Hola a todos! Sé que he tardado pero como avisé no sabía si iba a subir la semana pasada, ya saben, fiestas, reuniones y demasiado frío para que mis pobres dedos pudiesen escribir algo, pero al fin pude terminar el capítulo satisfactoriamente y ya sin quitarles más tiempo y sin nada más qué decir… COMENZAMOS!

Capítulo 7.

Enfermo de amor

El gran día había llegado, la promesa del sol, arena y diversión, tenía a cada uno de los presentes contentos en el autobús, todos excepto Cleo que parecía tener desde hacía días un eterno ceño fruncido.

Cleo ni siquiera le dedicaba una mirada a Sabino y este no le decía nada, sospechaba lo que estaba pasando pero no opinaría por el momento. Los últimos alumnos subían al autobús, y todos hablaban de lo que harían en la playa, Leo pasó a un lado de Cleo y Sabino y le envió una mirada envenenada al rubio, y es que ¿cómo olvidar que destapó su mentira frente a Nathalie? La chica le miró decepcionada cuando Cleo le confirmó que su pintor favorito no conocía para nada a la familia Rossi, al contrario, los Rossi criticaron al artista en un artículo meses atrás y cuando Nathalie lo supo la decepción y la tristeza pasaron por el rostro de la chica que sin reclamar o alzar la voz le pidió a Leo que no se burlara de ella. En otro tiempo Cleo se hubiese burlado de la desgracia de Leo pero tal y como esa semana apenas y había reaccionado. Intentaba no prestarle atención a Nathaalie, no hablar con ella, tal y como antes de ese, ahora que pensaba, estúpido concurso de belleza, pero esa usual actitud arrogante y molesta que intentaba demostrar era atípica y glacial. Cleo suspiró de nuevo, no tenía ánimos de ir a la playa.

-Cleo.

-Mmm.

-Nada, olvídalo.

-Mmm.- Sabino suspiró, no era el momento para tener una charla. En poco el maestro subió al autobús y miró a los chicos que estaban inquietos.

-Muy bien chicos, calma. Ya estamos todos así que en un momento nos iremos.

-Profesor.- Ron levantó la mano.- Todavía no llega Nathalie.

-Ah, hace un momento recibí una llamada de su compañera. Nathalie no podrá venir al viaje por enfermedad.- todos exclamaron y por primera vez en días Cleo miró con atención al maestro.

-¡Qué injusto!- exclamó Nina y Ali asintió.

-Ella fue la que nos ganó el premio.- Kimberly suspiró fuerte.

-¿Cómo se le va ocurrir enfermarse?

-¡Oye! ¡Lo dices como si fuera su culpa!- le reclamó Leo que salió en defensa de la chica.

-Es una pena.- dijo Marin y Adrianne asiente.

-Debe estar muy enferma para no venir.

-¡Silencio!- gritó el maestro y todos se callaron.- Sé que les parece mal que su compañera se enfermara este fin de semana, pero no es su culpa.- dijo mirando a Kimberly que se encogió en su asiento.- Pero ella me pidió que no se preocuparan por ella y que disfruten el viaje.- varios no estaban tan contentos por esa respuesta.

-Bueno, si ella lo dijo… ¡auch!- Alexis se llevó un golpe en la cabeza y vio con resentimiento a Julien.

-Ah, lo siento. Tenías algo en la cabeza.

-Cerebro seguro que no.- murmuró Kimberly pero fue lo suficientemente alto para ganarse una mirada recelosa de Alexis.

-Profesor…- Cleo levantó la mano y este vio al joven que pareciera que tenía ganas de vomitar.- No me siento bien.

-Cleo, ven conmigo.- el maestro y Cleo bajaron del autobús, le hizo algunas preguntas a Cleo y tomó su temperatura, el rubio parecía que iba a vomitar algo en cualquier momento y el maestro le pareció que estaba algo pálido.- ¿Podría ser un virus? Eh, Cleo, creo que sería bueno que llamara para que te recojan.

-Yo los llamaré.

-Muy bien, entonces esperemos.- vio a Cleo llamar a alguien en su celular, algunos se asomaban por la ventanilla del autobús para ver al rubio y Marin era uno de ellos.

-Pobre Cleo. Espero que se ponga bien.

-No te preocupes Marin.- dijo Adrianne con una sonrisa.- Cleo se pondrá muy bien, puedes creerme.- dijo para ver desde su ventana a Cleo con una sonrisa despreocupada. El auto de los Bourgeois llegó en pocos minutos y el maestro ayudó a Cleo a subir.

-Si te sientes mal para venir a la escuela manda un justificante Cleo.

-L-Lo haré… gracias.- el maestro suspiró al ver el auto irse y regresó con sus alumnos al autobús.

-Hora de irse.- todos los alumnos se sentaron y Marin miró a Adrianne.

-¿Segura que se pondrá bien?

-Cleo se pondrá bien, te lo puedo asegurar, solo necesita mucha vitamin que solo puede encontrar en los tomates.

-¿Tomates?- Adrianne se rió entre dientes al ver la cara de confusión de Marin, era adorable al no darse cuenta de lo obvio.

En el auto de los Bourgeois el chofer miró al joven que estaba inclinado tapando su boca con la mano.

-No se preocupe joven Bourgeois, en seguida iremos al hotel.- Cleo entonces se endereza y mira a su chofer con una sonrisa arrogante.

-No vamos a ir al hotel.

-¿Eh? Pero señorito, ¿usted no está enfermo?

-Ya me he recuperado, necesito ir a un lugar primero.

-Claro, como diga.- dijo el chofer mirando por el espejo retrovisor al rubio que tenía una expresión de victoria.

Para Nathalie era el peor día de su vida, tenía fiebre, y no paraba de sacar moco verde de la nariz teniendo la nariz tapada casi todo el tiempo, y lo peor era que sus padres habían tenido que salir de la ciudad por cuestiones de trabajo, así que estaba completamente sola. Nathalie estornudo y vio el pañuelo en su mano.

-¿Este es de color… verdes fosforescente? Genial, ya estoy sacando color a mis mocos.- volvió a estornudar. Intentaría dormir un poco antes de levantarse y hacerse una sopa de pollo en lata, no creía tener fuerzas para cocinar. Se cubrió con las frazadas ante los escalofríos que tenía y cerró los ojos, su nariz se había destapado un poco e intentaría dormir. Cinco segundos después alguien tocaba el timbre de su casa.- Váyase…- otra vez tocaron y el timbre era más insistente. Suspiró lamentándose y con esfuerzo y cubierta con una pequeña frazada rosa con estampado de ositos, bajó las escaleras arrastrando los pies.- ¿Sí?- apenas abrió la puerta y sus ojos se abrieron al ver a Cleo mirarla con los brazos cruzados, ella abrió la boca un par de veces al no saber qué decir al principio.-…La fiebre me está afectando otra vez.

-¿Por qué tardas tanto? En serio eres una tortuga.

-¿Cleo? ¿Qué haces aquí? ¿No ibas a ir al viaje?

-Al igual que tú, pero me quedé dormido y lo perdí. Por eso vine a verte pero veo que estás en un estado deplorable.

-Gracias por decirme lo que ya sé.- sorbió un poco por la nariz para asco de Cleo.- Ahora si me disculpas voy a volver a mi cama.

-¿Quién te está cuidando? No veo a tus padres.

-Estoy sola.

-¿Cómo?- Nathalie suspiró molesta.

-Estoy sola, mis padres salieron en un viaje de negocios.

-¿Qué?- antes de que ella cerrara la puerta este puso su mano impidiendo que la cerrara y la abrió de golpe para susto de la chica.- ¡¿Cómo que sola?! ¿Estando así? ¿Qué clase de padres tienes?

-¡Unos muy buenos que como cualquier persona debe trabajar! ¡Así que lárgate de mi casa!

-Ah no, no te voy a dejar a morirte en gérmenes tú sola.

-¿Y qué? ¿Te vas a quedar acaso?- le respondió como pudo.

-Por supuesto que no me quedaría aquí. Te vienes a mi casa.

-… En serio creo que la fiebre me hace alucinar.

No supo si fue la fiebre, el cansancio y la falta de sueño por estar constipada pero cuando se dio cuenta había sido trasladada por Cleo hacia el hotel, al abrir los ojos estaba en una enorme habitación cubierta por sabanas finas, esta se sentó en la cama confundida y con la nariz tapada.

-¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí?- intentó hacer memoria, había ido a su cuarto, se había tapado con las cobijas y… se había olvidado de echar a Cleo.- Claro, eso explica el misterio…- tomó una caja de pañuelos que estaba cerca y sonó su nariz, sonaba como una corneta obstruida. Sintió asco por la cantidad de moco en el pañuelo y buscaba una papelera cerca cuando vio las puertas abrirse y escondió el pañuelo en su puño haciendo un sonido acuoso y pegajoso. Se sorprendió de ver entrar a la misma alcaldesa.

-¡Mi Dios! En verdad se ve fatal.- dramatizó la mujer al verla, Nathalie disimuladamente cepilló su cabello dándose cuenta tarde que se tenía en mano el papel. Con asco disimuló y escondió el pañuelo.

-Te lo dije madre.- dijo Cleo que entraba detrás de su madre, este le miró con un brillo en sus ojos.

-Ahora entiendo, hola jovencita, ¿cómo te sientes?

-P-Pues, yo… disculpe pero, ¿cómo llegué aquí?

-Oh, Cleo, ¿acaso la trajiste inconsciente?

-Estaba más dormida que despierta.- respondió moviendo sus hombros con indiferencia.

-Bueno, mi hijo me contó que te habías quedado sola y enferma. Y como el caballero que es mi hijo y como pago al haberme ayudado la última vez con ese akuma me ha pedido permiso para poder cuidarte hasta que vengan tus padres.

-… ¿Qué?

-Tranquila, me he comunicado con ellos, están de acuerdo de que te cuidemos hasta que regresen por ti a más tardar mañana en la tarde.- luego la alcaldesa miró a su hijo con un brillo de orgullo en sus ojos.- Estoy tan orgullosa de ti, todo un caballero.- le dio un beso en la cabeza que el chico hizo que se sonrojara un poco apenado.- Bueno, debo irme, si deseas algo puedes llamar y alguien de servicio te atenderá. Siéntete cómoda.- cuando la alcaldesa cruzó la puerta Nathalie fulminó con la mirada a Cleo, aunque toda su ira estaba siendo menguada por la enfermedad.

-Un caballero… no conozco a caballeros que secuestren princesas.

-No he secuestrado a ninguna princesa, a menos claro que ser la princesa de los tomates cuente.

-Quiero ir a casa.

-Pues te aguantas porque tus padres están de acuerdo en que te quedes.

-Cleo a veces eres un…- la chica comenzó a toser y se cubrió la boca, al terminar su ataque de tos sentía la garganta seca y la cara ardiendo.

-Deberías dormir, en serio te vez fatal.- Nathalie notó que Cleo guardaba cierta distancia y eso no le sorprendió en absoluto, había sido así durante los últimos días.

-Tal vez deberías ir a tu habitación, y dejarme sola, estaré bien.

-Bueno, te dejaré a que te duermas y lo de ir a dormir a mi habitación podría ser un problema.

-¿Por qué?

-Porque ahora estás en ella. Descansa y trata de no llenar de moco verde mis almohadas, no quiero que terminen como tu cabello.- dijo para salir de su habitación y dejándola perpleja.

¿Estaba en su habitación? ¿Era un chiste? Pero al notar ciertas cosas, como el tocador con productos masculinos, un armario donde la puerta un poco abierta dejaba ver algo de ropa y estaba segura que no cualquier habitación tendría una sala. Se volvió a acostar y estaba segura que si su nariz no estuviese tan constipada podría oler la colonia de Cleo entre las sabanas… y por unos instantes se odió estar enferma.

En otra suite, menos elegante que la suya de acuerdo a su opinión, Cleo estaba intentando ver televisión pero Pollen no se la ponía fácil.

-Sabes que lo que hiciste fue algo dulce, ¿no es verdad?

-No digas nada.

-Awww, el príncipe cuidando a su princesa… bueno, más o menos. Pero igual fue algo lindo.

-Sí, claro. Y mientras ella llena de gérmenes mi cuarto yo estoy aquí viendo películas malas. Se acabó, voy a ver por mi teléfono…- Cleo palmeó el bolsillo de su pantalón dándose cuenta que no tenía su celular.

-Uy, parece ser que vas a tener que vas a tener que volver a ver a tu princesa tomate.- Cleo lanzó un bufido exasperado.- Y de paso tráeme mi cojín para dormir.- Cleo soltó otro gruñido, mandado por su kwami, quién lo viera.

Con mucho cuidado, Cleo abrió la puerta de su habitación y resopló al entrar.

-Genial, ya huele a enfermo aquí, ¿qué es ese olor?

-Menta, de seguro es un expectorante.- Pollen voló por la habitación para buscar su cojín.

-¿Qué haces? ¡Te va a ver!

-Aish, está dormida y por lo enferma que está seguro que no despertará ni con un terremoto. Si no se despierta con tus gritos…

-Pollen…- le lanzó una mirada de advertencia y Pollen se ríe de su portador.

-Mira tú, te preocupas demasiado. Por cierto, no te olvides de tomar mi cojín, sabes que se me dificulta dormir sin mi cojín.

-Está bien pero hazme favor de…- Cleo se quedó callado de repente, Pollen le miró y al girar su cabeza un poco vio a Nathalie de frente asustando a Pollen que se quedó quieta en el aire, hasta Cleo parecía de repente que le daría un ataque al corazón, lo había descubierto. Cleo ya estaba maldiciendo a lo bajo, vaya descuido, había descubierto quién era ahora y todas sus visitas y sus intentos como King Bee de acercarse se habían ido al demonio. Mas en toda la tensión que sentía se dio cuenta de algo, Nathalie parecía algo ida, con la mirada perdida y muy sudorosa.

-Calor... tengo calor...

-¿Calor?- repitió Cleo que dio un paso al frente y Nathalie de una patada se quitó las cobijas de encima.

-Tengo calor...- para sorpresa del rubio Nathalie comenzó a subirse su camiseta y este la detuvo de inmediato, mientras que Pollen se ocultó tras la lámpara del buró.

-¡¿Qué rayos haces?!

-¡Tengo calor! ¡No puedo más!- gimoteó mirando con ojos brillantes a Cleo y este notó su rostro más rojo que antes. Al tocar su frente se dio cuenta de que estaba ardiendo.

-Mierda, hay que bajarte esta fiebre.

-Llévala al baño para bajarle la fiebre.- dijo Pollen al darse cuenta que la chica estaba casi delirando y no la había visto. Cleo no perdió tiempo. La cargó y llevó al baño para comenzar a llenar la tina de agua fría, pero al sentir el agua Nathalie comenzó a removerse y sollozar.

-¡No! ¡Esta helada!

-Mantente quieta.

-¡Se puede lastimar! Debes tener cuidado.- Pollen veía a su portador intentar controlar a la chica que no paraba de sollozar por el agua fría. Cleo chasqueo los dientes y para sorpresa de la kwami se sumergió en la tina y abrazó a la chica por detrás.

-Cierra la llave del agua, ya.- Pollen obedeció y vio a su portador hablarle quedo al oído tranquilizándola y abrazándola contra él, y así Nathalie se calmó.

-C-Cleo…

-Eso es linda, calma...- escuchó Pollen que le decía a la chica. Fue que Pollen se dio cuenta entonces que de verdad Cleo no gustaba de la tomate... la amaba.

Una hora después Cleo se había cambiado a unos pantalones negros, una camiseta de marca color blanca y por estar en su hotel unas zapatillas deportivas blanco y negro. Esperaba fuera de su cuarto hasta que la puerta se abrió y una mujer de gafas y maletín sonrió al ver al joven, oh el amor, pensó la doctora.

-Hizo lo correcto al estabilizar su temperatura, le he inyectado y dado un medicamento más eficiente, dormirá unas horas pero al despertar seguro estará mejor.

-Gracias doctora.

-Ni lo mencione. Es mi trabajo.

-Joan le dará el pago por sus servicios.

-Gracias, joven Bourgeois. Con permiso llámeme si pasa algo.- la doctora se fue con una sonrisa que irritó a Cleo. Cuando se fue, Cleo entró al cuarto y la vio dormida, se veía mejor, sus mejillas tenían un leve color pero al menos ya no ardía en fiebre.

-En serio estás loco por esta chica.- Cleo ni siquiera se habia dado cuenta que la kwami estaba con él. Pollen se sentó en su hombro.- Veo que no solo te gusta. Tenía mis dudas pero lo que hiciste me hace ver que estas en serio enfermo por ella.

-Pollen...

-No me mires así rubito.- Pollen voló cerca de Nathalie, tocó su mejilla.- Ya estará mejor. Hay que dejarla descansar. Vamos.

-No sé si es buena idea.

-Vamos, ya está bien, escuchaste lo que dijo la doctora, necesita descansar. ¿O es que vamos a pasar por lo mismo después de su baño?- Al decir eso Cleo se sonrojó al recordar lo ocurrido.

Minutos antes…

-¿Y ahora cómo la cambió de ropa?- preguntó ansioso al ver que estaba completamente empapada.

-Primero ve por un pijama tuyo y ropa interior, no hay que perder tiempo o podría ponerse peor.

-Vale, es cierto.- Cleo tomó un pijama de color azul oscuro y un bóxer, este sintió algo de pena por la ropa pero no podía hacer nada, al regresar vio que Pollen tenía entre sus manos un pedazo de tela roja que reconoció como una de sus bufandas.

-Ponte esto en los ojos, y ayúdame a cambiarle de ropa.

-¡¿YO?!

-No, el que está detrás de ti. ¡Por supuesto que tu!- Cleo gruñó con un claro sonrojo pero se puso el pañuelo. El intentar esa tarea a oscuras era algo que le parecía tonto pero… excitante.- Quítale la camiseta.

-Ya voy.- se quejó y le quitó la camiseta al tomarlo desde el borde.

-Muy bien, vamos a ponerle primero los brazos.

-Ya…- Cleo tomó algo al tantear, era suave, redondo, seguro que era el hombro, no dudó en apretar un poco obteniendo un leve gemido.

-¡SUELTALA PERVERTIDO! ¡¿DÓNDE CREES QUE TOCAS!?

-¡¿Qué?!- se asustó Cleo.- ¡Solo intento ponerle la camisa!

-Pues te diré que no tocabas el codo. Sino algo más.

-A-Algo más…- de inmediato se sonrojó.- ¡Vale! ¡Lo siento! Pero ayúdame.

-Pues ten cuidado doctor mano larga.

-¡Pollen!

-No me lo recuerdes, tuve que decirle a la doctora que fue Joan quien la cambió.

-Bueno, al menos ya comprobaste una cosa.

-¿Qué cosa?

-Que tus futuros hijos tendrán de donde comer muy bien.

-Cierra el pico abeja del demonio.- Pollen solo se rió, Cleo salió a regañadientes y cerró la puerta no sin antes darle un último vistazo a Nathalie.

Nathalie era una paciente ejemplar, las únicas veces que había llamado por algo había sido por un caldo de pollo y para pedir un té, pero en esas ocasiones los empleados la miraban curiosos, y eso no era todo, unas cuantas veces entraron algunas mucamas para poder preguntarle si necesitaba algo, ella negaba siempre necesitar algo, pero notaba como le sonreían de cierta forma que la hacían sentirse extraña, como si la estudiaran.

Nathalie se acomodó sentándose entre los cojines cuando la puerta se abrió y la encargada entró.

-Buenas tardes señorita, vengo a recoger el plato, ¿se le ofrece algo más?

-No, muchas gracias.

-¿Fue de su gusto la comida?

-Estuvo deliciosa, agradezco también el toque de jengibre, me ha hecho sentir mejor.

-Se lo diré al chef.

-Gracias, señora Joan.

-Oh, veo que aún me recuerda.- la encargada amplió su sonrisa enternecida.

-Usted siempre fue muy buena conmigo cuando venía a ver a Cleo.

-Lo recuerdo. En esos días nunca había visto al joven Cleo tan feliz hasta dejó de venir y conoció a la joven Adrianne y al joven Sabino.

-Sí… ya en ese entonces casi no nos hablábamos.

-Eso es cierto. A veces los años nos alejan de las personas. Pero me alegro de volver a verla aquí.

-Bueno, me han traído sin saber.

-Lo sospechaba cuando el joven Cleo la trajo cargando.

-¿C-Cargando?

-Por supuesto, no dejó que nadie más la tocase. Me retiro, si necesita algo llámeme.

-Gracias, aunque varios me han preguntado lo mismo.

-¿Ha venido a verla más gente?

-Pues sí. Me preguntan si necesito algo, son muy amables y no deseo incordiar.- la encargada sonrió ampliamente y rió a lo bajo.

-Discúlpelos, es que están algo curiosos.

-Curiosos ¿por qué?- la mujer le sonrió ampliamente.

-Porque quieren saber cómo es la chica que trae de cabeza al joven Cleo.- Nathalie se sonrojó rápidamente y vio a la señora Joan salir del cuarto con una sonrisa. Se acostó apoyándose en los cojines mirando al techo con una pegunta en su cabeza.

¿Le gustaba a Cleo?

Si bien en su infancia tuvieron una infancia algo… curiosa, después de mostrarse grosero y arisco parecía tener un cierto interés, o al menos eso es lo que ella había pensado al ser ayudada por este con sus admiradores. Pero su actitud de los últimos días dejaba mucho que desear, la ignoraba todo el tiempo como si ella no existiese, igual que antes del concurso de belleza. Suspiró. Ese concurso había puesto su vida patas arriba. Pero era imposible que él gustase de ella, no lo creía. Miró alrededor para buscar algo con qué entretenerse, no creía poder dormir nuevamente, pero en vez de encontrar el control de la televisión, notó algo escondido entre los cojines del sofá negro de la habitación, imposible no ver ese objeto color amarillo.

La noche había caído y solo fue en ese momento que Cleo tuvo el valor de preguntar por Nathalie.

-Joan.- la encargada miró a Cleo que venía hacia la recepción, y escondió su sonrisa lo mejor que pudo.

-¿Se le ofrece algo joven Cleo?

-¿Cómo se encuentra mi invitada? ¿Ha llamado para algo?

-Solo por algo de comer, nada más. Pero la fui a ver hace un momento y se veía bien.

-Ya veo.- se dio la vuelta pero se detuvo.

-Es bueno volver a ver a la señorita por aquí. Eso me hace recordar cuando usted era un pequeño niño.

-¿Le has dicho algo?

-La señorita me ha recordado.- la encargada se acerca a Cleo.- Tal vez debería ir a ver cómo sigue. Como una forma amable de saber que se preocupa por su salud.

-Supongo que puedo hacerlo.

-Claro, conservar una bella amistad es siempre una gran recompensa.- Cleo rodó los ojos pero no dijo nada, subió al ascensor y abrió la puerta del cuarto.- Hola, quería saber si seguías viva o sucumbiste a la enferme… dad.- el rubio se quedó pálido en la puerta al ver que Nathalie tenía entre sus manos a su adorado Abracitos, la chica le miró y sonrió.

-No sabía que todavía lo conservabas.- Cleo cerró la puerta tras de sí para que nadie más que pasara pudiese ver lo que pasaba.

-¡¿Cómo lo encontraste?!- preguntó histérico.

-S-Solo estaba cubierto por algunos cojines, y tu mueble es completamente negro.- Nathalie sonrió al jugar un poco con el peluche entre sus manos.- Me trae buenos recuerdos.- Cleo se obligó a tranquilizarse y se aclaró la garganta antes de hablar.

-Te escuchas mejor.

-Me han cuidado bien y me he tomado mis medicinas a la hora correcta…- Cleo se sienta en la cama viendo como posaba el oso de peluche en su regazo.- Todavía recuerdo cuando nos conocimos, eras un niño mimado.

-¿Disculpa?

-Eras el tipo de niño de "quiero que me miren a mí", "Yo, yo, yo", "Todos deben verme y saludarme como el príncipe que soy".

-No es verdad.

-Sí, es cierto, y como no te hacía caso me gritaste que lo hiciera. Me asustaste mucho.- Cleo gruñó algo a lo bajo y eso hizo reír a Nathalie.

-Bueno sí, y qué. Al final fuimos un tiempo amigos.

-Un tiempo… es verdad.- Cleo notó algo de nostalgia en su voz.- Tuvimos una amistad un... tanto peculiar.

-Éramos niños. ¡No sabíamos lo que hacíamos!- no quería entrar en detalles, sabía que Pollen debía estar escuchando atenta. Abeja cotilla.

-Todavía me acuerdo como inicio todo. Fue por ese dibujo. Y tú me dijiste que no entendías porque la gente se besaba.

-Era un niño...

-Uno curioso. Hicimos la prueba y dijimos que fue asqueroso, para después seguir con ese extraño experimento... eras un aprovechado.

-¡Tú no te quejabas según recuerde!- le reclamó y Nathalie sonrió sin verle, seguía jugando un poco el oso de peluche.

-No lo niego. Pero... es una lástima que nuestra amistad terminara mal.- Cleo frunció el ceño.

-Alguna cosas no duran.

-Sí... tienes razón.

-Tú te alejaste si más no recuerdo.

-En realidad fuiste tú quien se alejó primero.

-¡Eso no es verdad!- reaccionó como si le hubiesen abofeteado.

-Lo es. En ese entonces Adrianne y Sabino ocupaban tu tiempo.

-No te hagas la víctima. Tú no hiciste nada para eguir siendo amigos.

-No, fue más cómodo ignorar de nuevo todo.- dejó de mover al oso y sonrió para abrazarlo.- Es tan suave... Abracitos es tan mono.- Cleo la observaba con atención.- ¿Crees que me lo puedas prestar? Juro que no lo ensucio.

-Olvídalo. Toda tú es un saco de gérmenes.

-Abracitos dice que no eres amable.

-Abracitos no dice eso, él sabe que soy muy bueno.- Nathalie sonrió al ver que le seguía la corriente.

-Abracitos dice que eres incorregible.

-Abracitos aun así me quiere.

-Sí, te quiere mucho con toda su esponjosidad, achu.- dijo riendo a lo bajo. Cleo frunció el ceño al verla divertirse con el peluche.

-Solo hay una forma que deje que Abracitos se quede contigo.

-¿Y cuál es?

-Págame.

-¡No tengo dinero! ¡Tacaño!

-Ya, vale. Entonces págame como solíamos hacerlo antes.

-¿Pagarte como antes? Pero antes nosotros nos pagamos con…- Nathalie alzó la mirada y sus labios se vieron atrapados por los de Cleo, tardó en reaccionar por culpa de la sorpresa que le provocó. Intentó apartarlo pero sin fuerzas por la enfermedad y con Cleo ahora sujetando su cabeza le era imposible. En un intento de hablar abrió la boca dando paso por error a un intruso. Y sin saber cómo, dejó de luchar, sus labios eran tan suaves, y le daba pena que sus labios estuviesen secos y partidos, y su lengua era agresiva pero a la vez sugerente invitándola a reaccionar, cosa que realizó con duda e inexperiencia que le fueron adorables al rubio. Nathalie tenía calor y no era por la fiebre.

Al separarseal fin por la falta de oxigeno, Cleo la miró a los ojos, tan oscuros como los de él.

-Con eso basta.- sin decir nada más se levantó y salió de la habitación. Nathalie sentía su cabeza flotar y su corazón latir como si fuese a salir de su pecho... ¿acaso le gustaba Cleo? ¿Y él? Llevó sus dedos a sus labios y se sonrojó ante el pensamiento de que deseaba volver a sentir sus besos que habían demostrado olvidar el matiz infantil de años atrás.

Después de lo ocurrido no volvió a ver a Cleo. Sus padres habían ido por ella a la mañana siguiente y estuvo en casa el lunes. Fue hasta el martes que Nathalie pudo ir a la escuela, la joven suspiró y apenas puso un pie en el edificio fue interceptada por Ron.

-¡Nathalie!- el rubio la abrazó con fuerza.- ¡Me alegra que estés bien! ¡Quisimos ir a verte pero nadie contestaba y no sabíamos cómo estabas! ¡El fin de semana fue horrible sin ti!

-Yo… también los extrañé.- logró escapar de los brazos de su amigo.- Solo tuve un resfriado, pero ya estoy bien.

-Nos alegra verte.- dijo Julien con una sonrisa. Nathalie correspondió a ella y entonces su mirada busca alrededor.

-Ammm, vamos al salón, ya casi toca la campana.- Nathalie se encaminó al salón y ambos amigos se miraron curiosos, al llegar Nathalie observa el lugar vacío de Cleo, pero Sabino estaba sentado en el suyo leyendo un libro.- Ho-Hola Sabino.- el chico alza la vista.

-¿Se te ofrece algo?

-Buscaba a Cleo… ¿todavía no llega?

-Cleo no vendrá en los siguientes días, está resfriado.

-¿En serio? Oh… ya veo.- se veía preocupada y Sabino suspiró a lo bajo volviendo la vista a su libro.

-Le dejaré la tarea después de clases, si quieres puedo decirle que le buscabas.

-¡No! Quiero decir sí, yo… ¿puedes esperar un poco después de clases?- Sabino alzó una ceja al verla nuevamente y a diferencia de Ron o Julien que estaban a un costado de Nathalie, él podía ver claramente sus mejillas sonrojadas.

Cleo gruñó, odiaba estar enfermo, tosió un poco y volvió a gruñir.

-Odio estar enfermo. No entiendo por qué enfermé…- se dio la vuelta en su cama.

-¿Se te olvida que estuvo Nathalie aquí?

-Tienes razón, pero les dije que desinfectaran mi cuarto…- Pollen sonríe ampliamente.

-No creo que te hayas enfermado así.

-¿Entonces?- se arrepintió de inmediato al hacer esa pregunta cuando vio esa sonrisa llena de maldad.

-Bueno, creo que tuvo que ver que le metieras la lengua hasta las amígdalas inflamadas.

-¡CÁLLATE!- se sonrojó, pero esta vez no por la fiebre.

-Hasta llevas el mismo pijama que le prestaste. ¿Te imaginas cuando lo llevaba puesto?

-¡NO!- alguien toca a la puerta.- ¡NO ME MOLESTEN!

-Cleo, soy yo, vengo a dejarte la tarea.- Cleo suspira fastidiado.

-Pasa.- Sabino entró al cuarto al tiempo que Pollen se escondía.- Vine a dejarte la tarea, y para avisarte que Adrianne te desea una pronta recuperación.

-Siempre tan linda…- dijo con una sonrisa y Sabino le deja a un lado los deberes de la escuela.

-También Nathalie regresó a la escuela.

-¡¿En serio?!- se había sentado en automático y al darse cuenta de su acción se volvió a acostar.- Digo, ah, vaya, ¿y a mi qué me interesa?- Sabino sonrió levemente.

-Me pidió que te diera esto.- sacó de su chaleco un sobre.- Es una carta pero si no la quieres…- la acercó a propósito a su amigo, notaba como Cleo no apartaba la vista de la carta cuando la movía, como un perro al ver una pelota, y en un rápido movimiento que no le impresionó le arrebató la carta.

-Ya le agradeceré por la carta, gracias Sabino, puedes irte.

-Nos vemos luego.- Sabino salió del cuarto y casi se echa a reír de su amigo.

Cleo abrió el sobre y al tomar la carta se vio con una caricatura de Nathalie con una burbuja de dialogo.

Gracias por lo que hiciste y disculpa que te hayas enfermado por mi culpa.

Pero me gustaría compensarte por todo.

Cuando te recuperes conozco un buen lugar donde hacen unos deliciosos postres y el mejor café con leche.

Llámame, te dejo mi número.

Cleo se sonrojó, vaya caricatura tan atrevida. Pollen se rió a lado suyo al ver la caricatura pero más ante el aumento de color rojo en cara de su portador.

-Ahora me doy cuenta que no estás enfermo de un virus. Estás enfermo de amor por tu tomatita.- la kwami esquivó una almohada pero se fue riendo a comer sus deliciosos dulces, en tanto Cleo se recostó en su cama y vio de nuevo la caricatura.

-Tonta tomate…

Un mensaje de confirmación fue lo que recibió Nathalie, pero no lo vio, todavía estaba intentando recuperarse de lo que había hecho, con la cara ardiendo y las manos en el pecho como si intentara detener así a su loco corazón.

-Debo estar enferma, debo estar enferma, debo estar enferma…- no está de más decir que sus padres la llevaron al médico ante una supuesta recaída, ya que ese rojo en sus mejillas no era normal.

…..

Y… espero que les haya gustado. Y para los que se preguntan… SÍ, EL SIGUIENTE CAPÍTULO HABRÁ CITA, entre comillas xD pero bueno, dejen review, nada de tomatazos y estamos en la recta final, esto terminará hasta el capítulo 10, y sin nada más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!

Respuestas:

SakuraLi-Taisho: Pues sí, serán historias secundarias pero ellos son igual de importantes XD

Tsubasa23: Y la que se viene…

ChaosGodInfinity: Conozco los bloqueos, son mis peores enemigos también, pero sonríe, encontrarás el medio de seguir escribiendo XD

Andre16: Graciaaaas! XD Y sí, Chat es mujer, pero no quise ponerle Kitty Noir, quise serle fiel al nombre y pues esto de los genderbender es todo un reto.

Guest 1, Karen Agreste, KasuAlecita: Mil gracias y abrazos.

Guest 2: Me hubiese confundido y sí, tienes razón con el nombre, pero quise dejarle así ya que en Francia muchos dejan el Chat tanto para macho o hembra, es un dato curioso que saqué de un veterinario XD

Ta-er al-Saher: Esa canción ahora la tengo en la punta de la lengua pero no me sale… uf, como sea, me alegra que te haya gustado XD

X29: El interrogatorio para el héroe de amarillo será hasta el siguiente capítulo, y el zorro estará como detective de película.

Danna: Es una consejera muy buena… cuando no se ríe a sus costillas, claro.