Hola a todos! Gracias a todos lo que me han dejado review y han leído lo largo esta historia que es mi primer genderbender, gracias a todos de corazón TwT. Y bueno, ya sin hacerles perder tiempo para este final, sí, final, final que me ha encantado escribir x3 y solo quisiera decir… UN ABRAZO! UN GUSTAZO! Y COMENZAMOS! XD
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Capítulo 10.
El rey y la tomate.
Los días pasaron, semanas, hasta convertirse en meses. Y si alguien hubiese dicho a la clase que extrañarían al viejo Cleo de seguro los tacharían de locos. Cleo se mostraba frio, cortante y sin esa arrogancia que se le distinguía. Cada vez que le miraban parecía como si el día anterior hubiesen terminado cuando aquello fue hace ya dos meses y ni siquiera habían comenzado. Ni Cleo ni Nathalie se veían a la cara. Era un poco deprimente verlos ya que se les podía ver mirar el uno al otro anhelante cuando el otro no miraba. Cleo solo quería su perdón, pero temía que se extinguiera esa pequeña llama de esperanza que aun prevalecía y Nathalie buscaba perdonarlo, viendo cada día dentro de su corazón y vencer el dolor que buscaba solo atormentarla… no sabía cómo decir esa simple pero pesada palabra.
Más de una vez le había parecido ver a King Bee fuera de su ventana, pero al final parecía ser cosa de su mente… ¡Oh, que equivocada estaba!
Perdón, era una simple palabra tan difícil de decir.
Amor, era una palabra tan fácil de decir pero que uno debe saber si de verdad el corazón está puesto en ello.
Se sentían tan perdidos.
Las lágrimas parecían no ser suficientes en la noche.
-Bueno chicos antes de irse quiero dar un anuncio.- dijo el maestro que interrumpió a sus alumnos que ya guardaban sus cosas para correr.- Este viernes se va a llevar a cabo un concurso literario. Serán cuentos o historias cortas con el formato que aparece en la hoja de inscripción, incluso puede llevar ilustraciones.- Nathalie alzó la mirada poniendo atención.- Así que si desean más datos pueden revisar las hojas pegadas en diferentes lugares de la escuela y concursar si lo desean. Eso es todo, que tengan un buen fin de semana.- para sorpresa de Ron y Julien, Nathalie salió a gran velocidad del salón con todas sus cosas en brazos. Cleo ni siquiera se fijó, tomó sus cosas y las colgó en su hombro.
-Vámonos Sabino. Tengo cosas que hacer.
-Claro.- cuando salió del salón Adrianne se veía triste por él. Quería tanto ayudarlo.
-No ha cambiado nada.- no fue una pregunta, Marin lo afirmó y Adrianne suspiró triste.- Si solo Nathalie le diese una oportunidad...
-Es cuestión de ellos. Y no podemos intervenir aunque quisiéramos.
-Pero no es justo. Perdonó a Leo.
-Claro, después de que le diese un derechazo y un golpe en los bajos que lo dejó en el suelo y a ella con la mano paralizada una semana. Aunque curiosamente después de eso ambos se llevan mejor...
-¡¿Quieres que le pegue a Cleo hasta que se rompa la mano?!- preguntó incrédula y Marin negó con la cabeza.
-Sugeriría patadas pero no. Lo de ellos es más profundo. Se aman pero la confianza quedó destruida. Nathalie es la única en que puede volver a formar ese puente que tenían.
-Quisiera ayudar.
-Lo sé. Yo también.- la abrazó y besó en la frente, ambos se sumergieron en ese silencio.
-Awww son tan tiernos.- dijo Ali mirando a ambos con una sonrisa burlona, los dos se separaron sonrojados y Nina que estaba sentada sobre la mesa se ríe.
-Panquecito, debemos poner estos momentos en la recepción de la boda.
-Es una idea fantástica cariño. Yo pongo el video y tú la música. ¿Crees que deba poner las veces que Marin tropezaba por ella?
-Definitivamente.- Marin les gruñó a lo bajo.
-Son imposibles, pero juntos son maquiavélicos.
-Los desinvitaría de nuestra boda pero tú te quedarías sin padrino y yo sin madrina.- Adrianne sonrió un poco intentando verse fastidiada y Marin le siguió el juego.
-Pues tenemos más amigos aparte de ellos.
-Cierto, le pediré a Kagami que sea tu padrino.
-Y yo le pediré a Luna que sea tu madrina. Asunto arreglado.
-/ ¡Que crueles!/- se quejaron los morenos y Adrianne se rió. Marin agradecía poder hacerla sonreír. Solo esperaba que las cosas se arreglaran entre Cleo y Nathalie...
Cleo se despidió de Sabino en la entrada del hotel, le dio que estaría bien cuando este sabía que no era así. Y al subir a su cuarto una bandeja de chocolates finos estaba puesta para él y apenas y comió uno. Pollen no tardó en salir de su bolso.
-¡Ay! ¡Ya estoy harta! De una u otra forma esto tiene que acabar.
-¿De qué hablas?- dijo dejándose caer en la cama.
-De tu faceta de víctima. ¡Me saca de quicio!
-No soy una víctima.
-Claro que sí. Debes moverte, alzar el pecho y decirle "¡Te amo mi tomate!".
-No funcionaria.
-O sino mándale una de las tantas cartas que has escrito.- Pollen voló a un cajón de su cómoda y saca unos papeles doblados y hechos pelota que hace que Cleo se enderece con los codos.-Esta me encanta. "Cada que no te tengo en mis brazos es un horrible castigo" y en esta otra le pides ser el padre de sus tomatitos.
-Yo tiré esas cartas, todas ellas.- Pollen las vuelve a guardar, todas tenían rayones y seguían arrugadas de cuando Cleo las estrujaba y las tiraba.
-Pues yo creo que son hermosas. Pero te empeñas a esperar cuando debes actuar.
-Pollen.- se sentó en la cama mirando de forma dura a la kwami.- Te quiero mucho, pero no voy a dejar que sigas hablando de esto.
-Pero...
-Te lo advierto. O sino olvídate de la crema humectante.- Pollen pareció ahogarse y llevó sus manitas a su pecho indignada.
-¡No te atreverías!
-Pruébame. Y necesito salir... Así que Pollen Transfórmame.- al ser King Bee este recorrió Paris, pero lejos de despejarse fue al mismo punto que había ido seguido durante las últimas semanas. El techo frente a la ventana de Nathalie.
Sabía que no era sano pero solo deseaba verla. También sabía que no había pintado nada nuevo, pero eso no significaba que esta no intentase crear algo. Sonreía al verla moverse de forma natural por su cuarto sin la presión del instituto. Pero esta vez al verla llegar a su cuarto algo cambió la rutina. Parecía ansiosa mientras hablaba por el celular que lo tenía pegado a la oreja por su hombro mientras sus manos estaban ocupadas tomando su libreta, carboncillos, colores y la tableta digital que solo usaba para ciertos trabajos especiales para comenzar a dibujar algo que no podía ver con una concentración impresionante que lo dejó confundido.
-Nathalie, ¿te gustaría...?
-¡No puedo lo siento!- dijo de forma atropellada para salir corriendo del salón dejando a Marin con la palabra en la boca.
-¿Que mosco le pico?- preguntó Ali y Ron y Julien se acercaron a ellos.
-Ni idea. Nuestra amiga ha estado así los últimos tres días. ¡Ni siquiera aceptó tomar un zumo con nosotros ayer!- exclamó dramático.
-Ha estado dibujando mucho.- dijo con simpleza Julien.- Debe ser importante.
Adrianne vio a Cleo pasar detrás de ellos, iba tan serio que quiso decirle algo pero este salió del salón. Suspiró triste y Marin rodea a su novia con su brazo. Al salir todos miraron a Nathalie hablar con Nicholas, el chico akumatizado. Esta le entregó una libreta y luego se despidió de este al igual que como lo hizo con Ron de forma estrepitosa.
-¿Que fue eso?- preguntó Marin y Adrianne frunció el ceño.
-No lo sé pero voy a averiguarlo.- se separó de su novio, ¡oh que bien suena esa palabra! Con grandes zancadas hacia Nicholas. El chico hijeaba la libreta y la voz de la rubia hizo que la cierre de golpe.
-Eres amigo de Nathalie. ¿No?- este la miró un poco embelesado por la belleza que era, pero después un brillo de desconfianza apareció en sus ojos.
-Si... ¿qué quieres?
-Necesito entender lo que pasa con ella. ¿Qué te dio?
-Eso no te importa.- dijo ocultando tras su espalda la libreta pero la gran agilidad de Adrianne como Chat Noir fue suficiente para quitarle la libreta y abrirla ante los reclamos del chico que fue interceptado por Marin.
-¡Deja eso!
-Adrianne por favor...- pero la rubia estaba absorta a lo que veía, pasó las hojas, su furia e indignación se evaporaron y después se giró sobre sus talones para ver al chico.
-¿Qué es esto?- preguntó con fascinación y Nicholas lanzó un bufido.
-Si me regresas la libreta te lo diré. Pero solo dámela.
-Muy bien. Empieza a cantar pajarillo.
Esa noche Nathalie se estaba desvelando en trabajar con su tableta y los colores. Las líneas iban y venían pero si algo no le gustaba lo borraba y tomaba su libreta para intentar con sus carboncillos crear lo que quería. La única cafeína que tenía eran unos cuadritos de leche sabor moka de los que sorbía con el popote su contenido, su padre le había prohibido acercarse a la cafetera. Exasperada se revolvió el cabello y sacó la cabeza por la ventana. Necesitaba respirar, centrarse y quizás dormir unas horas o empezaría a equivocarse y volverse loca.
-Vamos Nathalie, tu puedes, solo... solo no enloquezcas de desesperación, puedes hacerlo.- casi gritó molesta apretando entre sus manos el marco de la ventana hasta que escucho una tosecita, al alzar la vista un enorme bicho amarillo la veía fijamente.
-Hola. ¿Podemos hablar?
-...Ya me volví loca.- chillo paralizada.
-Wow, pues ya pareces una loca con esas pintas. ¿Podemos hablar?
Cleo no sabía cómo sentirse, aunque aún se sentía deprimido su tristeza había menguado al ver en esos días a la chica dibujar como si su vida dependiera de ello. Y cuando la espiaba en las tardes debía decir que era un desastre andante. Un divertido desastre andante. Pero que temía que volviese a su vida normal olvidándose de él. King Bee suspiró al verla arrojar un empaque cuadrado y miro al cielo con una mirada anhelante y triste para volver a verla.
-Por favor. Que no se olvide de mí...
Pasados los días la zozobra de Cleo crecía. Y el viernes Nathalie había desaparecido después de la primera hora de clases, Cleo no dejaba de golpear el lápiz con la mesa y mover el pie ansioso ante la ausencia de la pelirroja. Y al sonar la campana del receso el profesor los detuvo un momento.
-Chicos, en el auditorio se estarán llevando a cabo la lectura de los cuentos del concurso de literatura. Les sugiero ir, será en la ultima hora de clases que se les dará libre.- algunos vitorearon por el anuncio pero el entusiasmo se debía mas a la hora libre que a ir a escuchar algunos cuentos. Cleo se levantó y al estar a punto de salir Adrianne se interpuso en su camino.
-Cleo, ¿vas a ir a la lectura de cuentos en el auditorio?
-No me interesa escuchar un montón de cuentos infantiles.
-Yo te lo recomendaría, Nath estará allí.- le dijo sin rodeos y Cleo la miró con grandes ojos, Adrianne le sonrió como cierta gata que conocía.- No faltes Cleo.- le dio una palmada en el hombro y fue a con Nina que ya le esperaba.
Cleo parecía confundido. ¿Qué hacía Nathalie en un concurso literario? Con un típico gesto arrogante salió del salón, ya averiguaría todo después. Se acabó el correr y huir esperando, Pollen tenía razón, debía hacer algo.
-Cleo, ¿estás bien?- preguntó Sabino mirándole atentamente.
-Estoy bien. Solo que saliendo voy a ajustar cuentas pendientes con un tomate.- la sonrisa arrogante de Cleo hizo que Sabino abriera grande los ojos.
-... Sabes que debes cuidarte ¿verdad?
-¿Cuidarme? Oh, no. Ella deberá cuidarse de mí, ya verá la que le espera.- comenzó a caminar hacia el patio no viendo la expresión de Sabino que cambió de serio a asustado.
-¡C-Cleo!- sintió miedo, no por su amigo sino por Nathalie que quien sabe de lo que sería capaz su amigo.
Las clases terminaron y solo pocos fueron al auditorio apenas llenando poco menos de la mitad. Cleo estaba entre los asientos junto a Sabino en la última fila mientras que entre los primeros asientos estaban Adrianne junto con Marin, Ali y Nina. La directora subió al escenario y aun ante el reducido grupo que había ésta tosió y se aclaró la voz tras el micrófono como si fuese a dar una gran conferencia.
-Buenas tardes queridos alumnos, me alegra mucho ver el interés de muchos por la literatura y el trabajo de varios de sus compañeros. Y bien, presentamos a los siguientes alumnos que...- pero Cleo no escuchaba ni miraba hacia el escenario. Sino que buscaba a Nathalie sin éxito alguno.- Y bueno, vamos a comenzar con la señorita Angelique Vernon...
,a chica que pasó presentó un cuento corto sobre hadas acoplado a algunos dibujos que se presentaban en unas diapositivas para que todos las vieran. Después otro pasó narrando al parecer un divertido cuento de animales que hizo reír a algunos, excepto a Cleo que no le prestaba atención. Esa seguridad de hace momentos comenzaba a tambalearse.
-Y ahora toca el turno al joven Nicholas Fable que presentara diapositivas con imagenes del cuento también.- el lugar se oscureció y Nicholas dio un paso al micrófono antes de aclarar su garganta para evitar algún temblor.
-Buenas tardes. Mi cuento tiene por título: El rey y la tomate.- cuando Cleo se dio cuenta Nathalie estaba viendo todo desde la puerta de entrada del auditorio, Cleo quiso levantarse pero se detuvo ante la imagen del cuento que aparecía. Era... ¿el?
Hace mucho, pero mucho tiempo, en un muy lejano reino había un rey ególatra y algo vanidoso.
La imagen era de un varón rubio vestido como esos príncipes de cuentos de camisa amarilla con rayas negras en las mangas y pantalón blanco.
A veces era egoísta y gustaba de hacer rabiar a sus súbditos.
-¿Solo a veces?- Ali se ganó un codazo de Nina para que guardara silencio.
Y un día que el rey galopaba en su caballo junto a su fiel concejal…
Sabino notó que el supuesto concejal se parecía mucho a él.
Cerca de un sembradío vio en el suelo un dibujo en tierra, muchas flores dibujadas alrededor de los tomates. Curioso se acercó y vio en el suelo lo más extraño que había visto en la vida. Un tomate tenía un palo y estaba dibujando esas flores.
El dibujo mostraba en efecto un tomate, pero con cabeza, brazos y piernas, un tomate muy parecido a Nathalie. Cleo miró atento la imagen.
El rey había quedado fascinado con el dibujo pero al hablarle a la tomate esta se escondió y el rey molesto. Le ordenó salir o cortaría el sembradío entero.
-Sí, muy Cleo.- esta vez fue Nina quien se ganó un codazo de parte de Adrianne.
-Shhh.
La tomate salió y le pidió no hacerlo. El rey entonces le dijo lo encantado que estaba con su trabajo. Y le propuso pintar algunos cuadros para su palacio. La tomate al principio no quería pero ante la amenaza de cortar su hogar aceptó.
La siguiente imagen mostraba a la tomate pintar.
La tomate vivía bien en el palacio, aunque a veces extrañaba su hogar, pero cada mañana encontraba pequeñas flores que gustaba guardar feliz. Pero mientras vivía allí conoció al rey mucho mejor. Que aunque ególatra, cuidaba de sus más allegados. Duro de palabra pero no de cabeza. A veces parecer malo, pero en realidad era bueno. Y las flores misteriosas que aparecían al despertar eran puestas por el rey.
Se mostraba la imagen del rey tomar con disimulo unas pequeñas flores con un diente de león.
Y la tomate comenzó a querer estar cerca de él, no importando si era demasiado tímida. Poco a poco comenzaron a hablar y a conocerse. Y en poco comenzaron a estar casi siempre juntos. Y los súbditos notaban en su rey un cambio favorable y mejor trato para con ellos, y eso los hacía felices.
Un día otro rey que le visitó vio las bonitas pinturas que colgaban en el castillo y quiso que la tomate pintara para él. El rey se negó y el otro rey propuso una competencia para ver quien se quedaba con la tomate.
-Soy yo o ese otro rey se parece a Leo.- susurró Marin al ver el dibujo.
Eso la puso triste y sin que nadie la viera se fue del castillo y regresó a su campo. Cuando el rey se dio cuenta fue a buscar a su tomate hallándola triste. El rey le preguntó por qué se había ido y la tomate le confesó que se puso triste por la competencia, porque si perdía ella se iría con el otro rey y porque este no quiso escuchar su opinión de con quien quería estar.
-Lo amo.- confesó la tomate pero estaba triste porque el rey no parecía apreciarla o quererla tanto como el a ella para apostar.
Varios se enternecieron a la imagen de la tomate que estaba sentada en una gran hoja llorando mientras el rey la veía de forma lastimosa.
-Yo también te quiero.- confesó el rey conmovido por sus lágrimas pero la tomate no le creyó y el rey triste se fue.
Pasaron días, semanas, y un día la tomate vio venir al rey en su caballo. El rey bajó de este y detrás de él todos sus súbditos llevaban en sus manos hermosas flores para plantar alrededor del campo. El rey con flores en mano se acercó a la tomate.
-Mis palabras no alcanzan a expresar mis sentimientos. Por eso, aunque no estés conmigo quiero que en cada primavera cuando las flores florezcan te acuerdes de mí. Y sepas que estas flores representan el bello sentimiento que siento por ti.
La tomate lloró, contenta por las bonitas flores.
-¿Me quieres?
-Te amo.
-¿Cuánto?
-Te daría mi reino entero si pudiese.
-¿Me quieres para siempre en tu vida?
-Cada día mi tomate...
Muchos se enternecieron ante la imagen el rey hincado con coloridas flores en mano y la tomate de pie sobre la hoja viéndolo.
-…Te quiero conmigo cada día y hasta la eternidad. ¿Me perdonas?
-Te perdono.
La tomate feliz derramó lágrimas de felicidad y de repente la tomate comenzó a cambiar hasta hacerse grande y transformarse en una chica común. Y es que la tomate no era tomate, era en realidad una joven campesina que una bruja hechizó cuando la joven encontró a la malvada bruja comiendo los tomates de su sembradío sin su permiso. El rey feliz al fin pudo besar a la chica que en forma de tomate le robó su corazón en hacerse. La boda no tardó en hacerse y fue la más bella boda que se haya tenido precedentes, y el rey y la ahora reina vivieron felices toda su vida juntos, queridos por el pueblo, formando una familia y tan famosos por su historia de amor que en este hoy en día solo queda como una simple historia. Pero a nadie se le olvidará jamás, que la reina se ganó el sobrenombre eterno de la reina tomate.
El último dibujo era de ambos personajes abrazados y con ropas reales y coronas, rodeados por un esplendoroso salón de carmesí con oro y con plantas de tomates a los costados.
Muchos aplaudieron y Nicholas se sonrojó tímido. Marin y Adrianne aplaudieron y Nina estaba al borde de las lágrimas a la vez que Ali intentaba esconder las suyas. Pero Cleo no perdió tiempo. Miró hacia donde estaba Nathalie y la chica al verlo corrió fuera, pero él no la dejaría escapar y menos después de ver aquellos dibujos.
Nathalie se quedó en el gimnasio intentando recuperar el aliento. Bien, lo había hecho, aquello valía como una confesión, ¿no? Jaló su cabello desesperada. ¡Tenía qué! Pero al verlo moverse para levantarse corrió como una cobarde, no quería ver su reacción ni que la viera a ella, su sencillo maquillaje había fallado estrepitosamente en ocultar su palidez acrecentada y esos marcados círculos negros bajo los ojos que le daban un toque zombificado. Esperaría hasta que Cleo se hubiese ido para salir, estaba exhausta, tanto que no se dio cuenta de la mano sobre su hombro hasta que escuchó esa voz arrastrando las palabras.
-¿Te escondes de mí, tomate?- Nathalie chilló y al querer correr Cleo la había metido en el almacén del gimnasio y cerrado la puerta.- Así no te escaparás.
-¿Q-Q-Q-Qué quieres?
-Solo quiero aclarar unos cuantos puntos contigo.- aun ante lo oscuro del lugar pudo ver lo pálida y demacrada que estaba.- ¿Me amas?- el labio inferior de Nathalie tembló y asintió sonrojándose más.- ¿Me perdonas?
-S-Sí...- logró decir aunque de forma muy queda.
-¿Por qué?
-Porque estoy completamente enamorada de ti. Quiera o no, no puedo sacar esto que siento por ti. Y... hace días sé que tu sientes lo mismo.
-Ha pasado tiempo, ¿cómo sabes que te sigo amando?
-L-La verdad es que...
-¡Aish! Deja ya de hacerte el difícil y bésala cabeza de alcornoque.
-¡Pollen!- la kwami salió de la mochila con los bracitos cruzados.
-Yo fui la culpable de que sepa que sigues loquito por ella.
-¡¿Perdona?!
-Te perdono. ¡Ah!- Cleo tomó a Pollen y la puso frente a él.
-¡Habla insecto!
-Pues... no es por ser chismosa pero puede ser que alguien le haya mostrado algunas de las cartas que están metidas en el cajón de tu cómoda.- Cleo palideció y se sonrojó para ver la cara de Nathalie que no podía esconder su sonrojo aunque mirara hacia abajo.
-¿T-Todas?
-O sea, obvio no. Solo las que no rompiste con la pluma.- se quería morir, bien podría dejar que lo enterrasen vivo pero... se llevaría a la entrometida kwami con él a la tumba.
-Yo...- Nathalie abrió su boca mordiendo ligeramente su labio inferior.- Esas cartas... lo que dices sentir sobre un amor ardiente y el frio olvido...- Cleo rogó porque eso fuera lo que se había grabado.- O lo de desear estar siempre conmigo y... rociar mi semilla para hacer una parcela de tomates...- ¡que alguien le pegase un tiro! Su rostro ahora fácil competía con el cabello de Nathalie.
-¡No lo digas así por piedad!- rogó mientras ponía los brazos a los costados de ella.- ¡Te amo pero también soy un adolescente! ¡Disculpa las idioteces que escribió este adolescente hormonado!- Nathalie ahogó una carcajada y Cleo aprovechando su altura apoyó su cabeza sobre la suya y suspiró. Nathalie dejó de reírse, Cleo se separó un poco para verla a los ojos, Nathalie se sintió cohibida ante la ternura que reflejaban sus ojos.- Te amo tomate.- ella sonrió.
-Yo también te amo rey ególatra.- lejos de molestarse por el adjetivo Cleo sonrió y los labios de ambos rozaron en un tierno beso que derritió sus corazones y los fundió en uno. Cuando se separaron los dos sonrieron y Cleo acarició su mejilla con una delicadeza tan exquisita disfrutando sentir el calor entre sus dedos.
-¡Ay por favor! ¿Eso fue un beso?- exclamó Pollen indignada.- Un beso debe tener más pasión, más entrega, más fuerza, más... más... ¡más lengua!- pero no pudo seguir opinando cuando Cleo abrió un poco la puerta y la lanzó hacia afuera cerrando de un portazo.- Pero qué...- ahogó un grito.- ¡Ingrato! ¡Después de lo que he hecho por ti! ¿Me estas escuchando Cleo? ¡Cleo!- gritó sin saber que dentro estaban siguiendo al pie de la letra sus consejos sobre besos.
Cleo Bourgeois frunció el ceño al sentir como alguien estaba encima de él jalando de su camisa blanca y subiendo poco a poco sus manos hasta el cuello. Aun con los ojos cerrados había aprendido a estar alerta y no dudó en aplastar la cabeza de su atacante contra su pecho para inmovilizarle sintiendo como removía su cuerpo y emitía unos chillidos agudos que le sacaron una sonrisa aflojando su agarre.
-¿Te rindes cerecita?- abrió un ojo para ver a la pequeña pelirroja de cuatro años verle con una gran sonrisa.
-¡Papá!
Con una sonrisa Cleo la abrazó y la puso en el suelo para levantarse de la cómoda silla de su oficina y ponerse el saco negro que iba a juego con su pantalón y camisa color beige claro. Vio con orgullo como la pequeña se alisaba su vestido azul marino con listones blancos y luego lo miraba a él con esos hermosos ojos color cian, tan idéntica a su madre físicamente pero igualita a él en actitud.
-Vaya, ya es tarde.
-Es hora de cenar papá, abuelita me dijo que te avisara.
-Por supuesto. Pero primero vamos a avisar a mamá.
-¡Sí!- la pequeña corrió entusiasmada y Cleo la siguió de cerca. Sintió nostalgia ante aquel sueño de hace ya varios años.
Fue al ascensor en donde alzó a su hija para que oprimiera el botón de un piso que ya conocía bien. Y al llegar y caminar a una de las habitaciones, abrió la puerta y se cruzó de brazos con una sonrisa al ver a su esposa trabajando con un enorme lienzo y pinturas especiales.
-¡Mamá!- el llamado de la pequeña hizo que su madre dejara lo que estaba haciendo y se quitara los googles y el paño de la cabeza que cubría su cortísimo cabello rojo y que tenía ese típico fleco de lado largo que llegaba hasta su pómulo.
-¿Cerisa? ¿Cleo? ¿Qué hora es?
-Hora de cenar mamá.
-¡¿Ya?! Vaya que pasa el tiempo.- Nathalie dejó sus cosas y se dirigió a con su hija y esposo, esposo que le recibió con un beso en la mejilla al estar encantado con ese simple atuendo de ajustada camisa blanca sin mangas de cuello redondo y esa falda estilo pareo color naranja que se ajustaba a sus caderas. Aun con gotas de pintura en su piel o ropa se veía preciosa.
-Debí estar más atenta. Necesito darme una ducha rápida antes de bajar.
-Yo puedo ayudarte.- sugirió Cleo con una sonrisa sugerente y Nathalie negó con la cabeza.
-Olvídalo. No tardaré como sea. Y debes acompañar a Cerisa y a tu madre.
-Está bien. Pero te esperaremos.
-Juro no tardar.
-Más te vale. O sino iremos a por ti.
-¡Eso!- respondió en apoyo su hija. Y Nathalie se ríe para acariciar el cabello de su hija y susurrar a su marido.
-Puedes venir a buscarme tu solo. Quien sabe que sorpresa te encuentres.
-Mmmm, me pregunto que será.
-Solo te diré que es delgado, aguamarina y encaje negro.- Cleo sintió un escalofrío.
-No me tientes...
-Oh, lo siento. Todavía no superas tu adicción a mi ropa interior.
-Pero tú... ¡Tomatita no corras!- la niña paró en seco y se volvió a su padre con las mejillas infladas.
-¡No soy una tomate! ¿Por qué me dices tomate a veces, papá? Las fresas y las cerezas son también rojas, bonitas y no son una fea verdura.
-Eso es porque así llamo a tu madre desde que la conozco.
-¿Y no te enoja mamá?
-Para nada.- contestó Nathalie.- ¿Sabes por qué? Porque los tomates son una fruta y no verdura muy roja y muy bonita.
-Las cerezas son más bonitas.
-Pero chiquitas.- dijo Cleo.- Y los tomates son muy buenos y ricos. Y como es el apodo de tu madre no debes poner mala cara, al contrario, siéntete feliz porque eres tan guapa como tu madre.
-Pues Lysander me dice que soy muy bonita. Y que le gusta mi pelo y que seremos novios de verdad cuando seamos grandes.
-Nada de novio hasta después de los treinta.
-¡Cleo!
-¡Nathalie!- la cara de molestia de su esposo casi le da un ataque de risa.
-Cerisa, adelántate un poco.
-Sipi.- la niña se dirigió a esperar a sus padres a la puerta del elevador.
-Es una niña...- gruñó Cleo y Nathalie sonrió condescendiente.
-Tranquilo, hablaremos con ella pero pase lo que pase seguirá siendo tu princesita.
-Obviamente. Solo mi princesa.
-Eres muy egoísta.
-Por supuesto que lo soy. Y más al cuidar a mis dos más grandes tesoros.
-Te amo, ¿lo sabes?
-Y yo te amo a ti, mi hermoso tomate.
-Mi rey...
-¡Ya tengo hambre!- gritó la pequeña Cerisa no dejando que la pareja se besara y los dos se rieron para ir a con su hija. Cleo miró a sus dos grandes tesoros y quizás a futuro agregar otro tesoro más, pero nunca se arrepentiría de haberse unido de por vida a ese dulce y hermoso tomate.
Fin.
