Esme Cullen miraba sin ver el libro que tenía en el regazo. Sus ojos dorados habían recorrido las seis líneas del último párrafo cerca de 20 veces sin coger una sola de ellas, algo muy poco habitual teniendo en cuenta los cerebros perfectos de los vampiros.
Una vez más, se dijo. Comenzó a leer poco a poco, lentamente, y... ya eran 21 las veces que no había entendido nada. Frunció el ceño, frustrada. Cerró el libro y acarició con manos temblorosas la desgastada portada. Orgullo y prejuicio. Uno de los libros favoritos de su hija Bella. De hecho, era el ejemplar de su hija Bella.
¿Dónde estaba? ¿Se encontraría bien? ¿Estaría a salvo? ¿O por el contrario estaría herida, sola, llorando, asustada? ¿Y si estaba agonizando...? ¿Y si...? No podía permitirse ni pensar en la palabra. La imagen de su pequeña hija humana sin moverse, sin respirar, con el corazón parado, totalmente pálida... No ver nunca más la chispa de intuición en sus ojos cuando sospechaba que la familia le ocultaba algo, ni sus sonrosadas mejillas cuando la pillaban con la guardia baja. Había amado a la pequeña, dulce y tímida humana que Edward había traído a sus vidas, pero también adoraba con todo su corazón a la joven bruja rebelde que la había llamado 'mamá' en un momento de flaqueza.
-Señora Cullen, ¿está bien? ¿Necesita algo? -inquirió la voz de Molly Weasley.
Esme miró sorprendida a la mujer, cuyo pelirrojo cabello se estaba cubriendo lentamente de canas, que había perdido bastante peso y que tenía unas oscuras ojeras que parecían ya tatuadas en su epidermis. Sus ojos eran tristes, amables y, por encima de todo, comprensivos.
-No, no -negó Esme de inmediato, negando con la cabeza.- No hace falta, de verdad. Gracias por todo, señora Weasley.
Molly sonrió ligeramente.
-Llámeme Molly, por favor.
-Esme -contestó la vampira, sus labios curvados ligeramente hacia arriba en las comisuras.
-Sé lo que siente, Esme -murmuró la señora Weasley con su normalmente potente voz, pero que en aquellos momentos estaba más bien apagada.
Esme negó con la cabeza. Quería decirle que no tenía ni idea de cómo se sentía, que ella no había perdido a un hijo mientras que ella sí, y que no sería capaz de soportar el perder a su dulce y pequeña niña, la chica que había tomado en su corazón el lugar del bebé que nunca había conocido. Que no sabía lo que era sentir cómo la esperanza la llenaba al ver que esa pobre muchacha la quería lo suficiente como para llamarla mamá. Que no tenía ni idea de cómo se había sentido aquella vez cuando Bella había enfermado tras tener una visión provocada por la cicatriz y ella había cuidado de la pequeña, con la sensación de que su bebé estaba allá arriba en su habitación.
Molly levantó una dedo cuando vio que Esme iba a abrir la boca.
-Por favor -le pidió la bruja.- Sé que piensa que no es lo mismo, pero yo podría decirle lo mismo -Molly esbozó una sonrisa triste.- Mi hijo Ron se ha ido con su hija en una misión muy peligrosa, y el resto de mis hijos están en la Orden del Fénix, trabajando contra el Señor Tenebroso -le recordó suavemente a la mujer del pelo color caramelo. Suspiró y su pelirrojo cabello pareció apagarse ligeramente.- ¿Quiere que le cuente un secreto, Esme? Siempre traté de ser la madre que Harry y Bella necesitaban, aquella que les arrebataron, demasiado pronto incluso para que les quede algún recuerdo. Les hacía jerséis, les enviaba pasteles caseros, les invitaba a pasar días de vacaciones... Con Harry, creo que lo conseguí. Ayudarle en ese sentido. En cuanto a Bella... siempre ha sido más difícil, es demasiado cabezota -se rio entre dientes y Esme no pudo menos que unirse a ella, negando con la cabeza, divertida. Que Bella era cabezota por naturaleza era algo que nadie
podría negar.- Estaba realizando buenos progresos ¿sabe? O al menos eso creo... Pero entonces... ¡llegó usted! -Molly hizo un amplio movimiento de brazos, apuntándola. Esme se limitó a escuchar atenta.- Y llenó en meses el espacio que Bella tenía en su corazón reservado a su madre, algo que yo había intentado por años sin éxito. No me malinterprete -añadió con rapidez, temiendo que la vampiresa lo entendiera como no era- estoy muy feliz de ello. Lo que quiero decir con esto, Esme, es que Isabella les quiere, más de lo que le he visto nunca querer a nadie... Excepto quizá los gemelos -agregó pensativa.- Ni quiera tiene con su hermano Harry la conexión que la une a usted y a su marido. Les adora con locura. -Molly extendió un brazo y tomó las manos de Esme entre las suyas, lo que sorprendió a la vampira.- Lo que quiero decir, en definitiva, es... que no se sienta con la necesidad de aguantar el mundo sobre sus hombros, por favor. Su hija está ahí afuera, y mis hijos también, es por eso que debemos apoyarnos entre nosotros. Si necesita hablar, no se lo guarde, por favor -los ojos de Molly brillaron por la emoción cuando le dio un suave apretón a las manos de Esme. Luego se levantó y comenzó a avanzar hacia la puerta; justo cuando salía del salón, la voz de Esme la detuvo.
-¿Molly? -inquirió con voz temblorosa.
-¿Sí? -respondió la bruja.
-Gracias -susurró la vampiresa del pelo color caramelo con su dulce rostro en forma de corazón lleno de emoción y los ojos llenos de lágrimas ardientes que no podía derramar.
Molly sonrió y lo que dijo a continuación dejó a Esme de piedra:
-Para eso está la familia.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
Jayden miró hacia el infinito, tratando de ignorar las voces en su cabeza. Sí, voces.
Recostó su enorme cabeza lobuna contra el suelo y gruñó ligeramente.
Salid de mi cabeza.
Un lobo con pelaje color chocolate apareció entonces frente a él e inclinó la cabeza hacia un lado, mirándole apenado.
-Lo siento, chico -dijo la voz de Quil en su cabeza- pero esto no es exactamente algo sobre lo que tengamos elección.
En sus mentes aparecieron entonces unas imágenes borrosas; manchas verdes y marrones que parecían pertenecer a aquel mismo bosque y 4 pares de fuertes patas arañando la arena mientras corrían.
-Eso -se burló Leah.- Compadécete del amante de la sanguijuela.
Jayden gruñó de nuevo; su hocico se retrajo sobre sus puntiagudos caninos y un sonido áspero emergió a través de su garganta, un sonido que solo se podía definir como... animal.
-Leah -cortó Jacob, exasperado. No estaba de muy buen humor, pues solo ahora, tras 2 meses, estaba volviendo a poder transformarse y, ciertamente, dolía como un demonio. Y para colmo, le había tocado patrullar con Leah, que si le superaba en velocidad normalmente, estando así aún más. Si a eso le sumabas sus sarcasmos... Jacob no estaba para bromas.- Ya vale.
-¿Qué pasa? -contestó Leah con voz falsamente dulce.- ¿Te molesta pensar que ese será tu posible futuro?
Jacob se revolvió contra Leah, saltándole desde atrás y cayendo sobre ella. Ambos lobos entraron al claro donde estaban Quil y Jayden rodando, uno sobre otro, todo pelo y dientes. Al final, Leah estrelló a Jacob contra el suelo, colocando una de sus poderosas patas sobre su pecho.
-Ja -se regodeó la loba; Jacob se limito a gruñirle.- Te gané.
Jayden colocó una de sus patas delanteras sobre su rostro lobuno, negándose a mirar a nadie. Se había pasado las últimas 8 semanas viviendo en forma de lobo y había procurado tener el mínimo contacto con los lobos, lo que incluía mirarles. Los únicos a los que había hecho frente habían sido Sam y Jacob, y solo porque no había tenido más remedio. No quería saber nada de aquella manada.
Mi manada, pensó con acritud.
-Tú tampoco nos gustas demasiado -soltó la voz de Leah en su cabeza con un toque burlón.- No te preocupes. Y mejor que ni nos mires, sino nos veríamos obligados a hacer lo mismo... y, la verdad, no creo que seas muy guapo qué digamos.
-LEAH -rugió Jacob. Y volvieron a empezar.
Sin hacer caso, Jayden se levantó y comenzó a andar lentamente, arrastrando las patas en dirección contraria. Sintió otro cuerpo a su lado y miró de refilón para ver a Quil moviendo su cabeza contra su lomo, como ofreciéndole consuelo.
-Lo quieras o no, eres uno más, Jayden -murmuró la voz mental de Quil mientras él seguía mirando al suelo.- Eso nos hace hermanos. Y los hermanos se apoyan. Pase lo que pase.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
Los cuatro amigos se dirigieron al ascensor más cercano, procurando no llamar la atención ni acercarse demasiado, pues no sabían si la gente cuyas identidades habían usurpado eran o no cercanos. Con suerte, nadie les dirigiría una segunda mirada.
Pero, como siempre, la suerte les esquivaba.
Una pálida mano detuvo las puertas del ascensor de cerrarse. Bella levantó la mirada y vio al hombre que estaba conectado a la mano; Yaxley. Apretó los dientes. El mortífago, de rostro duro, llevaba el pelo recogido en una trenza e iba vestido con un traje de etiqueta, en cuyo bolsillo había una pequeña mancha de pintura roja. O al menos eso trató de pensar Bella, estremeciéndose.
-Cattermole -llamó el mago oscuro, mirando en dirección a Ron.- Sigue lloviendo en mi despacho -sus ojos se oscurecieron.- Ya van dos días.
Ron, viéndose sobrepasado por la situación, con sus amigos mirándola expectantes de lo que diría y la presión de no revelar quién era realmente, soltó lo primero que se le vino a la mente, que espontáneamente se había quedado en blanco.
-¿Ha probado a usar un paraguas?
Incluso Bella, siendo la amante de las bromas y el sarcasmo que ella era (culpa de los genes de su padre y de Fred y George, como no podía ser de otra forma), sintió que su corazón se encogía ante la metedura de pata de su amigo pelirrojo.
Yaxley sonrió ligeramente, sin pizca de compasión en los fríos ojos, duros como piedra.
-Eres consciente de que voy abajo, ¿no, Cattermole? -inquirió con voz escalofriantemente tranquila. La expresión de Ron estaba completamente confundida.
-¿Abajo?
-A interrogar a tu esposa -dijo Yaxley arrastrando las palabras.- Si... el estatus de sangre de mi esposa estuviese en duda... -miró a su alrededor, pensativo, como si tratara de encontrar las palabras correctas- y... el Jefe de Departamento de Seguridad Mágica necesitara algo de mí... -se encogió de hombros, suspirando trágicamente- bueno, daría prioridad a ese trabajo. -La sonrisa falsa que había estado esbozando se borró repentinamente, el rostro falto por completo de compasión.- Dispones de una hora.
El mortífago dio un paso atrás y el ascensor se cerró, comenzado su camino. Hermione se había quedado pálida como el hueso, Bella parecía como si quisiera vomitar, Harry miraba al frente visiblemente consternado, y Ron... Bueno, Ron parecía una mezcla de sus amigos.
-Oh Dios mío -exclamó, la voz quebrándosele conforme hablaba.- ¿Qué voy a hacer? ¡MI ESPOSA ESTÁ ABAJO SOLA!
Ante aquel último comentario, las expresiones de todos pasaron a una de desconcierto.
-Ron... tú no tienes esposa -le recordó Harry suavemente.
SEGUNDA PLANTA anunció una voz dentro del ascensor.
Y Ron volvió a entrar en pánico.
-¿Cómo consigo que pare de llover? -inquirió, asustado.
-Prueba con Finite Incantatem -susurró Hermione al pelirrojo. El chico Weasley asintió, repitiendo las palabras para sí conforme salía del ascensor 'ayudado' (es decir, empujado) por Harry.
-Finite incantatem... Vale -murmuró tragando saliva. Apenas fue consciente de las puertas del ascensor cerrándose.- ¿Y si no funciona...? -Ron se dio la vuelta conforme hablaba y su voz se fue apagando. Estaba solo.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
-Tengo miedo... -el susurró de Bella se perdió en su interior. Sabía que no podía decirlo en voz alta. Pero estaba asustada. Muy asustada. Se había sentido extraña cuando Yaxley había entrado, era lo que le había hecho apretar los dientes. No había sentido rechazo, sino... algo parecido a la alegría, como si se hubiera reencontrado con un amigo que hacía años que no veía.
El extraño latido palpitó dentro de su pecho y el rostro de Cedric apareció ante sus ojos. Sintió una picazón en el brazo derecho y se llevó la mano allí de forma automática. Se remangó ligeramente y casi pegó un grito.
Allí, sobre su piel, había aparecido la Marca Tenebrosa. Jadeó y sus amigos se volvieron hacia ella, asustados.
-¿Qué pasa...? -susurró Harry, colocando una mano en su hombro.
-E-eso -exclamó Bella, incapaz de coordinar tres palabras seguidas, muerta de miedo y con los ojos abiertos como platos, llenos de terror.- Mi brazo. M-mi braz-zo.
-¿Qué pasa con él? -inquirió Hermione, confundida. Bella la miró, sin comprender.
-¿No lo v...? -su voz se perdió. No tenía nada. Su brazo era solo carne y la piel cobriza de la señora cuya identidad ocupaba.- Pe-pero... Yo... juraría que...
Hermione y Harry intercambiaron miradas de preocupación, pero antes de que alguno de los dos hablase el ascensor se paró de nuevo, deteniéndose con un traqueteo.
PRIMERA PLANTA, MINISTERIO DE MAGIA Y PERSONAL DE APOYO.
-Propongo que si no localizamos a Umbridge en una hora -empezó Harry, sin perder los nervios- busquemos a Ron y volvamos otro día. ¿De acuerdo?
-Sí -respondieron Hermione y Bella a un tiempo.
Pero eso no era necesario: La puerta del ascensor se abrió y ahí estaba, el azote de Hogwarts. Dolores Umbridge, la dictadora rosa, estaba de vuelta.
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Siento mucho mucho mucho el retraso, pero estoy de exámenes y bueno, de hospitales, así que no he podido actualizar antes.
Espero que os haya gustado el cap! :) A Nuria13C, ¿recuerdas que hace un tiempo me sugeriste más interacción entre magos y vampiros, y que yo te dije que estaba en ello? Pues aquí lo tienes: primero, Alice y los gemelos; ahora, Esme y Molly. Y lo que queda, claro ^^
Majo98: A mi también me asusta Bella, tranquila, es perfectamente normal xD MUCHAS GRACIAS POR EL ABRAZO DE LAS COPIAS :'D Y muchas gracias por tu review ^^
Y... LA MARCA. MUAAAAAAAAAAHAHAHAHAHAHAHAHA ADMITIDLO ¿HAY VILLANO PEOR QUE NOSOTROS, LOS ESCRITORES? YO NO LO CREO. NO ME ODIEIS, PLS.
Pues hala, ya sabéis. Amenazas de muerte vía review. Y si, por el contrario, me queréis, también por review.
Un abrazo,
Ceci.
*Travesura realizada*
*NOX*
