Capitulo 6: Cara a cara

Después de lo acontecido en el campo de fresas, Steven tenía la cabeza hecha un lío. Justo cuando creía que por fin iba a saber lo que había pasado hacia ya tanto tiempo como para que Obsidiana odiara a muerte a Perla, la razón de que esta la "torturara", la razón de todo… ¿era su madre?

Perla quería mucho a su madre, Rosa Cuarzo. Ninguna otra Gema de Cristal le había sido más leal, ninguna otra había estado a su lado desde el mismísimo principio de la Rebelión. Ella era la que más historias conocía de su madre, la que con más pasión hablaba de ella y su recuerdo, ensalzando cada cosa que hizo o cada cosa que aprendió a su lado. A menudo le confiaba que solía verla reflejada en sus ojos, que le recordaba un poco a como solía ser ella, con su alegría, dinamismo e infinito amor por todo lo que estaba vivo. Si, definitivamente Perla y Rosa habían tenido una relación muy especial, únicamente separadas por el nacimiento de Steven.

Así pues… ¿cómo podía ser que Perla hubiera dicho que…la odió? ¿Qué fue lo que hizo su madre para traicionarla, como dijo Perla? Esta no dijo nada más en el viaje de vuelta, optando por permanecer callada mientras Steven la contemplaba de reojo, viéndola marchar silenciosa hacia el granero, sin saber qué decir o hacer a continuación. Así pues, Steven simplemente se marchó también, prefiriendo distanciarse y buscar una solución a todo aquel lío. Sentado en la colina en la que estuvo hablando con Peridoto, Steven contempló durante largo rato la ciudad nocturna, observando cómo sus pequeñas luces iluminaban la noche a medida que los habitantes de la ciudad seguían con sus vidas, desconocedores de las dificultades y problemas que ocurrían alrededor del joven niño humano. Ojalá pudiera confiarle a alguno de ellos aquel difícil dilema, ojalá alguno de ellos pudiera simplemente decirle qué debía hacer, cómo debía actuar para que todo se solucionara. Steven no veía la salida de aquel problema de grandes proporciones en el que sin saber cómo se había visto involucrado. ¿Cómo podía descubrir ya lo que había pasado, si las únicas Gemas que sabían la verdad se negaban a hablar o siquiera a verse sin echarse la una al cuello de la otra? ¿Cómo podía ayudar a Perla con aquel problema, intentar averiguar la razón de aquel odio? ¿Cómo, cómo, cómo…?

Suspirando, Steven se puso de pie. Estaba claro que no iba a conseguir sacar nada en claro mirando al horizonte y se sentía demasiado cansado para lo que había estado haciendo aquel día. Así pues, optó por retirarse y dar por finalizado aquel aciago día, reflexionando sobre todo lo que había aprendido y descubierto. Sin embargo, considerando que Perla se encontraba en esos momentos en el granero, Steven decidió que prefería pasar la noche en otro lugar diferente.

Así pues, una hora más tarde, Steven se encontró mochila al hombro picando a la puerta de la furgoneta de su padre. No le hizo falta insistir mucho para que este hiciera acto de presencia, abriendo de repente las puertas de la furgoneta armado con una sartén.

-¿¡Quien anda ahí!? ¡No os vais a llevar nada de la furgoneta!-exclamó, tratando de discernir quien había picado, y si se trataba de alguien peligroso. Sorprendido, Greg descubrió que quien había picado era su propio hijo, quien en esos momentos lo contemplaba con una tristona sonrisa en el rostro-. ¡Steven! Por todos los cielos, avísame la próxima vez que vayas a venir. Uno de estos días te acabaré soltando un sartenazo sin querer, hijo.

-Ya, perdón por eso…-dijo Steven, tratando de sonar más animado de lo que en realidad se sentía-. Oye, papa…Me preguntaba si esta noche podría pasarla contigo, en la furgoneta.

-Ehm…claro hijo, pasa-dijo Greg haciéndose a un lado. Cuando Steven se subió a la furgoneta, Greg pudo notar que a su hijo parecía preocuparle algo. Puede que intentara que no se le notara, pero estaba más que claro que ahí había algo que no acababa de encajar, ya fuera la mirada apagada de Steven, su sonrisa forzada, o alguna clase de sexto sentido paterno-. ¿Va…va todo bien?-preguntó mientras cerraba la puerta. Steven, descargando su mochila, empezó a sacar de su interior un alargado saco de dormir mientras se hacía un hueco junto al de su padre.

-Sí, sí… Te echaba de menos, eso es todo-dijo simplemente Steven, tratando de aparentar que esa era toda la verdad. Pero a Greg no lo iba a engañar con tan poca cosa.

-Oh, bien… Yo también te echo de menos, hijo. Las Gemas y tú lleváis ya como tres semanas en el granero con el tema del taladro, y me empezaba a preguntar como os debían de estar yendo las cosas. ¿Todo bien?

-Sí. Peridoto y las demás están empezando a llevarse cada vez mejor-explicó Steven-. Al principio hubo algunos roces y comentarios sacados de sitio, pero pronto se solucionaron las cosas. Amatista y ella se llevaban bien, resolvió sus problemas con Perla…-Greg notó que Steven parecía mostrarse ligeramente más pensativo al nombrar a Perla, pero rápidamente procuró volver a su estado anterior-…y Granate sigue…ya sabes…-Steven levantó un pulgar, imitando el característico gesto de aprobación de la taciturna Gema. Greg, que entendía a que se refería, sonrió e imitó a su hijo, provocando que ambos rieran alegremente durante un rato.

-También…-siguió diciendo Steven-…apareció otra de las Gemas del Planeta Natal, Obsidiana.

-¿Obsidiana? ¿No es la Gema que me contaste que liberaste sin querer? ¿La que engañaste para que cayera a la Tierra desde el espacio?

-Sí. Nos encontró y trató de llevarse a Peridoto, pero al final acordamos una tregua hasta que consigamos resolver el tema del Clúster. Parece ser que ella tampoco puede salir del planeta, al igual que le pasó a Peridoto.-Entonces, Steven cambió el tono de voz. Hasta el momento había tratado de mostrarse animado, pero llegados a aquel punto las preocupaciones y cuestiones de Steven le impidieron seguir fingiendo que nada pasaba frente a su padre-. Papa, la verdad es…que no vine solo porque te echaba de menos.

-Sí, ya lo suponía-admitió también Greg, sentándose junto a su hijo-. Hay algo que te preocupa, ¿cierto? Algo que no les puedes preguntar a las Gemas.- Steven asintió-. Muy bien, pues a mi puedes preguntármelo. ¿Qué te pasa, campeón?

-Es sobre Perla, Obsidiana…y mama-dijo Steven, apoyando sus manos en su barriga, justo sobre la gema de Rosa-. Las tres lucharon en la Rebelión en bandos contrarios, y algo sucedió hace 5400 años que provocó que…bueno, que Obsidiana y Perla se lleven aún a matar.

-¿No puede ser solo que aún se odien por haber luchado la una contra la otra en la guerra?

-No, esa es una parte, pero sé que hay algo más detrás, algo que se me escapa…y que tiene que ver con mama-dijo Steven-. Les he preguntado a las Gemas lo qué pasó, pero Obsidiana me echó de su lado antes de que pudiera descubrirlo, y Perla se niega a responderme. Como Perla no habló de esto con nadie no le puedo preguntar a Granate o a Amatista para obtener respuestas, y mama ya no está con nosotros para decirme qué sucedió que fue tan terrible.- Steven apoyó la espalda contra la superficie metálica de la furgoneta, cerrando los ojos y tratando de encontrar una respuesta rápida a todos sus problemas. Obviamente, nada apareció en su mente más que las mismas preguntas sin respuesta con las que llegó-. Ya no sé qué hacer. Sé que podríamos evitar más peleas si las dos hablaran de lo que sucedió, pero… Simplemente parece que prefieran seguir odiándose a intentar hacer las paces.

-A veces las cosas no son tan sencillas, hijo-dijo Greg, apoyando la mano en el hombro de su hijo-. No todo se resuelve con un simple "lo siento" y un abrazo. Hay heridas que tardan mucho en sanar, y más aún si vives tanto como una Gema. Las dos lucharon la una contra la otra en una guerra que duró siglos, Steven, y según tu madre ambos bandos perdieron a muchas camaradas en las muchas batallas que ocurrieron. Eso es algo que cuesta de superar.

-¿Tú qué harías para resolverlo? Porque, la verdad, llegados a este punto aceptaría cualquier ayuda que me pueda servir.

Greg reflexionó al respecto durante un buen rato. El problema al que se enfrentaba Steven no era pequeño precisamente, y más considerando que eran Gemas las involucradas en el asunto en cuestión. Los métodos convencionales o el sentido común no se podían aplicar en este caso, dadas las muchas diferencias culturales y sociales entre los humanos y las Gemas. Él hubiera preferido no involucrarse en algo así dada la facilidad con la que las cosas podían complicarse en seguida, llegando incluso a reavivar las llamas del conflicto entre las dos. Sin embargo, Steven estaba seguro de que las cosas podían mejorar, y Greg antes vería helarse el infierno que permitir que su hijo se llevara una decepción al seguir el camino de la paz y la amistad. ¿Quería que las cosas entre esas dos mejoraran? Entonces él haría cuanto estuviera en su limitado poder de humano para ayudarle a conseguir su objetivo.

-Vamos a ver…Primero de todo, dime lo que has averiguado-dijo Greg antes que nada. Si quería ayudar a su hijo, entonces iba a tener que saber dónde se estaba metiendo.

Así pues, Steven empezó a explicarle a su padre todo lo que había descubierto aquel día. Le habló de la conversación que tuvo con Peridoto sobre el origen de Obsidiana, describiéndole lo horrorizado que se había sentido al descubrir la naturalidad con la que los Diamantes del Planeta Natal parecieron intentar deshacerse de las Obsidianas que no consiguieron convertirse en Ónices. A continuación, le habló de la charla que tuvo con Obsidiana en la pizzería, sorprendiendo a Greg cuando le informó de que una Gema del Planeta se encontraba en un establecimiento humano trabajando a cambio de comida. La información que Steven extrajo de las preguntas que le hizo a Obsidiana le permitió añadir ciertos detalles más a la historia de lo sucedido entre ella y las Gemas de Cristal durante la Rebelión, pero no fue hasta que Steven habló con Perla que las cosas empezaron a quedar cada vez más claras. Aún quedaban muchas incógnitas sin resolver, y en cierta manera descubrir que Perla llegó a estar furiosa con Rosa alarmó bastante a Greg, quien era incapaz de imaginarse a la leal y fanática Perla sintiendo algo por su querida Rosa que no fuera absoluta adoración y devoción.

Greg situó todos aquellos datos en su mente, formando una especie de eje cronológico que iba desde el comienzo de la vida de Obsidiana, hasta la batalla en el Campo de Fresas. La gran mayor parte de esa información parecía no tener nada que ver con el problema en cuestión, de manera que Greg la obvió y optó por centrarse en los últimos acontecimientos antes de la batalla en la que, aparentemente, Rosa había hecho aquello que enfureció tanto a Perla. Aún así, había muchas cosas que le faltaban a Greg para hacerse una idea completa de lo sucedido, y la verdad era que tenía que admitir que no veía como conseguir nuevos datos que añadir al problema.

-Muy bien, esto es lo que sabemos…-dijo entonces, sacando del montón de trastos que eran sus pertenencias una pizarra plegable y apuntando cosas con un rotulador. Greg dibujó el eje cronológico de su cabeza, y escribió casi todo lo que Steven compartió con él y que consideraba que podía responder al problema de su hijo. Steven, por su parte, añadió varios detalles más con otro rotulador, apuntando notas sobre teorías que él tenía sobre lo sucedido durante la Rebelión. Tras un buen rato de escribir, Greg y Steven acabaron contemplando una pizarra llena de teorías y hipótesis, todas girando alrededor de una alargada línea repleta de puntos que señalaban cosas como el inicio de la Rebelión, la creación de Obsidiana, o algunas batallas que Greg recordaba de sus conversaciones con Rosa.

-Bien… ¿y ahora qué?-preguntó Steven a su padre.

-Pues…la verdad, no tengo ni idea-confesó Greg-. Creí que tenerlo todo por escrito nos serviría para encontrar una solución o sacar algo en claro, pero está visto que me equivocaba.

Steven pareció desanimarse de repente. Por un momento creyó que todo aquel esfuerzo serviría para algo, pero dejando a un lado el alivio que sintió al poder colaborar con su padre en escribir todas aquellas notas y el no pensar en todos los problemas que se aglomeraban a su alrededor, Steven seguía tan confuso y frustrado como al principio.

-¡Vaya, mira la hora que es!-exclamó Greg al mirar la hora en su despertador digital-. Creo que deberíamos hacer un alto para cenar. ¿Qué te parece si llamo y hago que nos traigan algo a lo que hincarle el diente?-comentó él dándole un codazo cómplice a Steven en un intento de animarlo. Agradecido por el detalle, Steven fue a responder cuando de repente una idea apareció en su cabeza. ¡Pues claro! Si no conseguían sacar nada en claro, si aún les faltaba información…lo que tenían que hacer era conseguir más. Las únicas Gemas que podían aportar dichos datos eran Obsidiana y Perla, y dado que Perla no iba a colaborar por las buenas…

-Vale, ¿qué quieres cenar?-preguntó Greg, teléfono en mano.

-¿Qué tal…pizza?

-Excelente idea. ¿Qué quieres que le pongan?-preguntó Greg mientras marcaba el número de la pizzería.

-Todo-respondió Steven decidido. Había llegado la hora de que Obsidiana y él retomaran su conversación a medias.

-Ehm…vale-dijo Greg, algo sorprendido por el repentino apetito de su hijo. Al menos eso era algo bueno, ¿no? Nadie que esté mal tiene tanto apetito.


Media hora más tarde:

Alguien picó a la puerta de la furgoneta, sorprendiendo a Steven y a Greg porque hasta entonces no habían oído a nadie acercarse al parking del lavadero. Sin embargo, quien fuera que hubiera conseguido acercárseles tan sigilosamente picó de nuevo.

-¿Hola?-dijo una voz en el exterior, una voz de mujer que Steven reconoció como la de Obsidiana-. Me han dicho que tengo que entregar una pizza aquí. ¿Hay alguien?

Steven se apresuró a abrir la puerta, y al hacerlo se encontró de frente con Obsidiana, quien ya no llevaba puesto el delantal de la pizzería y parecía bastante sorprendida de ver aparecer a Steven del interior de aquel extraño y colorido vehículo metálico. Una caja de pizza, con un tenue rastro de humo saliendo del interior junto al delicioso olor de la pizza caliente recién hecha, se encontraba sujeta por sus dos pálidas y elegantes manos. Pronto su expresión de sorpresa se convirtió en fastidio, fulminando la brillante mirada del niño humano con la suya.

-Hola, Obsidiana-la saludó Steven animadamente. Obsidiana se limitó a resoplar.

-Ah, eres tú… No sé qué haces aquí, Gema de Cristal, pero sal de en medio. Me han dicho que tenía que entregar esta pizza a un tal…-Obsidiana miró la caja que llevaba, en la que Steven notó que alguien había escrito algo con un rotulador bien grueso-…"Señor…Universe".

-Ese soy yo-dijo Greg, apareciendo de detrás de Steven. Al ser la primera vez que conocía a una Gema del Planeta Natal, la verdad era que el maduro humano se sentía un tanto nervioso, más considerando todo lo que había aprendido de aquella peligrosa asesina de Gemas-. Greg Universe, un placer. Soy el padre de Steven-dijo estirando una mano en dirección a Obsidiana. Esta, tras examinar su mano con gesto impasible, depositó en ella la caja con la pizza.

-Aquí está la pizza. Ahora dame el dinero para que pueda irme-dijo Obsidiana cruzándose de brazos. Sin embargo, antes de que Greg pudiera pagarle, Steven se le adelantó.

-No tan rápido-dijo él misteriosamente, cogiendo la caja de las manos de Greg y mirando fijamente a Obsidiana, quien le sostuvo la mirada con una ceja encarnada-. Antes de que te vayas, tú y yo tenemos una conversación pendiente que me gustaría retomar.

-Tú y yo no vamos a retomar nada-dijo Obsidiana-. Bastante hice cuando no te rompí por aparecer ante mí, así que no pongas a prueba mi paciencia de nuevo o me veré obligada a romper la tregua.

-He hablado con Perla-dijo Steven como si no la hubiera oído-. Me contó en parte lo que sucedió, pero aún sigo sin saber qué fue lo que pasó exactamente, o porque y como te torturó. Lo único que saqué en claro es que tiene que ver contigo y con mi madre, así que te pido que me cuentes qué pasó hace 5400 años para acabar de entender todo este asunto.

Obsidiana miró pensativa a Steven durante unos segundos, dándose golpecitos con el dedo en la barbilla mientras su único ojo visible, entrecerrado con aire suspicaz, se clavaba en la mirada atenta y algo suplicante de Steven.

-… ¿qué es una madre?-preguntó Obsidiana de repente. Luego, se giró hacia Greg-. ¿Y qué significa…"padre"?

-Ah, bueno, verás…-empezó a decir Greg-. Quiere decir…bueno, en términos humanos sería…Bueno, básicamente significa que Rosa y yo somos los que formamos a Steven, en cierta manera.

-¿Uniéndoos? ¿Quieres decir que os fusionasteis?-preguntó Obsidiana sin acabar de entender a qué se refería ese humano. ¿Un humano y una Gema fusionados? Sonaba a completo disparate. Curiosamente, el humano conocido como Greg Universe parecía haber desviado la mirada y cambiado de color, poniéndose algo rojo en la zona de sus mejillas. A juzgar por la expresión extrañada del niño humano Steven, él tampoco entendía que le pasaba al humano más grande-. ¿Pero cómo pudo ser que…?

-¡En fin…!-exclamó Steven tratando de retomar el hilo de la conversación-. Necesito que me digas qué sucedió en aquella última batalla. Por favor, Obsidiana…-le suplicó Steven. Obsidiana, sin embargo, se mantuvo firme en su convicción, resistiendo sin problemas la mirada de cachorrito de Steven.

-…no-dijo tajante, y se dio la vuelta para irse, aparentemente olvidándose de que aun no le habían pagado la pizza. Steven, pero, fue más rápido.

- Si me lo cuentas…-dijo tentativamente, abriendo la caja de la pizza y dejando que su cálido aroma llegara hasta Obsidiana-…compartiremos la pizza contigo.

Obsidiana se paró en seco. Ese olor…De reojo, apenas girándose, comprobó sorprendida que aquella pizza que había transportado era exactamente igual que las que a ella le gustaba, con todos los ingredientes. Estaba claro lo que el niño humano pretendía, pero no se iba a dejar engañar. Ella era una Gema del Planeta Natal, la aterradora Obsidiana de Diamante Azul. No iba a permitir que una simple Gema de Cristal, o lo que fuera aquel hibrido humano, la chantajeara para…

Obsidiana parpadeó, y para cuando abrió de nuevo los ojos se encontró frente a Steven, agarrando un pedazo de pizza con la mano y metiéndoselo en la boca. El impactante sabor de la pizza despertó de repente su mente, como si hasta el momento se hubiera encontrado en trance. Su sorprendida mirada se clavó en los brillantes ojos del niño Steven, quien permanecía sonriendo con la caja de pizza abierta en las manos. Dándose por vencida, Obsidiana mordió la pizza y la masticó mientras se maldecía internamente por haber sido tan débil e inconsciente.

-Gracias, Obsidiana-dijo Steven, haciéndose a un lado para que la Gema entrara en la furgoneta. Obsidiana miró suspicaz el atestado espacio del vehículo, con un algo incomodo Greg sonriendo a modo de disculpa por el desorden.

-Maldita pizza, maldita Gema de Cristal enana, maldito planeta…-murmuró Obsidiana mientras se metía en la furgoneta, encogida a causa de las reducidas dimensiones de la furgoneta y la altura de Obsidiana. Steven cerró la puerta. Su plan había funcionado a las mil maravillas.

Obsidiana se acomodó como pudo en una esquina de la furgoneta, con Steven y su padre al otro lado y la caja en medio de los tres. Al principio ninguno dijo nada, optando por comerse la pizza en silencio y mirarse los unos a los otros con aire incomodo. Greg parecía mirar a Steven como preguntándole con la mirada que qué iban a hacer a continuación, y Steven parecía responderle asegurándole que todo iba a ir bien, los dos masticando sus pedazos de pizza. Obsidiana, por su parte, parecía alternarse entre mirar suspicaz a la pareja de humanos, y mirar con aire ligeramente interesado la multitud de trastos que Greg tenía acumulados en el interior de su furgoneta. Piezas de repuesto, equipo de audio, montañas de discos y casetes, bolsas y paquetes varios, algunos instrumentos musicales dispuestos en sus estuches, montañas de ropa a medio doblar… Obsidiana nunca antes había visto muchas de esas cosas, y la verdad era que, dejando a un lado el peculiar olor que había allí dentro, el conjunto resultaba bastante interesante de contemplar.

Para cuando solo quedaban en la caja dos pedazos de pizza, Steven decidió abordar el tema en cuestión.

-Muy bien, Obsidiana…-empezó a decir él-. Ahora, por favor, quisiera pedirte que…

-Te cuente qué pasó entre Perla y yo, ¿no?-terminó de decir con tono de fastidio Obsidiana, terminándose el fragmento de pizza de su mano. Suspirando, ladeó un poco la cabeza antes de apoyarla en al metálica superficie de la furgoneta-. Mira, dejando a un lado lo de ser una Gema de Cristal o del Planeta Natal, ¿no preferirías que te lo acabara de explicar todo tu Perla? Quiero decir, se supone que tú y yo somos enemigos. ¿Realmente crees que puedes fiarte de mí?

-Creo que sí. Quiero decir, de las Gemas del Planeta Natal que han venido, tú eres la que menos veces ha intentado matarnos, lo cual debe de significar algo-comentó Steven sonriendo ligeramente-. Además, no creo que alguien a quien le guste tanto la pizza pueda ser del todo mala.

-La pizza nunca miente-añadió Greg, apoyando a su hijo. Obsidiana simplemente suspiró.

-Pues en este caso debe de equivocarse. He hecho muchas cosas malas en mi vida.

-¿Cómo por ejemplo…?-preguntó Steven, en un intento de convencerla para que hablara. Obsidiana, que entendió rápidamente lo que quería el joven niño humano, sonrió para sí y finalmente cedió.

-Cómo por ejemplo…la batalla de hace 5400 años-respondió ella fingiendo ignorancia. Steven, sonriente al ver que por fin iba a obtener respuestas, se acomodó en su sitio y escuchó atentamente a Obsidiana. Esta, tras coger un nuevo pedazo de pizza, contempló su ya fría superficie con aire pensativo. No era una historia que le gustara rememorar, pero estaba claro que la única manera de que aquel chaval la dejara en paz era contárselo…o romperlo. Por desgracia, lo necesitaba vivo para que las Gemas de Cristal solucionaran lo del Clúster, de manera que le iba a tocar contarle la historia completa al niño Steven ese-. Hace 5400 años…en aquel campo de batalla lejano…Rosa Cuarzo y yo luchamos cara a cara por última vez…


Hace 5400 años:

Un poderoso estruendo sacudió la base por completo, haciendo tambalearse a las Gemas guerreras de su interior y obligándolas a apoyarse en las paredes de esta para evitar caerse al suelo. El temblor que recorrió la base poco a poco fue remitiendo, hasta que finalmente se detuvo. No era el primer impacto que recibía aquella base de las Gemas del Planeta Natal, y tampoco iba a ser el último a no ser que consiguieran la victoria pronto.

De entre el caos que reinaba en el interior de la base surgió una Gema, una Gema que al contrario que sus alarmadas y algo asustadas compañeras, caminaba con paso tranquilo pero decidido por los pasillos de la base. A medida que la solitaria Gema seguía su camino, el resto de Gemas la veían pasar sin interponerse en su camino, susurrando a sus espaldas una vez creían quedar demasiado alejadas de ella como para que pudiera oírles. Las palabras "asesina", "error" y "loca" era las que más se repetían, pero la silenciosa Gema optó por ignorar esos comentarios. Tenía algo más importante entre manos, y no podía permitirse retrasarse en su tarea.

La Gema salió de uno de los pasillos de la base en dirección al exterior, escapando de la estrechez de su interior y de las Gemas de ojos suspicaces que parecían observarla allá por donde iba. Dicha Gema vestía con ropas oscuras, con unos pantalones oscuros que parecían unirse con sus botas y con dos pequeños rombos azules grabados en las rodillas. En su cintura llevaba un pequeño trapo gris anudado por delante, cubriéndole la retaguardia hasta por encima de las rodillas, punto al cual además le llegaba su oscuro cabello, liso y recogido en una coleta bastante voluminosa. Su cuerpo se encontraba cubierto completamente por una sencilla camisa negra sin mangas, cubriendo por completo su cuello pero dejando a la vista sus los finos y pálidos brazos. La cara de la Gema, ligeramente tapada en el lado derecho por un pequeño flequillo triangular, se encontraba oculta por una lisa y sombría mascara semejante a un pozo de alquitrán, tan oscura que parecía absorber la luz de los rayos de Sol que ahora bañaban el cuerpo de la Gema.

Sin detenerse, la Gema siguió avanzando. En cuanto puso un pie fuera del pasillo, la Gema fue recibida por un fuerte viento lateral que azotó su cabello e hizo ondear el trapo anudado a su cintura. Se encontraba situada en la parte más alta de la base aérea de Diamante Amarillo, una de las muchas instalaciones ofensivas con las que contaban los Diamantes para coordinar a sus guerreras en la batalla y transportar a sus tropas, rodeada de nubes y con el cielo azul envolviéndola como una enorme cúpula. La gigantesca base en forma de brazo flotaba en el aire, suspendida gracias a la tecnología del Planeta Natal, lo cual la convertía en un blanco demasiado perfecto para los cañones y demás artillería de las rebeldes, quienes no habían cesado de disparar contra ellos desde el principio de la batalla. Por suerte, la batalla impedía a las Gemas de Cristal centrar demasiadas energías en derribarles, ocupadas como estaban con sus tropas en tierra, y además se encontraban demasiado arriba en el cielo como para que las armas más poderosas dispusieran de un blanco fácil. Eso, sin embargo, no parecía amedrentar a las Gemas de Cristal, ya que parecían convencidas de que a base de cañonazos les iban a obligar a tomar tierra. Un nuevo disparo de artillería impactó entonces contra uno de los "dedos", sacudiendo la nave y provocando un nuevo agujero en su superficie. La Gema de piel pálida, sin embargo, siguió caminando como si nada.

Sus pasos la llevaron al borde de la nave, en el dorso de la "mano", donde ya se encontraba esperándola una pequeña Gema. Se trataba de una Gema azul, una Perla a juzgar por su aspecto, una de las muchas criadas de Diamante Azul. En esos momentos parecía estar observando silenciosa el escenario dispuesto mucho más abajo, en la tierra, mirando con ojos vacios y desinteresados el mundo de debajo de las nubes.

-Obsidiana-dijo entonces la Perla, reconociendo la presencia de Obsidiana antes incluso de que esta hubiera dicho nada. Sin inmutarse ni responderle, Obsidiana se situó a su lado-. La batalla está alcanzando su cenit. Diamante Azul desea comunicarte unas palabras.

Mientras la Perla azul sacaba un comunicador romboide con los lados de los colores de los Diamantes, Obsidiana examinó rápidamente el espectáculo dispuesto a kilómetros de ellas. A sus pies se encontraba un vasto campo de batalla en pleno apogeo, con miles de pequeños puntos representando a las muchas Gemas que en esos momentos se encontraban luchando las unas contra las otras dependiendo de cual fuera su bando. Las diferencias en los tamaños de las muchas y variadas Gemas allí presentes hacía que los puntos fueran diferentes, si bien el humo, las explosiones y los destellos de las armas de asedio y de los láseres hacía que fuera casi imposible discernir nada, y eso ya sin considerar la gran distancia que había entre ellas y el campo de batalla. Sin embargo, a pesar de la altura a la que se encontraban, el estruendo de la batalla aún era perceptible. El lejano eco de las explosiones, los disparos, los gritos, el clamor de la batalla, el sonido del metal chocando contra el metal, el retumbar de la tierra a medida que gigantescas formaciones de Gemas avanzaban y cargaban las unas contra las otras,… Sí, Obsidiana conocía bien aquel sonido. Era el sonido de la batalla.

Girándose, Obsidiana encaró a la Perla azul e hincó una rodilla. La Perla, con el rombo entre manos, hizo girar una de sus caras y pronto el aparato se iluminó con una luz azulada. De repente, el comunicador empezó a flotar en el aire y a expandirse, mientras la Perla azul daba un paso al lado y adoptaba una postura de respeto, inclinando la cabeza ante el ser que pronto haría su aparición en la pantalla luminosa que era ahora el comunicador.

Una imagen se formó en su holográfica superficie. La imagen mostraba una oscura sala, pobremente iluminada, la mayor parte de la cual se encontraba cubierta por diversas telas que colgaban del techo. Sin que nadie se acercara, estas telas se retiraron ligeramente, permitiendo a Obsidiana contemplar a la Gema situada detrás de estas. Se trataba de una Gema de gran estatura, sentada como una reina en su trono con el cuerpo cubierto por un largo vestido azul oscuro y una gran capa del mismo color un tono más claro que la cubría completamente, dejando al descubierto únicamente sus manos, la mitad inferior de su rostro, y el brillante diamante azul incrustado en su pecho. No hacía falta ser un genio para saber quién era.

-Mi Diamante-dijo Obsidiana con el mayor de los respetos-. Obsidiana reportándose.

-Obsidiana…-dijo Diamante Azul con su melodiosa y susurrante voz-…Rosa Cuarzo se encuentra una vez más dirigiendo al resto de traidoras contra nosotros. Hemos tolerado por demasiado tiempo su osadía…, y yo te he perdonado tus fracasos demasiadas veces-dijo con el mismo tono de voz. Obsidiana rara vez se asustaba, pero algo en la fría e impasible manera con la que dijo aquello provocó un escalofrío a la asesina-. No puedes fallar de nuevo. Encuentra a Rosa Cuarzo y destrúyela. Es tu última oportunidad.

Obsidiana apretó un puño. Sabía lo mucho que se jugaba en aquella misión. Llevaba consumando los deseos de Diamante Azul desde que adquirió su rango en su séquito. Había llevado a cabo cada misión a la perfección, ejecutado cada asesinato tal y como se esperaba que lo hiciera, luchado y ganado cada batalla a la que la mandaron…Y, sin embargo, Rosa Cuarzo seguía derrotándola una y otra vez. No importaba cuantas veces lucharan, o como intentara derrotarla, Rosa Cuarzo parecía arreglárselas siempre para vencerla. Lo que más la irritaba de ella…era todo, la verdad. El no poder vencerla, sus confusas palabras y su irritante sonrisa, sus muchas e indignantes ofertas de cambiar de bando, el hecho de que nunca la hubiera intentado romper como si no se mereciera el mismo trato que una guerrera, … Sí, no había Gema a la que odiara más que a Rosa Cuarzo. Por su culpa, Diamante Azul estaba disgustada con ella. Por su culpa, Diamante Azul ya no confiaba en ella. Por su culpa…

…Diamante Azul ya no la iba a querer tener a su lado.

-No os preocupéis, mi Diamante-dijo Obsidiana poniéndose de pie, y saludando con respeto a su Diamante-. No habrá más errores. Volveré con los fragmentos de la traidora, o no volveré en absoluto.

-Eso espero, Obsidiana-dijo Diamante Azul mientras las telas de su estancia volvían a ocultarla-. Espero recibir buenas noticias.

La comunicación se cortó, y el comunicador volvió a manos de la Perla azul. Obsidiana se encontró sonriendo tras su máscara, y con razón. Su Diamante… ¡aún creía en ella! Esperaba que volviera con los fragmentos de Rosa Cuarzo, esperaba recibir buenas noticias,… Realmente creía que ella podía conseguirlo. El simple hecho de saber que Diamante Azul aún creía que pudiera conseguirlo la llenó de esperanzas y de determinación. Ese día…esa batalla… Sí, lo tenía más claro que nada. Si ese no era el último día de Rosa Cuarzo, entonces sería el suyo, ya que no estaba dispuesta a perder otra vez.

-Diamante Azul ha puesto muchas esperanzas en ti, asesina-dijo la Perla azul con el comunicador en las manos, mirando a través de su frondosa mata de pelo como Obsidiana caminaba hasta situarse al borde de la base-. Asegúrate de cumplir con sus expectativas, y no nos avergüences más.

-Cierra la boca, criada, o serás la próxima que fragmente cuando vuelva. No creas que le costaría mucho a Diamante Azul buscarte un reemplazo.

-Cierto, como yo hay muchas más-coincidió la Perla sin alterar su tono de voz-. ¿Y tú? Eres la última Obsidiana que queda. ¿Quién te sustituirá a ti cuando caigas?

Obsidiana estuvo muy tentada de darse la vuelta y romper en mil pedazos a esa Perla impertinente. Sin embargo, tenía un trabajo que hacer, y no quería darle razones a Diamante Azul para molestarse con ella. Ya habría tiempo para cerrarle la boca a esa Perla después de la batalla. Cogiendo aire poco a poco por la nariz, lo fue soltando muy despacio por la boca mientras se mentalizaba. Sin previo aviso, casi sin esfuerzo, Obsidiana se inclinó hacia adelante, y se precipitó al vacío.

Recta como una flecha, Obsidiana empezó a caer hacia la tierra, pasando rauda y veloz por el lateral de la base flotante hasta que pronto la hubo rebasado, dejándola cada vez más atrás en el cielo a medida que adquiría velocidad. Su cuerpo atravesaba sin resistencia las blancas nubes del cielo, enturbiando momentáneamente su visión y llenando su cuerpo de pequeñas gotas de agua que pronto fueron arrastradas por el viento. Su cabellera permanecía fija a su cuerpo, rígida a causa de la acción del viento, mientras sentía la clásica barrera del viento chocando contra su máscara y abriéndose para permitir que su aerodinámico cuerpo siguiera su trayecto.

Pronto el sonido del campo de batalla empezó a superar al aullido del viento. Obsidiana atravesó las últimas nubes, y pronto se quedó encarando el vasto campo de batalla que había estado observando desde el cielo. El caos y el ruido eran considerablemente mayores ahora que se encontraba más cerca, lo bastante como para poder distinguir los estandartes con las rosas y los diamantes dependiendo de a qué bando pertenecieran. Los láseres y los disparos silbaban y atravesaban raudos el cielo, pero Obsidiana no necesitó apartarse para esquivar ninguno de ellos. A medida que se iba acercando al campo de batalla, numerosas sombras empezaron a desprenderse de su cuerpo y a envolverla, dándole la forma de un oscuro meteorito que pretendiera estrellarse contra el suelo.

Justo cuando Obsidiana se disponía a corregir su rumbo, vio algo en el suelo frente a ella que le llamó la atención. Una gigantesca Gema se encontraba luchando en esos momentos contra varios escuadrones de Gemas del Planeta Natal, mandándolos a volar sin mucho esfuerzo a cada golpe de su gigantesca espada. Una Gema así de grande solo podía significar una cosa: una fusión. Una aberrante, chapucera e indigna fusión de dos Gemas de diferentes tipos, la clásica y cobarde estratagema de las Gemas de Cristal para resistir a sus ejércitos. Esas cosas eran fuertes, sí, pero Obsidiana seguía sin entender qué podía llevar a dos Gemas de diferentes tipos a fusionarse y crear algo tan extraño como una gigante de cuatro brazos. Esas Gemas de Cristal…ellas sí que estaban locas.

Parecía que la fusión estaba dominando a sus aliadas, y si bien le importaba poco lo que les pudiera pasar a las otras guerreras, Obsidiana sabía que permitir que aquella cosa siguiera campando a sus anchas podría llegar a costarles la victoria, de manera que decidió aprovechar su llegada para girar las tornas. En vez de corregir su rumbo o desacelerar, Obsidiana siguió descendiendo velozmente en dirección a la cabeza de la desprevenida fusión, la cual seguía luchando sin saber la que, literalmente, se le venía encima. Las sombras envolvían ya por completo a Obsidiana, quien había empezado a girar sobre sí misma a medida que se preparaba para el inminente impacto. Avisada por sus compañeras, la Gema fusionada alzó la cabeza y vio a Obsidiana, pero se percató de su presencia un segundo demasiado tarde. Antes de que la fusión pudiera apartarse o cubrirse, Obsidiana impactó con fuerza en su cabeza, aparentemente explotando en un millón de sombras que rodearon a la fusión como si de un vórtice se tratara.

La fusión, a causa del impacto, cayó arrodillada al suelo, visiblemente tocada por el choque. Sin darle tiempo a recuperarse, las Gemas del Planeta Natal empezaron a asaltarla y a subírsele encima, derribándola rápidamente y superando sus defensas. Al ver que la fusión ya no iba a poder seguir luchando, Obsidiana volvió a unirse con las sombras circuncidantes y saltó de la cabeza de la fusión, alejándose rápidamente del lugar a medida que iba desfigurando su cuerpo y transformándolo en un cometa sombrío que empezó a sobrevolar el campo de batalla. Su cuerpo se movía raudo por el lugar, pasando por entre los cuerpos de las combatientes y saltando de ruina en ruina, de colina en colina, impulsándose y sobrevolando los cielos mientras supervisaba el campo de batalla en busca de su objetivo. Numerosas Gemas, al verla, alertaron a sus compañeras de su presencia, lo cual provocó que ambos bandos reaccionaran de forma no muy diferente. Si bien las del bando del Planeta Natal se alegraron de contar con Obsidiana en la batalla, también era cierto que su presencia las inquietaba tanto como a las Gemas de Cristal. Todas sabían lo despiadada que era esa Gema, y que los Diamantes la hubieran enviado allí no auguraba nada bueno para nadie.

Obsidiana siguió su camino sin intervenir más en la batalla. Observaba como las Gemas luchaban entre ellas buscando indicios de la presencia de Rosa Cuarzo, quien con toda seguridad se encontraría dirigiendo a sus tropas desde algún lugar no muy alejado de la batalla. Si algo sabía de Rosa Cuarzo, es que siempre parecía encontrarse en lo más encarnizado del campo de batalla, a pesar de que lo sensato hubiera sido que la comandante se mantuviera alejada y dirigiera a sus tropas. Varias Gemas de Cristal trataron de atacarla, pero Obsidiana se limitó a esquivar los ataques o a transformarse en un espectro para evitar recibir daño alguno. De buena gana se hubiera detenido para acabar con aquellas traidoras, pero las órdenes de Diamante Azul eran claras y absolutas. Su objetivo era Rosa Cuarzo, y solo Rosa Cuarzo. De las otras ya se encargarían las demás soldados.

Pasó el tiempo, y Obsidiana seguía sin encontrar a Rosa Cuarzo. Estuviera donde estuviera, no conseguía encontrarla. Llevaba sobrevolando el campo de batalla un buen rato, y no había visto indicios de la presencia de la gigantesca Cuarzo que lideraba el ejército rebelde. No tenía sentido, aunque… Tal vez la culpa fuera suya. Después de todo, la estaba buscando en el bando de las Gemas de Cristal, cuando conociéndola lo más seguro era que se encontrara en las primeras filas, luchando en lo más encarnizado de la batalla. Obsidiana se dio con la mano en la máscara, exasperada una vez más por la increíblemente estúpida conducta de Rosa Cuarzo que no dejaba de irritarla a cada momento que pasaba. ¿Cómo demonios iba a encontrarla allí, con el caos que reinaba por todas partes? Bien podría pasar volando por encima de ella, y no se percataría de su presencia con el barullo que parecía haber por todas partes.

"Vale, no pasa nada…", pensó Obsidiana para sí, ladeando la cabeza para esquivar el arma arrojadiza que le lanzó alguien. "Busquemos una solución…Si no la puedo encontrar yo a ella…haré que ella me encuentre a mi". Una idea surgió de repente en la mente de Obsidiana, quien sonrió malévolamente tras su oscura mascara. Otro de las estúpidos e ingenuos (aunque por otra parte predecibles) hábitos de Rosa Cuarzo era el de correr siempre en ayuda de sus aliados, por difícil o peligrosa que fuera la situación. Así pues, si conseguía encontrar a sus generales y Gemas de confianza, podría atacarlas para forzar a Rosa Cuarzo a salir a su encuentro. Si, ese plan ya le gustaba más.

Conociendo a las Gemas de Cristal como las conocía, tenía una idea aproximada de dónde podría empezar a buscar a esas Gemas en concreto…

...

Una Perla más joven intercambiaba espadazos con una de las Gemas del Planeta Natal en la cima de una colina no muy diferente del resto de las colinas del campo de batalla. La lucha estaba resultando ser mucho más ardua y difícil que las anteriores, demostrando la diferencia entre una simple escaramuza y una batalla a gran escala como aquella. Tras mucho luchar, Perla consiguió superar la defensa de su enemiga y atravesarla con su espada, provocando que su forma física se evaporara y su gema cayera rodando colina abajo. Si sabía lo que le convenía, esa Gema no volvería a por más.

-¡De acuerdo, informe de situación! ¿Quién sigue con vida?-exclamó Perla mirando a su alrededor. Otras muchas Gemas de Cristal se encontraban librando o terminando sus respectivas peleas, lanzando por los aires a sus enemigas o colaborando con aquellas que habían encontrado mayor resistencia para derrotar a las Gemas del Planeta Natal. Pronto, en la colina solo quedaron Perla y sus compañeras, estableciendo un perímetro en el cual pronto ondeó con orgullo el estandarte de Rosa Cuarzo.

-¡Todos bien, solo arañazos y alguna quemadura!-le informó una Gema cercana. Perla se permitió un rápido suspiro de alivio antes de encararse de nuevo al campo de batalla. Su aventajada posición elevada le permitía observar el progreso de la batalla, y la batalla no iba precisamente mal para ellas. Si bien el Planeta Natal estaba presentando mucha resistencia, sus Gemas de Cristal fusionadas habían conseguido abrirse un camino por entre los escuadrones y sus cañones estaban eliminando a buen ritmo el apoyo aéreo de sus enemigas. Si todo seguía como hasta el momento, pronto alcanzarían la victoria. Lo único que necesitaban era derribar la base aérea enemiga, y la batalla sería suya.

-Muy bien. ¡Topacio, llévate a cuantas Rubíes encuentres y respalda a Bismuto! ¡Gris, diles a las artilleras que concentren el fuego en la base aérea!-empezó a decir Perla, señalando con su espada a las Gemas en cuestión y dirigiéndolas diligentemente por el campo de batalla, repartiendo instrucciones rápidamente-. ¡Las demás, aseguraos de que…!

Una Gema situada junto a Perla recibió de repente un potente disparo en la cara que la tiró de espaldas, provocando que su cuerpo se disolviera y que su Gema cayera al suelo. Alertadas por lo sucedido, Perla y las demás se giraron para ver como Obsidiana hacía su aparición volando por el cielo. Las sombras que rodeaban su cuerpo desaparecieron de repente, revelando su forma física y el cañón de mano que, en esos momentos, disparaba una y otra vez contra ellas a medida que Obsidiana empezaba a caer hacia la colina.

-¡Todas, a cubierto!-exclamó Perla mientras rodaba para esquivar uno de los disparos de Obsidiana. Otra Gema cayó por culpa de Obsidiana, pero el resto consiguió resistir el asalto.

Obsidiana tomó tierra rápidamente, rodando y empezando a disparar de nuevo tan pronto se hubo puesto en pie. Las Gemas de Cristal restantes se abalanzaron sobre Obsidiana en un intento de destruirla, pero no parecía que esta pretendiera ponérselo demasiado fácil. Esquivaba cada ataque y acometida con agilidad, saltando de aquí para allá y agachándose y retorciéndose en el sitio mientras las espadas, hachas y mazas pasaban junto a su cuerpo sin tocarla. Su trabuco, mientras tanto, siguió disparando con precisión a las enemigas de su dueña, reventando la forma física de muchas de las Gemas de Cristal y provocando que poco a poco su número fuera disminuyendo. El rápido asalto de Obsidiana provocó que el perímetro de la colina se rompiera, lo que permitió a las Gemas del Planeta Natal reanudar el ataque y lanzarse a intentar retomar el lugar.

Obsidiana, tras detener los ataques de una Gema de Cristal con su trabuco, aprovechó un descuido para patearla en el estomago y lanzarla colina abajo, donde dos Gemas del Planeta Natal se hicieron cargo rápidamente de ella. Satisfecha con su victoria, Obsidiana se giró para encararse con la Gema de Cristal que quedaba…y se vio repentinamente obligada a levantar el trabuco para evitar que la espada de Perla la partiera en dos.

-¡Obsidiana!-exclamó Perla al lanzarse al ataque, apretando los dientes mientras batallaba con Obsidiana para superar la defensa de su trabuco y bajar la espada. Obsidiana, con ambas manos en el trabuco, hacía cuanto podía por dificultarle la tarea.

-¿Dónde está Rosa Cuarzo, maldita rebelde?-le preguntó Obsidiana, agradeciendo que su máscara evitara que Perla notara lo mucho que le estaba costando evitar que ella la derrotara. Esa Perla era mucho más fuerte de lo que parecía, y daba la sensación que además se había estado entrenando a conciencia desde su último enfrentamiento. Por suerte para Obsidiana, ella también lo había hecho.

-¡No dejaré que llegues hasta ella, asesina!-exclamó Perla pateando a Obsidiana en el tronco y provocando que diera un paso hacia atrás. Un nuevo tajo trató de alcanzar a Obsidiana en el cuerpo, pero fue detenido cuando, de repente, Obsidiana hizo aparecer un segundo trabuco que detuvo ese ataque. En la otra mano, el otro cañón apuntó a una sorprendida Perla en el pecho.

-Al contrario, Perla… ¡Ella vendrá a mí!-exclamó mientras abría fuego. Perla consiguió esquivar ese disparo, pero se vio obligada a retroceder cuando Obsidiana empezó a abrir fuego velozmente sobre ella. Sus disparos obligaron a Perla a esquivarlos o a desviarlos con su espada, la cual poco a poco había empezado a agrietarse por la potencia de aquellos disparos.

Obsidiana, sin detener su frenético asalto, siguió disparando y avanzando hacia Perla, consciente de que dentro de poco Perla se agotaría y sería incapaz de seguir esquivándola de aquella manera. Una o dos Gemas de Cristal trataron de atacarla por los lados en un intento de pillarla desprevenida, pero sin demasiada dificultad Obsidiana las mandó a volar con precisos disparos a la cara o al pecho, todo esto sin dejar de avanzar hacia Perla ni de dispararla en ningún momento. Con una mano apuntaba a un nuevo objetivo, y a la vez que disparaba sobre este, seguía concentrando sus disparos sobre Perla, que poco a poco se fue quedando sin espacio en la colina y sin opciones.

Pronto, un disparo fortuito de Obsidiana acabó de destruir la espada de Perla, quien se quedó momentáneamente sorprendida por lo sucedido. Su atención se desvió un segundo hacia su rota espada, pero fue un segundo que Obsidiana no desperdició. Antes de que Perla pudiera hacer nada más, disparó un solo tiro a su pierna, que en esa ocasión consiguió dar en el blanco. Adolorida, Perla se vio obligada a hincar la otra rodilla, mientras sus manos agarraban la zona dañada con expresión de dolor. Al alzar la mirada para mirar a Obsidiana, fue recibida por el pie de la Gema enemiga, la cual había aprovechado aquel instante para correr hacia ella y patearla en la cara. Perla cayó hacia atrás, y en cuanto su espalda tocó el suelo un pie se plantó firmemente en su pecho, impidiéndole el ponerse de pie. No le hizo falta a Perla abrir los ojos para saber de quién era aquel pie, y cuando abrió los ojos y se encontró de frente con las profundas y oscuras entrañas de un cañón apuntándole a la cara, vio confirmadas sus sospechas.

-Vaya, vaya, vaya… Mira a quien le han dado una paliza…-comentó malévolamente Obsidiana mientras Perla hacía esfuerzos por sacarse el pie de Obsidiana de encima. Sin embargo, Perla era incapaz de librarse de ella, y aunque lo consiguiera dudaba de que fuera a poder esquivar un disparo a bocajarro desde esa distancia. Estaba a merced de Obsidiana, por mucha rabia que le diera reconocerlo. Entendiendo que no tenía sentido seguir luchando, Perla simplemente se quedó mirando fijamente a la oscura mascara de Obsidiana, tratando de no mostrar miedo para no darle esa satisfacción a su enemiga.

-¡Hazlo de una vez y cierra la boca, monstruo!

-Oh, no te preocupes…El momento llegara, pero por ahora…-dijo Obsidiana como si tal cosa, inclinándose hacia Perla y aumentando la presión que su pie ejercía. El incremento de presión hizo que Perla pusiera expresión de dolor, aumentando su ira contra Obsidiana a medida que la máscara de Obsidiana parecía acercarse a su rostro-. Vamos a divertirnos tú y yo un rato, ¿de acuerdo? Solo hasta que Rosa Cuarzo se digne a aparecer.

-No hace falta que esperes más-dijo una voz a sus espaldas. Dicha voz provocó que Perla de inmediato sonriera, y que Obsidiana apretara los dientes tras su máscara. Girándose, confirmó sus sospechas: una Gema gigantesca, aproximadamente de su misma altura, cubierta con un blanco vestido manchado de polvo y hollín con un agujero a la altura del vientre en el que se veía una Gema rosa; una abundante cabellera de rizos de color rosa que caían libres por la espalda de aquella guerrera de rostro angelical, una guerrera armada con una espada larga en una mano…y un brillante escudo con una rosa dibujada en el centro en la otra. Estaba claro quién era ella.

-Rosa Cuarzo…Por fin apareces-dijo Obsidiana, apuntando a Rosa con uno de sus trabucos. Sin embargo, Rosa no hizo el gesto de protegerse. Al contrario, empezó a avanzar sin miedo hacia Obsidiana y Perla, con tanta gracia y resolución que no parecía que estuviera caminando por un campo de batalla.

-Libera a Perla. Es a mí a quien quieres-dijo Rosa, tirando su espada a un lado y deshaciendo su escudo. Perla abrió los ojos de la sorpresa e intentó disuadir a Rosa de aquella temeraria acción, pero Rosa Cuarzo no intentó llamar de nuevo su escudo.

Obsidiana consideró por unos instantes qué hacer a continuación. Podía simplemente dispararle a Rosa Cuarzo, y luego podría encargarse tranquilamente de la Perla para así acabar de desbaratar la rebelión y privar a las Gemas de Cristal de sus líderes. Era un plan perfecto, no veía qué podía salir mal. Diamante Azul estaría tan complacida con ella… Casi podía oir sus halagos y alabanzas.

Varias Gemas de Cristal aparecieron de repente, rodeándola por todas partes como si hubieran brotado de los laterales de la colina. Ahora que se fijaba, Obsidiana no vio a ninguna de las Gemas del Planeta Natal, o por lo menos no las vio con su forma física. Numerosas gemas se encontraban tendidas en el suelo, seguramente abatidas durante el transcurso de la llegada de Rosa Cuarzo. Era increíble el poder que adquirían aquellas traidoras solo con contar con la presencia de su rebelde líder. No por nada habían conseguido resistir tanto contra el Planeta Natal. Todas a una, las recién llegadas cargaron contra Obsidiana, quien apuntó con ambos cañones a las Gemas más cercanas dispuesta a resistir lo que hiciera falta para poder luchar contra su objetivo.

-¡Alto!-las detuvo Rosa Cuarzo, para sorpresa de todas, antes de que pudieran atacar a Obsidiana-. ¡Obsidiana, libera a Perla y te prometo que nuestro combate será de uno contra uno! Es a mí a quien quieres, ellas no tiene nada que ver en esto. Te lo garantizo, tienes mi palabra.

Obsidiana apretó los dientes mientras veía como varias de las Gemas de Cristal parecían discutirle aquel plan de acción a su líder, quien parecía hacer oídos sordos mientras no dejaba de mirarla con esos malditos ojos cargados de valentía y determinación. La presencia de las otras Gemas de Cristal le dificultaba el trabajo, aunque tenía que admitir que la oferta de Rosa Cuarzo era tentadora. Sabía que alguien como ella no faltaría a su palabra, y si bien la lucha no sería precisamente fácil, un uno contra uno siempre era mejor que un uno contra quince. Así pues, bajando uno de sus trabucos para que apuntara a la frente de Perla, Obsidiana retiró su pie del pecho de Perla y le permitió ponerse en pie. Perla siguió mirando furiosa a Obsidiana mientras caminaba de regreso junto a Rosa Cuarzo, cojeando ligeramente al apoyar el peso en la pierna herida.

-Perla, ¿estás bien? ¿Dónde te han herido?-le preguntó con tono de preocupación Rosa Cuarzo nada más reunirse con ella, arrodillándose frente a ella y apoyando sus manos en los hombros de Perla. Esta, avergonzada por su derrota, parecía incapaz de mirar a Rosa a los ojos, optando por no responderle y permanecer en silencio. Rosa, sin embargo, se limitó a sonreír y a estrechar entre sus brazos a Perla, sorprendiéndola mientras un tenue brillo envolvió momentáneamente su cuerpo, sanando sus heridas y restaurando su forma física.

-Rosa…yo…-trató de decir, pero Rosa la detuvo con un gesto.

-No te preocupes. Hiciste lo que pudiste, y eso es lo que importa-le aseguró Rosa Cuarzo-. Ahora escúchame bien. Nuestras compañeras en las líneas frontales necesitan apoyo. Necesito que cojas a las Gemas de Cristal aquí presentes y te las lleves para reforzar ese punto.

-¡Pero…!

-Sin peros, Perla. La batalla ya es casi nuestra, pero no pienso permitir que más de nuestras amigas se sacrifiquen si podemos evitarlo-dijo, mirándola decida a los ojos. Rosa entonces miró por encima del hombro a Obsidiana, quien había permanecido quieta y callada en su puesto con uno de sus trabucos descansando despreocupadamente en su hombro-. Yo me encargaré de Obsidiana, no te preocupes. No es la primera vez que ella y yo nos vemos las caras.

-Pero…Rosa…No hace falta que luches tú. Yo podría…

-Sí, lo sé. Pero ahora mismo necesito que ayudes a las demás, que las guíes en mi lugar mientras yo os cubro desde aquí. No te preocupes, estaré bien, te lo prometo-le insistió Rosa con una sonrisa en el rostro-. Ahora ve, Perla. Ayuda a nuestras compañeras.

Perla no parecía del todo de acuerdo con la petición de Rosa, pero no se la discutió. En su lugar, cogió el arma de una Gema caída, y empezó a movilizar a las demás Gemas de Cristal para que la siguieran. Todas parecían reacias a abandonar a Rosa en compañía de Obsidiana, pero al igual que Perla ninguna le llevó la contraria, optando por desearle buena suerte y mirar mal a Obsidiana al pasar. La oscura Gema simplemente ignoró las miradas y comentarios de aquellas traidoras. No eran importantes. Lo único que le importaba era la Gema que tenía ante ella, la líder de las Gemas de Cristal, su objetivo, Rosa Cuarzo.

-Gracias por tu paciencia-le dijo de repente Rosa a Obsidiana, agachándose para recuperar su espada sin que Obsidiana tratara de impedírselo-. Ha sido un detalle por tu parte.

-Simplemente he dejado que te despidas de ellas, nada mas-comentó Obsidiana dándose un par de golpecitos en el hombro con el trabuco-. Ahora, vamos a…

-Un momento-la interrumpió Rosa-. Antes de que empecemos, ¿podría pedirte un pequeño favor?-preguntó Rosa con una sonrisa de disculpa en el rostro. Obsidiana no entendía qué era lo que le quería pedir, y la verdad era que tampoco le interesaba mucho. Sin embargo, aún tenía que acabar de mentalizarse para la lucha con tan terrible adversario, de manera que le permitió la pregunta-. ¿Podrías quitarte la máscara, por favor? Me gusta poder verle la cara a mis adversarias.

Obsidiana no entendía qué era lo que esa maldita traidora se proponía con tan extraña petición. ¿Acaso planeaba distraerla? ¿Acaso sería un truco para que dejara su rostro al descubierto, y así poder atacarla cuando bajara la guardia? Realmente no entendía cómo funcionaba la mente de ese extraña Gema. Aunque considerando la sonrisa sincera y amable de Rosa, y lo que Obsidiana sabía de su peculiar y compasivo carácter, lo más seguro era que esa petición viniera sin segundas intenciones. Irritante, para variar, aunque…

-¡Ah, mucho mejor!-comentó Rosa al ver como Obsidiana se quitaba la máscara y la dejaba caer al suelo. Su rostro estaba exactamente igual que en el futuro, con la única diferencia que su ojo derecho no quedaba tan tapado por el flequillo, mucho más corto que cuando conociera a Steven-. Ahora sí que veo que eres tú.

-¿Quién creías que iba a ser? ¿Otra Obsidiana?-preguntó Obsidiana molesta, creyendo que Rosa la estaba insultando o burlándose de ella. Entendiendo lo que su oponente podía pensar, Rosa se apresuró a explicarse.

-¡No, no! Quería decir…bueno, es que con esa mascara no te imagino siendo…tú. No sé si me explico…-comentó Rosa mientras buscaba las palabras correctas para expresarse-. Quiero decir que… esa mascara es solo eso, una máscara, y yo quiero enfrentarme a ti sin nada entre nosotras, cara a cara, Rosa contra Obsidiana, sin mentiras ni mascaras.

-…-Obsidiana se quedó mirando con ojos entrecerrados a Rosa Cuarzo. Verdaderamente era la Gema más rara que nunca antes hubiera conocido, o la más fuerte a la que jamás se hubiera enfrentado. Que semejante idiota la hubiera derrotado tantas veces resultaba insultante-…eres una Gema muy rara.-Lejos de ofenderse, Rosa parecía reírle el comentario a Obsidiana, aumentando su incredulidad ante el extraño comportamiento de su enemiga.

-Sí, me lo dicen mucho…-admitió Rosa. Serenándose, invocó su fiel y característico escudo en su otra mano, y adoptó una postura de combate-. ¿Empezamos?

Obsidiana apuntó con ambos trabucos a Rosa, flexionando las rodillas mientras miraba fijamente como su enemiga parecía mirarla con fiera determinación en el rostro, sonriendo como si más que una pelea a muerte aquello fuera un simple combate de entrenamiento.

-Prepárate para morir. ¡Por Diamante Azul!-exclamó Obsidiana, abriendo fuego contra Rosa. Esta, sin moverse del sitio, se limitó a cubrirse con el escudo y a permitir que los disparos chocaran inútilmente contra su dura superficie.

Sin dejar de disparar, Obsidiana empezó a correr hacia Rosa Cuarzo, moviéndose rápidamente de aquí para allá, rodeándola y saltando por todas partes en un intento de pillarla desprevenida y colarle un disparo. Sin excepciones, Rosa conseguía detener todos los disparos con gran habilidad, deteniéndolos con su escudo o parándolos con su fiel espada, todo ello sin moverse ni dejar de sonreír.

-¡Ey, te mueves mejor que la ultima vez!-le concedió Rosa al desviar un tiro que iba a su cabeza-. Se nota que te has estado entrenando.

-¡Cállate y pelea!-respondió Obsidiana, aterrizando en el suelo tras un salto y abalanzándose de nuevo sobre Rosa Cuarzo. Obsidiana desechó a la carrera sus trabucos, y justo antes de llegar hasta su enemiga las sombras envolvieron su cuerpo, convirtiéndose nuevamente en un cometa sombrío y rodeando a Rosa Cuarzo. Girando a su alrededor, las sombras que se desprendían de Obsidiana mientras volaba se arremolinaron y crearon un oscuro torbellino alrededor de Rosa, obstaculizando su visión y ocultando a Obsidiana. Un solitario disparo salió de entre las sombras, sorprendiendo a Rosa y provocando que fuera incapaz de defenderse del ataque. Si bien este no la dañó, fue a impactar contra la guarda de su espada, obligándola a soltarla y perdiéndola entre las sombras del vórtice.

-Veo que has aprendido un truco nuevo-comentó Rosa con tono animado. Si le preocupaba su situación, no lo demostró-. Está bien. Veamos que más sabes hacer.

Rosa Cuarzo, agazapándose ligeramente en el suelo, dio un salto de tres metros en el aire y, al aterrizar en el suelo, golpeó con su escudo plano en la tierra, generando un estallido de aire que reverberó con el tañido de una cristalina campana, dispersando las sombras del torbellino y haciéndolo desparecer. Obsidiana también había desaparecido.

-¿Eh?-se preguntó Rosa, buscando con la mirada a Obsidiana-. ¿Dónde…?

Su pregunta fue rápidamente respondida al sentir como alguien le agarraba del tobillo. Mirando hacia abajo, descubrió una oscura garra alrededor de su pie, el cual parecía volverse translucido y bastante más ligero al contacto con aquella cosa. Sin previo aviso, una fuerza desconocida tiró de Rosa hacia abajo, enterrando su pierna en la tierra con gran facilidad y sin encontrar resistencia alguna. Tan pronto como esto sucedió, Rosa sintió como le soltaban el tobillo, y como su pierna volvía a la normalidad, enterrada ahora profundamente en el suelo.

Varias sombras empezaron a brotar frente a Rosa, a medida que la forma fantasmal de Obsidiana empezaba a salir del suelo. Su coleta se encontraba dividida en diferentes hebras como si de una hidra se tratara, su cabello completamente blanco en contraposición a la oscuridad terrorífica que era ahora su rostro. No era la primera vez que Rosa veía la forma espectral de Obsidiana, como tampoco era la primera vez que sentía algo de lástima y fascinación al ver lo que aquella peculiar Gema podía hacer. Por el rabillo del ojo, Rosa se dio cuenta de que su espada se encontraba clavada en el espacio entre ella y Obsidiana, olvidada a un lado de su pequeño campo de batalla.

-No ha estado mal…Ha sido bastante ingenioso-le concedió Rosa a Obsidiana mientras esta volvía a su estado normal, invocando uno de sus trabucos desde su Gema.

-No me alabes… Solo cierra la boca.

-¿Por qué? ¿Qué hay de malo en que diga que ha sido bastante increíble lo que has hecho?-preguntó extrañada Rosa con una sonrisa-. No muchas Gemas pueden hacer lo que tú haces.

-¡He dicho que te calles!-exigió Obsidiana mientras apuntaba a Rosa con su arma. No parecía que Rosa Cuarzo pudiera sacar la pierna de dentro de la tierra, y a pesar de seguir contando con su escudo, esa posición le daba a Obsidiana una oportunidad.

-Vale, ahora no sé porque estás tan enfadada. Deberías relajarte un poco…

-¡Estamos en guerra! ¡¿Cómo quieres que me relaje?!

-Nosotras no estamos en guerra. Las Gemas del Planeta Natal y las Gemas de Cristal sí. Hay una gran diferencia.

-¿Diferencia? ¿Es que acaso me estás diciendo que no eres una Gema de Cristal…, o que no soy una Gema del Planeta Natal?-preguntó molesta Obsidiana. Ya empezaba aquella maldita Gema con sus preguntas e insufribles palabras.

-No es eso. Lo que quiero decir es que tú y yo no tenemos más razón para pelearnos que nuestros diferentes bandos. Si te unieras a nosotras, no habría razón para que tú y yo fuéramos enemigas-dijo tranquilamente Rosa Cuarzo, como si la amenaza de que Obsidiana fuera a romperla no le afectara para nada-. Tienes más en común con nosotras que con ellas. Ellas solo te ven como una herramienta, alguien a quien usar y después desechar. Con nosotras podrías ser realmente libre. Sí, has hecho muchas enemigas entre las Gemas de Cristal, pero podrías llegar a convertirte en una miembro más de nuestra familia si tú…

-Familia…-repitió escéptica Obsidiana, sin dejar de apuntar a Rosa-. Las Gemas no tenemos familia. Somos hechas para cumplir un objetivo, una misión, y tú y tu pandilla de traidoras habéis escupido en ese mismo concepto. Una Gema que no posee una tarea, que no tiene utilidad…no es una Gema en absoluto.

-¿De verdad crees eso, o simplemente es lo que te han dicho que creas?-preguntó Rosa, dejando de sonreír para indicarle a Obsidiana lo seria que era esa pregunta. Obsidiana, si bien no bajó el trabuco, agarró su culata con más fuerza. Odiaba escuchar las palabras de esa maldita Gema. Siempre le metían pensamientos raros en la cabeza-. ¿De verdad crees que una Gema solo puede aspirar a ser eso, el instrumento que lleve a cabo una única tarea? ¿Qué el valor de una Gema se mide en como de útil resulte ser?

-…sí, lo creo-dijo Obsidiana, si bien al principio vaciló un momento antes de contestar. Dicho vacio provocó que Rosa volviera a sonreír, como si intuyera que Obsidiana realmente no creía eso que decía o que empezara a tener dudas al respecto.

-Pues yo creo todo lo contrario. El valor de una vida no se mide en lo útil que sea, o cómo se formara, o lo que hiciera o pensara. El valor de una vida es enorme por el simple hecho de existir, de estar vivo. Tú eres tan valiosa para mí como cualquiera de mis compañeras, como todas las demás Gemas del Planeta Natal.- Obsidiana vio como muy a su pesar su pulso empezó a tambalearse, como su firme agarre sobre el trabuco empezaba a fallar a medida que escuchaba las palabras de Rosa. Todo lo que decía era extraño, blasfémico…y extrañamente reconfortante. Al percatarse de que empezaba a flaquear, Obsidiana se apresuró a salir de su ensimismamiento, y apuntó con renovada firmeza a Rosa-. Por favor, Obsidiana. Podrías hacer tanto bien…podrías ser tan feliz… Únete a nosotras.

Obsidiana apretó los dientes. Esa maldita…rebelde… Con sus palabras melosas y su sonrisa irritante… Todo en ella enfurecía a Obsidiana, quien era incapaz de entender de donde venía tanta rabia. Simplemente lo atribuyó al hecho de que su enemiga jurada, su objetivo a destruir, parecía intentar salvar su vida a base de palabras bonitas y promesas de un futuro mejor si deponía las armas, le permitía vivir, y le dejaba destruir la sociedad del Planeta Natal. Además, era de locos. ¿Por qué iba alguien a invitar a unirse a su bando a la responsable directa de destruir a muchos miembros de su propio grupo, Gemas que seguramente habían sido amigas suyas? Estaba claro que todo aquello tenía que ser una trampa, una estratagema de Rosa Cuarzo. Pues bien, Obsidiana no iba a picar.

-Yo soy…una Gema del Planeta Natal…-dijo poco a poco, como si en vez de a Rosa se lo estuviera diciendo a sí misma-. Antes preferiría morir a convertirme en una traidora. Si crees que te voy a escuchar solo para evitar que te convierta en esquirlas, estas muy equivocada. ¡Jamás traicionaré a Diamante Azul!

-¿Realmente crees que lo que te digo es para que no me dispares? ¿De veras crees que te estoy mintiendo?-preguntó Rosa mientras le sonreía con aire tristón a Obsidiana.

-Sí, eso mismo creo.

-¿Y si te demuestro que no es verdad lo que dices? ¿Qué lo que te estoy ofreciendo es verdad?-preguntó Rosa, aún atrapada en el suelo. Obsidiana, al oir esa propuesta, no pudo evitar soltar un par de incrédulas carcajadas sin dejar de apuntar a Rosa.

-¡Oh, por favor, adelante! ¡Te pido que me lo demuestres, si es que puedes!-exclamó Obsidiana, riéndose de la valiente bravuconada de Rosa. Estaba atrapada, desarmada, y Obsidiana estaba con el gatillo a medio apretar. ¿Realmente creía que la iba a derrotar en semejante posición? Eso había que verlo…

Rosa Cuarzo simplemente sonrió confiada.

-Muy bien. Si insistes…-dijo enigmáticamente.

De repente, el suelo alrededor de Rosa Cuarzo se resquebrajó, sorprendiendo a Obsidiana y alertándola al darse cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Haciendo gala de una gran fuerza, Rosa Cuarzo se levantó de su posición agazapada, extrayendo su pierna aún atrapada en la roca junto a un gran trozo de la colina, arrancada por la fuerza de Rosa. Antes de que Obsidiana pudiera abrir fuego, Rosa lanzó la roca de su pierna a Obsidiana de una patada, sorprendiendo a su enemiga una vez más al no esperarse semejante jugada por parte de la antes atrapada Gema de Cristal. Incapaz de apartarse, Obsidiana optó por volverse incorpórea para evitar que la roca se la llevara por delante, si bien al hacerlo perdió su trabuco, que fue a caer pesadamente al suelo. Sin perder un instante, Rosa Cuarzo le lanzó a Obsidiana su escudo como si de un frisbee se tratara, recorriendo rápidamente el espacio entre ambas e impactando fuertemente en su cara. A pesar de encontrarse en su forma incorpórea, el escudo de Rosa consiguió golpear a Obsidiana, quien de la impresión recobró su forma anterior.

Adolorida, Obsidiana se agarró la zona golpeada con una mano, retrocediendo desorientada mientras trataba de asimilar los rápidos ataques de Rosa Cuarzo. Para cuando consiguió recuperarse y abrir los ojos, Rosa Cuarzo había conseguido recuperar su espada, y abalanzarse sobre ella. Sorprendida por la increíble velocidad a la que la enorme Cuarzo se movía, Obsidiana trató de invocar un trabuco con su mano libre y apuntar a su enemiga. En el instante que Obsidiana tardó en desenfundar su arma, Rosa se había convertido en un borrón que se abalanzó cual relámpago sobre Obsidiana.

¡ZAS! ¡SHING! ¡ZAS! Obsidiana, trabuco en mano, apuntaba inútilmente al espacio en el que hasta hacía solo unos instantes se había encontrado Rosa Cuarzo. Esta se encontraba situada a sus espaldas, con los ojos cerrados y su rostro revelando el grado de concentración de la guerrera. Con una filigrana, Rosa apoyó la punta de su espada en el suelo, moviendo la hoja con movimientos calculados y precisos mientras reposaba ambas manos sobre la empuñadura del arma. Pasó un segundo, luego dos, y al tercero Obsidiana cayó de espaldas al suelo, su trabuco desapareciendo tan pronto como había sido convocado.

Su mente intentaba en vano tratar de entender en qué momento la derrotó. Todo había ido tan deprisa… Su cuerpo dañado no le respondía, sus esfuerzos por levantase eran inútiles. Lo único que podía hacer era ver como Rosa Cuarzo se posicionaba enfrente de ella, espada en mano, y como le apuntaba con su filo al pecho, declarando su victoria sobre Obsidiana.

-¡Grrr! ¡Ñnnnnraaaaaghh…!-gruñía Obsidiana, tratando una y otra vez en volver a ponerse de pie, pero todo era inútil. Rosa Cuarzo la había derrotado, y no había nada más que hablar-… ¿a qué esperas? Hazlo, rómpeme de una vez-dijo Obsidiana, girando la cara para no mirar a Rosa a los ojos. Sentía una gran rabia contra aquella Gema, pero aún más la sentía contra sí misma. Se daba asco de lo débil que era, incapaz de cumplir las órdenes de Diamante Azul, sintiéndose a merced de un enemigo al que debería de haber vencido. Ni siquiera había intentado ir en serio contra ella. Se había limitado a defenderse y a hablar con ella mientras Obsidiana lo había dado todo para derrotarla, pero Rosa Cuarzo se había limitado a jugar con ella. La había tumbado sin demasiado esfuerzo…y ahora su hora había llegado-… ¡VENGA, ¿A QUÉ ESPERAS?! ¡ROMPEME DE UNA MALDITA VEZ!

Para su sorpresa, Rosa Cuarzo clavó su espada en el suelo, a un lado, y luego le tendió la mano a Obsidiana. Su sonrisa amable provocó que Obsidiana mirara confundida a la que creyó que iba a ser su verdugo. ¿Por qué no la había roto?

-Ahora que ya te he vencido, ¿vas a escucharme por fin?-preguntó divertida Rosa Cuarzo, como si le hablara a alguien mucho más joven e inmaduro que ella. Sentía rabia por la manera condescendiente con la que la trataba esa Cuarzo, aunque… A la vez, sus palabras y actitud provocaron la sorpresa y despertaron la intriga en el interior de Obsidiana. Sin ser del todo consciente, se encontró agarrando la mano de Rosa Cuarzo, quien la ayudó a ponerse otra vez de pie.

A su alrededor, la batalla seguía su curso con la clara victoria de las Gemas de Cristal. Sus tropas empujaban a los escuadrones de las Gemas del Planeta Natal hacia atrás, reclamando cada vez más terreno a medida que caían cada vez más guerreras por doquier. Las naves se estrellaron, victimas del fuego de artillería, e incluso la gigantesca base aérea de la que había descendido Obsidiana se vio obligada a retirarse, abandonando al resto de guerreras para que se las apañaran como pudieran. La batalla estaba perdida, y Obsidiana entendió que Diamante Azul no le perdonaría semejante fracaso.

-Todo está perdido…Jamás pensé que el Planeta Natal pudiera perder una batalla…-musitó incrédula Obsidiana al ver el giro que había dado aquella batalla. Por simples números y armamentos deberían de haber podido barrer a esas rebeldes, y sin embargo estaban perdiendo. Era…era difícil de asimilar.

-Es una de las maravillas de la Tierra: nunca sabes qué puede pasar-dijo Rosa, sonriendo-. Y lo mismo se aplica a las Gemas que hemos decidido defender este planeta. En el Planeta Natal, todas estamos obligadas a ser lo que nos dicen que seamos, o sino ya no merecemos vivir en su mundo. Aquí, en cambio, podemos escoger ser lo que nosotras queramos. Aquí podemos ser libres, ser nosotras mismas.

-¿Escoger…?-preguntó Obsidiana, incapaz de concebir semejante planteamiento. ¿Una Gema…escogiendo qué quería hacer en su vida? ¿Sin nadie por encima para guiarla ni supervisarla, ni nadie que le dijera lo que tenía que hacer, cuando lo tenía que hacer, ni nadie que la castigara por no cumplir? Sonaba extraño y bastante rocambolesco…a la par que curioso e intrigante.

-¡Sí, escoger!-exclamó sonriente Rosa al ver que poco a poco estaba empezando a convencer a Obsidiana-. Obsidiana, tu sabes lo que es sufrir a manos de los Diamantes. Las Obsidianas habéis sido utilizadas y menospreciadas durante mucho tiempo. ¿No crees que va siendo hora de que cojas las riendas de tu propia vida, de que decidas qué es lo que realmente quieres hacer?-Rosa Cuarzo señaló con un gesto de su mano el vasto campo de batalla-. Dime, ¿es esto lo que quieres, lo que te gusta? ¿Luchar una y otra vez por aquellas que te exigen luchar para ganarte el derecho a existir? ¿No crees que sería mejor luchar para defender tu derecho a existir, luchar porque tú quieres luchar, poder escoger la causa que tú quieras defender? Tú y todas las Gemas deberíais ser libres y poder vivir en paz en un mundo que no obligara a nadie a ser lo que no quiere ser, a hacer lo que no quiere hacer.

Obsidiana miró el campo de batalla de su alrededor con otros ojos, los ojos de alguien no tan acostumbrado a la batalla. Por todas partes se podían ver los destrozos de la guerra, los miles de fragmentos que aquella batalla había ocasionado, la destrucción y el caos que aún reinaba por doquier. Los gritos y las explosiones aún resonaban por el aire, tan audibles que Obsidiana se preguntó por un momento cuando se acostumbró a escuchar aquel espantoso sonido de fondo, tanto que casi lo había obviado. Verdaderamente era un panorama horrible…y la verdad era que Obsidiana no era lo que se decía muy amiga de los campos de batalla.

-…estaría bien…-empezó a decir, llamando la atención de Rosa-…estaría bien no tener que luchar más. Estaría bien…poder vivir sin tener que luchar, al menos por una vez…

-Aún no es demasiado tarde-dijo Rosa, sonriendo amablemente a Obsidiana y extendiendo una mano en su dirección-. Deja que te ayude. Puedes confiar en mí.

Obsidiana miró incrédula la mano que Rosa Cuarzo le estaba ofreciendo, y luego a la sonrisa de su rostro. Era la primera vez que alguien le sonreía de aquel modo, de manera que Obsidiana era incapaz de entender los sentimientos y pensamientos que aquella sonrisa había despertado en su interior. Diamante Azul lo había sido todo para ella. Contar con su aprobación, resultarle útil por fin, cumplir sus deseos,… Obsidiana nunca había deseado otra cosa que no fuera aquello. Y ahora, de repente, la que debiera de ser su enemiga se encontraba diciéndole que le ofrecía una alternativa, una vía de escape de tanta lucha y tanto caos. Era traición, de eso Obsidiana estaba segura, pero… La oferta era muy tentadora. Si aceptaba…

De repente, se fijó Obsidiana, Rosa Cuarzo pareció centrarse en algo situado a su espalda, y su expresión cambió a una de sorpresa. Obsidiana, extrañada por el repentino cambio de Rosa, notó que parecía que iba a decir algo, estirando su mano como si quisiera parar un… ¡ataque!

Obsidiana, sin girarse por falta de tiempo, trató de esquivar lo que fuera que se le viniera encima, pero llegó demasiado tarde. Un intenso dolor estalló de repente en su tronco, y al bajar la mirada Obsidiana vio que la larga y afilada hoja de una espada le había atravesado el cuerpo, brotándole la punta por la parte de delante.

-Vaya, vaya, vaya…-oyó decir Obsidiana junto a su oído. Esa voz… ¡la Perla de Rosa Cuarzo!-. Mira a quien han cogido con la guardia baja…

-¡Perla!-exclamó Rosa, sorprendida de ver a Perla en aquel lugar-. ¿Qué estás haciendo aquí?

-Las líneas frontales están aseguradas. Vine a ver si estabas bien…y decidí aprovechar tu distracción-dijo Perla, apretando la espada contra Obsidiana y clavando más profundamente la hoja de su espada. Había fallado la Gema de Obsidiana por apenas unos centímetros, pero estaba claro que no iba a poder mantener su forma física mucho más tiempo.

Obsidiana, adolorida por el furtivo ataque de Perla, clavó sus ojos de dolor, rabia e indignación en la sorprendida y horrorizada Rosa. ¿Había sido todo una estratagema para hacerle bajar la guardia? ¿Todo eso de ser libre, de cambiar de bando, de confiar en ella… ¡TODO MENTIRA!?

-Distracción…Todo lo que me has dicho era… ¡Ugh!

-¡No, te equivocas! No era mentira, era…

-Ahórratelo…sucia traidora-escupió Obsidiana, agarrando con una mano la hoja de la espada de Perla. La rabia que sentía por las mentiras de Rosa Cuarzo ardía en su interior, permitiéndole ignorar parcialmente los daños ocasionados en su cuerpo mientras hacía cuanto podía por permanecer en pie. Destrozaría a aquella maldita Cuarzo aunque fuera lo último que hiciera, aunque su Perla luego la rompiera en mil pedazos. No le importaba. Lo único que deseaba en esos instantes…lo único en lo que pensaba…-. ¿Crees en serio que voy a creerte? ¿Crees en serio que traicionaré al Planeta Natal? ¡SOY UNA GEMA DEL PLANETA NATAL! ¡Yo siempre le seré fiel a Diamante Azul…y en su nombre…!-Obsidiana, haciendo uso de sus últimas fuerzas, se llevó la mano libre a la espalda y sacó de ella un trabuco, apuntando rápidamente a una espantada Rosa-. ¡…MUERE!

Antes de que pudiera apretar el gatillo, Perla sacó la espada del cuerpo de Obsidiana a la fuerza, sacudiéndola y provocándole un agudo dolor que le impidió apuntar bien. Su disparo pasó a rozar de la cabeza de Rosa Cuarzo, quien no hizo el intento de apartarse. Al ver que había fallado, Obsidiana trató de dispararle una segunda vez, pero lo único que consiguió fue sentir un lacerante dolor en el cuello, y como su forma física se desvanecía.

Su conciencia volvió a encerrarse en el interior de su Gema, y así acabó la batalla para Obsidiana.


De vuelta al presente:

-…y eso fue lo último que recuerdo de la batalla-concluyó Obsidiana, metiéndose en la boca los restos del último cacho de pizza y chupándose los restos de queso de los dedos.

Steven y Greg, por su parte, parecían despertar de repente del trance en el que se habían visto envueltos mientras escuchaban la historia de Obsidiana. Ambos sabían por las otras Gemas lo terrible que había sido la guerra, pero oírlo de boca de alguien que realmente había estado allí, saber que había sido igual de duro para las del otro bando… Era algo completamente diferente. Greg nunca le pidió a Rosa que le contara como había sido luchar en la guerra, y las Gemas siempre habían intentado evitar los detalles de lo sucedido con Steven, de manera que aquel relato era la primera experiencia que ambos tenían sobre las guerras de hacia tantos milenios. Era…mucho que asimilar.

-Hm, ya no queda pizza…-se lamentó Obsidiana, mirando apesumbrada la caja vacía-. En fin, pues ya está. Nada me retiene ya aquí. Será mejor que me vaya, o el humano Kofi se enfadará conmigo-dijo Obsidiana a Steven y a Greg-. Señor Universe, el dinero de las pizzas.- Greg salió de su estupor y pagó a Obsidiana, quien sin despedirse abrió las puertas de la furgoneta y salió al exterior. Obsidiana avanzó en silencio por el parking hasta que, sin previo aviso, salió despedida hacia el cielo en medio de una nube de sombras y neblina oscura, perdiéndose rápidamente en el cielo nocturno.

Steven trató de seguir con la mirada el rastro de sombras que Obsidiana había dejado, pero pronto el viento nocturno las dispersó y su rastro desapareció en el aire. Entonces, Steven volvió a cerrar las puertas, y se encaró a su padre.

-Vale…La cosa ha ido mejor de lo que esperaba, supongo.

-Yo diría que ha ido bastante bien, si-coincidió Greg-. Ahora sabes qué fue lo que sucedió aquel día, y ese era el plan, ¿no?

-Sí, pero aún sigo sin saber qué fue lo que Perla le hizo para que las dos acabaran así de mal.

-Bueno, podría ser que simplemente Obsidiana le siga guardando rencor por haberla hecho reventar-propuso Greg-. Perla aprovechó la conversación de Rosa con Obsidiana para pillarla desprevenida, y si bien Obsidiana está convencida de que Rosa la engañó, me cuesta imaginarme a Rosa haciendo algo así. Yo más bien pienso que Rosa no sabía que Perla estaba allí, y que todo fue un malentendido por parte de las dos, de Obsidiana y Perla, que se hicieron un lio sobre lo sucedido.

-Aún así, eso no explica porqué Obsidiana sigue diciendo que Perla la torturó. Perla sabía que Obsidiana había sido reventada en la batalla porque fue ella quien lo hizo, y luego mintió al resto de Gemas diciendo que no sabía que Obsidiana se encontraba en el Calabozo. La pregunta ahora es qué pasó después de que Obsidiana reventara, qué fue lo que le hizo Perla y porque, y como pudo llegar Obsidiana al Calabozo sin que las demás Gemas de Cristal, a excepción de Perla, se enteraran.

-Pues en vista de lo que sabemos, la única que podría darte esas respuestas es Perla, pero dudo que te vaya a decir nada.

-Sí-respondió Steven, frotándose el mentón con aire pensativo. Si quería hacer hablar a Perla, iba a tener que obligarla a ello, ponerla en una situación que le impidiera escapar o darle largas. En definitiva, tenía que sacarle la verdad a la fuerza…La pregunta era: "¿Cómo?".

-Todo esto es un lio de pies a cabeza-se quejó Greg, frotándose la nuca mientras se metía en su saco de dormir-. A todo esto, ¿por qué crees que es aconsejable que esas dos resuelvan sus diferencias?

-He visto lo que pasa cuando dos Gemas discuten y se pelean-explicó Steven, metiéndose él también en el saco-, y no es bonito de ver. Granate y Perla se pelearon porque Perla la engañó para formar a Sardónice, Amatista casi huye de casa cuando descubrí lo de la Guardería,… Imagina lo que podría pasar si Perla y Obsidiana, con la de problemas que tienen, se pelearan otra vez como durante la guerra.

-Sí, la cosa podría acabar bastante mal…-coincidió Greg, imaginándose un paisaje desolado por la lucha entre esas dos.

-Se que puede sonar a locura, pero creo firmemente que podríamos evitar esa pelea si las dos simplemente hablaran las cosas y resolvieran sus diferencias de una vez. No digo que Obsidiana vaya a cambiar de idea y se vuelva nuestra amiga así como así, pero si con esto conseguimos evitar que vuelva a intentar matarnos, o que por lo menos deje de intentar acabar con Perla, entonces habrá valido la pena todo el esfuerzo.

-Es una buena idea, hijo, ¿pero cómo vas a hacer que Perla hable?-preguntó Greg-. Tú la conoces tan bien como yo, o mejor incluso. Es cabezota como ella sola, y no creo que ni tú no yo vayamos a conseguir nada preguntándole de frente.

-Ni tú…ni yo…-repitió Steven para así, dándole vueltas a un disparatado plan que se le acababa de ocurrir-… ¿Y si…y si se lo preguntara alguien más? ¿Alguien que supiera cómo hacer hablar a Perla, alguien que la conociera de antes, alguien que pudiera enfrentarse a Perla y no darle más opción que hablar?

-¿Estás hablando de Granate?-preguntó Greg.

-Mejor aún-dijo Steven, pensando ya en los detalles de su arriesgado plan-. Dime, papa… ¿aún guardas aquellos viejos guantes de boxeo?


Al día siguiente, gimnasio de Beach City:

Steven contempló sonriente los preparativos ya finalizados de su plan. Nada más levantarse había ido corriendo a buscar a Granate y a Amatista para contarles la idea que había tenido. Si bien Amatista se mostró tan entusiasmada por la idea como Steven se imaginó que estaría, Granate se mostró más desconfiada. Sin embargo, la explicación de Steven sobre por qué aquel plan iba a funcionar y lo beneficioso que sería para Perla y Obsidiana acabó por convencer a la poderosa Gema. Aún así, le aconsejó, deberían de tener mucho cuidado, ya que cabía la posibilidad de que las cosas se torcieran y entonces Perla y Obsidiana correrían un gran peligro. Peridoto también se apuntó, no tanto por sentirse preocupada por Perla u Obsidiana, sino porque dijo que si Granate y Amatista se iban, ella sola no iba a poder seguir con la construcción del taladro. Así pues, se unió a Steven y al resto en los preparativos de aquel alocado plan.

-Vale, pues esto ya está-comentó Amatista palmeando el hombro de Steven-. ¿Estás seguro de que funcionará?

-En teoría debería de funcionar-respondió Steven, tratando de mostrarse optimista-. Si esto no consigue que Perla cante y que ella y Obsidiana resuelvan sus diferencias, no sé qué lo hará.

-Tu plan suena…bastante barbárico y primitivo-comentó Peridoto, caminando con aire suspicaz por el gimnasio y valorando con ojo crítico la anticuada maquinaria de los aparatos deportivos allí situados-. Sigo sin entender el propósito de todo esto.

-Es muy sencillo. Obsidiana y Perla necesitan hablar las cosas, pero está claro que no se van a sentar y a decirse lo que se tienen que decir por las buenas-explicó Steven-. Así que…vamos a dejar que resuelvan sus diferencias a la antigua.

-¿Encabezando un conflicto de proporciones variables que culmine con la erradicación de uno de los dos bandos y el subsiguiente establecimiento de la ideología del vencedor como la única autentica y verdadera?-preguntó Peridoto. Steven, aún sonriente, se quedó momentáneamente sin saber qué responderle, más que nada porque no acababa de entender la mitad de lo que acababa de preguntar Peridoto.

-Ehm…nnno…-dijo algo reticente Steven-. Vamos a dejar que se peleen.

-¿Y eso es…bueno?-preguntó extrañada Peridoto-. Creí que querías evitar precisamente eso, que Obsidiana y la Perla se pelearan.

-No, lo que quiero evitar es que se peleen a muerte. Si conseguimos controlar la pelea, nos aseguraremos de que no se hagan demasiado daño, y que así descarguen algo de tensión. De esta manera, las dos podrán desahogarse y así estarán más dispuestas a hablar las cosas…o, al menos, eso espero.

La idea de Steven consistía en que Perla y Obsidiana tuvieran la pelea que tanto parecían desear…solo que según sus términos. Lo había dispuesto todo para tener controladas la mayor parte de las variables: habían montado el ring que se solía usar en los combates nocturnos de lucha libre, habían preparado el equipo necesario para mantener un combate controlado de boxeo, y Granate y Amatista estarían presentes en las sillas de alrededor en todo momento para asegurarse de que ninguna de las dos combatientes se pasaba de la raya y decidía invocar sus armas. Steven estaría presente en un principio como árbitro y comentarista, aunque Granate había insistido en que se bajara del ring en caso de que surgieran problemas.

Una vez estuvo todo listo, ya solo faltaba que llegaran las dos Gemas invitadas.

Las puertas del gimnasio se abrieron de repente, llamando la atención de Steven y el resto. En la puerta se encontraba Obsidiana, mirando suspicaz a los allí presentes mientras caminaba lentamente hacia el ring.

-¡Y ahí está! Con dos metros y algo más de altura, un peso aproximado de bastantes kilos, y una sorprendente habilidad para atravesar paredes, presentamos a…¡OBSIDIANA, LA GUERRERA FANTASMAL!-exclamó Steven por el micrófono que colgaba del techo sobre el cuadrilátero, acompañado por los aplausos y ovaciones de Amatista y Granate, si bien esta última se mostró más comedida y se limitó a aplaudir tranquilamente. Peridoto, al ver aparecer a Obsidiana, había corrido a esconderse tras Granate como si le diera miedo que Obsidiana se fijara en ella.

-Recibí tu mensaje, Gema de Cristal-dijo Obsidiana a Steven, pasando junto a Amatista y Granate sin más saludo que un breve vistazo de reojo-. ¿Para qué querías verme? Estoy muy ocupada.

-¡Las explicaciones vendrán luego!-respondió animado Steven, como un autentico presentador de combates-. ¡Ahora, por favor, sube al ring para que podamos empezar!-Steven animó con un gesto a Obsidiana para que subiera, pero esta se limitó a permanecer en su sitio con los brazos cruzados, mirando a Steven con una ceja arqueada. Al ver que no subía, Steven tapó el micrófono con una mano-. El ring es esto en lo que estoy metido. ¿Podrías meterte dentro, por favor?

Suspirando, Obsidiana hizo girar sus ojos y acabó por ceder a la petición de Steven. El joven niño humano sonrió al ver como Obsidiana subía de un salto al cuadrilátero, sorteando sin dificultad las tres cuerdas del ring y posicionándose junto a él.

-Vale, aquí estoy. ¿Ahora qué…?

-¡Ponte esto!-exclamó Steven, pasándole a Obsidiana un par de desgastados guantes de boxeo. Obsidiana, demasiado sorprendida por lo repentino de la petición, se quedó momentáneamente sin saber qué hacer con los guantes en la mano, incapaz de preguntarle a Steven la razón al ver que este se había apresurado a asomarse por las cuerdas en dirección a Granate y Amatista.

-¿Dónde está Perla?-preguntó Steven medio susurrando, mirando de reojo a Obsidiana para cercionarse de que no le hubiera oído. Considerando que parecía bastante metida en el asunto de tratar de ponerse bien los guantes (de momento se estaba metiendo uno de los guantes al revés, muy para confusión e irritación de Obsidiana), Steven concluyó que no le había oído-. Ya debería de estar aquí.

-Greg fue a buscarla. No debería tardar en llegar-dijo Granate calmadamente.

-Tranqui, Steven. Ya sabes que la heroína siempre es la que más tarda en llegar-comentó despreocupadamente Amatista-. Pasa continuamente en el mundo del wrestling. Ya verás. Lo más seguro es que vaya a hacer su aparición…-En el exterior del gimnasio se oyó el sonido de un vehículo frenando, seguido del inconfundible eco de unos pasos que se acercaban a la puerta. Amatista sonrió-…justo ahora. ¡Prepárate!

Granate y Amatista corrieron a sentarse de nuevo en sus asientos, y Steven volvió a agarrar el micrófono. Con las luces apagadas, Steven activó el sistema de música, iniciando el sonido de la clásica música de introducción de luchadores.

-¡Damas y caballeros, con ustedes la campeona de campeones! ¡Con una altura de un metro ochenta y pocos, un peso bastante menor al esperado, y un record de victorias absoluto en combates de esgrima, es un honor para mí presentarles a la única, la inigualable, la imbatible…!-Un foco salió del techo, iluminando a un sorprendido Greg. Al verse enfocado, sonrió algo incomodo, y se apresuró a hacer pasar al frente a Perla, quien le seguía de cerca. Ella también parecía algo desorientada ante aquel foco de luz-…¡PERLA, LA GEMA DE CRISTAL!

Las luces se encendieron de repente, revelando a Greg y a Perla el gimnasio por completo. El recibimiento que Perla recibió fue mayor que el de Obsidiana, con Granate y Amatista aplaudiendo con más intensidad y con más ganas. Los silbidos de ánimo de Amatista eran más estridentes, e incluso Granate se apuntó a animar a Perla con un par de aullidos menos estridentes que los de su compañera. Hasta Peridoto, aún escondida junto a Granate, participó levantando el puño y aullando algo incomoda, sin saber si lo que hacía estaba bien o para qué demonios lo estaba haciendo.

A juzgar por su expresión, Perla seguía sin entender qué era lo que estaba pasando. Confundida, miró a Greg, quien parecía algo incomodo ante la suspicaz mirada de Perla.

-Greg, ¿qué está pasando? Me dijiste que necesitabas que fuera contigo para…-Justo entonces, la atención de Perla se centró en el ring. De pie junto a Steven se encontraba Obsidiana, ajustándose un par de desgastados guantes de gran tamaño en sus puños y mirándola suspicaz con expresión de silenciosa furia. Rápidamente, Perla apartó a Greg a un lado e invocó la lanza desde su Gema-. ¡OBSIDIANA! ¡Greg, ponte a salvo! ¡Amatista, Granate, coged a Steven y…!

-¡Nononono, tranquila, Perla!-se apresuró a decir Steven, tratando de contener a Obsidiana con un brazo mientras esta trataba en vano de sacar sus trabucos de su espalda. Los grandes y torpes guantes que ahora ocupaban sus manos le impedían agarrar nada, muy para su confusión y consiguiente enfado-. Obsidiana no está aquí para acabar con nosotros.

-¿Ah, no?-preguntó confundida Obsidiana, provocando que Steven riera algo nervioso mientras sentía como el sudor frío de los nervios le corría por la sien.

-No…jeje…je…-explicó Steven a Perla y a Obsidiana-. La razón de que ambas estéis aquí, es porque vamos a intentar que resolváis vuestros problemas de una manera que no acabe con una de vosotras rota.

-¿En serio? Pues entonces yo me largo…-dijo Obsidiana mientras intentaba quitarse los guantes.

-Steven, ¿hablas en serio?-preguntó alarmada Perla-. Granate, Amatista, ¡esto es un disparate! ¿Por qué le habéis dejado hacer algo así de peligroso?

-Porque de no haberle dejado, tú y ella os habríais metido en una situación aún más peligrosa-explicó Granate sin alterarse-. Obsidiana habría podido atacarnos en cualquier momento después de desactivar el Clúster, y podría haber habido víctimas inocentes. De esta manera, por lo menos, nos aseguramos de que lo máximo que os hagáis las dos sean un par de moratones.

-¡Sí, aparte de que va a ser increíble!-exclamó Amatista, agarrándose a la silla de enfrente y sacudiéndola por la emoción-. ¡Dos enemigas juradas, enfrentadas la una a la otra en el ring, cara a cara después de tantos años! ¡SI ES QUE ESTO NO PUEDE SER MÁS PERFECTO!

-¿Es que os habéis vueltos todos locos?-exclamó Perla, incapaz de creerse lo que estaba oyendo-. ¡Esto es muy serio, Amatista! Obsidiana debería permanecer encerrada, no libre y partícipe de lo que sea que Steven tenga planeado. Venga, ayudadme a encerrarla antes de que…

-Perla-dijo Steven-…lo sé todo.- Esas pocas palabras detuvieron en seco a Perla y a Obsidiana, la primera sorprendida y repentinamente nerviosa, y la segunda dejándose los guantes puestos y mirando de reojo a Steven.

-¿Cómo…cómo que lo sabes todo…?-preguntó Perla, hablando con voz temblorosa.

-Obsidiana me contó lo que pasó en la guerra de hace 5400 años-dijo Steven-. Sé que fuiste tú quien la hizo reventar, y sé que mamá estuvo hablando con ella momentos antes de que aquello pasara. Aún hay cosas que no sé, cómo qué fue lo que le hiciste a Obsidiana, o porqué sentiste que…que mama te…

-¡No lo digas!-exclamó Perla de repente, furiosa y con expresión dolida. Sorprendidos, los allí presentes vieron como Perla se tapaba la boca, aparentemente incapaz de creerse que le hubiera gritado a Steven.

La única que no parecía sorprendida era Obsidiana. Apoyándose despreocupadamente en las cuerdas cercanas a Perla, la miró con una altiva sonrisa desde el ring.

-Vaya, así que es eso… Aún no se lo has dicho-dijo Obsidiana como si ya se lo esperara-. Supongo que es comprensible. Una Gema que necesita atacar por la espalda para vencer es normal que sea incapaz de explicarles según qué cosas a sus seres queridos. Después de todo…-dijo, sonriendo mientras miraba fijamente a Perla a los ojos-… ¿qué se puede esperar de una pequeña, cobarde, lamentable y débil…Perla del montón?

Perla, sosteniéndole la mirada furiosa a Obsidiana, empezó a avanzar lentamente hacia el ring. Amatista y Granate la observaron pasar por su lado sin que Perla hiciera el más leve intento de mirarlas, obviando completamente la presencia de Peridoto. Greg, por su parte, optó por retirarse tal y como lo había planeado Steven, considerando que a partir de aquel punto era mejor que solo Gemas estuvieran presentes.

Obsidiana se retiró para apoyarse de espaldas en las cuerdas del lado contrario, permitiendo a Perla subirse al ring mientras Steven la dejaba pasar. Sin detenerse, Perla caminó hacia Obsidiana y se plantó a un palmo de ella, apretando los dientes de la furia contenida mientras Obsidiana permanecía con expresión de suficiencia.

-Retira…eso…-musitó Perla. Sonriendo, Obsidiana se inclinó hacia Perla, sus rostros a escasos centímetros de distancia.

-…oblígame.

Parecía que en cualquier momento esas dos fueran a echarse al cuello la una a la otra, de manera que Steven optó por meterse en medio para evitar la situación que, irónicamente, intentaba provocar.

-¡Chicas, chicas! ¡Por favor, así no!-dijo Steven, separándolas-. Obsidiana, por favor, espera en ese rincón. Perla aún ha de prepararse.- Obsidiana, sin dejar de mirar a Perla ni de sonreír altivamente, caminó hacia la esquina señalada por Steven, apoyándose de espaldas en ella con los brazos cruzados al llegar. Si bien seguía furiosa, Steven guió a Perla a la esquina contraria.

-Steven, ¿qué es lo que intentas hacer?-le preguntó Perla a Steven una vez llegaron a la esquina.

-Vale, te haré un resumen-dijo Steven mientras cogía un par de guantes de boxeo y se apresuraba a ponérselos en las manos a la confundida Perla-. No podemos dejar que tú y Obsidiana os matéis la una a la otra, así que la única manera de que os peleéis y saquéis todos los trapos sucios es que lo hagáis de manera controlada.- Steven anudó uno de los guantes a Perla, quien se lo quedó mirando con aire perplejo y confundido mientras su joven amigo se ponía a anudarle el otro-. Ahora, las dos tenéis la oportunidad de hablar…más o menos… lo que fuera que pasó tras la guerra. Por favor, Perla…

-Steven-le interrumpió Perla, sus dos manos ahora enfundadas en los guantes de boxeo-, esta es una idea terrible. No…no creo que sea lo mejor, yo…

-¿Qué te pasa, accesorio sobrevalorado?-preguntó Obsidiana con tono socarrón desde su esquina-. ¿Es que acaso la gran Gema de Cristal tiene miedo ahora que no puede atacarme por la espalda? ¿Tanto miedo me tienes que no puedes enfrentarte a mí de frente?

Perla apretó los dientes al oir aquello, y se giró hacia Steven. Con expresión determinada, asintió al joven niño humano y dejó que le anudara el segundo guante. Pronto, Perla estuvo lista para empezar el combate, de manera que Steven fue hacia el centro del ring y volvió a coger el micrófono.

-¡Muy bien! ¡Luchadoras, al centro del ring!-Perla y Obsidiana abandonaron sus esquinas y empezaron a acercase la una a la otra, peligrosamente de prisa y con los puños por delante. Steven, al ver que parecían dispuestas a empezar a repartir leña antes de empezar, volvió a interponerse-. ¡Alto, alto! ¡Aún no!- Perla y Obsidiana se detuvieron a escasos centímetros la una de la otra. Obsidiana miraba sonriente desde arriba a Perla, mientras esta le sostenía la mirada a su oponente con la misma expresión desafiante, solo que sin la sonrisa. La tensión entre esas dos era palpable, y solo la determinación de Steven le permitió mantenerse firme en su sitio y no salir corriendo-. Muy bien, chicas, quiero una pelea limpia. Solo puñetazos, no golpeéis por debajo de la cintura, y nada de usar poderes de Gema: nada de armas, cambios de forma, o modos fantasma.

-¿Modo qué?-preguntó extrañada Obsidiana.

-Es como me gusta llamar a eso que haces cuando atraviesas paredes, el "modo fantasma".

-¿Te refieres a mi cambio de fase?

-Pues…supongo que sí, pero si no te importa lo seguiré llamando modo fantasma.- Al ver que Obsidiana simplemente se encogió de hombros, Steven decidió proseguir-. Muy bien. Ya conocéis las reglas.-Steven se giró hacia Obsidiana-. Obsidiana, ¿estás conforme?-Obsidiana asintió sin dejar de mirar a Perla. Después, Steven se giró hacia Perla-. Perla, ¿estás conforme?

Perla asintió…e inmediatamente después recibió un puñetazo en plena cara que la hizo retroceder. Sorprendido, Steven se giró enfadado hacia Obsidiana, quien parecía bastante satisfecha por el golpe a Perla.

-¡Obsidiana, aún no! ¡Tenéis que esperar a que os dé la señal!

-¿Y yo como iba a saberlo?-se defendió Obsidiana como si tal cosa-. Además, solo era un golpe de prueba. Quería ver si así era como tenía que hacer esto. ¿Es así, o debería practicar un poco más?-preguntó con tono burlón, mirando divertida como Perla se agarraba la cara con el guante y la miraba furiosa.

-¡Vale, pues lo digo ahora: nada de pegarse hasta que suene la campana!-dijo rápidamente Steven. Sabiendo que esas dos se morían de ganas de empezar, decidió darse prisa y que el combate empezara antes de que Obsidiana siguiera picando a Perla.

Así pues, Steven le dio la señal a Amatista para que hiciera sonar la campana, y cruzó los dedos para que aquello saliera bien, para variar.

-¡¿Listas, luchadoras?!-Obsidiana y Perla asintieron, sin perderse de vista ni por un instante-. ¡PUES VAMOS ALLÁ!

Amatista golpeó con ganas la campana, provocando un tañido que resonó con fuerza por el gimnasio. El sonido pareció sorprender a Obsidiana, que sin saber porqué se giró hacia Amatista.

-Ey, ¿era esa la campana?-preguntó confundida-. Porque a mí no me ha sonado a¡Auch!

Perla, aprovechando que Obsidiana miraba hacia otro lado, se lanzó contra ella y le descargó un poderoso directo contra su cara, provocando que fuera Obsidiana quien retrocediera adolorida. El golpe pareció espabilar a Obsidiana, quien de inmediato volvió a centrarse en Perla.

-¡Y empieza la pelea! ¡Perla inicia el combate con un directo a la cara aprovechando el despiste de Obsidiana!-empezó a retransmitir Steven, observando la pelea desde una esquina. En las sillas, Granate y Amatista empezaron a animar a Perla y a gritarle instrucciones mientras Peridoto optaba por buscarse otro escondite desde donde verlo todo sin que Obsidiana se fijara en ella.

Tras el golpe inicial de Perla, Obsidiana y ella empezaron a dar vueltas por el ring con los puños en alto, buscando un espacio por el que golpear a su rival. Se estudiaron, se miraron fijamente, y al final fue Obsidiana quien rompió el tenso equilibrio de poderes lanzándose al ataque. Sus rápidos golpes trataron de alcanzar a Perla, quien los consiguió esquivar moviéndose de un lado al otro para evitar que ninguno de ellos la tocara. De vez en cuando, Perla respondía con algunos directos al tronco de Obsidiana, pero esta se limitó a esquivarla o a bloquearlos. Perla lo tenía más difícil para acertar a Obsidiana en la cara considerando la diferencia entre sus alturas, pero Obsidiana también lo tenía difícil para alcanzar a Perla debido precisamente a su menor estatura y a su juego de pies.

-¡Venga, Perla!-exclamó Amatista al ver el intercambio de puñetazos-. ¡Tú puedes! ¡Acaba con ella!

-¡Animo!-dijo Granate, más comedida que su alocada compañera.

-¡Parece que ambas luchadoras mantienen el intercambio de golpes! ¡Ninguna de las dos parece llevar ventaja sobre la otra!-siguió diciendo Steven.

-¡Dale fuerte, Perla!-dijo, por raro que pareciera, Peridoto-. ¡Destroza a esa tonta!

Obsidiana, descubriendo entonces que Peridoto se encontraba allí también, se giró con expresión asesina hacia la verdosa Gema. Esta, al ver que Obsidiana la había descubierto, corrió a esconderse bajo su silla.

-¡No te escondas, que te he vist¡AY!- exclamó Obsidiana al recibir un nuevo golpe por parte de Perla, reclamando su atención-. ¡Ey, deja de pegarme cuando no miro! ¿Es que acaso no sabes hacer otra cosa?

-¡La culpa es tuya, por no ser capaz de prestar atención!-respondió Perla, solo para ser acallada por Obsidiana al propinarle esta un gancho en la mejilla.

-¿Prestar atención? ¡Tú siempre atacas por la espalda, miserable cobarde! Justo como aquel día de hace 5400 años…

-¡Eso fue…!-empezó a decir Perla, pero se vio obligada a parar cuando una nueva oleada de golpes de Obsidiana la interrumpió. Con pasos agiles, Perla consiguió evitar los golpes y saltar por encima de Obsidiana-. ¡Eso no fue así!

-¡Venga ya, si tú misma lo dijiste! Rosa Cuarzo se puso a decirme todas esas mentiras sobre la libertad y el derecho a la vida, y tú aprovechaste para acercárteme por la espalda para atravesar mi Gema. ¡Tú, y Rosa Cuarzo, no sois más que un par de cobardes rastreras que usan tácticas despreciables para…!

-¡MENTIRA!-dijo Perla lanzándose contra Obsidiana. Su furioso asalto sorprendió tanto a los espectadores como a Obsidiana, quien se vio obligada a cubrir su rostro con los brazos para protegerse del violento ataque de Perla, furiosa como no lo había estado en mucho tiempo-. ¡Rosa no era una cobarde! ¡Ella jamás rehuyó un combate, y siempre respetó a sus rivales! Fui yo quien se aprovechó de la situación para atacarte, Rosa no tuvo nada que ver.

-¿Oh, así que lo admites?-dijo Obsidiana empujando a Perla y aumentando la distancia entre las dos-. ¿Admites que me atacaste por la espalda como una cobarde?

-Yo…-dijo Perla, vacilando por alguna razón-. No, yo…

-Venga, Perla, estamos esperando-dijo socarrona Obsidiana señalando con su guante al resto de silenciados espectadores. Ya nadie animaba aquel combate, ya nadie comentaba nada ni hacía otra cosa que no fuera escuchar atentamente las palabras de las dos contendientes-. Dilo, admítelo: me atacaste por la espalda porque tenías miedo de mí. Sabías que no me podías vencer, y aprovechaste aquel momento de duda mío para hacer lo que no te atrevías a hacer de frente.

-No…no es cierto…

-Cobarde, mezquina, una guerrera sin honor. Aunque, ¿de qué me sorprendo?-dijo Obsidiana despreocupadamente, apoyándose de espaldas en las cuerdas-. Las Perlas no pueden ser guerreras. ¿Cómo iba una que finge serlo a tener el mismo honor que una guerrera de verdad?

-No…yo…

-En fin, es muy normal-siguió diciendo Obsidiana, aparentemente sin prestarle atención a Perla-. Después de todo, eras la Perla de una traidora. Es perfectamente comprensible que tu también seas una sucia traidora que…

-¡LO HICE PORQUE ROSA TE ESTABA SALVANDO!-estalló Perla. Su repentino grito sorprendió en gran medida a Steven y a los demás, si bien Obsidiana simplemente se calló y dejó de sonreír con altivez, mirando fijamente a Perla-. ¡Rosa…! Rosa…te estaba ofreciendo…la salvación, unirte a las Gemas de Cristal. Después de todo lo que habías hecho, después de todo el daño que hiciste y de todas las amigas a las que nos arrebataste… ¡Rosa estaba dispuesta a permitir que te unieras a nosotras! Eso era algo que no podía permitir.

Granate y Amatista se quedaron mudas del asombro. Al no haber estado ellas presentes en la batalla y no haber conocido la historia que Obsidiana contó a Steven, esta era la primera vez que oían sobre lo sucedido en aquella lejana batalla. Obsidiana, por su parte, no dijo nada al principio. Se limitó a permanecer callada en su sitio, mirando de reojo a Perla mientras parecía meditar sobre algo. De repente, se separó de un empujón de las cuerdas, y se encaró a Perla. Por alguna razón, parecía estar sonriendo ligeramente.

-Así…que por eso lo hiciste…-dijo con tono animado Obsidiana. Perla parecía confundida por la reacción de su jurada enemiga-. Lo hiciste porque Rosa Cuarzo me ofreció unirme a vosotras...Vaya…-Obsidiana empezó a caminar de un lado al otro del cuadrilátero, repitiendo esas palabras para sí y riéndose ligeramente como si le hicieran gracia. Steven no entendía qué era lo que se le estaba pasando por la cabeza a Obsidiana, pero seguro que no era nada bueno.

-Esto…Obsidiana-dijo Steven, acercándose a Obsidiana con precaución mientras la veía reírse con cada vez más fuerza-. ¿Qué…qué es tan gracioso?

-¡Jajajaja…jaja…! ¿Es que…es que acaso no lo ves?-preguntó con aire incrédulo Obsidiana-. Todos estos años…todos estos largos y dolorosos años preguntándome una y otra vez cual fue mi falta, cual fue el crimen que cometí que me hiciera merecedora de semejante castigo… ¡y, al final, ni siquiera fue culpa mía! ¡Todo fue…todo fue porque a Perla no le gustaba la idea de tener que llamarme "compañera"!-exclamó Obsidiana doblándose por la mitad de la risa-. ¡Siglos enteros de conflicto, y es un breve instante de intimidad con otra Gema lo que provoca mi sentencia! Es…es bastante divertido, si lo piensas bien: destruir Gemas y colonias enteras en la guerra…todo para que te castiguen porque la líder de la rebelión quiso que me uniera a ella. Es… ¡es tan divertido…!

-¿Y no…no estás enfadada?-preguntó Steven, sin acabar de ver la gracia en todo aquello.

-¡Oh, no te dejes engañar! La ira me consume-dijo Obsidiana con una sonrisa en el rostro y tono animado-. De hecho, en cuanto se me pase esta risa tonta, voy a aplastar tanto a Perla que la voy a convertir en polvo.- Poco a poco, las risas de Obsidiana empezaron a transformarse en gruñidos, a medida que su sonrisa iba tensándose cada vez mas y convirtiéndose en una expresión de furia.

-¡Perla, ¿es verdad?!-exclamó Steven, olvidándose de la iracunda Obsidiana y centrándose en Perla-. ¿De verdad la intentaste romper…solo porque mama intentó reclutarla?

-¡Tú no lo entiendes, Steven! ¡Ninguna de vosotros lo entendéis!-exclamó, como si incluyera a Granate y a Amatista en esa proclama-. Rosa y yo llevábamos juntas desde el comienzo. Todas las Gemas de Cristal éramos más que compañeras. Éramos amigas, camaradas, hermanas de la misma familia… ¡y Rosa estaba dispuesta a permitir que la asesina de muchas de ellas se uniera a esa misma familia! ¿Cómo iba a permitirlo? ¡Hubiera sido un insulto a la memoria de nuestras camaradas caídas!

-¿Por eso…por eso sentiste que odiabas a mama?-preguntó lloroso Steven. Si bien aquello era lo que buscaba, no por ello le estaba gustando más el rumbo que estaba siguiendo los acontecimientos. Perla se quedó impactada al oir aquella pregunta de labios de Steven, y Granate y Amatista se quedaron conmocionadas al oir aquello. ¿Perla…odiando a Rosa? Era inconcebible.

-Yo…yo…-empezó a decir Perla, hasta que al final agachó la cabeza en señal de rendición. Una solitaria lágrima cayó de su mejilla-…sí. Eso…provocó el inicio de mi enfado. Eso…provocó que hiciera lo que hice, al menos en parte.

-¿En parte?-preguntó extrañado Steven-. ¿Lo que hiciste? ¿A qué te refieres?

-Me refiero a…

-Se refiere a lo que me hizo después-respondió entonces Obsidiana, rodeando con su brazo los hombros de Perla y zarandeándola como si fueran amigas de toda la vida. Perla parecía demasiado avergonzada e impactada como para resistirse, y Obsidiana simplemente siguió hablándole con voz susurrante-. Vamos, Perla…Dilo, explícaselo. El pequeñajo aquí presente a removido cielo y tierra para saber la verdad, para saber cómo eres de verdad en el fondo. Yo te he aplanado el camino lo mejor que he podido, pero ahora te toca a ti-comentó cruelmente Obsidiana-. Dilo…dilo…-Perla vaciló a la hora de hablar, y eso de alguna manera provocó que la ira de Obsidiana se revelara cuando esta de repente gritó-: ¡QUE LO DIGAS!

El grito de furia de Obsidiana sobresaltó a Perla, que al final se vio obligada a explicar lo que durante tanto tiempo había callado. Sabía que Steven y las demás la iban a odiar al enterarse de la verdad, al saber cómo era ella en realidad…pero ya era tarde para tratar de ocultarse.

Había llegado la hora…de contar lo que pasó.

-…después…después de conseguir reventar a Obsidiana, intenté romperla con mi espada para así vengar a nuestras camaradas caídas. En mi mente las veía una y otra vez como en los viejos tiempos, alegres y sonrientes como si aún siguieran a mi lado. Ardiendo de rabia, apunté con mi arma a la gema de Obsidiana, y a punto estuve de romperla cuando Rosa me lo impidió. Dijo que la responsabilidad de destruir a Obsidiana no era mía, sino suya. Ella era la líder de las Gemas de Cristal, y suya era la tarea de vengar a sus camaradas caídas a manos de aquella Gema. Así pues, cogió la gema de Obsidiana y una espada, dispuesta a romperla y a acabar con todo aquel asunto. En ese momento, la aparición de nuevas tropas del Planeta Natal me obligó a volver al campo de batalla y a separarme de Rosa, aunque no mucho después ella también se unió al combate-dijo Perla, recordando con claridad cada segundo de aquel día-. Tras la batalla, le pregunté por Obsidiana, y apesumbrada me dijo que ya lo había hecho: Obsidiana ya no nos molestaría nunca más. Entendí que no debía de haber sido una decisión fácil para Rosa, quien respetaba y amaba a todos los seres vivos sin importarle el bando al que pertenecieran. Por respeto a ello, no hice más preguntas y simplemente acepté que Obsidiana había desaparecido para siempre. Creí que todo se había solucionado…hasta que vi algo que me heló el cuerpo por completo. Hasta que vi a Rosa…en aquel momento… traicionándome a mí y a nuestras compañeras caídas. Hasta que…sentí aquel fuerte odio por Rosa, la primera vez que me pasaba… El inicio…de la pesadilla.


Hace 5300 años, interior del templo de las Gemas de Cristal:

Perla caminaba dolida y llorosa por los pasillos del templo, tratando de mostrarse valiente mientras hacía un inventario de los daños y revisaba que el templo hubiera resistido bien el ataque. Hacía apenas un día que las Gemas del Planeta Natal habían atacado el templo, invadiendo a toda velocidad su interior y asaltando por la fuerza el Calabozo, donde se encontraban prisioneras decenas de las Gemas más peligrosas que jamás antes hubieran pisado el planeta. Muchas Gemas de Cristal, algunas muy buenas amigas de Perla, habían caído víctimas del veloz ataque, marcando a fuego la señal de la derrota en el corazón de las supervivientes.

Lo único bueno de todo aquel asunto era que, al menos, los daños ocasionados al templo eran mínimos. Su base permanecía en buen estado a pesar de las circunstancias, y habían conseguido resistir bastante tiempo a las invasoras a pesar de sus diseminadas fuerzas, repartidas por el planeta para poder hacer frente a los ejércitos del Planeta Natal. La situación era difícil por el momento, pero Perla confiaba que pronto las cosas fueran a mejorar para ellas. Cada vez ganaban más batallas, sus tropas eran más fuertes, y obviando aquel funesto suceso, la guerra avanzaba positivamente para las Gemas de Cristal. Aquel suicida plan de sacar al resto de Gemas prisioneras del Calabozo había sido la prueba definitiva de que los Diamantes se estaban empezando a desesperar.

Los pasos de Perla la llevaron a las entrañas del templo, justo a las puertas del mismísimo Calabozo, donde lo más cruento del combate había acontecido. Ya solo le quedaba revisar aquel lugar, y habría acabado con la inspección, de manera que sin más dilación se dispuso a adentrarse en las profundidades del templo. Sus pasos resonaban ligeramente contra la dura superficie de las escaleras, si bien la atención de Perla parecía más centrada en las nuevas marcas y destrozos que habían aparecido en las paredes del túnel, todas pruebas y duros recordatorios de la sangrienta batalla que había acontecido en aquel mismo lugar no hacía mucho. Tratando de no pensar mucho en ello, Perla siguió avanzando hasta llegar a la entrada del Calabozo.

Para sorpresa de Perla, las luces del Calabozo estaban encendidas. Los cristales de las paredes estaban activados, iluminando la estancia y los pilares de piedra que servían como cárceles en las que encerrar a las prisioneras, ahora vacías tras la exitosa fuga.

Rosa Cuarzo se encontraba allí abajo también, de pie frente a una de las columnas. Perla no entendía qué hacía allí Rosa, pero conociéndola tal vez hubiera bajado a lo mismo que ella, a inspeccionar los daños ocasionados al lugar y a pensar en lo que había pasado. No solo habían sido las amigas de Perla las que habían caído el día anterior, también habían sido muy amigas de Rosa, y seguramente ella también se encontraba afectada por lo sucedido. Perla dio un paso en dirección a Rosa con la intención de consolarla y, tal vez, buscar consuelo para ella misma al mismo tiempo, pero de repente Perla vio algo que no acabó de entender.

Uno de los pilares…aún estaba activo.

Presentaba la señal inequívoca de que aún había una Gema allí encerrada, un pequeño círculo blanco en contraposición a la oscuridad del propio pilar. Perla no entendía lo que estaba pasando. Según la información de la que disponían, todas las Gemas del Planeta Natal prisioneras se habían escapado, sin excepción. Es decir, ¡si la mismísima Rosa Cuarzo había corroborado…!...había corroborado…esa información… Perla optó por permanecer escondida al pie de la escalera, observando en silencio el desarrollo de los acontecimientos.

Rosa activó el pilar de piedra, abriendo la compuerta y agarrando algo de su interior. Perla logró distinguir aquello que Rosa había cogido. Se trataba de una burbuja rosa de pequeño tamaño…con una Gema negra en su interior. Una horrible sospecha nació de repente en el interior del pecho de Perla. Esa gema… ¿podía ser…? No, Rosa le había confirmado que Obsidiana había sido destruida aquel día tras reventarla. ¡Rosa le había dicho que la había destruido! Debía de ser un error, debía de haber mirado mal…No podía ser que Rosa le hubiera mentido, que hubiera…que hubiera…

-Obsidiana…-dijo Rosa a la pequeña gema, como si esta pudiera escucharla. Oír a Rosa decir aquel nombre confirmó los miedos y sospechas de Perla, quien sintió nauseas al pensar que Rosa pudiera haberle mentido de aquel modo-… me alegro tanto de que sigas aquí. No sé porque tú has sido la única que no se llevaron, pero es una suerte que no lo hicieran. Hay tanto trabajo por hacer…

Perla era incapaz de creer lo que escuchaba. Rosa había escondido a Obsidiana, la había guardado en una burbuja y les había mentido a todos diciendo que la había destruido. Era…era… Perla sentía como, a pesar de no necesitar respirar, le faltaba el aliento por un momento, respirando pesadamente mientras hacía cuanto podía para contener las lágrimas que semejante revelación habían provocado. Rosa les había mentido. Rosa LE había mentido. Rosa lo era todo para ella…y había elegido proteger a una enemiga…de ella. ¿Es que acaso ahora era ella la enemiga? ¿Es que acaso era ahora Obsidiana su favorita? ¿CÓMO PODÍA SER? ¡Ella era una Gema del Planeta Natal! ¡Ella había destruido a sus compañeras! ¡Ella la había intentado romper mil y una veces! ¿Por qué…por qué iba Rosa tan lejos para proteger a una enemiga? No…no tenía sentido…

-Las otras no pueden saberlo, así que deberás permanecer aquí algún tiempo-siguió diciéndole Rosa a la gema de Obsidiana-. Aquí estarás a salvo, lejos de la lucha y el dolor, y algún día, cuando la guerra se acabe y hagamos de este mundo un lugar seguro para las Gemas que elijan abandonar el Planeta Natal…podrás ser una de nosotras-dijo Rosa con una sonrisa-. Hasta entonces…que descanses.

Rosa volvió a colocar a Obsidiana en el interior del pilar, y cerró la compuerta. Perla sabía que lo siguiente que pasaría sería que Rosa iría hacia las escaleras, donde estaba ella, para salir de allí, de manera que lo mejor sería que se fuera de allí lo más rápidamente posible. Subiendo los escalones a todo correr, Perla consiguió salir a la sala del Corazón de Cristal antes de que Rosa llegara a las escaleras. A continuación, vigilando que nadie la hubiera visto, corrió a esconderse tras una de los tubos que salían de la gigantesca construcción que daba nombre a aquella sala, esperando a que Rosa saliera también por la misma puerta que ella. No tuvo que esperar mucho, ya que al cabo de un minuto Rosa salió por la puerta como si tal cosa, sonriendo para sí sin saber que Perla la vigilaba desde su escondite. Con paso tranquilo, Rosa se dirigió hacia uno de los muchos pasillos allí presentes, y pronto se perdió de vista.

Apoyada en la dura superficie del tubo, Perla se dejó caer hasta sentarse en el suelo, llorando en silencio a causa de lo que acababa de ver. Se repetía una y otra vez en su mente que no, que lo que había visto no era verdad. Rosa no la había traicionado. Rosa no había protegido a una enemiga, a una asesina. Rosa no…no…le había mentido. Las manos de Perla se agarraron cual garras a sus piernas, tensándose de la rabia y la indignación que en esos momentos sustituyeron a la tristeza y al dolor. ¿Cómo…cómo se había atrevido? Después de todo lo que habían vivido, después de todo lo que había hecho por ella… ¿¡CÓMO SE ATREVÍA A ENGAÑARLA DE ESE MODO?! ¿Y todo para qué? ¿Para proteger a una asesina, a una Gema del Planeta Natal…a Obsidiana? ¿Qué tenía ella que valía tanto la compasión de Rosa? ¿Qué había hecho ella para merecer el amor de Rosa? ¿Qué... qué había hecho que ella no hubiera hecho ya cientos de veces? ¿Qué se había creído esa…esa…?

El fuego que ardía en su pecho enturbiaba en su mente, pero incluso en su alterado estado Perla fue capaz de llegar a una simple y sorprendente conclusión: sentía…odio…por Rosa. Rosa…le había hecho daño, y ahora la odiaba… De haber comido algo, Perla lo hubiera vomitado de las nauseas y el horror que invadieron su cuerpo. ¿Cómo…por qué…qué razón había…para que ella sintiera odio por Rosa? ¡No, ella no quería odiarla! Ella la quería, la quería de verdad…pero en esos momentos era incapaz de quererla como antes. Su amor por ella se había visto manchado por el odio, por la rabia,… y Perla no sabía cómo volver a lo que era antes de odiar tanto a la Gema que la hizo ser como era.

Ella no era así…Ella era Perla, la Perla que había acompañado a Rosa Cuarzo en cada paso de aquella guerra, la Perla que lo había dado todo por estar a su lado, por devolverle el magnífico regalo que le había dado, el regalo de la libertad. Entonces, si ella no era así… ¿de dónde venía aquel odio, qué había provocado aquella rabia? ¿Quién o qué era el verdadero culpable de que Perla se sintiera de aquella manera, que su amor por Rosa se hubiera visto teñido de amargura y dolor?

"Obsidiana", comprendió Perla…Era Obsidiana…Esa…maldita Gema…asesina, malvada, sádica…esa horrible Gema que le había hecho tanto daño en el pasado era la culpable…la culpable de que ahora se sintiera tan miserable, miserable por haber sentido semejante rabia y resentimiento por alguien tan querido para ella como lo era Rosa. Todo…todo era… ¡TODO ERA CULPA SUYA!

En silencio, Perla se puso de pie. Su mente se había despejado de repente, los gritos de indignación de su cabeza callados como la calma que sigue a la tormenta, barriéndolo todo y dejándolo yermo y claro. Poco a poco, sus pies empezaron a caminar de regreso al Calabozo. No sabía exactamente lo que estaba haciendo, ni lo que iba a hacer, pero era como si su cuerpo hubiera cobrado voluntad propia, guiándola a donde se suponía que tenía que estar, para hacer lo que se suponía que debía hacer.

Las luces del Calabozo permanecieron apagadas cuando ella llegó. Perla no las necesitaba para lo que iba a hacer. En silencio, se dirigió decidida hacia el pilar en el que había visto a Rosa encerrar a Obsidiana. Su respiración, antes agitada y pesada, se había normalizado y calmado. Sus mejillas aún presentaban rastros de lagrimas, pero de sus ojos no salieron más gotas. Con parsimonia, casi delicadamente, Perla activó el pilar. La compuerta se abrió para Perla, revelando su contenido y mostrándole la ligeramente brillante burbuja en la que se encontraba Obsidiana, su tenue resplandor rosado iluminando las facciones de Perla. Sintiendo despertar en su interior la fría furia de antes, Perla agarró la burbuja entre sus manos.

Perla conocía muy bien el funcionamiento de una burbuja. Cuando una Gema era encerrada en su interior, su conciencia entraba en estado de reposo absoluto, durmiendo en el interior de su Gema sin posibilidad de despertarse a no ser que la burbuja se viera comprometida o destruida, momento en el cual la Gema de su interior recuperaría la consciencia y podría volver a adoptar forma física. Por tanto, Obsidiana se encontraba a su merced, incapaz de moverse o siquiera de verla u oírla.

"Sería tan fácil…tan fácil acabar con ella", pensó Perla, pasando la mano por la lisa superficie de la burbuja. En su lugar, lo que Perla hizo fue otra cosa, algo que nunca antes había hecho, y que si bien sabía que estaba mal…le daba igual. Las cosas no podían quedarse como estaban, alguien tenía que pagar. Perla no quería enfrentarse a Rosa porque, de hacerlo, las cosas entre ellas cambiarían para siempre. Por tanto, Perla decidió hacérselo pagar a Obsidiana. Decidió hacerle pagar por haberle hecho odiar a Rosa, por haber destruido a tantas de sus compañeras, por haber sido su enemiga en la guerra… Las razones eran muchas, y Perla sintió que en aquel caso ella era la que tenía razón. No había necesidad de juicio, ni de segundas opiniones. ¿Quién mejor que ella para juzgar a aquella criminal? ¿Quién mejor que ella para vengar a sus amigas? ¿Quién mejor que ella para hacer justicia?

Sonriendo con expresión agotada, Perla deshizo la burbuja de Obsidiana, y la sustituyó rápidamente por otra, una pequeña burbuja blanca que ella misma había invocado. A diferencia de la burbuja de Rosa, esa pequeña burbuja carecía del brillo natural que hasta el momento había servido de luz para Perla, sumiendo nuevamente el Calabozo en las sombras. De repente, la gema de Perla empezó a brillar ligeramente, lo bastante como para que esta nuevamente pudiera contemplar la nueva burbuja de Obsidiana.

-Hola, Obsidiana…-dijo susurrante Perla, su sonrisa aún visible en su rostro-. ¿Te acuerdas de mí? Soy yo, Perla, la misma Perla que te reventó en el campo de batalla.- El tono ligeramente animado de Perla sonaba cruel y frio, pero a Perla poco le importó. Obsidiana no se merecía otra cosa. No, lo que ella se merecía era sufrir-. Imagino que te estarás preguntando dónde estás, qué te pasa, o porque hasta ahora no has podido ver ni hablar ni moverte siquiera. La respuesta es muy sencilla: estás en una burbuja. Hasta hace un momento estabas en una burbuja simple, de manera que es normal que no fueras capaz de pensar o moverte porque estabas inconsciente. Por suerte para ti, te he hecho otra burbuja solo para ti, una burbuja muy especial…-siguió diciendo Perla a la gema de Obsidiana. Su pequeña sonrisa y su mirada tierna no correspondían con lo que Perla estaba haciendo, con el odio y la furia que aún ardían fríamente en el pecho de Perla. Sentía…sentía que estaba haciendo lo correcto. Sentía que Obsidiana se había ganado aquello con sus acciones. Sentía…placer, al pensar en el futuro que le aguardaba a aquel monstruo de los Diamantes-. Verás, lo que hace diferente a esta burbuja son dos cosas que, con mucho gusto, te explicaré…

-Primero, mientras que las demás burbujas están diseñadas para impedir que la Gema de su interior despierte, la tuya está diseñada para hacer todo lo contrario: pase lo que pase, no vas a poder caer inconsciente ni dormirte mientras estés ahí dentro-siguió diciendo Perla-. De esta manera, nos aseguramos de que puedas disfrutar de las vistas todo lo que tu quieras-comentó burlona Perla, regodeándose en la ironía de pensar que la sombría Obsidiana se iba a pasar la eternidad atrapada en aquella absoluta oscuridad-. Y la segunda cosa que hace especial a tu burbuja, es que no brilla. Puede no parecer importante, pero en realidad lo es. Como tu bien sabes, las Gemas recurrimos a la luz no solo para generar nuestros cuerpos físicos, sino que en parte también nos nutrimos de ella. Le da energía a nuestras Gemas, nos sostiene, y básicamente es lo que nos mantienen en funcionamiento. Ahora bien…-dijo Perla, acercándose la pequeña burbuja a la cara como si quisiera asegurarse de que Obsidiana la estaba oyendo-… ¿sabes lo que le pasa a una Gema cuando le privan de esa luz? ¿Cuando pasa un año, un mes, una semana o ni que sea un día sin que su gema reciba el más mínimo contacto con una fuente de luz?-Obviamente, Obsidiana no podía responderle, pero a Perla no le importó. Sabía que estaba escuchando, no le quedaba otro remedio-. No te preocupes…pronto lo averiguaras.

Perla, satisfecha, volvió a meter a Obsidiana en el pilar, y la miró sonriente mientras cerraba la compuerta.

-Adiós, Obsidiana… Que descanses-se despidió Perla, y la compuerta se cerró. Obsidiana volvía a estar atrapada, solo que ahora en vez de una celda…aquello iba a ser su infierno personal.

Perla salió del Calabozo sintiéndose un poco mejor, más aliviada que antes. Lo había hecho…había castigado a la culpable de…bueno, todo. Sus compañeras habían sido vengadas, su odio por Rosa había desaparecido,…

"Sí, todo va a salir bien…", pensó alegremente Perla, saliendo por la puerta al subir las escaleras y apartando rápidamente a Obsidiana de sus pensamientos. Había hecho bien.


-…pero hice mal…-dijo Perla, terminando su relato-. Pronto la satisfacción de lo que hice se convirtió en amargura. Me sentía…tan culpable por lo que había hecho. No me creía que lo hubiera hecho, la verdad-comentó conmocionada-. Que yo hubiera…hubiera…

-Torturado-propuso Obsidiana, apoyada tranquilamente en una esquina del cuadrilátero. A pesar de ser la palabra que Perla buscaba, se vio incapaz de decirla en alto. Inspirando mientras trataba en vano de contener las lagrimas, siguió hablando.

-…pero no podía liberarla. Sería como admitir lo que hice, y Obsidiana hubiera vuelto para darnos caza una vez más. Muchas veces pensé en bajar y acabar con todo, romper a Obsidiana de una vez por todas y terminar con aquel asunto, pero… Rosa siempre estaba allí, en mis pensamientos. Su presencia me recordaba todo lo que perdería si se descubría lo que había pasado, y eso era algo que no podía permitir. Romper a Obsidiana no solo hubiera provocado que Rosa se enterara de lo que había hecho…sino que además me veía incapaz de hacerlo. Torturar a alguien…y luego destruirlo…-Perla cayó de rodillas al suelo, llorando a lagrima viva mientras trataba de limpiarse torpemente las lagrimas con los guantes-… ¡hubiera sido…hubiera sido tan malvada como los Diamantes! ¡No sabía que otra cosa hacer! Así que…permanecí en silencio. La guerra acabó, y ocupadas como estábamos tratando de contener a las Gemas corruptas no tuvimos más tiempo para preocuparnos de otros temas. Rosa seguía pensando en Obsidiana, lo notaba, pero simplemente no encontró el momento oportuno para contarnos la verdad, decirnos que Obsidiana se había salvado gracias a ella. De haber llegado ese día…no sé que hubiera hecho, pero…

-Perla…-dijo Steven, situándose a su lado. Perla miró espantada a Steven con sus brillantes ojos llorosos, y se dio la vuelta avergonzada. ¿Cómo iba a mirarle ahora a la cara? ¿Cómo iba a mirar a sus amigas ahora a la cara? Lo que había hecho…lo que ahora sabían de ella… Mirar a Steven siempre había sido como mirar un reflejo del recuerdo de Rosa, y en esos momentos era como si la propia Rosa la estuviera mirando, juzgando su terrible acción como…

Un abrazo. Steven estaba abrazando a Perla, sorprendiéndola al no esperar semejante acción por parte del joven niño humano. La humedad que venía de la zona en la que la cabeza de Steven se encontraba apoyada le indicó que estaba llorando. Al pasar la mirada por la zona de las sillas, vio que Amatista y Granate también parecían estar llorando.

-Steven…suéltame. No…no me merezco…

-¡NO DIGAS ESO!-exclamó Steven, sorprendiendo a Perla. Al alzar la mirada, Perla comprobó que, efectivamente, Steven estaba llorando-. ¡Lo siento! Yo…no lo sabía. Si hubiera sabido que era…que era…-trató de decir Steven-. No te hubiera forzado a decirlo…

-No, Steven-dijo Perla, limpiando con los guantes delicadamente las lagrimas del pequeño niño humano-. Tú hiciste bien. Las chicas…tú…os merecíais saber la verdad. Obsidiana, a pesar de sus crímenes contra las Gemas de Cristal…no se merecía lo que le hice. La única culpable aquí…soy yo.

-¡No, Perla!-dijo Steven-. Tú…

CLAP. CLAP. CLAP. El sonido de aplausos llamó la atención de Steven y Perla. Se trataba de Obsidiana que, tras quitarse los guantes, había empezado a aplaudir con parsimonia, mirando inexpresiva a Perla.

-Por fin…Después de tanto tiempo, la verdad sale a la luz-comentó Obsidiana paseando por el ring, sin dejar de aplaudir-. Debo admitir…que me has vuelto a sorprender, Perla…-comentó Obsidiana con tono casual-. Todos estos años, creyendo que había una razón de peso para haberme encerrado y torturado durante cinco milenios, y resulta que todo era… ¡por celos!-exclamó Obsidiana, sonriendo con aire de incredulidad-. No soportabas que Rosa Cuarzo me hubiera protegido, que hubiera intentado darme una segunda oportunidad,… ¡y decidiste borrarme del mapa!- Obsidiana soltó un par de carcajadas como si todo en realidad hubiera sido un chiste, sorprendiendo y asustando bastante a Steven-. Cinco milenios…atrapada en un agujero bajo la tierra…condenada a una oscuridad infinita, a un silencio sepulcral, sin poder moverme ni encontrar consuelo en la inconsciencia, obligada a permanecer despierta todo ese tiempo sin poder ver, oir ni sentir nada que no fuera dolor…-siguió comentado Obsidiana, si bien poco a poco su sonrisa había ido desapareciendo-…Un dolor atroz, un dolor que sentía en cada milímetro de mi gema, un dolor punzante al que nunca me acostumbraba, un dolor que era como una sed que nunca desaparecía…

Obsidiana se giró hacia Perla. Ya no sonreía para nada. Al contrario, su rostro parecía convertirse en una máscara de pura furia que aumentaba a cada momento que pasaba, caminando poco a poco hacia donde se encontraban Perla y Steven.

-…y todo… ¡TODO!...porque tú…estabas… ¡¿CELOSA!?-gritó a pleno pulmón Obsidiana, abalanzándose sobre Perla y agarrándola por el cuello antes de que nadie pudiera impedírselo. Obsidiana, con los dientes apretados en una mueca de pura furia desatada, alzó a Perla en el aire sin dificultad, la cual apenas pataleaba mientras se agarraba al brazo de Obsidiana con expresión de dolor.

-¡No, Obsidiana!-exclamó Steven-. ¡Por favor, detente!

-Podría haberlo entendido si lo hubieras hecho por las colonias que arrasé…-siguió diciéndole Obsidiana a Perla-. Podría haberlo entendido si lo hubieras hecho por las Gemas de Cristal que destruí…-Las lagrimas empezaron a brotar de los ojos de Obsidiana, sorprendiendo a Steven y a Perla al no esperarse aquello en la furiosa Gema-…Pero que me digas que lo hiciste porque Rosa Cuarzo me habló…Que me digas que todo fue porque tu juzgaste que no me merecía su amor, su compasión… ¡¿QUÉ DERECHO TENÍAS TÚ A HACERME ESO?! ¿¡TIENES IDEA DE CUANTO HE SUFRIDO!?

-Lo…lo siento…-trató de decir Perla, pero Obsidiana la hizo callar apretando aún más su agarre.

-¡Es muy tarde para decir "lo siento"!-dijo con lagrimas en los ojos, mirando furiosa a Perla mientras sacaba uno de sus trabucos de su espalda-. Ahora te voy a dar autenticas razones para odiarme…Ahora voy a mostrarles a tus amigas la clase de ser que tú les dijiste que era…Ahora…van a ver… ¡COMO UN MONSTRUO DESTRUYE A OTRO!-Obsidiana apuntó a Perla en la frente con su arma. Amatista y Granate se encontraban ya de pie y listas para entrar en combate, y al ver sacar el arma a Obsidiana rápidamente se abalanzaron contra el ring, tratando de subir a este lo más rápidamente posible. Peridoto, que no sabía qué hacer, se encontró sin saber por qué siguiendo a las Gemas de Cristal en su intento de salvar a Perla.

-¡NOOOO!-exclamó Steven, abrazándose a la pierna de Obsidiana-. ¡No, no lo hagas!

-¡Déjame en paz, niño humano!-dijo Obsidiana sin mirarlo-. He esperado demasiado tiempo por este momento…

-¡SUELTALA!-exclamaron Amatista y Granate, habiendo llegado al ring, con sus armas desenfundadas y listas para atacar en cuanto fuera seguro para Perla. Peridoto, que no contaba con ningún arma, se encontraba medio escondida tras Granate.

-¡Granate, Amatista, sacad a Steven de aquí!-gritó Perla, dejando de resistirse-. ¡Salid de aquí, y no miréis atrás! ¡Esto es algo que debo hacer yo!

-¡No te vamos a dejar aquí!-dijo Granate, mirando fijamente a Obsidiana y vigilando cada movimiento suyo.

-¡Sí! Tendrás tus problemas mentales, pero eres nuestra amiga… ¡y no dejaremos que te rompan así como así!-coincidió Amatista, látigo en mano.

-Tanto compañerismo, tanta lealtad…-dijo casi con asco Obsidiana, mirando de reojo a las demás Gemas de Cristal-. Tú no te mereces nada de eso…-le dijo a Perla.

El dedo de Obsidiana se encontraba a medio camino de apretar el gatillo. Al verlo, Granate y Amatista corrieron hacia Obsidiana y Perla, la segunda cerrando los ojos a medida que se resignaba a su destino final.

-¡NOOOOOOOOOO!-gritó Steven mientras creaba una burbuja. Dicha burbuja se expandió rápidamente desde su gema y creó una barrera que empujó a Granate y Amatista hacia atrás. La burbuja absorbió el cuerpo de Obsidiana, permitiéndola entrar en ella…pero impidiéndole el paso a Perla, de manera que Obsidiana se vio obligada a soltarla. Perla cayó pesadamente al suelo, mirando entre espantada y sorprendida la rosada barrera que había ahora entre ella y Obsidiana. Esta, al ver que Perla quedaba ahora fuera de su alcance, trató de dispararle un par de veces, pero la barrera resistió sus disparos sin mucho esfuerzo.

-¿Pero qué…? ¿Qué ha pasado?-quiso saber Obsidiana, mirando furiosa la esfera rosa que ahora la mantenía atrapada. Su atención se vio centrada entonces en el otro ocupante de esta, el niño con la gema de Rosa Cuarzo…el niño que la había encerrado allí-. Tú…

-¡Por favor, parad! ¡No os peleéis más!-exclamó Steven en un intento de parar la pelea, aparentemente ajeno a que Obsidiana avanzaba hacia él con expresión asesina. Al verla, Granate y las demás trataron de romper la burbuja para llegar junto a Steven, pero sus ataques no conseguían traspasar la dura barrera.

-¡Steven, baja la barrera!-exclamó Granate.

-¡No! Si lo hago… ¡alguien resultará herido!

-Sí, y serás tú como no bajes esta barrera ¡en este preciso instante!-amenazó Obsidiana a Steven, apuntándole con su trabuco y completamente furiosa. La amenaza de Obsidiana provocó que las Gemas de Cristal reanudaran sus esfuerzos por romper la burbuja, pero era en vano.

-¡Steven!-gritaron las tres. Incluso Peridoto, a espaldas de Obsidiana, había intentado romper la burbuja con sus manos desnudas, golpeándola lo más fuerte que podía mientras trataba de llegar hasta Steven.

-¡Hablo en serio, Gema de Cristal!-repitió Obsidiana-. Ya has oído lo que me hizo tu Perla. ¡ELLA TIENE QUE PAGAR!

-¡No! ¿Es que acaso no lo veis?-dijo Steven, mirando decidido a Obsidiana como si el trabuco de esta no le diera miedo.

-¡¿Ver…qué?!

-¡LA RAZÓN POR LA QUE MI MADRE QUISO SALVAR A OBSIDIANA!-exclamó de repente Steven, sorprendiendo a todas las Gemas presentes. El silencio se hizo de repente en el gimnasio, mientras todas miraban sorprendidas a Steven. Incluso Obsidiana parecía ahora más sorprendida que furiosa, si bien su trabuco seguía apuntando a Steven.

-La… ¿razón?-preguntó Obsidiana, sin acabar de entender.

-¿No lo veis? Está muy claro para mí… Antes no lo podía ver porque no sabía la historia al completo, pero ahora que la sé, me he dado cuenta de por qué mama decidió arriesgarse tanto para salvar a Obsidiana, a pesar de ser su enemiga.

Para sorpresa de todos, Steven deshizo la burbuja. Anonadada por la noticia y por ese suceso, Obsidiana bajó el arma y se quedó mirando a Steven durante unos instantes. Su mirada de reojo se posó en Perla, quien se encontraba de pie a apenas un metro de ella con su lanza en la mano, arma que había invocado antes para tratar de abrir la burbuja. Steven se preguntó asustado si Obsidiana trataría de atacar a Perla, pero lo que hizo fue girarse de nuevo hacia él.

-¿Qué…razón?-preguntó Obsidiana, extrañada y suspicaz.

Sonriendo al notar que había captado el interés de las Gemas, Steven cogió con una mano la mano libre de Obsidiana, y luego la llevó junto a Perla. Si bien ambas se tensaron al verse la una frente a la otra, Steven simplemente estiró su mano y cogió una de las de Perla, quedando las dos conectadas a través de Steven.

-La razón…es que mi madre se dio cuenta que las dos sois iguales-dijo tranquilamente Steven, sorprendiendo a todas las presentes y provocando que Obsidiana y Perla se miraran incrédulas.

-… ¿iguales?-preguntó extrañada Perla.

-¡Perla y yo no somos iguales en nada!-exclamó Obsidiana, soltándose de Steven y alzando de nuevo el trabuco en dirección a Perla-. Nuestras Gemas son diferentes, nuestros cuerpos son diferentes, nuestros bandos son diferentes,… ¡No nos parecemos en nada!

-Eso no es cierto-dijo Steven poniéndose entre las dos-. Tenéis mucho en común, y mama se dio cuenta en seguida de ello.

-¿Ah, sí?-preguntó incrédula Obsidiana, mirando fijamente a Perla-. ¿Y qué es eso que nos hace tan iguales, eh? Dime, ¿qué es?

-Es…vuestro pasado-dijo Steven, sorprendiendo por tercera vez a Obsidiana y a Perla. Su… ¿pasado? Steven comprobó que Obsidiana y Perla habían bajado de nuevo sus armas, y decidió explicarse-. Mama debió de notarla durante la guerra. Yo solo he sido consciente al oíros explicar lo que pasó hace 5400 años. Todo empezó con lo que Peridoto me dijo de ti, Obsidiana, pero…

-¿Peridoto?-preguntó extrañada Obsidiana, y de repente se giró furiosa hacia la pequeña y verdosa gema-. ¿Has estado hablando de mi a mis espaldas?- A Peridoto le faltó tiempo para correr junto a Granate al verse objetivo de la furia de Obsidiana.

-¡NO, nonono! Verás, yo simplemente…

-¡Peridoto no tiene la culpa!-se apresuró a decir Steven-. Fui yo la que le preguntó por ti. Ella sabía a lo que se arriesgaba, pero yo le insistí.

Peridoto parecía conmovida por el gesto de Steven, quien tan desinteresadamente había salido en su ayuda. Hubiera corrido en ese mismo instante en su ayuda…de no haberla mirado Obsidiana mientras esta se pasaba el pulgar por el cuello, el gesto intergaláctico de "luego tú y yo vamos a tener algo más que palabras duras". Peridoto deseó con fuerza que en ese preciso instante el Clúster emergiera y se la tragara la tierra, cualquier cosa con tal de evitar su futuro encuentro con Obsidiana.

-Muy bien, la verdosa te habló sobre mí. ¿Qué tiene que ver eso con la Perla?-preguntó Obsidiana de malas maneras, volviéndose hacia Steven. Lejos de sentirse intimidado, Steven empezó a hablar con voz calmada.

-Tiene mucho que ver-dijo-. Pensadlo bien. ¿Acaso no son vuestras vidas idénticas? Ambas nacisteis bajo el yugo del Planeta Natal, obligadas desde el momento de vuestro nacimiento a servir a los Diamantes, a ser aquello que os decían que debíais ser, a hacer las cosas que os decían que debíais hacer, incapaces de poder decidir por vosotras mismas, viendo como os negaban un futuro por sus normas, reglas y costumbres tiránicas.

-¿Acaso no es lo mismo con todas las Gemas?-volvió a preguntar Obsidiana, quien seguía sin ver en qué punto eran Perla y ella iguales.

-Y luego, llegó la guerra-siguió contando Steven como si no hubiera oído a Obsidiana-. Ninguna de las dos tenía por qué, pero las dos elegisteis luchar, Perla al lado de mi madre y Obsidiana para los Diamantes. Nadie esperaba que pudierais hacer grandes cosas debido a lo que erais, pero Perla consiguió demostrar que era mucho más que solo una Perla, y Obsidiana demostró que incluso una Gema con un nacimiento como el suyo podía luchar si se lo proponía. Ambas alcanzasteis un gran puesto en vuestros respectivos bandos, luchando las dos por aquellas de quienes deseabais que os reconocieran, dándolo todo por la causa y provocando un gran temor en el enemigo.

-Sí, pero…-empezó a decir Perla, pero Steven no había acabado.

-Ninguna de las dos nació siendo fuerte. Para poder luchar, ambas tuvisteis que trabajar más duro que nadie, aprendiendo a hacer lo que muchas nacían ya sabiendo, arrastrándoos por donde hiciera falta para llegar hasta donde vosotras queríais. Perla-dijo Steven, girándose hacia su amiga-, tú aprendiste a usar la espada para poder luchar junto a mama y protegerla, sin importarte que fueras más pequeña que tus enemigas. Aprendiste a moverte más rápido que nadie y a no dejarte vencer por la adversidad, costara lo que costara.- Las palabras de Steven provocaron un ligero rubor en las mejillas de Perla, quien no pudo evitar sonreír un poco-. Y Obsidiana-añadió Steven, girándose hacia la otra Gema-, tú tampoco habías nacido con las cualidades de las Ónice ni su tamaño, y sin embargo no te rendiste y te esforzaste para aprender todo lo necesario para sobrevivir. Tú misma lo dijiste: convertiste tus debilidades en fortalezas, y aprendiste de las demás Gemas aquello que ninguna te quiso enseñar.-Obsidiana parecía, curiosamente, sorprendida y algo incomoda por las palabras de Steven, seguramente desacostumbrada a que nadie la halagara o felicitara.

-Puede que vuestros cuerpos sean diferentes, o vuestras metas, o vuestros bandos, pero… ¿acaso no sois iguales en todo lo demás?-siguió diciendo Steven-. Seguramente, con el paso del tiempo, mama pudo ver las mismas cualidades que había visto en Perla en Obsidiana. Por eso nunca intentó destruirla, y por eso siempre le hablaba y trataba con amabilidad. Por eso, aquel día, no la destruyó. Seguramente ella creía que, con el tiempo, Obsidiana podría llegar a convertirse en una Gema de Cristal como Perla y el resto. Que, con suerte, no haría falta seguir luchando contra las demás Gemas del Planeta Natal, ya que si demostraba que una Gema enemiga podía convertirse en amiga, entonces luchar ya no tendría sentido. Seguramente…-añadió Steven, cogiendo nuevamente las manos de Obsidiana y Perla, y uniéndolas entre las suyas-…, con el tiempo…, hubierais podido ser buenas amigas.

Perla y Obsidiana, cogidas de la mano por obra de Steven, se miraron a los ojos anonadadas. ¿Acaso era posible…que Steven tuviera razón? ¿Qué tanta rabia…tanta furia…hubiera sido todo para nada? Obsidiana se sintió rara al imaginarse como una Gema de Cristal. Si hubiera conocido antes a Rosa Cuarzo, si esta las hubiera conocido a ella y a las otras Obsidianas antes de la guerra…tal vez las cosas hubieran sido diferentes. Perla, por otra parte, sintió como se le escapaban más lágrimas. ¿Rosa había intentado convencer a Obsidiana por esa razón? Entonces, si era cierto, lo que ella había hecho era verdaderamente imperdonable.

-Pero aún no es tarde-dijo Steven, mirando esperanzado a las dos-. Sí, es cierto, os habéis dañado mucho la una a la otra. Obsidiana te causó un gran dolor, Perla, al hacer daño y destruir a tus amigas. Y Obsidiana, tu sufriste un montón cuando Perla te encerró en aquella burbuja, y cuando las Gemas de Cristal destruyeron a tus amigas.

-No…yo…-trató de decir Obsidiana, pero era como si las palabras se le atragantaran en la garganta.

-Las dos habéis hecho cosas malas, pero si alguien sabe de segundas oportunidades, esas son las Gemas de Cristal. Todas fueron en un principio Gemas del Planeta Natal, y todas desearon algo diferente, algo mejor, y lucharon por ello. ¿Tan raro sería…que pudiéramos darles esa misma segunda oportunidad a las demás?-preguntó, mirando a Perla, Granate y Amatista.

Las Gemas de Cristal no sabían que decir. No era una decisión fácil, y si bien sabían qué era lo correcto, seguía sin ser una decisión que uno pudiera tomar a la ligera. Granate y Perla recordaban con claridad la guerra, recordaban a todas las compañeras que Obsidiana destruyó. Sabían lo que había hecho, y sabían lo que podría hacer, pero… Se había pasado 5000 años encerrada y torturada por culpa de Perla. ¿Acaso no había pagado ya con creces por lo que hizo? Rosa había creído que merecía una segunda oportunidad, a pesar de que siempre había sido ella la que más sufría cada vez que una de sus amigas caía. Había creído que Obsidiana, de todas las Gemas del Planeta Natal, merecía que le dieran una oportunidad, y si eso era así… ¿por qué no lo iban a creer ellas también?

-Rosa creyó en su momento que Obsidiana podía aspirar a algo mejor-dijo Granate, acomodándose las gafas-. Hace milenios habría dicho que no, pero… Steven nos ha enseñado mucho en esta ocasión, y yo personalmente he aprendido más de lo que esperaba aprender con este plan. Por mi parte, no me opondré.

-Sí, quiero decir… yo ni siquiera estuve allí-dijo Amatista más despreocupadamente-. No lo veo ni bien ni mal, pero creo que voy a confiar en vuestro juicio para esto. Si decís que sí, entonces yo también lo apoyaré.

Steven sonrió al oir las muestras de apoyo de Granate y Amatista. Ya solo quedaba saber qué pensaba Perla de todo aquello. Esta permanecía en su sitio con la lanza firmemente agarrada en una mano, y la otra en contacto con la de Obsidiana. Parecía mirar indecisa a ese punto, a la propia Obsidiana, y luego a Steven, con cara de no saber qué hacer ni que decir. Steven realmente esperaba que Perla fuera capaz de no solo perdonar a Obsidiana, sino también de perdonarse a sí misma, ya que el objetivo principal de toda aquella complicada situación era que esas dos dejaran de odiarse. Pasó el tiempo, y el silencio seguía reinando en el gimnasio, con los presentes casi conteniendo la respiración mientras aguardaban a la respuesta de Perla. Finalmente, esta pareció suspirar, y luego miró decidida a Obsidiana.

-Obsidiana, yo…-empezó a decir, mirándola fijamente a los ojos-…yo…siempre te he odiado. Eras una Gema peligrosa, un enemigo al que derrotar, y con cada amiga mía que rompías sentía que te odiaba cada vez más-. Steven se puso nervioso. ¡Nonono, eso no era lo que se suponía que tenía que decir!-…Pero…-siguió diciendo Perla-…no es diferente de lo que os hicimos nosotras a las Obsidianas. Destruimos a tus compañeras por miedo a perder la guerra, incapaces de salvar a ninguna ni de convencerlas de que se unieran a nuestro bando. Tal vez…si hubiéramos podido hacerlo de otra manera…tú y yo hubiéramos podido acabar luchando codo con codo, en vez de la una contra la otra.- Obsidiana no dijo nada, optando por seguir mirando a Perla fijamente-. Las dos hicimos cosas terribles durante la guerra. Las dos destruimos a muchas Gemas, las dos provocamos mucho miedo y terror en el otro bando…y las dos nos comportamos como auténticos monstruos…algunas más que otras-añadió, mirando avergonzada hacia un lado. Estaba claro a quién se refería con esa última frase-. Obsidiana…lo siento mucho. Lo que hice es inexcusable, pero… solo puedo decir que lo siento.

-…-Obsidiana permaneció momentáneamente en silencio, mirando fijamente a Perla mientras esta le mantenía la mirada. De repente, con voz baja, Obsidiana habló por fin-…Ya dije que era muy tarde para decir "lo siento". No puedo…perdonarte lo que me hiciste.

-Lo sé. No te pido que me perdones. Solo quiero que sepas…que lo siento mucho. Ojalá pudiera deshacer lo que hice, pero no puedo.

-…puedo entender…tus razones, sin embargo-añadió Obsidiana como si le costara decir esas palabras, sorprendiendo a Perla y a Steven-. Quiero decir…yo me hubiera comportado de la misma manera de haberme pasado con Diamante Azul, supongo. Puede que nuestra relación no fuera la misma, pero…tampoco me habría sentado bien que le hubiera dado prioridad a una enemiga por encima de mí.

-Otra cosa que tenemos en común-dijo Perla en un intento de tono animado, sonriendo con aire tristón. Para sorpresa y alegría de Steven, Obsidiana también sonrió ligeramente.

-Entonces… ¿te unirás a nosotros? ¿Te unirás a las Gemas de Cristal?-preguntó sonriente y emocionado Steven. Un pequeño empujón más, y todo quedaría solucionado.

La sonrisa de Obsidiana desapareció.

-No-dijo secamente, separando su mano de la de Perla y haciendo desaparecer su trabuco. Steven no lo entendía. ¿Porqué decía que no? ¿Es que acaso no quería…?

-¿Pero por qué? Estoy seguro de que con nosotros serías más feliz. La Tierra podría ser tu hogar, lejos de la tiranía de los Diamantes, y aquí podrías ser quien tu quisieras y como tu quisieras. Imagínate: podrías seguir dedicándote al reparto de pizzas, comer pizza cada día, poder gozar de…Bueno, lo que sea que te guste. La verdad es que solo te conozco lo bastante para saber que te gusta la pizza-reconoció Steven. Si bien Obsidiana parecía sonreír a Steven, negó con la cabeza.

-Por mucho que me tientes con la pizza, mi respuesta no cambiará, niño Steven-dijo Obsidiana-. Es como te dije. No quiero unirme a vosotras, las Gemas de Cristal, precisamente por lo que representáis y ofrecéis.

-¿Qué quieres decir?-preguntó Steven.

-¿No te lo dije ya? Yo me he pasado la vida luchando para que el Planeta Natal me aceptara y acogiera en su sociedad, para ganarme un puesto en ella y ser de alguna utilidad. Las Gemas de Cristal, en cambio, están formadas por Gemas que a pesar de tener un puesto y una función desde el momento en que fueron hechas, lo desecharon todo a cambio de promesas de libertad e independencia en un planeta que ni siquiera era el suyo-explicó Obsidiana-. Las Gemas de Cristal, tus amigas, se deshicieron como si nada de algo por lo que yo llevo luchando desde el día que salí de la tierra, de algo por lo que aún lucho. ¿En qué convierte eso mis esfuerzos, mis sueños, mis aspiraciones? Es como si escupieran en aquello que más importancia tiene para mí, ¿y tú quieres que me una a ellas? Lo siento, pero no.- Obsidiana saltó las tres cuerdas del ring, y empezó a dirigirse hacia la salida, su caminar seguido por los ojos del resto de Gemas allí presentes-. Yo soy una Gema del Planeta Natal. Soy la orgullosa sirviente de Diamante Azul, y siempre le seré fiel. Nunca la traicionaré…con esta excepción-dijo al llegar a la puerta. No se giró en ningún momento-. Hoy no lucharé más. No intervendré ni os molestaré hasta que resolváis lo del Clúster, tal y como marca nuestra tregua. Después…-Obsidiana vaciló-…bueno, ya veremos qué pasa después.

Dicho esto, Obsidiana se marchó sin decir nada más. Durante un buen rato, nadie dijo nada mientras reflexionaban individualmente sobre lo que había acontecido aquel día en aquel gimnasio. Steven, si bien no había conseguido convencer a Obsidiana de que se uniera a ellas, se sentía más tranquilo al saber que Perla y ella habían hablado las cosas. Al mirarla, Steven notó que Perla parecía haberse quitado un gran peso de encima, si bien pudiera parecer que la situación apenas había cambiado. Sin decir nada, Steven fue hacia Perla, y le dio un reconfortante abrazo que Perla no tardó en devolver. Pronto se les unieron Granate y Amatista, los cuatro unidos en un abrazo silencioso en el que no hacía falta decir nada para saber lo que pensaban los demás. Era posible que Obsidiana siguiera siendo su enemiga, pero ahora al menos ya no iba a por ellos por una razón personal. Lo único que la convertía en su enemigo era su bando, y por suerte esa era una barrera que Steven confiaba que pudieran atravesar con el tiempo, si es que la amenaza del Clúster y los peligros del día a día no los mataban primero.

-Bueno…-dijo de repente Peridoto, saliendo de su escondite y mirando incomoda a las cuatro Gemas de Cristal-… ¿y quién ganó la pelea?

-Oh, digamos que acabaron en empate técnico-dijo Steven sin romper el abrazo. Si lo hacía, le tocaría recoger todo el ring y las sillas.

Estaba más a gusto con el abrazo. Cinco minutitos mas…


FIU...por fin acabé este capítulo.

La verdad es que he escrito mucho de un tirón, acabando este capítulo en un tiempo record. Estaba algo preocupado por la cantidad de información que pensaba soltar en este capítulo, pero debo decir que el resultado final ha sido bastante satisfactorio, si se me permite el comentario.

Como siempre, comentad si alguna parte no os acaba de gustar, o por el contrario os gusta mucho, o si creéis que he patinado aparatosamente en algún fragmento de la historia y tengo que reescribirla por completo. Cualquier cosa que me ayude a mejora esta historia será bienvenida.

Chao, chao.