Eres mía, Isabella. Eres mía.
Cuando Bella abrió los ojos, la luz la cegó. Los cerró de nuevo y gimió, rodando hacia un lado. Trató de recordar el sueño que había tenido, pero, por más que lo intentaba, no podía. Una parte de ella se sintió agradecida: si iba a ser como los últimos, prefería que su estúpido subconsciente la dejase tranquila.
-Ya era hora, Bella Durmiente -gruñó la voz de Ron.
Bella miró a su derecha para encontrarse con su amigo pelirrojo en la parte inferior de una litera. Ella estaba al otro lado de la tienda, enorme para los muggles, aunque pequeña para los magos, tumbada en una cama individual.
-Tú siempre tan jodidamente adorable, Ronnie -comentó Bella sarcástica, soplándole un beso. Ron le hizo un gesto un poco menos sutil al oírla llamarle Ronnie, levantando el dedo corazón del brazo que no tenía herido en su dirección.
La chica Potter y el joven Weasley se dedicaron a fulminarse el uno al otro con la mirada, hasta que a Ron se le comenzaron a torcer los labios hacia arriba. Ahí, los dos amigos estallaron en carcajadas.
Ante el sorprendente jaleo, Harry y Hermione entraron a la tienda, para encontrarse con un Ron tan rojo como su cabello gimiendo algo parecido a 'No puedo reírme, me duele, me duele', pero sin dejar de reír, y a una Bella cuyo cabello se había vuelto naranja fosforito y tenía lágrimas en las mejillas, riéndose mandíbula batiente. Harry no pudo evitar unirse a sus carcajadas; incluso Hermione tenía dificultad para contenerse.
-¿Estáis... bien? -eso solo desató otra ronda de risa tonta, en la que Hermione finalmente cayó.
Cuando finalmente el Cuarteto Dorado pudo parar de reír, Bella comenzó a preguntar acerca de lo que se había perdido estando inconsciente.
-Bueno, hace tres días llegamos aquí y... -comenzó Hermione, sentada junto a su amiga en la cama, pero no pudo siquiera terminar la frase.
-¿¡CÓMO QUE HE ESTADO TRES DÍAS DURMIENDO!?
Hermione hizo una mueca, echando la cabeza hacia un lado y acariciándose la oreja tras los gritos de Bella. Su amiga se encogió, mostrándose divertida y arrepentida a partes iguales.
-Perdona, 'Mione.
Hermione meneó la cabeza y suspiró.
-No te preocupes. Podrías haber gritado más fuerte, ya nos conocemos -Bella le sacó la lengua y Hermione se rio, aprovechando para tirarle una de las almohadas, que le dio en la cara. -¡Uaaaaaauh, Miss Reflejos Rápidos ha fallado! ¿Vuelves a ser Bella Swan?
-Hermione, te vas del tema -le recordó Harry, y la castaña se sonrojó, pareciendo avergonzada.
-Eh... sí. Ya. Perdón -hizo una mueca. Había echado mucho de menos a Bella ese año y medio, y aquellas 'peleas' con su mejor amiga siempre le habían dado la vida. No había sido fácil para ella el que Bella estuviese lejos... pero ahora no era el momento de ponerse a recuperar el tiempo perdido. Ya tendremos tiempo se dijo a sí misma.
Hermione le contó todo sin más interrupciones, desde la despartición de Ron hasta como habían tratado de destruir el Horrocrux... sin éxito. Al recordar la voz que había oído proveniente del guardapelo, Bella se estremeció. Harry le dirigió una mirada.
-No lo estás imaginando, Bella. Lo llevo aquí -Harry metió la mano bajo su camiseta y sacó el medallón, que se balanceó en sus manos mientras los ojos de la casi-pelirroja lo seguían de un lado a otro.
He visto tu lado oscuro, Isabella Potter
A Bella se le quedó atascado el aliento en la garganta al escuchar lo que sonó como la voz de Cedric venir del interior del guardapelo. El corazón se le aceleró de manera involuntaria, y no por miedo. Algo estaba mal, algo estaba muy, muy mal. Ella quería a Edward. No, no, no le quería; le amaba ¿cierto? Era su alma gemela... ¿no?
Tu corazón es mío, Isabella. Eres mía. Eres nuestra.
- Y así está en un lugar seguro hasta que averigüemos como destruirlo -finalizó Harry después de una perorata de la que Bella no había escuchado ni una sola palabra. Parpadeó, de vuelta en el presente.
-Que raro tío -intervino Ron y los ojos verdes de Harry se dirigieron hacia él, alzando las cejas al oír su tuno de incredulidad.- Dumbledore os envía a buscar estos Horrocruxes, ¿y no os dice como destruirlos? -meneó la cabeza y Bella sintió una furia desconocida correr por sus venas.- ¿No os mosquea?
-Ya, bueno. No todos tenemos la suerte de saber que mañana un compañero y supuesto amigo leal a ti va a asesinarte -le espetó Bella en alusión a Snape, sus ojos duros y fríos.
-Lo que quiero decir es... -comenzó a reformular Ron pero Bella le interrumpió, poniéndose de pie.
-SÉ LO QUE IBAS A DECIR RON, ASÍ QUE MEJOR CÁLLATE -y con eso, Bella salió de la tienda, dejando a los dos chicos con miradas estupefactas y realmente confundidos y a una Hermione profundamente preocupada.
o.O.o.O.o.O.o.O.o
Bella suspiró, dejando caer la cabeza contra un árbol. No le preocupaba encontrarse con mortífagos. Conociendo como conocía a Hermione, seguro que estaban completamente protegidos. Sintió las lágrimas acumularse tras las pestañas y parpadeó bruscamente, tratando de contenerlas.
-¿Qué demonios me pasa? -murmuró con voz queda, agarrándose los costados. Se sentía como si pudiera romperse en cualquier momento.
-¿Sabes? Yo iba a preguntarte lo mismo -Bella abrió los ojos. Allí, sentada a su lado, estaba Hermione, que la miraba con ojos tristes.- ¿Qué ocurre, Bella?
Bella vaciló. ¿Cómo contarle a su mejor amiga algo como aquello? No había forma de explicar los sueños, las alucinaciones, los extraños impulsos...
Hermione suspiró.
-¿Sabes que puedes confiar en mí, no? -le rodeó los hombros con un brazo, tratando de reconfortarla.- Eres mi mejor amiga, lo sabes, ¿verdad? -Bella asintió, sin dejar de abrazarse a sí misma. Hermione frunció el entrecejo al ver ese gesto, sus ojos deslizándose por los rasgos de la castaña, tratando de leer en ella como siempre había hecho.- Y sabes que me puedes contar todo. Lo que sea, Bella. No voy a juzgarte.
Bella abrió la boca, pero no salió ningún sonido. En su lugar, se echó a llorar y se refugió en brazos de Hermione, que estaba sorprendida por su arrebato, pero agradecida de que no hubiese escapado como habría hecho años atrás. En ese aspecto, los Cullen le habían hecho mucho bien a su amiga.
Hermione pasó las manos arriba y abajo por la espalda de Bella mientras ella sollozaba contra su hombro, empapando su camiseta verde.
-Es s-solo que... estoy... sueños... y los Horrocruxes... las vo-voces... Cedric... y la Marca... ¡OH, HERMS, LA MARCA! -Hermione frunció el ceño. No había entendido gran cosa del galimatías que acababa de soltar Bella, pero lo poco que sí había cogido no parecía agradable.
-Bella, tranquila -la abrazó con fuerza.- Vamos, inspira, espira -en cuanto vio que su amiga se había relajado un poco, volvió a empezar.- Cuéntame.
Y, de repente, Bella se encontró contando a Hermione ciertas cosas... No sobre Voldemort, ni sobre los Horrocruxes. Sino sobre Edward, los Cullen y Cedric. Sus sueños. El extraño pálpito. Hermione la escuchó atentamente, sin decir nada, pero con los labios apretados en una fina línea. Hizo una mueca cuando escuchó lo de la Marca en el brazo de Cedric.
-Bella, tus sueños no siempre son... bueno, no siempre se hacen realidad -le recordó Hermione con suavidad. Bella hipó, mirándose las manos, que le temblaban terriblemente.
-Lo sé, Herms... Pe-pero tengo ta-tanto... -se calló. Ella, la Gryffindor indomable, la hija de Lily y James Potter, la chica que andaba por ahí con vampiros, la líder de una nueva generación merodeadora, no podía admitir aquello.
-¿Qué? ¿Miedo? -resopló Hermione, con tono de burla.- Bella, tener miedo no significa que no seas valiente, ni que no seas digna de ser una Gryffindor o hija de tus padres. Hay muchos tipos de miedo. Y sentirlo no te hace ser menos valiente.
-Tengo miedo de no ser suficientemente buena -susurró Bella.- La gente va a decepcionarme, eso puedo aceptarlo. Pero ¿y si resulta que yo soy la decepción?
-¿A quién vas a decepcionar, Bella? -reconvino Hermione. Una lágrima se le escapó de nuevo a la chica Potter.
-A ti. A Ron. A mi hermano. A mis padres. A los Cullen... A todos -cerró los ojos, tratando de que las lágrimas dejaran de caer.- Y tengo miedo a la muerte. No a la mía... Tengo miedo de que las personas que quiero desaparezcan.
-No debes tener miedo por eso, Bella -Hermione apoyó la cabeza en la de su amiga.- No podemos morir. Tus padres no están muertos. Nadie muere. Porque vivimos en el recuerdo de todo aquel que nos quiso -depositó un beso en su frente, acariciando los rizos oscuros de su amiga.- No vamos a dejarte nunca.
-¿Hermione?
-¿Sí, Bells?
-Por favor, no le cuentes nada a mi hermano -Bella se sorbió la nariz, pasando las manos por la cintura de la chica Granger. Hermione dudó, pero asintió.
-Palabra de Gryffindor.
-Te quiero, Herms -Hermione sonrió con suavidad al oír a Bella.
-Y yo a ti, Lily Bells... -miró hacia el cielo, rezando en silencio porque todo se arreglara.- Y yo a ti.
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Apretó los dientes todo lo que pudo, pero no pudo evitar que se le escapase un siseo de dolor cuando la espada se deslizó sobre la carne de su hombro, rompiendo su impenetrable piel. La ponzoña se deslizó lentamente en gotas trasparentes dentro de la botellita que su torturador mantenía apoyada justo al lado del corte.
Carlisle levantó la mirada y su cabello rubia cayó lacio sobre sus ojos, de color negro por completo. Una vez más, trató de soltar sus muñecas de los grilletes que le sostenían contra las paredes de piedra negra. Y una vez más, falló estrepitosamente.
El chico enfrente de él chasqueó la lengua, molesto.
-¿Cuántas veces tengo que decirte -la punta de la espada se le clavó en las costillas, no lo suficientemente profundo para gritar, pero sí para dejarle otra cicatriz que añadir a las de los brazos- que cualquier metal forzado en las forjas de los duendes y por los duendes son indestructibles? -comentó el chico, con voz de regocijo.
Carlisle no contestó, se limitó a apretar los dientes. Después de que el veneno dejase de salir de las heridas, el chico tiró la espada a un lado y retiró las botellitas; casi instantáneamente, los cortes de Carlisle comenzaron a cerrarse, tal y como había ocurrido en aquel... ¿día y medio? que llevaba recluido.
El chico comenzó a avanzar hacia la puerta de la mazmorra para marcharse, pero el vampiro interrumpió su camino al abrir la boca.
-Ella lloró por ti -jadeó Carlisle, con dolor en la voz.- Durante años, pensó que estabas muerto. Yo la sostuve en mis brazos cuando lloró por ti, cuando nos contó que se sentía culpable, como una asesina. ¿Cómo puedes pagarla así? ¿Cómo pued...?
-¡CRUCIO!
Carlisle gritó. Había hecho todo lo posible para no darle aquel placer al chico, pero cuando aquel hechizo impactó en él... Era una mezcla entre volver al punto álgido de su transformación en vampiro, perder a su esposa e hijos, abandonar a Bella y sentirse morir, todo en uno. La espalda se le arqueó y sus músculos se tensaron, revolviéndose contra los grilletes, tratando de luchar contra aquello.
Su torturador bajó la varita y Carlisle sintió su propio cuerpo desplomarse; las rodillas se le vencieron, tocando el suelo, y colgó allí, flácido, con las cadenas que le sujetaban en tensión debido al peso de su cuerpo.
Tembloroso, el patriarca Cullen levantó la mirada para encontrarse con los ojos de su agresor, ocre negro contra gris.
-¿Cómo te atreves a hablar así de Bella?
-Es mi hija... -susurró Carlisle, con toda la fuerza que le quedaba. La mano del chico le tomó del cuello, estrellándolo contra la pared oscura. Carlisle sabía que podía combatirlo, pero, total, ¿para qué? No podía escapar, no podía romper las cadenas.
-Escúchame bien, Cullen -escupió el apellido, como si fuese un insulto.- Habéis corrompido a Bella. La habéis confundido, haciéndola tomar el camino equivocado. Pero ella es mía -el chico sonrió, todo dientes y piel bronceada. Los ojos grises brillaron con malicia.- Y no importa lo que hagáis, siempre lo será. De hecho, no creo que tardes en verla, Carlisle. Cada vez está más cerca de descubrir donde está realmente su lealtad, a donde pertenece.
-Cedric... -el Hufflepuff apretó su agarre en torno a la garganta del vampiro.
-No te atrevas a llamarme por mi nombre -gruñó. Finalmente, le dejó caer y se encaminó hacia la puerta.- Por cierto, espero que estés disfrutando de la estancia en nuestro hotel de lujo -soltó una carcajada oscura, sus ojos reluciendo.- Bella no tardará en hacerte una visita, y quizá hasta ella misma te de uno de nuestros 'servicios especiales'. Y no te preocupes, todo corre a cuenta de la casa.
Y con eso, cerró la puerta de un sonoro golpe, dejando a Carlisle sumido en la oscuridad.
*Lumos*
*Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas*
Hola a todos. Sé que han sido cerca de tres meses, pero las cosas no han ido como esperaba para nada... No solo los exámenes. Mi padrino, como ya os dije, cayó enfermo y bueno... a día de hoy ya no está con nosotros. Ha sido duro, y sé que estaréis enfadados por el tiempo que he tardado, pero os pido comprensión.
Debido a que esta nota tiene un aspecto serio, no voy a responder a los comentarios del capi anterior (aunque agradezco enormemente el tiempo que marieisahale, gavm, Nuria 13C, ChocolateFrogs98 yroussynazareth me dejaron, sois de lo mejor). Volveré a responder en el siguiente capítulo, que publicaré para este lunes.
Se os quiere.
Un saludo,
Ceci,
*Travesura realizada*
*NOX*
