Como podréis notar, esto empieza durante el capítulo de "When It Rains", y luego dará un salto a un punto situado entre este capítulo y "It Could Have Been Great".
Capitulo 4: Traidoras
-¡Se acabó! ¡Es el fin del mundo!-dijo Peridoto, gimoteando mientras se agarraba a la manga de Steven como si le fuera la vida en ello. Steven se quedó algo sorprendido al ver así a Peridoto, tan asustada e insegura que costaba pensar que hasta hiciera un momento se hubiera estado mostrando tan arrogante y desafiante como cuando les dedicaba insultos escondida en su lavabo.
-Oh, eso ha sido solo un trueno-trató de explicarle Steven, por si el saberlo conseguía que la Gema se sintiera mejor. A juzgar por la mirada que le dedicó, estaba claro que no tenía ni idea de lo que era un trueno-. Todo está bien, solo ha sido un trueno. Ocurre cuando llueve.
-Ah…¿Ah…?-Peridoto miró indecisa a Steven, y luego a la ventana. ¿Es que acaso en ese planeta era normal que cayera agua del cielo y que sonara como si hubiera llegado el fin del mundo?
-¿No sabes qué es la lluvia?
-No sé nada sin mi pantalla.
Y así, Steven intentó explicarle a Peridoto qué era la lluvia, y como se formaba. En parte era gracioso que, después de haber necesitado que se lo explicara su padre, ahora fuera él el que intentara explicárselo a otra persona en la misma situación que él se encontró. Sin embargo, parecía que a Peridoto le estaba costando un poco acabar de confiar en las palabras de Steven, ya que no le parecía que algo así pudiera ser tan seguro como él afirmaba. Por tanto, Steven decidió probar otro enfoque para aquel problema.
-Mira-dijo, apagando el fogón de su cocina-, ¿por qué no mejor te lo enseño?
Steven, bajo la atenta mirada de Peridoto, salió al exterior. La fría agua de la lluvia le golpeó en el rostro, y empezó a empapar su ropa, pero eso solo sirvió para animar al joven niño humano. Los días de lluvia siempre le habían gustado por lo divertido que era correr bajo la lluvia y chapotear por todas partes sin control ni mesura. En cambio, Peridoto lo veía como algo peligroso e irracional. ¿Cómo podía estar tan tranquilo y alegre en medio de un fenómeno tan extraño como aquel? ¿Acaso no tenía miedo de verse envuelto en algo así, tan raro y que claramente no podía controlar? Había abandonado su refugio sin tomar precaución alguna, corriendo despreocupadamente por la playa mientras se iba empapando y reía mientras sus pies hacían saltar el agua del suelo.
-¡Mira, estoy bien! Es solo agua-le dijo Steven a Peridoto, al ver que seguía mirándolo algo aprehensiva desde el portal de su casa-. Es sólo algo que pasa en la Tierra. ¿No es genial?
Peridoto contempló insegura como Steven daba vueltas por la arena, llenándose cada vez más de aquella extraña agua y del barro que parecía formar al caer al agua. Aparentemente, Steven parecía encontrar divertido aquel fenómeno, aunque por su culpa acabara lleno de barro y suciedad. Algo en su risa y en lo bien que parecía encontrarse acabó por llamar la atención de Peridoto. No tenía datos ni referencias de algo semejante, solo la palabra de un humano a quien apenas conocía, pero por una vez en su vida, Peridoto no se mostró nerviosa ni asustada ante lo desconocido. Su desconfianza era inevitable, pero aún así decidió que intentaría hacer como Steven le había dicho.
Tentativamente, alzó su mano, y sacó uno de sus dedos de debajo del refugio en el que se encontraba. Pronto, una fría gota de agua chocó contra ella, sorprendiéndola y provocando que retirara la mano por miedo a sentir algún dolor. Curiosamente, aquella pequeña gota no la había dañado de manera alguna. Estaba fría, húmeda, y se sentía extraña al entrar en contacto con su piel, pero aparte de todo esto parecía que no la había afectado negativamente. Así pues, volvió a sacar su mano, y permitió que la lluvia la tocara directamente. Las gotas pronto empezaron a correr libremente por su mano, chocando contra ella y deslizándose por su piel hasta llegar a la parte de abajo, donde se acumulaban y caían al suelo. Era…curioso sentir como el agua recorría su cuerpo de esa manera, provocando que sintiera sensaciones que no recordaba haber sentido antes. Ese sentimiento de inseguridad al no saber del todo que sucedía, la emoción de haberse atrevido a darle un intento, y la increíble sensación de la lluvia tocándola…
Un paso, dos, y Peridoto se encontró fuera de la casa, donde la lluvia empezó a tocarla por todas partes. Era…increíble.
-¡Si, lo hiciste!-exclamó Steven al ver que Peridoto se había atrevido a salir de la casa. Su expresión parecía una mezcla de sorpresa y emoción, como si ni ella misma se acabara de creer que lo hubiera hecho-. ¿Qué opinas? ¿No es genial?-le preguntó, volviendo a correr por entre los charcos y riendo inocentemente.
Peridoto estaba sin palabras. Todo aquello era nuevo para ella, y sin embargo no por ello era desagradable. Más bien era…era…
-…genial.
Lejos de allí, otra Gema también se encontraba en esos instantes bajo la lluvia.
Tras mucho andar, y perderse un par de veces, finalmente había encontrado el camino de regreso a aquel lugar, el cual dedujo que debía ser esa tal "Beach City". Silenciosa, Obsidiana contempló desde la cresta de la colina la ciudad que se extendía a sus pies. Casi creía poder ver la playa en la que se enfrentó a las Gemas de Cristal cuando su nave aterrizó por primera vez en aquel lugar, su segunda visita a ese infecto montón de barro y seres orgánicos.
La lluvia le caía en la cabeza, empapando su larga melena, que le molestaba y tapaba bastante la cara. Había muchas cosas que odiaba de ese horrible, horrible planeta: sus molestos habitantes, esas cosas con luces que siempre parecían a punto de pasarle por encima, las cosas orgánicas esas que salían del suelo (árboles, creía que los llamaban) y que no le dejaban ver lo que tenía delante, las Gemas de Cristal que allí vivían, los extraños fenómenos de agua cayendo que parecían suceder ocasionalmente y sin previo aviso…Era como si todo en aquel planeta existiera solo para irritarla. Al principio había sido interesante, incluso agradable, pero se estaban metiendo en su camino, y eso a ella no le gustaba nada. De buena gana lo barrería todo a cañonazos, pero por el momento la misión (y más concretamente la venganza) tenían prioridad. Además, cuando se enfadaba, las cosas tendían a llenarse de agujeros y a llamar demasiado la atención. Si quería encontrar a Jaspe y a esa pequeñaja verdosa, entonces tenía que pasar desapercibida. Una pelea de cuatro contra una no sonaba demasiado bien para Obsidiana, quien prefería retomar la lucha cuando la balanza estuviera algo más equilibrada.
Así pues, volvió a apartarse la cortina de pelo de los ojos y siguió avanzando, tratando de soportar lo mejor posible aquel extraño y húmedo fenómeno. Tenía un sitio en mente por el que bien merecía la pena empezar.
Varios días después:
Habían sido unos días bastante intensos. No solo Peridoto les había hablado finalmente del Clúster, sino que encima se habían trasladado al granero de la familia de Greg para así construir el taladro que los llevaría al lugar de descanso de la peligrosa bio-arma. Al principio la relación entre las Gemas y Peridoto había sido algo… tensa. El tiempo que Peridoto pasó atrincherada dentro del baño de Steven fue un tiempo algo complicado en el que la verdosa visitante no escatimó en insultos para referirse a sus captoras, las cuales no se hicieron una mejor impresión de ella precisamente. Así pues, cuando Perla y Peridoto chocaron por ver quién debía de ser la que condujera el proyecto del taladro, a Steven se le ocurrió que una competición amistosa podía hacer que se vieran más como rivales que como enemigas, y de ahí a amigas.
Claro está, no contaba con que se fueran a pelear a lomos de robots gigantes, pero por lo menos las cosas salieron bien al final, y eso es lo que importa.
Por tanto, tras resolver un poco sus diferencias (y descargar algo de tensión tras reconciliarse Peridoto con Amatista por un par de comentarios mal situados), las Gemas y Peridoto habían empezado a trabajar juntas en la construcción del taladro. Recoger piezas, llevárselas a Peridoto y Perla, seguir sus instrucciones y asistirlas en la construcción del taladro… Poco a poco, esa fue siendo su rutina del día a día, y pronto la presencia de Peridoto pasó a ser algo tan cotidiano como la tarea que estaban llevando a cabo. Tras unos días de trabajar sin descanso, Granate y las otras Gemas creyeron oportuno que Steven se tomara un pequeño descanso. A diferencia de ellas, él si necesitaba descansar de vez en cuando, además de comer y ver a su padre y los amigos.
Así pues, Steven se encontraba momentos más tarde caminando por Beach City, acompañado de Peridoto y Amatista. Aunque reacias, las Gemas habían accedido a la petición de Steven, que deseaba enseñarle un poco más la ciudad a su recién adquirida colaboradora. Por precaución (y porque se moría por un pedazo bien grasiento de pizza), Amatista había ido como apoyo de Steven, tanto para vigilar a Peridoto como por ser de las pocas que tenían una relación más o menos buena con ella.
-A ver si lo he entendido bien…-dijo Peridoto a Steven-. ¿Quieres decir…que tú no saliste de un agujero?
-No, ya te lo he dicho. Mi madre lo arregló para que pudiera nacer como los humanos, ya que no soy del todo Gema.
-Hmm… ¿y cómo nacen los humanos?-quiso saber Peridoto.
-Bueno, pues…-empezó a decir Steven, algo incomodo por alguna razón-…cuando un hombre y una mujer se quieren mucho, ellos a veces tienen bebés…
-¿"Bebés"?-preguntó confundida Peridoto. Justo cuando se lo iba a explicar, Steven vio que por la otra acera paseaba una mujer con su bebé metido en el carrito, y se lo señaló.
-Eso, ¿ves? Eso es un bebé-dijo Steven, a lo que Peridoto puso su habitual expresión de curiosidad y suspicacia mientras lo examinaba de lejos.
-…parece un humano defectuoso-comentó ella, lo bastante alejada como para que la madre del niño no la oyera-. Tan pequeño y…tan rosado…
-No es defectuoso, P-le comentó Amatista, despreocupadamente-. Es solo que aun tiene que crecer. Los humanos son muy de hacer eso.
-Crecer…-dijo, murmurando para así-… ¿algo así como madurar? ¿Alcanzar su estado óptimo de desarrollo a través de procesos de adquisición de componentes y transformación?
-Ehm…¿sssi?-dijo Steven, inseguro respecto a qué se refería Peridoto.
-Pues sigo sin entenderlo. ¿Por qué los humanos querrían madurar fuera de un ambiente protegido y controlado como la tierra? No tiene sentido, ni tampoco lógica. Si permanecieran en estado letárgico hasta alcanzar su pico de formación, serían más productivos y malgastarían menos energía y tiempo en su desarrollo.
-Ya bueno…Así somos los humanos, supongo-dijo Steven, sonriendo algo incomodo mientras rezaba mentalmente porque pudieran cambiar pronto de tema de conversación. Quería evitar a toda costa que Peridoto le preguntara más sobre la reproducción humana.
-¿Y cómo se hacen estos…"bebés"?
-¡Ey, mirad! Ya hemos llegado-dijo entonces Amatista, saliendo rápidamente al rescate de Steven. Llamando la atención de sus dos compañeros, los tres vieron que, efectivamente, habían llegado a su destino: el Pesca-Pizza, la pizzería de la familia Pizza junto a la playa.
-¿Qué es esta construcción?-preguntó Peridoto desconfiada, mirando reluctante el gigantesco letrero en forma de pizza del tejado. No asociaba esa imagen a nada que hubiera visto antes.
-Es una pizzería. Aquí hacen pizzas-explicó Steven a Peridoto, pero por la cara que puso estaba claro que seguía sin entender-. Es comida. Aquí hacen un tipo de comida llamada pizza.
-¿Comida? ¿Te refieres a esa especie de combustible orgánico tan horrendo que los humanos parecéis necesitar ingerir a diario?-dijo Peridoto, horrorizada ante la idea de tener que introducir en su propio cuerpo algo muerto e inerte para descomponerlo en sustancias que se asimilarían en sus células por todo su cuerpo. Y eso que ella ni siquiera tenía células…
-Eh, no esta tan mal. La pizza que hacen aquí es para morirse, ya verás-la animó Amatista, agarrándola de un brazo y tirando de ella al interior del establecimiento.
-¿"Para morirse"? ¿QUIERES DECIR QUE ME VA A MATAR?-preguntó Peridoto, escandalizada mientras se agarraba al marco de la puerta. Sin embargo, ante la reacción de Peridoto, Amatista y Steven solo pudieron reír y aclararle que era una expresión, que significaba que estaba muy buena y que seguramente le gustaría. Aunque reticente, Peridoto acabó por entrar en la pizzería.
El local, para variar, estaba bastante vacio. Lo normal era que, a esa hora, la mayoría de mesas estuvieran ocupadas por vecinos y turistas que hubieran ido a disfrutar de una buena porción de pizza, pero era como si aquel día en concreto el negocio estuviera de capa caída. Solo dos o tres clientes se encontraban ya con sus pizzas en las mesas, y en una de las más alejadas Steven vio como Nanefua parecía charlar con uno de los clientes animadamente, situado de espaldas a ellos. Así pues, Steven y las Gemas fueron directamente a la barra a pedir.
-Hola, Steven-le saludó Jenny, quien se encontraba tras la caja registradora-, Amatista-dijo, chocando el puño con la sonriente Gema, para luego centrar su atención en Peridoto, la cual se había medio escondido tras Steven-. Vaya, y a esta no la conozco. ¿Una nueva amiga, Steven?
-¿Amiga? ¿Quién querría ser amiga de estos tontos? Nuestra relación es estrictamente circunstancial y temporal, cuya duración solo se extenderá hasta que…-se apresuró a informarla Peridoto con su mejor tono formal, para ser rápidamente cortada por Steven.
-Sí, algo así, jeje. Esta es Peridoto-dijo, agarrando a Peridoto por los hombros y situándola ante él para que Jenny la viera. Al verse tan expuesta, Peridoto se quedó algo cortada por la situación, con sus mejillas algo sonrojadas (en su caso, más bien azuladas). Jenny, sonriendo, la saludó desde la barra.
-Pues un placer, Peridoto. Yo soy Jenny-la saludó-. Ey… ¿no eras tú la enana que andaban buscando Steven y los otros no hace mucho, la de la nave espacial en miniatura?
-Ah…bueno…
-En fin, parece que ya te encontraron. ¿Qué bien, no, Steven?-le dijo a su joven amigo, el cual respondió con una sonrisa y un asentimiento de cabeza.
-Sí…Oye, ¿y Kiki? Me extraña no verla en la cocina o la barra-comentó Steven, al percatarse de que solo Kofi parecía encontrarse en la cocina-. ¿Está de reparto?
-Nah, es su día libre. La abuela hizo que papa le diera un trabajo temporal a una amiga suya, y ahora tenemos Kiki y yo de un día libre extra a la semana-comentó Jenny-. Está bien porque así tengo más tiempo para mí, pero la verdad es que estos días con la nueva han sido un poco…raros.
-¿Raros?-preguntó Steven.
-Sí. Es como si no supiera nada de nada, y hemos tenido que estar bastante encima de ella hasta que por fin parece entender como van las cosas por aquí. Y ahora que lo pienso…-dijo, pensativa.
-¿Qué pasa?-preguntó Steven.
-Nada, es solo que… ¿Te suena de algo una mujer alta con el pelo negro tapándole un ojo?-dijo Jenny, tapándose con la mano el lado derecho de la cara-. Se llama Obsidiana, o al menos así dice que se llama.
Steven y Amatista se quedaron mudos de asombro, con los ojos tan abiertos que parecía que se les iban a salir de las orbitas. Peridoto, directamente, parecía que se iba a caer de espaldas en cualquier momento. ¿Qué si la conocían?
-¿Cómo…donde has…?-empezó a decir Steven. Jenny, al ver su reacción, sonrió.
-¡Ajá, sabía que la conocías! Ella también tiene esa pinta tan rara que tienen tus amigas, con esa especie de gema pegada a la espalda…-empezó a decir Jenny, solo para ser cortada cuando Steven y Amatista se abalanzaron sobre la barra.
-¿Sabes donde esta?-le preguntó urgentemente Amatista. Jenny, algo sorprendida por ese cambio de actitud, se limitó a asentir.
-Sí, está ahí mismo, en la mesa-dijo, señalando a un punto detrás de Steven y el resto-. Ya verás… ¡Eh, Obsidiana! Tienes visita.
Steven se quedó de piedra, al igual que sus compañeras. Poco a poco, casi a la vez, se dieron la vuelta para mirar a donde Jenny había señalado. Allí, en una de las mesas más alejadas, sentada justo enfrente de Nanefua, se encontraba Obsidiana, mirándolos con la misma expresión de sorpresa.
La alta Gema se encontraba sentada algo apretujada en su silla, con las piernas estiradas bajo la mesa aprovechando el espacio que las cortas piernas de Nanefua le habían dejado. En su mano se encontraba una porción de pizza, con su punta metida en la boca de la Gema, mientras el puente de queso que los unía se iba haciendo cada vez más holgado a medida que pasaban los segundos en silencio. Steven pudo ver, a través de la larga melena de la Gema, su cara descubierta al fin, ya que la única vez que habían coincidido llevaba una máscara. Su cara tenía el mismo color que sus manos, un gris tan pálido que destacaba perfectamente con la oscuridad de su ropa y pelo. Una nariz ligeramente puntiaguda ocupaba el centro de su cara, y justo encima y a su lado se podía ver el ojo izquierdo de Obsidiana, el único que quedaba a la vista. Lo que llamó la atención a Steven era que era de un color muy diferente al del resto de Gemas: su iris, completamente blanco, estaba rodeado por un ojo hecho de la más absoluta oscuridad.
Pasó un segundo, dos, tres…
-Nuada, ¿no vas a decirles nada?-dijo entonces Nanefua, que no entendía a que se debía aquel tenso silencio-. Es Steven. Os conocisteis aquel día, en la mansión. ¿Es que ya no te…?
Sin perder un instante, Obsidiana se metió el resto de la pizza en la boca, y se puso de pie. Tras llevarse las manos a la espalda, materializó sus dos trabucos, que rápidamente posicionó apuntando a Steven y a las otras Gemas. Estos, del mismo modo, materializaron sus armas, con Steven al frente con el escudo listo, Amatista con su látigo preparado, y Peridoto escondiéndose detrás de ambos.
-¡Obsidiana!-exclamaron Steven y Amatista, preparándose para el ataque de la oscura Gema. Tras masticar la pizza de su boca, Obsidiana acabó de tragar.
-Vosotros…-dijo ella, con voz más clara ahora que no llevaba la máscara-…el humano con la gema de Rosa Cuarzo, y la rebelde Amatista. Y…-dijo, mirando por encima de los hombros de Steven y Amatista a Peridoto-…tú…
-¡S-SOY SU PRISIONERA!-se apresuró a decir Peridoto, parapetándose tras Amatista como si temiera que Obsidiana también fuera a dispararle a ella-. ¡Las Gemas de Cristal…me han hecho prisionera!
-¿Pero qué-…?-empezó a decir Steven, cuando una discreta patada por parte de Peridoto le hizo cambiar de idea-…Esto… ¡Sí, es nuestra prisionera!
-Hmm…-se limitó a decir Obsidiana, mirando suspicaz con su ojo al grupo de Gemas ante ella. No parecía que la noticia de la captura de Peridoto la alarmara más que ver que el día se había nublado ligeramente-… ¿y Jaspe? ¿Qué ha sido de la nave?
-¡Estrellamos vuestra nave!-dijo rápidamente Steven.
-¡Si, y tampoco te vamos a decir donde esta Jaspe, larguirucha!-añadió Amatista. Frunciendo el ceño ligeramente, Obsidiana pareció mirar fríamente a Steven y Amatista, como si estuviera pensando en qué lugar dispararles para que resultara más doloroso.
-Muy bien. Os arrancaré la información antes de haceros pedazos a los dos, y luego me llevaré a esa Peridoto.- Obsidiana movió sus dedos hacia los gatillos, apretándolos cada vez más hasta que…
-¡Pedido listo! ¡Doble de queso con jamón, aceitunas y prácticamente de todo!-anunció Kofi desde la cocina, pasándole una pizza recién hecha a Jenny.
-¡Obsidiana, es la tuya! Deja de jugar con Steven y ven a recogerla-le dijo Jenny, como si no le diera mucha importancia al tenso enfrentamiento que apunto había estado de empezar delante de ella.
La llamada de Jenny distrajo a Steven, que le dedicó una rápida mirada por puro instinto. En seguida se recuperó, y volvió a mirar a Obsidiana, quien para entonces parecía haber experimentado dos cambios en el breve instante que apartó la mirada: ya no parecía apuntarles tan fijamente, y su ojo (el cual parecía que tuviera una pequeña estrellita blanca en el centro) parecía estar centrado ahora en la pizza que Jenny sostenía, más que en Steven y las otras. En seguida Obsidiana pareció recuperarse, y volvió a apuntar a Steven y Amatista, pero poco a poco se le fue la mirada de vuelta a la pizza, y vuelta a empezar. Su atención, notaron Steven y Amatista, parecía alternarse entre ellos y la pizza, como si le costara trabajo decidir en qué se quería centrar primero.
-Muy bien… ¡Ahora voy!-dijo a Jenny, mirando de pronto fijamente a Steven y las demás. Sin dejar de apuntarles, Obsidiana dio un paso hacia la barra, y Steven y Amatista, seguidos por Peridoto, dieron otro hacia la salida. Sin dejar de mirarse ni por un instante, Obsidiana y el grupo de Steven empezaron a cambiar de posición, paso a paso, y siempre pendientes de los gestos de los demás.
Tras dos minutos de tenso desplazamiento, Obsidiana finalmente llegó a la barra, donde Jenny ya la esperaba con su pizza. Junto a la puerta se encontraban las Gemas de Cristal, algo sorprendidas porque Obsidiana no les hubiera atacado todavía, y sin entender porque parecía obsesionarle tanto la pizza.
-Bien…Ahora, ni se os ocurra moveros-les dijo Obsidiana con tono calmado, como si intentara negociar con ellos alguna cosa-. Quietos…quietos…Quieeeee... ¡TOS!
En un instante, Obsidiana se dio la vuelta hacia la barra. Dejó sus trabucos en ella, le cogió la pizza a Jenny, agarró una porción, se comió la mitad de un mordisco, dejó la porción, cogió sus trabucos, tragó y volvió a apuntar hacia la puerta. Esta, en esos momentos, se encontraba todavía cerrándose tras haber sido abierta a todo correr. De Steven y las otras Gemas, no había ni rastro.
-¡Maldición!-exclamó Obsidiana, frustrada porque sus enemigos se le hubieran escapado por tan poco. De la frustración, tiró sus trabucos al suelo, donde se desvanecieron en sendas nubes negras que pronto se dispersaron en el aire.
-¿Estás bien, Obsi?-le preguntó Jenny, algo preocupada por su extraño comportamiento. Si bien era algo rarita, era la primera vez desde que la conoció que la veía tan enfadada…bueno, o por lo menos enfadada de aquella manera.
-Si, más o menos…Oye, ¿cuánto tiempo me queda de la pausa para comer?-le preguntó Obsidiana, sin dejar de mirar el punto en el que habían desaparecido Steven y las Gemas. Jenny consultó su reloj.
-Unos 15 o 20 minutos-dijo. Luego, señaló la pizza medio empezada de Obsidiana-. ¿Te la vas a comer aquí?
-No, pónmela en una caja-dijo Obsidiana, recrudeciendo su mirada-. Me da que hoy voy a tener que comer fuera-comentó, su tono revelando los oscuros pensamientos que en ese momento poblaban la mente de la Gema, todos ellos enfocados en la tarea de encontrar y arrancarles la verdad a esas pequeñas Gemas a cañonazos, para luego aplastarlas con sus propias manos y así dar por concluida su misión. La cacería sería despiadada, y no daría cuartel a nada ni nadie que se interpusiera en su camina, ya fuera amigo o enemigo. Fría, peligrosa, y totalmente implacable. No pararía hasta dar con aquellos fugitivos…y destruirlos por completo.
-Oh, una idea estupenda. ¡Pásalo bien!-dijo Nanefua, completamente ajena a la oscura aura que parecía emanar de su amiga-. E intenta no quemarte con el Sol.
No muy lejos de allí, Steven y las Gemas corrían cuanto podían en dirección al templo.
-¿Cómo ha conseguido acercarse tanto sin que la viéramos?-preguntó Steven, siguiendo el acelerado ritmo de Amatista. A sus espaldas, Peridoto hacía cuanto podía por no quedarse atrás.
-¡No lo sé! ¡Lo único que tengo claro es que hay que ir a por Granate y Perla!-dijo Amatista, recorriendo con sus compañeros el arenoso espacio de la playa hasta el templo.
Mirando hacia atrás, Steven alcanzó a ver una espiral de humo negro que ascendió rápidamente desde donde debía de encontrarse la pizzería de donde habían salido. El humo se aglutinó en el aire, y Steven creyó apreciar entre las sombras la figura de alguien que parecía mirar por todas partes con una caja de pizza en la mano. Un único punto blanco apareció a la altura de la cara de aquella sombra, como si…
-¡Nos ha visto!-dijo de repente Steven, acelerando el paso-. ¡CORRED!
Subieron los tres los escalones de la casa de dos en dos, corriendo todo lo rápido que podían en dirección al portal. En circunstancias normales, no permitirían que Obsidiana se acercara tanto a su base, pero considerando que en esos momentos no eran capaces de vencerla, y que de todas maneras Obsidiana ya sabía que aquel lugar era su base, esconderlo o esconderse ellos allí no les hubiera servido de mucho, de manera que optaron por refugiarse en el granero, un lugar aún desconocido para Obsidiana donde con suerte encontrarían a una de sus compañeras.
A sus espaldas, la sombra de Obsidiana se les iba acercando por el aire como un cometa sombrío y tenebroso, abalanzándose sobre ellos como un oscuro halcón sobre su presa. Sin necesidad de darse la vuelta para confirmar que Obsidiana estaba ahí, los tres se metieron rápidamente en la casa, y corrieron hacía el portal sin preocuparse de cerrar la puerta. Justo cuando el último de ellos, Peridoto, se subía a la pétrea plataforma, apareció a través de la pared Obsidiana, de nuevo en su modo incorpóreo. Al verla, Steven se quedó ligeramente paralizado por su aspecto, ya que a pesar de haberla visto ya con aquella transformación, no había tenido la desgracia de verla sin máscara como en aquellos momentos. Su rostro, antes pálido y gris, estaba completamente negro, tan oscuro como la máscara que lo cubría la vez anterior. Sus ojos, boca y nariz eran la excepción, semejantes a huecos que se hubieran desprendido de las sombras de su rostro como el cristal roto de una vitrina, revelando la blancura de debajo y dándole a su boca la impresión de estar formada por numerosos colmillos afilados y a sus ojos la de dos brillantes focos de bordes difuminados sin nada parecido a un iris en ellos, algo así como una tenebrosa calabaza de Halloween. Con un espeluznante chillido, la fantasmagórica figura de Obsidiana se abalanzó sobre ellos, con su larga y oscura garra estirada.
-¡STEVEN!-exclamó Peridoto, agarrándose a la camisa de este mientras apartaba la mirada para no ver el encontronazo con Obsidiana. Saliendo entonces de su estupor, Steven activó el portal. Una columna de luz los envolvió justo en el momento en que Obsidiana casi les coge, y pronto aparecieron de nuevo en el campo junto al granero, lejos del templo.
-Fiu…Ha ido por un pelo-dijo Peridoto una vez se hubo cercionado de que se encontraban a salvo. Amatista, en cambio, no entendía porque estaba tan tranquila.
-¿Cómo puedes decir eso? ¡Venga, tenemos que destruir el portal antes de que…!-empezó a decir, solo para ser cortada, esta vez, por Peridoto.
-No te molestes, no hace falta. Esa Gema tonta no puede seguirnos por el portal-dijo con tono calmado, y con el alivio plasmado en su rostro.
-¿Qué quieres decir?-le preguntó Steven, quien hasta el momento había estado intentado respirar para recobrar el aliento.
-Quiero decir que ella…-La mirada de Peridoto pareció centrarse un momento en Steven, y de repente abrió los ojos con expresión de espanto en ella-. ¡Steven, TU CAMISETA!
Steven, sorprendido, miró hacia abajo, y vio qué era lo que había alarmado tanto a Peridoto. Se trataba de la garra de Obsidiana, agarrada firmemente a su ropa, y cercenada aproximadamente a 5 centímetros de la muñeca. Era tan ligera que Steven, hasta que no la había visto, no se había dado ni cuenta de que estaba ahí.
-¡Quítatela, deprisa!-le gritó Peridoto, presa del pánico una vez más. Steven trató de agarrar aquella mano, pero por alguna razón no conseguía sujetarla. Era como intentar atrapar la niebla, ya que se le escurría por entre los dedos como el humo cada vez que intentaba cogerla.
-¡No puedo, no puedo!-replicó él, cada vez más nervioso por aquello y por los incesantes gritos de Peridoto.
-¡La camiseta! ¡Quítate la camiseta!-le gritó Amatista, tan alarmada como los otros dos y sin saber bien qué hacer. Rápidamente, Steven se quitó la camiseta y la tiró lejos de él como si estuviera en llamas.
Sorprendidos por lo sucedido, Steven y las Gemas contemplaron con creciente nerviosismo la inerte camiseta, como si les preocupara que en cualquier momento la mano fuera a empezar a moverse.
La mano, efectivamente, empezó a moverse. Como si de una araña se tratara, empezó a corretear haciendo eses por el campo impulsándose con los dedos, acercándose cada vez más con sus erráticos movimientos a Steven y los demás.
-¡Aaah, que viene!-exclamó Peridoto, posicionándose una vez más tras Steven. Amatista invocó su látigo e intentó golpear a aquella cosa, pero seguía siendo como intentar golpear una nube, y sus ataques no consiguieron hacer mella en aquel escalofriante y animado apéndice. Poco a poco, los dedos de Obsidiana llevaron a su mano cada vez más cerca de Steven, hasta que con un prodigioso salto intentó agarrársele otra vez al cuerpo.
Steven, por puro instinto, invocó su escudo, justo a tiempo para evitar que la mano le atrapara. Esta fue a chocar contra el escudo de Steven, arañando su superficie con sus garras mientras intentaba en vano acceder al otro lado.
-¡Líbrate de ella, líbrate de ella, LÍBRATE DE ELLA!-le gritó Peridoto, viendo con creciente terror como la espantosa garra seguía intentando alcanzarles. Finalmente, Steven consiguió golpear a la garra con su escudo, y la mandó a volar por el aire.
-¡Genial!-exclamó Amatista, al ver volar la garra de Obsidiana. Entonces, vio algo que ya no le hizo tanta gracia-…vale, eso ya no es tan genial…
Una segunda garra, idéntica a la que había salido volando, apareció de repente atravesando la tierra, y atrapó la garra antes de que esta pudiera tocar el suelo. Poco a poco, el fantasmagórico cuerpo de Obsidiana empezó a salir de la tierra como una aparición, colocándose la garra cercenada en su sitio como si nada. Una vez hubo atravesado por completo el suelo, volvió a su forma original, aterrizando con ambos pies ante Steven y los otros. El ojo de Obsidiana se centró en ellos con gran intensidad, y empezó a avanzar hacia ellos poco a poco.
-¡Steven, corre!-le gritó Amatista, lanzándose al combate transformada en una furiosa bola rodante que intentó llevarse por delante a Obsidiana. Esta, sin mucha preocupación, saltó a un lado para esquivar el ataque de Amatista y volvió a materializar sus armas, abriendo fuego rápidamente contra ella. Los disparos de Obsidiana trataron de dañar el cuerpo de Amatista, quien en su forma esférica consiguió resistir sin muchos daños el feroz ataque de su enemiga, y a continuación corrigió el rumbo y volvió a posicionarse en dirección a Obsidiana.
Steven contempló el rápido intercambio de ataques muerto de preocupación. No sabía si Amatista conseguiría vencerla ella sola, considerando que la otra vez no pudieron hacerlo ni entre ella y Perla. Decidido, dio un paso al frente con la firme intención de unirse a la pelea, cuando de repente dos pequeñas manos verdosas le agarraron del brazo y tiraron de él hacia el granero.
-¡Peridoto, suéltame! ¡Tenemos que ayudar a Amatista!
-¡No hay tiempo!-le gritó Peridoto, corriendo espantada hacia la construcción de madera mientras tiraba de Steven-. ¿Es que no lo ves? ¡No podemos vencerla nosotros tres solos!
-¡Yo pude vencerla la otra vez!-dijo Steven, librándose del agarre de Peridoto-. ¿Y qué es eso de que eres nuestra prisionera? ¿Por qué le has dicho esa mentira?
-¡Tuve que hacerlo! Tú no la conoces como yo-le dijo Peridoto, con una expresión de miedo tal que a Steven no le cupo la menor duda de que, en esos momentos, solo la presencia de Steven le impedía salir corriendo despavorida de allí-. Esa Gema no es como vosotros, ¡está loca de verdad! No tiene compasión, ni misericordia. Si descubre lo que intento, si juzga como acto de traición nuestro plan…-gimoteó Peridoto, agarrándose la cabeza presa del pánico-… ¡ME HARÁ PEDAZOS SIN DUDARLO UN INSTANTE!
-¿A qué viene este escándalo?-preguntó entonces Perla, saliendo del granero con unas gafas de soldador en la cara-. ¿Habéis vuelto ya de vuestro paseo? Y Steven, ¿por qué vas sin camiseta?
-¡Perla!-exclamó Steven, contento de verla como siempre, y aún más en una situación tan tensa como aquella.
-¡Perla, tienes que ayudarnos!-le gritó Peridoto, haciendo grandes aspavientos con los brazos-. ¡O-Obsidiana…Obsidiana esta aquí! ¡Nos ha encontrado!
-¡¿QUÉ?!-dijo entonces Perla, quitándose las gafas y mirando a donde le señalaban Steven y Peridoto. A varios metros de ellos, en el prado de al lado, Amatista y Obsidiana seguían con su tenso combate, tan alejadas que el eco de sus ataques les llegaba atenuado-. ¿Pero como…? No, eso no importa ahora. Steven, vigila a Peridoto-le dijo ella con tono serio. Después, invocó de su frente su fiel lanza, mirando decidida a su enemiga en la lejanía-. Yo iré a ayudar a Amatista.
-Pero…-quiso decir Steven, pero Perla salió corriendo antes de que él pudiera acabar de decir su frase, dejándolo a solas en el granero con Peridoto.
-Bueno, menos mal, ¿no?-dijo Peridoto con tono de alivio-. Ahora esas dos podrán encargarse de Obsidiana mientras nosotros…-Para cuando se quiso dar cuenta, Steven ya había echado a correr tras Perla, dejándola sola a la puerta del granero-. ¡Eh, Steven! ¡Espera, no me dejes aquí!-se quejó ella, corriendo tras de él por alguna extraña razón que ni ella misma entendía. ¿Por qué estaba corriendo hacía allí, si era donde precisamente se encontraba Obsidiana? Todo era culpa de ese…Steven, que le traía la cabeza loca.
...
-¡TOMA ESTO!-exclamó Amatista, descargando una serie de rápidos latigazos a Obsidiana, que se limitó a esquivarlos saltando y haciendo piruetas en el aire mientras disparaba sus trabucos a Amatista. Esta, al ver los ataques, corrió a apartarse con algo menos de gracia que su contrincante, a pesar de lo cual no pudo evitar que varios de sus disparos la alcanzara y dañaran bastante. Aún así, podía seguir peleando.
-Te mueves bien…para ser una Gema terrícola-comentó Obsidiana, haciendo girar sus trabucos en sus manos y disparando un par de veces más a Amatista. Esta, tras cubrirse tras un árbol, lo rodeó con su látigo y lo arrancó de cuajo, haciéndolo girar sobre su cabeza.
-Lo dices como si fuera ¡algo malo!-comentó ella con una sonrisa, lanzando el árbol al cuerpo de Obsidiana. Esta, al ver venir el árbol, volvió a convertirse en un fantasma vaporeo, momento en el que el árbol la atravesó por el estomago y fue a estrellarse varios metros más atrás. Esto, además, provocó que Obsidiana soltara sus trabucos, de manera que al volverse de nuevo corpórea, tuviera que volver a sacárselos de la gema.
-¿Es que acaso no lo es?-dijo, mirando con cara de asco el prado de su alrededor, como si el verdoso paisaje la molestara-. Todo en este planeta es completamente insufrible. No entiendo porque los Diamantes dedicaron tantos esfuerzos por intentar conservarlo.- Obsidiana miró despectiva a Amatista, quien parecía bastante molesta ante semejantes insultos al que era su hogar-. Sinceramente, yo hubiera dejado que os desgastarais tranquilamente en este montón de rocas y fango, si tantas ganas teníais de quedaros. Aún así, también es cierto que no me hubiera quedado tranquila hasta haberos hecho pedazos a todas y cada una de vosotras con mis propias manos.- La afilada sonrisa de Obsidiana molestó bastante a Amatista, quien materializó un segundo látigo de su gema.
-¿Crees que te hubiera resultado tan sencillo librarte de nosotras?-le preguntó desafiante, mirando fijamente a su enemiga. Obsidiana, con aire altivo, resopló divertida.
-Con las otras Gemas de Cristal que destruí en la Guerra si lo fue. ¿Por qué tu ibas a ser diferente, "terrícola"?- El tono con el que dijo aquello acabó de sacar de quicio a Amatista, que llena de rabia lanzó una andanada de energía de sus látigos a Obsidiana, con la esperanza de borrarle esa insufrible expresión de superioridad de la cara. Sin embargo, el ataque no alcanzó a darla porque nuevamente se convirtió en fantasma, riéndose siniestramente con voz susurrante de Amatista al ver la cara que puso tras comprobar que su ataque no había surtido ningún efecto.
-Pobre y patética Gema de Cristal…-dijo Obsidiana, volviendo a su estado original y recobrando una voz más normal, en vez de la espeluznante voz que parecía poseer en su modo fantasma-. Tan llena de ira, tan deseosa de ganar…y sin embargo, tan débil y estúpida a la vez-dijo Obsidiana cruelmente, apuntando nuevamente a Amatista con sus armas y abriendo fuego despiadadamente contra ella. Cubriéndose la gema con los brazos, Amatista trató de resistir el fuego concentrado de Obsidiana, el cual la obligó a retroceder a medida que Obsidiana avanzaba.
Dañada como estaba, apenas fue consciente como uno de los trabucos de Obsidiana dejaba de disparar lo bastante como para que su dueña apuntara y disparara un único y preciso tiro, el cual la golpeó en la rodilla. Obligada a hincar dicha rodilla en el suelo, Amatista descuidó su defensa y Obsidiana aprovechó para, con el otro trabuco, dispararle en el hombro y abrir su guardia por completo. Sin perder un instante, juntó ambos cañones, y disparó un gigantesco tiro combinado que fue a dar a Amatista en la cara, mandándola de espaldas al suelo.
Amatista, malherida, trató de arrastrarse lejos de allí, pero con pocos pasos tranquilos Obsidiana llegó hasta donde estaba ella. Con el pie, la obligó a situarse boca arriba, y pisándola en el brazo la obligó a permanecer quieta, apuntando con deliberada parsimonia a la gema de su pecho.
-Te lo preguntaré una sola vez, y luego empezaré a desmembrar tu forma física pieza a pieza-le dijo Obsidiana-. ¿Dónde. Está. Jaspe?
-¿Crees en serio…que contestaré a nada de lo que me preguntes?-dijo Amatista, escupiendo cada palabra como si fueran cargadas con su rabia y desprecio hacia Obsidiana. Esta, lejos de ofenderse, se limitó a encogerse de hombros y sonreír.
-Ya sé que no lo ibas a hacer, pero tenía que probar. Ahora…-dijo, apuntando de nuevo a la gema de Amatista-, me pregunto si tus fragmentos también serán enanos como tu cuando te reviente, jajaja…-dijo, riéndose malévolamente mientras miraba a Amatista a la cara. Esta le sostuvo la mirada, desafiante, hasta que sus ojos parecieron enfocarse, momentáneamente, en un punto situado a su espalda. Rápidamente volvieron a centrarse en Obsidiana, pero esta ya se había percatado de lo que pasaba.
-No funcionará una segunda vez…-dijo misteriosamente, y Amatista tuvo claro que no era a ella a quien se lo estaba diciendo.
Saltando a un lado, Obsidiana consiguió evitar justo a tiempo la puñalada de Perla, que silenciosamente se había colocado a su espalda y había intentado acabar con ella de un solo golpe. Sus trabucos abrieron fuego rápidamente sobre Perla mientras trataba de poner algo de distancia entre las dos, pero parecía que su enemiga no se lo iba a poner tan fácil. Protegiéndose de los disparos con su lanza, Perla siguió avanzando rápidamente hacia Obsidiana, hasta que finalmente consiguió descargar un tajo en dirección a su cuerpo. Obsidiana, obligada a dejar de disparar ante la proximidad de Perla, utilizó los largos cañones de sus armas para parar el ataque, bloqueando a Perla y quedando ambas en un tenso enfrentamiento de fuerzas por ver quién obtendría la ventaja.
-Hola, Perla…-dijo tensa Obsidiana, sonriendo ampliamente al ver a su odiada enemiga-. ¿Cuánto tiempo, no? Qué casualidad que te dejes caer por aquí…
-Obsidiana…-masculló Perla, mirando fijamente a la otra Gema con lo que únicamente podía ser llamado una mirada de puro odio-. ¿Es que no has causado ya bastante daño? ¿Qué razón tenias para volver?
-¡Oh, poca cosa!-dijo Obsidiana casualmente, como si apenas tuviera importancia-. Solo un par de asuntos pendientes como, ya sabes…-La mirada de Obsidiana cambio. La antes burlona expresión que había mantenido cuando había amenazado a Amatista y saludado a Perla había cambiado para pasar a mostrar un odio y rabia tan grandes que hacían empalidecer a la anterior mirada de odio de la Gema de Cristal-…, la venganza.
Al oir eso, Perla apretó los dientes y consiguió romper el choque de fuerzas lanzando un grito de guerra, acompañado por un tajo que Obsidiana consiguió esquivar saltando hacia atrás. A continuación, intentó dispara a Perla, pero esta empezó a esquivar sus ataques con sus propios movimientos acrobáticos, moviéndose por el campo como una bailarina mientras esquivaba por los pelos los furiosos ataques de Obsidiana. Acercándose a ella, Obsidiana se vio obligada a esquivar en varias ocasiones más cuando, de vez en cuando, Perla contraatacaba con su lanza e intentaba alcanzarla. Giraba, saltaba y se protegía con sus cañones con gran facilidad. A pesar de parecer preferir el combate a distancia, estaba claro que Obsidiana sabía defenderse cuerpo a cuerpo, ya que a pesar de los feroces y experimentados ataques de Perla, esta no conseguía tocar a su adversario.
Steven, mientras tanto, había corrido hacia Amatista para comprobar su estado, alegrándose al ver que su gema parecía estar intacta, y se posicionó con su escudo para protegerla de cualquier otro ataque. Peridoto, todavía aterrada por la presencia de Obsidiana, parecía aliviada al ver que Amatista ya no corría peligro, sujetándole la mano mientras le preguntaba una y otra vez como estaba.
-¡Llevo esperando este día…!-le oyeron decir Peridoto y Steven a Obsidiana, mientras veían como el tenso combate entre ella y Perla proseguía-¡…cada uno de estos últimos 5000 años!-Obsidiana abrió fuego rápidamente contra Perla, pero esta se limitó a generar varias holo-Perlas que se abalanzaron contra Obsidiana y recibieron la mayor parte del daño. A su vez, Perla respondió disparando varios rayos láseres a su enemiga, pero esta los esquivó dando muestras de gran agilidad, o directamente rechazándolos con sus propios disparos-. ¡El día en que podría hacerte pagar por lo que hiciste! ¡Por lo que ME hiciste!
-Destruiste a muchas de mis amigas… Causaste un gran dolor, y no te importó nada… ¡Tuviste lo que te merecías! ¡Nada más, y nada menos!-le increpó Perla. Algo en esa frase pareció enfadar a Obsidiana, porque de repente paró de atacar y parecía temblar de rabia en el sitio. Al alzar su mirada, Steven tuvo más que claro que Obsidiana intentaría acabar con Perla sin importar que.
-¿"Lo que merecía…"?-dijo, en voz baja-. ¿¡LO QUE MERECIA!? ¿Y qué merecías tu?-le gritó, abriendo fuego nuevamente contra Perla. Esta, rápidamente, empezó a parar y desviar los disparos con su lanza-. ¿Acaso te crees mejor que yo? ¿Acaso tú eras tan diferente de mí durante la guerra? ¡Todos en el Planeta Natal sabían de la aterradora Perla renegada de Rosa Cuarzo, la Perla que blandía su espada por el campo de batalla según la voluntad de la traidora!
-¡Eso no es así!-dijo Perla, desviando el último disparo-. Yo luché porque esa era mi decisión. Servía a Rosa porque esa era mi propia voluntad. ¡Yo era…!
-Sí, sí,… "Tú eras tu propia dueña", muchas veces lo dijiste-dijo Obsidiana con aire cansado, como si estuviera ya harta de oir siempre lo mismo-. ¿Y sabes qué? Cada vez que lo decías, no te imaginas la gracia que me hacía. Era tan…jajajaja-se rió cruelmente Obsidiana, dejando algo confusa a Perla y los demás.
-¿Qué quieres decir?
-¡Venga ya…!-dijo Obsidiana despectivamente, encogiéndose significativamente de hombros con los trabucos colgando perezosamente de sus dedos como si tal cosa-. ¿Realmente te crees que eras libre? Solo porque Rosa Cuarzo no sujetara tu correa no significa que no tuvieras una en el cuello. Tú eras su Perla, su sirviente, y no eras diferente del resto de Perlas en el Planeta Natal, por mucho que intentes convencerte de lo contrario.
-No… ¡NO! ¡Eso que dices no es cierto! Rosa me liberó, nos liberó a todas… ¡Ella nunca…!
-Y eso es, precisamente, lo más divertido de todo-comentó alegremente Obsidiana, moviendo sus trabucos de aquí para allá-. Ella os "liberó", y vosotras inmediatamente os pusisteis a sus órdenes. Simplemente cambiasteis un ama por otra. Tú, yo, y todas las Gemas del universo…estamos destinadas a servir a alguien superior, y no importa lo mucho que pelees…-dijo Obsidiana, acercándose a Perla con una sonrisa en la cara-…, no importa lo mucho que intentes resistirte…-Perla, incapaz de reaccionar, solo se quedó allí, quieta, con la lanza en la mano mientras Obsidiana se le iba acercando cada vez más, su aura desprendiéndose de ella en forma de neblina negra que le daba la apariencia de una fantasmagórica aparición mientras revoloteaba como si sus piernas hubieran desaparecido hasta situarse a su espalda-…, no puedes luchar contra lo que eres-dijo, casi susurrándoselo en el oído. Perla no quería escuchar aquello, pero se encontró incapaz de escapar de las venenosas palabras que salían de la boca de Obsidiana-…y ya sabes lo que eres…Tan solo…una…sierva…-Obsidiana rió entre dientes a ver la cara de conmoción de Perla. Lo que había dicho despertaba en Perla viejas inseguridades que creía haber superado hacía ya mucho tiempo. El miedo de no haber conseguido nada, de haber luchado en una guerra inútilmente para descubrir luego que no era más libre que al principio. Todo aquello…para nada. ¿Y acaso podía ser que, en el fondo, Rosa si hubiera sido su dueña, en vez de su amiga? No, no quería ni pensar en ello. Rosa nunca le ordenó hacer nada que ella no quisiera hacer, pero…
-Vamos, tienes que admitir que tengo razón-volvió a decir Obsidiana, apoyándose despreocupadamente en el hombro de Perla como si tal cosa-. Rosa era tu dueña. Tú, eras su Perla. Y ahora que parece que no está…imagino que serán buenas noticias para ti-empezó a decir, buscando la alta figura de Rosa con la mirada-. Ahora por fin eres libre, supongo…Felicidades…
Perla se tensó. Había cosas que no se podían decir ni en broma.
-¡RAAAAGH!-gritó Perla, moviendo su lanza en un intento desesperado de acabar con Obsidiana. Esta se limitó a convertirse en fantasma y a volar a su alrededor, riendo cruelmente mientras los ataques furiosos de Perla le pasaban por el cuerpo sin dañarla, como complaciéndose en su dolor y furia.
-¡Jajajajaja, si, esa es la Perla que recuerdo! Desesperada, llorosa y rematadamente estúpida e ilusa…-dijo Obsidiana con su fantasmagórica voz, alejándose momentáneamente de ella y aterrizando en el suelo. Mientras Perla la miraba con llorosos ojos de puro dolor y odio, Obsidiana volvió a transformarse, deleitándose con su desdicha-. ¡Aaah, que bien sienta esto…! No te miento cuando digo que llevaba contado cada maldito día que me tuvisteis encerrada en aquella burbuja. Cada milenio, siglo, año, mes, semana y día; todos esperando por este momento. El momento en que podría acabar contigo y con las otras Gemas de Cristal, como Rosa Cuarzo y esa abominación a la que llamáis Granate…
-¿Me llamabas?-dijo una voz a espaldas de Obsidiana. Girándose, fue recibida por un gigantesco puño que impactó en su cara, mandándola a dar vueltas por los aires y provocando que se estrellara en la copa de un árbol cercano. La dueña del puño, Granate, miró satisfecha su trabajo.
-¡Granate!-exclamó Steven al ver a la alta y a veces taciturna Gema. Esta, sonriéndole, fue a ayudar a Perla, quien seguía algo alterada por las palabras de Obsidiana.
-Perla, ¿estás bien?-Perla asintió, aunque parecía aferrarse a su lanza un tanto más fuerte de lo habitual. Pronto, el sonido del caer de hojas llamó la atención de todos, y del árbol descendió Obsidiana, cayendo ágilmente al suelo y dedicando una mirada cargada de intenciones asesinas a Granate-. Perla, quédate con Steven y Peridoto. Yo me encargaré de Obsidiana.
-Pero…
-¡Ahora, Perla!-le dijo Granate, sin aceptar un no por respuesta. Enmudecida, Perla se limitó a asentir, y fue hacia Steven. Obsidiana la siguió con la mirada, sonriendo.
-Eso, Perla, haz lo que te dicen. Tú eres más de seguir órdenes que no de darlas, al fin y al cabo.- Perla pareció salir entonces de su trance, mirando furiosa a Obsidiana. Sin embargo, ni fue a por ella ni dijo nada. En su lugar, acabó por reunirse con Peridoto y Steven, mientras este trataba de curar a Amatista.
-Perla…-dijo preocupado Steven cuando esta se arrodilló a su lado, junto a Amatista. No parecía la alegre Perla de siempre. Sin embargo, esta se limitó a sonreír a Steven para no preocuparlo, aunque algo en su mirada la traicionaba.
-No pasa nada, Steven. Sé que lo que dice Obsidiana no es cierto. Tu madre nos quería a todos y nunca nos habría mentido.- No obstante, no pudo evitar dedicar otra mirada cargada de silenciosa furia a Obsidiana. Steven nunca antes había visto así a Perla, y le asustaba lo que pudiera llegar a hacer en ese estado.
-Genial…Ahora se me va a hacer tarde en el trabajo…-comentó Obsidiana, sacando de nuevo sus armas y apuntando a Granate con ellas. Esta sacó sus dos guanteletes y adoptó una postura de combate frente a Obsidiana.
-Te daré una única oportunidad: lárgate de este planeta, o…-le dijo Granate amenazadoramente, a lo cual Obsidiana se limitó a reírse.
-¿O qué? ¿Me volveréis a meter en una burbuja? ¿Me romperéis en mil pedazos?-preguntó Obsidiana, sonriendo burlona a Granate-. ¿O acaso volveréis a dejarme en manos de Perla, para que pueda volver a torturarme?
Steven se quedó confundido ante aquella última frase de Obsidiana. ¿Qué había querido decir con eso de…"tortura"? A su lado, Perla parecía haberse quedado de piedra, con los ojos abiertos por la impresión y los labios apretados.
-Perla…-alcanzó a decir Amatista, mirando preocupada a su enmudecida compañera-… ¿Qué…?
-¿Qué quieres decir con eso?-dijo Granate a Obsidiana, enfurecida por alguna razón-. Las Gemas de Cristal no actuamos así. ¡Nosotras no torturamos!
-¿Oh, en serio?-preguntó Obsidiana, su tono cruelmente salpicado por el sarcasmo mientras una mirada de ofensa e incredulidad se plasmaba en su rostro-. Y dime pues, fusión, si las Gemas de Cristal no "torturáis", ¿entonces como llamarías a lo que ella me…? Espera… ¿de verdad que no lo sabes?-preguntó entonces Obsidiana, genuinamente sorprendida. Su mirada fue de Granate a Steven y Amatista, sin molestarse siquiera en mirar a Peridoto, y finalmente acabó en Perla, quien por su posición se encontraba en esos momentos dándole la espalda-. Pero entonces, ¿cómo…?-Entonces, Obsidiana pareció darse cuenta de algo. Poco a poco, empezó a sonreír ampliamente, tapándose la boca con uno de sus trabucos mientras parecía intentar contener su creciente risa-. No…No, no me lo creo… Es…Oh…jojo…jojojojo…jojojajaja… ¡jajajaja!
-¿Qué es tan gracioso?-le preguntó molesta Granate, mientras veía como Obsidiana empezaba a carcajearse con tanta violencia que tuvo que cruzar sus trabucos sobre su vientre para poder agarrarse los costados, doblándose hacia adelante mientras se reía. Steven, desviando un momento la mirada, vio que el estado de Perla pareció empeorar con cada carcajada de Obsidiana.
-¡Jajajaja!...ojojo…jo…-siguió riendo Obsidiana, calmándose poco a poco mientras se limpiaba una lagrimita del ojo. Su atención parecía centrada exclusivamente en Perla, como si Granate no existiera para ella-. No…no se lo dijiste…-dijo con tono divertido, como si fuera una increíble revelación-. ¡No se lo dijiste! Oh, que Perla tan mala… ¿Es eso lo que hacen las Perlas que son libres? ¿Mentirle a todo el mundo, ocultarles cosas a los demás?
-¿De qué…de que está hablando?-preguntó Steven a Perla, quien se limitó a taparse la boca y a agarrarse el estomago como si de un momento a otro fuera a ponerse a vomitar. Pequeños temblores acompañaban su cuerpo, a medida que unas solitarias gotas de sudor, fruto de los nervios, empezaron a correrle por la frente
-¿Qué quieres decir?-le exigió Granate, avanzando hacia Obsidiana. Esta, más interesada en seguir riéndose, no hizo nada por defenderse cuando Granate la agarró por la camisa y la izó, amenazando de golpearla con el otro puño mientras la oscura Gema seguía riéndose de Perla-. ¡CONTESTAME!
-Si tantas ganas tienes de saberlo, fenómeno…-le dijo Obsidiana, escupiendo su insulto como si la presencia de Granate la asqueara-… ¿por qué no se lo preguntas mejor a ese monstruo al que llamáis Perla?-dijo malévolamente, señalando con su arma a la temblorosa Perla-. Y hazte un favor: cuando lo hagas, asegúrate de no darle la espalda. Quien sabe que te podría hacer si lo hicieras…aunque, considerando lo que eres, tal vez nos hiciera un favor y todo.
Las risas e insultos de Obsidiana acabaron de enfurecer a Granate, quien al final no pudo contenerse y descargó un poderoso puñetazo contra Obsidiana…que acabó recibiendo el árbol de detrás suyo. Obsidiana, aún riéndose, se había vuelto a convertir en fantasma y había escapado del agarre de Granate con facilidad, sobrevolando a ras del suelo el espacio entre ella y el grupo de Steven, donde volvió a la normalidad. Sonriendo con condescendencia, se posicionó junto a Perla, aún arrodillada y de espaldas a ella. Steven, al verla tan cerca, invocó su escudo por si intentaba atacarlos, pero no parecía que fuera ese el caso.
-¿Qué bueno que no les dijeras nada, no? Seguro que no estarían tan dispuestos a ser tus amigos si supieran la clase de Gema sádica y retorcida que eres en realidad-dijo Obsidiana a la conmocionada Perla-. ¿Creías que yo era mala por haber asesinado a tantas Gemas? Es posible, pero…-Obsidiana se encogió de hombros, y tras invocar un único trabuco lo apuntó a la cabeza de Perla-…lo que tú me hiciste no tiene nombre. No puedes ni imaginarte cuanto te odio, Perla.
Steven, al ver el arma de Obsidiana, trató de saltar enfrente de Perla para protegerla del peligro, pero curiosamente alguien inesperado se le adelantó.
-¡NO, ESPERA!-gritó Peridoto, posicionándose entre Perla y Obsidiana. Esta, al ver que su arma ahora apuntaba a la gema de Peridoto, puso cara de extrañeza.
-¿Se puede saber que haces tú ahora? Apártate.
-¡No, tú no lo entiendes! Ellas…
-Te capturaron, lo sé. Ya lloriquearas luego al respecto cuando…
-¡Ellas no!...no…me hicieron prisionera-confesó Peridoto, frotándose la nuca. Obsidiana, arqueando una ceja, agarró a Peridoto por el cuello con la mano libre y la levantó en alto. Granate y Steven hicieron el intento de ir a por Obsidiana, pero esta les apuntó con el trabuco y los detuvo en el acto.
-Explícate.
-Ellas y yo…-empezó a decir Peridoto, agarrándose a la mano de Obsidiana para evitar que esta la estrangulara-…hemos establecido…una colaboración temporal…para detener el Clúster.
-¿Detenerlo?-preguntó Obsidiana, centrando su mirada en la agitada Peridoto, quien parecía temblar de miedo ante la intensa mirada de su compañera-. ¿Es que planeas traicionar al Planeta Natal? ¿Aliarte con las Gemas de Cristal?
-¡No es una traición!-se apresuró a decir Peridoto, viendo peligrar su gema por momentos-. El Clúster…se activará pronto, y destruirá este planeta con nosotras en él. No es posible contactar con Diamante Amarillo, la nave está destruida, y el portal también. Si queremos sobrevivir…hay que destruir el Clúster antes de que madure del todo.
Obsidiana, sujetando todavía a Peridoto en alto, se tomó unos instantes para reflexionar al respecto. Steven, mientras tanto, había contemplado la escena espantado y preocupado por el destino de Peridoto, quien seguía pataleando aterrada en el agarre de hierro de Obsidiana. Tras poner cara de estar pensando en algo largo y tendido, Obsidiana volvió a centrar su atención en su prisionera.
-Ese no es nuestro cometido. No es tu trabajo-dijo Obsidiana, amenazadora-. Hasta ahora, nada de lo que me has dicho me convence de que sea lo que sea que te traigas entre manos no sea una traición a los Diamantes y a las Gemas del Planeta Natal. Debería romperte ahora mismo, sin necesidad de ningún juicio-dijo amenazadora Obsidiana, apuntando a Peridoto con su arma a la cara.
-¡Yip!-gimió Peridoto, aterrada ante la idea de perecer a manos de Obsidiana. Así pues, fue para ella una sorpresa cuando, de repente, se encontró cayendo de culo al suelo. Obsidiana, tras soltarla, la miró fríamente desde las alturas.
-Sin embargo…también es cierto que no deseo desaparecer, y mucho menos en un planetucho como este. Muy bien, si crees poder parar el Clúster, entonces esto es lo que haremos…-dijo, acuclillándose frente a Peridoto. A pesar de ello, seguía siendo más alta que la verdosa gema-. Voy a dejar que sigas con lo que sea que trames con las Gemas de Cristal, y cuando lo hayáis conseguido, volveré a por ti. No te romperé, ni aquí ni en ese momento, pero ten por seguro que Diamante Amarillo sabrá lo que has hecho. ¿Está claro?-Peridoto simplemente asintió. En su fuero interno, ya se daba por muerta. Si el Clúster no la mataba, y Obsidiana cumplía su promesa de no matarla en la Tierra, entonces le iba a costar horrores que los Diamantes no la juzgaran culpable de traición cuando (o más bien si) conseguían volver al Planeta Natal. Al menos, por el momento, iba a conservar la vida, y prefería que la cosa siguiera así.
-En…entendido…Óni…-La mirada de Obsidiana le indicó a Peridoto que más le valía no acabar la palabra-… ¡Obsidiana, Obsidiana!-se apresuró a decir Peridoto, apartándose de la Gema antes de que esta pudiera hacer algo contra ella. Resoplando, Obsidiana se puso en pie.
-Bien, parece que hemos llegado a un acuerdo-dijo a Granate, acercándose a ella sin miedo a pesar de que la Gema de Cristal siguiera con sus armas invocadas-. Tregua…por ahora. A no ser, claro está, que prefieras que resolvamos esto aquí y ahora-dijo tentativamente a Granate a un palmo de su cara, como invitándola a que intentara pegarla. Tras unos tensos segundos, Granate hizo desaparecer sus armas, mirando inexpresiva a Obsidiana.
-Tregua…por ahora.
-¡Bien, decidido pues! Yo me iré yendo, que si no no llegaré a tiempo al trabajo. Supongo que ya nos veremos por ahí. En cuanto a ti…-dijo, señalando a Peridoto, quien rápidamente se arrastró de vuelta tras Steven-…, a ti te veré cuando todo esto termine. Ahora, antes de irme, no quisiera hacerlo sin antes hacer algo que llevo esperando bastante tiempo poder hacer.
Obsidiana fue rápidamente hasta Perla, y se acuclilló a su lado. Poniéndole una mano en el hombro, la hizo girarse, y que la mirara a la cara. Perla estaba demacrada, con una expresión de preocupación tal que parecía que en cualquier momento fuera a echarse a llorar. Steven y Granate hicieron el gesto de ir en su ayuda, pero Obsidiana les detuvo con un gesto, como si pretendiera decir que se calmaran. Sonriéndole como si tal cosa, Obsidiana le puso una mano en cada hombro.
-Tú y yo…tenemos una conversación pendiente cuando termine esto de salvar este planeta. Por lo pronto…-dijo, acariciándole una mejilla amorosamente-…aquí tienes un adelanto.
Repentinamente, Obsidiana agarró a Perla de la cabeza, y la sacudió un tremendo cabezazo en al frente, resquebrajando ligeramente la gema de Perla. Esta cayó aparatosamente a un lado cuando Obsidiana la soltó, temblando mientras se tocaba espantada la gema de la frente, su expresión de puro horror al ver como sus manos parecían difuminarse y volverse ligeramente transparentes, viendo a través de ella la expresión asustada de Steven. Obsidiana, riéndose, se separó de ella justo cuando Granate, con sus guanteletes nuevamente invocados, trató de atraparla con una expresión de furia en el rostro como pocos antes había visto Steven en la cara de su amiga.
-¡Espero de veras que tengáis éxito! Si no, volver para mataros a todos sería inútil, y no quiero quedarme sin ese gustazo ¡Nos vemos pronto…!-dijo Obsidiana mientras su cuerpo se envolvía de su característica neblina negra. Cuando esta fue la suficiente como para no discernir la mayor parte de su cuerpo, salió volando hacia arriba como un misil, dibujando filigranas en el aire mientras volaba rápidamente de vuelta a la ciudad.
Steven no perdió el tiempo. En cuanto Perla cayó al suelo, corrió a su lado de inmediato, y le apartó las manos para ver el daño ocasionado a la gema. Presentaba una irregular marca en el centro, y estaba claro que estaba afectando a la estabilidad de la forma de Perla, pero no parecía que su vida fuera a peligrar a efecto inmediato. Así pues, Steven aplicó una buena cantidad de saliva sobre la gema de Perla, y pronto el daño fue reparado.
Poco a poco, Perla se puso nuevamente de pie.
-¡Perla! ¿Estás bien? ¿Estas…?-empezó a decir Steven, pero Perla se limitó a caminar lejos de allí con paso apresurado, cada vez más rápido hasta que pronto empezó a correr. Amatista hizo el intento de ir tras ella, pero Granate la detuvo. Así pues, Steven y las otras Gemas simplemente se quedaron mirando como Perla corría de regreso al granero, abrazándose el cuerpo como si algo muy malo la preocupara.
-Pero bueno… ¿se puede saber qué acaba de pasar aquí?-preguntó Peridoto, aparentemente más aguerrida ahora que Obsidiana no estaba cerca.
-Eso es justo lo que todos querríamos saber-dijo Granate, mirando pensativa a Perla desde la lejanía. Esta, al llegar a la puerta del granero, se giró un momento hacia el grupo de Steven y las otras Gemas antes de abrir la puerta y desaparecer en el interior de la construcción de madera.
Estaba llorando.
Wow…
¿Sabes cuando crees que algo, en tu cabeza, suena genial, pero luego lo dices en voz alta y te das cuenta de que el efecto es todo lo contrario? Bien, pues esa es mi impresión personal de este capítulo. No sé lo que opinareis, pero hay cosas de este capítulo que no me acaban de gustar. Espero poder detectarlas y cambiarlas pronto.
Por lo demás, espero que os esté gustando la historia hasta el momento. Si tenéis alguna opinión respecto a cómo mejorar, os invito y animo a que me las hagáis llegar.
Chao, chao.
