Solo es tu imaginación, solo es tu imaginación, solo es tu imaginación.
El mantra se repetía una y otra vez dentro de la cabeza de Bella.
-¿Agatha? -inquirió Umbridge, mirando a la joven Gryffindor, quien con un sobresalto volvió al momento presente. El viejo sapo elevó las cejas, mirándola de arriba a abajo. Tanto ella como Hermione estaban fuera del ascensor.- ¿Piensas salir? Te están esperando.
-Oh, claro. Discúlpeme, Umbridge, estaba... distraída -la dictadora forzó una suave sonrisa.
-No se preocupe, Agatha. Recuerde que hoy le toca la sala 536, al final del pasillo. Todo recto y a la derecha -dijo con simulada dulzura antes de dar media vuelta con Hermione, que le dirigió una mirada de terror, y avanzar hacia los Tribunales.
Bella, tras dudar un momento, se movió hacia donde Umbridge la había enviado. Tras avanzar un par de cientos de metros, sintió como el aire se condensaba y miró a su alrededor, confundida. El pecho se le llenó de un frío desagradable, extendiéndose por sus pulmones, y ella trató de respirar por la boca. Expulsó una corriente de vaho.
La desesperanza comenzó a llenarla y, al mirar a su alrededor, comprendió lo que ocurría. Dementores. Aquel pasillo estaba lleno de celdas, oscuras, pequeñas, con barrotes metálicos y piedra negra. Las criaturas volaban frente a ellas; sus opacas capas, negras como la noche, camuflándose a la perfección contra las paredes de los cubículos.
532, 533...
¿En qué demonios trabajaba la mujer que había suplantado? ¿Acaso era la encargada de vigilar a los dementores?
534, 535...
Quizá después de todo tendría que darle la razón a Edward con el tema de su mala suerte. Habría preferido cualquier cosa antes que lidiar con aquellas lúgubres criaturas.
536.
Llamó a la puerta. No pasaron apenas unos segundos antes de que se abriese y mostrase a un Lucius Malfoy, maltrecho, con ojeras y barba de varios días.
-Agatha -saludó con aquella voz que le definía, aunque claramente no tenía ni de lejos la seguridad que antes le caracterizaba.
Bella no pudo reprimir una ligera sonrisa, ¿qué habría hecho aquel pobre diablo para dejar de ser uno de los favoritos del Señor Oscuro?
-Lucius.
El aludido frunció el ceño y gruñó ligeramente al ver aquella sonrisita en la cara de su compañera. Ya se encargaría él de borrar aquellas estúpidas muestras de burlas, ya... En cuanto recuperase el favor del Señor Tenebroso, el mundo temblaría bajo su furia.
-Te estábamos esperando, ya sabes -dijo arrastrando las palabras antes de hacerse a un lado.
-Sí, bueno, me encontré con Umbridge y... -la voz de Bella se fue apagando conforme hablaba.
Dentro de la habitación había 4 dementores, uno en cada esquina. Sangre en el suelo y las paredes; manchas gravitatorias aquí y allá, charcos ya resecos, trozos de dientes y... ¿eran aquello huesos?
Concéntrate, Bella.
Sintió que se le revolvía el estómago. En mitad de la celda estaba un chico pelirrojo, joven, que no llegaría a los treinta. Lloraba.
-Lo juro... -gimió al verla, los ojos marrones llenos de terror.- Y-yo no sé na-nada. Por favor... -un sollozo recorrió el cuerpo del chico. La miró y sus facciones, bonachonas, la hicieron estremecerse. Eran tan parecidas a las de Charlie...
Y de repente, era Charlie Weasley quien estaba frente a ella. Roto de dolor, suplicando por su vida. La miró a los ojos, como si la reconociera.
Por favor, Bella... Eres como mi hermanita, no puedes hacer esto.
Bella parpadeó y sacudió la cabeza. Miró a Lucius, quien la observaba alzando las pálidas cejas, claramente perplejo. El padre de Draco se cruzó de brazos, esperando.
-¿Y bien? -inquirió.
-¿Y bien...?
-Es hora de hacer tu trabajo -le espetó Lucius entrecerrando los ojos. -Nadie es más cruel que tú en los interrogatorios, Agatha. Sabes qué tienes que hacer.
Y Bella lo comprendió. De hecho, se lo esperaba desde que había entrado por la puerta, pero eso no quería decir que fuese a hacerlo más fácil.
Sacó la varita y comenzó a avanzar hacia el chico, lenta pero deliberadamente.
No lo hagas.
Bella pegó un respingo. Era Edward. Tal y cómo le había oído cuando hacía cosas peligrosas tras su marcha, tal y cómo le había oído al saltar del acantilado.
Bella, esta no eres tú. No lo hagas.
La chica Potter meneó la cabeza, tratando de despejarse, confundida.
Si no lo hago, otro puede hacerlo, y quizá le duela más -trató de razonar consigo misma y con la voz de Edward.- Además... sino lo hago nos descubrirán. Y no puedo dejar que eso pase, ¿recuerdas?
Por favor. No.
-Por favor... -jadeó el muchacho, abriendo mucho los ojos. Trató de levantarse pero cayó de nuevo al suelo, con las piernas incapaces de sostener su peso, lo que era verdaderamente triste pues parecía que había perdido bastante en poco tiempo.- Tengo esposa, y un hijo recién nacido. Tiene solo seis días, no conoce a su padre -sus ojos se llenaron de lágrimas al ver a Bella levantar la varita con rostro carente de cualquier emoción.- Por favor...
Lo siento pensó Bella.
Su brazo relampagueó y su voz salió como un poderoso bramido.
-CRUCIO.
Y los gritos comenzaron.
o.O.o.O.o.O.o
Carlisle dejó caer el ciervo que sostenía entre sus brazos con un golpe seco, aún en cuclillas junto al cadáver del animal. Sus ojos, siempre atentos, escudriñaron la oscuridad. Se elevó del suelo con cuidado; la sangre aún presente en sus labios.
El patriarca de los Cullen dirigió su mirada al teléfono plateado que tenía en el bolsillo de los vaqueros cuando empezó a sonar. Lo sacó, pensando quien podría llamarle en mitad de una caza.
Un pensamiento alegre asaltó su mente. ¿Y si Bella había conseguido ponerse en contacto con ellos? ¿Podría hablar con su pequeña niña? ¿Oiría su voz llamándole papá de nuevo?
Tomándolo entre sus manos, frunció el ceño al ver la pantalla.
Alice
¿Qué demonios...?
Apenas había puesto el pulgar sobre el pulsador verde de la pantalla táctil para descolgar cuando sintió una varita presionándole la garganta desde el lado derecho.
Se quedó estático un segundo, pensando en las posibilidades que tendría el mortífago de sobrevivir si empleaba sus habilidades vampíricas.
-Hazlo -susurró una voz conocida en su oído; Carlisle abrió unos ojos como platos al reconocerle, en shock- y te juro que me encargaré de matar a todos los miembros de tu familia, uno por uno y empezando por esa hija humana tuya.
Carlisle gruñó y su atacante se echó a reír.
-Jaque mate, papi Cullen -dijo con voz victoriosa, sonriendo maquiavélicamente.- Jaque mate.
o.O.o.O.o.O.o
El ascensor se abrió en la planta baja y Harry y Ron bajaron de él, observando las oscuras paredes y las capas de los dementores.
Por el pasillo poco iluminado observaron llegar a los policías del Ministerio, arrastrando a un mago, que intentaba convencerles de forma desesperada.
-Ha habido un error, soy mestizo -decía nerviosamente, girándose de uno a otro, claramente cada vez más y más aterrorizado.- Mi padre, mi padre era mago, William Alderton. Trabajo aquí por 30 años... -entonces pasaron junto a él, que estaba siendo arrastrado en dirección a donde estaban las celdas, aunque esto Harry y Ron no lo sabían, y se retorció, intentando llegar a ellos con desesperación.- ¡Quizá ustedes le conozcan, William Alderton! ¡Siempre llevaba la chaqueta al revés! -Trató de clavar los pies al suelo, en un claro intento de evitar lo inevitable. Entonces vieron pasar a Bella, que venía con el rostro en blanco, totalmente sin expresión.- ¡HA SIDO UN ERROR! ¡AGATHA, USTED ME CONOCE! ¡SOY MESTIZO! ¡HAY QUE RECTIFICAR, SOY DE SANGRE MESTIZA!
Bella hizo un gesto con la mano y ambos guardias hicieron que volviera a andar, arrastrándolo pasillo abajo mientras sus súplicas se seguían oyendo.
Harry y Ron intercambiaron miradas de preocupación ante el comportamiento de Bella, pero decidieron que no era ni el momento ni el lugar para hacer comentarios al respecto.
Finalmente llegaron a la gran sala del Tribunal. No se trataba de la misma sala en la que una vez habían interrogado a Harry acerca del uso indebido de la magia; era mucho más pequeña y alta, simulando un pozo y generando una sensación de claustrofobia muy desagradable.
Detrás de él, escuchó a Bella inspirar y espirar con fuerza. No le gustaban los espacios cerrados desde pequeña, cuando Dudley la dejó encerrada día y medio en un armario. Él se había puesto como loco cuando se había enterado...
Se obligó a volver al presente. Detrás de una barandilla, en una tarima elevada, estaba Umbridge, sentada entre Yaxley y Hermione, esta última casi tan pálida como la señora a la que estaban interrogando. Al lado de Umbridge había un patronus, en forma de gato.
-¿Mary Elizabeth Cattermole? -preguntó Umbridge con su voz de pito. Harry miró a su amigo pelirrojo. Aquella debía ser la mujer de aquel pobre hombre.
-Sí.
-¿27 de Chislehurst Garden, Great Tolling, Evesham?
-Sí... -la voz de la mujer se quebró ligeramente.
-Está aquí -susurraron Harry y Bella a un tiempo. Ron les miró como si estuvieran locos.
-El horrocrux -murmuró Bella, sus ojos oscuros y fijos hacia delante, como si escuchase algo que el chico Wealey no podía.- Lo siento. Está aquí.
-¿Madre de Maisie, Ellie y Alfred, esposa de Reginald? -dijo Umbridge con voz cargada de desprecio.
Entonces la mujer volvió la cabeza y vio a Ron. Sus ojos se llenaron de muda súplica y medio extendió una mano hacia él.
-¿Reg...?
Ron se quedó paralizado. Harry decidió actuar y agarró a su amigo del cogote, empujándolo dentro de la sala, seguido de Bella.
-Gracias, Albert, Agatha -les felicitó Umbridge, mirándoles con aprobación.
Ron se movió hacia delante, depositando una mano en el hombro de la que, se suponía, era su esposa.
-Mary Elizabeth Cattermole -volvió a la carga Umbridge.- Le ha sido requisada una varita a su llegada al Ministerio hoy, señora Cattermole -levantó la mano derecha, en la que sostenía una varita mágica de veintidós centímetros, cerezo y núcleo central de pelo de unicornio.- ¿Es esta dicha varita? -la señora Cattermole asintió, temerosa de abrir la boca.- ¿Podría por favor decir al tribunal a que bruja o mago se la ha robado?
-No es ro-robada -balbuceó la mujer entre gemidos.- La compré en el Callejón Diagón, en Ollivanders, cuando tenía once años. Ella me eligió. -Y rompió a llorar, desesperada.
Mientras tanto, Harry había comenzado a acercarse de forma sigilosa a Umbridge, seguido de cerca por su hermana.
-Miente -gruñó Umbridge.- Las varitas solo escogen a brujas, y USTED -dijo apuntándola con dedo acusador, separando las palabras- NO. ES. BRUJA.
-Sí que lo soy -medio susurró medio exclamó la señora Cattermole, dolida por aquellas palabras. Volvió su mirada a Ron, rogando, suplicando con los ojos, en ese momento ya rebosantes de lágrimas.- Díselo tú, Reg. Diles lo que soy.
Harry podía oír el guardapelo, colgado sobre el pecho de Umbridge. Estaba susurrando, rápidamente, en pársel.
De los nuestros... Es de los nuestros...
Harry no comprendía aquellas palabras que le hacían apretar los dientes mientras un poco comprensible sentimiento de furia se le asentaba en el pecho, pero Bella sí. Le hicieron estremecerse.
Soy una Gryffindor. No soy... como ellos.
Las varitas de Harry y Bella se deslizaron por sus mangas, dejándolas al descubierto. Umbridge les miró, confundida.
-¿Qué diantres haces, Albert?
Los ojos verdes de Harry brillaron como esmeraldas mientras la piel de su rostro comenzaba a burbujear, perdiendo forma a medida que desaparecían los efectos de la poción multijugos.
-Es usted quien miente, Dolores -le espetó Harry.
Bella se unió a su lado, mostrando sus ojos color chocolate el tiempo suficiente como para que Umbridge los viera: los ojos de la autoritaria bruja adoptaron el tamaño de pelotas de golf.
-Y no se deben decir mentiras -gruñó Bella, mirándola desafiante.
-¡DESMAIUS! -rugió Harry.
Hubo un destello de luz roja y Umbridge cayó hacia atrás, dando con la frente en el borde de la barandilla.
Empezó el griterío. Antes de que reaccionasen, Ron había dejado a Yaxley fuera de combate y Hermione había arrancado el guardapelo de Slytherin del cuello de la vieja bruja.
Hermione se lo tiró a Harry, que lo cogió al vuelo, mientras con la otra mano se colocaba las gafas. Volvía a ser él, incluida la miopía y la cicatriz en la frente.
-Es Harry Potter -exclamó la señora Cattermole, con voz agradecida.
-Sí, así es -confirmó Ron con voz temblorosa mientras empujaba a su 'mujer' y a sus amigos hacia la salida al ver que los dementores estaban empezando a reaccionar.- Una gran historia para contarle a sus nietos, ¿no cree?
Los cuatro amigos y Mary Elizabeth corrieron por el pasillo, en dirección al ascensor. Un par de guardias se les cruzaron y Bella ni dudó.
-¡REDUCTO! -Y ambos hombres quedaron sepultados por una de las columnas del pasillo, que se vino abajo con un estruendo.
Hermione ahogó una exclamación, sin dejar de correr.
-¿Están muertos?
-NO LO SÉ -tronó Bella de vuelta, mirando sobre su hombro y corriendo tan deprisa como le permitían sus piernas.
Todos se precipitaron al interior del ascensor y Harry cerró las puertas. Decenas de manos viscosas entraron por entre las rejas, tratando de alcanzarlos.
-Expec... ¡Expecto patronum! -invocó Hermione, pero no lo logró.
-Es el único hechizo que se le resiste -comentó Harry sonriendo nerviosamente a la señora Cattermole, que no salía de su asombro.- Vaya mala suerte, la verdad.
-¡HARRY! -rugió Bella, tratando de sacar su varita, que se le había enredado en el estúpido jersey de la señora cuya identidad había usurpado.- ¡NO ES EL MOMENTO!
-¡EXPECTO PATRONUM!
El ciervo plateado surgió de la varita de Harry y se abalanzó sobre los dementores, que retrocedieron rápidamente.
Bella observó, sintiéndose en parte enfadada con su hermano por evitar que pillaran a aquella mujer. Pegó un respingo y cerró los ojos, confundida.
¿Qué me está pasando? No solo he torturado a ese pobre chico, sino que... me ha... gustado -un escalofrío la recorrió de arriba a abajo al admitir aquello, aunque fuera para sí misma.- Y ahora, ¿deseo que cojan a esta pobre mujer? ¿Qué me ocurre?
Bella miró a sus amigos; quería pedirles ayuda pero no sabía cómo.
"Oye, Hermione, ¿sabes algo curioso? Oigo voces en mi cabeza que me dicen que mate a los que son como tú. ¿Qué te parece?"
"Ron, ¿sabes qué? Me siento cabreada con vosotros, traidores a la sangre. Si fuera por mi, un par de Cruciatus os curarían la tontería"
"Hey, Harry, ¿sabes que hace un par de horas pegué un grito en el ascensor? Pues es que me vi la Marca Tenebrosa en el brazo, lo normal"
Bella suspiró, deseando tener con ella a Edward.
Edward.
Estaba tratando de tenerle presente, a él y a los Cullen. Pero algo dentro de ella le decía que no se los merecía, que no merecía a Edward... hasta que encontrase un modo de solucionar aquello.
Sin embargo, cada vez que intentaba centrarse, la bestia interfería... tanto con aquellos impulsos como con Cedric.
La bestia rugía cada vez más fuerte en su interior, instándola a dejar de pensar y ponerse en movimiento.
Entonces se dio cuenta de la mirada de Harry y fue como un mazazo, devolviéndola a la realidad. Tan llena de dolor, tan confusa, tan preocupada... Un recordatorio de quien era ella y de lo que podían perder si Bella permitía que la bestia se saliese con la suya.
Cerró los ojos, haciendo todo lo posible para extinguir la oscura llama en su interior. Una llama negra que cada vez ardía con más energía, con más potencia, con más brío.
Un fuego tan insaciable que lo arrasaría todo a su paso: su pequeño resquicio de cordura, su frágil conexión con su familia... Arrasaría todo lo que se interpusiera entre Cedric y ella.
Y justo cuando el ascensor se detuvo con un chirrido comprendió lo peor de todo: cuando eso ocurriese, estaría tan lejos, tan perdida, tan abajo en las profundas aguas, que ni siquiera se daría cuenta.
*LUMOS*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Sé que queréis matarme ahora mismo, y ¿sabéis qué? Eso mola, porque significa que hago bien mi trabajo. Estoy segura, segura, SEGURÍSIMA, de que nadie ahí fuera esperaba algo como esto. Decidme lectores míos, ¿alguien sabe quien es el atacante de papi Cullen? e.e Y además de eso... TENEMOS DARK BELLA. WUUUUUUUU! Sé que la habíais echado de menos, no os engañéis a vosotros mismos, es como Bellatrix: malvada, sí, pero sin ella Harry Potter no sería lo mismo. Y LO SABÉIS. Pues este fic sin DarkBella no sería lo mismo, sería una adaptación de las Reliquias de la Muerte, y eso es aburrido... es mucho mejor ver a Bella desquiciada torturando a inocentes. ¿A que sí?
Y después de ese párrafo lleno de sarcasmos huyo haciendo la croqueta antes de que alguien mate LOL
Ahora en serio, dos cosas:
1. PERDÓN POR TARDAR EN ACTUALIZAR, PERO LA UNI ME ABSORBE; OS JURO QUE ESCRIBO CADA VEZ QUE PUEDO T.T
2. ¿REVIEW? :D
Un saludo,
Ceci.
*TRAVESURA REALIZADA*
*NOX*
