el peso de la sartén que sostenía en alto.
-Una vez más, amo Harry, por si acaso.
Ron se echó a reír y Bella se unió a él sin poder evitarlo.
-Nos interesa que esté consciente, Kreacher, pero si hay que persuadirle un poco, harás los honores -prometió Harry sonriendo a su pesar.
-Gracias, amo -replicó Kreacher, echándose un poco hacia atrás sin dejar de mirar a Mundungus con sus grandes y pálidos ojos cargados de odio.
-Cuando te llevaste de esta casa todos los objetos de valor que encontraste, -volvió a decir Harry- encontraste un guardapelo.
Los ojos de Mundungus brillaron, calculadores.
-¿Por qué? ¿Era valioso?
-¿Aún lo conservas? -inquirió Hermione al ver su repentino interés.
-Nah -negó Ron con el desprecio tatuado en su rostro.- Seguro que lo ha vendido por una miseria.
-Casi regalado -gimió Mundungus, negando repetidamente con la cabeza.- Estaba yo... vendiendo mi mercancía cuando una auxiliar del Ministerio se me acercó, requiriéndome la licencia. ¡Con intención de encerrarme! -exclamo levantando las manos al cielo, como si la simple idea le pareciese inconcebible.- Y lo habría hecho... de no haberse encaprichado de ese guardapelo.
-¿Quién era? -inquirió Bella.- La bruja, ¿la conoces?
-No, yo... -comenzó Mundungus, pero se interrumpió al ver un periódico sobre la mesa con la foto de aquella bruja en portada. No podía ser posible. Se levantó tan rápido que Bella no reaccionó, y tomó el peródico, indignado. -¡PERO SI ES ELLA! ¡MIRAD! -reclamó al Cuarteto Dorado, señalando el trozo de papel imperiosamente.- ¡Con su lazo y todo!
Los cuatro amigos intercambiaron miradas de preocupación y sorpresa, porque desde la portada de 'El Profeta' les sonreía una vieja conocida suya... Dolores Umbridge. Bella sintió un hormigueo en las cicatrices del dorso de la mano derecha.
-¿Nos vas a decir que hiciste con el resto de cosas...? -preguntó mirando al mago, el cual la miró boquiabierto.
-¡No me llevé nada más, lo juro! -replicó Mundungus con pánico en la voz. Luego, tratando de distraer a Bella, cometió el error de añadir:- ¿¡Sabes que toda la comunidad mágica sabe sobre tu relación con esos vampiros, esos chupasangres que tanto quieres, los Cullen!? -Bella se envaró y sus ojos se volvieron fríos, pensando que era una amenaza.
-¿Harry...? -inquirió Bella con voz suave apenas más alta que un susurro.- ¿Puedes llevarte a Ron y Hermione? -su hermano le dedicó una larga mirada indescifrable, pero finalmente suspiró y asintió.
-¿Qué...? ¿¡Por qué!? -jadeó Mundungus en busca de aire, con los ojos muy abiertos.- ¡ESPERAD, NO...! -gritó pero la puerta ya se había cerrado y se había quedado a solas con Bella. Con un movimiento de varita, oyó como las cadenas y cerrojos de la puerta se movían en su lugar, dejándoles aislados.
-¿Sabes? No son 'vampiros', como tú les llamas... -dijo Bella, sin inflexión en la voz, mientras daba vueltas a la varita en sus manos.- Son mi... familia. Y ten en cuenta, que haré todo lo que pueda para mantenerles a salvo. Y cuando digo todo... digo todo. Los únicos que saben que estás aquí... son esos tres chicos de ahí afuera -comentó haciendo un gesto con la cabeza hacia la puerta.- Y son amigos míos. Y amigos de mi familia. Así que... -concluyó Bella, sonriendo de forma escalofriante- ahora mismo estamos solos, tú y yo. El traidor y Bella Potter.
-¡Si me tocas, lo denunciaré! ¡AL MINISTERIO! -exclamó Mundungus pegándose todo lo que pudo a la pared. Bella se echó a reír y cerró los ojos un momento, negando con la cabeza.
-Me da igual -replicó la bruja acercándose a él.
Fuera, Harry cerró los ojos al escuchar los gritos de Mundungus, que resonaron por toda la casa.
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
HEY HEY HEEEEEEEEEEY! Espero que os haya gustado este breve... 'vistazo' al lado más oscuro de Bella. Después de todo, todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, no hay solo buenos y mortífagos. Probablemente veréis más de este lado a lo largo de este segundo libro... DARKBELLA IS HERE TO STAY.
Chicos, si tenéis alguna sugerencia o algo, ya sabéis, review o PM.
¿Merezco un review? :)
Un saludo,
Ceci.
*Travesura realizada*
*NOX*
