Capitulo 8: Un poco de comprensión
Al día siguiente:
Tras la repentina visita de Obsidiana y el cese de los temblores que asolaron Beach City, la paz regresó una vez más a la pequeña ciudad costera.
Si bien algo magullados y todavía asustados y sorprendidos, pronto los ciudadanos se unieron a los equipos de emergencia en su tarea de tratar de evaluar los daños ocasionados y dar comienzo a las reparaciones pertinentes. Los pocos heridos que habían precisado atención médica habían sido transportados rápidamente al hospital, que por suerte había conseguido resistir los terremotos sin demasiados daños estructurales ni en su equipamiento.
La ciudad en si había resistido bastante bien la acometida del Clúster, si bien estaba claro que aún pasaría algún tiempo antes de que las cosas volvieran a ser como antes. Varios edificios se habían desplomado y deberían ser reconstruidos de nuevo, como la pizzería de Kofi y el puesto de patatas de Fryman, pero entre los dos y con la colaboración del resto de vecinos y amigos, dentro de no demasiado tiempo ambos volverían a ver en pie sus negocios de nuevo. Otras tantas viviendas habían sufrido daños que obligaron a sus ocupantes a buscar refugio en casas de amigos y familiares mientras sus casas eran reconstruidas, y dado el estado del asfalto iba a pasar algún tiempo antes de que pudieran abrirlas de nuevo al público.
Fieles a su palabra, las Gemas de Cristal ayudaron cuanto pudieron en la reconstrucción de la ciudad. Amatista se unió a los equipos médicos que transportaban pacientes al hospital, metamorfoseándose en diferentes vehículos y realizando más viajes que ninguna ambulancia. Perla, por su parte, dirigió a los ciudadanos y los organizó para las tareas de salvamento y reconstrucción, pasando descaradamente por delante del alcalde, que sin embargo no dijo nada y la dejó hacer. En poco tiempo, los escombros empezaron a ser retirados gracias sobre todo a la fuerza de Granate, quien casi en Solitario era capaz de despejar una casa de cascotes a una velocidad sorprendente. Steven también aportó su granito de arena, llevando mensajes de aquí para allá y comprobando que los más afectados por el terremoto fueran atendidos. Incluso sus poderes de sanación resultaron de utilidad, ahorrando al hospital el haber de atender a tantos pacientes cuando las babas sanadoras del joven restauraron a aquellos con los casos más acuciantes (aunque Steven procuraba que nadie le viera aplicando sus poderes porque…bueno…era difícil explicar el por qué estaba pegando sus babas a la gente). Incluso Peridoto, quien no acababa de entender como una especie tan frágil como la humana podía mostrarse tan resolutiva ante la adversidad, trató de ayudar siguiendo a los trabajadores e imitándoles en cuales fueran sus tareas, ya fuera transportando materiales de un lado para otro o retirando escombros. Dichas tareas resultaron bastante difíciles para la pequeña Gema al no ser la fuerza uno de los puntos fuertes de las Peridotos, pero a pesar de todo no se rindió ni cesó en su empeño.
Para el atardecer, cuando el Sol empezaba a ocultarse en el horizonte, la ciudad presentaba un mejor aspecto respecto al día anterior. Aún quedaba mucho por hacer, y las obras de reconstrucción aún tardarían varios días en completarse, pero al ritmo que iba dentro de nada la ciudad volvería a ser lo que una vez fue. Satisfechas tras un día de arduo trabajo, Steven y las Gemas de Cristal (Peridoto incluida) se reunieron en el exterior del granero para escuchar, finalmente, lo acontecido durante el encontronazo de Steven y Peridoto con el Clúster. Peridoto explicaba la situación con grandes aspavientos y efectos sonoros, evidentemente emocionada de rememorar semejante aventura y de poder presumir de la victoria que ella y Steven consiguieron. Steven, pero, no parecía compartir su entusiasmo. Al parecer, sus pensamientos estaban más encaminados hacia la Gema azulada que, todavía, reposaba en el interior del granero tras tantos meses de confinamiento subacuático.
Lapis seguía inconsciente después de su forzada separación de Jaspe. Cada vez que Steven tenía un descanso de sus tareas de ayuda en la ciudad, iba al granero a ver cuál era el estado de Lapis, preocupado y deseoso de que se despertara por fin. La veía revolverse y gemir como si estuviera teniendo una pesadilla de la que no conseguía despertarse, seguramente debido a la experiencia sufrida al verse tanto tiempo forzada a permanecer unida a Jaspe en forma de Malaquita. Granate le había explicado que semejante fusión podía acarrear una tremenda presión tanto a nivel físico como mental, pero que con el tiempo acabaría por recuperarse. Estaba claro que intentaba animar a su joven amigo con sus palabras tranquilizadoras, y si bien Steven sabía que tenía razón, no podía evitar pensar en si habría algo que él pudiera hacer para acelerar el proceso.
Poco podían imaginar, escuchando atentos las palabras de Peridoto y Steven mientras les relataban lo que sucedió bajo la corteza terrestre, que una oscura sombra se cernía sobre ellos. Atenta y vigilante, Obsidiana contemplaba desde un bosque cercano el pequeño grupo de Gemas traidoras mientras parloteaba y reían, completamente ajenas a su presencia…o eso creía. En un par de ocasiones había creído que la abominación Granate, esa especie de fusión aberrante entre dos Gemas diferentes, había mirado en dirección al "árbol" al que se había subido y le había sonreído, haciendo un ligero gesto con la mano para que se acercara. Por supuesto, Obsidiana no se movió del sitio, ni se planteó acercarse siquiera. ¿Pero qué podía tener esa…cosa…en la cabeza? Ella era su enemiga, ella era una Gema del Planeta Natal. ¿Por qué iba ella a querer que se acercara? ¿Para atacarla? ¿Para que cambiara de bando? Fuera lo que fuera, Obsidiana no iba a permitir que la engañaran de aquella manera tan tonta…
No… ella no se iba a dejar engañar…
Al día siguiente…
El no necesitar dormir hacía muy fácil el vigilar al enemigo. Obsidiana no había perdido de vista la extraña estructura de color rojizo en el que, sabía, se encontraba la Peridoto que había insultado a Diamante Amarillo. No hacía demasiado que había llegado el humano Greg con su vehículo/vivienda, y junto al resto de Gemas de Cristal lo había empezado a cargar con todo tipo de cosas que Obsidiana no supo identificar. Después, se subieron todos menos la Peridoto y el niño humano al vehículo, y abandonaron la zona. A continuación, el niño humano había empezado a gritar algo así como "león", y pronto también se alejó de la estructura con pinta de estar buscando algo.
La zona quedó despejada. La Peridoto, su objetivo, seguía en el granero. Era su oportunidad.
Deslizándose como una sombra desde su escondite, Obsidiana recorrió el espacio abierto entre el bosque y la estructura, atenta a cualquier posible trampa o enemigo que no hubiera podido ver desde su aventajada posición en el "árbol". No parecía que hubiera ninguna de ellas, de manera que en pocos segundos alcanzó la puerta de aquella edificación rojiza. Su superficie parecía estar hecha del mismo material que el "árbol", curiosamente, y por un instante se preguntó para qué iba a querer nadie construir algo con un material como aquel, tan endeble. "Humanos…", pensó despectiva Obsidiana, hasta que la imagen de la familia Pizza le vino a la mente. Por alguna razón, al pensar en ellos, no lo hacía como lo había estado haciendo al pensar en la especie dominante de aquel planeta. Los humanos eran simples trozos de materia orgánica que no servían para nada. No eran fuertes, no eran muy listos, aunque debía reconocer que podían resultar de lo más ingeniosos llegado el momento, si podía tomar como referencia las acciones de estos durante el pasado día…
Obsidiana agitó su cabeza, tratando de despejársela. ¿Por qué diantres había empezado a pensar bien…no, por qué simplemente había empezado a pensar en humanos? Tenía mejores cosas que hacer, como atrapar de una vez a la Peridoto y averiguar el paradero de Jaspe. No le gustaba demasiado esa bravucona, pero con su fuerza combinada a la suya podría plantar cara de una vez por todas a las Gemas de Cristal, y…
…se encontró con el primer problema. Esa puerta… ¿dónde estaba el botón de activación? ¿El panel de control? Lo único que Obsidiana vio fuera de lugar fue un simple arco de metal, que no le aportaba ninguna pista sobre cómo se abría la puerta.
Obsidiana apretó los dientes, fastidiada. Había pasado tanto tiempo observando quien entraba y salía del edificio…que en ningún momento se había fijado en cómo se abría la puerta.
Por supuesto, no era como si la puerta le supusiera un obstáculo insalvable. Le bastaba con cambiar de fase, y estaría dentro en un instante, pero la verdad era que hacía mucho que no le disparaba a nada, y ya había acumulado dentro bastante estrés del que necesitaba liberarse. Así pues, Obsidiana extrajo uno de sus trabucos de su gema, apuntó con el arma a la puerta, y…
-Te advierto…-dijo una voz a sus espaldas, sorprendiendo a Obsidiana. Reconoció esa voz al instante-… que a Peridoto no le hará mucha gracia que destruyas la puerta del granero-acabó de decir Granate, situada a un par de metros de Obsidiana.
Aunque su brazo bajó el trabuco, su cuerpo no se movió un solo ápice, si bien su mente trabajaba a toda velocidad tratando de entender cómo había conseguido alguien pillarla por la espalda con tanta facilidad…y por qué no había aprovechado ese instante para atacar.
-… ¿por qué debería importarme lo que piensa una simple Peridoto?-preguntó Obsidiana, sin alzar la voz. Girándose, miró desafiante a Granate, quien permaneció cruzada de brazos con una pequeña sonrisa en el rostro-… ¿y por qué sigues aquí? Te vi irte con el resto de Gemas de Cristal.
-Cierto, me estaba yendo…pero sabía que ibas a venir en cuanto nos fuéramos, y quería…
-¿Luchar?-preguntó Obsidiana, haciendo aparecer otro trabuco y apuntando con ambos a Granate, en posición de ataque y lista para su segundo enfrentamiento con la fusión. Esta, pero, simplemente alzó sus manos con gesto conciliador, prácticamente mostrándole donde tenía ella sus gemas.
-No, tranquila. Solo he venido a hablar-dijo Granate con tono calmado. Las palabras de Granate sorprendieron ligeramente a Obsidiana, quien alzó una ceja en señal de incredulidad.
-…hablar…
-Sí.
-…tú…quieres que hablemos…
-Así es-volvió a decir Granate. Obsidiana seguía sin estar demasiado convencida.
-No sé si te has dado cuenta, fusión, pero tú y yo somos enemigas-dijo Obsidiana, sin dejar de apuntar a Granate-. Tú puedes hablar todo lo que quieras, ¿pero qué te hace pensar que te voy a escuchar?
-No tienes por qué escucharme, si no quieres-dijo Granate, quien no parecía preocupada por los dos cañones que apuntaban en esos momentos a su cuerpo-, pero tampoco perderás nada por hacerlo. No he venido a pelear, y te prometo que no te atacaré, aunque si después de que haya dicho lo que he venido a decir sigues queriendo pelear, entonces con gusto lucharé contra ti.
Aquella era una situación…francamente peculiar. Todos los impulsos e instintos de Obsidiana le decían que se limitara a dispararle a aquella inconsciente y terminara con todo de una vez. Si eliminaba a la fusión, el resto de Gemas de Cristal caerían una a una, y entonces podría volver al Planeta Natal…de alguna forma…habiendo completado su misión…de alguna forma…
Sin embargo, muy dentro de Obsidiana, una pequeña chispa de duda le impidió apretar los gatillos. No sabía por qué, pero la curiosidad por saber qué era lo que aquella Gema quería decirle la instaba a escucharla, a pesar de ser ambas enemigas. No se fiaba de ella ni un pelo, por supuesto, pero tenía razón cuando decía que tampoco iba a pasar nada por oír lo que tuviera que decirle. Siempre podía dispararle en otro momento, y tenía que reconocer que atacarla en una zona tan expuesta como aquella abría la posibilidad de que el resto de Gemas de Cristal aparecieran y la rodearan, dificultando su tarea.
Obsidiana miró suspicaz a Granate, quien en ningún momento dejó de sonreír.
-…si te escucho…me dirás donde está Jaspe-demandó Obsidiana.
-No sé realmente donde está, pero si me escuchas, te prometo que responderé a cualquier pregunta que tengas. Lo digo muy en serio-respondió Granate, caminando hacia Obsidiana sin temor alguno. Los cañones de Obsidiana quedaban ya a escasos centímetros del cuerpo de Granate, quien no parecía preocupada por la posibilidad de que le abrieran un boquete con un simple movimiento de los dedos. Obsidiana trataba de leer la expresión de Granate, intentando discernir si se trataba de una trampa o, por raro que pareciera, aquel ofrecimiento era sincero.
-… ¿por qué ibas a querer hablar conmigo? ¿Qué esperas ganar de todo esto?-preguntó Obsidiana, bajando los trabucos y dejándolos caer al suelo.
-Comprensión. Quiero entenderte…y quiero que entiendas-dijo Granate, colocando una de sus manos en el hombro de Obsidiana. Esta, sin embargo, se libró de ella apartando el hombro, y mirando fijamente a Granate a los ojos…bueno, a las gafas que los ocultaban, por lo menos.
-¿"Comprensión"? Eso me suena a bobada. ¿Es que acaso quieres estudiarme para saber cómo vencerme?-preguntó de malas Obsidiana, su rostro amenazante a un palmo del de Granate. Esta, negando con la cabeza, volvió a cruzarse de brazos.
-No es esa clase de comprensión, tranquila. Puedes confiar en mí.
-Yo no confío en ti, fusión-dijo Obsidiana, casi escupiendo esa última palabra-. Yo no confío en nadie.
-¿Ves? Ese es tu problema-comentó Granate, como si no le hubiera afectado el tono de Obsidiana-. Deberías confiar más en los demás. Tal vez así descubrieras que el mundo es más brillante y bonito de lo que te podías imaginar.
-El mundo…bah-dijo Obsidiana, apartando la mirada con expresión de fastidio. Una vez más, Granate colocó su mano en el hombro de Obsidiana, y está en vez de apartarlo de nuevo dirigió su mirada otra vez hacia Granate.
-Ven conmigo. Podría explicártelo, pero como dices que no confías en mí, creo que será mejor que te lo enseñe.
Ninguna de las dos dijo nada durante el siguiente minuto. Obsidiana miró desconfiada la mano que en su hombro reposaba, y la Gema propietaria de dicha mano. Realmente no parecía que hubiera ido a luchar contra ella, y la verdad era que había conseguido despertar su curiosidad. Aún tenía una misión que cumplir, pero si realmente lo único que necesitaba para obtener respuestas era aguantarse y escuchar a aquella Gema… bueno, mejor para ella. Una vez lo hubiera hecho, averiguaría todo sobre el paradero de Jaspe, y se largaría de allí en seguida.
No había razón para que Obsidiana no se aprovechara de aquella pobre idiota.
-…muy bien, tu ganas. Te sigo, fusión.
-Mi nombre es Granate. No es muy educado eso de llamar a los demás…
-Calla y muéstrame eso que me querías enseñar…fusión-la cortó Obsidiana, deseosa de acabar con aquello de una vez por todas. Granate, suspirando, se dio la vuelta y empezó a caminar colina abajo, con Obsidiana detrás.
Con paso tranquilo, las dos Gemas abandonaron la zona sin decir ninguna nada. Una vez ambas se hubieron ido, la paz y el silencio volvieron a reinar en el prado, con el suave susurro de los pastos meciéndose con el viento…y el crujido de una puerta de madera al abrirse.
-¿Hola?-preguntó Peridoto, asomando la cabeza-… ¿hay alguien?- Peridoto no obtuvo respuesta-. ¿Steven, eres tú?... ¿Amatista…? ¿Alguien…?
No obtuvo respuesta alguna. Encogiéndose de hombros, Peridoto volvió a cerrar la puerta, preguntándose de quien serían las voces que había oído hacia solo un instante.
...
Granate y Obsidiana caminaban en silencio por el pequeño sendero de tierra sin prisa alguna, la de delante con la cabeza alta y expresión apacible, y la de atrás con las manos en la cintura y mirando desconfiada a la Gema de Cristal que la guiaba y a sus alrededores en general. La zona en sí parecía salvaje y no habitada, sin edificios ni más construcciones artificiales que algunas vallas que separaban el sendero de los prados de al lado. A medida que se iban adentrando en una zona boscosa, cada vez fueron apareciendo más y más arboles a su alrededor, tapando ligeramente el Sol con sus hojas y aumentando la irritación de Obsidiana.
-Me da que no eres muy amiga de los arboles- comentó Granate con una sonrisa, al oir gruñir a Obsidiana.
-No sé quién querría ser amiga de estas…cosas-comentó despectiva la Gema oscura-. Solo ocupan espacio y no hacen nada más. No se mueven, no hablan… Parecen rocas.
-No son rocas. Son seres vivos, como los animales y los humanos-explicó Granate, deteniéndose-. Todos los árboles que ves a tu alrededor están vivos, al igual que la hierba y las flores.
-"Vivos"…sí, claro-comentó Obsidiana, dándole una patadita al árbol más cercano. ¿Cómo iba a estar vivo eso? No se movía, no respiraba, y no podía comunicarse. Si eso era un ser vivo, no entendía cómo podía estar vivo o para qué.
-Hablo en serio. Mira-dijo Granate, arrodillándose a un lado del sendero. Con la mano empezó a escarbar en el suelo, como si estuviera tratando de desenterrar algo. Obsidiana no entendía qué era lo que pretendía hacer aquella Gema de Cristal, pero como le picó la curiosidad se acercó a mirar-. Aquí. ¿Lo ves?
Al mirar la mano de Granate, Obsidiana vio que en ella se encontraba un pequeño bulto marrón que parecía una pequeña piedra arrugada. De una hendidura en su lateral salían un par de raíces verdosas, algo extraño en una roca.
-Lo veo… ¿Y eso es…?
-Es una semilla-explicó Granate-. Ahora es pequeña, pero dentro de muchos años, con la suficiente agua y luz, esta pequeña semilla crecerá hasta convertirse en un árbol como este.
-… ¿crecer? ¿Quieres decir madurar, o cambiar?
-Sí, algo así. Es una habilidad que tienen los seres vivos de la Tierra: pueden crecer y desarrollarse mucho después de su nacimiento, y convertirse en cosas asombrosas como este árbol.
Granate le tendió la semilla a Obsidiana, que la examinó de cerca sosteniéndola entre dos de sus dedos. ¿Esa cosita…se iba a convertir en algo tan inmenso como eso otro?, se preguntó Obsidiana, mirando el árbol con otros ojos. Había creído que simplemente era una formación del planeta que no hacía nada, pero ahora que sabía que era un ser vivo, ahora que sabía que aquella cosa tan alta y robusta había empezado siendo tan canijo…
-¿Cuánto tardan los arboles en… "crecer"?-quiso saber Obsidiana, sin dejar de mirar el árbol.
-Muchos, muchos años. Hay algunos que no dejan de crecer toda su vida-explicó Granate. Poniéndose de pie, cogió la mano libre de Obsidiana, y antes de que esta pudiera apartarse, le colocó delicadamente la palma contra la corteza del árbol.
La sorpresa inicial del agarre de Granate desapareció por completo de la mente de Obsidiana en el momento en que su palma entró en contacto con el áspero tronco. Era una sensación…diferente a la de tocar rocas. Sentía las arrugas y las muescas del tronco en su mano, la dureza de este en sus dedos, y al pasar la mano por él sintió como le raspaba ligeramente la piel. Los ojos de Obsidiana se abrieron ligeramente de la impresión. No era como se había imaginado que sería.
-… ¿de verdad algo tan pequeño…se ha convertido en algo tan grande?-preguntó Obsidiana, aún algo impresionada al saber que los árboles estaban vivos. A su lado, Granate asintió-. Pero… ¿cómo lo hace? No se puede mover, y no tiene boca. ¿Cómo lucha, cómo caza? ¿De dónde saca el alimento? Porque no me creo que este ser vivo en concreto no necesite alimentarse. Si algo se de los seres de este planeta, es que necesitan comida para sobrevivir-dijo Obsidiana. Esa era una de las muchas cosas que había aprendido de los humanos en el tiempo que había estado trabajando en la pizzería, junto al hecho de que les gustaba trabajar en familia, podían ser muy ingeniosos llegado el momento, y que los jueves había algo que Kofi llamaba "2x1", y que al parecer no le hacía mucha gracia que pasara.
-Es un árbol. Los árboles no luchan.
-¡¿Qué no…?! Entonces, ¿cómo sobreviven?
-No todos los seres vivos son iguales-explicó pacientemente Granate-. Cada uno de ellos es especial a su propio modo, y todas las especies que habitan en la Tierra tienen su modo de subsistir. Los humanos comen, los animales cazan, y las plantas como este árbol fabrican su alimento con luz y agua, entre otras cosas.
Cuando más aprendía, más impresionada se quedaba Obsidiana con esos…árboles. No solo se convertían en cosas enormes con el paso del tiempo, sino que encima no parecían necesitar cazar ni buscar su alimento… ¡se la hacían ellos mismos! Que algo tan pequeño pudiera sobrevivir el tiempo necesario para convertirse en algo tan grande, que hubiera prevalecido frente a todas las adversidades, que hubiera afrontado todos los peligros siendo tan pequeño y a pesar de contar con tantas desventajas, y que tantos hubieran conseguido llegar hasta aquel punto…
-…son unos supervivientes…-murmuró Obsidiana, mirando con otros ojos a los árboles que la rodeaban mientras seguía pasando la mano por la corteza del de antes.
-Son como tú-comentó Granate, reclamando la atención de Obsidiana. Esta, sorprendida por el comentario de la Gema de Cristal, se sintió algo incomoda de repente por la sonrisa de esta. Con ambas mejillas ruborizadas, se apartó rápidamente del árbol y se dispuso a proseguir su camino sin esperar siquiera a Granate. ¿Qué demonios…de qué hablaba esa maldita Gema de Cristal? ¡Ella no era ningún árbol!
Sin embargo, al ver que seguía sosteniendo la pequeña semilla, Obsidiana se detuvo un instante, contemplándola cuan pequeña era en su pálida mano. Granate observó en silencio como la mortífera asesina se desviaba momentáneamente del camino para, acuclillándose junto al agujero que ella escarbó antes, depositar dentro la semilla y taparla bien tapada con tierra. Cuando Obsidiana miró en su dirección, la recibió con un gesto de pulgar hacia arriba que provocó el furioso retorno del rubor de la Gema oscura.
-¡Bueno, ya está bien de árboles! ¡Venga, sigamos hacia adelante!-exclamó Obsidiana, avanzando con grandes pasos por el sendero.
"Es un poco torpe, y aún le queda mucho por aprender…" pensó Granate, siguiendo a la avergonzada Obsidiana, "…pero tiene potencial. Tal vez aún haya esperanza para ella."
...
Una vez bajaron de la colina, Granate y Obsidiana aparecieron a las puertas de la ciudad. El atardecer había empezado a hacerse notar a medida que el Sol parecía hundirse en el mar, tiñendo con los colores rojizos previos a la oscuridad de la noche el cielo antes azulado. Las largas sobras de los edificios y las personas que por entre ellos caminaba se alargaban y oscurecían, pero nunca tanto como la de Obsidiana que, cruzada de brazos, seguía en silencio a Granate.
La reconstrucción de la ciudad avanzaba a grandes pasos. Los edificios que necesitaron refuerzos fueron priorizados para evitar mayores pérdidas, y aquellos que perdieron sus hogares pronto encontraron alojamiento a la espera de que sus casas fueran reconstruidas. Los obreros y demás trabajadores habían empezado a arreglar los desperfectos ocasionados por el terremoto, retirando el mobiliario urbano destrozado y sustituyéndolo. Las calles y carreteras fueron levantadas y asfaltadas de nuevo, aunque aún habría de pasar algún tiempo hasta que las cosas volvieran a la normalidad. Algunos ciudadanos, al ver pasar a las dos Gemas, las saludaron con la mano o las llamaron por su nombre, siendo curiosamente Obsidiana la más reconocida de las dos.
-Parece que eres muy popular-comentó Granate, a lo cual Obsidiana se limitó a resoplar.
-Humanos… Como si necesitara el reconocimiento de unas formas de vida tan patéticas-dijo desdeñosa Obsidiana, pero Granate supo entrever la verdad tras sus palabras.
-He oído que durante el terremoto estuviste ayudando a todo el mundo y poniéndolos a salvo-dijo Granate, sorprendiendo a Obsidiana. No sabía cómo podía haberse enterado esa Gema de Cristal, pero optó por no decir nada, mirando molesta hacia un lado-. No tenías por qué, pero lo hiciste. Por eso, quiero darte las gracias.
-¿Las gracias? ¿Por qué ibas tú a darme las gracias, Gema de Cristal?-preguntó entre molesta y confusa Obsidiana-. Yo no te salvé, ni a ti ni a ninguna otra Gema. ¿De qué me das las gracias?
-Porque defendiste la ciudad, y a sus habitantes. Por eso te doy las gracias.
-Son solo humanos. ¿Qué te iban a importar unas formas de vida tan…orgánicas?-preguntó Obsidiana, como si el mero concepto la repugnase.
-Importan, porque ahora la Tierra es nuestro hogar, del mismo modo que es el de ellos. Eso nos hace iguales, y como iguales debemos protegernos y ayudarnos siempre que sea necesario-explicó Granate. Ambas Gemas siguieron su camino hasta llegar al paseo marítimo, algo tocado aún por los temblores, pero lo bastante entero como para poder apoyarse uno en la barandilla y contemplar la puesta de Sol, cosa que hizo Granate. Obsidiana, por otra parte, permaneció apoyada en la barandilla mirando en dirección contraria con ambos brazos cruzados-. Dime, ¿por qué lo hiciste? Lo de ayudar, quiero decir.
-Hmpf, ¿y a ti que te…?
-Ya te lo dije. Todo esto es para que yo pueda comprenderte. Si te resulta más sencillo, a cambio de responderme, te diré lo que pasó con Jaspe.
Obsidiana no respondió al principio. Se quedó allí, en silencio, dándole la espalda al Sol y sintiendo como su luz alimentaba su gema. Resultaba agradable poder disponer de tanta luz después de tantos siglos de oscuridad, aunque aún seguía sintiéndose más a gusto en las sombras que a plena luz solar. Trató de pensar en una razón que explicara el por qué hizo lo que hizo, pero no encontraba ninguna. Era tal y como le había dicho a Nanefua: fue un impulso. Para cuando se quiso dar cuenta, estaba llevando a humanos de un lado para otro. No porque se lo pidieran, no porque se sintiera bien o mal al hacerlo, ni siquiera porque fuera justo o lo correcto… Simplemente, lo hizo.
Antes de que Obsidiana pudiera responder, Granate sonrió de repente.
-Esa es una buena razón.
-Yo no he dicho nada.
-Exacto-comentó Granate, provocando que Obsidiana no entendiera a qué se refería esa Gema tan rara. Debía de ser algo de las fusiones en general, o tal vez fuera cosa única y exclusiva de las fusiones de las Gemas de Cristal, tan extrañas y poco habituales-. A veces, la mejor razón es la que no podemos explicar. No fue algo que puedas razonarme ahora con palabras, sino que fue más bien un instinto, ¿verdad?- Obsidiana no admitió ni negó nada, lo cual parecía ser justo lo que Granate esperaba que fuera a contestar-. Eso es bueno. Tienes una buena naturaleza.
-¿Que tengo qué?-preguntó confundida Obsidiana, sin entender nada de nada-. ¿Mi…naturaleza? No sé si lo sabes, fusión, pero mi "naturaleza" dista mucho de ser "buena". Soy fría, implacable, insensible e inmisericorde…
-Y, a pesar de ello, defendiste a un puñado de humanos a los que no conocías de nada. ¿Cómo encaja eso en la forma que tienes tú de verte a ti misma?-preguntó Granate.
Las palabras de la Gema de Cristal confundían enormemente a Obsidiana. No acababa de entender el objetivo de todas aquellas preguntas, ni a qué se refería esa…Gema, ni nada de nada.
-…yo…-empezó a decir Obsidiana, pero muy para su frustración no supo bien qué decir-…Dime lo que quiero saber de Jaspe, y acabemos con esto de una vez.
Granate, suspirando, empezó a contarle a Obsidiana lo sucedido desde el momento en que Malaquita se formó, hasta su último combate contra ella. Le explicó cómo, al separarse, Jaspe se precipitó por una grieta en el suelo, perdiéndose de vista ante la imposibilidad por parte de las Gemas de ir en su búsqueda, dada la situación de aquel momento con el Clúster. Que Jaspe hubiera podido sobrevivir a aquello era un hecho innegable para Obsidiana, ya que si algo sabía de aquella grandullona era que era más dura que nadie. Una simple caída no bastaría para pararla, y el que no hubiera vuelto a por más pelea solo podía significar que, o bien se estaba recuperando todavía de la fusión con la Lapislázuli, o estaba planeando su ataque. Fuera como fuera, debía ir en su búsqueda cuanto antes… o así sería si realmente tuviera alguna pista sobre dónde empezar a buscar.
-Genial. ¿Cómo voy a encontrarla, pudiendo estar escondida en cualquier lugar de este condenado planeta?-masculló Obsidiana, apoyada junto a Granate en la barandilla. Se había dado la vuelta durante la explicación de la otra Gema, e inconscientemente se había quedado mirando el mar mientras la escuchaba.
-Eh, no te desanimes. Tarde o temprano, o bien la encontraremos nosotras, o ella será quien nos encuentre. Lo único que tienes que hacer es esperar, y Jaspe aparecerá de una forma u otra.- Granate hablaba con sentido, algo que solo consiguió irritar más a Obsidiana al darse cuenta de lo que implicaba.
-¿Me estás diciendo que tendré que permanecer aquí durante aún más tiempo? ¿Conviviendo con humanos, aguantándoos a diario…?
-Lo dices como si fuera algo malo.
-¡ES malo!-puntualizó Obsidiana-. ¡Sois mis enemigas! ¿Te das cuenta del acto de traición que podría suponer el que os siga perdonando la vida mucho más tiempo? Cada día que no os disparo es un insulto a mi Diamante. Aguanté porque el Clúster debía ser detenido, pero ahora…
-Obsidiana-la detuvo Granate, poniéndole una mano en el hombro. Al principio, Obsidiana hizo el intento de quitársela de encima, pero en el último momento se detuvo-… Sé que aún piensas que solo podemos ser enemigos, pero párate un momento a pensar en lo que esta oportunidad significa para ti.
-¿Oportunidad?
-Toda esa rabia que sientes, todo ese odio… Dime, ¿es realmente tuyo, o es el odio de los Diamantes?-preguntó Granate-. Cuando nos llamas Gemas de Cristal, cuando apuntas a mis amigas con tus armas, cuando me llamas fusión como si no tuviera nombre… ¿realmente lo haces porque nos quieres hacer daño, o porque sientes que tienes que hacerlo?
-¿No es acaso lo mismo?-preguntó Obsidiana como si pretendiera quitarle importancia a las palabras de Granate, pero esta no se amedrentó.
-No, no es lo mismo. En el Planeta Natal, todo es sobre lo que una tiene que hacer, lo que está hecha para hacer. Aquí, en cambio, lo importante es lo que una quiere hacer, lo que cada uno desea hacer por voluntad propia. Llevas toda tu vida sirviendo a los Diamantes, ignorante de lo que es el poder decidir por una misma, porque semejante pensamiento no tiene cabida en la sociedad del Planeta Natal. Ahora yo te pregunto… ¿qué es lo que tú deseas hacer?
-Yo deseo servir a mi Diamante-respondió en seguida Obsidiana-. Deseo serle de utilidad. Deseo que me reconozca. Deseo…
-Deseas que te reconozca…-repitió Granate, medio sonriendo como si acabara de oir algo interesante. Obsidiana no entendía el qué podía ser-. Es un bonito deseo. Me gusta.
-¿Qué…?-preguntó Obsidiana, claramente confundida-… ¿Qué tiene de diferente ese deseo del resto? ¿Por qué no puede ser un buen deseo el querer servir a los Diamantes?
-Porque hay una clara diferencia entre ambos. Uno es algo que te impusieron desde tu nacimiento, y el otro es algo que tú misma elegiste perseguir- explicó Granate-. Dime, cuando naciste… ¿qué fue lo que te dijeron?
-… ¿y a ti que…?-empezó a decir Obsidiana, cuando de repente se fijó en la expresión de Granate. Esta, medio sonriendo, se había quitado las gafas y miraba con sus tres ojos heterocromáticos a Obsidiana, una mirada calmada y apacible que parecía dar a entender que no habían segundas intenciones con su pregunta. Estaba claro que el no responder solo le valdría la continuada insistencia de Granate, por lo que al final Obsidiana solo suspiró-…Me dijeron…que era un error, un defecto malformado… Un pedazo de…vidrio…
-Imagino que no te gustó que lo hicieran.
-No, no me gustó… Las otras lo aceptaron, pero yo… simplemente era incapaz de hacerlo…
-Así pues, decidiste ser más de lo que los demás te dijeron que podías ser-siguió diciendo Granate-. Te dijeron que no podías servir, así que te esforzaste en servir. Te dijeron que no podías pelear, y aprendiste a hacerlo. Te dijeron que nunca servirías para nada, y lo conseguiste.
Obsidiana no respondió. Granate no se equivocaba.
-Eso es lo que te hace ser como eres -dijo Granate, sonriendo-. Tienes una buena naturaleza: fuerte, rebelde, decidida… y también compasiva.
-Yo…no soy… ¡compasiva!-exclamó Obsidiana, mirando fijamente a Granate.
-Lo eres, e incluso te diré por qué.
-¿En serio?-preguntó desafiante Obsidiana, apartándose de la barandilla y encarándose a Granate-. Adelante, ilústrame… ¿por qué dices que soy compasiva?
-Porque sabes lo que es no recibir compasión alguna, y sabes lo que te hace sentir eso por dentro-dijo Granate, mirando a Obsidiana-. Sabes lo que es no tener esperanza, lo que es sentirse impotente, y muy dentro de ti sabes que está mal. Por eso haces lo que haces, por eso salvaste a la gente, por eso aceptaste la tregua…y por eso no me has disparado aún.
-No te he disparado porque quiero mis respuestas…
-Ya tienes tus respuestas. ¿Por qué has preferido seguir escuchándome a dispararme? ¿Por qué accediste a hablar conmigo, en vez de intentar arrancarme la verdad?-preguntó Granate, provocando que Obsidiana se quedara muda al darse cuenta de que, realmente, había actuado de forma diferente a la habitual.
En circunstancias normales, habría atacado a Granate nada más verla. Habría luchado con ella, la habría sometido, le habría arrancado sus secretos a la fuerza y, una vez la hubiera torturado, habría acabado con ella sin dudarlo un solo instantes. Y, a pesar de todo, su primer instinto había sido ir con ella, escuchar lo que Granate le tenía que decir, seguirla por el campo y la ciudad hasta aquel lugar, donde había permanecido relativamente calmada mientras su supuesta enemiga se limitaba a hacerle pensar en lo que era y lo que fue. Semejante situación antes se le habría antojado impensable, y sin embargo estaba sucediendo.
Obsidiana no acababa de creérselo. No quería creérselo. ¿Qué le había pasado? Esa…no era ella… Ella era fuerte, nunca dubitativa, siempre eficiente… ¿Qué iba a hacer si…si cambiaba? Ya no podría…ya no podría servir a Diamante Azul. Ella…ella ya no la…
-No…no… Te equivocas-dijo Obsidiana, apartándose de Granate. Negando con la cabeza, miró fijamente a Granate a los ojos, ambos puños apretados-. Yo…soy la fiel sirviente de Diamante Azul. Esto…ha sido un error. Un error que corregiré en seguida…-sentenció, haciendo aparecer sus trabucos desde su Gema. Granate, a su lado, no parecía preocupada ya que no hizo ni el gesto de apartarse o cubrirse cuando ambos cañones la apuntaron a corta distancia-. Prepárate, Gema de Cristal, para tu…
-No-dijo Granate, colocándose las gafas y mirando nuevamente a la puesta de sol. Una vez más, Obsidiana se quedó a cuadros ante la curiosa actitud de la Gema de Cristal.
-… ¿qué?
-Ya me has oído. No quiero prepararme.
-¿Cómo que no quieres? Te estoy amenazando, por si no te había quedado claro.
-Me doy cuenta, pero aún así no quiero-repitió terca Granate, para nada preocupada o asustada. Obsidiana, manteniendo firmes ambos trabucos, sintió como su respiración se agitaba.
-Hablo en serio. Voy a disparar, y tú vas a desaparecer. Si no quieres que eso pase, saca tus armas y pelea.
-No quiero-repitió Granate una vez más, acomodándose en la barandilla. Decidida a revelar el engaño que seguramente le estuviera preparando Granate, Obsidiana disparó un único tiro que pasó a rozar de la cabeza de la Gema de Cristal. En vez de apartarse, sobresaltarse, atacar o gritar, Granate permaneció firme y estoica en su sitio, muy para mayor confusión de Obsidiana-. Fallaste.
-¡Cállate! Lo he hecho a propósito.
-¿Ah, sí? ¿Y por qué? Yo no voy a pelear, así que debería serte fácil darme.
-Saca. Tus. Armas-repitió Obsidiana, temblando de ira y tensión.
-Seguro que una asesina tan letal como tú podría acabar conmigo en un instante. Así que…
-¡Te he dicho que pelees!-gritó Obsidiana, apuntando con sus trabucos pegados ya al cuerpo de Granate. Ésta, sin embargo, siguió sin moverse ni un ápice.
-No. Yo he elegido no pelear, así que no importa cuánto me grites, ni cuánto me amenaces, no pienso hacerlo.- Entonces, seria, miró a Obsidiana, quien pudo ver reflejado en la superficie de las gafas de Granate su propio gesto agitado y dubitativo, muy para su sorpresa-. ¿Qué eliges tú?
Obsidiana quiso apretar el gatillo. Sabía que era lo que tenía que hacer, y lo que seguramente le habrían ordenado sus superiores de haber podido presenciar aquel momento. Si lo hacía, ya no tendría que aguantar las impertinencias de aquella…fusión…, ni tendría que soportar sus preguntas ni sus palabras extrañas. Eliminaría a las Gemas de Cristal, volvería al Planeta Natal, y su Diamante estaría muy complacida. Solo de pensar en sus amables palabras de halago, Obsidiana sentía que…que…
…que la alegría que estas le proporcionarían era, extrañamente, menor de lo esperado. Antes habría hecho lo que fuera con tal de vivir aquel instante de dicha al recibir la atención de Diamante Azul, pero por alguna razón, no lo sentía igual en aquel momento. Sin saber del todo por qué, Obsidiana se encontró vacilando, incapaz de disparar o de apartar los trabucos. Se quedó allí, quieta, mirando extrañada a Granate y a sus armas, preguntándose qué clase de poder había ejercido aquella Gema sobre ella para alterarla de aquella manera. Era…era la primera vez que le sucedía algo así. Ella nunca, NUNCA, vacilaba a la hora de llevar a cabo las órdenes impuestas por su querido Diamante. Ella lo era todo para Obsidiana, absolutamente todo, y haría lo que fuera con tal de permanecer a su lado, aunque para ello tuviera que atacar a alguien a quien…no quería… ¿atacar?
-… ¿no quiero…atacar?-preguntó Obsidiana, más para sí que para Granate. Inconscientemente, sus trabucos cayeron al suelo, donde se disolvieron ante su anonadada mirada. ¿Qué acababa de decir?-. ¿Por…por qué? Nunca antes… Yo nunca…
-Tranquila…-dijo Granate, poniéndole una mano nuevamente en el hombro a Obsidiana. Su respiración era agitada, y sus ojos estaban abiertos de par en par, mirando consternada el punto en que sus trabucos habían desaparecido, aún perpleja por el rumbo que habían tomado los acontecimientos-…No pasa nada… Respira hondo, e imagina como tus miedos e inquietudes desaparecen con cada exhalación.
Por puro instinto, Obsidiana se encontró haciendo lo que Granate le dijo de hacer. Si bien no sintió nada al principio, poco a poco empezó a encontrarse un poco mejor, pudiendo apreciar entonces el grado de estrés que su mente estaba sintiendo mientras trataba de asumir que, en presencia de una enemiga, no solo no la había disparado sino que había estado hablando con ella sin que hubiera pensado en hacer nada al respecto.
-Antes te dije que te quería enseñar una cosa-dijo Granate, reclamando la atención de Obsidiana una vez más-. Ven. Es importante que seas tú quien comprenda ahora.
Granate empezó a caminar por la arena de la playa. Más calmada, con la mirada fija en la figura que avanzaba decidida por la arena, Obsidiana apenas pensó en las consecuencias de lo que iba a hacer. No sabía bien qué era lo que le estaba pasando, de dónde venía ese nuevo impulso que la llevaba a hacer cosas extrañas como ayudar a humanos o escuchar a rebeldes… pero en aquel momento le decía que debía seguir a la fusión.
Pronto, dos eran las figuras que caminaban por la arena.
Casa de la playa, momentos después:
-¡Amatista, haz el favor de recoger de una vez!-exclamó Perla a su compañera, tendida como si tal cosa en el sofá de la sala de estar. Numerosos trastos permanecían colocados de cualquier manera por la sala, obstaculizando el paso y provocando el enfado de la meticulosa Perla. Amatista, con aire perezoso, miró de soslayo a Perla.
-Relájate, Perla. Por si no te has dado cuenta, estoy muy ocupada con la organización de todos mis trastos nuevos.
-¿"Organización"? ¿Te atreves a llamar a este…caos…ORGANIZACIÓN?-gritó Perla, señalando con grandes aspavientos los montones de basura que la otra Gema de Cristal se había traído del granero. Entre ellos se encontraban los restos del taladro, junto a una gran cantidad de piezas y fragmentos metálicos de los aparatos desguazados que habían usado en la construcción del aparato. La razón por la cual Amatista los quería escapaba del todo a la comprensión lógica de Perla, quien pasándose la mano por la cara hizo un verdadero esfuerzo por mantener la calma ante la actitud despreocupada de Amatista. Tampoco era como si fuera la primera vez que aquello ocurría.
-Tranqui, no te alteres. En seguida lo meto todo en mi cuarto, en serio-respondió Amatista, acomodándose de cualquier manera en el mullido sofá-. Lo único que necesito hacer antes… es decidir en cuantos montones lo voy a dividir, eso es todo.
-Ya… ¿y qué sistema piensas utilizar para ello?-preguntó algo escéptica Perla-. ¿Lo harás según el color, según la forma, la utilidad, los materiales, su uso, el…?
-Nah, mucho más sencillo: lo apilaré todo hasta que se aguante en equilibrio, y luego haré lo mismo con el siguiente-explicó Amatista con una sonrisa, muy para exasperación de Perla.
-Por supuesto, claro… No sé por qué esperaba algo diferente por tu parte…-comentó extrañamente exhausta y harta Perla, muy para diversión de Amatista. Entonces, de repente, la puerta de la casa se abrió, y al girarse Perla y Amatista vieron aparecer por ella a la siempre imponente Granate.
-¡Ey, Granate! ¿Qué te parece mi nueva colección de frigoríficos rotos? Creo que sé el sitio perfecto para ellos-comentó animada Amatista, incorporándose en el sofá mientras parecía visualizar en su mente todos aquellos trastos en su ya de por sí desordenado cuarto.
-Granate, por favor, habla con ella porque a mí no me hace caso-le pidió Perla, suspirando resignada-. Dile que no puede meter tanta basura en…-Justo entonces, cuando Granate entró en la casa, Perla vio aparecer por la puerta una segunda figura tan alta como Granate.
Se trataba, muy para confusión de Perla, de Obsidiana. La sombría asesina parecía extrañamente calmada para encontrarse en presencia de tres Gemas rebeldes, apenas dedicándole un vistazo de soslayo a la casa antes de centrar su atención en Perla y Amatista. Al verlas, Obsidiana se detuvo en seco en el umbral de la casa, mirando sin aparente interés como Perla hacía aparecer su arma y apuntaba con ella a la recién llegada. Amatista, no tan alarmada, se incorporó de un salto en el sofá.
-¡Obsidiana!-exclamó Perla, preguntándose una y otra vez en su mente qué hacía ella allí, y cómo lo había hecho para seguir a Granate sin que esta se diera cuenta-. ¡Granate, detrás de ti! ¡Es…!
-Perla, cálmate-dijo Granate sin alterarse, alzando las manos con gesto conciliador. Obsidiana apenas se había movido, dejando perpleja a Perla tanto por la respuesta de su amiga, como por la aparente falta de ella por parte de Obsidiana-. Obsidiana no está aquí para pelear. Viene conmigo.
-¿Que ella qué?-exclamó Perla, mirando alternativamente a Granate y a Obsidiana sin acabar de entender qué estaba pasando. Obsidiana, a modo de respuesta, se limitó a encogerse de hombros.
-Difícil de explicar-comentó sin mucha convicción. Parecía resignada al hecho de que toda aquella situación se le había ido completamente de las manos, y poco había que ella pudiera hacer aparte de dejar que las cosas siguieran su curso, a ver cómo acababa todo.
-Así que… ¿ahora podemos invitar a las que van a por nosotros a venir a casa?-preguntó Amatista, medio sonriendo como si creyera que aquello era una especie de broma-. Porque os lo advierto, como alguna invite a Jaspe, aquí se va a liar una buena.
-¡Nadie va a invitar a Jaspe a venir aquí, y tampoco lo vamos a hacer con ella!-exclamó Perla, mirando fijamente a Obsidiana. Esta, ligeramente más molesta si su ceño fruncido se podía interpretar como indicador, hizo el gesto de invocar sus armas, pero Granate puso uno de sus brazos en medio.
-La he traído yo para enseñarle una cosa. Después, podrá irse si así lo desea ella-dijo Granate, tajante. Estaba claro que Perla no lo aprobaba, pero tampoco se veía capaz de ir en contra de la decisión de Granate, de manera que se irguió y apoyó su lanza en el suelo, mirando desconfiada a Obsidiana. Esta, con las manos nuevamente alejadas de su gema, respondió sosteniéndole la mirada mientras Granate la guiaba a través de la casa, bajo la atenta mirada de Amatista, y el suspicaz escrutinio de Perla.
Granate llevó a Obsidiana hasta la otra punta del edificio, pasado el portal, justo enfrente de la entrada del templo. Obsidiana arqueó una ceja al encontrarse ante tan peculiar estructura, con el dibujo de una estrella y cinco pequeñas piedras en cada una de sus puntas. Podía sentir la penetrante mirada de Perla atravesándole la nuca, con su arma aún en la mano, pero todavía reacia a contravenir a la fusión y atacarla. En el fondo, Obsidiana deseaba que lo hiciera, que le diera la excusa que necesitaba para poder sacar sus armas y que todo volviera a la normalidad. Pero Perla no se movía, y por alguna razón ella tampoco. Podría acabar con todo allí mismo…pero se encontró incapaz de llevar a cabo el ataque. No acababa de entender por qué parecía vacilar tanto a la hora de atacar a las Gemas de Cristal…y tampoco deseaba ponerse a pensárselo en aquel preciso instante. En su lugar, observó como Granate abría la puerta mostrando sus gemas, las cuales brillaron y provocaron que la antes lisa superficie se dividiera en forma de Y, retirándose al interior de la pared y abriendo el camino. Sin decir nada, Granate se adentró en la sala, con Obsidiana detrás.
Una vez la puerta se cerró, Amatista volvió a estirarse en el sofá. Perla no se movió de su sitio, todavía mirando fijamente la puerta sin acabar de fiarse del todo de Obsidiana. No sabía la razón por la cual Granate la había llevado allí, o por qué parecía querer que viera la Cámara de Fundición, pero confiaba en su amiga y no dudaba ni por un instante de que nunca las engañaría ni traicionaría. Eso no quitaba, por descontado, que no se fiaba ni un pelo de Obsidiana.
Al final, desmaterializando su lanza, Perla decidió dejarlo correr por el momento. Obsidiana no lo tendría nada fácil si decidía atacar a Granate, y llegado un caso extremo estaban Amatista y ella allí para ir a ayudarla. No dejarían que Obsidiana saliera de allí tan fácilmente una segunda…
¡KABLAM! Tropezando al caminar distraída en uno de los cachivaches de Amatista, Perla fue a dar de bruces contra el suelo, provocando que su pequeña amiga empezara a reírse a carcajadas mientras la veía desincrustar su cara del montón de desperdicios en el que había caído. "Genial…Justo lo que necesitaba..." pensó sombríamente Perla, limpiándose la cara manchada de polvo y demás sustancias con la mano.
...
La puerta se cerró a espaldas de Obsidiana, que con un par de pasadas de sus medio abiertos ojos contempló el lugar al que la había llevado la fusión Granate.
Se trataba de una sala semiesférica, con las paredes plagadas de unos extraños tubos cristalinos que recorrían toda su superficie como las enredaderas de alguna extraña planta parásita que quisiera asfixiar a su huésped. En el centro de la sala se encontraba un pequeño pozo lleno de lava ardiente y burbujeante, iluminando con una luz rojiza las inmediaciones y tiñendo toda la sala con un tono oscuro y siniestro, y con el sonido del fluir de la lava y el estallido de sus burbujas como lo único que se oía allí dentro. El resto de la luz, sin embargo, parecía provenir de las múltiples burbujas que flotaban repartidas por toda la sala, cada una con una gema o fragmentos de gema en su interior. Obsidiana sabía qué era aquel sitio.
-¿Una sala de reciclaje?-preguntó, arqueando una ceja-. ¿Para qué me has traído aquí? ¿Acaso planeas cosechar mi gema?
-¿Recuerdas haber estado aquí?-preguntó Granate, avanzando hasta situarse junto a la poza de lava. No parecía afectada por el calor que desprendía-. Deberías. Pasaste por aquí durante tu huida.
-Sí, creo que me acuerdo-comentó Obsidiana, acercándose a Granate mientras estudiaba en silencio las burbujas rosas de la sala-. Creo que robé una de estas para activar el portal de ahí fuera.
-La rompiste.
-¿Acaso esperas que me disculpe?
-No. Además, no sería conmigo con quien te tendrías que disculpar-añadió Granate-. Lo que quería mostrarte es esto…pero antes quiero preguntarte algo.
-Tú dirás-la invitó Obsidiana, deseosa de entender de una vez a qué venía todo aquello.
-Se que tú le eres fiel y leal a Diamante Azul, ¿pero crees que ella lo es contigo?-preguntó Granate, girándose hacia Obsidiana. Una de las burbujas descendió lentamente del techo, y acabó posándose silenciosamente en la mano abierta de Granate-. ¿Crees que los Diamantes son leales y justas con las Gemas bajo su mando?
-Hmpf, y yo que me preocupaba por lo que me ibas a preguntar… ¿Qué clase de pregunta es esa?-preguntó desdeñosa Obsidiana.
-Una que no me has contestado-dijo Granate, con la burbuja entre sus dos manos. En su interior, vio Obsidiana, flotaba una pequeña gema esférica de un color azul apagado, una Turquesa tal vez. Obsidiana resopló, frotándose la nuca sin saber bien como decir lo que pensaba con palabras.
-Pues… sí, creo que sí. Quiero decir, mientras cumplamos nuestra función y sigamos sus órdenes, ellas no tienen razón alguna para hacernos nada malo, supongo…- Hasta Obsidiana podía notar que no parecía muy segura de su respuesta, pero bueno… Es que era de pura lógica. Los Diamantes eran las matriarcas, las líderes indiscutibles de todas las Gemas del universo. Ellas guiaban, cuidaban y dirigían a su pueblo, del mismo modo que lo llevaban haciendo desde el inicio mismo de su imperio. Cuestionarse siquiera que un Diamante pudiera traicionar a las Gemas bajo su cuidado… No, Obsidiana ni siquiera se lo planteaba. Los Diamantes eran perfectos, y las únicas capaces de cometer errores, traiciones o infidelidades eran las demás Gemas, imperfectas e indignas de contemplar siquiera la magnificencia de los Diamantes.
-Entiendo… En ese caso, esto a lo mejor te sorprende-dijo Granate, rompiendo la burbuja con sus propias manos. La Gema que contenía cayó en sus manos, y sin perder un instante la tiró a un lado de la sala, observando junto a Obsidiana como rodaba por el duro suelo. Justo cuando Obsidiana empezaba a preguntarse qué era lo que la fusión pretendía con toda aquella tontería, algo sucedió que consiguió sorprender a la fría asesina.
La Gema liberada, como era natural, intentó regenerarse una vez se vio libre de la burbuja que la mantenía prisionera. Lo que ya no era natural, era la forma que adquirió al volverse corpórea.
En vez de un cuerpo normal con brazos y piernas, la Gema se convirtió en una extraña criatura en forma de cono con largos tentáculos en la base, y dos enormes apéndices repletos de ganchos que parecían estirarse y ocupar la totalidad de la sala en la que se encontraban. Un único y enorme ojo, situado en medio del cuerpo de aquel ser, se centró de repente en las dos Gemas que la habían visto regenerarse. Justo entonces, numerosas bocas repletas de afilados dientes aparecieron en la superficie de aquellos tentáculos más largos, rugiendo con voz estridente a Granate y a Obsidiana mientras trataba de atraparlas con sus mortíferas extremidades. Obsidiana se quedó anonadada al ver semejante criatura, pero sus reflejos consiguieron despertarla lo suficiente como para poder apartarse del camino de aquellos tentáculos.
Granate y ella, habiendo esquivado aquel primer ataque, invocaron sus armas y se encararon a la monstruosa Gema. La Gema de Cristal permanecía serena con sus puños listos, mientras Obsidiana apuntaba sus trabucos a la vez que trataba de entender qué era aquello, y qué estaba pasando.
-¿Qué es…eso?-preguntó mientras abría fuego contra el tentáculo de la criatura, obligándolo a retirarlo cuando intentó atrapar a Obsidiana. A su lado, Granate se defendía del otro tentáculo, repeliéndolo con sus fuertes puñetazos.
-Una Gema Corrupta, una Gema que ha perdido la razón y se ha convertido en un monstruo.
-¿"Corrupta"? ¿Qué quieres decir con "Corrupta"?-preguntó Obsidiana, tratando de entender la razón de que una Gema se hubiera convertido en un monstruo semejante a la par que disparaba contra ella sus trabucos.
-Fue el regalo de despedida de los Diamantes cuando abandonaron la Tierra-dijo Granate, saltando de un lado al otro mientras trataba de acercarse al cuerpo principal-. Todas las Gemas que no consiguieron escapar, tanto las de su bando como las del nuestro, atacadas indiscriminadamente y convertidas en seres como este.
-Espera… ¿De su bando? ¿Quieres decir…?
-Sí-asintió Granate-. Esta…es una Gema del Planeta Natal que luchó para los Diamantes durante la rebelión de Rosa Cuarzo.
Obsidiana contempló aquel monstruo mientras trataba de asimilar aquella información. ¿Aquella…cosa…era una Gema del Planeta Natal? Peor aún, ¿los Diamantes le habían hecho aquello? Y todas las otras Gemas de la sala… ¿también estaban…Corruptas? ¿Cómo podía ser eso posible? Nadie en el Planeta Natal le había hablado de aquello, de aquella especie de…maldición. ¿Acaso estaban enterados los Diamantes de lo que había pasado con todas aquellas Gemas? ¿Lo estaban el resto de Gemas? Si era que sí… ¿por qué nadie había hecho nada al respecto? ¿Acaso las habían abandonado así, sin más? Podía entenderlo en tiempos de guerra, o incluso con Gemas de mala calidad como ella… ¿pero por qué habían hecho aquello contra su propio pueblo? Deformadas, abandonadas, olvidadas…
¿Realmente era eso consecuencia de las acciones de los Diamantes?
La batalla reclamó la atención de Obsidiana, quien se vio obligada a abandonar sus dudas y preguntas a favor de centrarse en el monstruo que intentaba atraparla. Saltando de aquí para allá, siguió disparando contra la criatura mientras la fusión Granate repartía fuertes puñetazos contra el cuerpo de este. Al verse atacado por ambos frentes, el monstruo trató de golpear a Obsidiana con uno de sus largos tentáculos, atravesándola cuando la Gema cambió de fase para esquivar el ataque. Granate, por su parte, consiguió atrapar el tentáculo que la Gema Corrupta había lanzado contra ella, reteniéndolo gracias a su fuerza superior.
-¡Obsidiana, atrapa!-gritó Granate, lanzando el tentáculo hacia arriba.
Sin perder un instante, Obsidiana volvió a la normalidad y salió volando en forma de sombra en dirección al tentáculo, atrapándolo entre sus brazos y rodeando velozmente el cuerpo de aquel ser, demasiado rápida como para que este consiguiera atraparla. Tras dar varias vueltas alrededor de la criatura, Obsidiana aterrizó junto a Granate, quien aceptó de vuelta el extremo del tentáculo. Este daba entonces varias vueltas al cuerpo de la Gema Corrupta, atrapándole varios de los tentáculos y tapándole el ojo, mientras su enorme cuerpo se debatía por liberarse de su propio apéndice. Finalmente, Granate tiró con todas sus fuerzas del tentáculo, derribando a la Gema y rebelando la base de esta. En ella se podía ver un enorme orificio circular, repleto de afilados dientes, con la pequeña gema de la que había surgido en la punta de la larga lengua que cual serpiente se agitaba en las profundidades de la boca del monstruo.
Obsidiana, al ver que la Gema no se podía mover, invocó otro de sus trabucos y caminó apresuradamente hacia aquel ser, apuntando con su arma directamente a la boca de la Gema. Esta, revolviéndose, trató de atacarla con su lengua al ser lo único que podía mover, pero la oscura asesina atrapó sin mucha dificultad la lengua con la otra mano, lanzándola al suelo y aprisionándola bajo su pie. Una vez estuvo inmóvil, Obsidiana apuntó con tu trabuco directamente a la gema, y…
-No-dijo Granate sin alzar la voz, agarrando por el hombro a Obsidiana-. Se ha acabado. No es necesario que la destruyas.
-¿Acaso estás ciega? ¡Es un monstruo! Hay que acabar con ella-la recriminó Obsidiana, aún algo alterada ante la idea de que aquella criatura una vez fuera una gema como ella.
-No, no es necesario-repitió Granate, aparentándole delicadamente el brazo a Obsidiana. Esta, sin acabar de entender, dirigió su mirada hacia Granate-. Reviéntala, y la meteré en una burbuja. Es a lo que nos dedicamos las Gemas de Cristal: buscamos Gemas Corruptas, las ponemos a descansar, y las cuidamos hasta el día que encontremos la manera de invertir la Corrupción. No es culpa suya que este de esa manera, ni es responsable de sus acciones. Por eso, te pido que no la destruyas.
Obsidiana miró fijamente a Granate, y luego al ser aprisionado bajo su pie. No le estaba exigiendo nada, solo se lo estaba pidiendo, de manera que Obsidiana no tenía necesidad alguna de hacer caso a la fusión. Aún así… algo dentro de ella le decía que no estaba bien destruir a aquella Gema. No entendía la razón, pero no se sentía bien ante la idea de hacerlo. Nunca antes un sentimiento semejante le había impedido hacer lo que debía, sobre todo cuando ello implicaba cumplir la voluntad de Diamante Azul. Sería tan sencillo apretar el gatillo, y terminar con la aberrante existencia de aquella cosa…
El pulso de Obsidiana tembló, con su arma aún apuntando a la gema del monstruo. Hacía esfuerzos considerables por permanecer firme, por hacer lo que se suponía que era lo que tenía que hacer. Nadie en el Planeta Natal le recriminaría que diera muerte a un ser como aquel, nadie lo juzgaría mal. Algo como aquello no tenía cabida en la sociedad del Planeta Natal, y cualquiera sabría lo que se tenía que hacer de estar en su lugar. Seguro que su Diamante, de saberlo, le…le…
¡BUM! El disparo de Obsidiana resonó en la sala. Una nueve de humo ocupó el lugar donde antes había estado tendida la criatura que, con un pequeño estallido, desapareció en el aire. Dejando caer el trabuco, Obsidiana dejó escapar el aire que, sin saber cuándo ni por qué, había estado conteniendo. Ya estaba, lo había hecho al fin…
-Obsidiana…-dijo Granate, pasando a su lado. Después, de entre la nube de humo que se dispersaba por momentos, Granate sacó la gema de la criatura, encerrándola en una burbuja rosada y mandándola a volar junto al resto-. Estoy muy orgullosa de ti.
Obsidiana no sabía qué pensar. No había…no había podido hacerlo. Le había fallado el instinto, o las dudas habían podido con ella. Lo único que tenía claro era que cuando se imaginó a su querido Diamante ordenándola que acabara con aquella Gema…supo que llegado el momento no podría hacerlo como siempre. No sabía la razón, pero algo dentro de ella le decía que no le sería tan fácil como cuando acabó con todas aquellas Gemas en el pasado. Solo de pensar en cómo vacilaría al encontrarse frente a Diamante Azul… Su cuerpo actuó por su cuenta, decidiendo por ella al ver que su cabeza no se aclaraba. Decidió alzar el brazo, apuntar con su arma al ojo del monstruo, y abrir fuego antes de que este consiguiera liberarse. Había eliminado el problema, y lo había hecho sin destruir a la Gema.
Mirándose las manos, Obsidiana trató de poner orden en su mente. Tantas preguntas se agolpaban, tantas dudas e inseguridades. ¿Realmente los Diamantes habían corrompido a todas aquellas Gemas, a sus propias aliadas? ¿Qué crimen habían cometido para recibir semejante castigo? Quedar abandonadas en la Tierra como monstruos… Eso era algo que Obsidiana nunca antes había oído que sucediera. ¿Y qué le estaba pasando? ¿Por qué actuaba tan raro, por qué sus pensamientos ya no tenían sentido? ¿Por qué…por qué…?
-… ¿por qué me siento…así?-murmuró Obsidiana, mirando aterrada hacia adelante. Por primera vez en mucho tiempo, Obsidiana se sintió vulnerable, como si volviera a ser una simple y debilucha Obsidiana más del montón. Ya no tenía nada claro. Ya no tenía claro que los Diamantes pensaran en ellas, ya no tenía claro que su propio planeta se preocupara por ella,… Había muchas cosas que no entendía.
-¿Estás bien?-preguntó Granate, colocándole una mano en el hombro. Por primera vez en todo el día, Obsidiana no se apartó ni deseó quitarse de encima la mano de aquella rebelde. En su lugar, miró de reojo a Granate sin rastro alguno de furia ni suspicacia. Su mirada parecía…la de alguien que dudaba y sufría por dentro-. Necesitaba enseñarte esto. Había hablado con Peridoto, pero tenía que confirmar que no sabías nada sobre la Corrupción. Ahora sé que los Diamantes le están ocultando cosas a su propia gente…y a ti también.
-Ellas…yo…-Entonces, Obsidiana cayó en algo. La forma en que Granate había dicho aquello…-. ¿Qué quieres decir?
-Esto…tal vez no sea fácil de oir-la advirtió Granate, quitándose las gafas para así poder mirar directamente a los ojos a Obsidiana-. De hecho, ni siquiera nosotras entendemos del todo qué quiere decir.
-Ve al grano…Gema de Cristal-dijo Obsidiana. Granate, cogiendo aire, miró a Obsidiana.
-Después de construir el taladro, tuvimos que viajar a la base lunar de los Diamantes para encontrar las coordenadas exactas del Clúster-explicó Granate-. Mientras rebuscábamos entre sus archivos, encontramos un documento que hablaba de una operación de los Diamantes para rescatar a las Gemas que nosotras teníamos capturadas.
-El rescate… Sí, creo que recuerdo a Perla comentando algo así cuando explicó cómo me… bueno, ya sabes.
-Sí… Lo que no sabes es que además de las coordenadas del Clúster, encontramos una lista con los nombres de todas las Gemas que teníamos prisioneras. Todas…menos una -dijo finalmente Granate-. No sabemos por qué…pero tu nombre no estaba en la lista.
-… ¿qué?-preguntó Obsidiana, sorprendida ante aquella noticia.
-Dime, cuando volviste al Planeta Natal… ¿pasó algo que te llamara la atención?
La verdad era que, viéndolo en retrospectiva, Obsidiana sí creía haber notado algo. Al principio, habiendo vuelto al Planeta Natal tras cinco milenios de ausencia, se había encontrado un mundo completamente cambiado, tan avanzado que todo cuanto veía la hacía sentirse vieja y obsoleta. Lo más raro de todo, eran las miradas de sorpresa de sus superiores al verla aparecer y presentarse al servicio, explicando la razón tras su ausencia. Muchas preguntas fueron formuladas hasta que estas quedaron convencidas de que ella era quien decía ser, e incluso entonces no le permitieron presentarse ante Diamante Azul para suplicarle que la perdonara por fallar en la destrucción de Rosa Cuarzo. Fue durante su breve estancia en el planeta que supo de la caída de Diamante Rosa, y Obsidiana sintió como la ira y la indignación hervían dentro de ella. Había removido cielo y tierra hasta que consiguió una audiencia con Diamante Amarillo, quien había recibido información preocupante del planeta Tierra, y se decía que estaba organizando un pequeño grupo para mandarlo allí a comprobar la situación y verificar el estado del Clúster. Obsidiana le había suplicado que se le permitiera unirse a la misión y volver a la Tierra, algo a lo cual Diamante Amarillo se había negado hasta que se le informó quién era la que se lo estaba pidiendo. En ese momento, fue como si Diamante Amarillo hubiera cambiado de parecer, ya que exigió que Obsidiana abordara la nave junto a las Gemas encargadas de la misión. Sin embargo, a pesar de haber recibido su consentimiento, Obsidiana juraría que había visto algo extraño en la forma en que Diamante Amarillo se había dirigido a ella, algo en su mirada o en la manera de hablarle que le hacía cuestionarse la razón tras tanta insistencia. Entonces no supo qué era, o qué podía significar, pero…
Desprecio. Sorpresa. Maquinaciones. Y algo más. Algo siniestro que en su momento consiguió asustar seriamente a Obsidiana, casi como si…
Obsidiana negó con la cabeza. No, no era posible. ¿Qué razón podría tener Diamante Amarillo para…para planear algo contra ella? Debían de ser solo los nervios y las dudas, que le hacían ver cosas que en realidad no habían pasado. No podía…ser verdad…
-No…Todo fue…todo fue bien-dijo Obsidiana con voz titubeante, incapaz siquiera de convencerse a sí misma.
-No entendemos qué quería decir, pero creemos que tiene que ver con el que fueras la única Gema que quedó encerrada en el Calabozo-dijo Granate, y justo en aquel momento Obsidiana se giró hacia ella, furiosa por alguna razón.
-¿Qué tratas de decir? ¿Qué me abandonaron?-exclamó Obsidiana, encarándose a Granate-. Mientes… ¡Mientes! Yo NO fui abandonada. Vinieron a rescatarnos, y vosotras les impedisteis que me sacaran de allí. ¡Vosotras tuvisteis la culpa!
-No he dicho que te abandonaran-dijo Granate, sin alzar la voz, mientras se colocaba de nuevo las gafas-. Tan solo creí que debías saberlo. Eso es todo.
-Ya veo lo que intentas… Quieres hacerme dudar, que traicione a mi Planeta Natal…-comentó con una sonrisa desafiante Obsidiana, invocando una de sus armas y apuntando con ella a Granate, justo bajo la barbilla. Sus caras quedaban a poca distancia, permitiendo a Obsidiana el verse reflejada en las pulidas gafas de la Gema de Cristal-. ¿Pues sabes qué? No te va a funcionar. Yo le soy y seré siempre fiel a Diamante Azul, y nada de lo que digas me va a…
-Obsidiana, no te he mostrado esto ni te he dicho lo que te he dicho para hacerte dudar o que traiciones al Planeta Natal-dijo Granate, calmada como si no tuviera un arma apuntándole a la cabeza-. Lo único que quería, y ya te lo he dicho, era comprenderte y que comprendieras. Eso es todo.
-¿Para qué? Dime, ¿para qué?-quiso saber Obsidiana, desesperada ya por entender algo de lo que estaba pasando, a lo que Granate se limitó a medio sonreírle.
-Para saber si algún día podrías ser una Gema de Cristal como nosotras-dijo ella, sorprendiendo a Obsidiana-. Steven tiene razón. Eres más parecida a nosotras de lo que crees, y aquí en la Tierra serías muy feliz. Lo único que quería era que vieras las cosas desde otro punto de vista, que reflexionaras y tomaras una decisión.
-Pues he tomado una decisión. Mi respuesta…es no-dijo Obsidiana, preparada para disparar a Granate cuando esta, irremediablemente, pasara al ataque ante su negativa de unirse a ellas.
-Ya veo… Bueno, está bien-dijo Granate, encogiéndose de hombros. Obsidiana, sorprendida ante la sencilla respuesta de la Gema de Cristal, vaciló a la hora de apretar el gatillo.
-… ¿eh?-dijo por segunda vez.
-Ya me has oído. Si no quieres, no quieres. Puedo entenderlo, y respeto tu decisión.
-¿Cómo…? ¿Qué…?-preguntó Obsidiana, separándose de Granate mientras la miraba incrédula-… ¿Así, sin más?
-Así sin más-asintió Granate-. Perdona si crees que te he hecho perder el tiempo. Venga, vamos. Te acompañaré a la salida.
Obsidiana contempló, boquiabierta, como Granate avanzaba tranquilamente hacia la salida, ignorándola completamente como si el oir que le decía que no le diera completamente igual. Por alguna razón, sintió como se enfadaba a cada paso que veía dar a Granate, hasta que al ver cómo se disponía a abrir la puerta supo que no iba a permitir que aquello acabara de aquella manera.
Justo cuando Granate alzaba las manos para abrir la puerta, la forma espectral de Obsidiana la atravesó por el estomago, plantificándose ante ella y volviéndose física entre ella y la puerta. La mirada furiosa de Obsidiana se clavó en Granate, quien permaneció imperturbable a la aparición de Obsidiana.
-¿Y ya está? Me arrastras hasta aquí, me llenas la cabeza con tus tonterías, me haces pelear contra una Gema Corrupta, me insinúas que me cambie de bando… ¿y cuando te digo que no, lo dejas estar tan fácilmente?-exigió saber Obsidiana.
-Así es-se limitó a decir Granate.
-¿¡Y tú lo ves normal!?-exclamó Obsidiana, a lo que Granate simplemente se encogió de hombros.
-¿Hubieras preferido que siguiera insistiéndote, que tratara de hacerte cambiar de opinión?
-¡Sí! Digo… ¡NO! Es decir…-dijo atropelladamente Obsidiana, su furia convirtiéndose en vergüenza al haber respondido de aquella manera casi sin pensar. Granate, sonriendo, puso ambas manos en los hombros de Obsidiana, reclamando su atención.
-No te preocupes. Volveremos a hablar del tema. Pero hoy, será mejor dejarlo aquí.- Y, por alguna razón, Obsidiana no supo qué responderle.
Granate, tal y como había prometido, acompañó a Obsidiana a la salida sin que nadie la atacara o se lo impidiera. La fusionada Gema se despidió con la mano de Obsidiana mientras esta avanzaba silenciosa por la playa, meditando al respecto de lo que había aprendido aquella noche. Muchas dudas y preguntas permanecían en su mente, ofuscándola e irritándola al no encontrar una solución para ellas. Las mismas cuestiones venían a ella una y otra vez, todas girando alrededor de las misteriosas palabras y las revelaciones de Granate. Una lista sin su nombre, un Planeta cambiado, el Diamante que había querido que volviera a la Tierra… Tantas incógnitas y tan pocas respuestas.
Mientras tanto, Perla había seguido con la mirada como Obsidiana se alejaba de la casa. Parecía preocupada ante la idea de que esta pudiera volver para atacarles, pero no parecía que aquel fuera a ser el caso. Cuando finalmente Obsidiana se perdió de vista, Perla se giró hacia Granate.
-Muy bien. ¿Vas a decirnos ahora de qué habéis estado hablando?-le exigió a su amiga, quien con aire casual permaneció apoyada en la pared, sus dos brazos cruzados por delante del pecho.
-No te preocupes. Le he dicho lo de las Gemas Corruptas y lo que descubrimos en la base lunar, pero eso es todo.- Perla pareció enfurecerse y a punto estuvo de ponerse a gritar, pero al final simplemente suspiró, entendiendo que nada sacaría de enfadarse o preocuparse en exceso por algo que ya estaba hecho. Amatista, mientras, permanecía sentada en la encimera observando la situación.
-¿Y crees que ha sido acertado? No sabemos del todo qué significaba esa lista, o como podría reaccionar Obsidiana ante esa información. No está de nuestro bando, y cada día que pasa libre aumentan las posibilidades de que se encuentre con Jaspe y unan fuerzas. Deberíamos haberla atrapado cuando tuvimos la ocasión.
-Tal vez sí, tal vez no-dijo Granate, dejando entre preocupada y confundida a Perla-. Tengo la sensación de que las cosas van a mejorar. Solo necesita algo de tiempo para pensar.
-Pones mucha fe en Obsidiana. ¿Acaso crees que se unirá a nosotros si confías en ella lo suficiente?-Granate, muy para sorpresa de Perla, negó con la cabeza, sonriendo.
-Hasta el árbol más alto y fuerte provino de la más pequeña de las semillas. Lo único que necesita para crecer es tiempo y cuidados.
-Granate, por favor… Obsidiana no es un árbol-comentó Perla, tratando de hacer entender a Granate su punto de vista.
-Eso dices tú, y eso dice ella…-comentó Granate, picando la curiosidad de Perla y Amatista-. Yo, por mi parte, no estoy tan segura.
Y cortamos aquí por hoy.
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Chao, chao.
