VI
No otra vez, ¡joder! No otra vez. Y estás segura de que Octavia a tu lado piensa lo mismo, porque el hecho de que la señora Phoebe esté parada frente al piso de ustedes no marca buenos precedentes, para nada. Aún no las ha visto, pero crees que el sonido que crea la suela de su zapato contra el piso se escucha bastante similar a «Las voy a matar» en Código Morse, y aunque no sabes descifrar dicho código, su rostro de «Quiero ver la sangre correr» no engaña a nadie.
Es que, en ese momento la mujer parece de lo más aterradora, y estás tentada a dar media vuelta e irte huyendo de ahí sin importarte un soberano pepino la integridad de Raven Reyes, porque seguro que la muy idiota se lo ha buscado; y joder, que no, no quieres arriesgar tu pellejo, porque aunque otrora la anciana parada frente a la puerta resultara inofensiva, esta vez toda su aura grita: «Alerta, peligro de muerte». Pero, joder… no dejarías sola a Raven en esto… no… una mujer tiene que hacer lo que…
— ¡¿A dónde jodidos crees que vas?!— Exclamas en un susurro, y tomas a Octavia del cuello de la chaqueta, quien, muy lejos de detenerse, te arrastra hasta cruzar el pasillo a la izquierda, rumbo a las escaleras. En serio, cuello de acero y voluntad de grafeno.
— ¿Acaso no notaste que ahí está a nada de desatarse la Tercera Guerra Mundial?— y bueno, tienes que darle la razón; eso es lo que sucedería si Raven abre esa puerta. Porque, lo de Little Boy y Fat Man eran una nimiedad si empezabas a analizarlo bien. No era la primera vez que la señora esa iba a reclamarles algo, y toda la energía en el pasillo grita de forma alarmante que la bomba esta por explotar; y entiendes que la morena quiera dejar la estela, es más, hasta apoyas la decisión, ¿por qué jodidos no estás huyendo también?
—Okay… pero que Raven no se entere de que esto lo pudimos evitar, porque igual y nos mata—. Y te diriges rumbo a las escaleras, con la conciencia marrón, pero viva… y es que la culpa no la tienes tú, claro que no, la culpa es de Raven por hacer no sabes qué carajos, y de Einstein y su E=mc2. Empiezas a bajar y te das cuenta de que nadie te está siguiendo; volteas, y ves a Octavia parada en el mismo lugar; suspiras y vuelves por el mismo camino. — ¿Cuál es el plan?— preguntas derrotada, ¿ya qué?... no puedes decir que andas dejando una buena vida, aunque en balanza, no estuvo tan mal; si quitas un par de detalles, y olvidas los dos últimos años, no puedes decir que estuvo tan mal, ¿verdad?
— ¿De verdad pensabas irte?— Y hasta lo dice con aire de incredulidad. Es que… necesitas iluminación divina, ¿acaso no había sido ella quien salió huyendo primero?
— ¡Pero si tú saliste huyendo primero!— Respondes, de verdad no puedes entender lo caradura que puede ser. Fíjate, que lavarse las manos de buenas a primeras y dejarte a ti como la encarnación de Peter Pettigrew cuando fue ella quien te arrastró hasta donde están paradas justo ahora. Ves las escaleras con nostalgia.
— ¡A planificar, Woods! No podemos lanzarnos al carajo con los ojos vendados—, y claro, sería genial tener un plan, pero no crees ninguna de sus palabras.
— ¡Oh, Dios! Es que no había notado que estaba hablando con Sun Tzu, disculpe usted—, y haces la reverencia más sarcástica que te nace— ilústreme, ¿qué haremos para salir del embrollo?— y es que, aunque ha dicho implícitamente que eres bien cobarde, la verdad es que también quieres salvar la integridad de Raven.
Ves palidecer dos tonos a la morena y caes en cuenta de que seguro… seguro detrás de ti está parada la señora Phoebe. Y bueno, no queda nada más que improvisar, y estás dispuesta a decir lo primero que se te venga a la mente, cuando es Octavia quien rompe la tensión con sus palabras, mientras camina rápidamente hacia su piso, ignorando el hecho de que la septuagenaria le sigue el paso como si fuera atleta profesional y las palabras reumatismo y osteoporosis no vinieran incluidas en su diccionario.
—Muévelo… que si no llegamos al concierto de Raven, seguro nos mata—. Y miente, como si hubiese nacido para eso la muy astuta—. Buenas tardes, Señora Pheebs—, saluda con una sonrisa tan natural, que no entiendes por qué jodidos estudió medicina y no teatro — ¿se hizo algo en el cabello? Le queda genial—. Y más zalamera no puede ser, hasta estás empezando a sentir arcadas, y esta vez nada tienen que ver con tu insuficiencia renal.
— ¡Canas verdes que me van a salir, si ustedes tres no dejan sus depravaciones!— y te empuja del hombro con su arrugado dedo índice—. ¿Es que acaso ya no hay respeto hacia los ancianos? ¡Qué falta de moral!
—Pero Seño…
—Déjame hablar— interrumpe con tono furioso, y Octavia es excelente actuando, pero el respingo que pega su cuerpo al oír el grito de la mujer es imposible de camuflar— ¿es que acaso sus padres ni siquiera tuvieron la decencia de enseñarles las normas del buen oyente?
—Así, así, rómpeme toda.
He ahí el meollo del asunto, la voz de cachonda perdida de Raven se escucha incluso a esa distancia. Y ya, entiendes. Y de verdad, si la anciana en cuestión no fuera tan metiche, la compadecerías. La ves persignarse de forma repetida y no sabes qué hacer para salvar el asunto.
—Más rápido, sí… así.
¡Y joder con la Reyes! Tú, pensando minutos atrás en salvaguardar su integridad, y ella pasando su integridad por… cierras los ojos ante el pensamiento y tratas de concentrarte en otra cosa… y es la voz de Octavia la que te saca de la tortura mental, justo cuando la señora Phoebe está dispuesta a decir algo.
— ¡Carajo, Lexa!—, La señora la mira con gesto desaprobatorio por el taco— te volviste a dejar el televisor en Max Prime y a todo volumen…—« ¿Max Prime, en serio?»coloca las llaves del piso en tus manos, y en sus ojos puedes ver algo que no te está gustando nada. —Entra y apaga esa cosa—. Y lo dice, como si no fuera una tortura medieval, y en serio, prefieres la guillotina. Al ver tu cara de pánico te empuja de forma nada delicada hacia la puerta— Vamos, señora Phoebe, la acompaño a su piso— y la abraza del hombro.
La señora parece no querer caminar, pero la adulona de Octavia empieza a embaucarla como solo ella sabe. Y los vientos de guerra se disipan gracias a la diplomacia, mientras la ambientación se hace un poco más incómoda, porque estás segura que la castaña detrás de la puerta está a nada de liberar su ser, y sí, deberían darte un máster en empleo de eufemismos. Octavia voltea, y con un gesto de su cara te dice que entres ya, que no seas una jodida cobarde.
¿Qué? No, joder, no… a ella no. No otra vez… no. Porque en serio, la Raven es bien ruidosa, y no… no quieres amplificar la tortura. Llevas la llave lentamente a la puerta, y «por accidente» la dejas caer, la recoges lentamente dándole chance a la morena de llegar y a la castaña de llegar, introduces lentamente la llave en la cerradura y de forma bastante sigilosa giras el pomo, pegas un respingo cuando Octavia se para a tu lado.
—Que yo tampoco quiero, pero estoy casi segura de que Doña Chismes no se tragó nada, y no quiero otra reunión del carajo con el concejo de vecinos, así que termina de abrir la puerta, por favor—. Parlotea de forma nerviosa y le haces caso, porque sabes que ella odia hacer esto tanto como tú, y no, no quieres volver a quedar como una jodida cobarde.
Entran con sigilo, y escuchan el que esperan sea el grito de clímax de Raven Reyes, y para su sorpresa parece serlo, porque luego de este todo va rumbo a un decrescendo y luego niente. Suspiran al unísono y se miran mientras escuchan susurros detrás de la puerta de la habitación de Raven.
— ¿Quién crees que sea?— inquieres curiosa, mientras te sientas en el sillón de la sala, cogiendo el mando de la tv, y encendiéndola a todo volumen para que Shelley Duvall sepa que ya están en casa. Octavia se deja caer a tu lado de forma desgarbada y te quita el mando colocando el canal ID; están dando nuevamente «Vecino Asesino» lo que no es un buen presagio, pero a la morena le encanta, así que lo deja.
—Es Michael, ¿acaso no escuchaste el «rómpeme toda», Lexa? Eso descarta por completo a Jimmy— y cierto, según Raven el atento de Jimmy había sido excepcional en todo, pero al momento de la verdad, la gran pequeña decepción y bueno, el pequeño Jimmy quedaba descartado. Pero preferías al bueno de Jimmy, que al Piedra en el Zapato de Michael.
—De verdad, ni idea de que le ve al tipejo ese. Es tan repelente, creído, lleno de barba y pelos por todos lados, y además—y esto lo dices como si fuera el peor de los sacrilegios— es tenor ¡Tenor, Blake!—Octavia ríe ante tu dramatismo pero no agrega nada más, la has vuelto a perder, y esta vez, más que interesada en el asesinato de un viejo de 58 años llamado Martín. Quizás, con suerte, puedes llegarte a la cocina y preparar algo para cenar sin que se dé cuenta; te levantas de forma sigilosa, y caminas revisando tu celular, disimulando, como si en lugar de a la cocina, te dirigieras a tu habitación.
Revisas en la lista impresa de menús que Octavia pegó en la puerta de la nevera y empiezas a sacar lo necesario para preparar el menú número ocho del cuadro, que es el que toca hoy. Multiplicas la cantidad por cuatro, porque al parecer Michael también cenará con ustedes hoy, y aunque a veces te pese que tus amigas hayan decidido cenar lo mismo que tú, esta vez sonríes con malicia, porque significa que el Australopithecus Afarensis también sufrirá la tortura.
— ¿Qué crees que estás haciendo?— la voz de una Octavia que no sabes en qué momento llegó a tu lado, te hace pegar un gritito de susto. Te colocas en frente al mesón, queriendo tapar con tu cuerpo lo poco que has conseguido sacar.
— ¿Por qué preguntas?— te haces la desentendida y observas con gran interés el diseño de la encimera de mármol.
—No me vengas con método socrático, Lexa, que no te queda.
Y es cierto, ya estabas harta del método socrático, suficiente tenías con las terapias de Kane « ¿Por qué el piano no está en tu lista?»
Ya era hora, tenías que enfrentar la situación con Octavia y Raven, porque tú sí que podías prepararte tu comida, o limpiar, o sacar la basura, también vivías en ese piso, ¿no? También era tu hogar.
—Voy a preparar la cena, y no dejaré que me lo impidas—. Colocas la misma cara que utilizabas con tus alumnos cuando querías que la clase quedara en silencio, y sonríes internamente cuando notas la reacción de la morena, porque estás segura de que esta batalla a ganaste y sin necesidad de agregar nada más.
—Pero, Lex…
—No, yo no soy una inútil, y soy perfectamente capaz de cortar, freír, asar, o lo que se suponga que deba hacer con estos ingredientes. —bueno, no tienes ni idea de cómo prepararlo, la cocina no es lo tuyo, pero debes dejar claro que eres igual de eficiente que los otros dos vértices humanos que conviven en este piso.
Octavia parece estárselo pensando, y puedes vislumbrar en sus ojos el amago de una sonrisa que no ha llegado a sus labios.
— ¿Crees que cocino porque pienso que no lo puedes hacer por tu enfermedad?— y ahora sí que sonríe de todo —Carajo, Lexa, desde que vivimos juntas, ¿cuándo has cocinado?— y es cierto, las pocas veces que lo intentaste terminaste pidiendo comida a domicilio. —Si no te dejo es por mi integridad física—. Y lleva la mano a su pecho de forma dramática.
—Vale, pero eso no significa que no pueda ayudar, ¿cierto?— se lo piensa, Octavia se lo piensa, y sabes que en esto nada tienen que ver tus dotes culinarias. De verdad ellas creen que el más mínimo esfuerzo te puede afectar, y sí, pluralizas, porque Raven no te viste, ni te da la comida en la boca porque no te dejas. Estás segura.
—Ok, cielo, puedes ayudarme—y su tono al responder es como si estuviera hablando con una pequeña de cinco años, y esto ya te está estresando, la verdad —pero, en cuanto sientas que no puedes más, descansas, ¿sí?
— ¡Joder, Octavia!— Agarras un pepino en tu mano— ¿De verdad crees que me voy a desmayar o algo por picar un pepino?— y apuntas con el vegetal a su cara— Yo puedo, no me veas como una inútil, que no lo soy.
—Calabacín.
— ¿Cómo?
—Que ese es un calabacín, Lexa—. Y su tono no es de burla, es un tono cansado. —Vale, pela las papas córtalas en Batonnet—. ¿En qué? ¿Es el nuevo nombre de la tabla? Y ahora sí que percibes la burla de Octavia en su cara, la muy imbécil sabe que no sabes de qué jodidos habla, mas luego se compadece de ti, y explica: —Pícalas como para hacer papas fritas.
Y te dispones a ir por las papas, ya sin ánimos de decir nada, mientras ves a Octavia sacar el peso del estante, porque tienes que controlar estrictamente la cantidad de líquidos que ingieres. La morena se toma tu salud muy en serio, y aunque sí, puede que sientas un poquito de molestia por cómo se han dado las cosas y por el hecho de que sean un poquito protectoras a niveles extremos contigo, sabes que lo que las mueve a actuar así es el amor. Y no puedes culparlas.
Y te nace, joder, te nace porque te has vuelto jodidamente cursi; te acercas con cuidado, pero también con mucho sentimiento y la abrazas, pegando tu rostro a su espalda; queriendo que ella sienta que no es que seas una desagradecida, que de verdad todo lo que hace por ti es asombroso, y jamás podrías retribuírselo. Pero es soolo que… no quieres sentirte inútil. No más.
— ¿Y para mí no hay amor?
Doña gritos está apoyada en la isla y las mira con aire divertido. Ya se te había olvidado que gracias a ella casi las mataban hoy.
—Algo me dice que falta de atención no tuviste hoy. A mí… y a todo el edificio.
Y la sonrisa en ella se vuelve más amplia, es una de jodida satisfacción. Tienes un poquito de envidia, la verdad sea dicha.
—Algo me dice que ustedes dos lo quieren llevar a otro nivel—. Y la muy pervertida ve en tus manos el pepino calabacín y levanta ambas cejas en forma sugerente mientras se muerde el labio en una expresión bastante sexual.
— ¿Celosa, Raven?— pulla la morena. Antes de que empiecen a discutir por tonterías, decides hacer algo, porque de verdad te hace falta.
—Ven, Rae—, pides que se acerque y cuando lo hace, la sumas al abrazo— hay suficiente de Lexa para las dos—. Y en serio, debe ser el jodido SPM, porque así así de cursi nunca has sido.
—Espero que estén tomando la píldora, porque con todo lo que hice hace rato este abrazo podría embarazarlas… hasta es medio incestuoso—Susurra lo último y es que no se podía ser más gilipollas en tan pocas palabras. Te alejas asqueada de ella, porque estás segura de que esto de tener tanto ADN de un ser como Michael en el cuerpo puede ser nocivo para tu salud y la de cualquiera.
—Tú sí que sabes romper el momento, Raven—. La morena empieza a pesar los vegetales de la cena, y tú lavas muy bien las papas antes de empezar a pelarlas.
—Hey, Lex… deja eso, que yo lo hago—Reyes te quita el cuchillo de la mano, y se dispone a lavar las suyas para pelar las papas, sin siquiera esperar tu respuesta. Ves cómo fulmina a Octavia con la mirada, como reclamando el hecho de que te dejara cocinar.
Tomas otro cuchillo y empiezas a pelar una papa, no quieres volver a discutir.
—Déjala, Reyes… a la señorita se le olvidó el hecho de que es bien torpe con los cuchillos… dejemos que lo recuerde sola.
—Pero…
—Shhhh… pela y déjalo, en serio.
Y ya, tienes que demostrar que tú sí puedes, pero notas cómo al quitar la piel de la papa, también se va un gran pedazo del tubérculo. El resultado final es bastante deprimente, habiendo pelado la misma cantidad de papas que tu amiga, sus «bastochets»triplicaban tu cantidad. Una fuga en la economía, sí señor. Pero al menos no te sientes una completa inútil, es un paso.
— ¡Ey! ¿Sabes que sí tienes que bajarle dos al escándalo que armas cada vez que follas, verdad?—Si Octavia quiere ser sutil, no lo ha logrado. Pero estás segura de que no lo quiere ser. —la señora Phoebe estaba en la puerta, Rave… y lo de Max Prime ya no cuela.
—Vieja voyeur, bien sabes que esa también lo estaba disfrutando; o en serio crees que el montón de hijos los tuvo yendo a la iglesia y rezando Ave Marias, ¿lo crees, Blake? — Agarra las papas que picaste y las une a las suyas. — ¿Qué más picamos? —pide instrucciones.
—Pero igual, Rave, ¿recuerdas lo pesada que se puso en la última reunión del concejo de vecinos? Nos conviene llevar la fiesta en paz—. Y tienes que decirlo, porque si esa vieja seguía armando chisme por todo, quizás no les renovarían el contrato, y sabes que no iban a conseguir un piso tan genial como este, les quedaba cerca de todo.
—No se ustedes, pero yo no sé llevar la fiesta en paz—. Responde la castaña, en clara alusión a sus conductas sexuales.
Octavia divide los tomates en dos partes iguales y se los entrega, diciendo que los piquen en Juliana, y estás segura de que la tal Juliana no es la licuadora, así que imitas lo que hace Raven. El olor del tomate te provoca náuseas, pero te haces la fuerte.
—Y sinceramente—continúa diciendo Raven—ya estoy cansada de ser la única que arma fiestas—. Ganándose un codazo de parte de Octavia.
—El hecho de que mis fiestas no sean a vox populi, no quiere decir que sean inexistentes—.Y sí, ya empiezas a odiar un poquito el hecho de que tu frase «llevar la fiesta en paz» se convirtiera en esto.
—No mientas, cuando no estás aquí, estás en el hospital y estoy segura de que aquí nada de nada—. No entiendes cómo puede estar tan segura de algo así… y de verdad, los malditos tomates te van a hacer vomitar.
—Exacto—. Sonríe de forma jodidamente sugerente.
Y sí, las cuencas de los ojos de Raven parecen querer salir, y no dudas que las tuyas estén igual.
—Joder, ¿cómo en Grey's Anatomy? —preguntas asombrada, y por segunda vez el día de hoy sientes un tilín de envidia. Octavia ríe ante tu comentario.
— ¡Mi puto ídolo, Blake! —Raven hace una graciosa reverencia, casi pegando la nariz del suelo. Qué flexibilidad. —Por favor, Woods, dime que tú también has estado compartiendo fluidos, no sé, con una enfermera sexy o una psicóloga cachonda— y coloca una carita de completa ilusión, y joder, quisieras decir que sí… claro que sí. Pero no. Nada de nada. Mas el hecho de que mencione lo de la psicóloga cachonda, te hace recordar aquellos «jodidos ojos perfectos», y tus mejillas de inmediato se tiñen de rosa, gesto que Raven malinterpreta. —Joder, Lexa…. ¡Joder, Lexa!
—¿Qué? ¡Carajo! No… ¡No lo puedo creer! ¡Cuenta ya, Lexa!— exige Octavia tomándote de los hombros.
—¡Ey, detengan el tren!— La frase en tus labios hace que te sonrojes más, porque joder, es una frase de ella, de la dueña de aquellos «jodidos ojos perfectos», la misma que te había dicho: «tú también estás como un tren».—Nada de nada… y lamento… de verdad lamento la decepción.
Y sí, la morena vuelve a pararse frente a la cocina decepcionada, y Raven baja los hombros en señal de derrota, como si la que llevara un montón de tiempo sin tirar fuera ella. Pero no, había estado haciéndolo muy recientemente, y a toda voz. Entonces recuerdas que el susodicho sigue en la habitación haciendo no sabes qué cosa, y preguntas:
—Por cierto, ¿se va a quedar a comer?— y ella mira por encima de su hombro, hacia Octavia.
—Es lo más probable—, y notas una tensión extraña en su voz—anda… pregúntale—. Responde mientras sigue cortando tomates; tomates que la verdad, te andan dando mucha, mucha náusea.
Entonces te tomas un descanso, y tocas la puerta del cuarto de tu amiga.
—Ey, Michael, ¿te vas a quedar a comer?
Y sientes un golpe en tu nuca y volteas, para ver a Raven haciendo señas frente a su cuello, como diciendo: « ¡córtalo, detente ya!» Pasas a mano por tu cabello y limpias los restos del pedazo de tomate que te acaba de arrojar.
— ¿Jimmy?— preguntas con incredulidad y Raven se da un palmazo contra su propia frente.
Entonces la puerta del cuarto se abre.
— ¿Bellamy?
Exclama incrédula Octavia desde la cocina.
— ¡Joder!
oooooooo
Y sí, pensabas que la etapa folla-hermanos de Raven ya había pasado, pero no, había regresado, por toda la gloria con un «Rómpeme toda» que estabas segura tenía a Octavia realmente traumada. Porque aunque no fuera la primera vez, ni segunda, que Raven se enrollaba con Bellamy, no era un hecho fácil de asimilar. Y la verdad sea dicha, qué bueno que Raven no tuviera hermanos, porque el apodo que le había dado la morena sí que sería alarmante.
Y ajá, la cena había sido realmente incómoda, sabor incluido, y joder, ¿en serio? ¿Bellamy otra vez? Y por un momento, hasta deseaste que fuera el imbécil de Michael, porque ese no las sacaba de su zona de confort. Pero no… era un poquito menos idiota, sí… pero este era hermano de Octavia. Ley de Murphy por todos lados.
Había venido a visitar a su hermanita y se había encontrado con Raven sola en casa; y cuenta la castaña que estando ahí, esperando, una cosa llevó a la otra. Y bueno, Raven es Raven y hay cosas que simplemente no se pueden evitar.
Justo ahora te encuentras sola en el salón, porque Octavia había salido con Bellamy a dar una vuelta y ponerse al día antes de que este se fuera, y Raven está quitando los restos del ADN masculino de su cuerpo mientras entona a toda voz desde la ducha el Addio del passato y la verdad sea dicha, Raven cantando La Traviata te hace recordar tus primeros días como pianista acompañante del sinfónico y el «¿por qué el piano no está en tu lista?» se repite en tu cabeza, esta vez de forma más alta… casi rozando el fortísimo.
Y lo ves, ahí en la sala, y mientras Raven canta el «tutto fini» que sientes tan tuyo. La madera en negro brillante…misterioso… te acercas a él, y levantas su tapa… puedes hasta sentir vibrar sus cuerdas mientras la castaña sigue interpretando aquel presagio de final que sientes tan tuyo.
Retiras la tela que cubre las teclas y las acaricias, apenas rozándolas, sin atreverte aún a tocarlas.
Y el «Le gioje i dolori tras poco avran fine»en la voz de Raven, te toca algo por dentro, algo que no sabes cómo nombrar, pero que se apodera de tu garganta y la implota de forma dolorosa, en un nudo que no puedes deshacer, el mismo nudo que te has acostumbrado a sentir en el frío de tu pecho; porque sabes, Lexa, que tus alegrías y dolores, al igual que los de Violetta en la voz de Raven, también acabarán pronto.
Ves las teclas, y sí, te sabes la pieza de memoria; mientras la castaña canta, puedes ver en tu mente y en el piano las teclas que debes presionar para acompañarla, y el «¿por qué el piano no está en tu lista?» encuentra su respuesta, una realmente sencilla, clara: porque no te enoja el piano, pero el recuerdo de las voces sumadas a él, constituyen un «todo» que ya no puedes tener, porque ya tu voz no podrá acompañarlo, y eso tampoco te enoja, pero joder, cómo te entristece.
Mas… mientras Raven sigue cantando, la necesidad por acompañarla se hace más fuerte, y le haces eco en el aire, encima de las teclas, al «non croce» en su voz, la voz de Raven que no es tu voz, pero que a fin de cuentas también es voz… y que formaría una dupla perfecta con el sonido de esas cuerdas percutidas que vibran en anticipo al sentir la frecuencia que ella emite. ¡Oh, Dios! tus dedos reflejados en la madera del piano hacen el nudo aun más espeso.
Y lo sientes, justo antes del calderón que marca el cambio de la tonalidad, el cambio a A Major. Respiras fuerte en el calderón, y mientras Raven entona el «Sonríe al deseo de la extraviada» tus manos se acoplan a su voz, con el piano, in crescendo, y joder, qué bien se siente, te asusta lo bien que se siente, y creces con la emoción en las palabras de Violetta; y la energía que fluye de tus dedos al piano y luego, de lo más profundo del piano a tus dedos, a tus manos, a tu cuerpo y a tu alma, te vuelve a convertir en lo que eras, te convierte en la Lexa de antaño, en la Lexa completa…
Pero con el decrescendo y el cambio de tonalidad que marca su «Acógela, ¡Oh, Dios!», tu emoción también se desvanece, y tus dedos se alejan del marfil y ves cómo en un instante, que se vuelve eterno y que podría ser infinito, Lexa… tú… comienzas a languidecer... Te ves languidecer.
Y cubres las teclas con la tela…
«¿Por qué el piano no está en la lista?»
Y sí, quizás… quizás vuelvas a él, porque no, él no te enoja.
Pero igual, lo cierras…
Porque por hoy, no puedes más.
Porque por hoy…
Tutto fini.
oooooooo
Por fin un jodido capítulo de House M.D en el que muestran algo de piel de Remy Sexy Hadley, y tú luchando contra el sueño, qué puntería, de verdad... Octavia, a tu lado izquierdo, sonríe mientras mira su móvil; su enojo había sido efímero… al llegar del paseo con su hermano le había dicho a Raven que podía follarse a Bellamy cuando quisiera, pero no en el piso que compartían, y la castaña había jurado y perjurado que nunca de los nunca, y jamás de los jamases lo volvería a hacer. Sabías que era cuestión de tiempo antes de que volviera a suceder; la morena vio en tu cara lo que pensabas y gesticuló:
—Un mes— como plazo para que Reyes rompiera su promesa.
—Quince días— fue tu apuesta.
—¿Saben que las estoy viendo, verdad?— había preguntado la castaña. —No es justo, yo también quiero participar.
Y se había enfurruñado… en ese momento, la doctora le recordó a Raven que le debía dinero de otra apuesta y esta te había dicho:
—Tienes que espabilar—, mientras sacaba dos billetes del bolsillo de su pantalón y se los entregaba a la morena—me haces perder dinero, Woods.
—Joder, Lexa… hasta yo me la follo si me agarra así de la cara— ¿Es que acaso Raven no puede ver la tv con la boca cerrada? A ti también te trae embelesada la serie, y tiene razón, Remy toma el rostro de la chica como si… ¡joder!, qué sexi la Hadley, en serio.
—Shhhhh… cállate y mira.
Tiene su cabeza en tu regazo, y la acaricias distraída mientras miras la escena. Es la tercera vez que ves House M.D y la primera vez que la ve Raven. Octavia… Octavia pasa olímpicamente de ella, alegando que los casos son estúpidos y que el doctor ese del carajo no tiene ni pizca de ética laboral. Es medio snob con las series médicas.
— ¿Qué jodidos tiene en el coño para que la tipa convulsione así? ¿Te ha pasado, Lexa?
Le das en la cabeza y sigues viendo la serie. No puedes dejar de identificarte con Trece, ella también sabe que morirá relativamente joven y aunque aún no tiene síntomas de su enfermedad, está consciente de que los padecerá y serán duros.
—En serio, no sé qué le ven—. La morena deja a un lado su móvil, y también empieza a pasar los dedos por la cabeza de Raven, lo que te hace sonreír… ¿qué más muestra de sincero perdón que ese gesto?
—La barba, los tremendos ojos sarcásticos que se carga… y el bastón, O… el puñetero bastón, ¿cómo puede no gustarte el bastón?— intentas ver el capítulo, porque está entre tus cinco favoritos; en el primer round, Morfeo te ataca… logras resistirte, sí, pero ahora a estas dos tontas les da por parlotear.
—Las parafilias no son lo mío—. Y joder, te estás perdiendo el diferencial entre tanto blah, blah, blah…
—Eso es obvio, si estás a nada de que acepten tu monoteísmo hacia la posición del misionero como reli...
—Estoy a nada de buscar bastones y metérselos a ambas en la boca—. Y es que Remy está por descubrir que la tipa sólo se acostó con ella porque trabaja para House, y esto no te lo quieres perder.
— ¿Ves? Lexa entiende, choca los cinco, Woods— la castaña pone la mano frente a tu cara, tapándote el televisor. Qué fastidiosa es… joder.
—Ya cállate, Raven— tomas la mano que tienes frente a tu cara y la colocas encima de su boca y al fin parece entender…
Hadley es tu personaje favorito en la serie, y no, esto no tiene nada que ver con su bisexualidad, aunque sí le dé un plus. Te encanta, porque es compleja. Es reservada, puede mantener una opinión aunque todos estén en contra de esta, y aunque es jodidamente inteligente prefiere pasar desapercibida, su personalidad es fuerte… tiene carácter. Y Joder… está como quiere.
Bostezas… te sientes bastante cansada a pesar de haber hecho bien poco hoy, a pesar de que aún es temprano. Y, ¿qué coño tiene Raven en la cabeza? Sí que le pesa, en serio.
La Doctora Cuddy le está pidiendo a House que le haga una prueba de drogas a Remy, cuando sientes un pequeño codazo de la morena en tu costado.
—Ey, Lex…— decides ignorarla y seguir viendo tu serie; te encanta la cara que coloca la Trece cuando Don Sarcasmo le dice que está despedida. ¡Dios santo, ¿acaso se puede tener expresiones faciales más perfectas?!
Octavia vuelve a pegarte en el costado y resoplas frustrada.
—Vale, habla…—dices sin apartar la vista del televisor, ¿acaso House puede ser más imbécil?
—¿Sí funcionó el plan?—y sí que debe estar aburrida, porque solo así concibes que haya sacado a colación el tema.
— ¿Qué plan?— Raven, bien cotilla, se incorpora, y sientes un hormigueo en tus piernas. Las estiras y el malestar comienza a pasar. Hermosa libertad.
—Estuvo de madrugada, lavando la camiseta de Batman—. Y lo dice como si fuera una locura, como si tu plan fuera descabellado.
— ¿La de la foto del anuario?—Oh… no… otra vez no, por favor. Lo ves, lo ves en la cara de Raven, y volteas la cabeza a la izquierda y también lo notas en la cara de Octavia.
—Esa misma— Cubres tus ojos con tus manos, porque sabes lo que viene a continuación, ¿acaso nunca dejarán ese tema atrás?... Joder, debiste quemar esa camiseta cuando aún tenías chance.
— ¿La misma que tenía cuando la pillaron montándoselo con el oboe?—La muy tarada finge voz de sorpresa.
Y es que, ¿acaso no han visto un oboe jamás? ¿Cómo diablos ibas a montártelo con el instrumento de viento madera? Estaba lleno de llavecitas incómodas.
Sacas la mano del ojo derecho y ves a la castaña mirarte con un tinte bastante burlesco.
—Ey… yo no hice eso con un oboe— Y es la verdad, hay instrumentos menos incómodos que el oboe, aunque nunca lo dirías—Solo… quería que el sonido sonara más oclusivo, y el jodido de Murphy malinterpretó todo—. El nombre de ese idiota demuestra que la jodida ley fue creada para ti. Cuánta fortuna.
Sonido oclusivo. Estás consciente de que suena a escusa barata, ni tú te lo creerías si cualquiera lo diera como explicación.
—Lo que tú digas—. ¡Pero es la verdad!, y al parecer el temita del oboe va a pasar a la historia. Siempre serás la chica que se lo montó con el jodido instrumento musical.
—Joder, Lex… sí que haces cosas cojonudas cuando te pones esa camisa… ¿qué? ¿Esta vez ibas a probar con un Fagote?— te paras de sillón de forma brusca. Drama ante todo, sí señor.
— ¡Que no me masturbé con un puto oboe, joder!
Ambas levantan las manos en clara señal que lo dejarán hasta ahí, pero las muy gilipollas se están riendo.
Ves el televisor, y notas cómo Remy prácticamente le ruega a House que la vuelva a contratar, pero ya… estas dos se llevaron las ganas de terminar de ver el capítulo.
—Bueno… bueno… ¿funcionó el plan?—insiste Octavia y ya qué… apagas el televisor ante la atenta mirada de nostalgia de la castaña. Que se joda, si tú no puedes disfrutar el capítulo nadie más lo hará.
—Prueben ponerse una camiseta de DC comics, y encontrarse con un montón de Marvelitas…— llega a tu cabeza el rostro de cierta rubia… y sonríes. De gratis. Porque sí.
—Malditos Marvelitas—. La exclamación le sale a Raven del alma y mentalmente la apoyas… claro que sí.
— ¿Entonces el plan se fue al carajo?— Piensas en aquellos «jodidos no literales ojos perfectos», aquellos con los que querrías hacer de todo en tu jodida Baticueva ficticia, porque joder, tú también querías ver el mundo arder. Ves a la morena y notas la insistencia en sus ojos.
—No tanto… Leandro al fin habló— Y es cierto, al fin habías podido conocer la voz de tu pequeño búho… y eso… eso había estado bien.
— ¿Todo el jodido plan fue para que Leandro te hablara?—Raven toma el control remoto y vuelve a encender el televisor—¡Qué obsesión!.. Es a esta a la que deberías mirar feo y dejarme ser feliz con mis parafilias—. Dice a Octavia, como si de verdad fueras una enferma mental. Retrocede unos minutos el capítulo para darle al play, justo donde su charla había hecho que se olvidaran de la serie.
—Entonces fue buen plan—. Vuelves a pensar en la guapa Marvelita, en el escaso diálogo, propiciado por el hecho de hubieses elegido la camiseta del mal ese día, y casi… casi te arrepientes de querer quemarla.
Casi.
Igual, sonríes antes de responder:
—Sí, fue buen plan.
ooooooo
Holaaaa... aquí les dejo el capítulo seis... espero que les entretenga.
Este capítulo va dedicado a ti, que has aguantado leyendo hasta aquí xD
Muchísimas gracias a los que se han tomado el tiempo para dejar sus impresiones acerca de la historia, son en mejor motor :) (Luy)
Sí, este capítulo tuvo muy poco de Clarke, pero ya en el siguiente las cosas comenzarán a equilibrarse.
"Vive y disfruta de tu vida, luego, cuando la llama de esa vida se apague, deja que otros la vuelvan a encender.Regala luz y vida, hazte donante de órganos y tejidos"
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