Hola a todos! No saben lo que esto me ha costado y es que estuve algo resfriada y ahora tengo una leve fiebre que no me quiere dejar en paz, pero tranquilos, mis dedos siguen escribiendo y mi mente trabajando… tal vez eso es lo que hace que mi cabeza esté así. En fin XD Tendremos un poco de romance por aquí así que sin nada más qué decir… COMENZAMOS!

…..

Capítulo 8

Tomate aplastado.

Nathalie tenía un serio problema, uno en que no pensó antes de invitar al rubio que volvió hasta el último día de la semana y del que estuvo huyendo como si este fuera un espectro. No sabía qué hacer en una cita, porque nunca había estado en una. Así que ahora que estaba en su casa tuvo el valor de hablar con Ron, era lo más cercano de lo que tenía de la opinión femenina.

-Primero debemos ver los lugares a los que irán. ¿Ya pensaste dónde, Nathalie?

-P-Pues estaba pensando ir al cine y a un café.

-Hablamos de Cleo. Necesitas algo que lo impacte.

-Pues hay una galería de arte que... olvídalo. No creo que le guste el arte siquiera.

-Eso no lo sabes. ¿Por qué no al parque de diversiones?

-No creo que le pegue andar entre "plebeyos", pero podría intentarlo, y como plan B la galería.

-¿De compras?

-Nunca podría comprarme algo que esté a la altura de Cleo Bourgeois.- Ron se ríe del otro lado de la línea.

-A menos que sea oro y seda.- Nathalie sonrió pero al girar su cuerpo ahoga un grito al ver en la ventana a King Bee pidiéndole que le abriera.- ¿Nathalie?

-Yo... Lo siento. Mi mamá me llama, nos vemos Ron.

-Suerte y llévate un crucifijo por si acaso.

Nathalie colgó y abrió la ventana dejando al héroe de amarillo entrar.

-Hola, es una sorpresa verte.

-Siento no haber venido esta semana, pero tuve ciertos... contratiempos.

-D-Descuida. Entiendo, yo estuve enferma hace poco.

-¿En serio? Me hubiese gustado ser tu enfermero personal.- Nathalie se rió, sabía que estaba bromeando.

-Creo que hubieses salido corriendo apenas verme. Me veía horrible...

-Lo dudo. Para mí eres como un bello rubí.

Nathalie se sonrojó, la chica todavía no olvidaba sus palabras para con Le Conteur, King Bee le gustaba, era heroico, genial y divertido, pero se había preguntado esos días si lo que sentía era simple admiración o de verdad era algo más profundo; y lo mismo había rondado con Cleo, cuando la defendió con esos chicos y su actitud en el evento de educación física le hizo ver una parte de él que hace tanto no veía o que quizás desconociera. Su corazón estaba dividido. Y estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no vio cundo este se separó un poco para ver el montón de ropa en su cama.

-Parece que vengo en mal momento. ¿Vas a actualizar tu guardarropa?

-¿Eh? Ah, no... e-es que mañana voy a ir a una... ¡salida! Y aun no decido que ponerme.- intentó no estar nerviosa pero era obvio que estaba fallando estrepitosamente.

King intentó no sonreír, todo aquello le divertía de sobremanera. Y aunque al principio estaba molesto porque ella lo evitaba como la peste en su forma civil, ese sonrojo que se expandía hasta las orejas y el que corriera hasta más rápido que Kimberly con esa cara de espanto le sacó una buena risa ese día.

-Oh, ya veo. ¿Con alguien especial?- Nathalie sintió que comenzaba a sudar.

-... Sí.- no podía mentir, ¡maldita lengua traicionera!

-Ya veo. Bien, creo que puedo ayudarte.- el rey abeja se sentó en la cama intentando ocultar su diversión.

-¿Disculpa?

-Dije que te ayudaré. Vamos a ver si tienes madera de modelo.

-¡Pe-Pero cómo yo...!

-Es mi forma de decirte que estoy molesto porque salgas con alguien que no sea yo, pero podrás contentarme con este pequeño desfile.- le guiñó el ojo viendo como su cara se transformaba en un auténtico tomate.- Así que empecemos, cherie.

Cleo no había borrado esa sonrisa desde ayer, importándole poco los comentarios de Pollen sobre que la habida obligado a hacerle un pequeño desfile de modas para saciar su vena perversa y pervertida. La cara que ella tenía cada vez que salía de detrás de ese biombo, que no recordaba haberlo visto antes, era algo digno de conservar. Pero cada vez que ella modelaba algún vestido o una bonita prenda que remarcaba cada curva de ese bonito cuerpo, sentía unos fuertes deseos de besarla. Y para qué mentir, de tocarla, sí, no importaba lo que Pollen le dijera de que era un chico hormonado. Pero lo que definitivamente criticó fue que usara vestido o falda corta. ¡Se veía endemoniadamente bien con falda! ¡Y ni loco dejaría que algún baboso la viera! Ya había tenido suficiente con los de la escuela.

Cleo había llegado al punto de reunión quince minutos antes, frente a una cafetería que aunque bonita no había querido entrar. Notaba como algunas chicas le miraban y sonrió arrogante, sabía que era atractivo y con el conjunto que escogió irresistible, camiseta blanca estilo campera con bolsillos a los lados, para comodidad de Pollen, cuyas mangas solo cubrían una parte de sus hombros, jeans, botines negros, y un pañuelo negro con bordes dorados alrededor de su cuello, y de accesorios llevaba un grueso anillo de plata, su miraculous, y claro, sus inseparables gafas de sol sobre la cabeza. En la espera miraba su teléfono, no habían tenido problemas en los últimos días, ni un solo akuma, pero eso no quería decir que todo fuese tranquilo, aún tenía que hacer patrullas pero de solo recordar la última patrulla masculló una maldición a lo bajo.

King fue cegado por una luz brillante al tiempo que Renard Rouge hablaba.

-Dime algo, ¿qué tienes que ver con la chica llamada Nathalie Kurtzberg?

-Eso a ti no te importa, zorro entrometido.- intentó apartar la luz de la linterna pero Rouge fue más rápido.

-¡Error! Contesta, ¿qué tanto la ves? ¿La visitas? ¿Acaso ella sabe quién eres? ¿Y están en la parte de los besos o ni siquiera has dado ese paso?- entonces la luz del bastón de Chat Noir se une al interrogatorio.

-¡Contesta! ¿Dónde estabas el 12 de marzo de hace tres años?

-¿Qué?- recibe una bofetada.

-¡Contesta a la pregunta!

-¡Estás loca! ¡¿Por qué la bofetada?!

-Lo siento. ¡Siempurre quise decir eso!- exclamó divertida la felina mientras Rouge alzaba su pulgas.

-La bofetada estaba de más.- gruñó King Bee con ganas de estrangularlos y Lordbug le quita en un ágil movimiento la flauta a su compañero zorro y apaga la linterna.

-Déjenlo en paz. No deberían de meterse. Eso es asunto de King y de la señorita Kurtzberg.

-Eso no es verdad.- reclamó Rouge.- Lo que pasa a uno compete al equipo. Además es divertido.- chocó palmas con Chat y Lordbug rodó los ojos.

-Ustedes son perversos. King, ven conmigo.- lanzó su yoyo atorando en un edificio.- Y el zorro y la gatita se quedan.- King sonrió ante las quejas de esos dos y siguió al héroe. Después de alejarse de esos dos locos, se quedaron en una azotea con grandes chimeneas.

-Gracias, esos dos me iban a sacar de quicio.

-Siéntate.- King miró al azabache, era la primera vez que lucia tan serio y obedeció.- Quiero que seas sincero conmigo King y de veras lo apreciaría.- se sentó a su lado y le miró a los ojos.- ¿Tienes algo con esa chica?

-Y si así fuera qué.

-King...

-Vale, somos amigos, es una gran admiradora mía y es muy linda.

-¿Te gusta?- King desvió la mirada con un leve rubor que agradecía la máscara cubriera.

-... Sería un tonto si no lo hiciera.- Lordug suspiró y King le vio.- Por favor no me prohíbas verla. Te admiro y aprecio mucho pero no me gustaría desobedecerte.

-No soy nadie para prohibirte verla. Si te gusta está bien. Pero te pido que tengas cuidado. Si Papillon se enterase de tu relación con ella seguro lo usaría en tu contra.- aquello le dio escalofríos, maldiciendo a lo bajo por no haber pensado en eso.

-Prometo tener cuidado.

-Muy bien. Y parece una buena chica, no le rompas el corazón.- quizás su tono había sido suave y casual, pero Cleo pudo notar la amenaza impregnada en la frase.

-No lo haré.- Lordbug asintió con una leve sonrisa.

-Confío en ti.

-¿Eso quiere decir que llegaron a los besos?- ambos miraron encima de la chimenea donde Renard Rouge y Chat Noir se asomaban entre las pipas. King vio con furia al zorro antes de sonreír.

-¿Envidia zorrito? Porque si mas no recuerdo cuando tu besaste a una chica esta te dejó la mano en la cara.- las mejillas del zorro se colorearon, como olvidar cuando Nina Lahiffe fue salvada de un edificio a punto de caer en pedazos, y en un impulsó de alivio la besó, pero no como Ali Cesaire, sino como héroe y la chica terminó por cruzarle la cara de una bofetada. Desde entonces cada vez que se hablaba del héroe frente a ella pone su peor cara. Lordbug y Chat ahora se rieron del zorro.

Cleo miró teléfono viendo que faltaban cinco minutos para el mediodía

-Ho-Hola Cleo.- el susodicho dirigió la mirada y sintió el aire atorarse en medio camino a sus pulmones.

Nathalie vestía con una blusa de manga larga color verde que resaltaba el color de sus ojos, un short color gris oscuro, unas largas mallas negras por encima de sus rodillas, botines grises con cintas negras, un bolso pequeño color negro con correa en diagonal y su largo cabello estaba sujeto a una elegante trenza francesa de lado. Hasta el sencillo maquillaje que tenía la hacía ver hermosa y un poco madura. Pensó que Nathalie de Bourgeois quedaba muy bien.

Nathalie se aclaró un poco la garganta para obligarse a hablar.

-Te ves muy bien. ¿Hace cuánto llegaste?

-Acabo de llegar.- mentira, pensó Nathalie ya que ella había llegado cinco minutos antes y lo había visto de lejos. Pero no dijo nada, en realidad se sentía halagada.

-Bien, podemos irnos.

-Aún tengo mis dudas, ¿por qué me has invitado a salir?- Nathalie intentó con todas sus fuerzas no sonrojarse.

-Quería agradecerte por haberme ayudado. No solo cuando estuve enferma, sino por lo de la escuela.

-Bueno, alguien debía ayudarte. Estabas al punto del colapso y temía que un día te fueras a descontrolar.

-¿Cómo?

-Siempre tienes ese condenado lápiz de dibujo con mucha punta. Solo evite posibles víctimas de tu rabia y frustración.- Nathalie aguantó la risa.

-Nunca usaría un lápiz. Un postre con algún veneno suena mejor.

-Perfecto, recordare a futuro nunca aceptar un postre que provenga de ti.- esta vez Nathalie no pudo aguantar la risa, era suave, clara y cantarina, y le sacó una sonrisa sincera.

Cuando llegaron a su destino Cleo miró alrededor con cierta duda.

-El barrio latino no es mi idea de una salida.

-¿Has estado aquí antes?

-No pero...

-Entonces no has vivido. Ven.- el lugar era diferente, sumamente colorido, y con aromas picantes que estimulaban el ambiente. Llegaron frente a un café en donde una anciana afuera estaba tejiendo algo muy colorido. Nathalie se agachó un poco posando su palma en la espalda encorvada de la mujer.

-Buenos días, ¿cómo ha estado?- Cleo la miró con los ojos como de platos y la anciana respondió con una sonrisa tan bajo que solo Nathalie pudo escuchar.

-¿Hablas español?

-Solo un poco. Vengo aquí seguido.- al entrar al lugar el aroma a café y canela inundaron sus fosas nasales y una chica de piel leonada y ondulado cabello negro les sonrió detrás del mostrador.

-¡Natalia! Bienvenida.

-Hola Raquel. Buenas tardes.

-Adelante, ¿qué les gustaría ordenar?

-Un dulce de guayaba y té de canela. Cleo...- el rubio miraba el menú que estaba encima de su cabeza y Nathalie sonrió al ver su rostro confundido.- Un té chai, no demasiado dulce y danos tus rosquillas especiales.

-¡Trabajando!

-Hey, pude haber escogido.- reclamó Cleo y Nathalie movió los hombros.

-Hubieras escogido el té chai y sin mucha azúcar. Y créeme, agradecerás las rosquillas.

-No me gusta comer cosas grasosas.- los pedidos llegaron y Cleo vio con desconfianza las masas fritas espolvoreadas de blanco. Tomó el tenedor y mientras Nathalie estaba bebiendo su té mordió el panecillo, sus papilas gustativas agradecieron el dulce y en tres mordidas más, se había comido el panecillo.

-¿De qué están rellenos?

-Algunas se rellenan con mermeladas de fresa, zarzamora, y otras veces usan jaleas y mermeladas de frutas provenientes de su hogar, como mango, guayaba, entre otras.- habló notando que mordía otro panecillo, escondió su sonrisa tras la taza, parecía un niño pequeño comiendo un dulce.

Al salir del barrio latino Cleo parecía hablar consigo mismo en voz baja y el ceño fruncido, mientras iban a los jardines del parque Monceau.

-Cleo, ¿no te gustó venir?

-No es eso, estoy haciendo una lista mental de las cosas que me gustarían que llevaran al hotel. Podríamos innovar un poco el menú.

-¿De veras?

-Ajá. ¿Por qué me llevaste a ese lugar?

-P-Pues es uno de mis sitios favoritos y... alguien me aconsejó mostrar un lugar que muestre una parte importante para mí.

-¿En serio? Pues debe ser alguien muy sabio.- dijo con una amplia sonrisa ya que había sido él quien le aconsejó la otra noche.

-Lo es...- confirmó con una sonrisa y el pecho de Cleo se hinchó como el de una paloma. Los jardines de Monceau eran como un hermoso jardín privado para los parisinos ya que era extraño ver algún turista al no figurar estos en las guías turísticas. Era un pedacito de Paris en que los ciudadanos podían estar tranquilos.

-¿Y ahora qué hacemos?

-Pu-Pues me-me parece justo que tu elijas a donde te gustaría ir.

-¿Es broma?

-No. Quiero ser equitativa, es lo justo.- el rubio pensó bien dónde ir, y un lugar llegó a su mente.

-Está bien. Ven conmigo.- la tomó de la mano como si fuese una niña guiándola y Nathalie afirmó el agarre, se sentía su mano pequeña en la mano de Cleo, recordando por instantes al pequeño niño narcisista que hacía lo mismo todo el tiempo, pero ahora esa mano pequeña era grande y fuerte.

El lugar era una especie de club, o eso le pareció al ver la fachada a Nathalie al ver que afuera un tipo resguardaba la puerta y parecía un matón salido de alguna película, enorme, calvo, vestido de negro y con un tatuaje tribal en su grueso cuello. Le temblaron las rodillas cuando este la vio.

-Viene conmigo.- dijo el rubio y después de una mirada crítica a la chica, se hizo a un lado dejándolos pasar. Nathalie estaba segura que ser hijo de la alcaldesa abría muchas puertas. Al entrar esta se quedó pasmada, aquello no era un club, o bueno, una parte, era una pista de patinaje, estaba tan embobada con el lugar que no vio cuando Cleo la miró con la ceja alzada.- ¿Ocurre algo?

-¿Qué? ¡No! ¡No! No pasa nada. Solo que... creí que esto era un club.

-Los clubes abren en la noche. ¿Te pensabas que vendría a un sitio así?

-Pu-Pues la verdad...- Cleo bufó soltando su mano.

-Aun somos menores de edad. Y hasta yo sé que tengo una imagen que proteger por mi madre.

-A veces.- alguien murmuró muy quedo pero Nathalie lo escuchó.

-¿Que dijiste?

-Nada. Ven, vamos a pedir unos patines.- golpeó de forma disimulada el bolsillo de su camisa y fueron a recepción donde un hombre reconoció al joven y le dio unos patines negros enseguida y a Nathalie otros después de preguntar su talla.

-¿Por qué a ti no te pregunto tu talla?

-Porque estos patines son míos. Los compre y pedí que los tuviera guardados para mí, Sabino también tiene unos patines aquí.

-¿Y eso por qué?

-¿No es obvio? Detestaría ponerme unos patines que ya han sido usados por otra persona, que asco.- Nathalie rodó los ojos, debió suponerlo, para alguien como Cleo debía ser obvio.

-Ven, vamos.- al principio Nathalie se sintió tonta patinando, apenas y podía montar una bicicleta, patinar era un reto, pero aprendió que mientras menos se moviera y solo se deslizaba, tenía menos riesgos de entrar en pánico.

-En serio creí que esto era un club.

-¿Es por la fachada?

-Más que nada el hombre de la entrada. Es algo intimidatorio.

-Es para los revoltosos. A nadie se le ocurriría hacer algo con un tipo así. Se lo pensarían dos veces.

-Ya veo. Tiene lógica.- sintió pena del pobre que hiciera enojar al mastodonte de la entrada, sería una muerte segura. No había mucha gente en el lugar, algunos pocos estaban en la pista y otros tomando algo de una pequeña fuente de sodas en donde los colores del cromo y rojo destacaban en la decoración.- ¿Vienes aquí mucho?

-Vengo con Sabino, los dos nos gusta el lugar y los patinadores compiten un poco. Cuando nosotros competimos nadie nos puede vencer.

-¿Compiten?- Nathalie ya se estaba imaginando a esos dos en una rutina de baile en patines y casi le da un ataque de risa, Cleo frunció el ceño.

-¿Qué te piensas?- siseó a lo bajo el rubio.

-¡Cuidado!- el grito de alguien los alerta y antes de que esa persona atropellara a Nathalie, Cleo la tomó del brazo y la jaló hacia él provocando que el chico chocara con la división y cayera del otro lado con los pies en el aire.

-¡Marin!- la voz de Adrianne hizo que ambos voltearan y vieran a la rubia vestida con un bonito vestido azul cielo de mangas tres cuartos, la falda del vestido tenía una división en diagonal que la hacía parecer uno de esos trajes que usaban las patinadoras de hielo, y su cabello recogido en una coleta con un broche de cristales Swarovski. Y de inmediato la chica miró a la pareja.- ¿Cleo? ¿Nathalie?

-¿Adrianne?- Cleo la veía confundido, se veía preciosa y cayó en cuenta que estaba sujetando a Nathalie y la soltó.- ¿Qué haces aquí?

-Yo...

-Auuu...- Marin se quejó y Adrianne puso expresión de pánico.

-¡Ay, Marin!

-¿Marin?- ahora preguntó Nathalie y Cleo al ver su interés la detuvo antes de que avanzara hacia el chico del que solamente se veían sus pies, pero no detuvo a Adrianne. Eso lo notó enseguida Nathalie. Su mirada denotaba severidad pero también había algo que no supo definir pero que le decía que se quedara a su lado, y así lo hizo.

Pronto estaban los cuadro en una de las mesas del lugar, habían pedidos zumos y refrescos e intentar aligerar el ambiente. Aunque Cleo parecía molesto, apuñalando con la mirada a Marin.

-En serio lo siento, me empujaron y perdí el control.- el ojiazul vestía con una camiseta negra y una chaqueta azul, jeans grises y zapatos deportivos. Y Adrianne había cambiado los patines por unas zapatillas blancas con brillantes muy parecidos a los de su broche.

-No importa, no pasó nada.- le dijo Nathalie pero Cleo chasqueó los dientes y tomaba su vaso de refresco.

-Tu torpeza debería ser legendaria Dupain, porque es imposible que alguien sea tan patoso como tú.

-No fue mi culpa.- gruñó Marin y la mirada de ambos parecían sacar chispas. Adrianne decidió cortar con el ambiente hostil.

-¿Y qué hacen ustedes aquí?

-Vinimos a pasar el rato en... una salida.- respondió Nathalie con un ligero rubor - ¿Y u-ustedes?

-También una salida.- respondió Adrianne también con un leve rubor. Ambos varones gruñeron a lo bajo.

-Pues me alegro que sea eso.- dijo Cleo aportando cierta malicia en sus palabras.- Porque si fuera una cita me echaría a reír.

-¿Qué quieres decir?- Marin pronuncio con cuidado la pregunta.

-Porque sería IMPOSIBLE que alguien como Adrianne saliera contigo.

-¿Solo porque tú lo dices?

-Es un hecho irrefutable. Ella no estaría con tan poca cosa como tú. Un aprendiz de diseñador de cuarta.

-Retira eso.

-¡Cleo!- Adrianne le llamó la atención. Nathalie miraba todo sin decir una palabra, Cleo parecía celoso por Adrianne, una punzada en su pecho hizo que llevara su mano a esa parte no deseando escuchar esa discusión.

-Nathalie, ¿te sientes bien?- la voz de Adrianne la trajo de vuelta y se dio cuenta que la estaban mirando.

-Sí... no es nada.

-¿Estas segura?- esta vez fue Marin y Cleo le fulminó con la mirada como si creyera que hizo una pregunta estúpida.

-Bebe un poco de zumo. Te hará bien.- le instó Cleo y ella solo asintió pero no le miró, a ninguno.

-Voy a salir un momento. Creo que necesito aire.

Nathalie se levantó y caminó a la salida. Al salir poco le importó la mirada del guardia de enfrente, solo quería algo de aire. Y como si hubiese esperado el momento de surgir de su memoria, recordó al pequeño Cleo, que la ignoró para irse con una pequeña Adrianne dejándola sola en el salón. Apretó los puños, estaba muerta de celos, ¿en qué pensaba cuando creyó que Cleo podría gustar de ella un poco? ¿Era tonta? Sí, lo era. Y había visto que se habia equivocado al preferir a Cleo que a King Bee. De repente da un respingo al sentir una mano en su espalda y al girar ve a Cleo.

-¿Cómo te sientes?

-¿No deberias estar con Adrianne?- se tapó la boca, ¿de dónde había salido eso? Pero lejos de incomodar a Cleo este sonrió arrogante.

-¿Estas celosa? ¿Por eso estás así?

-Déjame sola.- desvió la vista molesta.

-No es lo que crees. Y no tienes derecho a estar enfadada, yo soy quien debería estar enfadado.- sintió que Pollen le pellizcó pero ahogó el grito de dolor justo a tiempo cuando Nathalie le miró.

-¿No lo tengo? Estas celoso porque tu preciosa Adrianne está con Marin en una cita y no contigo.

-¿Y tú qué? Tienes frente a ti a tu adorado Marin. Ni siquiera sé que te gusta de él.

-¡Es una persona excelente!

-Es un imbécil.- Nathalie apretó los dientes y le hizo frente imaginando que quien le infundía valor era King Bee.

-Bueno, pues tu modelo tampoco es perfecta.

-No te permito que digas algo contra Adrianne.

-¿Y tu si de Marin? Si tanto te gusta Adrianne entonces déjame sola.

-¡Estás haciendo una escena!

-¡Tengo derecho a una después de tantos años!- explotó la pelirroja.- ¡Después de tanto tiempo no ves más allá de tu nariz! ¡Estás loco por Adrianne desde niños mientras que yo solo era la cabeza de tomate que intentaba pasar desapercibida! ¡Solo Marin fue amable conmigo! ¡Por eso me gustaba! ¡Y ahora debo tener el cerebro de un chícharo para creer que sentías algo ínfimo por mí! ¿Pero cómo comparas a la gran modelo con la cabeza de tomate? ¡Nada que ver!- Cleo permaneció observándola, con una expresión casi neutra de no ser porque sus ojos demostraban una ligera sorpresa, y cuando los hombros de Nathalie dejaron de agitarse por la rabia este habló.

-Usaste la palabra gustar en pasado. Eso quiere decir que ya no te gusta Marin.- los hombros de Nathalie se agitaron un poco ante una respiración forzada.

-No. Ya no. Pero le guardo un gran cariño. En cambio... en cambio tú...

-Le tengo un gran cariño a Adrianne. Ya hace tiempo no la veo igual.- Nathalie le observó incrédula, como si una segunda cabeza le hubiese crecido. Cleo sonrió de lado.- Eso lo entiendo ahora.

-Pe-Pero tú estabas celoso adentro.

-Marin no es demasiado bueno para Adrianne, aunque creo que nadie lo seria... Pero lo mataría si intentase algo contigo.- Nathalie se sonrojó y su boca cayó. Cleo entonces le dedicó su mejor y arrogante sonrisa.

-Y a todo ese discurso tuyo, ¿te gusto?

-¿Q-Qué?- su voz sonó como el chillido de un ratón.

-Bueno, tú crees que siento algo por ti.- avanzó a ella obligándola a retroceder hasta topar con la pared y posar su brazo a lado de su cabeza atrapándola.

-Y-Yo... Y-Yo...

-Sabes una cosa, me encantan los tomates, tengo una grave adicción a ellos. Y ahora... tengo ganas de morder uno.- algo hizo casi corto circuito en el cerebro de la chica. Estaba temblando de pies a cabeza. Cleo estaba fascinado con sus expresiones pero capta algo por el rabillo del ojo y este se sonroja al ver a Adrianne a lado de Marin grabándolo todo.

-¡¿Que rayos...?!

-Guardo para la posteridad. El día de su boda pondré este video en la recepción.- dijo Adrianne con una gran sonrisa casi felina y Marin sonrió de lado.

-Ali te ha enseñado bien.

-Las malas costumbres se pegan.- Cleo estaba tan furioso al verlos divertirse a su costa que ninguno vio cuando Nathalie terminó desmayada en el suelo hasta escuchar el duro golpe.

Una hora después Nathalie al fin despertaba, estaba recostada en una banca y Adrianne exhaló aliviada de que despertase.

-Que bien, al fin despiertas.

-¿Qué paso? Me duele la cabeza.- Adrianne le sonrió, un tanto comprensiva como divertida.

-Creo que es normal. Te desmayaste y te pegaste duro. Cleo y Marin fueron a la farmacia a buscarte algo.- Nathalie se cubrió el rostro con ambas manos, estaba tan avergonzada que quería esconderse en una cueva y nunca más salir. Cuando se sentó Adrianne se quedó junto a ella.- Aprovechando que los chicos no están... ¿te gusta Cleo?

-¡¿Qué?!- saltó en su sitio mirando a Adrianne.

-Tranquila, fue una indiscreción.

-No, es que... si me gusta... creo.

-¿Crees?

-Aún tengo que aclarar mis sentimientos. Hay alguien más que me gusta, aunque no sé si también me gusta tanto como Cleo.

-¿Es Marin?

-¡No!- negó de inmediato para evitar malentendidos.- A-Antes me gustaba Marin. Pero estoy hablando de alguien más.

-Oh, ya veo...

-Y tu... ¿te gusta Marin?- Adrianne le sonrió y suspiró.

-Estoy en el mismo dilema. Marin me gusta tanto, pero hay alguien más que me sigue confundiendo.

-Oh... creo que estamos en el mismo barco.

-Sí. Te deseo suerte con tu dilema. Y si llegas a escoger a Cleo hazlo feliz.

-Y s-si tu escoges a Marin también.- las dos sonrieron y asintieron la una a la otra sin percatarse que los chicos ya habían llegado con una bolsa cada uno.

-¿Comemos algo?- preguntó Marin con una sonrisa.

Los cuatro permanecieron en el parque, Nathalie estaba comiendo su segunda barra de chocolate cuando Cleo le pasó las pastillas para el dolor y una botella de agua. Adrianne y Marin los habían dejado un momento para comprar unos zumos.

-Cleo. ¿Tardaste mucho? Adrianne los miraba como si hubiesen tardado.

-Tuvimos una charla.

-Oh.- Nathalie ya se imaginaba una charla como la que ella tuvo momentos antes.

-¿Y están bien?- Cleo arqueó la ceja.- Si te refieres a que cada uno se amenazó a muerte si cada uno hacia una tontería. Sí, estamos bien.

-¿Cómo?

-Los hombres no nos andamos con cursilerías.

-Ah.- entendió al instante y sonrió un poco imaginándose la "conversación" que tuvieron los dos.

Cuando regresaron Marin y Adrianne la conversación fue tranquila, por un momento Nathalie creyó que estaban sustituyendo a Nina y Ali formando ese cuarteto irrompible. Las burlas de Cleo siguieron pero tenían un toque entre el sarcasmo y ese tipo de burla divertida que la hacían sonreír. No quería tocar el tema de si gustaba o no a Cleo, su cerebro y su corazón estaban tan confundidos y divididos que necesitaría estar sola para poder desenredar un poco su dilema amoroso. Cuando terminaron de comer lo que trajeron los chicos, comida chatarra de parte de Marin y fruta seca de parte de Cleo, estaban a punto de irse cuando Cleo habló.

-Hay un lugar a donde me gustaría ir. ¿Quieren venir?

-¿En serio?- Marin estaba incrédulo y Cleo rodó los ojos.

-Sí o no. Me da igual que decidan.

-Claro, vamos.- alentó Adrianne a Marin que terminó por asentir y sonrojarse un poco cuando la rubia le tomó su mano. Cleo miró a Nathalie y le dedicó una sonrisa de lado que no supo descifrar, pero no tomó su mano, solo la miraba como si esperase que siguiera a su lado con esa sonrisa que no podía identificar. Pasaron por algunas calles que comenzaron a parecerle familiares hasta que se detuvieron frente a una gran pared.

-Vaya...- Adrianne no podía evitar sorprenderse ante lo que tenía enfrente y Marin sonrió sintiéndose inspirado. Nathalie vio a Cleo pero este no la miraba, sino miraba el enorme mural, eran formas extrañas o formas geométricas que más bien parecían gotas de agua deformes pero todo eso, todo el color y la complejidad o simplicidad de cada pieza formaba un universo multicolor en estrellas, astros y constelaciones que parecían formar vida en el ahora oscuro muro.

-Precioso.- al fin dijo Cleo y vio a los presentes.- cuando pregunté al dueño de la tienda por quien había hecho esto me dijo que fue un grupo de chicos que le pidieron pintar el muro de negro en vez del blanco que tenía antes y poder hacer esto.- Marin se acercó y tocó una centella hecha de la combinación de colores azul, blanco y rosa.

-No es pintura, es como una base de papel pegable.- Cleo asintió.

-Al parecer al dueño no le gustaba que pintaran pero le convencieron para hacer eso pegando piezas y piezas de ese papel para no dañar su muro. Debo decir que fue una idea muy original.

-Es cautivador.- alabó Adrianne y Marin asintió.

-Quienes hicieron esto deben de estar muy orgullosos.- Nathalie sonrió, sintiéndose mas orgullosa por ese trabajo que le costó horrores convencer al nuevo dueño para hacerlo y viendo con satisfacción la expresión del antiguo dueño que les agradeció con una amplia sonrisa. Estaba tan conmovida que no vio a Cleo que la miraba, con esa misma sonrisa de lado, mirándole con ternura y orgullo.

El regreso a casa fue romántico, o así podría definirlo Nathalie. Después de caminar un poco Adrianne y Marin se separaron de ellos para ir a algún otro sitio, pero Nahalie debía volver a casa, ya estaba atardeciendo y se sorprendió de ver que tan rápido había pasado el tiempo. Pero esta vez, Cleo le había ofrecido su brazo, el camino de regreso fue lleno con comentarios de que si bien no sabía mucho de arte, Cleo parecía defenderse en la materia. Y aunque no hubo beso de despedida fue una suave caricia en su mejilla la que casi la hace volver a desmayarse.

Y pensó.

Pensó demasiado intentando buscar algo enterrado en la profundidad de sus pensamientos. Y llegado el lunes apenas y había podido vislumbrar algo que sacudía su corazón. Pero seguía todavía confuso.

-Oigan, ¿qué piensan de Cleo?- preguntó a sus amigos antes de que comenzaran las clases, los tres estaban solos en el salón y los dos chicos miraron a su amiga con grandes ojos.

-Bueno... No tengo mucho que decir de Cleo.- habló con cierta duda.- Es algo... difícil, pero últimamente es... ammmm...- Ron no tenía idea de qué decir y Julien miró a Nathalie a los ojos.

-¿Te gusta Cleo?- la pregunta fue tan directa que Nathalie sintió como si le hubiese golpeado con cada palabra. Ella se sonrojó y asintió con las mejillas arreboladas sin apartar la vista.

-Pero quiero saber su opinión... ¿qué piensan de él?- Julien se cruzó de brazos y se hizo hacia atrás, apoyándose en el respaldo de la silla en una pose que se pasaba de despreocupada.

-Cleo es una persona egoísta, narcisista y cruel. No le importa nada más y siempre ve por sus propios intereses. Es como una víbora, solo escupiendo veneno a todo mundo.- Nathalie sintió algo pesado en el estómago, como una bala de cañón. Movió las manos nerviosa y Julien no cambió su pose.- Pero, aunque pienso que es un bastardo egoísta…

-¡Julien!- Ron le regañó pero Julien le ignoró.

-Tiene sus puntos buenos, aunque sean escasos o no sepa cómo expresarse. Pero ha cambiado un poco, para bien.- Nathalie le miró con grandes ojos y Julien se adelantó para poner su mano en su hombro.- No importa lo que pensemos, si quieres estar con él hazlo. Siempre estaremos para ti porque eres nuestra querida amiga. Y si en serio deseas algo con Cleo, entonces en un idiota afortunado.- los ojos de Nathalie se anegaron en lágrimas.

-Chicos son fantásticos.- los abrazó a los dos y le correspondieron. Sin saber que fuera del salón, Leo había escuchado todo y apretaba furioso los puños. El toque de la puerta hace que los tres giren a ver al recién llegado.

-Hola chicos, Nathalie, ¿podría hablar contigo un momento? Es importante.

-Por supuesto, Leo.- respondió Nathalie con una cándida sonrisa antes de salir del salón.

Cleo bajó de la limosina y Sabino ya le estaba esperando, ya le había dicho que no lo hiciera pero pareciera más la fuerza de la costumbre que seguía haciendo aquello.

-Hola Cleo. ¿Te fue bien?

-Muy bien. No me puedo quejar.

-¿Y qué tal tu cita con Nathalie?

-Solo diré que fue casi perfecta.

-¿Casi?

- Me encontré con Adrianne, que salía con Marin.

-Entiendo. Nathalie llegó temprano, debe estar con Ron y Julien.

-Esos tres parecen unidos por la cadera.- gruñó molesto y Sabino ocultó su sonrisa. Los dos se adentraron al edificio.

-Bueno, son sus amigos, es normal que...- se detuvo y miró cerca de la biblioteca.

-¿Sabino?- miró a su amigo que había callado.

-Mira.- señaló y Cleo entonces lo vio, Leo estaba hablando con Nathalie pero esta parecía un animalillo asustado.

-¿Qué rayos le estará diciendo ese idiota?- se acercó a paso decidido pero su pie se detuvo al escuchar a Leo.

-Lo siento tanto Nathalie, en serio creo que eres muy linda pero no quiero mentirte, por eso acepté la apuesta para poder acercarme a ti.- el labio inferior de Nathalie tembló y fue que de repente vio a Cleo asir de la chaqueta al piel canela.

-¡Eres un desgraciado! ¡Tú fuiste quien inicio la apuesta maldito imbécil!

-¡Suéltame estúpido! ¡No le creas!

-¡BASTA!- los dos la miraron.- No me importa q-quien lo haya iniciado... ¿es cierto? ¿Apostaron de que el primero del que yo me enamorara el otro seria su sirviente?- su cuerpo temblaba mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. Cleo soltó a Leo y se acercó a ella.

-Nathalie...- poco le importaba la mirada de los estudiantes alrededor.

-Díganme la verdad.- Cleo apretó los labios y cerró los ojos un momento antes de responder.

-Sí... lo es.- ella ahogó un grito, horrorizada por esa cruel verdad.- Pero yo me enamoré de ti. Nathalie te quiero.- la tomó de los brazos pero ella comenzó a removerse.

-¡Déjame!

-Te quiero. Te quiero Nathalie.

-¡Suéltame!- se zafó de su agarre y se fue corriendo tan rápido como pudo.

Cleo corrió tras de ella y Leo quedó clavado en su sitio viendo la gravedad del asunto, ¿que había hecho?

Cleo la perdió de vista en el parque, no entendía como podía correr tan rápido si en deportes era un lastre en carreras. Se escondió tras unos arbustos y Pollen salió de su chaqueta.

-Necesito ser King Bee ¡YA!

-Cleo, calma. Necesitas respirar y pensar.

-¡Es que siento que con cada segundo que pasa la pierdo! Por favor Pollen.- la kwami asintió al escuchar al orgulloso Cleo rogar.

-Di las palabras.

-Pollen Transfórmame.- en poco King Bee estaba buscando alrededor, necesitaba decirle lo mucho que lamentaba todo y que de verdad la quería. Estaba saltando alrededor cuando en un salto una mariposa pasó muy cerca de él. King retrocedió casi por instinto de supervivencia al recordar su akumatización. Y entonces la vio, detrás de unos arbustos, rompiendo hojas de su libreta de dibujo y rayándolas con su lápiz, dibujos donde aparecía Cleo, algunos bocetos que ahora no queria ver allí. El akuma entró en el lápiz, y una voz conocida resonó en la cabeza de la artista.

-Hola de nuevo Illustratore. ¿Quieres venganza de quienes han jugado con tu corazón? Adelante, vuelve y muéstrales tu arte fatal. Pero sabes que quiero los miraculous de Lordbug y Chat Noir. ¿Harías eso por mí?- mientras hablaba King se puso frente a Nathalie y la tomó de los hombros desesperado.

-¡Nathalie! ¡Reacciona por favor!- de repente la chica lo toma de la muñeca y sonríe de forma maliciosa y sádica.

-No más.- la miasma negra la rodeo, su cabello lacio ahora estaba en puntas, en sus orejas colgaban aretes en forma de pequeñas paletas de pintura y su mirada tras ese antifaz había perdido esa dulzura y timidez que caracterizaba. King Bee estaba clavado en su sitio mientras la akuma mostraba su mejor sonrisa resaltada en ese labio negro. Ella gruñó y King reaccionó tarde al golpe que lo estrelló contra un árbol.

-Nathalie...

-Ya no está aquí. Illustratore ha vuelto y cada lágrima derramada se convertirá en lágrimas carmesí en mis enemigos. No habrá piedad...- dijo con su lápiz moviéndose entre sus dedos, con una sonrisa sádica que le heló la sangre.- Y nadie me detendrá.

Y… espero que les haya gustado! PELEA PARA EL SIGUIENTE! Ya estamos cerca del final, dos más y terminamos. Así que pues espero les haya gustado este. Dejen review, nada de tomatazos e intentaré que el siguiente no se retrase aunque eso depende de mis defensas y sin nada más qué decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y HASTA LA SIGUIENTE!

Agradecimientos:

MajoPatashify, tsubasa23, linithamonre77, ChaosGodInfinity, KasuAlecita, x29, Karen agreste, SakuraLi-Taisho, andre16, Xion-chan, JeBin1203, Danna, Ta-er al-Sahfer, Morrigu, Jinzo77 (… me has dado una idea del final, en serio gracias x3)