Hola, muy buenas a todos.
Para este capítulo, vamos a hacer un salto en la trama de la segunda temporada. En el último acabamos al final de la primera temporada, en "Jail Break", y este capítulo estará situado en un punto no específico de la segunda, entre "Joy Ride" y "Catch and Release", ambos capítulos que inician y cierran la persecución de las Gemas contra Peridoto. Así pues, creo que es hora de que comience la de Obsidiana.
Capítulo 3: Historias de fantasmas
Dos meses después del ataque de las Gemas del Planeta Natal:
Steven caminaba despreocupado por el paseo marítimo de la ciudad. Habían sido unas semanas algo tensas en casa con todo el tema de Perla reconstruyendo la antena de comunicaciones y engañando a Granate para que se fusionara con ella, pero tras escapar de una muerte segura a manos de Peridoto las cosas parecían que habían empezado a mejorar un poco. Granate parecía haber acabado de perdonar a Perla por lo que hizo, y esta parecía más alegre ahora que volvía a hablarse con su vieja amiga. Por primera vez en mucho tiempo, Steven y Amatista podían respirar tranquilos al llegar a casa, en vez de tener que contemplar el tenso silencio que parecía reinar en la habitación cada vez que Perla y Granate se encontraban.
Para celebrar que las cosas habían acabado bien, Steven decidió ir a la pizzería del puerto a por una buena y suculenta porción de pizza con anchoas que le alegrara el día. Su paseo hasta el momento era más que agradable, ya que como siempre el sol era cálido y el cielo estaba despejado. El mar reflejaba la luz del sol y lo hacía brillar como un millar de gemas (de las normales, no de las de sus amigas), rompiendo contra la costa apaciblemente y llenando los oídos de Steven con su característico sonido al arrastrar la arena de la playa.
Steven inspiró fuerte, aspirando el salado aire marítimo. Si, aquel era un día para celebrar.
-¡Por favor!-exclamó alguien cerca de allí. Su tono de desesperación llamó la atención de Steven, que rápidamente echó a correr por si se trataba de alguien que pudiera necesitar ayuda-. ¡Porfavor, porfavor, porfavor!
Steven, al girar la esquina, descubrió quien era el dueño de tan lastimosa súplica. Enfrente de la pizzería se encontraba Ronaldo, arrodillado ante Jenny, quien permanecía impasible apoyada en el escaparate del negocio de su familia. La joven de tez morena y abundante peinado llevaba puesto el delantal de cocina que toda su familia usaba en la pizzería, y a juzgar por el lugar donde se encontraba debía de estar en un descanso. Ronaldo, con su robusta constitución y su peculiar peinado que, curiosamente, se parecía mucho a unas patatas fritas, parecía estar reverenciándola con aire de desesperación.
-Ronaldo, ya te lo he dicho. No puedo irme ahora, y no me vas a convencer de lo contrario-le dijo Jenny con aire cansado y algo molesto. Estaba claro que no era la primera vez que le respondía eso al joven bloguero.
-¡Pero debes hacerlo! La gente necesita conocer la verdad. ¡YO lo necesito!-le suplicó de nuevo, agarrándola del dobladillo de su delantal. Jenny, sorprendida, intentó librarse del agarre de Ronaldo, quien parecía negarse a liberar a su presa. Steven decidió entrar en escena en ese momento antes de que las cosas se salieran de control.
-¡Parad, no os peleéis!-dijo Steven, interponiéndose entre ambos. Aunque reticente, Ronaldo soltó a Jenny y se puso de pie, mientras esta se limitó a alisarse el delantal y volver a su posición inicial en el escaparate-. A ver, ¿qué es lo que sucede?
-¡Jenny no quiere llevarme a donde dice que vio al fantasma!-dijo Ronaldo, señalando a Jenny como si de un niño acusando a otro se tratara. Jenny se limitó a hacer rodar sus ojos.
-Solo dije que creí ver un fantasma. Nunca dije que fuera uno de verdad.
-¿Un…fantasma?-preguntó Steven, emocionado. Las estrellitas en sus ojos revelaban el gran interés que parecía haber adquirido por el tema, ya que en el fondo esa clase de cosas le gustaban bastante-. ¡Jenny, ¿has visto un fantasma?!-le preguntó a su amiga, emocionado. A diferencia de con Ronaldo, Jenny sonrió a Steven.
-Bueno, es posible que sí… Ey, ¿te gustaría escuchar toda la historia con una buena porción de pizza?-le ofreció ella. Las estrellas en los ojos de Steven se ensancharon.
-Me conoces tan bien…-dijo él con voz entrecortada, casi un susurro, debido a la gran emoción que sentía en esos momentos.
Momentos más tarde, Jenny trajo una porción de humeante pizza a Steven, quien junto a Ronaldo había ocupado una de las mesas del interior del restaurante. En la cocina se encontraban el padre y la abuela de Jenny, Kofi y Nanefua, haciendo pizzas como de costumbre. Tras la barra se encontraba la hermana gemela de Jenny, Kiki, quien a causa de la nula clientela de aquel día en el restaurante había optado por leer despreocupadamente una revista de moda.
-¿Cómodo?-le preguntó Jenny a Steven mientras este le daba un buen mordisco a su pizza. Al recibir el pulgar arriba de Steven, Jenny cogió una silla y se sentó al lado de su mesa-. Muy bien, ahora…
-Un momento-dijo Ronaldo, interrumpiendo a Jenny. Algo molesta, Jenny contempló como Ronaldo se sacaba una vieja grabadora del bolsillo, la encendía, y le decía en su mejor tono de investigador: "Testimonio de posible avistamiento de actividad paranormal". Después, dejó la grabadora sobre la mesa-. Muy bien, puedes seguir.
Suspirando, Jenny retomó el relato.
-Bien, como iba a decir… Esta historia hace apenas un par de días-dijo Jenny con tono de misterio. Steven, a quien le encantaban las historias de fantasmas, escuchaba con atención las palabras de la joven-. Yo había cogido el coche para llevar un encargo a Bayburg, en el quinto pino del mapa, y a la vuelta como que se me hizo de noche. Era muy tarde, y yo llevaba ya muchas horas conduciendo, de manera que estaba ya que me caía de sueño. La luz de la luna apenas me permitía ver alrededor de mi coche, y los focos solo me dejaban ver la carretera ante mí. Las curvas y rectas se sucedían una tras otra, tras otra, tras otra; mientras avanzaba hacia lo desconocido. Y entonces… ¡algo apareció de repente!- Para entonces, tanto Ronaldo como Steven parecían estar en trance por el relato de Jenny, enganchados y expectantes por saber qué era lo que Jenny había visto. Incluso su hermana había dejado de lado su revista para escucharla-. Fue después de una curva. Yo acababa de fregarme los ojos para no sobarme, porque la verdad el día antes estuve en un concierto y… ¡chico, no pegué ojo en toda la noche! En fin, que cuando se me aclaró la vista, me di cuenta de que alguien…o algo…estaba en medio de la carretera. Sin darme tiempo apenas a girar o a frenar, no pude evitar que me abalanzara sobre lo que fuera aquello.
-Jenny, no me digas que has atropellado a alguien otra vez-dijo Kiki desde la barra, interrumpiendo el aura de misterio que hasta el momento parecía haber rondado las cabezas de todos los presentes-. Papa se pondrá hecha una fiera si tiene que pagar otra multa por tu culpa.
-¡Kiki, estoy ocupada ahora contando una historia! ¿Te importa?-le recriminó Jenny. Encogiéndose de hombros, Kiki le indicó con un gesto para que continuara. Jenny volvió a adoptar el mismo tono de voz de antes-. Bueno, sigamos…Yo estaba yendo sin control hacia aquella cosa, la cual os juro había salido de entre las sombras porque antes no estaba allí. Justo cuando creí que la iba a atropellar, algo sucedió…
-Wow… ¿Qué sucedió?-preguntó Steven con un susurro, tan intrigado como nervioso.
-Ahora va, Steven. Ten paciencia-le pidió Jenny-. Lo que sucedió fue que la cosa aquella…me atravesó.
-¿Qué te atravesó? ¿Cómo es eso?-volvió a preguntar Steven. Suspirando, Jenny sonrió de nuevo a Steven con una ceja arqueada.
-Pues no lo sé. Tal vez si dejas de interrumpirme todo el rato, acabes por saberlo-le contestó ella con tono divertido-. Mira, no sé exactamente qué pasó, pero lo que sí se es que mi coche no chocó contra nada. Es decir, que no le di a nada. Simplemente…fue como si aquella cosa se volviera así como vaporosa, y de repente ¡PUF!, ya no estaba allí.
La referencia al vapor despertó una alarma en la mente de Steven. Un fantasma…una misteriosa figura…un cuerpo vaporoso… Una terrible sospecha empezó a generarse en su cabeza.
-Interesante…-dijo Ronaldo, dándose golpecitos en la barbilla con el dedo-. Por favor, continua.
-En fin, como decía, la cosa aquella vaporosa me pasó a través y yo me quedé en plan…"Chica, ¿acaso acabo de ver lo que creo que acabo de ver?"-siguió diciendo Jenny-. Cuando detuve el coche, os juro que sentía como el corazón me iba a mil por hora. No era ya porque casi me hubiera llevado a alguien…o algo…por delante con el coche, sino porque aquello se estaba poniendo en plan película de miedo, y eso a mí no me mola nada que pase cuando estoy sola en la montaña y encima de noche. Algo asustada, miré por el retrovisor por si la cosa vaporosa había vuelto… ¿y a que no adivináis quien estaba detrás del coche?
-Uuuuh, esto se pone interesante-dijo Nanefua desde la cocina. Parecía que incluso ella y su hijo habían empezado a escuchar el relato de Jenny, si bien Kofi se abstuvo de comentar nada al respecto.
-Había algo detrás del coche-siguió diciendo Jenny. Su voz contaba la historia con tal sentimiento de misterio y terror que tanto Steven como Ronaldo se encontraron sudando de puro nervio mientras escuchaban a su joven amiga-. Una alta silueta negra, como de una mujer. Sin decir nada, empezó a avanzar hacia mí haciendo POM, POM, POM con los pies. No podía apartar la mirada de…
-Un momento-dijo Kiki, interrumpiendo el relato-. Si era una fantasma, ¿cómo es que pudiste escuchar sus pasos? ¿No debería de ser incorpóreo o algo así?
-¡Eh, eh, que yo nunca he dicho que fuera un fantasma!-respondió molesta Jenny-. Si crees saber tú mejor que yo lo que sucedió aquella noche, te invito a que vengas aquí y nos lo cuentes, Kiki.- Kiki, levantando ambas manos en gesto pacificador, no dijo nada más. Jenny, más calmada, retomó el relato-. Bueno, en cuanto vi que aquella cosa aterradora caminaba en mi dirección, pisé el acelerador a fondo y me largué de allí a todo trapo. No sé qué pensaréis vosotros, pero algo en aquella figura me puso los pelos de punta, como si no fuera buena idea quedarse allí demasiado tiempo.
-¿Viste…?-empezó a preguntar Steven, nervioso tanto por el relato como por la posibilidad de que sus sospechas fueran correctas-. ¿…pudiste ver como era el fantas…la figura?
-No, por desgracia no-dijo Jenny, negando con la cabeza-. Estaba muy oscuro, y solo la vi un instante antes del "choque". Lo único que pude ver en claro fue que era bastante alta, y que parecía tener el pelo muy largo y negro.- Steven empezó a preocuparse. Hasta el momento, todo apuntaba a una misma conclusión-… ¡Ah, sí, ahora que me acuerdo! Hubo otra cosa que me llamó la atención.
-¿Qué? ¿Qué fue?-quiso saber Steven. Si ese algo servía para descartar sus sospechas, mejor que mejor.
-Fue después de pasarle por encima…o más bien por en medio…con el coche. No le pude ver la cara, pero sí que pude fijarme en su espalda -explicó Jenny-. No estoy del todo seguro porque su pelo me tapaba, pero diría que tenía algo clavado en ella, algo así como una piedra negra, más o menos a la altura del ombligo.- Steven cayó abatido en su asiento. Ya esta, eso lo confirmaba: solo podía ser Obsidiana-. Eh, Steven. ¿No tienen tus amigas también como gemas en el cuerpo?-le preguntó Jenny de repente-. ¿No conocerás también a esta misteriosa dama, por casualidad?
-Ehmm…-murmuró Steven, apartando la mirada. ¿Qué se suponía que les tenía que decir? ¿Qué seguramente fuera una asesina de otro planeta que había acabado en la Tierra cuando él la tiró cual meteorito desde una nave de batalla alienígena? Si, seguro que eso les sonaría muy convincente…-…Nnnoo…no sé nada de nada…-dijo Steven. Jenny, encogiéndose de hombros, pareció creerse la mentira de Steven.
-Vaya, así que al fin y al cabo tenemos un misterio entre manos-dijo Nanefua, apoyándose en el mostrador-. ¡Vaya, que emocionante!
-¡Un momento, quieto todo el mundo!-exclamó Ronaldo, reclamando la atención de todos los asistentes-. Jenny, eso no puede ser todo. ¡Tiene que haber algo más que vieras! No se…Residuos ectoplasmáticos en el parachoques, extraños susurros que salían de las sombras, el gemido de las almas en pena… ¡No puede ser que simplemente vieras una sombra que te "atravesó"!
-Pues siento decepcionarte, pero eso fue todo-le dijo Jenny, ajena a la consternación de Ronaldo-. Si no me crees, ¿por qué no vas tú mismo a comprobarlo?
-¡Es lo que intento decirte, pero tú no quieres acompañarme!-se quejó Ronaldo.
-¿Y porque iba a acompañarte? Ya sabes donde fue, a no ser…-Jenny se inclinó sobre la mesa, mirando divertida a Ronaldo-. Ronaldo, ¿no será que tienes miedo de ir tú solo~?
-¿¡Q-qué!? ¡Venga ya, no digas tonterías!-exclamó Ronaldo, cruzándose de brazos-. Soy un intrépido y experimentado investigador de lo oculto. Algo tan cotidiano como un avistamiento es pan comido para mí-les aseguró, fingiendo más aplomo del que en realidad sentía-. Lo único es que…es que necesito que alguien me lleve en coche, eso es todo.
-Pues no se hable más-dijo Nanefua, tirando su delantal en el mostrador y rodeándolo-. Yo te llevaré hasta allí.
-¿Nana?-preguntaron Jenny y Kiki, al ver la decidida proposición de la menuda anciana.
-¿¡Mama!?-exclamó Kofi, dejando de lado las pizzas a medio hacer.
-¿De verdad me acompañaría?-preguntó ilusionado Ronaldo, aunque rápidamente se serenó y trató de mostrarse algo más indiferente-. Quiero decir…no es que no aprecie su ayuda, señora, pero… ¿Qué razón puede tener para querer ir al lugar de un posible avistamiento de fantasmas?
-Puede que no lo parezca, pero desde pequeña siempre me ha gustado todo lo relacionado con los fantasmas y las apariciones-explicó Nanefua-. Cuando Kofi era pequeño me lo llevaba a ver películas de fantasmas y monstruos al cine, o alquilábamos cintas para verlas en casa.
-Sí, no hace falta que me lo recuerdes…-masculló molesto Kofi, recordando con un escalofrío aquellas terroríficas experiencias madre e hijo a las que la loca de su madre siempre acababa por arrastrarlo.
-Muy bien, en ese caso de acuerdo-dijo Ronaldo, guardando su grabadora-. Señora Pizza, abra el camino. ¡Emprendemos nuestro viaje a lo desconocido!-exclamó alzando el puño, gesto que fue imitado por una sonriente Nanefua.
-¡Esperad, yo también voy!-se apresuró a decir Steven. Si había la más mínima posibilidad de que aquella figura misteriosa fuera Obsidiana, y visto lo visto era muy probable que ese fuera el caso, entonces no iba a permitir que Ronaldo y Nanefua se las tuvieran que ver a solas con ella.
-¡Así me gusta, Steven!-dijo Nanefua-. ¡Qué muestres algo de agallas ante lo paranormal! Ojalá uno que yo se me hubiera sido tan valiente de pequeño…-comentó con una sonrisa mientras miraba de reojo a su hijo, que con aire ofendido se volvió a centrar en sus pizzas.
-En ese caso, yo voy también-dijo Kiki, dejando también su delantal en el mostrador-. No puedo dejar que la nana se enfrente a las fuerzas del mal ella sola. ¿Jenny, vienes tú también?
-¡Buf, ni de broma, hermana!-se apresuró a decir su hermana-. Con una vez tuve más que suficiente para una temporada, muchas gracias.
-¡Eh, un momento!-exclamó Kofi, saliendo de la cocina-. Kiki, ya es malo que tu abuela se largue por ahí en horas de trabajo, ¡pero ni de broma pienso permitir que te escaquees tu también! ¿Cómo vamos a atender yo y Jenny el restaurante sin ti ni la abuela? ¿Quién servirá a los clientes?
-¿Qué clientes?-preguntó Nanefua, señalando el vacío local. Era cierto que no había entrado nadie en todo el día, y tampoco parecía que fuera a hacerlo nadie en un futuro cercano, pero aún así…
-Yo me puedo ocupar de la barra-se ofreció Jenny, ocupando el puesto de Kiki-. Total, aún se lo debo a mi hermanita por la última vez que me hizo un favor.
-Oh, gracias, hermanita-le dijo Kiki a Jenny-. ¿Ves? Por eso eres mi gemela favorita.
-Pero…pero…
-Kofi, no pasa nada-le dijo Nanefua-. Hoy parece que va a ser un día más bien lento, así que estoy segura que entre tú y Jenny podréis ocuparos de todo.
-P-pero…-siguió insistiendo Kofi-. ¡Aún así, hay que hacer lo que el jefe dice! ¿Qué clase de establecimiento sería este si los trabajadores se fueran sin la aprobación de su jefe?-dijo él con los brazos cruzados.
-Tienes razón, papa-dijo Kiki, provocando que Kofi sonriera al sentirse victorioso. Poco le duró-. Nana Gunga, ¿puedo ir con vosotros a ver el fantasma?
-Naturalmente, querida-respondió Nanefua, dejando boquiabierto por la impresión a Kofi-. ¿Ves? La niña cuenta con el visto bueno de la jefa.
-¡¿Qué?! ¡P-pero…yo soy el…!-Kofi, tras darse con la mano en la cara, decidió dejarlo correr y volvió a meterse en la cocina. Estaba claro que iba a ser uno de esos días…
-¡Muy bien, pues ya estamos todo!-proclamó Ronaldo, emocionado ante la idea de pronto ver a un fantasma de verdad (y secretamente aliviado de no tener que hacerlo solo)-. Equipaos lo mejor que podáis, salimos en una hora. ¿Entendido?
-¡Sí, señor!-exclamaron todo, fingiendo un saludo militar. Mientras Nanefua y Kiki salían por la puerta de atrás en dirección a su casa, Steven salió por la de delante en dirección a la suya. Miles de preguntas e inseguridades se agolpaban en su mente, preocupándolo y poniéndolo cada vez más nervioso por lo que podía pasar. Si realmente se trataba de Obsidiana, entonces necesitaría el apoyo de las otras Gemas de Cristal para poder atraparla. Por desgracia, aquel día habían salido temprano con el portal para buscar pistas del posible paradero de Peridoto y de Obsidiana, y no tenía forma alguna de ponerse en contacto con ninguna de las Gemas. Así pues, decidió que iría él mismo a descubrir la verdad detrás de aquel misterio y, si realmente se trataba de Obsidiana, entonces sacaría a todo el mundo de allí lo más rápidamente posible. Tras llenar su fiel mochila hamburguesa con todo lo que él creía que podía llegar a necesitar, Steven escribió una nota rápida por si Granate y las demás volvían a casa, y se marchó rápidamente de vuelta a la pizzería.
Horas más tarde, casa en la playa de Steven:
El sol, cada vez más bajo, proyectaba nostálgicas sombras cada vez más oscuras en el silencioso hogar del joven niño medio humano. Nada se movía en el interior de la casa, no se escuchaba ni un sonido, nada indicaba la presencia de vida alguna en el interior de aquel lugar, hasta que…
El cristalino portal de la casa se activó de repente. Una brillante torre de luz surgió de su interior, y en su interior tres figuras empezaron a materializarse.
-¡Tiiiiooo!, vaya día más largo…-se quejó Amatista, saliendo la primera del portal. Detrás iban Granate y Perla.
-Cierto. Ha sido un día de lo más improductivo-se quejó Perla. Rápidamente, Amatista corrió hacia la cocina con toda la intención de saquearle la nevera a Steven.
-No pasa nada, chicas-les dijo Granate-. Poco a poco vamos eliminando posibles escondites de Peridoto y Obsidiana. Dentro de poco las encontraremos.
-Espero que tengas razón…
-¡Eh, mirad esto!-dijo entonces Amatista, llamando la atención de las otras Gemas. Cuando fueron junto a Amatista, vieron lo que esta les quería enseñar: una pequeña nota enganchada a la puerta de la nevera con una de esas pegatinas de la serie de televisión que tanto gustaba a Steven. Sin perder un instante, Perla cogió la nota y empezó a leerla en voz alta.
-"Chicas, he salido con Ronaldo, Kiki y Nanefua de excursión. Pasaré la noche fuera. No os preocupéis por mí. Besos, Steven"-terminó de decir Perla-. Qué raro… ¿Os había dicho a vosotras que estaban planeando una excursión?
-No, pero tampoco creo que pase nada-comentó Amatista-. Si esta con la vieja Nana, entonces es que no se trata de nada peligroso. ¿Tú qué dices, Granate?
La aludida se limitó a ajustarse las gafas un momento antes de responder.
-No te preocupes, Perla. Steven estará bien. Es más fuerte de lo que parece, y sabe cuidarse solito.
-Bueno, si tú lo dices…-dijo Perla, quien no parecía del todo convencida-. Por lo menos sabemos que no está haciendo nada peligroso, para variar, jajaja…ja…-dijo ella, tratando de sonar optimista.
Granate se la quedó mirando en silencio. Ella no había dicho que Steven no fuera a correr ningún peligro, pero tampoco era como si ello le fuera a matar. Así pues, Granate no tenía problemas en dejar que fuera él quien se defendiera solo para variar, ya que creía que una experiencia así le haría bastante bien. A pesar de ello, tenía que admitir que estaba algo preocupada por su pequeño niño humano. Le quería más que a su propia vida, y de no ser porque su visión futura le aseguraba que todo iría bien, habría echado a correr para proteger a Steven del peligro al que se lanzaba sin él saberlo aún.
-Además, es como nos dijeron sus amigos el otro día-añadió Amatista-. El pobre ha pasado por mucho últimamente. Necesita un descanso y relajarse de vez en cuando.
-Sí…-dijo Granate-…relajarse…
Muchas horas más tarde, en una solitaria carretera lejos de allí:
El pequeño grupo de aventureros había embarcado en el coche de los Pizza y pronto se habían puesto en marcha al lugar donde Jenny dijo encontrarse con el fantasma. Steven, para la ocasión, había traído varias cintas con las canciones de su padre, de manera que el viaje se hizo bastante más ameno. Nanefua, por su parte, les contó a los demás las vivencias paranormales que vivió ella de pequeña, como cuando se quedó a dormir en un cementerio para poder así ver los fuegos fatuos. En el coche todo fueron risas cuando la anciana mujer describió la cara del vigilante nocturno que la vio salir de la tumba en un momento de descuido. Ronaldo, por su parte, les contó varias de sus teorías sobre la posible identidad del fantasma, que iban desde el clásico conductor muerto en un accidente de tráfico, a una enrevesada teoría conspiratoria que incluía un secuestro gubernamental ilegal, una novia despechada, varios indicios de gente serpiente (o como él los llamaba, "serpombres"), y el robo de un banco de la ciudad vecina. Era poco probable que ese último fuera el caso, como todos allí pensaron, pero debían de reconocer que el joven le echaba imaginación al asunto, de manera que no le refutaron nada y le dejaron explayarse a gusto.
De esta manera, el pequeño vehículo prosiguió su viaje entre risas e historias, con el eco de la música de Greg Universe de fondo mientras atravesaban valles y rodeaban montañas. El sol fue descendiendo poco a poco a medida que pasaban las horas, aumentando el nerviosismo general del interior del coche a cada kilometro que se iban acercando al lugar de los sucesos. De todos, tal vez el más nervioso fuera Steven, quien no podía evitar sentir un nudo en el estomago que le impedía disfrutar del todo de aquel, hasta el momento, apacible viaje.
¿Y si tenía razón? ¿Y si Obsidiana era la fantasma? En la nave de las Gemas había tenido suerte y había conseguido vencerla gracias sobre todo a un despiste por parte de ella, pero dudaba que algo así fuera a sucederle por segunda vez. Las Gemas le habían dicho que en el pasado había sido una peligrosa enemiga, y Perla le había explicado que en numerosas ocasiones ella se enfrentó a Obsidiana, pero sin acabar de derrotarla nunca. ¿Qué posibilidades tenía él? El tenia un escudo que, por alguna razón, Obsidiana no había conseguido atravesar la primera vez que se vieron, pero ella era más grande, tenía armas más poderosas, más experiencia, podía atravesar paredes…
Una fría gota de sudor, fruto del miedo y los nervios, recorrió la espalda de Steven. Curiosamente, se encontró cruzando los dedos porque el fantasma que iban a buscar fuera uno de verdad, en vez de la alternativa. Cualquier cosa era mejor que la alternativa.
-Bueno, pues ya hemos llegado-anunció de repente Kiki, deteniendo el coche. Steven y los demás inspeccionaron los alrededores de donde se encontraban mirando por la ventanilla. Se trataba de un tramo cualquiera de carretera, con setos a su alrededor y la silueta de un bosque cercano cuyas sombras se iban estirando a medida que el sol se iba ocultando tras sus frondosas copas. Nanefua fue la primera en bajarse del coche, seguida por Ronaldo, Steven y finalmente Kiki, y rápidamente se pusieron a observar los alrededores. Ronaldo sacó varios cachivaches del maletero que el presentó como "aparatos de señalización y detección de ondas electroectoplasmaticas en el campo espectral", aunque más bien parecían unos altavoces con un contador geiser enganchado con celo. Obviamente, nadie le dijo nada de esto. Armados con la "tecnología" de Ronaldo, los cuatro se pusieron a buscar.
-¡Eh, mirad! He encontrado el punto en que Jenny se topó con el fantasma-exclamó Kiki al cabo de poco. Los otros tres, desperdigados por la zona, corrieron a su encuentro.
-¿En serio? ¿Cómo ha sido: has detectado algún pico de energía, restos de materia ectoplasmatica, alguna presencia extraña de frío…?-empezó a preguntar frenético Ronaldo.
-No. Solo me he fijado en las marcas que los neumáticos del coche dejaron al frenar-dijo Kiki, señalando las inconfundibles marcas del frenazo que Jenny dijo que pegó. A pesar de haber pasado algún tiempo, las marcas aún eran visibles sobre la desgastada superficie de la carretera. Ronaldo se puso de nuevo a buscar pistas por la zona, esperando encontrar algún rastro que pudiera llevarles a encontrar al escurridizo fantasma.
Varias horas más tarde, los ánimos en general eran un poco menos intensos.
-Chicos, no quiero ser yo la que lo diga…pero no creo que vayamos a encontrar nada-dijo Kiki, pateando abatida una pequeña roca a un lado de la carretera. Para entonces, solo Ronaldo seguía buscando pistas arrodillados frente a las marcas del frenazo, negándose a rendirse. Nanefua y Steven le observaban apoyados en el coche.
-¡No podemos rendirnos! Mirad, ahora es de noche-dijo, señalando al cielo nocturno. Las estrellas estaban tapadas por las cada vez más grises nubes de tormenta que habían empezado a ceñirse sobre ellos a medida que desaparecía la luz diurna-, de manera que el fantasma debería de aparecer en cualquier momento. ¡Es solo cuestión de tiempo que…!
Un trueno resonó cerca de allí. Como invocada por las exaltadas palabras del joven, una pesada cortina de agua les cayó a todos encima por igual, cortando la frase de Ronaldo a la mitad. Su aparato, al mojarse, empezó a humear y finalmente estalló en su mano sin mucho estrepito. Abatido, Ronaldo vio los restos de su aparato que, si bien no le había hecho daño al explotar, si había acabado por desanimarlo por completo. Ronaldo suspiró.
-…anda, vámonos-dijo, dirigiéndose cabizbajo hacia el coche. Los demás no tardaron en seguirle.
El trayecto de vuelta fue algo menos animado que el de ida. Ronaldo permanecía en silencio mirando por la ventanilla con aire abatido, contemplando como la tormenta empapaba el coche y como las gotas de agua discurrían veloces por la ventanilla. A su lado, Nanefua miraba preocupada al joven Fryman, preguntándose cómo podría animarlo. Steven, junto a Kiki mientras esta conducía, también pensaba en su deprimido compañero, aunque secretamente aliviado de que sus sospechas hubieran resultado infundadas. Si no había fantasma, entonces no había de qué preocuparse.
-Vamos, anímate, Ronaldo-le dijo finalmente Kiki, sin despegar los ojos de la carretera-. Estas cosas pasan, ya lo sabes. No todo el mundo encuentra fantasmas solo por desearlo con mucha fuerza.
-Kiki tiene razón. Si encontrar a uno fuera fácil, ¡entonces no tendría emoción ni merito!-coincidió Nanefua. Ronaldo les dedicó un breve vistazo de reojo, para luego volver a quedarse mirando por la ventanilla. Si las palabras de las dos mujeres Pizza habían animado a Ronaldo, entonces no lo parecía.
Steven seguía pensando en que decirle a Ronaldo, cuando de repente algo enfrente de ellos le llamó la atención. Una sombra, demasiado rápida como para poder notar algo claro de su forma, se les cruzó de repente.
-¡CUIDADO!-exclamó Steven, aunque parecía que Kiki ya la había visto porque rápidamente pisó el freno del coche. Las ruedas del automóvil se detuvieron a la vez en medio de un estridente chirrido, y la súbita disminución de la velocidad provocó que sus ocupantes se agitaran violentamente en su interior. La carretera mojada impidió que se detuvieran en el acto, obligando al vehículo a girar varias veces sobre sí mismo cuando Kiki perdió el control antes de detenerse por completo.
Mudos de la impresión, los ocupantes del vehículo se miraron entre sí para comprobar que todos estuvieran bien. Salvo por el susto que se habían pegado, parecía que nadie había salido herido de la experiencia.
-¿Qué demonios ha sido eso?-preguntó Kiki, respirando pesadamente a causa de lo que acababa de pasar. El ruido de la tormenta seguía resonando en el exterior, a medida que las pesadas gotas de lluvia cian sin cesar contra la carrocería del coche.
-No lo sé. Ha sido todo tan rápido…-dijo Steven, mirando por la ventanilla a ver si veía algo, pero la pesada cortina de agua le impidió discernir nada. Un relámpago esporádico iluminó brevemente sus alrededores, pero a excepción de la solitaria carretera y el tétrico bosque que la rodeaba no había nada extraño fuera.
-¿Habrá sido el fantasma?-preguntó Nanefua con una sonrisa en el rostro, aunque igualmente agitada. Kiki le devolvió la sonrisa, algo tensa.
-Sería gracioso, ¿no?
-Yo no le veo la gracia-comentó Steven, algo aterrado ante la perspectiva de tener que volver a ponerse a buscar al "fantasma".
-Aunque la idea suena interesante-dijo Ronaldo, agitándose la maraña de cabello rubio que ocupaba su cabeza-, creo que lo más prudente sería no ponerse a buscar con esta tormenta. Kiki, ¿nos llevas a casa?
Kiki hizo girar la llave para hacer arrancar de nuevo al coche, pero este no se encendió. Extrañada, lo intentó una vez más, solo para volver a recibir la misma respuesta. O, más bien, para no recibir respuesta alguna.
-¡Agh, maldito cacharro viejo!-se quejó Kiki, dándole un manotazo al volante.
-¡Eh, no insultes al coche!-la regañó Nanefua-. Es el mismo que usaba yo cuando me encargaba de joven del negocio familiar.
-Bueno, tal vez por eso no arranque ahora-indicó acertadamente Steven. El rubor en las mejillas de Nanefua le indicó que seguramente había acertado.
-Bueno, que no cunda el pánico-indicó Kiki, echando mano de su teléfono móvil-. Llamaré a una grúa, y…-Los ojos de Kiki se abrieron como platos al comprobar algo en la pantalla de su aparato, para luego cambiar a una expresión de fastidio-…no hay cobertura…
-¡Genial! ¡Atrapados en una tormenta, sin coche ni teléfono móvil! Esta aventura ya no puede ir mejor…-se quejó Ronaldo.
-¡Eh, no olvides por quien hemos venido!-le respondió Kiki, girándose hacia él.
-¡Yo no os pedí que me acompañarais! ¡Vinisteis vosotros por vuestra propia cuenta!
-¡No, tienes razón! ¡Tan solo nos pediste que te lleváramos porque ni tienes coche ni sabes cómo conducir uno!- El comentario de Kiki provocó que Ronaldo se pusiera colorado, aunque no estaba claro si por la vergüenza de que Kiki hubiera dado en el clavo, o porque dicho comentario le había molestado.
-¿Quién dice que no se conducir?-se defendió Ronaldo.
-¡Venga ya! Te he visto estrellar un coche de choque en el parque de atracciones. ¿No irás a decirme de pronto que…?
-¡BASTAAAA!-exclamó Steven, interrumpiendo la discusión antes de que fuera más lejos. Kiki y Ronaldo miraron sorprendidos a Steven por su repentino grito, pero tuvieron el acierto de no seguir discutiendo. En su lugar, se limitaron a cruzarse de brazos en sus asientos y a mirar para otro lado, negándose a mirarse mientras refunfuñaban de manera cómicamente idéntica-. A ver, ya sé que las cosas se presentan bastante mal ahora mismo, ¿pero no creéis que deberíamos estar pensando en cómo salir de esta situación, en vez de gritarnos los unos a los otros?- Las miradas de Kiki y Ronaldo, hasta el momento de enfado, pasaron a rebelar una incómoda vergüenza al darse cuenta de que su joven amigo tenía razón.
-Es curioso como el más joven de los cuatro parece tener más sentido común que vosotros dos-comentó Nanefua con tono de reprimenda, palmeando el hombro de Steven en señal de apoyo. Kiki miro por la ventanilla sin saber que decir, mientras Ronaldo se limitó a rascarse la nuca.
Otro relámpago, seguido por un sonoro trueno, estalló en el cielo, iluminando nuevamente la carretera y a los ocupantes el vehículo. Kiki, quien en esos momentos se encontraba mirando por la ventanilla, creyó ver algo no muy lejos de allí.
-Ey, creo que hay una casa en ahí al lado. Tal vez tengan un teléfono-dijo Kiki, señalando a la colina de al lado. El resto de ocupantes del vehículo se apretujaron contra el cristal para ver lo que ella había visto.
Se trataba de una oscura casa de dos pisos con pinta de haber sido construida mucho antes de la televisión, el teléfono, o que incluso la rueda, según la silenciosa opinión de Ronaldo. Aún así, era lo más parecido a civilización que iban a encontrar allí, y merecía la pena intentarlo.
-Hmmm, mi vieja rodilla me dice que en esa casa tal vez encontremos algún fantasma-comentó sonriente Nanefua.
-¿Tu vieja rodilla?-preguntó Kiki, divertida-. Si no recuerdo mal, eres la tres veces campeona de la "Maratón Anual de Beach City".
-En efecto. ¡Imagina si mi rodilla no fuera vieja!-respondió Nanefua entre carcajadas. El buen humor de la anciana se contagió al resto de pasajeros, quienes poco a poco empezaron a relajarse un poco después del casi accidente que habían estado a punto de sufrir.
-En fin, tampoco perdemos nada por intentarlo-dijo finalmente Kiki, saliendo del coche. Pronto, Ronaldo, Steven y Nanefua la siguieron al exterior, y tras empujar el coche hasta el lateral de la carretera, echaron a correr hasta la casa, calándose sus ropas cada vez más con la fría lluvia de la tormenta.
Una pequeña verja separaba la carretera del recinto de la casa, aunque los años parecían haber debilitado la pequeña barrera de hierro hasta tirarla al suelo, de manera que Steven y los demás pudieron cruzarla sin más problemas. El espacio hasta la casa, antes un hermoso jardín repleto de estatuas, había sido reconquistado por la naturaleza, ya que altos setos y plantas silvestres convertían aquella parcela de terreno un una pequeña selva privada.
Rápidamente, Steven y los demás corrieron a refugiarse en el porche de la casa, agradecidos de poder escapar brevemente de las inclemencias del frío.
-¿Hola?-preguntó Steven, golpeando con el puño en la puerta-. ¿Hay alguien? ¿Hooolaaaa?-A pesar de los golpes de Steven, nadie parecía escuchar sus gritos, y nadie fue a abrir la puerta.
-Me da que está abandonada-comentó Kiki.
-Si…al menos, por gente viva-dijo con tono siniestro Nanefua, aunque su sonrisa la traicionaba.
-Ja, ja. Que graciosa-dijo Kiki, sonriéndole-. Por lo menos, entremos a ver si…-La mano de Kiki, a medio camino de agarrar el pomo de la puerta, se quedó congelada en el aire cuando, de repente, la puerta de la mansión se abrió sola como por arte de magia. Un siniestro gemido acompañó a la apertura de la puerta, y sus sorprendidos espectadores contemplaron las oscuras profundidades de la casa, tan fría y silenciosa como una tumba.
-…
-…
-… ¿alguien más siente que deberíamos volver al coche?-preguntó Steven.
-¡Vamos! ¿Y tu sentido de la aventura?-exclamó Nanefua, adentrándose en la casa con paso decidido. Pronto la siguió Kiki, un reticente Steven, y finalmente Ronaldo, quien por nada del mundo quería separarse de su grupo.
El interior de la casa era tal y como todos se la habían imaginado: polvorienta, antigua, y tétrica a más no poder. Parecía la típica casa colonial, con su gran escalera delante de ellos que se bifurcaba y giraba para dar paso a la planta de arriba, con una gran puerta doble arriba en la intersección. Una lámpara de cristal coronaba el techo de la estancia, y por las paredes con la moqueta saltada se podían ver cuadros polvorientos y candelabros con velas medio consumidas. Su pálida luz apenas llegaba para iluminar todo el lugar, y ayudaba a que las sombras de las esquinas y del interior de la casa resultaran aún más oscuras.
Las puertas se cerraron a sus espaldas con un fuerte estallido, provocando que más de uno pegara un bote en el sitio de la impresión. Ronaldo intentó volverlas a abrir, pero estaban firmemente bloqueadas.
-Bueno, parece que tendremos que quedarnos aquí-comentó Nanefua como si tal cosa.
-Parece que te lo estas pasando bien, abuela-respondió Kiki, quien a pesar de sonreír parecía mirar algo nerviosa a los oscuros pasillos que salían de la estancia.
-¿Tu no? Esto es muy emocionante: una casa abandonada, unas puertas que se cierran misteriosamente a nuestra espalda, unas velas encendidas que hubiera jurado que no lo estaban antes de entrar aquí…-Steven se dio cuenta de que Nanefua tenía razón. Antes de entrar, no había luz alguna que se pudiera ver a través de las ventanas de la casa, y sin embargo ahí estaban ahora encendidas. Tal fenómeno no hizo más que acrecentar sus sospechas-. ¿Acaso no fue esto por lo que vinimos aquí? ¿Para vivir una aventura sobrenatural?
-Si… ¡Si, tiene razón!-dijo de repente Ronaldo-. ¡Esto es perfecto! Prácticamente se puede sentir la energía fantasmagórica que rezuman estas paredes.
-¡Ese es el espíritu!-dijo animada Nanefua. Kiki simplemente pudo resoplar y sonreír al ver a la pareja de exaltados amantes de lo sobrenatural. Steven, en cambio, estaba demasiado preocupado como para compartir su entusiasmo.
-Muy bien, en ese caso, empecemos a explorar-dijo Ronaldo, levantándose la camisa. Pegada a la barriga llevaba un pequeño aparato similar a los detectores que utilizaron con anterioridad, aunque este parecía más bien una tablet con un montón de chatarra pegada y un montón de cables enchufados por todas partes.
-Ronaldo… ¿desde cuándo llevabas eso pegado al cuerpo?-preguntó Kiki, entre sorprendida y asqueada, mientras veía como Ronaldo activaba el misterioso dispositivo.
-Oh, todo el día. Es muy útil para situaciones como esta, aunque tengo que guardarlo apagado o si no me empieza a soltar descargas aleatoriamente-dijo Ronaldo como si tal cosa. El aparato empezó a pitar en sus manos y a mostrar una serie de números y luces que ni Steven ni ninguna de las mujeres Pizza logró entender. Ronaldo, en cambio, parecía muy entusiasmado con los resultados-. ¡Si, tenía razón! Este sitio está repleto de energía espectral. ¡Vamos, no perdamos tiempo!-dijo, echando a correr por uno de los pasillos antes de que nadie pudiera impedírselo.
-¡Ronaldo, espera!-exclamó Kiki, corriendo detrás de él.
-Bueno, pues… ¡Empieza la aventura!-exclamó Nanefua, siguiendo a su nieta a su propio ritmo por el oscuro pasillo.
-¡No, esperad! ¡Chicos…!-dijo Steven, pero no parecía que nadie le hubiera escuchado. Su grupo había echado a andar, y rápidamente lo habían dejado atrás, ajenos al peligro que seguramente corrían solo por estar allí-. Jo, nunca me escucha nadie. Tal vez debería hacer como Granate y ser más directo. A lo mejor así…-fue diciendo, mientras avanzaba hacía el pasillo por el que su grupo se había ido. Sin embargo, antes de poder entrar en él, el marco de la puerta se cerró a cal y canto, moldeando la madera como si de goma se tratara-. ¿¡Pero qué…!?
Pronto, toda la estancia empezó a temblar y a crujir. Las moquetas de las paredes se separaron y empezaron a ondular como si de tentáculos se trataran. Los cuadros cayeron al suelo, las escaleras titilaron y sus escalones se movieron arriba y abajo como si estuvieran realmente vivos. El suelo de madera bajo los pies de Steven empezó a temblar con violencia, y varias tablas se resquebrajaron ante semejante trato. Sin perder un instante, Steven intentó abrir de nuevo el camino hacía el pasillo, pero sus puños apenas marcaron la madera de la pared. Al ver que por ahí no iba a poder ir, intentó retroceder e ir por el otro pasillo, recorriendo a la carrera el lugar mientras parecía que se iba a venir abajo. No entendía qué estaba pasando, pero lo que si tenía claro era que tenía que encontrar a Kiki y a los demás antes de que…
El suelo se abrió bajo sus pies, creando un oscuro pozo por el que Steven pronto acabó cayendo entre gritos y muestras de sorpresa, adentrándose rápidamente en las sombras bajo la casa. Tan pronto como esto sucedió, el temblor cesó.
Momentos antes:
-¡Ronaldo!-exclamó Kiki, alcanzando al exaltado joven en medio de uno de los largos pasillos de la casa-. ¿Pero qué haces? ¿No ves que es peligroso salir así, de repente?
-¿Y no ves tú que allí solo estábamos perdiendo el tiempo?-le replicó molesto Ronaldo-. Estamos ante uno de los mayores descubrimientos del siglo, y parece que a vosotros solo os apeteciera quedaros como pasmarotes en la entrada.
-¡No es así como iban las cosas! Íbamos a valorar nuestras opciones y luego a actuar en consecuencia, pero… ¡Nooo, el señorito tenía que salir corriendo como un niño pequeño y fastidiarlo todo!
-¿Qué me has llamado?
-¡Lo que oyes!
Ronaldo y Kiki se miraron enfadados el uno al otro, apretando los dientes. Estaba claro que la situación no era la más indicada para perder la calma y enfadarse con un compañero, pero dado que cada uno tenía su propia manera de hacer las cosas, no era raro que sus métodos hubieran chocado en aquella situación. Por suerte para ellos, alguien con sentido común los seguía de cerca.
-¡Ya está bien!-dijo Nanefua con tono severo, apareciendo detrás de ellos-. Pero bueno…Chicos, vosotros sois amigos. ¿Por qué os peleáis por algo tan tonto como esto?-les regañó.
-Ronaldo, tienes que admitir que Kiki tiene razón-le dijo Nanefua-. Estamos en un lugar desconocido, con la posibilidad de encontrarnos a algo que no entendemos, y separándote del grupo solo conseguirás ponerte en peligro a ti mismo, y a tus compañeros.- Ronaldo tuvo que admitir que la anciana tenía razón. La emoción le había podido, y se había dejado llevar. Rascándose la mejilla, bajó la mirada, avergonzado.
-Y Kiki-siguió diciendo Nanefua, esta vez mirando a su nieta-, entiendo lo que intentas hacer, pero esa no es razón para enfadarse y comportarse así. Por ejemplo, te has quejado de que Ronaldo echó a correr y nos dejó a todos atrás, pero… ¿Acaso no acabas de hacer eso mismo tu?-Kiki se ruborizó. La abuela tenía razón, había sido algo hipócrita por su parte-. Sé que siempre sueles ser tú la responsable de la familia, pero tienes que entender que no puedes tratar a todo el mundo como niños pequeños. Alguna vez tienen que aprender a valerse por sí mismos, y no puedes estar controlándolos todo el día. ¿Cómo, si no, tendrás tiempo para controlarte a ti misma?
Pronto, Kiki también bajó la mirada, avergonzada de sí misma. Era cierto, siempre estaba controlando a los demás, como si fueran niños pequeños. Estaba acostumbrada a ser siempre la madura, la que tenía razón, y a veces le costaba aceptar que no podía controlar a los demás ni hacer que hiciera lo que ella quería que hicieran. Ronaldo y Kiki se miraron de nuevo, ambos ya calmados y con su breve discusión ya olvidada.
-Kiki, yo…Siento haber echado a correr así. Yo…
-Eh, no pasa nada-dijo ella, sonriendo y dándole un golpecito en el brazo-. Estabas emocionado, lo entiendo. Yo también he sido un poco controladora contigo, y eso no estaba bien. ¿Amigos de nuevo?-preguntó, extendiendo una mano. Ronaldo se la estrechó.
-Amigos de nuevo.- Nanefua sonrió al ver la reconciliación de ambos jóvenes. Era agradable ver como dos amigos dejaban a un lado sus diferencias y superaban juntos un conflicto, por tonto que fuera, y así reafirmaban su amistad. Sin embargo, el tierno momento duró poco, ya que de repente toda la casa pareció ponerse a temblar.
-¿Qué está pasando?-exclamó Kiki, apoyándose en una pared para evitar perder el equilibrio. Fragmentos de techo caían desde arriba y una gran cantidad de polvo empezó a flotar en el ambiente, cayéndoles encima desde arriba como una sucia catarata fruto del abandono y el paso del tiempo.
-¡No lo sé! ¡Es como si…!-Del fondo del pasillo salió rodando una larga alfombra roja y apolillada, extendiéndose por el pasillo sin que nadie la empujara. Al alcanzar al grupo, se enrolló rápidamente alrededor del cuerpo de Ronaldo, y empezó a retroceder a medida que iba enrollando cada vez más al asustado joven. Pronto, Ronaldo se perdió de vista en el interior de la casa, con el eco de sus gritos aún resonando por el pasillo.
-¡Ronaldo!-exclamó Kiki. Antes de que pudiera ir en su búsqueda, el suelo bajo los pies de su abuela empezó a crujir con fuerza. Como si de un montacargas se tratara, Nanefua fue ascendida hacia el techo cuando un enorme pilar pareció salir de debajo del suelo, levantándola a cada vez más altura. El techo se abrió como la boca de una voraz criatura, y su abuela acabó adentrándose en las sombras del piso de arriba-. ¡GUNGA!
Tras la desaparición de sus dos compañeros, las tablas bajo sus pies empezaron a resonar. Una o dos se resquebrajaron y rompieron, revelando la oscuridad bajo estas. Alarmada, Kiki saltó del lugar donde se encontraba justo cuando el suelo se rompía y convertía en un agujero por el que hubiera caído de no haber conseguido apartarse a tiempo. Rápidamente, el agujero empezó a extenderse por todo el pasillo, zigzagueando como si de un rayo se tratara. Kiki echó a correr por el pasillo en dirección a las sombras por las que había desaparecido Ronaldo, tratando de ganar terreno a medida que aquel agujero se le iba acercando cada vez más.
El pasillo giró en un ángulo tan cerrado a la derecha que Kiki se estrelló con la pared del fondo al tratar de girar, e inmediatamente siguió corriendo. El agujero trepó momentáneamente por la pared como si de una serpiente se tratara, agrietando la pared antes de volver a centrarse en el suelo. Kiki miró un instante hacía atrás, solo para comprobar que el derrumbamiento la estaba alcanzando poco a poco. Al mirar frente, vio alarmada que el pasillo se acababa un poco más adelante. Su único camino posible era una puerta de madera situada al fondo, a un lado, firmemente cerrada.
Kiki alcanzó la puerta, e intentó abrirla girando el pomo desesperadamente, sin éxito. Al ver que el agujero seguía avanzando hacia ella, arremetió a patadas contra la desgastada madera de la puerta, haciéndola crujir y sacudiéndola, pero sin conseguir que acabara de ceder. Solo dos metros la separaban del agujero cuando, desesperada, retrocedió hasta la pared de enfrente, y cargó con el hombro contra la puerta en un último intento de abrirla. Y funcionó.
El peso de Kiki acabó por reventar la puerta, que se desencajó del marco y cayó pesadamente al suelo, con Kiki encima. El agujero prosiguió su camino por el pasillo hasta llegar al final de este, donde finalmente se detuvo. Con él, también cesó el temblor de toda la casa, dejando nubes de polvo en suspensión y tablas de madera rotas como recordatorio de lo sucedido.
Jadeando, Kiki miró hacia atrás por si el agujero hacía la tentativa de seguirla, pero parecía que no iba a entrar en aquella habitación. Suspirando aliviada porque todo hubiera acabado, se puso en pie, examinando el lugar en el que se encontraba. Se trataba de un viejo despacho, con numerosas estanterías llenas de libros que, si no se encontraban en las repisas, ocupaban el suelo a sus pies, seguramente a causa del temblor. Una gruesa alfombra verde oscuro, repleta de polvo y otros restos, ocupaba el suelo y amortiguaba los pequeños pasos de la joven. Al fondo, un largo escritorio de madera había sido aplastado por la mitad cuando una sección del techo le cayó encima, revelando las sombras del segundo piso. Detrás del escritorio se podían ver unos enormes ventanales de cristal a través de los cuales se podía ver la violenta tormenta del exterior, con algún que otro rayo ocasional iluminando la oscura estancia, ya que allí no habían de aquellas velas tan extrañas que habían visto antes.
Kiki examinó brevemente los libros de las estanterías, pasando la mirada por sus antiguas cubiertas y leyendo mentalmente los diferentes títulos que las acompañaban. Fuera quien fuera el que una vez fuera el dueño de aquella mansión, parecía haber tenido una increíble afición a la historia y a la geología, una curiosa combinación según Kiki. Su pie se encontró pisando de repente uno de los libros, caído al suelo, que se había abierto por la mitad. Al mover el pie, Kiki pudo ver una página repleta de frases y un curioso dibujo que en seguida reconoció como la peculiar estatua junto a la que se encontraba la casa de Steven, solo que en el dibujo parecía encontrarse en perfectas condiciones. La curiosidad le pudo, y finalmente acabó por recoger el vetusto libro.
Pasando la mano por la cubierta para quitarle el polvo, Kiki leyó el título y el autor.
-"Estudio sobre las Gemas número 5", de Sir Gregory Penwood-leyó Kiki en voz alta. Si bien el título no le dijo nada, reconoció el autor en seguida, ya que recordaba haber leído ese mismo nombre en otros tantos libros de los que allí se encontraban. Debía de haber escrito un montón, para haber publicado tantos escritos. No creía que fuera a ser útil, pero por curiosidad optó por quedarse el libro, ya que a lo mejor a Steven le hacía gracia ver que…
¡Steven! Entonces Kiki cayó en la cuenta. ¡HABIAN DEJADO A STEVEN SOLO EN LA ENTRADA! ¿Y si le había pasado algo? Jamás se lo perdonaría de ser así. Y su abuela, y Ronaldo... ¿Donde estaban todos? ¿Qué había sido aquel temblor?
¿Qué demonios estaba pasando allí?
En otro lugar de la mansión:
Steven abrió los ojos. Le dolía todo el cuerpo por el batacazo, pero al ver que se encontraba rodeado por la burbuja entendió que seguramente había conseguido evitar lo peor de la caída. Tras deshacer la burbuja, miró a su alrededor.
Se encontraba en…bueno, en realidad no tenía ni idea de donde estaba. Parecía una especie de caverna, similar a un pozo de roca, aunque enfrente suyo se encontraba un largo pasillo que claramente había sido construido de manera artificial, por lo que enseguida descartó la posibilidad de haber caído en un espacio natural. En vista de que hacía arriba no iba a poder ir (más que nada porque estaba tan oscuro que Steven no podía saber cuánta distancia había caído), optó por avanzar por el pasillo en busca de una salida de aquel lugar.
El pasillo era largo y estaba hecho con bloques de piedra gris. Mientras avanzaba, unas antorchas situadas a ambos lados del pasillo se iban encendiendo y apagando a medida que el joven visitante iba avanzando por el lugar. Todo aquel despliegue puso algo nervioso a Steven, quien sintió flaquear su valor al verse de repente tan solo y en una situación tan extraña como aquella. Su preocupación por el estado de sus amigos era superior a la de su propia situación, y su mente estaba atestada de preguntas e incógnitas no resueltas que le suscitaba todo aquel siniestro asunto. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso era obra del fantasma? ¿De Obsidiana? No parecía posible. Después de todo, dudaba que Obsidiana pudiera tener el poder de hacer temblar toda una casa. No parecía esa clase de Gema.
Entonces, ¿realmente se trataba de un fantasma? ¿La mansión estaba realmente embrujada? Steven sintió un escalofrió y se vio obligado a mirar hacia atrás, a las sombras de las que había avanzando, y luego miró a las sombras hacía las que marchaba. Se sentía como un pequeño ratoncito que trata de no llamar la atención del gato, aunque se imaginaba que dicho felino ya debía de estar al corriente de su presencia. Se sentía observado, como si algo lo mirara a través de las paredes, como si alguien se pasara el rato respirando detrás de él y exhalando su frío aliento en su nuca.
Instintivamente, Steven sacó su escudo, y avanzó con el por delante hacia lo desconocido. Fuera lo que fuera lo que estuviera pasando en aquella casa, no le daba muy buena espina. Ya lamentaba no haber disuadido a Ronaldo y a los demás de ir allí. Si algo les pasaba, el único culpable sería él.
El pasillo llevó a Steven a una amplia sala hecha de las mismas rocas que el pasillo. Una larga fila de antorchas iluminaba claramente el lugar, permitiendo a Steven contemplar sin problemas el sitio en el que se encontraba.
Un mausoleo.
-Genial…-dijo Steven sin muchas ganas. No solo se había metido en una mansión encantada con sus amigos, sino que encima ahora se encontraba en el mausoleo de dicha mansión, con filas y filas de criptas empotradas en las paredes y múltiples tumbas de piedra ocupando el suelo a su alrededor, como si de un cementerio se tratara…Bueno, técnicamente lo era, pero Steven ya sabía lo que quería decir.
Un silencio sepulcral (como no podía ser de otra manera, pensó Steven) reinaba en el lugar. La luz titilante de las antorchas llenaba aquel lugar de sombras que oscurecían los rincones de la sala e impedían a Steven que se sintiera seguro solo mirando hacia adelante. Su ferviente imaginación infantil le hacía imaginarse mil y un monstruos en cada sombra, tras cada escondite, todos vigilándole mientras él proseguía su camino.
-Que no salga nada de las tumbas, que no salga nada de las tumbas, que no salga nada de las tumbas…-empezó a recitar Steven mientras avanzaba por entre las tumbas, nervioso y atento a cualquier pequeño sonido que pudiera provenir de alguna de las tumbas. No es que creyera realmente en zombis ni otros muertos vivientes (¡ni mucho menos!), pero incluso un valiente guerrero como él tenía que admitir que aquel sitio era, cuando menos, tétrico. Además, Perla siempre decía que cuando uno se encontraba en terreno desconocido, había que avanzar con cautela. Por tanto, que avanzara tan despacio con el escudo cubriéndolo casi entero no era señal de que estuviera asustado. Simplemente estaba siendo precavido…MUY precavido.
Poco a poco, paso a paso, Steven fue avanzando por el silencioso mausoleo, acompañado únicamente por la luz de las antorchas y el seco eco de sus pasos, que parecían resonar con demasiada fuerza por cada esquina de la cerrada estancia. Justo cuando estaba a punto de llegar al otro lado, donde un largo pasillo parecía llevar a algún otro lugar, algo en una de las tumbas llamó la atención de Steven.
La dura lápida se erguía majestuosa al pie de una de las tumbas, y junto al nombre de su ocupante y la fecha de su defunción se encontraba aquello que tanto había llamado la atención de Steven: el dibujo, grabado en la roca, de una rosa. La rosa de Rosa Quarzo.
Steven hizo la comparativa con el símbolo de su escudo. No había duda, era la misma rosa. Su curiosidad superó a su miedo, y se encontró examinando el resto de tumbas por si había otras que también tuvieran el símbolo de su madre. En aquella estancia, por lo menos otras dos parecían tener también el símbolo, aunque al examinar el resto de tumbas y criptas encontró otras cosas muy interesantes. En alguna de ellas vio la marca de un enorme puño, sospechosamente parecido al que los guanteletes de Granate solían producir. En otras, se podían ver largos y elaborados epitafios escritos con la refinada letra de Perla. En uno o dos, directamente, vio que alguien había escrito: "Descansa en paz, tu colega Amatista nunca te olvidará".
Por alguna razón, su madre y las otras Gemas estaban conectadas con aquel lugar. ¿Pero qué clase de conexión podían haber tenido ellas con ese lugar, con esa gente? Steven se prometió a si mismo averiguar cuánto pudiera para así preguntárselo luego a sus amigas cuando volviera…si es que encontraba la salida.
¡CRAC! Algo se rompió a espaldas de Steven. Sorprendido, el joven niño humano se dio la vuelta, y lo que vio le puso el corazón a cien. Una de las tumbas se había agrietado con un fuerte estallido, seguido de otro que hizo ensancharse las numerosas grietas que habían empezado a salir en la dura roca. Con un tercer estallido, la losa de piedras se partió en dos, revelando su macabro contenido a Steven. Que dicho contenido saliera de la tumba por su propio pie le facilitó la tarea.
Se trataba de un viejo y reseco esqueleto, con algunos rastros de tela aún colgando de sus descoloridos huesos. En su interior, donde deberían de estar los órganos, se encontraba una maraña de hilos negros que parecían pegados al esqueleto como si de una compleja telaraña se tratara. Los hilos parecían recorrer el esqueleto de pies a cabeza, ocupando cada espacio vacío como si de venas se trataran. Si bien esto no era precisamente común ni normal, el hecho que dicho esqueleto se encontrara de pie y avanzando con las manos tendidas hacía Steven provocó que el joven y asustado niño dejara de prestarle más atención a tan peculiar sustancia para, obviamente, centrarse en el principal problema de todo aquello: un esqueleto andante estaba avanzando hacía el con motivaciones desconocidas.
Steven gritó. Al parecer, hasta los valientes guerreros se podían asustar a veces.
-¡AAAAAAHHHH!-gritó Steven, dando un paso hacia atrás a medida que el silencioso esqueleto proseguía su marcha-. ¡NO TE ME HACERQUES!-exclamó Steven, tirándole el escudo al esqueleto como si de un frisbee se tratara. El escudo atravesó fácilmente al esqueleto por la cintura, tirándolo al suelo donde rápidamente se convirtió en polvo. Los hilos que lo habían estado recorriendo por el interior se arremolinaron en una única masa oscura, la cual se filtró rápidamente por entre las grietas de las rocas del suelo, desapareciendo en poco tiempo.
El corazón aun le iba a mil por hora en el interior de su agitado pecho. Aún más que sorprendido por lo sucedido, Steven atrapó sin más problema el escudo cuando este volvió, y se quedó mirando la masa amorfa de polvo y restos de hueso que hasta el momento habían formado al esqueleto. No es que se quejara, pero parecía que hubiera sido demasiado fácil.
-¡WUJU!-dijo de repente, alzando ambos brazos en señal de victoria, a pesar de aún sentir el frío sudor de pánico que semejante experiencia le hizo generar-. ¡Si, toma ya! Steven 1, esqueleto 0.-Steven soltó un suspiro de alivio, riéndose un poco al sentirse un poco tonto al haber estado tan preocupado por tan poca cosa-. Bueno, no ha estado mal. No me esperaba que fuera a resultar tan…
¡CRACCRACRAC! Casi a la vez, el resto de tumbas y criptas empezaron a resquebrajarse, con los huesudos brazos de sus ocupantes asomándose por los resquicios abiertos en sus prisiones de piedra. Las palabras de Steven murieron en su garganta, convirtiéndose en un alarido de espanto que fue resonando por la estancia mientras Steven se apresuraba en acabar de cruzar la sala y avanzar por el pasillo. No quería estar allí para cuando todos aquellos esqueletos salieran de sus tumbas.
Uno de los brazos consiguió enganchar la camisa de Steven cuando este pasó a su lado, pero como el joven no se detuvo, el brazo fue arrancado del cuerpo de su dueño, dando vueltas descontroladamente mientras la mano seguía firmemente sujeta a la tela de la ropa de Steven. Sin parar de correr, Steven trató de librarse de tan macabro cepo, y tiró el resto del brazo por ahí, sin pararse a comprobar que había sido de él. Antes de que el primer esqueleto acabara de salir de su tumba, Steven llegó al final de la estancia y siguió corriendo por el pasillo, mucho más rápido que cuando había tenido que atravesar el primero.
Arriba, en la mansión:
-¿Hola?-preguntó Nanefua, avanzando por entre las sombras y las montañas de objetos que formaban el trastero al que le había llevado aquel pilar surgido de la nada. Tras subir rápidamente desde el primer piso hasta el segundo, el pilar había seguido ascendiendo hasta llegar al altillo, donde siguió creciendo como si pretendiera estamparla contra el techo. Nanefua, que no deseaba convertirse en puré de abuela, saltó del pilar antes de que este pudiera atravesar aparatosamente el techo de la mansión.
Así pues, la anciana mujer se encontró caminando tranquilamente por la oscura y polvorienta habitación. La sala era pequeña en comparación al resto de estancias que habían visto hasta el momento en la mansión, con el techo a unos dos metros de altura y las tablas del suelo tan viejas que crujían a cada paso que daba. El polvo en suspensión le molestaba en la nariz, y tenía que avanzar palpando con las manos en los trechos más oscuros en los que la oscuridad era total. Las montañas de objetos allí almacenados eran muy diferentes entre sí: la escasa luz del ambiente le permitía ver que en unas habían cuadros, viejas estatuas y baúles repletos de ropa. En otras, se podían ver viejas bicicletas de época, sillas polvorientas, muebles cubiertos con blancas sábanas y algún que otro armario ropero. Había armaduras, animales disecados, copas y objetos decorativos, cajas de madera cerradas a cal y canto… Sobretodo cajas. Cajas por todas partes. Nanefua trató de abrir una de ellas, pero por no poder no pudo ni moverla. Era como si estuvieran llenas de rocas.
Un breve instante de luz, seguido de un trueno, pareció surgir de un lado de la estancia. La curiosidad de Nanefua la llevó a avanzar en esa dirección, deseosa de poder contar con algo más de luz que le permitiera ver más claramente donde se encontraba. Rodeó las montañas de cachivaches más altas y trepó por las más bajas, sin permitir que ningún obstáculo le impidiera llegar hasta su objetivo.
Finalmente, Nanefua llegó al otro lado de la estancia. Las altas pilas de trastos y objetos decorativos parecían rodear un espacio abierto libre de cualquier trasto inútil. En la pared se podía ver un único ventanal, una obertura circular con un cristal en medio que separaba el polvoriento interior de la fría tormenta del exterior. La luz de los esporádicos relámpagos entraba por el ventanal e iluminaba de un modo breve y bastante tétrico aquel espeluznante lugar.
A Nanefua le encantaba.
Algo se movió entre las sombras a sus espaldas. Apenas fue consciente de de su presencia hasta que uno de los candelabros fue rozado por aquella aparición, haciéndolo zozobrar ligeramente y llamando la atención de Nanefua. Para cuando ella se giró, allí ya no había nada. Una vez más, algo volvió a deslizarse a sus espaldas, sorprendiendo a Nanefua nuevamente, pero sin que esta consiguiera girarse lo bastante rápido como para poder ver qué era aquello.
-¿Hola?-preguntó en voz alta, sin un solo atisbo de miedo en la voz-. ¿Hay alguien aquí?- La mirada de Nanefua escudriñó las sombras de su alrededor, pero seguía sin ver nada-. ¿Eres el fantasma de esta casa? No sé porque nos has atacado antes, pero te aseguro que no tienes porque temernos-dijo Nanefua con voz tranquila. No recibió respuesta alguna, pero algo dentro de ella le decía que sus palabras habían llegado a algo o alguien.
De reojo, llegó a atisbar como la veloz sombra pasaba junto a ella, aunque nuevamente fue incapaz de alcanzarla con la mirada. A pesar de la situación en la que se encontraba, Nanefua no pudo evitar sonreír. Ese fantasma no daba miedo. Más bien parecía alguien tímido que no sabe bien qué hacer cuando alguien invade su casa. Así pues, decidió tratar aquel asunto como lo haría con alguien tímido a quien acabara de conocer.
-Mi nombre es Nanefua Pizza. Te preguntaría tu nombre, pero ni siquiera sé si me podrías contestar-siguió diciendo Nanefua. Tras pensarlo unos instantes, finalmente se le ocurrió algo-. ¡Ya se, te llamaré…Nuada! Nuada es un personaje de una historia que me solía contar mi madre de pequeña-le explicó Nanefua a las sombras de su alrededor-. Desde siempre, fue mi favorita sin discusión, al igual que lo fue de Kofi y las chicas cuando les contaba la historia cuando aún eran unos bebés.
Nanefua se puso de espaldas a la ventana, de manera que pudiera ver mejor el espacio a su alrededor. Sabía que aquella sombra estaba allí, y el hecho de que aún no la hubiera atacado debía significar que su presencia allí había despertado la curiosidad del fantasma. Si lo habían ofendido al entrar en su casa, entonces lo más normal e indicado sería intentar apaciguarlo como era debido.
-¿Por qué no sales donde pueda verte?-le preguntó con educación-. Te prometo que no me asustaré de tu aspecto. Soy más valiente de lo que parezco-afirmó Nanefua, dándose un golpe con el puño en el pecho.
Durante unos instantes, Nanefua no recibió respuesta alguna, y por un momento se preguntó si el fantasma realmente iba a salir, o si seguía ahí siquiera. Si se había ido, le tocaría a ella sola buscar la salida de aquel lugar, ya que además tenía que encontrar a Kiki y a los demás. Si bien apaciguar al fantasma para que los liberara era lo más acertado, en caso contrario no dudaba de que debiera conseguir rescatarlos por su propia cuenta.
Las tablas a su espalda crujieron. No había oído a nada ni nadie acercarse, pero sentía la presencia de algo detrás de ella. A medida que se fue dando la vuelta, muy despacio, una larga sombra empezó a erguirse y a tapar con su cuerpo la luz de la ventana. Situada a contraluz, dicha sombra quedaba parcialmente tapada para Nanefua, aunque reconoció a aquel ser como la sombra que había estado dando vueltas por el altillo.
-¡Vaya, así que al final si has salido, Nuada!-dijo alegremente Nanefua, para nada intimidada por la sombría presencia de aquel ser oscuro. Realmente parecía un espectro aterrador, pero Nanefua no lo veía con ojos de terror, sino de amabilidad-. Me alegro que te decidieras a salir. Ya ves que no fue para tanto, ¿verdad?- La sombra, aunque al principio no reaccionó, acabó asintiendo con un ligero ademán de cabeza.
La sombra era bastante más alta que Nanefua. La oscuridad de su alrededor parecía irradiar de su cuerpo como pequeños zarcillos que se movían con voluntad propia. Su cuerpo permanecía oculto en la negrura del altillo, aunque cuando un relámpago crepitó detrás de la ventana, su luz permitió a Nanefua ver la clase de ser que tenía enfrente. Nanefua sonrió.
-Bueno, ahora que has salido, quisiera pedirte un favor. Verás, imagino que estarás molesta porque hayamos entrado sin permiso en tu casa, pero la verdad es que estábamos muy emocionados de poder conocerte-explicó Nanefua a la sombra-. Si te hemos ofendido, te pedimos perdón. Toma, acepta esto como muestra de buena fe.- Nanefua se sacó un papelito del bolsillo, que entregó a la sombra. Los alargados dedos de aquel ser agarraron el diminuto papel, y acercándoselo a la cara leyó las palabras escritas en él-. Es un vale para una porción de pizza gratis en nuestro puesto de Beach City-dijo Nanefua-. Kofi no estaba de acuerdo con la idea de dar pizza gratis y desechó la idea, pero antes de que pudiera echarla para atrás me guardé unos cuantos cupones por si acaso. Aún no han caducado, de manera que si al final decides hacernos una visita, el tonto de mi hijo no tendrá otra opción que canjeártelo. ¿Qué te parece?
La sombra miró desde arriba a la diminuta señora que había perturbado su descanso. No entendía quien era, de donde venía, o que había venido a hacer allí, y aunque se lo acababa de contar esa tal "Nanefua", sus palabras no tenían sentido alguno. Aún así, la sombra se guardó el cupón para sí, provocando que la sonrisa de Nanefua se ensanchara.
-Bien, espero que lo disfrutes. Ahora… ¿podrías soltar a mi nieta y sus amigos? Te juro que no pretendíamos molestar, tan solo resguardarnos de la tormenta-le aseguró Nanefua-. Si me llevas con ellos, te prometo que nos iremos de aquí cuanto antes y no te molestaremos más.
La sombra miró en silencio a la pequeña anciana. El silencio entre ambas se prolongó varios segundos, en los cuales Nanefua se preguntó algo preocupada cual sería la respuesta del fantasma. A pesar de su afición a lo paranormal, no estaba acostumbrada a tratar cara a cara con fantasmas, y la verdad era que no tenía ni idea de cómo iba a reaccionar Nuada a su petición.
Nuada cambió. Su cuerpo brilló con una luz fantasmagórica que iluminó pálidamente aquella zona del altillo. Sus manos, grandes y afiladas cual garras, se estiraron hacia Nanefua mientras el fantasma se abalanzaba contra la desprevenida anciana. Para Nanefua, todo aquello sucedió demasiado rápido como para entenderlo. Vio a Nuada, vio una luz blanca, y luego todo fueron tinieblas.
De vuelta con Steven, las cosas no le iban mucho mejor a que Nanefua.
El pasillo por el que había echado a correr acababa en una cámara muy similar a la de dónde había escapado, con la diferencia de que allí los no muertos ya lo estaban esperando. Sin detenerse ni dejar de gritar, Steven había activado su burbuja protectora y había seguido abriéndose camino entre las hordas de esqueletos como un hámster espantado, que se convertían rápidamente en polvo al chocar contra la férrea defensa mágica de Steven.
Después de abandonar a la carrera aquella segunda sala, Steven deshizo su burbuja y siguió corriendo sin detenerse por el siguiente pasillo. El largo pasillo acababa en una intersección, con tres caminos que seguían en direcciones diferentes. El crujir de huesos del camino de la izquierda le indicó que por ahí, seguramente, encontraría solamente más de aquellos esqueletos, de manera que esa ruta quedaba descartada. Así pues, solo le quedaba ir por la derecha, donde unas escaleras descendían hacia lo desconocido, o hacia adelante, donde unas escaleras ascendían…hasta un derrumbamiento que le cortaba el paso a Steven.
-En fin. Hacia abajo, entonces-concluyó Steven, mirando de vez en cuando que ningún esqueleto le hubiera seguido.
El camino de la derecha pronto dio paso a las escaleras que Steven había visto desde la encrucijada. Estas descendían en forma de espiral hacia abajo, adentrándose cada vez más en las entrañas de la tierra. El aire se volvió ligeramente más frio, y las pequeñas velas que iluminaban la escalera a intervalos cada vez más largos fueron menguando, hasta que finalmente Steven acabó avanzando en la oscuridad.
Al cabo de unos instantes, que para el joven humano se convirtieron en largos minutos, alcanzó el fondo de la escalera. Sus nervios y temores se veían acrecentados por el sepulcral silencio que reinaba en el ambiente, y guiándose únicamente con una mano pegada a la pared, Steven siguió su camino. La aspereza de la piedra se veía a veces interrumpida por la viscosidad del musgo que crecía en las paredes, provocando escalofríos a Steven cada vez que sus dedos pasaban por aquellas muestras de palpable humedad ambiental. Le daba un poco de asco, pero como no tenía donde lavarse y no quería frotarse la mano contra la ropa, Steven decidió aguantar como un campeón, y seguir hacia adelante.
Sus pasos hacían eco, un eco corto que le indicó que el pasillo por el que avanzaba no era demasiado alto, aunque si largo. Al final de este se podía ver un tenue resplandor que parecía indicar el final de aquel oscuro recorrido, y animado Steven aceleró el paso. A esas alturas, ya le daba igual lo que pudiera encontrar, con tal de escapar de aquella asfixiante oscuridad que lo envolvía.
Tras salir del pasillo, los ojos de Steven aún tardaron un poco en re acostumbrarse a la luz que, si bien no era excesivamente brillante, consiguió dañar un poco los ojos del joven niño humano. Tras frotárselos unos segundos, Steven pudo ver con claridad el sitio en el que se encontraba.
Se trataba de una enorme cueva repleta de cristales de todo tipo de colores. Su brillo se mezclaba y formaba una luz neutra que esclarecía las sombras de las esquinas y permitía ver la forma de cuantas estructuras se encontraban allí. En el centro de la caverna había una estatua de considerables proporciones, aproximadamente de unos diez metros de altura. Representaba la figura de una mujer muy bella en posición de bailarina, si bien el paso del tiempo había afectado considerablemente a la estatua, ya que habían trozos en los que la roca se había resquebrajado o directamente se había caído de su sitio, dejándola repleta de agujeros y aparentemente hueca. A los pies de la estatua se podían ver dos tumbas gemelas, grandes féretros de piedra con losas idénticas a la cabeza. Steven, quien para entonces ya no se fiaba de tumbas ni nada que pudiera contener esqueletos, hizo el gesto de darse la vuelta, considerando si con su fuerza podría desbloquear el camino que ascendía.
-¡SOCORRO!-exclamó alguien de repente, el eco de su voz rebotando por toda la estancia. Era la voz de Ronaldo-. ¡Sacadme de aquí, por favor!
Rápidamente, Steven trató de localizar el origen de la voz. En aquella caverna, el único lugar donde podía está metido era…
...
Ronaldo estaba a oscuras. Nada fuera de lo común, ya que llevaba a oscuras desde que aquella alfombra demoníaca se lo hubiera llevado hacía apenas media hora. Si bien al principio su espíritu de investigador dio un salto de alegría al ver muestras tan clara de actividad paranormal, incluso él tenía que admitir que estar maniatado y encerrado en un frío y oscuro espacio durante tanto rato era, cuando menos, preocupante. Desesperado por salir, se había pasado los últimos minutos gritando por si alguien le oía y podía sacarle de allí. Ni siquiera le preocupaba la posibilidad de que alguna clase de espectro pudiera haberlo oído. Solo quería salir de allí.
-¡SOCORRO!-gritó, al máximo de sus fuerzas-. ¡Sacadme de aquí, por favor!
Para variar, no obtuvo respuesta alguna. La opresión en su pecho, fruto del miedo y la ansiedad, iba en aumento. ¿Y si no conseguía salir nunca de allí? ¿Y si se moría de hambre y de sed? ¿Y si su cuerpo pasaba a convertirse en un esqueleto, luego en polvo, y luego un mero recuerdo? ¿Le llorarían su padre y hermano? ¿Qué sería de ellos? ¿Qué sería de su blog, de sus fans, de sus investigaciones?
-¡NOOOO! ¡No, no quiero acabar aquí!-exclamó, revolviéndose como un loco. Su cuerpo, firmemente amarrado, chocaba contra la fría piedra que lo aprisionaba, pero eso no le importaba, alterado como estaba-. ¡SACADME DE AQUÍ! ¡Alguien, quien sea!
-Ronaldo…-dijo una voz de repente, llamando la atención del joven adolescente.
-¿¡Q-quien es!? ¿Acaso eres tu quien me ha aprisionado, espectro perverso?-preguntó a las sombras, incapaz de localizar el origen de aquella voz tan fantasmagórica-. ¡Libérame, yo te lo ordeno! ¡No tienes ni idea de a quién te enfrentas!
-Ronaldooo…-volvió a decir aquella voz, con más fuerza. Apretando los dientes, Ronaldo se negaba a acobardarse ante su captor.
-¿Qué quieres de mi? ¿Respuestas? ¿Un cuerpo que poseer? ¿Una vía de escape al mundo de los vivos? ¡Hazme lo que quieras, no tengo miedo! ¡Solo no dañes a mis camaradas!-dijo él con tono melodramático, intentando aparentar unas agallas que en realidad no sentía por ninguna parte.
-¡Ronaldooooo…!-dijo por tercera vez aquella voz, tan cercana que sin duda tenía que estar ya a su lado. El valor de Ronaldo se esfumó de repente.
-¡VALE, valevalevale! ¡Tú ganas, tú ganas, haré lo que sea, lo que sea te digo! ¡SOLO NO ME HAGAS DAÑOS, BUAAAAAH!-lloriqueó Ronaldo, encogiéndose cuanto pudo como si pretendiera desaparecer y que el fantasma no le encontrara.
De repente, encima de él pudo escuchar el sonido de una roca fregándose contra la otra, y pronto una tenue luz empezó a invadir el espacio en el que se encontraba. La luz se veía enturbiada por una extraña tela situada entre él y el foco de luz, a través de la cual pudo ver la silueta de alguien que estiró una mano en su dirección.
Ronaldo cerró los ojos. "Se acabó…Ahora me poseerá un fantasma y devorará mi alma…", pensó Ronaldo con aire fatalista, tratando de prepararse para lo que fuera que fuera a pasar. Aquella mano, en vez de agarrarlo a él, agarró la tela que lo cubría y la retiró.
-¡Ronaldo!-dijo de nuevo aquella voz, y sin la tela ni la roca en medio Ronaldo pudo reconocer al dueño de aquella voz, el mismo que había separado la piedra que lo mantenía cautivo y que en esos momentos se asomaba por encima de él.
-¡Steven!-exclamó aliviado Ronaldo, alegre al ver que su vida no iba a acabar tan pronto como él temía. Gracias a la luz que se filtraba por el resquicio que el joven Universe había abierto, tanto él como Ronaldo pudieron ver qué era lo que lo mantenía preso.
Se trataban de unas hebras de hilo negro, tan finas que parecían cabellos, pero a la vez tan fuertes que le impedían romperlas sin importar cuanta fuerza utilizara. Con la ayuda de Steven, Ronaldo consiguió erguirse y estirar por primera vez en bastante rato su tensado cuerpo.
-¿Qué…qué ha pasado?-preguntó Ronaldo mientras Steven trataba de desatarle las cuerdas del cuerpo-. ¿Dónde están Kiki y su abuela?
-Esperaba que tú me lo dijeras-dijo Steven, bregando por liberar a su amigo de aquella extraña cuerda. Se parecía sospechosamente a la misma sustancia que mantenía unidos a los esqueletos de antes-. Vosotros me dejasteis atrás, ¿recuerdas?
-¡Ah, sí! Perdón por eso-dijo Ronaldo con las mejillas algo rojas por la vergüenza. Finalmente, Steven consiguió liberar a Ronaldo de la cuerda que hasta el momento le había impedido moverse libremente, tras lo cual Ronaldo saltó de su prisión de piedra. Ahora que la podía ver detenidamente, Ronaldo descubrió sorprendido que había sido hecho prisionero en el interior de una gran tumba de piedra, y que la tela que hasta el momento lo había cubierto era en realidad un sudario algo gastado por los años. Su tez se volvió ligeramente verde al pensar en lo sucio que debía de estar esa cosa, y el rato que se había pasado con dicha tela pegada al cuerpo. Un escalofrío lo recorrió de pies a cabeza, y solo el hecho de que haberse saltado la cena le permitió resistir las ganas de vomitar.
-¿Qué hacías ahí, a todo esto?-le preguntó Steven. Algo pálido todavía, Ronaldo se ajustó las gafas, mientras examinaba con repentina curiosidad la estatua junto a la que se encontraban.
-Kiki y Nanefua me alcanzaron en el pasillo de la mansión. Discutimos, nos disculpamos, y entonces toda la casa empezó a temblar-explicó Ronaldo-. El fantasma debe de ser un poltergeist muy peligroso, ya que animó una alfombra para que me capturara. Después, aparecí aquí metido de repente, maniatado y sin entender que había pasado ni dónde estaban los demás.
-Vaya…Entonces hay que darse prisa por encontrarlas nosotros primero, antes de que lo hagan esos esqueletos andantes.
-¿Esqueletos andantes? ¡¿QUÉ ESQUELETOS ANDANTES?!-preguntó alterado (y con razón) Ronaldo. Steven miró algo incomodo a Ronaldo.
-Esto…Te lo cuento luego. Por ahora, busquemos la forma de…-Su frase quedó cortada a la mitad cuando un sonoro y estridente crujido empezó a resonar por la sala, alarmando a ambos jóvenes. Dicho crujido parecía hacer temblar toda la sala con su intensidad, y solo la presencia de unos pequeños guijarros cayendo del techo reveló a Steven y a Ronaldo el origen de dicho estruendo. Asustados y nerviosos, se miraron inquietos antes de levantar poco a poco la mirada.
La estatua, mucho menos angelical que antes, se estaba moviendo y parecía a punto de aplastarlos de un pisotón.
Si Ronaldo estaba preocupado por la posibilidad de encontrar esqueletos andantes, Kiki no tenía nada que envidiarle.
Más que nada porque ella, por desgracia, ya se los había encontrado.
Después de recoger el libro de Sir Penwood, Kiki descubrió que no había otra salida de aquel despacho salvo la puerta por la que había entrado. El agujero en el pasillo la disuadió de ir por esa ruta, de manera que empezó a buscar una alternativa. En eso estaba pensando que miró pensativa el escritorio destrozado. Mirando hacia arriba, Kiki no pudo evitar sonreír ante lo que descubrió: el cacho de techo que había caído sobre la mesa, rompiéndola, también había dejado un espacio bastante grande en el techo por el que podría ascender hasta la planta de arriba. Con la ayuda de los restos del escritorio y otros tantos escombros, Kiki consiguió construirse una escalera improvisada que le permitió alcanzar el agujero en el techo. Justo cuando se encontraba firmemente situada en la planta de arriba, la escalera improvisada de Kiki se vino abajo con estruendo, de manera que un suspiro de alivio se escapó de sus labios al comprobar lo cerca que había estado del desastre.
Más animada por haber conseguido escapar con éxito del despacho, Kiki se preparó para encarar su siguiente obstáculo.
El agujero la había llevado a una vieja habitación carente de cuadros o cualquier cosa que pudiera indicarle el dueño de dicha sala. La cama, aunque polvorienta, seguía pulcramente ordenada y la decoración seguía siendo elegante a pesar de las muchas telarañas presentes y la capa de polvo de casi un dedo de grueso que cubría la superficie de los armarios y estantes. Sin perder un instante en esa sala, Kiki se dirigió hacia la puerta de madera y, aliviada, comprobó que estaba abierta.
La puerta la llevó a un nuevo y alargado pasillo, similar al que hacía poco rato había amenazado con tragársela, de manera que avanzó por él mirando bien el suelo que pisaba. Esta vez, pero, la sorpresa no vino del suelo, sino de las paredes.
Cada vez que Kiki se acercaba a una puerta, esta se negaba a abrirse de alguna forma u otra. O las paredes se cerraban y aplastaban la puerta en el proceso, o la puerta se encogía hasta ser tan pequeña como un dedal, o se movía por la superficie de la pared hasta alcanzar el techo. Tras la impresión inicial, Kiki acabó por acostumbrarse a tan extraños fenómenos, entendiendo que el fantasma la había vuelto a encontrar y que no quería que entrara en esas salas. Así pues, al no tener por donde volver, Kiki siguió avanzando.
Las puertas siguieron desapareciendo a su paso, a la vez que el pasillo empezaba a estirarse y encogerse como si estuviera hecho de goma. Se retorcía, giraba y daba vueltas como si no tuviera fin. Los nervios de Kiki desaparecieron y fueron sustituidos por el cansancio mental al sentir que sus pasos no la estaban llevando a ninguna parte.
-¡Eh, dame un respiro!-dijo de pronto Kiki como si le estuviera hablando a la casa-. Entiendo que tengas que hacer todo tu numerito de "fantasma aterrador", ¿pero no crees que esto ya roza lo absurdo?-preguntó en voz alta, hablando con tono molesto al presunto fantasma.
Pese a que pensó que sus palabras y quejas caerían en oídos sordos, Kiki se sorprendió cuando, de repente, el pasillo volvió a deformarse y recobró su forma original. El suelo se volvió liso, las dimensiones del techo volvieron a ser las adecuadas, y una solitaria puerta apareció al lado de Kiki. Algo suspicaz, Kiki estiró la mano poco a poco hacía el pomo, esperando que en cualquier momento la puerta fuera a cambiar o a desaparecer como de costumbre. Sin embargo, consiguió agarrar el pomo sin que nada raro pasara entre medias.
-Uh, mira tú por donde… Parece que eres un fantasma legal, después de todo-comentó sonriente Kiki, girando el pomo de la puerta-. Muy bien, veamos a donde lleva esta…
Al abrir la puerta, Kiki se encontró cara a cara un una sonriente calavera blanca, unida a un esqueleto polvoriento cubierto de hilos negros como los de una marioneta enredada. Detrás de este, otros tantos esqueletos parecían hacer cola para conocer a la impresionada joven. Pasó un segundo…luego dos…y al tercero el esqueleto hizo el intento de agarrar a Kiki.
-¡AAAAH!-exclamó Kiki, para luego cerrar la puerta de un portazo. El brazo del esqueleto quedó segado a la mitad cuando la puerta se cerró de pronto, convirtiendo en polvo el resto del cuerpo del esqueleto. Asustada, Kiki contempló espantada como el brazo del esqueleto parecía arrastrarse por el suelo en su dirección, clavando sus huesudas falanges en la madera para así avanzar. Sin embargo, lo que la convenció para que echara a correr fue ver que, en vez de a ella, lo que el brazo fue a agarrar fue el pomo de la puerta, haciéndolo girar nuevamente. Kiki trató de apartar la mano antes de que pudiera abrirle la puerta a los otros esqueletos, pero tardó un segundo de más. Segundo en el cual los esqueletos alcanzaron la puerta y la abrieron de par en par.
Para entonces, Kiki ya había echado a correr por donde había venido.
-¡Fantasma, si esta es tu respuesta por mi queja de lo de las puertas, NO TIENE GRACIA!-exclamó Kiki a la carrera, dedicando un breve vistazo a sus espaldas para ver si los esqueletos habían hecho algún avance.
¡Y vaya si lo habían hecho! Avanzaban a un ritmo bastante rápido para no ser más que esqueletos e hilos, aunque alguno que otro se tropezaba y acababa en el suelo, donde se convertía en polvo. Aún así, el resto no se detenía, y por tanto Kiki tampoco. Puede que no fueran tan rápidos como ella, pero si se detenía la atraparían en cuestión de segundos, de manera que siguió corriendo como alma que lleva el diablo.
El largo pasillo giraba y giraba como si de un laberinto se tratara. El sonido de los pasos de Kiki se mezclaba con el siniestro traqueteo de los esqueletos que la seguían. Al igual que cuando lo del agujero, los cerrados giros del pasillo obligaban a Kiki a avanzar a trancas y barrancas, chocándose de vez en cuando en un intento de seguir avanzando sin dejar de correr. Finalmente, un par de puertas dobles aparecieron delante de ella, al final del pasillo.
"Que no hayan más esqueletos, que no hayan más esqueletos…" pensaba ella mientras esprintaba los pocos metros que la separaban de las puertas. "Que no hayan… ¡UAAAAHHH!".
Lo bueno era que al otro lado de las puertas no había esqueletos. La mala era que tampoco había una habitación.
Kiki, por el impulso que llevaba, atravesó las puertas sin fijarse bien a donde iba, de manera que no pudo evitar lo que le sucedió a continuación. Lo que debería de ser una habitación no estaba allí. En su lugar había un enorme agujero, seguramente debido a que la casi totalidad de su suelo se había caído a la planta de abajo, que a juzgar por la larga y ahora destrozada mesa de madera debía de haber sido una vez el comedor de la mansión. Kiki trató de detenerse al borde mismo del abismo, pero su impulso le impidió recuperar el equilibrio y cayó sin poder hacer nada por impedirlo a la planta de abajo.
Kiki cayó pesadamente sobre su hombro encima de los restos del techo del comedor, los cuales a su vez eran los restos del suelo de la planta de arriba. Si bien no se rompió nada, el impacto le hizo bastante daño y le impidió ponerse de pie inmediatamente. El polvo que había levantado con su caída le molestaba a la hora de respirar, y tuvo que toser varias veces para sacárselo de los pulmones. Algo tensa por la persecución a la que se había visto sometida, contempló los restos destrozados del antiguo comedor, con sus altos armarios plagados de cubiertos y vasos, las destrozadas sillas del suelo y los variopintos muebles pertenecientes a la habitación superior, que habían ido a parar allí cuando el techo se había venido abajo.
A su espalda, el primero de los esqueletos llegó al borde del abismo por el que se había caído Kiki. Si bien este consiguió detenerse a tiempo, cuando llegaron sus compañeros estos acabaron por empujarlo accidentalmente por el abismo, de manera que acabó por caer en la misma dirección que Kiki. Esta, al ver que un esqueleto se le venía encima, rodó para salir de los escombros en los que estaba apoyada, justo a tiempo para ver como el cuerpo del esqueleto chocaba contra ellos y se convertía en polvo. El resto de esqueletos se lo quedaron mirando desde arriba, y Kiki hubiera jurado que los de la primera fila parecían sentirse culpables (aunque el hecho de no tener cara le dificultaba el saberlo a ciencia cierta).
Debajo de la puerta doble por la que había entrado Kiki se encontraba otro par de puertas idénticas, que al abrirse revelaron a un segundo grupo de esqueletos. Poco a poco, estos se pusieron a avanzar hacía Kiki, con sus huesudas manos por delante. Al verse acorralada de aquella manera, Kiki sintió crecer cada vez más en su interior el miedo y el pánico. Decidida a no dejarse coger sin pelear, corrió hacía uno de los armarios del comedor y lo abrió de par en par. Agarrando una alta pila de platos de aspecto caro, empezó a lanzárselos como si de frisbees se trataran a los esqueletos, haciéndose añicos al estrellarse contra el suelo o las paredes. Los mortales discos de porcelana que dieron en su objetivo atravesaban sin dificultad los polvorientos huesos de los esqueletos, cercenando cabezas, brazos o costillas a su paso por la sala. Sin embargo, poco conseguían ralentizar el paso de los esqueletos, ya que a pesar de tan mortífero ataque estos siguieron avanzando.
Al ver que su estrategia no estaba funcionando, Kiki optó por volcar todo el armario en un intento de ganar algo de tiempo mientras buscaba una salida. Resultó este ser un movimiento acertado, ya que los torpes esqueletos que no conseguían trepar correctamente al armario acababan resbalando y espachurrándose contra el suelo. Sin embargo, poco a poco, los esqueletos empezaron a ganar habilidad, y el primero de ellos consiguió pasar al otro lado.
Ahora estaba con la espalda pegada a la pared, sin posibilidades de escapatoria ni nada que pudiera utilizar como armas. Los esqueletos de la planta de arriba siguieron cayendo patosamente hacia abajo, pero poco a poco el polvo acumulado creó un pequeño colchón de arena con el que los esqueletos pudieron llegar abajo sin demasiados daños. Los de la planta de abajo, tras sortear el armario y rodear la mesa, siguieron su incansable avance hacia la joven adolescente. Kiki no veía como iba a salir de ese embrollo, y únicamente pudo contemplar con desesperación como el primero de los esqueletos estiraba la mano para agarrarla.
Kiki cerró los ojos. Pasara lo que pasara, no quería verlo.
¡Puf! El tacto del polvo contra su piel sorprendió a Kiki, que involuntariamente dio un brinco en el sitio. Se esperaba que la mano huesuda del esqueleto la fuera a agarrar, pero aquello fue una sorpresa. Abriendo un ojo tentativamente, descubrió sorprendida que el esqueleto se había convertido en polvo.
¡Puf! ¡Puf! Otros dos esqueletos acabaron en el suelo cuando dos rocas cayeron del piso de arriba y les impactaron en el cuerpo, desmaterializándolos y acabando con ellos. Cada vez más anonadada, Kiki vio como los esqueletos cercanos a ella se iban convirtiendo uno a uno en polvo, hasta que pronto hubo un buen trecho entre el esqueleto más cercano y la joven mujer Pizza.
-¿Pero qué…?-quiso preguntar Kiki, cuando de repente una cuerda cayó junto a su hombro, colgando del piso de arriba. Al levantar la vista, Kiki reconoció enseguida aquella silueta-. Tu… ¿Cómo…cómo has llegado hasta aquí?-preguntó Kiki, subiendo por la cuerda.
Con Kiki fuera de peligro, no sería raro que Steven y Ronaldo también estuvieran a salvo, ¿no?
Ni mucho menos.
La pesada estatua animada bajó velozmente el pie con la intención de chafar a Steven y Ronaldo. Por suerte, ambos jóvenes tuvieron el acierto de salir de allí corriendo antes de que la estatua pudiera cumplir su funesta acción. El temblor resultante hizo retumbar toda la sala, provocando varios desprendimientos menores y que uno o dos cristales se cayeran al suelo. Steven, tras ponerse a salvo, contempló el sorprendente cambio que había acontecido en la estatua.
Era como con los esqueletos: una serie de hilos negros, unidos entre sí hasta formar gruesos cables, parecían brotar del interior de la estatua, rellenando todos los espacios vacios que se habían formado al desprendérsele partes del cuerpo. La mitad de la cara de la estatua estaba formada con aquellos cables, dándole una apariencia monstruosa. La boca estaba repleta de afilados dientes que brillaban como perlas, sin labios, y no tenía nariz. Su ojo era ligeramente más grande que el del lado de la estatua, y era amarillo y muy brillante. El cabello era puntiagudo y parecía estar compuesto por cristales extraídos de aquella misma cueva, dándole un curioso aspecto multicolor. Numerosos cables parecían salirle de entre las rocas del pelo en dirección al techo, donde se unían y perdían en el techo a través de un oscuro agujero. La estatua abrió la boca, rompiendo la quijada de la parte aún entera de la estatua y revelando la totalidad de los dientes que poseía aquel ser, con la pieza de roca aún unida a la mandíbula. Tras soltar un grave y sonoro rugido, procedió a intentar aplastar de nuevo a Ronaldo.
-¿EH? ¿POR QUÉ A MI?-exclamó él, echando a correr por la caverna. Al ver alejarse a su objetivo, la estatua arrancó sus pesados pies de su sitio y empezó a andar tras Ronaldo, pisando con fuerza en un intento de espachurrarlo. Steven, al ver el peligro que corría su amigo, se apresuró a ir en su ayuda.
-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!-gritaba Ronaldo mientras seguía corriendo de una punta a otra de la caverna, seguido de cerca por la estatua. Por muy sobrenatural que fuera todo aquello, la verdad es que era un pelín demasiado intenso para él. Al principio pensó que iban a ver marcas de la aparición, o como mucho escuchar alguna psicofonía, pero ni en sus más locas fantasías se hubiera esperado nunca ser secuestrado por una mansión poseída, encerrado en el interior de una tumba, o perseguido por una estatua gigante.
Una pequeña roca en su camino lo hizo tropezar, dejándolo a merced de la estatua que no perdió aquella oportunidad. Al ver a Ronaldo en el suelo hecho un ovillo aterrado, levantó el pie y lo bajó a toda velocidad. Por suerte para Ronaldo, Steven consiguió llegar en ese momento y activar su burbuja con la que se protegió a sí mismo y a su amigo, si bien el impacto del pisotón consiguió resquebrajar bastante la burbuja. Cuando la estatua levantó el pie para intentarlo de nuevo, Steven se apresuró a ayudar a Ronaldo a ponerse de pie y ambos se apartaron de la trayectoria de la estatua.
-¿QUÉ VAMOS A HACER?-preguntó Ronaldo a la carrera. A su lado, Steven dedicó un rápido vistazo a la estatua solo para comprobar lo que ya sospechaba: aún les estaba siguiendo.
-¡No lo sé, no lo sé!
-¡Pues piensa algo rápido!
-¡Piensa tu también! ¡Estamos juntos en esto!- Un pisotón de la estatua acalló la discusión cuando el impacto lanzó por los aires a Steven y a Ronaldo, que fueron a estrellarse contra la pared de la caverna. Atontados por el impacto, tardaron un instante de más en aclarar sus sentidos, momento que la estatua aprovechó para acercárseles aún más.
Steven solo pudo contemplar impotente como la estatua levantaba nuevamente el pie…y como al bajar este se quedaba a medio camino de pisarles. Por alguna razón, la estatua había intentado pisarles desde una cierta distancia, y parecía que no podía alcanzarles por los pelos.
-¿Pero qué…? ¿Por qué no se acerca más?-preguntó Steven.
-¡Mira!-exclamó Ronaldo, señalando a la cabeza de la estatua. Los cables de la cabeza de la estatua estaban completamente tensos, unidos firmemente al techo de la caverna y limitando bastante los movimientos del gigantesco armatoste. El punto en el que Steven y Ronaldo se encontraban quedaba fuera del alcance de la estatua, que incluso estirando el pie era incapaz de alcanzarles por mucho que tirara e intentara pisarles, haciendo temblar toda la caverna a cada pisotón. Era como ver a una marioneta colgando de un gancho, incapaz de moverse cuanto quería porque sus propios cables, los mismos que le daban el movimiento, eran los que le impedían alcanzar su destino.
Esa comparativa dio una idea a Steven.
-¡Ronaldo, tengo un plan!-dijo de repente Steven, llamando la atención de su amigo. Sin perder un instante, señaló a la pared del otro extremo de la cueva, donde crecían los cristales de luces más grandes-. La estatua parece haberte fijado como su objetivo. Necesito que la distraigas y le hagas dar vueltas por la cueva hasta que…
-¡Espera, ¿quieres que haga de cebo?! ¿¡ESTAS LOCO!?-exclamó Ronaldo-. ¡Ni de broma pienso salir ahí! ¡Aquí dentro estamos a salvo!
-¡Si, hasta que el techo se derrumbe o vengas los esqueletos del piso de arriba!-replicó Steven, acallando las protestas de Ronaldo-. ¡Mira, sé que es peligroso, pero es la única manera de salir de aquí! ¿No decías que eras un intrépido investigador, que estas cosas eran pan comido para ti? ¡Ahora es cuando puedes demostrarte a ti mismo y a los demás lo que vales!-le animó Steven. Ronaldo, a pesar del miedo y los nervios, se obligó a encarar a la enorme estatua que parecía mirarlo furiosa desde las alturas. Tragando saliva, se giró hacia Steven, y asintió.
-D-de acuerdo, lo haré…
-¡Bien, muy bien! Cuando yo te diga, lleva a la estatua al otro lado de la caverna, y a mi señal, apártate de su camino. ¿Lo has entendido?
-¡S-s-si!
-Bien, pues… ¡ADELANTE!-dijo Steven, poniéndose de pie. A su lado, aún algo tembloroso, Ronaldo se apresuró a imitarle. Tras inspirar y expirar varias veces de forma exagerada, Ronaldo salió corriendo de su escondite con los brazos en alto y gritando como un poseso. Sin perder un instante, la estatua se giró para perseguirlo, momento que Steven aprovechó para correr hacía la estatua. Mientras uno de los pies seguía intentando chafar a Ronaldo, Steven saltó sobre el otro y empezó a trepar agarrándose a las grietas de la roca y a los extraños cables que la mantenían unida. Era como intentar escalar una pared vertical que no dejaba de moverse y crujir, pero Steven sabía que caerse no era una opción, de manera que siguió subiendo sin dilación.
-¡STEVEN, ¿TE FALTA MUCHO?!-exclamó Ronaldo, dando vueltas alrededor de la caverna con la estatua detrás. Poco a poco, los nervios y el miedo fueron haciendo mella en él, a medida que el cansancio se acumulaba en su cuerpo y lo hacía sudar y jadear profusamente. Steven, por su parte, estaba igualmente cansado, aunque por realizar un ejercicio completamente diferente.
-¡Ya casi estoy!-dijo Steven, superando la cintura de la estatua y empezando a subirle por el tronco-. ¡Aguanta un poco más!
Ronaldo, tratando de insuflar aire en sus ardientes pulmones, siguió corriendo todo lo que sus piernas le permitían. Era el mayor ejercicio que había realizado en bastante tiempo, y para variar no podía flaquear ni dejarlo a medias, o sería lo último que haría en vida.
Tras unos tensos minutos, Steven alcanzó finalmente la cima de la cabeza de la estatua. Estar ahí arriba era como intentar mantenerse de pie en un toro mecánico sin agarrarse a nada fijo, pero Steven hizo cuanto por no caerse. Su mirada se fijó en el punto en el que los cables del techo se unían a los de la cabeza, y empezó a arrastrarse hasta que finalmente su mano se cerró alrededor del más cercano.
-¡Vale, ya estoy en posición!-gritó Steven, luchando por mantenerse en la cima-. ¡Ronaldo, corre a donde los cristales!
Ronaldo, al oir la voz de Steven, se dio media vuelta y echó a correr en dirección contraria, arriesgándose a pasar por debajo de la estatua y consiguiendo rebasarla sin que esta consiguiera atraparlo a tiempo. Viendo ante él la línea de meta, Ronaldo hizo un último sprint para intentar alcanzar la pared antes de que la estatua lo alcanzara a él. Si bien consiguió llegar a tiempo, la estatua estaría allí en unos instantes.
-¡Steven! ¡Sea lo que sea que quieres hacer, HAZLO YA!-dijo Ronaldo, apretándose contra la pared y espantándose cada vez más al darse cuenta de que estaba atrapado, no podía retroceder más.
En la cabeza de la estatua, Steven intentaba por todos los medios cortar los cables de aquella cosa, pero eran mucho más duros de lo que se había imaginado. Tiró con las manos, mordió con los dientes, pero parecía que hiciera lo que hiciera no servía de nada: esos cables no se iba a cortar así como así. "¡Esto no funciona…!" pensó preocupado Steven, golpeando de pura desesperación la estatua. Si no hacía algo pronto, Ronaldo acabaría aplastado, y seguramente él fuera el siguiente. Él había permitido que sus amigos fueran a aquel lugar tan peligroso, y era su responsabilidad asegurarse de que volvieran sanos y a salvo. No iba a dejar que una estatua del montón hiciera daño a la gente que él quería, y no se lo iba a permitir.
Steven, alzando la mano invocó su fiel escudo de rosa. Era su último recurso, y si bien el escudo no estaba diseñado para aquella tarea, sabía bien que podía conseguirlo con él. Abajo, la estatua se preparaba para asestar el pisotón final que acabaría con Ronaldo, encogido en el suelo muerto de miedo.
-¡RONALDOOO…!-exclamó Steven, escudo en mano, girando el tronco sobre sí mismo-. ¡…APARTATE YAAAA!-gritó, deshaciendo el giro y golpeando con el borde del escudo los gruesos cables de la estatua, los cuales se partieron con estrepito al impactar con el afilado borde del arma de Steven.
Libre de los cables que la mantenían sujeta al techo, el peso de la estatua y su pie levantado la hicieron inclinarse de repente y sin control hacía adelante. Ronaldo, al oir el grito de Steven, se apresuró a salir de ahí como fuera, prácticamente corriendo a cuatro patas mientras a sus espaldas la estatua se abalanzaba contra la pared de la caverna. El rocoso cuerpo de la estatua fue a impactar contra los afilados cristales que poblaban aquella sección de la caverna, empelándola por el pecho, la cabeza y otras tantas secciones del cuerpo. Steven, perdiendo el equilibrio, consiguió evitar la caída al ralentizarla con su burbuja, la cual además le protegió de los fragmentos de estatua, cristal y roca que pronto empezaron a caer debido al impacto.
Poco a poco, los numerosos cables que formaban el cuerpo de la estatua empezaron a retorcerse en su interior y a retraerse. Las diferentes partes de la estatua parecieron contraerse brevemente en el centro antes de resquebrajarse y fragmentarse, cayendo pesadamente al suelo. Steven consiguió reunirse con Ronaldo, y juntos contemplaron fascinados como la gigantesca estatua se iba cayendo pedazo a pedazo. Steven incluyó a Ronaldo en la burbuja cuando vieron que un par de trozos de la caverna se habían desprendido cuando la estatua cayó, provocando algunos desprendimientos que amenazaron con golpearlos de no haber estado protegidos en la burbuja. Finalmente, la enorme cabeza medio rota de la estatua acabó por caer a su lado, clavándose pesadamente en el suelo.
La caverna dejó de temblar. Los cascotes dejaron de caer. Parecía que todo había acabado. Anonadados, Steven y Ronaldo se miraron unos instantes con aspecto de estar muy sorprendidos, y de repente sonrieron ampliamente.
-¡SIIIIIIIIIIIIIIIIIII!-gritó Ronaldo.
-¡WUUUUJUUUU!-aulló Steven. Deshaciendo la burbuja, ambos se dieron un fuerte abrazo entre gritos y risas de puro alivio. Lo habían conseguido, habían vencido.
-¡Ha sido…ha sido…! Bueno, ha sido aterrador, ¡pero a la vez ha sido el avistamiento más alucinante de mi vida!-exclamó Ronaldo.
-¡No había tenido tanto miedo desde que aquel robot casi nos mata a Connie y a mí!-dijo Steven, ganándose una mirada de extrañeza por parte de Ronaldo-. Ehm…jeje…mejor te cuento eso otro día…-dijo rápidamente Steven, al descubrir que había dicho demasiado.
Por suerte, un nuevo suceso llamó la atención de los dos jóvenes amigos, provocando que ambos olvidaran el desliz de Steven. Una pequeña roca amarilla, diferente a las demás, cayó del interior de la cabeza de la estatua.
-¿Eso es…una Gema?-se preguntó Steven, adelantándose para coger aquel peculiar objeto. No había ninguna duda: era una Gema, una Gema Corrupta, por lo que habían visto. Al parecer, la verdadera identidad del fantasma de la mansión había sido una Gema desde el principio.
-Steven, ¿qué es eso? ¿Qué hacía dentro de la estatua?-quiso saber Ronaldo, pero Steven escondió la Gema tras su espalda.
-¡Oh, no era nada! Solo…solo otra roca más, que se había caído de la estatua, jajaja…ja…-mintió Steven, guardando sin que Ronaldo lo viera a la Gema de la estatua en una burbuja y mandándola rápidamente a casa. Si Ronaldo se lo había creído o no, daba igual, ya que con un gesto de los hombros indicó que pasaba de insistirle sobre el tema.
De pronto, la caverna entera empezó a temblar violentamente, con más intensidad que antes. Gruesas grietas se extendían por las paredes de la cueva, a la vez que múltiples rocas y cristales de gran tamaño comenzaron a caer del techo.
-¡La cueva se desmorona! ¡Tenemos que salir de aquí!-dijo Ronaldo.
-¿Y qué pasa con Kiki y Nanefua? ¡Tienen que estar por alguna parte!
-¡Si no están aquí abajo, seguirán arriba, en la mansión! ¡Nosotros somos los que estamos en mala posición, así que corre!
Ronaldo tenía razón. No había encontrado a Kiki ni a Nanefua en su recorrido por la base de aquel lugar, de manera que la teoría más plausible era que seguían arriba, donde el derrumbamiento sería el menor de sus problemas. Por tanto, Steven y Ronaldo se apresuraron a salir de allí lo más rápido posible, haciendo uso del escudo de Steven para protegerse de los cascotes que amenazaban con caerles en la cabeza.
Atravesaron velozmente el pasillo por el que llegó Steven, y subieron las escaleras de dos en dos. Las paredes se resquebrajaban a un ritmo alarmantemente rápido, y las escaleras parecían capaces de caerse echas pedazos en cualquier momento. En vez de preocuparse por ir con cuidado, Steven y Ronaldo intentaron avanzar cuanto más rápido mejor, sabedores de que en cuestión de minutos acabarían sepultados bajo toneladas de rocas. Por el suelo se encontraban desperdigados los huesos más o menos destrozados de los esqueletos que habían salido del mausoleo que, desprovistos de la Gema que los sustentaba, habían vuelto a caer inertes al suelo. Steven pensó que, a lo mejor, la causa de aquel repentino derrumbamiento también era la Gema. Después de todo, los cables de su cabeza debían de ir a parar a algún lugar. Tal vez fuera así como había conseguido controlar la casa, y hacer que las paredes y el suelo se movieran según su voluntad. Esos mismos cables debían de ser los que evitaban que la mansión se derrumbara, y al cortarlos habían provocado aquel desastre.
Steven y Ronaldo consiguieron llegar a la intersección justo a tiempo para ver como la escalera se desmoronaba al llegar justo arriba. Habían conseguido subirla por los pelos, y ahora se encontraban corriendo cuanto podían para adelantar a la caída del pasillo, acortándose a medida que las pesadas rocas ocupaban el lugar por donde se encontraban ellos corriendo. Enfrentados a las escaleras que llevaban a la superficie, se toparon con un pequeño inconveniente con el que Steven no había contado.
-¡No, las escaleras siguen bloqueadas!-exclamó Steven al ver que su salvación aún permanecía obstaculizada por las enormes rocas. A sus espaldas, el derrumbamiento de la base de la mansión seguía su curso, acercándoseles cada vez más y más.
Para sorpresa de Steven, Ronaldo se lanzó contra el bloqueó y levantó un poco una de las rocas que lo formaban, rodeándola con los brazos y haciendo un gran esfuerzo por apartarla. Había pensado que Ronaldo se derrumbaría, pero parecía que por una vez había decidido mostrarse decidido para salvar la vida.
-¡Vamos Steven, aún no está todo perdido!-le dijo Ronaldo, moviendo a un lado la pesada piedra-. ¡Yo no me rindo! ¡Si hemos podido con la estatua, podremos mover estas cuatro rocas! ¿Estás conmigo?-le dijo, tendiéndole la mano con una mirada de decisión y miedo en el rostro. Sonriendo decidido él también, Steven se la estrechó, y se puso manos a la obra.
El derrumbe avanzaba a cada segundo que pasaba, y pese a la extraordinaria fuerza de Steven, parecía que no lo iban a conseguir a tiempo. Aún así, ninguno de los dos se negaba a rendirse, a pesar del miedo y de tenerlo todo en contra. Empujaron, levantaron y tiraron con todas sus fuerzas, apartando los escombros que obstaculizaban su huida a un ritmo acelerado.
-¡No lo conseguimos!-exclamó Steven, agarrando una roca tan grande como él y tirándola a un lado.
-¡Tu sigue excavando!-le gritó Ronaldo, apartando rocas y tierra con ambas manos. Avanzaban todo lo rápido que podían, pero aún así era más lento de lo que ellos necesitaban. El derrumbe avanzaba a su alrededor, y se estaban quedando sin tiempo para escapar.
Steven agarró otra roca. A pesar de no haberse rendido aún, sintió algo de desesperación ante aquel reto que parecía no tener final. Sacaba rocas, y otras tantas aparecían detrás. ¿Cómo iban a salir de ahí? ¿Cuánto tiempo les quedaba? Eran preguntas que Steven prefería no plantearse, ya que de hacerlo seguramente se distraería y malgastaría un tiempo que podría haber usado para despejar la ruta de huida.
Steven dedicó una rápida mirada a Ronaldo para ver cómo le iba, pero para su sorpresa allí no había nadie. ¿Dónde estaba? ¿A dónde pudo haber ido? Steven quiso gritar su nombre, pero algo pasó antes. Una mano salió de entre las rocas y lo agarró por la muñeca. La sorpresa inicial le hizo tirar la roca que llevaba en sus manos al suelo, y con sorprendente fuerza la mano tiró de el por entre las rocas. El cuerpo de Steven se apretujó por el estrecho espacio entre las rocas del bloqueo, atravesando con dificultad el pequeño espacio que formaban, y en cuestión de un segundo se encontró al otro lado, cubierto de pies a cabeza de tierra.
-¡STEVEN!-exclamó Kiki, que era quien lo había agarrado antes, dándole un abrazo sonriendo de puro alivio-. ¿Estás bien? ¡Estaba muy preocupada! ¿Qué está pasando, que…?
-¡Ahora no es el momento!-exclamó Nanefua a su lado, ayudando a levantarse a Ronaldo, quien se encontraba saliendo de entre las rocas con la ayuda de la diminuta anciana, tan sucio y desgastado como lo estaba Steven-. ¡Venga, todos fuera!
Reunidos los cuatro, echaron a correr por los pasillos de la mansión. Las paredes se agrietaban con crecientes muescas que ascendían y se ramificaban hasta el techo, donde provocaban desprendimientos que amenazaban con sepultar al pequeño grupo de exploradores. El suelo cedía bajo sus pies en un aparente intento de tragárselos y lanzarlos nuevamente a las profundidades de donde habían escapado Ronaldo y Steven. Sin embargo, Steven y los otros consiguieron sortear todos esos obstáculos, y llegar nuevamente a la entrada de la mansión.
-¡Vamos, ya casi está!-exclamó Ronaldo, viendo que las gruesas puertas de la mansión se habían caído a causa de aquel derrumbamiento. Sin perder un instante, los cuatro salieron nuevamente al exterior.
La lluvia, si bien menos pesada que antes, sorprendió a Steven y los demás con lo fría que estaba, refrescándoles la piel y lavando sus sudorosos cuerpos mientras corrían por el jardín de la casa en dirección al coche. Tras llegar a la verja de la mansión, se permitieron darse la vuelta y contemplar el destino final de la casa.
El jardín se abrió en varias secciones del mismo y se hundió, creando profundos pozos y tragándose los arbustos y matojos que antes lo poblaban. Nubes de polvo escapaban de los resquicios que se formaron en la tierra, a medida que esta se movía de un lado a otro intentando suplir la ausencia de la Gema que había poseído la casa. Poco a poco, la fachada de la mansión fue resquebrajándose y provocando que varias de sus estructuras, como ventanas, barandillas y decoraciones cayeran al suelo hechas pedazos. Con un estruendo final, la mitad de la mansión pareció inclinarse y separarse de la otra a medida que su propio peso separaba y partía la madera y la piedra. Los escombros cayeron pesadamente al suelo, y solo la acción de la lluvia impidió que se generara una nube de polvo gigantesca.
Poco a poco, el clamor empezó a disminuir a medida que los temblores desaparecían. Steven y los demás contemplaron el nuevo aspecto de la mansión a medida que los últimos cascotes y vigas destrozadas se aposentaban en el suelo. Era como ver una fruta podrida, abierta desde el interior y destrozada por fuera. La mitad izquierda de la mansión parecía haberse desprendido del cuerpo principal y se había hundido en el suelo. El resto, si bien se mantenía en pie, parecía frágil y quebradizo, y seguramente pronto también se caería al suelo.
-Bueno…-dijo Ronaldo después de unos instantes de silencio-…eso ha sido…
-Si…-coincidieron Kiki y Steven. Solo Nanefua parecía no mostrarse consternada. En su lugar, parecía mirar algo apenada a la casa.
-¿Qué ha pasado? ¿Por qué la casa se ha hundido?- Nanefua no lo dijo, pero le preocupaba que aquel acontecimiento tuviera que ver con Nuada, ya fuera porque se hubiera enfadado aún más, o porque algo malo le hubiera pasado.
Steven trató de pensar en una excusa para lo sucedido. No podía mentir y decir que no sabía nada, ya que a lo peor les daba por seguir investigando. Así pues, optó por contar una media verdad.
-Ronaldo y yo investigamos la parte de debajo de la mansión, y encontramos al fantasma que había poseído la mansión-explicó Steven-. Conseguimos vencer, y pusimos al…fantasma a descansar.
Nanefua parecía algo más aliviada al saber que nada malo le había pasado a su nueva amiga. No la había vuelto a ver desde que esta la llevara velozmente al vestíbulo desde el altillo, y le preocupaba que ahora que su casa se había partido en dos, fuera a tener problemas. Sin embargo, si lo que Steven decía era cierto, entonces no había nada de lo que preocuparse. Estuviera donde estuviera, seguro que Nuada sería más feliz allí que en esa polvorienta y deprimente casa.
-Me alegra oir eso-dijo Nanefua-. Bueno, ¿por qué no nos vamos ya? Todos tenemos pinta de necesitar un buen baño.- El comentario de la anciana llevó al resto de jóvenes a examinar sus cuerpos. Entre el rescate de Steven y Ronaldo y su apresurada carrera por la mansión en pleno derrumbe, los cuatro habían acabado cubiertos por una buena capa de polvo y tierra que, gracias a la lluvia que seguía cayéndoles encima, se había convertido en pegajoso barro. La tensión del momento les había llevado a pasar por alto su aspecto, pero ahora que el peligro había pasado, la verdad era que un buen baño caliente no les vendría mal a ninguno de ellos.
-Si, vámonos-coincidió Kiki-. De todas formas, conseguimos lo que vinimos a hacer, ¿no?-dijo, mirando a Ronaldo-. Conseguiste ver a tu fantasma.
-¡Si, y lo que es mejor!-dijo él, sonriendo-. Lo he podido grabar todo en…-Entonces se acordó. Había vivido toda aquella extraordinaria y peligrosa aventura…sin su fiel cámara. Consternado, cayó de rodillas al fango, mirando al cielo con semblante dolorido-. ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡ME HE OLVIDADO DE GRABARLO TODOOOOOO!
Entre lágrimas, Ronaldo tuvo que ser acompañado al coche por Kiki y Nanefua, las cuales trataron de consolarlo diciendo que, de ser necesario, ellas darían su testimonio de lo sucedido. Si bien no compensaba el hecho de no tener pruebas, al menos sus lloros y gritos de desesperación se convirtieron en soportables lloriqueos y suspiros que seguramente los acompañarían en el resto del viaje de vuelta a casa.
Steven, antes de seguir a sus compañeros, dedicó un último vistazo a la destrozada casa. Había sido una aventura increíble, emocionante y peligrosa, y lo mejor de todo era que podía estar contento de haberse equivocado en sus sospechas sobre aquel lugar. El fantasma de Jenny, el espectro de la casa…todo era obra de una Gema Corrupta desde el principio, y si bien seguía siendo un tema preocupante, al menos habían tenido la suerte de no toparse con Obsidiana. Puede que aún no tuvieran idea de dónde podía encontrarse, pero por lo pronto estaban a salvo. Así pues, Steven se dio la vuelta, y emprendió el camino de regreso al coche.
Poco podía sospechar él, sentado completamente agotado en el asiento del coche, dormitando mientras Kiki conducía de regreso a Beach City, que un siniestro par de ojos aún los miraban desde la ventana más alta de la casa. La figura que los observaba miraba a través del destrozado cristal de la ventana de la buhardilla, que había sobrevivido al encontrarse en el lado de la casa que no se había derrumbado. Las montañas de trastos se habían caído al suelo y se habían desordenado completamente, y las paredes estaban llenas de grietas por las que entraba el agua de la lluvia.
Pero nada de esto impidió a la alta y oscura Obsidiana contemplar como aquel pequeño grupo de humanos se alejaban de allí. Su mente recordaba ver como la figura del pequeño niño medio humano parecía haberla mirado antes de irse de allí, pero al parecer este no la vio, ya que siguió caminando como si nada. Había sido una suerte el haberse refugiado en aquel lugar cuando aquel extraño y húmedo fenómeno sucedió, ya que esto provocó que consiguiera encontrar a uno de sus objetivos.
Obsidiana sostenía en su mano el papel que le había dado la otra humana. Lo miró pensativa.
-Beach City…-repitió Obsidiana, recordando el nombre del lugar que le había dicho la mujer al entregarle el "cupón". Si iba allí, tal vez averiguara más sobre el paradero de las otras Gemas de Cristal. Además, había otra pregunta en su cabeza que necesitaba responder-… ¿qué es una "pizza"?
Y hasta aquí este capítulo.
El primer capítulo del fanfic que no está basado en ningún episodio. Casi se me salta una lagrimita de la emoción (snif…). He intentado hacerlo un poco al estilo de la serie, pero no me acaba de convencer. ¿Qué os ha parecido a vosotros?
Nos vemos en el siguiente.
Ciao, ciao.
