Alice suspiró, mirando hacia el infinito sentada en el tejado de la Madriguera. Cerró los ojos de nuevo, tratando de ver el futuro. Se quedó estática y las imágenes pasaron rápidamente tras sus párpados.

-Isabella... -dijo la voz sibilante. Bella apareció entonces ante ella, vestida con una túnica negra con un escudo color verde y plata, con algo que parecía una serpiente en su parte frontal. Su hermana alzó la mirada y ella se sobresaltó; sus ojos, habitualmente color chocolate, eran rojos y... fríos. ¿Dónde estaba la calidez que irradiaba su mirada? ¿Dónde estaba la dulce, amorosa chica que ella conocía?

Bella hincó una rodilla en el suelo y bajó la cabeza, mostrando respeto.

-Maestro.

-Quiero que hagas algo por mi, Isabella... -repitió la voz que arrastraba las palabras. Vio una sonrisa tirante en la oscuridad en el rostro de la persona que estaba en la penumbra, y a Alice le recorrió un escalofrío al ver como aparecía una sonrisa aterradora en el rostro de Bella. -Que los mates.

La visión se Alice se desenfocó y vio imágenes inconexas ante sus ojos: una mancha verde que parecía un bosque, un lobo aullando, sangre... y unos ojos dorados, que no sabía a quien pertenecían, llenos de dolor.

Se llevó las manos a las sienes, masajeándolas. Aquellas extrañas visiones... cambiaban constantemente, no podía ver nada en claro, y le daban un dolor de cabeza terrible.

Aunque siendo honestos... lo que más le daba dolor de cabeza era ver a Bella de aquella forma. La visión se había repetido varias veces, pero a veces cambiaba: unas veces, Bella acataba las órdenes de quien quiera que fuese aquella persona; otras, Bella se negaba... y su futuro desaparecía.

-¿Desde cuando... -comenzó Fred Weasley.

-… los vampiros pasáis... -continuó George Weasley.

-… las largas noches... -añadió Fred.

-…mirando al cielo? -finalizó George.

Alice se sobresaltó, dándose la vuelta tan rápido que a ojos de los magos pareció un borrón.

-¿Qué hacéis aquí?

Fred rodó los ojos y George soltó un bufido.

-Es nuestra casa -le recordó George y Alice se avergonzó un poco por sus palabras.

-Lo sé.. quiero decir... yo... bueno... -la risa despreocupada de Fred cortó su improvisado discurso y ella parpadeó, sorprendida.

-No te estamos echando en cara nada, Alice -murmuró Fred, quitándose el pelirrojo cabello de los ojos con una sacudida de cabeza. Se encogió de hombros. -Al fin y al cabo, nosotros ya no vivimos aquí.

-Bueno, ahora sí -terció George y su gemelo hizo una mueca.- Temporalmente, claro.

-O al menos eso esperamos -añadió Fred.

George sonrió a Alice abiertamente, aunque en sus ojos había un reducto de tristeza.

-Sabemos por qué estás aquí -confirmó el mago y Alice se envaró.

-¿Ah, sí? -inquirió, algo recelosa.

-Sí -asintió Fred.- No podías mantenerte alejada de nuestros hermosos rostros -dijo acariciando su propia cara.

-¿Habías visto alguna vez unos rasgos más perfectos? -bromeó George.

-Somos prácticamente dioses -corroboró Fred. Alice no pudo evitar echarse a reír, negando con la cabeza, divertida y momentáneamente distraída hasta que recordó qué era lo que la había llevado allá arriba. La sonrisa se desvaneció y el labio le tembló ligeramente; hizo un puchero, con los ojos llenos de lágrimas de veneno que no podía derramar.

Se dio la vuelta y se dejó caer de nuevo junto a una de las chimeneas, con los pies colgando por el borde del tejado, y abrazándose los costados. Se sentía como si fuera a romperse. No podía permitir que Jasper sintiese su dolor, le destrozaría, y además... él no lo entendería. Bella era su hermana pequeña, sí, pero no tenía la relación que tenía con ella. Bella no era su hermana preferida. Bella no era su mejor amiga...

El brazo de Fred le rodeó los hombros y sin apenas darse cuenta se encontró encajada entre los gemelos, con la cabeza apoyada en el hombro de George y profiriendo secos sollozos. Fred le apretó los hombros.

-Lo sabemos Alice... Lo sabemos -suspiró el chicho Weasley con voz quebrada.- Nosotros también la echamos de menos...

o.O.o.O.o.O.o.O.o

Ron esperó a ver hasta que vio a la bruja, vestida con un traje de raya diplomática, asomarse por la esquina y corrió, situándose frente a una gran puerta de garaje. Se agachó, fingiendo atarse los zapatos, tapando a la bruja de la vista de nadie más. Hubo un destello plateado y Mafalda Hopkirk cayó, inconsciente, en unos brazos que momentos antes no estaban allí. Ron se levantó, tomó las piernas de la mujer y ayudó a Harry a introducirla al interior del garaje, donde ya yacían otros 2 magos y otra bruja en el suelo, completa y profundamente dormidos.

Bella estaba a un lado, con un pie apoyado en la pared y mirándose las uñas de forma despreocupada.

-¿Podrías hacer algo, no crees? -le gruñó Harry mientras dejaban a la funcionaria en el suelo. Bella sonrió y su apariencia cambió en apenas segundos a la de la bruja en el suelo. Su pelo se volvió corto y de un tono rubio pajizo, la piel se le oscureció ligeramente, en un tono más moreno; sus ojos se volvieron de color café y creció un par de centímetros.

-¿Mejor? -preguntó ella con voz cantarina. Ron se estremeció.

-Odio cuando haces eso.

Hermione, ignorándoles por completo, se agachó al lado de los magos y tomó un pelo de la cabeza de Mafalda, echándolo en la última petaca de poción multijugos, ya que las otras que le quedaban las había utilizado con los otros dos funcionarios. Luego se levantó y pasó una a Harry y otra a Ron.

Suspiró y tomó una profunda respiración.

-Bien -dijo con voz ligeramente temblorosa.- Recordad lo que hemos dicho. No habléis con nadie si no es estrictamente necesario. Actuad... con normalidad -dirigió una mirada de refilón a Bella y su amiga le dirigió una media sonrisa de disculpa. Todos sabían como se las gastaba Bella con la gente del Ministerio, pero esta vez era necesario que se controlase, no solo por su bien, sino por el del Mundo Mágico en general.- Haced lo que hacen los demás. Si hacemos eso, con un poco de suerte entraremos. Y luego...

-A jugárnosla -completó Harry y Hermione asintió, tragándose el nudo que sentía en la garganta.

-Correcto -asintió su amiga y el chico Potter frunció el ceño.

-Esto es cosa de locos...

-Afirmativo -murmuró Bella.

-Completamente -corroboró Hermione.

-El mundo está loco -dijo Ron. Las cabezas de sus amigos se giraron hacia él como un resorte. Bella alzó las cejas.

-¿Te ha salido la vena del filósofo, Ron? -se burló la joven Potter y Ron le dedicó una sonrisa cansada.

-Venga -exclamó levantando la petaca hacia el techo, como si brindase con una fuerza invisible.- Hay que encontrar ese horrocrux.

o.O.o.O.o.O.o.O.o

Albert Runcorn, el hombre que había estado al lado de Umbridge cuando Thicknesse se había proclamado nuevo Ministro de magia, miró con ojos incrédulos el inodoro delante de él. Sí, el inodoro.

Una cabeza con cabello ralo y rubio, perteneciente al mago Reginald Cattermole, asomó la cabeza desde el retrete adyacente.

-Tenemos que meternos por el retrete -susurró la voz de Ron Weasley desde el cuerpo del hombre.

-¿Me estás vacilando? -replicó la voz de Harry Potter desde el cuerpo de Runcorn y Ron negó con la cabeza.

Harry dirigió la mirada hacia el sucio váter que tenía delante de él.

¿De verdad no había otra forma de hacer aquello? ¿De verdad tenía que meterse hasta las rodillas en aquel inodoro?

Para terminar de rematarlo escuchó a Ron chapotear en el baño de al lado mientras gemía 'Qué asquerosidad'. Le entraron ganas de gritar.

Haciendo de tripas corazón, metió los zapatos en aquel WC y tiró de la cadena, siendo engullido por un torbellino de aire y aterrizando sobre sus pies, completamente seco, aunque aún asqueado, en el Ministerio de Magia.

Se vio dirigido por la masa de magos que se dirigía con paso militar hacia las oficinas. Vio a magos, vestidos de uniforme y con brazaletes rojos, custodiando la entrada, haciendo las veces de policías. La escena, con las banderas colgando por todas partes y las estatuas que conmemoraban al nuevo régimen, le recordaba a la Alemania de la

Segunda Guerra Mundial, con Hitler y sus nazis, aquellos magos haciendo las veces de su propia Gestapo personal. Se estremeció.

Vio a Hermione, con la apariencia de Mafalda Hopkirk, mirando la estatua principal y se acercó.

-¿Esos son...? -comenzó, incapaz de continuar.

-Muggles -completó Hermione, dirigiendo miradas furtivas a su alrededor.- ¿En el sitio que les corresponde...? -trató de sonar convencida por si alguien les oía, pero era incapaz.

Ron se unió a ellos entonces, que mirada el entorno con ojos como platos.

-Estoy... empezando a asustarme un poquito -susurró su amigo pelirrojo, viendo como los magos iban de aquí para allá comportándose como autómatas, todos miembros de un uno, sin voluntad ni opinión.

Los tres amigos dirigieron una mirada ansiosa a Bella, que se encontraba al otro lado de la fuente, tratando de parecer altanera para que nadie se fijase en ella.

-¿Cuánto has dicho que dura esta poción, Hermione...? -inquirió Harry y Hermione solo pudo tragar saliva.

-No lo he dicho...

o.O.o.O.o.O.o.O.o

Bella no quería pensar. Quería irse a casa. Quería irse con su familia, los Cullen. Porque para ella su familia era eso, su casa. No había un

lugar donde pudiera sentirse más segura que entre los brazos de Carlisle. Su padre nunca permitiría que nada malo le pasase... No dejaría que nada ni nadie la dañase, ni siquiera ella misma.

Mientras tenía clavada la mirada en sus amigos, al otro lado de la sala, era plenamente del sueño que había tenido la noche anterior, tras... 'tener una charla' con Mundungus.

Bella sonrió a sus padres. Carlisle la llevaba del brazo al altar blanco frente a ella. Llevaba un vaporoso vestido de novia y el vampiro rubio parecía apunto de estallar de orgullo. En primera fila, Esme la miraba tiernamente, con los ojos llenos de lágrimas de felicidad.

Carlisle tomó su mano y la depositó en un gesto tan antiguo como el mismo mundo sobre la mano del novio. Pero esta era... cálida.

Bella miró hacia arriba. Oyó a Carlisle decir algo, pero lo cierto es que no prestó atención alguna a sus palabras, eclipsada como estaba por los ojos grises que habían capturado los suyos.

En el instante en que lo vio, aquel extraño intruso que ya había sentido anteriormente se hizo con el poder, aplastando sin problemas lo poco de su persona que aún seguía allí y reemplazándolo por un insistente latido cada vez más fuerte.

Un latido que no se detendría hasta que ella y Cedric fuesen uno, dispuesta a hacer lo que haga falta para dejar claros sus derechos sobre él. Porque él era suyo; suyo y de nadie más.

Carlisle tiró del brazo de Bella y ella le miró, renuente. ¿Quién era aquel hombre rubio que parecía tan preocupado? ¿Y por qué tenía su brazo en el suyo? ¿A qué venía la expresión de horror de la mujer del pelo color caramelo en primera fila?

-Bella...

Y eso fue lo único que hizo falta, en cuanto los labios de Cedric pronunciaron su nombre sintió como se derretía, convirtiéndose en un líquido ardiente, dispuesta a seguirle allí a donde fuese.

Avanzó hacia él, hechizada por sus ojos de color gris acero. Viendo imágenes en su cabeza que por algún motivo no estaban bien, pero que la dejaban sin aliento y tan excitada que se moría por estar a su lado. Para siempre.

Un eco retumbó dentro de ella, susurrando un nombre masculino que no terminó de entender. Pero Cedric era el único que importaba en aquel momento. Era su sol, su luna y sus estrellas, y Bella estaba feliz de poder orbitar a su alrededor cuando sus labios se posaron sobre los de ella.

Bella negó con la cabeza, tratando de despejarse. Trató de pensar en Edward, en lo mucho que la estaría echando de menos... Y deseó que eso la importase como se suponía que debía importarle. Como la importaría si no fuese por aquel extraño latido en su interior que comenzaba a sentir incluso cuando estaba despierta. Quería pensar en Edward... pero solo podía pensar en Cedric.

Quería saber dónde estaba, que hacía. Si alguna chica, sin nombre ni rostro, estaba a su lado. Y eso la hizo gruñir ligeramente, apretando los dientes.

Apretó los puños con fuerza. Debía quedarse ahí, donde estaba a salvo, y pensar en su hermano y amigos, consciente de que si seguía pensando en Cedric se iría a buscarle, y entonces no habría vuelta atrás.

Inspiró y soltó el aire lentamente, recordando los consejos de Charlie el primer día de instituto nada más mudarse a Forks: lo más importante era proyectar todo hacia fuera.

En definitiva... Creerse la mentira con tanta convicción que la audiencia también la creyera.


*Lumos*

*Juro solemnemente que esto es una travesura*

Hola mis lectores! ¿Qué tal todo? :D Aquí está vuestro cap, a ver que os parece (8)

Respondiendo a los guest:

Majo98: te eché de menooooooooos D': ¿Qué tal todo? :) DarkBella está aquí para quedarse, al menos por un tiempo... Me pareció un giro interesante a la trama de las Reliquias para que no sea tan 'igual', ya sabes. YO TAMBIÉN AMO A DOBBY C':

¿Os gusta la Bella oscura? ¿Alguna idea de lo que le ocurre? ¡ESPERO VUESTRAS HIPÓTESIS!

Esto es todo amigos *sale Bugs Bunny mordiendo una zanahoria* ¿Review?

Un abrazo,

Ceci.

*Travesura realizada*

*NOX*