Capitulo 2: Hola y adiós
Algún tiempo después:
-Steven, ¿estás bien?-preguntó Connie. Para variar, ella y Steven habían ido a la ciudad a pasar unos buenos ratos juntos, visitando el centro recreativo del señor Sonrisas, caminando por el paseo marítimo, y finalmente habían ido a la playa a sentarse y contemplar el mar. Sin embargo, Steven había estado comportándose de una manera un tanto extraña. Había estado distraído durante los videojuegos, no había propuesto de parar en los numerosos puestos de comida de la ciudad, y apenas había dicho unas cuantas frases desde que se habían visto. Incluso en aquellos momentos parecía más pensativo y callado de lo normal. Connie le conocía lo bastante como para saber que algo muy preocupante para Steven debía rondarle la cabeza.
-Ah, no, no me pasa nada…
-Steven, por favor. Creo que puedo distinguir perfectamente cuando estás normal de cuando algo te ronda la cabeza, y hoy definitivamente es uno de esos días-le dijo Connie.
-De verdad, que no me pasa nada-insistió Steven, tratando de sonreír a Connie como si de verdad no pasara nada. Su amplia y tensa sonrisa no engañaba a nadie, y mucho menos a Connie, quien decidió hacer un último intento para hacer confesar a su amigo.
-Muy bien, si no te pasa nada, supongo que te apetecerá…un donut, ¿no?-dijo Connie con tono casual, señalando con el pulgar la tienda de donuts que el joven Universe tanto solía visitar. Steven apenas le dedicó una mirada de reojo.
-Gracias, pero ahora no tengo hambre-dijo, y al hacerlo Connie supo que algo MUY grave le pasaba a Steven.
-Steven, algo te pasa. Que no quieras un donut solo puede significar dos cosas: o bien estás gravemente enfermo, o bien es que hay algo que te preocupa.- Steven probó a toser un par de veces, pero la mirada fulminante de Connie le disuadió de seguir con su actuación. La mirada de Connie se relajó, revelando la preocupación que sentía en esos momentos por él-. Por favor, Steven. Sabes que puedes contarme lo que sea. ¿Qué ha pasado? ¿Es sobre las Gemas? ¿Ha ocurrido algo con ellas?-Steven permaneció mirando al mar, su cabeza apoyada entre sus rodillas, las cuales mantenía pegadas a su pecho con ambos brazos. Finalmente, asintió con la cabeza-. Muy bien, ahora… Dime exactamente qué te pasa.
Steven no se lo podía decir. ¿Cómo decirle a alguien que una raza de seres de otro mundo estaba a punto de llegar a la Tierra con el único propósito de darles caza a él y a sus amigas Gemas, y que a juzgar por cómo lo afrontaban Granate y las otras seguramente les harían picadillo? ¿Cómo explicarle que su amiga Lapislázuli, la misma que hacía un par de meses había intentado robar el océano, les había dado el chivatazo con un mensaje sonoro que descodificó su padre con la furgoneta? ¿Cómo decirle que sin querer había liberado a una Gema muy peligrosa que había sido la principal responsable de que muchas Gemas hubieran sido destruidas en el pasado?
-Son…muchas cosas de golpe-dijo finalmente Steven-. Esto de ser una Gema de Cristal…es mucho más difícil de lo que creí en un principio. Pensaba que proteger el planeta consistía en viajar de un lugar a otro enfrentando a aquello que pudiera salirnos al paso pero…
Connie miró preocupada a Steven. Sabía que algo le estaba ocultando porque sus palabras eran demasiado vagas y seguía sin entender nada, pero al ver su expresión tampoco quiso seguir presionándolo. A pesar de no saber lo que le pasaba, estaba claro que Steven se estaba viendo bastante estresado por lo que fuera que ocupara su mente, de manera que Connie no iba a ser la que añadiera una preocupación más a su lista.
-Bueno, yo creo que lo habéis estado haciendo muy bien hasta ahora-dijo Connie, mirando el mar-. Las Gemas y tú sois increíbles. Todas esas batallas, todos esos sitios tan extraños y misteriosos que habéis visitado… Cuesta creer que haya algo a lo que no os podáis enfrentar.
Steven miró de reojo a Connie. Se la veía muy segura de lo que estaba diciendo, pero a lo mejor era porque realmente no comprendía la magnitud del problema al que se enfrentaban él y las Gemas de Cristal. Ya no era una simple Gema Corrupta, o algún artefacto perdido en una ruina antigua. Era una invasión en toda regla, el retorno de una antigua batalla de la que él formaría parte por primera vez, la primera en la que él se vería obligado a enfrentarse a una Gema enemiga como habían hecho su madre, Perla y las demás hacía tantos milenios.
-Tengo miedo, Connie-dijo Steven de repente-. Siento que mis poderes no serán suficientes para detener esto, y no sé si las cosas van a salir tan bien como las otras veces.
-En ese caso, es una suerte que no tengas que hacer esto solo, ¿no?-le dijo Connie con seguridad -. Quiero decir…Cuando llegue el momento, Granate, Amatista y Perla estarán allí contigo, y podrás contar con ellas del mismo modo que ellas contarán contigo. No sé exactamente qué es lo que te preocupa, pero estoy segura de que si os mantenéis los cuatro unidos, podréis enfrentaros a lo que sea. Yo confío en vosotros, Steven-dijo, poniéndole una mano en el hombro-. Yo confío en ti-dijo, mirándole a los ojos.
Las palabras de Connie calaron profundamente en el corazón de Steven. Ella tenía razón. No tenía que enfrentarse a aquello solo. Tenía a las Gemas de Cristal a su lado, y ellas podían contar con él para cuando llegara el momento de la verdad. ¿Qué importaba que tres Gemas se dirigieran desde el Planeta Natal a la Tierra? ¿Qué importaba que hubiera liberado a una peligrosa enemiga? Él ya estaba acostumbrado a que el peligro fuera en su busca y a cometer errores, y siempre conseguía superar ambos gracias a la ayuda de sus amigas y compañeras las Gemas. Aquello no sería una excepción.
Además, no tenía sentido preocuparse tanto por algo que ya no tenía remedio. Las Gemas le habían asegurado que no le culpaban por lo de Obsidiana, ya que ni ellas mismas habían sabido que se encontraba encerrada en el templo; y Peridoto y sus acompañantes vendrían a la Tierra quisiera él o no, y no había nada que se pudiera hacer ya al respecto en ninguno de los dos casos. Lo único que debía preocuparle en esos momentos era prepararse para la batalla que estaba por llegar, para así poder proteger a todos los que él quería cuando llegara el momento.
Poniéndose de pie, Steven contempló decidido el horizonte. Connie, al verlo más animado, no pudo evitar sonreír.
-Connie, muchas gracias-le dijo Steven, sonriendo con sinceridad-. Creo que ahora sí te aceptaría ese donut-confesó, rascándose algo avergonzado la mejilla.
El resto de la tarde discurrió plácidamente, las risas y conversaciones de ambos jóvenes escuchándose en aquel rincón de la playa durante horas y horas.
Había paz, y eso era todo lo que importaba.
Un mes después, estalló la guerra.
Una misteriosa mano venida del espacio apareció en el cielo de Beach City. Sus habitantes contemplaron anonadados aquel extraño fenómeno, cada uno con sus propias teorías sobre qué podía ser esa cosa, y cuales podían ser sus intenciones. Ante el inminente peligro que representaba, las Gemas se apresuraron a atacar a aquella nave antes de que pudiera llegar a aterrizar, pero su superioridad armamentística y tecnológica era aplastante. Sus armas eran incapaces de penetrar la férrea defensa de la nave, que prosiguió sin interrupciones con su descenso hacia la playa. Granate encargó entonces a Steven que evacuara a los habitantes de la ciudad, argumentando que solo él podía llevarlos a un lugar a salvo lejos de allí. Lo que no le dijo era que no querían que estuviera allí para cuando las Gemas enemigas llegaran, ya que habían muchas posibilidades de que acabaran perdiendo aquella pelea.
Steven, aunque reticente, acabó por acceder a la petición de Granate, y pronto se encontró metido en la furgoneta de su padre, conduciendo junto al resto de habitantes de Beach City hacia un destino incierto. Al verlo apenado, su padre intentó animarlo y asegurarle de que todo saldría bien, pero por desgracia acabó hablando más de la cuenta y solo consiguió aumentar la preocupación de Steven. Sabía que había algo más que pudiera hacer, sabía que él también podía ayudar, y sabía que no iba a permitir que sus amigos y conciudadanos se vieran obligados a abandonar sus hogares si él podía evitarlo. Tras hablarlo con su padre, consiguió convencerlo para que lo dejara unirse a las Gemas en la lucha por la salvación de la ciudad.
Y así es como Steven y las Gemas acabaron juntos en aquel trozo de playa, enfrentando decididos a la gigantesca mano que finalmente acabó posándose pesadamente en la arena. No sabían qué sería lo que saldría de su interior, pero si el mensaje de Lapis era cierto, entonces seguramente serían Peridoto y las Gemas que la habían escoltado desde el Planeta Natal.
Como confirmando sus sospechas, Peridoto fue la primera en aparecer. Su traje verde y negro parecía ir acorde con el color de la nave en la que habían viajado, únicamente cambiando en el amarillo de los rombos que llevaba en las rodillas y en el pecho, y en su peculiar peinado triangular. Sus brazos y piernas eran más gruesos hacia los extremos, y en vez de manos tenía unos singulares tubos brillantes que le permitían crear pantallas y hacer gesto. Al igual que en las veces anteriores, la verdosa Gema los miró con frio desprecio desde la parte superior de la nave, contemplándoles con expresión molesta a través de sus gafas.
-Ahí están. Esas son las que no dejan de entorpecer mi trabajo-informó a sus acompañantes, señalando a Steven y las Gemas con sus dedos flotantes.
Otras dos Gemas aparecieron del interior de la nave. Una de ellas, bastante más grande que Peridoto, parecía ser muy fuerte y poderosa. Vestida con una larga capa que cubría sus anchos hombros, miraba sin demasiado entusiasmo al pequeño ejército de rebeldes que habían salido a recibirlos. Vestía ropas oscuras y de tonalidades rojizas que le daban un aspecto de soldado bastante temible. Su cuerpo no era de un único color, sino que parecía haber sido formado a partir de una mezcla de naranja apagado plagado de marcas rojas. Su cabellera era larga y abultada, similar a la que tenía el león de Steven, salvo que esta era incluso más larga y completamente blanca. Su expresión era feroz y ruda, propia de alguien que posee mucha fuerza y no dudará en usarla para demostrar su poder, y su mirada fiera se fijó en Steven y las otras. Una pequeña gema se encontraba en el lugar donde debería haber estado su nariz.
-¿Solo eso?-preguntó con tono despectivo.
-¡Jaspe, se están metiendo en mi trabajo!-exclamó Peridoto al ver que su acompañante no acababa de entender el problema allí. Jaspe escrutó con la mirada al resto de Gemas allí presentes, dedicando apenas un vistazo a comprobar a qué se enfrentaba en concreto.
-Hmm…Me parece una pérdida de tiempo-comentó Jaspe-. ¡Paliducha, trae a la prisionera!
La otra Gema desconocida dio un paso al frente en la cima de la nave. Su piel pálida y grisácea contrastaba bastante con el negro de sus ropas, tan oscuras como el cielo sobre sus cabezas. Sus piernas estaban enfundadas en unos pantalones que parecían ir unidos con su calzado, ya que Steven no pudo apreciar donde empezaba uno y acababa el otro. Alrededor de la cintura llevaba una especie de pareo gris oscuro bastante largo con el borde ajado y deshilachado que ocultaba parcialmente su pierna derecha hasta por debajo de la rodilla, dejando al descubierto por completo la izquierda y revelando dos pequeños rombos azules en su cadera y en su rodilla. En la parte superior, la Gema portaba una camisa lisa con el cuello tan alto que se lo cubría por completo, con el dibujo de otro pequeño rombo azul en un lateral, aunque por debajo era tan corta que su tronco quedaba completamente a la vista. Sus brazos estaban cubiertos por unas largas mangas acabadas en forma de triangulo, cubriéndole ligeramente el dorso de sus manos. Una gruesa mata de pelo le cubría la parte de atrás, mucho más lisa y recogida aunque igual de larga que la rebelde cabellera de Jaspe, quien debía de ser aproximadamente una cabeza más alta que la misteriosa Gema, quedando ésta un poco por encima de la altura de Granate. Un único y alargado flequillo triangular le cubría el lado derecho de la cara, la cual se encontraba tapada por una máscara negra y lisa, sin detalles ni resquicios por los que Steven pudiera ver nada de la cara de aquella recién llegada. Ni ojos, ni nariz, ni nada, solo un óvalo perfecto de la más absoluta y pura oscuridad, tanto que incluso su negrura destacaba contra las de su cabello de ébano y sus oscuras prendas.
La Gema gris y negra tiró de algo a sus espaldas, y Lapislázuli apareció a trompicones delante de ella, mirando agraviada a cada una de las Gemas del Planeta Natal. Parecía algo más demacrada y desgastada que la última vez que Steven la vio, pero por lo demás no parecía presentar herida alguna. Cuando sus miradas se cruzaron, Lapis pareció horrorizada de ver a Steven allí, enfrente de aquel trío de peligrosas Gemas.
-¿Es esa su base?-le preguntó Jaspe a Lapis. Apartando la mirada, Lapis respondió.
-…sí.
-¡Tenéis que iros de aquí inmediatamente!-exclamó Granate, apretando los puños.
-¡Sí, esfumaros!-dijo Amatista, empuñando en cada mano uno de sus precisos látigos.
-¡Este no es un planeta controlado por las Gemas!-dijo Perla, quien parecía más preocupada que sus otras dos compañeras.
Jaspe y sus acompañantes saltaron desde la nave hasta la arena de la playa, aterrizando finalmente en el planeta sin que las Gemas de Cristal se lo hubieran podido impedir.
-Y tampoco hay señal de Rosa Cuarzo-comentó Jaspe a Peridoto como si no hubiera escuchado las proclamas de Granate y las otras-. Una pena, esperaba poder conocerla… ¡Tenía ganas de darle una buena paliza!-comentó la gigantesca Gema con una sonrisa malévola en el rostro. Steven sintió un escalofrío muy desagradable al oir las intenciones de aquella Gema, ya que se imaginaba que si se enteraba que él tenía la Gema de su madre, le tocaría a él ser el aplastado. De reojo, vio que Perla parecía estar centrando su atención, principalmente, en la Gema con la cara tapada, quien con los brazos cruzados había permanecido hasta el momento como la única recién llegada que aún no había dicho nada.
-¿Y esto es todo lo que queda de su ejército?-preguntó Jaspe, llamando de nuevo la atención de Steven-. ¿Una Perla defectuosa sin hogar, una mocosa recién creada hecha a medias, y esa Gema de apariencia vergonzosa?-comentó con desprecio, dedicando una mirada altiva a cada una de las Gemas de Cristal, hasta que finalmente sus ojos se posaron en la pequeña figura de Steven-…¿Qué es eso?
Al ver que Jaspe señalaba a Steven, las Gemas de Cristal se pusieron en guardia. Podían luchar y podían perder, pero bajo ningún concepto iban a permitir que Steven sufriera daño alguno.
-Se hace llamar "Steven"-informó Peridoto a Jaspe. A su lado, la Gema negra inclinó la cabeza hacia un lado, como si estuviera examinando el cuerpo de Steve con curiosidad.
-¡Es solo un humano, no es una amenaza!-se apresuró a decir Lapis, alarmada ante la posibilidad de que Steven pudiera acabar siendo blanco de sus captoras-. ¡No es como ellas!
-Ya sé lo que es un humano-comentó Jaspe, mirando desinteresada a Steven y a las Gemas. Suspirando, se dio la vuelta y empezó a caminar hacia la nave-. Bah, no me necesitáis para esto. Disparadles con la nave, y acabemos ya con esto.
-Vale-dijo Peridoto sin muchas ganas, creando una pantalla holográfica y poniendo en movimiento la nave. La gigantesca estructura en forma de mano empezó a moverse y a cambiar, moviendo sus apéndices como dedos hasta formar una enorme pistola de mano que apuntaba con su largo índice al grupo de las Gemas de Cristal.
-¡Steven, sal de aquí!-exclamó Granate al ver que la nave empezaba a acumular energía en la punta de su dedo. Sin embargo, Steven no había ido hasta allí solo para huir.
-¡No!
-¡No dejaré que arriesgues tu vida aquí!
-¡Pero este es mi hogar, y vosotras sois mi familia!-replicó el con lagrimas en los ojos. Tenía mucho miedo, miedo de morir allí, pero aun tenía más miedo de que algo malo pudiera pasarles a las Gemas de Cristal, a quienes veía realmente como miembros de su familia. Perla y las demás contemplaron asustadas a Steven, más preocupadas por el bienestar del pequeño niño humano que del suyo propio.
-Fuego-dijo Peridoto, activando el arma. Lapis hizo el intento de correr hacia Steven, pero la Gema negra se lo impidió.
-¡Yo también…!-exclamó Steven, abriéndose paso entre las Gemas y saltando en dirección al rayo de energía. Su Gema brillaba con intensidad bajo su camisa-¡…SOY UNA GEMA DE CRISTAL!
El rayo impacto contra Steven, y la explosión resultante resonó por toda la playa. Una gruesa nube de arena y polvo se levantó, cubriendo por completo al grupo de las Gemas de Cristal. Jaspe, que había presenciado innumerables veces como el láser de la nave vaporizaba a los enemigos de su Diamante, se extrañó al escuchar tan peculiar sonido, muy diferente al acostumbrado tañido de múltiples Gemas estallando en mil pedazos. Sorprendida, se dio la vuelta para ver a qué se debía aquel cambio.
La nube se dispersó rápidamente para revelar que Steven y las Gemas estaban bien. El pequeño niño había conseguido invocar su escudo y lo había agrandado para cubrir completamente a sus amigas y a él mismo. Antes de que el escudo desapareciera, Jaspe tuvo tiempo suficiente para reconocer aquella peculiar arma, y lo que implicaba.
-Ese escudo… ¡Ese símbolo!-empezó a decir.
-…Rosa…Cuarzo…-dijo de repente la Gema negra y gris, su voz sonando distorsionada y algo tapada por la máscara que le cubría la cara. Lapis, aun sujeta por la Gema, notó como su agarre sobre ella se apretaba hasta resultar doloroso.
El escudo se desvaneció cuando el cuerpo de Steven cayó al suelo, aparentemente agotado. La energía necesaria para detener semejante ataque había sido más de la que él nunca había intentado detener, y se sentía tan cansado que no se imaginaba realizando una hazaña similar en mucho, mucho tiempo.
-Tú… ¡Tú tienes el poder de Rosa Cuarzo!-exclamó Jaspe, mirando sorprendida a Steven.
-¿Ves ahora por qué necesitaba vuestra ayuda?-preguntó Peridoto, molesta porque hubieran tardado tanto en apreciar la dificultad y amenaza a la que se había tenido que enfrentar durante su misión en la Tierra. Jaspe, sin embargo, no pareció escucharla.
-¡Abre fuego otra vez! ¡Sepáralas!-ordenó de inmediato, alarmando a Peridoto por lo repentino de su orden. Rápidamente, se apresuró a hacer como le había dicho Jaspe, disparando un rayo de energía que separó a Perla y Amatista de Granate y Steven-. ¡Pedrusco, encárgate de la Perla y la enana!
Gruñendo, la Gema negra empujó a Lapis a un lado e hizo crujir sus dedos. Después, se llevó las manos a la espalda, donde se encontraba su gema, y sacó de ella dos sombras que empezaron a dar vueltas alrededor de sus manos mientras caminaba hacia Perla y Amatista. Tras hacer girar las sombras un par de veces, abrió los brazos en cruz, y las sombras se deformaron en un leve rayo de luz, materializando las armas de la Gema en sus manos. Se trataban de dos alargados trabucos, casi tan largos como sus propios antebrazos. Sus cañones eran del color de su piel y estaban cubiertos de marcas tan oscuras como el negro de su máscara, similares a enredaderas que casi los cubrían por completo. La culata y el cuerpo eran negros y brillantes como si estuvieran hechos de piedra, con algunas marcas parecidas a grietas en blanco que resaltaban contra la negrura de alrededor. El cañón parecía estar sujeto al cuerpo por una pequeña garra decorativa, y la culata del arma terminaba en la punta como un rombo.
Steven, recuperándose de la explosión, abrió los ojos justo a tiempo para ver como la Gema negra se le acercaba tranquilamente con sus dos peligrosas armas en las manos. Asustado, Steven contempló como la Gema pasaba por su lado, girando la cabeza para no perderlo de vista en ningún momento. A pesar de no podérselos ver, Steven tenía claro que los ojos de aquella Gema estaban fijos en él, y su aura intimidante envió peligrosas señales de alarma a su cerebro. Una vez lo hubo rebasado, se volvió para mirar a sus dos objetivos, dejando atrás a Steven.
-Rosa…-dijo Jaspe a su lado. Sin que él se diera cuenta, la enorme Gema había avanzado hasta situarse a su lado-. ¿Por qué tienes esa pinta? ¿Por qué pareces tan débil?
-¡No le hagas daño!-exclamó Lapis a su lado.
-¿Tú lo sabías?
-¡No…no era importante para la misión!
-¡Olvídate de la misión!-exclamó Jaspe, sorprendiendo a Peridoto-. Diamante Amarillo tiene que ver a esta…cosa-dijo, mirando fijamente a Steven. Demasiado aterrado como para moverse, solo podía permanecer allí tumbado mientras el estruendo de la lucha entre Perla y Amatista contra la Gema negra resonaba a sus espaldas.
De repente, Granate surgió de detrás de él y atacó a Jaspe para intentar proteger a Steven de ella, pero la Gema se limitó a invocar su propia arma, un casco similar a la cabeza de un martillo, y consiguió repeler la acometida de Granate.
-¡Steven, corre!-exclamó Granate, intentándolo una vez más. Jaspe, sonriendo, sacó algo del interior de su capa.
-Hora de probar el Desestabilizador de Gemas-murmuró, sonriendo con maldad mientras se lanzaba contra Granate y la atacaba con la relampagueante arma. El cuerpo de Granate empezó a convulsionar y a emitir rayos de luz, hasta que finalmente empezó a caer de espaldas. Su cuerpo se fue agrietando y deshaciendo ante la horrorizada mirada de Steven y las demás, hasta que finalmente estalló en una nube de polvo. Al suelo cayeron las gemas de Granate, con la forma de sus múltiples partes marcadas en la arena como única prueba de que alguna vez hubo estado allí.
-¡Granate!-exclamó Perla, justo antes de agacharse para evitar una nueva acometida de la Gema atacante. Acercándose a Perla, ésta intentó parar los múltiples golpes de culata y las patadas de la Gema negra, y esquivar los muchos disparos con los que le respondía cada vez que Perla intentaba separarse y que apenas conseguía esquivar. Sus ataques y contraataques eran detenidos por los cañones de su enemiga, quien parecía utilizar también sus trabucos como armas cuerpo a cuerpo. Amatista lanzó su látigo contra uno de sus trabucos y consiguió capturarlo, pero antes de que pudiera cantar victoria la Gema se limitó a soltarlo, y a invocar otro desde su espalda. Apuntando a ambas Gemas a la vez, la oscura tiradora abrió fuego contra las dos, obligándolas a esquivar y a correr.
-¡Esto es enfermizo!-dijo con repugnancia Jaspe, levantando a Steven. Al verlo dando patadas en el aire, Perla y Amatista se dieron cuenta del tremendo peligro que corría su pequeño amigo.
-¡Déjalo!-dijo Perla, tratando de correr hacia donde estaban Steven y Jaspe. Sin embargo, la Gema negra volvió a ponerse en su camino-. ¡Apártate de mi camino, Obsidiana!-gritó Perla, tratando de rajar de arriba abajo a Obsidiana, la Gema negra. Ésta se limitó a girarse lo suficiente como para que el impetuoso ataque de Perla le pasara por delante del cuerpo sin hacerle nada. Perla acabó aterrizando al otro lado, y justo cuando se giró para volver a atacar, se encontró mirando de frente el cañón del trabuco de Obsidiana. Petrificada momentáneamente, toda su atención se vio centrada en las oscuras profundidades de la máscara de Obsidiana, que en esos momentos le apuntaba a la frente con su arma, justo a donde se encontraba su gema.
-¡Perla!-gritó Amatista, corriendo a ayudarla. Sin moverse casi, Obsidiana se limitó a apuntarla con su otro trabuco por debajo del brazo y, sin dejar de mirar a Perla, abrió fuego repetidas veces contra Amatista. Sus precisos disparos impactaron contra el cuerpo de la pequeña Gema, deteniendo su carrera y tirándola al suelo, visiblemente herida. A pesar de sus muchos intentos de ponerse en pie, Amatista se vio incapaz de seguir luchando.
-Hola, Perla…-dijo Obsidiana con voz fría, carente de piedad o compasión. Perla, muy a su pesar, se encontró temblando de miedo ante la siniestra figura de la Gema que la había derrotado-… ¿te acuerdas de mí?-preguntó, antes de darle la vuelta a su trabuco y golpearle con la culata en la cara.
Las sombras se apoderaron de la visión de Perla, quien sintió como su cuerpo de luz quedaba gravemente dañado. Luchó y trató de mantenerse consciente a toda costa, pero era inútil. Vencida, Perla cerró los ojos y cayó inerte al suelo, incapaz de seguir con la batalla.
-Mira, Rosa...-dijo Jaspe, todavía sujetando a Steven-. Hemos tomado tu base, tu ejercito ha caído…-dijo sonriendo, mientras Steven contemplaba aterrado como la Gema negra a quien Perla había llamado Obsidiana, la misma que él había liberado sin saberlo hacía ya algún tiempo, arrastraba el cuerpo aporreado de Perla por la playa hasta llevarla junto a Amatista. Esta intentó cubrir el flácido cuerpo de su compañera con el suyo cuando Obsidiana apuntó a ambas a la vez con sus armas-… ¡TÚ HAS PERDIDO!-proclamó Jaspe, antes de retirar su casco y darle un fuerte cabezazo a Steven.
Todo se volvió negro para Steven.
-¡Pedrusco, no las destruyas todavía!-exclamó Jaspe, cargando en su mano el cuerpo de Steven-. Serán un buen trofeo de guerra para cuando volvamos al Planeta Natal. Ya tendrás tiempo para despedazarlas cuando así lo ordene Diamante Amarillo.- A regañadientes, Obsidiana retiró sus armas y, agarrando a cada Gema por una pierna, empezó a arrastrarlas por la playa de vuelta a la nave, a pesar de las protestas y zarandeos de Amatista. Perla, inconsciente, no pudo oponerse a Obsidiana-. Subid todas a bordo, nos vamos.
-¡No, déjale!-dijo Lapis, tratando de liberar a Steven. Sin embargo, Jaspe se limitó a agarrar a Lapis por la cara y a llevársela consigo hacia la nave. A pesar de patalear y tratar de liberarse, Lapis no pudo evitar que la enorme Gema hiciera lo que quisiera.
-¡Espera, ¿y qué pasa con mi misión?!- preguntó alarmada Peridoto. Al ver que ni Jaspe ni Obsidiana le respondían, empezó a correr histérica detrás de ellas-. ¿¡EH, QUE PASA CON MI TRABAJO!?
Mucho después:
Steven estaba asustado. Todo era tan confuso…
Despertarse en una celda había sido aterrador, aunque al descubrir que los campos de fuerza tan solo lo sacudían un poco de pies a cabeza en vez de impedirle por completo el paso se había permitido relajarse un poco. Después, se había encontrado con aquella pequeña Gema roja tan chillona y violenta, la cual había echado a correr tan pronto él la sacó de su celda. Apresurados, habían recorrido a toda prisa los múltiples pasillos de la nave, con Steven tratando de descubrir qué estaba pasando o donde estaban sus amigas. A su vez, su pequeña y exaltada compañera se limitaba a chillarle que se callara mientras intentaba seguir el tenue eco de los cantos de una Gema a la que ella llamó Zafiro. Después de comprobar sorprendido que se encontraban en el interior de la nave de las Gemas, orbitando plácidamente alrededor de la Tierra, habían encontrado casi por accidente la celda de Lapis. Aunque Steven había intentado liberarla, Lapis se había negado y le había pedido que dejara lo que estuviera haciendo y volviera a su celda antes de que hiciera enfurecer a sus captoras, ya que tenía la vana esperanza de que comportándose durante el viaje serían más misericordiosos con ellos al llegar al planeta de las Gemas. Con la promesa de volver a buscarla más tarde, Steven intentó seguir corriendo tras la Gema roja.
A pesar de haberla perdido de vista, Steven consiguió volver a escuchar el dulce canto de la otra Gema, más fuerte que antes, y empezó a recorrer los pasillos de la nave en su dirección. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de girar una esquina, el sonido de unos pesados pasos acercándose a su posición le disuadieron de salir y optó por esconderse pegándose a la pared. Resultó ser un movimiento acertado, ya que justo en ese momento aparecieron las tres Gemas que vinieron del Planeta Natal: Jaspe, seguida por Peridoto, y Obsidiana detrás.
-¡No podemos irnos todavía!-dijo Peridoto al pasar junto a Steven. Asomándose tras la esquina, vio que el trío de Gemas se habían detenido frente a una de las celdas-. La idea de venir aquí fue para que pudiéramos revisar el Clúster. ¡No podemos…!-Jaspe la cortó golpeando con fuerza el lateral de la celda, acallando también el suave canto que hasta el momento había estado sonando por la nave.
-¡Deja de cantar!-gritó al ocupante de la celda-. Rosa Cuarzo es la prioridad ahora mismo. ¡Ve al puente de mando, y pon las coordenadas de regreso a nuestro planeta!-dijo Jaspe. Peridoto, sin embargo, no estaba dispuesta a aceptar aquello.
-¿Y qué pasa con mi trabajo?-preguntó ella a Jaspe, a medida que esta se alejaba por el pasillo. Girándose, miró a Obsidiana, quien hasta el momento había estado contemplando en silencio el interior de la celda-. ¡Ónice, hazla entrar en razón! ¿No ves que si…?
Antes de que pudiera seguir hablando, Obsidiana se giró de repente hacia ella, sorprendiéndola por lo repentino de su acción. Peridoto se tapó la boca como si hubiera dicho algo malo, y sus ojos contemplaron muy abiertos con temor como las manos de la otra Gema se tensaban como si de garras se trataran. Poco a poco, la amenazante Gema empezó a caminar hacia Peridoto, quien asustada trató de retroceder hasta acabar chocando contra la pared de espaldas. Resbalando hasta acabar sentada en el suelo, contempló aterrada como Obsidiana se le iba acercando cada vez más, mientras una de sus manos se movió en dirección a su espalda.
Steven, centrado como estaba en aquella escena, se quedó mirando sorprendido el repentino cambio de humor de la Gema negra. Tan centrado estaba, que no se dio ni cuenta que casi había salido por completo de su cobertura. De repente, Obsidiana se quedó muy quieta, mirando a Peridoto a medio camino de sacar su arma. Steven, alarmado, consiguió esconderse justo antes de que Obsidiana se girara súbitamente en su dirección, mirando fijamente al punto donde antes se había encontrado él.
-¿Q…qué estas…?-empezó a decir Peridoto al ver que Obsidiana había dejado de mirarla. Sin hacerle más caso, Obsidiana empezó a caminar hacia el pasillo de Steven, mientras este permanecía pegado a la pared y sudando frías gotas de sudor fruto del miedo que estaba pasando en esos momentos. Los pasos de la Gema fueron ganando intensidad a medida que iba acercándose hasta su escondite, mientras Steven permanecía en silencio en su sitio, demasiado aterrado como para intentar correr. La pálida y grisácea mano de Obsidiana se agarró a la esquina del pasillo, provocando que Steven contemplada con ojos desorbitados sus delgados dedos, a medida que la oscura Gema se iba inclinando para mirar en el pasillo.
-¡Pedrusco, deja de perder el tiempo!-exclamó de repente Jaspe, interrumpiendo a Obsidiana justo cuando se disponía a mirar finalmente en el pasillo. Steven podía ver el afilado flequillo de la Gema, de tan cerca que había estado de descubrirlo-. Vámonos. Cuanto antes salgamos de la órbita de este lamentable montón de fango, mejor.- Steven oyó gruñir a Obsidiana justo antes de que esta volviera a enderezarse y se pusiera a caminar hacia Jaspe. Peridoto, quien se había vuelto a poner de pie, se hizo a un lado cuando la siniestra Gema pasó por su lado. No hizo siquiera el gesto de mirar a la verdosa Gema, y pronto Obsidiana se perdió por los largos pasillos de la nave en compañía de Jaspe.
-Maldita Gema defectuosa y psicótica…-murmuró Peridoto una vez se hubo asegurado de que Obsidiana estaba demasiado lejos como para oírla-. "Ven a la Tierra", dijeron. "Será fácil", dijeron…-siguió refunfuñando Peridoto al pasar frente al pasillo de Steven, demasiado absorta en sus propias quejas como para pararse a mirar en el pasillo. Sus pasos y murmullos pronto se alejaron lo bastante como para que Steven ya no pudiera oírlos, y al asegurarse de que no había nadie allí, decidió salir de su escondite.
En la celda, reanudando su precioso canto, se encontraba otra Gema que Steven no había visto antes. Acercándose a su celda, Steven la ayudó a escapar y pronto se encontraron recorriendo a gran velocidad la nave, gracias en parte a las increíbles habilidades de aquella pequeña y azulada Gema llamada Zafiro.
No tardaron demasiado en encontrarse con la otra Gema, Rubí, y tras gritar aliviadas sus nombres ambas Gemas se reunieron en un tierno abrazo.
-¿Estás bien? ¿Te han hecho daño?-preguntó Rubí, examinando a Zafiro en busca de posibles heridas.
-No, estoy bien. ¿Te han hecho daño a ti?-preguntó Zafiro. Con lágrimas de alegría en los ojos, Rubí sonrió a Zafiro.
-¿A quién le importa?
-A mi me importa-respondió Zafiro, sonriéndole de igual forma. Tras besarla en su lágrima, Zafiro fue levantada por los fuertes brazos de Rubí, riendo ambas mientras daban vueltas en el aire. Pronto sus cuerpos empezaron a brillar y a desdibujarse, a medida que se unían en un solo cuerpo que Steven reconoció en seguida.
-¡Steven!-dijo Granate, apareciendo de repente delante de él. Sus gafas no estaban, permitiendo a Steven verle directamente sus tres ojos de diferentes colores: uno rojo, uno azul, y otro que parecía una mezcla de ambos-. ¡Gracias!
-¡Granate!-exclamó Steven, sorprendido por haber visto aquello y aliviado al ver que esta se encontraba bien después de haberla visto desaparecer en la playa-. ¡¿Eres una fusión?!
...
Jaspe y Obsidiana caminaban por los pasillos de la nave en silencio. La misión en la Tierra no había salido como esperaban, y ahora se encontraban en una situación completamente extraña. Obsidiana no decía nada, pero Jaspe parecía gruñir como un animal enjaulado a medida que pasaban por los pasillos de la nave, todos idénticos en apariencia.
-…-Obsidiana se detuvo delante de una de las ventanas de la nave, desde la cual se podía ver la enormidad del planeta y todos sus colores y formas. La expresión de Obsidiana permanecía oculta tras su máscara mientras contemplaba sin decir nada el planeta al cual había acabado yendo por segunda vez en su vida.
-¡Deja de perder el tiempo, paliducha!-exclamó Jaspe al verla parada. Obsidiana, molesta por la forma en la que la llamaba Jaspe, permaneció quieta en su sitio. Gruñendo, Jaspe dio media vuelta y se dirigió hacia Obsidiana-. Diamante Amarillo espera un informe de la misión. ¿Es que acaso tengo que arrastrarte conmigo para que me obedezcas?
-No sigo órdenes de Diamante Amarillo, y mucho menos de ti-dijo la silenciosa Gema con calma, sin dejar de mirar por la ventana-. Y si no estás de acuerdo, te invito a que intentes ponerme la mano encima. Verás lo que ocurre...- Obsidiana se giró hacia Jaspe, quien contempló furiosa la sencilla mascara que ocultaba la cara de Obsidiana. Sabía de su reputación, y de sus habilidades, pero aun así hacía falta tener mucho descaro para contradecirla a ella, ¡a Jaspe!, o a uno de los Diamantes solo porque no era a quien pertenecía. Apretando los puños, Jaspe se situó a un palmo de Obsidiana, mirándola furiosa desde arriba.
-Valientes palabras, viniendo de una Gema de tercera como tu-dijo ella con tono amenazador. Obsidiana, en silencio, se limitó a mantenerle la mirada a través de su máscara-. ¿Crees que puedes vencerme, pedrusco?
-¿Crees tú que no puedo?-preguntó Obsidiana con naturalidad, aunque Jaspe pudo detectar en su tono la peligrosa promesa de que, si su respuesta era la que ambas sabían que iba a decir, pronto pasarían a algo más duro que simples palabras y amenazas. Jaspe apretó los dientes y se preparó para invocar su casco mientras Obsidiana, poco a poco, empezó a mover sus manos hacia su espalda.
El tenso silencio entre ambas se prolongó durante unos instantes, hasta que al final Jaspe resopló y se dio la vuelta, alejándose de allí. Bajando las manos, Obsidiana volvió a seguirla, separándose de la ventana.
-Bah, todo esto no es más que una pérdida de tiempo tras otra-dijo Jaspe, sin girarse hacia Obsidiana-. Primero me mandan a escoltar a una simple Peridoto en una misión en la Tierra, después te ponen a ti también en la misión, y para colmo de males Rosa Cuarzo no ha resultado ser más que…-dijo Jaspe, llegando finalmente hasta la celda de Steven. Sus últimas palabras iban acompañadas con la intención de mirar en el interior del receptáculo y contemplar la inconsciente figura del atrapado humano, pero para su asombro allí no había nadie-. ¿Eh?... ¡¿DÓNDE ESTÁ?! -exclamó, su rugido de furia resonando por todos los pasillos de la nave-. ¡Rosa Cuarzo se ha escapado! ¡Ve a revisar que el resto de prisioneras sigan en sus celdas!-ordenó a Obsidiana, quien reticentemente echó a correr por uno de los pasillos.
Jaspe apretó los puños, temblando de rabia. Esa maldita traidora… ¿Había osado huir de ella? ¿Qué se había hecho de su orgullo como Cuarzo? ¿Qué se había hecho de su orgullo de guerrera? ¿Es que esas malditas rebeldes ya solo sabían correr y esconderse?
-Rosa Cuarzo…-masculló, corriendo por la base en su busca-…me has decepcionado.
Momentos después:
Steven, corriendo a toda prisa, intentaba recordar lo que la visión futura de Granate le había mostrado. Un giro a la derecha, todo recto, el tercer pasillo a la izquierda todo recto,… Costaba un poco seguir las rápidas instrucciones que su mente había recogido en un instante, pero por lo menos consiguió finalmente su objetivo.
Ante él se encontraban las celdas de Perla y Amatista, ambas sentadas con aire abatido en el suelo. Perla presentaba un moratón a un lado de la cara, y Amatista tenía la ropa rota de donde Obsidiana le había disparado, pero por lo demás parecían encontrarse bien.
-¡Steven!-exclamaron ambas al verlo aparecer. Sin perder un instante, Steven se lanzó contra los campos de fuerza y ayudó a Perla y a Amatista a escapar.
-¡No hay tiempo que perder! ¡Granate está conteniendo a Jaspe, tenemos que ir corriendo a la sala de control!-dijo rápidamente Steven, corriendo hacia la cabecera de la nave. La visión futura de Granate aún perduraba en su mente, y lo guiaba por la maraña de pasillos y habitaciones de la nave como si hubiera estado allí durante mucho tiempo. Justo cuando iban a adentrarse en otro de los pasillos, escucharon a alguien correr a toda prisa detrás de ellos. Derrapando, Obsidiana apareció de uno de los pasillos laterales, agazapada como una cazadora que hubiera encontrado a su presa: ellos.
-¿Qué? ¿Por qué la visión futura no me ha avisado de esto?-exclamó Steven al ver la aterradora mascara de Obsidiana, mientras esta echaba a correr en su búsqueda. Sin perder un instante, Perla y Amatista agarraron a Steven por cada brazo y echaron a correr con Obsidiana detrás.
-¡Eh! ¿Por qué estamos corriendo? ¡Acabemos con esa pirada de una vez por todas!-exclamó Amatista, si bien siguió corriendo mientras ayudaba a Perla a cargar a Steven. A sus espaldas, Obsidiana siguió persiguiéndolas a gran velocidad, acortando lentamente la distancia entre ellos y ella.
-¡No podemos ganarle, al menos no en combate directo! ¡Créeme, se de lo que hablo!-exclamó Perla, encogiendo la cabeza cuando un poderoso disparo pasó junto a ella. Obsidiana, a la carrera, había invocado sus armas y había empezado a disparar contra ellos.
-¿Y qué propones que hagamos?-preguntó Amatista cuando uno de los disparos le voló un trozo de pelo junto a su sien. La precisión de Obsidiana estaba empezando a mejorar a medida que acortaban distancia, y pronto sus disparos les darían en el cuerpo-. ¡Porque no creo que la vayamos a despistar corriendo más que ella!
-¡NO LO SE! ¡Estoy pensando!-exclamó alarmada Perla, tratando de pensar en algún plan mientras seguían recorriendo el interior de la nave.
-¡PUES PIENSA MÁS RAPIDO!
-¡NO ME PRESIONES!
Steven, sujetado por Perla y Amatista, contempló nervioso como Obsidiana había seguido con la persecución sin problemas, aumentando su velocidad a medida que abría fuego contra ellos. De repente, su visión futura volvió a activarse, y entonces supo de un plan que podría funcionar.
-¡A la izquierda!-exclamó Steven, y guiándose únicamente por el instinto Perla y Amatista giraron al llegar al final del pasillo. Se encontraban de nuevo en un bloque de celdas, todas vacías y empotradas contra la larga pared del pasillo en el que se encontraban. Sin embargo, en vez de seguir corriendo, Steven se libró de su agarre y saltó al suelo.
-¡Steven, ¿qué haces?!-preguntó Perla, deteniéndose en seco. Steven, sin girarse, se concentró unos segundos, y consiguió invocar su escudo de nuevo.
-¡Confiad en mi!-dijo simplemente, preparándose para hacer tal y como había visto en su visión. El eco de los pasos de Obsidiana fue en aumento, a medida que la oscura tiradora empezaba a acercarse a la esquina tras la cual se había refugiado Steven. Justo cuando Obsidiana se disponía a girar la esquina, Steven se agachó y tiró su escudo a los pies de Obsidiana. Esta, al pisar el escudo, se resbaló y fue patinando sobre él hasta estrellarse en la pared del fondo de la celda más cercana, incapaz de detenerse. Al ver que Obsidiana había caído en su trampa, Steven corrió a activar el campo de fuerza antes de que la Gema se levantara.
-¡Toma ya!-dijo Amatista al ver que Steven había conseguido encerrar a Obsidiana.
-¡Bien hecho, Steven!-le felicitó Perla.
En el interior de la celda, Obsidiana se levantó y sacudió la cabeza para despejarse. Su expresión de asombro al entender lo que acababa de pasar quedó oculta por su máscara, y furiosa miró a Steven a través del campo de fuerza. Este impedía que cualquier luz a partir de cierta intensidad pudiera atravesar aquel espacio, convirtiéndose en la prisión ideal para Gemas ya que sus cuerpos estaban hechos precisamente de eso, de luz sólida. Por ahí no iba a poder salir, aunque… Girando la cabeza, la atención de Obsidiana se centró en la pared que daba a la celda contigua, provocando que Steven también la mirara sin entender que se proponía. De repente, un siniestro pensamiento se coló en la mente de Steven al recordar la increíble habilidad que había demostrado Obsidiana durante su primer encuentro, en el que la había visto atravesado objetos sólidos sin ninguna clase de problema. Sus miradas se volvieron a encontrar, y entonces Obsidiana tiró sus armas al suelo.
Su cuerpo sufrió un cambio increíble, muy diferente a como había activado sus habilidades en el templo. Su pareo y camisa perdieron todo color, dejando únicamente detrás unas marcas similares a grietas en negro que destacaron sobre la blancura que ahora mostraban. Sus piernas se deshicieron en una oscura nube de niebla negra, y Obsidiana empezó a flotar en el aire. Sus manos se oscurecieron y se convirtieron en largas y afiladas garras, mientras sus brazos parecían alargarse ligeramente más que en su estado normal y cambiar de color hasta presentar un degradado que iba del negro de sus manos al blanco de su pecho, con el tronco bajo la camisa oscuro como un agujero negro. Su máscara no presentó grandes cambios, si bien un agudo gemido como el de un alma en pena pareció emanar de su interior. El pelo de Obsidiana, antes negro y controlado, se volvió tan pálido y blanco como el vapor, ondulando y moviéndose con libertad como si de mil serpientes se trataran. El conjunto daba a Obsidiana el aspecto de un aterrador fantasma que intimidó bastante a Steven y a las Gemas, quienes a pesar de encontrarse tras el campo de fuerza no pudieron evitar dar un paso atrás.
-¿Qué es lo que intenta hacer?-preguntó Amatista al ver su repentina transformación. Perla, sin embargo, sí que entendió lo que pasaba.
-¡Steven!
-¡Lo sé!-dijo él, corriendo hasta la celda contigua. Obsidiana, girando en el aire, se abalanzó contra la pared del la celda y la atravesó sin más problemas. Sin embargo, Steven fue más rápido y consiguió activar el campo de fuerza antes de que Obsidiana pudiera abandonar la celda. Fastidiada, esta se centró en al siguiente pared, y Steven echó a correr de igual forma por el pasillo.
Steven trató de ir lo más rápido posible, activando todos los campos de fuerza a medida que Obsidiana parecía atravesar con increíble facilidad las paredes en su camino, volando de una celda a la otra en un intento de adelantar a Steven. El pequeño niño humano siguió corriendo y pulsando botones, aumentando cuanto podía su velocidad para intentar mantenerse en todo momento a la cabeza de aquella singular carrera. A pesar de todo, era como si Obsidiana no tuviera problemas en seguirle el ritmo, y poco a poco empezó a ganar más terreno. Sin embargo, Steven se negaba a rendirse, y con un grito de guerra siguió corriendo y activando los campos de fuerza, los ojos cerrados por el esfuerzo.
¡PAM! Steven, a toda velocidad, fue a estamparse contra la pared del fondo del pasillo y cayó de espaldas al suelo, habiendo activado previamente y por suerte la última de las celdas. Obsidiana, al haber estado centrando su atención en las paredes que atravesaba y haber estado volando tan rápido en un intento por adelantar a Steven, no fue consciente de que el pasillo se había acabado hasta que no atravesó la última pared, momento en el que se encontró de repente en el exterior de la nave. Su propio impulso y la ausencia de gravedad le impidieron regresar a la nave, simplemente pudiendo contemplar furiosa como se iba alejando de allí cada vez más y más en dirección a la Tierra, dando vueltas en el vacío mientras volvía a su aspecto original.
Perla y Amatista, quienes habían corrido tras Steven, le ayudaron a ponerse de pie. Mirando por la ventana, los tres contemplaron anonadados y en silencio como la peligrosa Gema se alejaba de allí dando vueltas descontroladamente por el espacio, con la Tierra de fondo. Pronto se convirtió en un punto diminuto, y finalmente la perdieron de vista.
-¿Crees…crees que estará bien?-preguntó Steven a Perla. A pesar de ser su enemiga, no podía evitar preocuparse por el estado de Obsidiana. Perla no parecía mostrar su misma preocupación.
-No lo sé. La gravedad de la Tierra la lanzará como un meteorito contra el suelo, pero ella puede volverse intangible… Sinceramente, no lo sé.
-¡Bah, no te preocupes, Steven!-dijo Amatista, rodeando con su brazo la cabeza de Steven y zarandeándolo con energía-. ¡Lo que cuenta es que has estado genial, colega! ¡Tu plan ha sido una pasada!
-Amatista tiene razón-dijo Perla, sonriendo a Steven-. No muchos son los que pueden presumir de haber escapado de Obsidiana, y muchos menos aún pueden decir que la vencieron como tú lo acabas de hacer, Steven. Es algo de lo que sentirse orgulloso. Si hubieras formado parte del ejército de Rosa, ella misma te hubiera felicitado en persona.
-Ah…bien…-dijo Steven, sonriendo algo avergonzado. En realidad había sido todo de casualidad, pero se alegraba de que las cosas al final hubieran salido tan bien para ellos-. Venga, sigamos.
A partir de ese punto, las cosas no hicieron más que ponerse aún más peligrosas.
Steven, Perla y Amatista consiguieron llegar finalmente a la sala de control, donde consiguieron sorprender a Peridoto. Si bien esta intentó usar el Desestabilizador contra ellas, contra Steven no tenía poder alguno, ya que su cuerpo no estaba hecho de luz. Así pues, consiguieron atarla con el látigo de Amatista mientras Perla dirigía la nave de vuelta a la Tierra.
En otro rincón de la nave, el combate de Granate y Jaspe estaba causando grandes destrozos en la nave, aunque la gran mayoría se debían a los poderosos golpes y arremetidas de Jaspe y su casco. La pelea llevó a Granate y a Jaspe al núcleo de la nave, en el cual Granate consiguió arrojar a Jaspe, causando su destrucción y que la nave se desestabilizara.
En la sala de control, Perla perdió repentinamente el control de la nave, y los tres contemplaron aterrados como empezaban a abalanzarse a gran velocidad contra el planeta a medida que iban adentrándose en su campo gravitatorio, momento que Peridoto aprovechó para escapar a bordo de una pequeña nave de escape. Por suerte, Granate apareció entonces por la puerta.
-¡Granate!-exclamaron todos. Sus ropas estaban rotas y sus gafas agrietadas, pero por lo demás parecía encontrarse bien, y eso era un gran alivio.
-¡La nave se cae! ¡Hay que salir de aquí!
-¿Y qué pasa con Lapis?
-¡No hay tiempo!
La nave empezó a desmontarse a causa de la creciente velocidad de descenso a la que iban, cayendo contra la montaña del templo tras atravesar el denso cielo de Beach City. Tras el impacto, una violenta explosión mandó a volar los restos de la nave en medio de una gigantesca bola de fuego azul, devastando la nave.
Por suerte, Steven había activado su burbuja y había podido proteger en su interior a las Gemas, de manera que cuando León usó su rugido para despejar los cascotes que los mantenían sepultados, no hubo ningún herido. Por desgracia, la alegría de la victoria les duró poco.
Jaspe, saliendo de entre los escombros, volvió a enfrentar a Steven y a las demás.
-No creáis…que habéis ganado-dijo Jaspe, bastante tocada por haber sido estrellada contra un núcleo de energía en funcionamiento y por haber tenido que soportar directamente el choque de la nave. Sin embargo, su orgullo guerrero le impedía darse por vencido todavía. Tenía que vencer. IBA a vencer-. Solo me venciste… ¡porque eres una fusión! Si tan solo tuviera a alguien con quien fusionarme…-De repente, los ojos de Jaspe se abrieron al ocurrírsele una posible candidata-. ¡OBSIDIANA!-gritó Jaspe, tratando de encontrar con la mirada a la desaparecida Gema-. ¡¿Dónde te has metido, maldita sea?!
-¡No te molestes en buscarla! Steven la derrotó hace ya un buen rato-dijo con orgullo Perla, y al oir aquello Granate no pudo evitar sentirse impresionada. Sonriendo, acarició la cabeza de Steven, quien sacó pecho al sentir el físico reconocimiento de su compañera. Jaspe, sin embargo, estaba menos contenta al oir aquello.
-No puede ser… ¿Un simple humano, derrotando a una Gema del Planeta Natal? ¡No te creo!-exclamó ella, furiosa. Si ese maldito error inútil no estaba disponible, ¿entonces quién le quedaba para fusionarse? ¿Peridoto?
De entre los cascotes, apareció la menuda figura de Lapis, tan tocada por la explosión como lo estaba Jaspe. Al verla, Lapis trató de huir volando de allí, pero Jaspe consiguió detenerla agarrándola de un pie.
-¡Ven aquí, mocosa!-exclamó Jaspe, atrayendo a Lapis a su lado. Sonriendo, Jaspe miró fijamente a la asustada Gema azul.
Las tornas se habían vuelto a su favor…
A muchos cientos de kilómetros de allí:
Ajenas a toda la conmoción en Beach City, un pequeño grupo de vacas seguían pastando tranquilamente en su pequeño prado, mascando la hierba ociosamente mientras disfrutaban del relajante aire nocturno del campo.
Algo apareció, de repente, atravesando como un cometa ígneo el cielo sobre sus cabezas. Con ojos entreabiertos, las vacas contemplaron perezosas como aquel pequeño cuerpo venido del cielo seguía su ruta entre el fuego y el estruendo hasta llegar al suelo. Las más avispadas llegaron a notar como aquella figura, antes negra, parecía haberse vuelto ligeramente blanca justo antes del impacto, pero todas pudieron ver sin problemas la nube de polvo que siguió al estallido generado cuando aquella cosa acabó por estrellarse en el centro del campo.
Algunas vacas, al ver que la nube de polvo que se levantó empezó a dispersarse y que los pequeños cascotes y terrones de tierra pronto dejaron de caer del cielo, volvieron a su tarea anterior de zamparse toda la hierba posible. Una de ellas, sin embargo, decidió caminar poco a poco hasta el borde del pequeño cráter humeante que apareció ante sus narices. De unos 20 metros de diámetro, debería tener aproximadamente uno metros de profundidad, pero la cosa que había formado aquel socavón en su pequeño prado no estaba por ninguna parte.
De repente, una mano negra surgió del interior de la tierra, justo en el centro del cráter. Un misteriosa figura blanca y negra, similar a un fantasma, surgió de debajo de la tierra como por arte de magia. Sin saber porque, la figura volvió a cambiar y acabó cayendo de rodillas en la tierra, quedando cabizbaja ante los ojos de la curiosa vaca. Las sombras de su cuerpo se desprendieron de ella y empezaron a arremolinarse a su alrededor, oscureciendo el interior del cráter como si de un torbellino negro se tratara.
La figura se llevó una mano a la cara, la cual estaba tapada por una extraña formación negra y agrietada que ocultaba sus rasgos. Al tocarla, esta empezó a desmenuzarse y a caerse al suelo delante de ella, hecha pedazos.
-Rosa…Cuarzo…-masculló la Gema con claridad una vez toda la máscara se hubo separado de su rostro-…No… -dijo, alzando su siniestra mirada al cielo nocturno. Un único iris blanco se podía ver de entre las sombras del oscuro vórtice.-… Steven…
La vaca, perdiendo todo interés, se marchó de allí.
Y hasta aquí el capítulo.
Presentamos finalmente a Obsidiana, mi Gemsona, que hace su aparición formal al final de la primera temporada. Espero que os haya gustado, y que esperéis con ganas sus futuras apariciones.
Chao, chao.
