Capítulo 10: Blanco y negro
Más tarde, ese mismo día:
-No, ahí no -dijo Perla-. Amatista, ya te he dicho que ahí solo van los electrodomésticos de tamaño medio-grande. ¿Eso que tienes en la mano qué es?
-Ehm… ¿un tiesto? -preguntó Amatista, más que cansada de las manías de su amiga a juzgar por su tono de voz. Para variar, Perla pareció no darse cuenta.
-Exacto, un tiesto. ¿Y los tiestos no son…? -preguntó como si tratara de educar a un niño pequeño. Amatista se limitó a suspirar, haciendo verdaderos esfuerzos por no enfadarse.
-No son electrodomésticos, ya lo sé, Perla. No soy tan tonta, ¿sabes?
-Pues entonces, pon eso en la sección de "utensilios pequeños de jardinería". Yo aún tengo otras 38 revistas que clasificar.
Amatista hizo rodar sus ojos y lanzó, sin demasiado cuidado, el tiesto al lugar que Perla le indicó. Tras la visita de Obsidiana, Perla había sentido la imperiosa necesidad de ponerse a hacer algo para calmarse, y al parecer eso implicaba ordenar el montón de trastos de Amatista. Todos los trastos que las Gemas habían del granero se encontraban ahora repartidos en muchos y variados montones, etiquetados y clasificados en función de su tamaño, color, letra por la que empezara su nombre, si aún funcionaban o estaban rotos, y otras señas que Amatista o no entendió o no se molestó directamente en escuchar. En un intento por evitar que Perla empezara a tirar cosas a la basura, Amatista se había visto obligada a levantarse del sofá y ponerse a recoger con ella, lo cual básicamente consistía en seguir las indicaciones de su organizada compañera e intentar no desesperar en el intento. Daba igual cuánto lo intentara, parecía que nunca acertaba a la primera a la hora de ordenar sus trastos.
- ¡Amatista, ten cuidado! Vas a romper algo al final-la recriminó Perla al oír impactar el tiesto contra el suelo. Encogiéndose de hombros, Amatista no parecía muy arrepentida-. Granate, dile algo tú. No puede tratar las cosas así y esperar que vayamos detrás de ella limpiándolo todo.
-…-Granate contemplaba la escena con su característico estoicismo. En sus manos cargaba enormes cajas que parecían pesar mucho, pero ella las transportaba como si no fuera para tanto. Habiendo visto a sus amigas trabajar para ordenar la casa, hasta ella misma se había apuntado sin que nadie tuviera que pedírselo.
Aun así, Perla notó que el silencio de Granate no era el habitual. Si bien su rostro era tan impertérrito como siempre, Perla sintió que había algo rondando la cabeza de su buena amiga. Tal vez tuviera que ver con Steven, que desde el día anterior no había vuelto a casa y parecía preferir pasar su tiempo en el granero con Peridoto, o tal vez fuera algo relacionado con lo que fuera que ella y Obsidiana hubieran estado hablando antes. Granate no les había dicho nada de lo que pasó entre ellas dos en el templo, limitándose a comentar que todo iba bien, y que no había nada de qué preocuparse por el momento. A pesar de confiar en ella sin reservas, Perla no podía evitar sentir que allí había algo más de lo que parecía.
-Granate…
-Amatista, Perla tiene razón. Intenta ser más cuidadosa con tus cosas-dijo Granate a su amiga, quien se limitó a saludar con aire marcial y marchó decidida a rebuscar entre los objetos que aún quedaban por clasificar. Sin esperar a que Perla le preguntara nada, Granate se alejó con las cajas en su poder.
La mente de Perla hacía esfuerzos desesperados por tratar de entender qué le pasaba a Granate. Siempre había sido bastante reservada, teniendo sus propios planes y maneras de hacer las cosas. Nunca le ocultaba nada importante a nadie sin una razón, y las veces que había sido necesario compartir con el resto sus visiones, ella siempre lo había hecho sin problemas ni verdades escondidas. Que de repente invitara a enemigas al templo sin consultarles y encima no les explicara qué estaba pasando… No parecía propio de ella.
TOC, TOC. Alguien picó a la puerta. Perla se giró rápidamente y dirigió una mirada de extrañeza a la puerta, ya que considerando la hora que era le extrañaba que alguien hubiera podido ir a visitarlas. Era demasiado temprano para que fuera el cartero, y dudaba seriamente que un humano hubiera decidido madrugar tanto para ir a la playa. Se preguntó por un instante si sería Steven, pero ella sabía que Steven se limitaría a abrir la puerta y a entrar, no se quedaría en el porche a la intemperie. Quien fuera que estuviera fuera picó de nuevo, su alta silueta oculta por las sombras que aún poblaban la Tierra.
-Voy-dijo Amatista con aire perezoso, dejando caer al suelo las bandejas que había recogido. El estruendo del metal cayendo contra el suelo irritó enormemente a Perla, quien miró de reojo con aire molesto a su compañera purpurea-. ¿Sí? ¿Quién…?-preguntó Amatista nada más abrir la puerta, y de repente se quedó curiosamente callada-. Oh, eres tú… ¿Qué se te ofrece esta vez? Mm-hm…Mm-hm… Vaaaale, un momento-dijo Amatista, cerrando la puerta de un portazo en las narices de con quién hubiera estado hablando.
-Amatista, no seas grosera-la recriminó Perla-. ¿Quién es?
-Visita-comentó Amatista.
-¿Visita?
-Sí. Visita para ti-respondió Amatista, recogiendo nuevamente las bandejas del suelo. Perla esperó a ver si Amatista añadía algo más de información, pero parecía que eso era todo lo que le iba a sacar. Así pues, dejando a un lado las revistas que había estado clasificando según el tipo de papel, Perla se dirigió a la puerta.
Nada más verla salir, Amatista dejó caer nuevamente las bandejas y se dirigió hacia Granate.
-¿Seguro que estará bien?-preguntó preocupada. Granate se limitó a seguir transportando cajas.
-No te preocupes. Esto les hará mucho bien a las dos.
-Ya… Aun así, sigue dándome mala espina.
-Eso es porque las dos aún no habéis tenido la ocasión de hablar. Aprovecha que aún no habéis peleado, e inténtalo.-Amatista no parecía muy convencida, de manera que Granate trató de animarla con una sonrisa-. Sé que llegareis a ser buenas amigas.
-¿Visión futura?-preguntó Amatista, sonriendo y con una ceja levantada.
-Instinto, más bien-respondió Granate, ajustándose las gafas.
...
Perla abrió la puerta de la casa, y salió al porche. Los primeros rayos de luz batallaban contra las sombras de la noche para esclarecer el cielo y dar comienzo a la mañana. La nocturna bóveda se fue tornando de un color azul cada vez más claro a medida que el gran astro iniciaba su recorrido por el cielo de Beach City, calentando la Tierra e iluminando el mundo. Nada más salir, Perla fue recibida por los gratificantes rayos solares, que se reflejaban en su gema y le provocaron una pequeña sonrisa en los labios. Sí, los atardeceres eran mágicos, pero los amaneceres tenían algo que siempre había gustado mucho a Perla. La brisa marina azotó sus cabellos cobrizos, mientras sus ojos buscaban a un visitante…que no estaba.
El porche estaba desierto.
-¿Hola?-preguntó Perla, tratando de dar con quien hubiera demandado su presencia-. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí?-Nadie le respondió-. Disculpe, pero no sé por qué picaría a nuestra puerta si luego no va a salir. De todas formas, estoy algo ocupada ahora mismo, de manera que si tiene algo que decirme, este es su momento. Y si ha venido a vendernos algo, lo siento, pero no nos interesa.- Las palabras de Perla solo recibieron el silencio como respuesta, de manera que esta empezó a pensar que tal vez su misterioso visitante se había marchado. Después de todo, a nadie le gustaba que le cerraran la puerta en las narices.
Dándose la vuelta, Perla se dirigió nuevamente hacia la puerta. No tenía tiempo que perder con extraños visitantes, todavía tenía que clasificar 37 revistas, ordenar todas las piezas de metal, reestructurar los armarios de…
-Perla-dijo alguien de repente, reclamando la atención de Perla. La voz, situada por encima de ella, provocó un escalofrío en la espalda de Perla. Reconocería esa voz en cualquier parte.
Alzando la mirada, Perla vio confirmadas sus sospechas. De pie en el tejado, mirándola fijamente desde las alturas, estaba la sombría Obsidiana, sus facciones iluminadas por la temprana luz del Sol. Por instinto, Perla invocó su lanza y apuntó con ella a Obsidiana. No sabía por qué esta no la había atacado nada más verla, pero no estaba dispuesta a ponérselo nada fácil si acaso intentaba acabar con ella. Por extraño que pareciera, Obsidiana no invocó sus armas.
-¡Obsidiana!-exclamó Perla, preparada para lo que fuera que intentara hacer Obsidiana-. ¿A qué has vuelto? ¿Qué quieres?
En lugar de responder, Obsidiana saltó desde el tejado hasta la barandilla del porche, donde aterrizó de cuclillas con gran agilidad. Su largo cabello se agitó con el aterrizaje, dando la impresión de ser una larga capa que seguía los movimientos de Obsidiana. Agazapada en la barandilla, Obsidiana se giró para mirar directamente a Perla, quien seguía apuntándole con la lanza y con una decidida mirada.
-Vengo a por ti. Tenemos que hablar-comentó Obsidiana, saltando de la barandilla sin previo aviso. Dando un mortal en el aire, aterrizó finalmente en la arena y empezó a andar por la playa sin esperar a ver si Perla la seguiría o no.
El extraño comportamiento de Obsidiana sorprendió a Perla, quien no alcanzaba a comprender que se proponía la oscura asesina. ¿Sería una trampa? Tal vez hubiera contactado ya con Jaspe, y la esperaban para tenderle una emboscada, reduciendo así el poder combativo de las Gemas de Cristal. O, tal vez, intentara raptarla para sonsacarle información. O…
Fue entonces cuando Perla recordó la mirada en los ojos de Obsidiana. La forma en la que la miró cuando aterrizó a su lado no se parecía a la mirada cargada de odio que estaba acostumbrada a ver en el rostro de Obsidiana. En esa ocasión, su mirada parecía emitir una gran serenidad, como si todo su ser pareciera en paz con lo que estaba haciendo. No comprendía cómo podía estar tan tranquila en presencia de alguien que la había torturado durante tanto tiempo, pero no recordaba haber sentido furia o dolor en la expresión de Obsidiana. No, más bien creía haber sentido… Miedo, nerviosismo…dudas… ¿Cómo podía estar alguien en calma, y a la vez no estarlo?
Algo rondaba la cabeza de Obsidiana. No se había comportado así cuando Granate la llevó horas antes al interior del templo, y decididamente no estaba igual una vez salió de él. Fuera lo que fuera que Obsidiana buscaba conseguir con aquel encuentro, Perla no podía ni imaginarse lo que sería. Era una incógnita que Perla necesitaba solucionar, una pregunta a la que buscar respuesta, un misterio que resolver. Así pues, lanza en mano, Perla bajó corriendo las escaleras de la casa y fue tras Obsidiana.
Una vez la hubo alcanzado, redujo su paso hasta situarse justo detrás de ella, todavía con su lanza invocada. Obsidiana no hizo el gesto de girarse para ver si estaba armada o no, de manera que o bien ya lo sospechaba, o bien le daba igual. La mirada de Perla se dirigió a la zona lumbar de la espalda de Obsidiana, donde sabía que estaba localizada su Gema. Si ahora decidiera atacarla con su lanza…
"No, primero escucharé qué es lo que tiene que decir. Después…ya veremos qué pasa después…" decidió Perla, agitando la cabeza para quitarse de la mente esa clase de pensamientos.
Las dos Gemas siguieron caminando hasta alejarse lo bastante de la casa. Situadas en medio de la playa, ambas se detuvieron para ver como el Sol salía por el horizonte e iniciaba su ascensión. Ninguna dijo nada durante unos instantes, las dos conscientes de la presencia de la otra pero sin llegar a reconocerla con palabras. Perla miraba de vez en cuando de reojo a Obsidiana, preguntándose no por primera vez cuáles serían las intenciones de tan letal asesina, o qué podía querer de ella en concreto que no fuera la simple venganza. Por si acaso, si bien aún no había atacado, su lanza aún obraba en su poder, apoyada en su hombro pero lista para ser usada llegada la ocasión. Obsidiana, por otra parte, siguió mirando impasible el amanecer. El sonido de las olas al romper era lo único que ambas Gemas oían ante la ausencia de palabras por parte de las dos. El silencio, finalmente, fue roto por Obsidiana, quien tomó aire profundamente por la nariz.
-Hacía mucho tiempo que no disfrutaba de un amanecer como este-comentó Obsidiana, sin mirar todavía a Perla.
-¿Y me culpas a mí de ello?-preguntó Perla, mirando al horizonte ella también.
-Sí…No… No lo sé, ya no lo tengo tan claro-reconoció Obsidiana. Luego, y por primera vez desde que se fueron del porche, miró de reojo a Perla-. Quiero luchar contra ti.
-¿Para eso me has sacado de casa? ¿Para buscar pelea?-preguntó firme Perla, optando por ignorar la mirada de Obsidiana. Esta volvió a dirigir su atención al frente.
-No busco pelea. Quiero tener un combate contigo. Es muy distinto.- Perla entendía a qué se refería Obsidiana. Una pelea era algo pasional, fortuito, algo movido por las emociones del momento sin que hubiera control alguno. Un combate, en cambio, era algo honorable, un encuentro digno entre guerreras que reconocían la fuerza y destreza de la otra. No le era desconocido ese concepto, habiendo participado en tantos duelos a lo largo de su vida. Lo que la sorprendió, más bien, fue que Obsidiana decidiera retarla de aquella manera tan concreta.
-Así que es eso… ¿Todavía buscas mis destrucción?
-Busco un duelo. Nada más-recalcó Obsidiana-. Si deseas que nos destruyamos mutuamente, por mi estupendo, pero no es eso lo que pretendo obtener.
-¿Y qué es, si se puede saber?-preguntó Perla, mirando desafiante a Obsidiana. Esta se giró también hacia Perla, y ambas se quedaron mirándose fijamente a los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, sus miradas no eran de odio y rabia. En la mirada de la otra pudieron ver una serenidad fruto de largos años luchando y luchando por sus ideales o por salvar la vida. Lejos quedaba ya la rabia que sentían la una por la otra, viéndose ya no como enemigas, sino como adversarias enfrentadas con su orgullo y su poder en juego.
Por primera vez desde que iniciaron su lucha, Perla y Obsidiana se reconocieron como guerreras.
-…no lo sé-comentó Obsidiana, sosteniéndole la mirada a Perla-. Creo que lo averiguaré si lucho contra ti, pero no estoy del todo segura. Tal vez funcione, o tal vez no. De todos modos, no puedo negar que la idea de cruzar ataques contigo me llama la atención. Tú y yo aún tenemos un asunto pendiente, y lo del otro día no cuenta.
-Entiendo… ¿Y si yo me niego? ¿Y si digo que no quiero pelear contigo?
-¿Y por qué ibas a hacer eso? ¿Acaso me quieres hacer creer que no deseas ponerle fin a todo esto de una vez por todas?
Perla no dijo que no, ni que sí. No hizo falta. Obsidiana prácticamente podía leérselo en la cara: las dos coincidían en que su rivalidad necesitaba un final apropiado. El extraño encuentro a puñetazos en aquel gimnasio no había sido suficiente para ninguna de las dos, ya que si bien ambas habían podido sacarse de dentro parte del odio que cargaban, aún quedaba mucho para que el asunto quedara zanjado. Si iban a terminar con su odio, lo iban a hacer a su manera.
-…tienes razón-dijo finalmente Perla, esbozando una media sonrisa-. Es hora de ajustar cuentas.
Como por acuerdo tácito, las dos enemigas se dieron la espalda y caminaron cinco pasos en direcciones contrarias. A la vez, ambas se dieron la vuelta y se prepararon para luchar. Perla, lanza en mano, giró elegantemente sobre su eje, describiendo un arco con el otro pie que dibujó una fina curva en la arena. Agarrando su arma con las dos manos, su mirada determinada parecía apuntar a su objetivo con la precisión de una arquera. Obsidiana, por otra parte, giró como si de una finta se tratara, su larga melena ocultando brevemente su cuerpo para luego revelar los dos cañones que había invocado rápidamente. Las oscuras bocas de los trabucos apuntaban directamente a Perla, y el pulso de Obsidiana era firme. Veía a su objetivo al otro extremo de los cañones, tan fijamente que a pesar de la distancia podía notar el peso de la mirada de Perla en ella.
Algo más alejadas de allí, Granate y Amatista se habían movido al paseo marítimo para presenciar el combate. Granate ya había puesto en situación a su diminuta compañera, la cual no podía contenerse de la emoción ante lo que iba a acontecer. Le estaba costando horrores no ponerse a gritar y a chillar para animar a Perla, pero le había prometido a Granate que se contendría y que no desconcentraría a las dos combatientes. Por su parte, Granate trataba de no mostrar lo inquieta que en realidad estaba. De cara a Amatista había procurado mostrarse segura y optimista, pero la verdad era que ni siquiera ella veía cómo iba a acabar aquel combate. Tantas eran las visiones de los posibles desenlaces que podían tener lugar, que no había manera posible de saber cuál se haría realidad. ¿Perla atravesaría la gema de Obsidiana con su lanza? ¿Obsidiana rompería a Perla de un disparo? ¿Una ola gigante se las tragaría a ambas? ¿Amatista saltaría al campo de batalla? Tantas posibilidades, tantos futuros posibles…
Aún así, Granate no detuvo la pelea. Quería confiar en su amiga, Perla, quien siempre había puesto su honor en tan alta estima que había llegado a convertirse en una caballera al adoptar la disciplina de los guerreros humanos del pasado. Quería confiar en Obsidiana, quien sin que ella misma se atreviera a reconocerlo había empezado a cambiar, cambiar para bien. Las dos eran como las caras de una misma moneda, ambas orgullosas defensoras de aquellas a quienes habían jurado fidelidad eterna. Tantas eran sus similitudes, que Granate no podía ni imaginarse lo grandes y poderosas que serían si se fusionaran. También sabía, y esto lo reconocía con una sonrisa, que lo más seguro era que a ambas les horrorizara que les planteara siquiera que llevaran a cabo tan importante vínculo entre ellas, pero una nunca podía perder la esperanza. Tal vez no se fusionaran, pero si conseguían convertirse en amigas, entonces Granate estaría bien satisfecha con eso.
-¿Preparada?-preguntó Obsidiana, mirando fijamente a Perla.
-Preparada-respondió Perla, sosteniéndole la mirada a Obsidiana.
Una ola rompió contra la costa, destacando en el tenso silencio que precedió a la batalla.
BLAM. BLAM. BLAM. Los trabucos de Obsidiana escupían oscuros proyectiles a medida que su dueña cargaba contra su mortal enemiga. Esta, corriendo del mismo modo, hizo girar su lanza enfrente de su cuerpo para desviar los proyectiles, evitando que ninguno de ellos consiguiera alcanzarla. La distancia entre ambas se fue acortando sin que Obsidiana consiguiera golpear a Perla, pero sin cesar en su empeño. Finalmente, cuando parecía que ambas iban a colisionar, Obsidiana giró sobre su pie y lanzó una patada trasera con la otra. La patada hubiera mandado a volar a Perla de no haber saltado esta en el aire, girando por encima de Obsidiana e intentando golpearla con la hoja de su arma, que fue detenida por uno de los cañones de Obsidiana. Habiendo fallado su ataque, Perla aterrizó al otro lado de Obsidiana, justo cuando esta se giraba para encarar a su enemiga.
-¡HA!-exclamaron ambas, enzarzándose en un tenso intercambio de golpes a corta distancia. Perla hizo uso de su hábil manejo de la lanza para intentar golpear a Obsidiana, moviéndose a su alrededor como una bailarina mientras procuraba esquivar y contraatacar con elegancia ante los intentos de Obsidiana por acabar con ella. Ésta, por otra parte, carecía de armas cuerpo a cuerpo, pero eso no parecía impedirle el atacar a Perla. Lanzaba patadas, golpeaba con las culatas de sus armas, e incluso disparaba desde posiciones tan inverosímiles como por detrás de su espalda en un intento de vencer el combate, si bien Perla siempre la esquivaba o apartaba los cañones de su camino con la lanza o las manos. Era frustrante para ambas que, a pesar de la distancia a la que estaban, ninguna de las dos consiguiera alcanzar a la otra y que el combate continuara en tablas. La Gema que manejaba la lanza recordaba lo difícil que había sido siempre enfrentar a Obsidiana por su agilidad y destreza, las cuales no parecían haber disminuido ahora que era más alta. La Gema que manejaba los trabucos apretaba los dientes mientras hacía verdaderos esfuerzos por acertar sus disparos, todavía incapaz de creerse que una Perla pudiera llegar a ser tan condenadamente hábil. No era imposible, ya que ella misma era una anomalía en lo que a combatientes se refería, pero aun así era increíble que una Perla pudiera luchar a su mismo nivel.
Tras unos instantes de veloces ataques y contraataques, Obsidiana y Perla acabaron por hacer chocar sus armas, ambas detenidas en un tenso enfrentamiento en el que cada una intentaba empujar a la otra. A pesar de la diferencia de tamaños, ambas permanecían muy igualadas. Sus pies arrastraban la arena mientras sus cuerpos hacían uso de cada ápice de fuerza en un intento de mover a la otra, pero sin que ninguna consiguiera ventaja alguna.
-¿Cómo lo haces? ¿Cómo puede una Perla luchar de esta manera? ¡Fuiste hecha para ser una sirvienta!-masculló Obsidiana, tratando de empujar los dos cañones cruzados de sus trabucos contra la lanza de Perla. Si bien consiguió acercarlos unos centímetros al cuerpo de Perla, esta enseguida recuperó el espacio perdido.
-Soy…mucho más… ¡que eso!-exclamó Perla, empujando finalmente a Obsidiana hacia atrás. Desequilibrada, sus trabucos se apartaron de su cuerpo y la hicieron vulnerable a la acometida de Perla, que se lanzó como una flecha hacia su objetivo. En el último momento, cuando parecía que Perla la iba a ensartar, Obsidiana consiguió afianzar de nuevo su posición y desviar la acometida con un golpe de cañón, si bien no consiguió evitar que la punta de la lanza le rajara el costado ligeramente. Cruzando el otro cañón por delante de su pecho, Obsidiana disparó un par de veces a Perla para obligarla a retroceder. Separadas nuevamente, Perla miró fijamente la pálida línea que su arma había dibujado en la piel descubierta de Obsidiana-. Te he herido.
-Eso parece-gruñó Obsidiana, haciendo girar una vez los trabucos en sus manos y volviendo a adoptar una postura de combate.
-Si te hubieras vuelto incorpórea, podrías haber evitado fácilmente el ataque. ¿Por qué…?
-Sería más fácil, sí, pero no sería justo. No quiero que esta pelea sea fácil o injusta.
-No lo entiendo. Tú nunca has peleado así antes-comentó Perla, mirando suspicaz a Obsidiana.
-Cierto. Antes solo me importaba cumplir mis órdenes, usar cualquier medio para acabar con mis enemigas. Hoy…hoy es diferente-dijo Obsidiana, sosteniendo nuevamente la mirada a Perla. La herida de su costado apenas parecía importarle-. Hoy no son órdenes. Hoy estoy aquí por mi propia voluntad. Hoy…lucho con honor.
Los ojos de Perla se abrieron de la impresión de oír aquellas palabras de la boca de Obsidiana. Nunca hubiera podido pensar que alguien como ella pudiera valorar un concepto tan elevado como el honor, algo reservado para auténticas guerreras que dedicaban su vida a una causa noble y a su propia espada. Obsidiana era una asesina, alguien que atacaba por la espalda, abusaba de cualquier debilidad presente en sus enemigas, y hacía uso de cualquier artimaña imaginable para obtener la victoria. Y, sin embargo, había aceptado ser herida en el torso con tal de que aquella pelea fuera lo más igualada posible, exponiéndose a ser herida en su gema o incluso a morir. Perla tuvo que reconsiderar todo lo que creía saber sobre Obsidiana en ese momento.
-Obsidiana… Tú…
-Suficiente charla. Es mi turno…
Juntando los extremos de ambos trabucos, Obsidiana apuntó con ambos a la sorprendida Perla, quien al verse apuntada agarró con renovada determinación su lanza. Un potente disparo combinado, el doble de grande que los anteriores, salió despedido al apretar Obsidiana los gatillos. La fuerza del disparo era tal, que incluso Obsidiana tuvo que dar un paso atrás para no salir disparada. Al principio, Perla hizo el intento de desviar aquel disparo, pero justo cuando iba a detenerlo se dio cuenta de que era más de lo que podía manejar. Tratando de apartarse de su trayectoria, Perla fue un instante demasiado lenta y no consiguió evitar que el disparo la dañara en parte. Si bien consiguió evitar un impacto directo, el oscuro proyectil pasó a rozar de su hombro derecho, haciéndola girar en el aire y tirándola al suelo adolorida. Tendida en la arena, comprobó que una muesca oscura había aparecido en su piel, semejante a una quemadura llena de hollín.
-Por qué poco…-consiguió decir, antes de alzar la mirada y ver que Obsidiana había cargado contra ella. Su pie, tirado hacia atrás, salió despedido en dirección a su cara, con toda la intención de mandarla a volar de una patada. Por suerte, los instintos de pelea de Perla y su gran agilidad le permitieron apartarse justo a tiempo, pasándole el pie de Obsidiana a escasos centímetros de la cara. Rodando hacia atrás en la arena, consiguió ponerse de pie de un salto y arremetió con su lanza contra Obsidiana, la cual respondió al ataque desviándolo con un cañón y lanzando un culatazo con el otro.
-¡Sí, así se hace! ¡Dale fuerte, Perla!-exclamó Amatista, lanzando aullidos y agitando su puño a favor de su compañera. No estaba claro si les estaban escuchando siquiera, pero como no parecía que ninguna de las dos lo estuviera haciendo, Amatista consideró que no pasaba nada porque ella apoyara a Perla. Incluso Granate se permitió relajarse un poco en la barandilla del paseo, observando con gran detenimiento cómo se sucedían los ataques y las respuestas. Ambas poseían una gran habilidad a la hora de esquivar y contraatacar, haciendo que aquel combate se pareciera a una extraña danza en la que ambas se movían en sincronía con sus propios pasos y posturas. Perla era más delicada y precisa, cada paso a la distancia necesaria para evitar ser herida y cada giro elegantemente realizado como si de una máquina de precisión se tratara. Se movía con la elegancia de una bailarina de ballet, pero sus ataques con la lanza eran feroces como las acometidas de una abeja, su pulso firme y sus lanzadas poderosas. Obsidiana, en cambio, parecía más fuerte y fluida en sus movimientos. Cada paso y giro que hacía estaba pensado para ofrecerle un nuevo ángulo desde el que atacar, sus trabucos apareciendo siempre desde las posiciones más inverosímiles y sin que sus disparos estuvieran condicionados a su vista. En más de una ocasión, Obsidiana disparó de espaldas o mirando a donde apuntaba uno solo de sus trabucos, confiando en que el disparo del otro diera en el blanco al cual no apuntaba con el ojo. Además, sus patadas eran considerablemente fuertes, llegando incluso a apoyarse con los puños en el suelo y arremetiendo con los pies contra Perla. Verdaderamente era un estilo peculiar, pensado claramente para permitirle el atacar aunque sus manos estuvieran ocupadas en los trabucos.
Sus fuerzas estaban igualadas. Sus estilos eran parejos. Sus armas no alcanzaban el cuerpo de la otra. El combate estaba muy igualado.
Con un chispazo que iluminó brevemente la playa, ambas luchadoras saltaron hacia atrás y se separaron un par de metros la una de la otra. Aprovechando la distancia, Obsidiana empezó a disparar a quemarropa contra Perla, quien enseguida se lanzó contra su enemiga al tiempo que desviaba los disparos.
-Ey, ¿qué está pasando ahí?-comentó un turista que pasaba por el paseo, fijándose en la lucha entre las dos Gemas.
-Parece que alguien se está peleando-comentó su compañero, acercándose ambos a ver qué sucedía.
-¿Estarán rodando una película?
-No lo sé, pero es impresionante. ¡Mira como saltan!
-¡Es alucinante!
Poco a poco, alrededor de Granate y Amatista, se fue reuniendo una pequeña concentración de vecinos y curiosos que habían salido atraídos por el ruido de la lucha entre Perla y Obsidiana. Las preguntas y comentarios de la muchedumbre poco a poco fueron yendo sustituidas por las exclamaciones de sorpresa y emoción, unos animando a Obsidiana mientras otros apoyaban a Perla.
-¡Ánimo, tiradora! ¡Retrocede y dispara!
-¡Corre, usa la lanza! ¡Venga, que tú puedes!
Pronto varios conocidos de ambas Gemas hicieron acto de presencia, más que curiosos ante la creciente multitud que había ido apareciendo en el paseo a esas horas de la mañana. Los Fryman y los Pizza salieron de sus establecimientos al ver que sus clientes se habían ido corriendo, atraídos por un extraño espectáculo que estaba teniendo lugar en la playa. Lars y Sadie se asomaron a ver qué era lo que sucedía justo en frente de su tienda, sorprendiéndose al ver luchar a las dos Gemas de forma tan apasionada, pero aún más al ver reunidas a tantas personas en el paseo. Cebollo y su hermano se quedaron a ver la pelea, ninguno de los dos comentando nada de lo sucedido, mientras todos los demás estallaban en vítores y muestras de admiración.
Pronto, varios emprendedores vieron una oportunidad de negocio allí, improvisando puestos de patatas, pizzas, rosquillas y otros artículos que vendían a la animada audiencia. Incluso Amatista dejó de animar lo suficiente para aprovisionarse bien de comida para ver más cómodamente el combate. Granate no comió nada, más pendiente de los acontecimientos ante ella que de los humanos de su alrededor. Aun así, no pasó por alto la mirada preocupada de cierta anciana.
-¿Por qué se está peleando Nuada?-preguntó Nanefua, situada con el resto de su familia en el puesto que habían improvisado junto a la playa-. No lo entiendo. Creí que ella y Perla eran amigas.
-Mamá, ahora no es el momento. ¡Obsidiana nos está haciendo ganar una fortuna!-comentó Kofi mientras servía otra porción de pizza a un entusiasmado cliente. Gruñendo para sí, Nanefua siguió contemplando con semblante preocupado la pelea.
Por suerte, Granate no tardó en animarla con sus palabras.
-Tranquila, no se están peleando-comentó con una sonrisa-. Ambas están entablando un combate de honor con tal de resolver sus diferencias y restaurar el equilibrio de su interior.
-Ah… Siendo así… ¡Animo, Nuada!-dijo Nanefua, que al contrario que el resto de quienes habían escuchado a Granate sí parecía haber entendido qué quería decir la Gema-. ¡Vamos, no pierdas! ¡Ya es tuya!
Ni Perla ni Obsidiana prestaban atención alguna a la audiencia que habían atraído con su combate. Para ellas, su mundo al completo era la Gema situada enfrente de ella la arena bajo sus pies y el eco de sus ataques en el aire. Llevaban ya un buen rato peleando, y ambas parecían bastante cansadas ya de tanto combatir en igualdad de condiciones. Obsidiana presentaba varias marcas en las que sus habilidades no habían bastado para evitar las acometidas de Perla, rasgando su superficie sin que ninguno de sus ataques llegara a penetrar en ella. Perla, igual de cansada, presentaba marcas parecidas en los que los disparos de Obsidiana habían estado a punto de alcanzarla. Si bien más escasas, su número se veía compensado por los rasguños que los golpes de Obsidiana le habían ocasionado, marcas por todo su cuerpo que probaban que algunas patadas y culatazos habían conseguido superar sus defensas.
-¿Qué, has tenido bastante?-preguntó Obsidiana, haciendo girar su trabucos distraídamente en sus manos. Aunque se mostraba confiada, la verdad era que agradecía ese breve descanso que ambas se habían tomado. Le estaba costando bastante no perder el combate, ya que esa maldita Perla era mucho más fuerte de lo que se había podido imaginar en un principio.
-¿Cómo, ya quieres rendirte?-preguntó Perla, sonriendo mientras se apoyaba ligeramente en su lanza. A pesar de no necesitar respirar, la verdad era que ambas estaban tratando de recuperar rápidamente el aliento tras tan intenso intercambio de ataques. Perla estaba en desventaja en largas distancias, de manera que había tenido que correr y correr por acortar la separación entre ambas lo máximo posible. Creía poder superar a Obsidiana de esa manera, pero esta había demostrado ser bastante hábil a la hora de combatir cuerpo a cuerpo, incluso sin contar con armas para ello.
A pesar del cansancio, y a pesar de las heridas, ambas se sonrieron desafiantes. Gotas de sudor caían de los cuerpos de ambas luchadoras…o eso sucedería si las Gemas pudieran sudar. Sin embargo, lo que sí era visible era que ambas estaban empezando a perder algo de intensidad en sus acometidas. La fuerza y vigor de los primeros ataques las habían dejado agotadas, de manera que sus siguientes ataques habían tenido que ser mejor planeados para así superar a la otra sin malgastar sus energías en el intento. En vista de los resultados, estaba claro que ninguna de las dos había conseguido la ventaja en ese aspecto.
Y, sin embargo, ninguna de las dos se sentía con ganas de abandonar. Las dudas iniciales de Perla y las inseguridades de Obsidiana hacía tiempo que habían sido olvidadas. En esos instantes, lo único en lo que podían pensar ambas Gemas era en superar a la otra, en alzarse victoriosas de tan estimulante combate. Por primera vez en mucho tiempo, las dos guerreras se encontraron disfrutando del intenso intercambio de golpes, sin más preocupaciones que el intentar defender su cuerpo al tiempo que acometían el de la otra. Sus seres enteros parecían vibrar de la emoción, sus armas más ligeras de lo que deberían dado su cansancio. Sus heridas quedaban en un segundo plano en sus mentes, y sus ojos no podían despegarse de la Gema situada enfrente de ellas. Si bien no era la primera vez que peleaban, sí que era la primera vez que lo hacían de aquella manera, anteponiendo su honor y orgullo al simple deseo de destruirse mutuamente. Ni siquiera la posibilidad de una derrota se les pasaba por la cabeza en esos instantes. Por primera vez en sus vidas, Obsidiana y Perla fueron mucho más que enemigas, que guerreras.
Por primera vez, se vieron como rivales.
-Debo admitir que estoy impresionada-dijo Obsidiana, apoyando uno de sus trabucos en su hombro-. Nunca pensé que una sirvienta… No, que una Perla pudiera darme tantos problemas.
-Y yo nunca pensé que alguien que no fue hecho para luchar pudiera llegar a ser tan buena-respondió Perla, ambas sonriéndose antes sus peculiares "alabanzas"-. Dime, ¿cómo te adiestraste?
-No me adiestré, exactamente. Simplemente aprendí a sobrevivir en el campo de batalla. Lo demás, lo aprendí observando a las otras Gemas.
-Vaya, pues es un estilo muy curioso. Me he enfrentado con toda clase de guerreras del Planeta Natal, y he aprendido muchos estilos de lucha aquí en la Tierra. Sin embargo, es la primera vez que veo a alguien luchar como lo haces tú.
-Vaya, que detalle…-comentó Obsidiana, inclinando burlesca la cabeza ante Perla-. Seguro que te parecerá más increíble todavía cuando acabe por tumbarte en el suelo.
-No si yo te gano antes.
-Eso me suena a desafío.
-¿Acaso no lo es?
-¿Mantienes tus palabras?-La mirada de Obsidiana se recrudeció. Su sonrisa no desapareció.
-Hasta la última coma.- Perla miraba con expresión similar a Obsidiana. De no ser por sus aspectos tan diferentes, ambas podrían parecer el reflejo de alguien frente a un espejo.
Agazapándose ligeramente, ambas cargaron nuevamente la una contra la otra. Los gritos y ánimos de la muchedumbre se duplicaron en intensidad cuando el intercambio de ataques volvió a dar comienzo. Una patada de Obsidiana consiguió impactar en el estómago de Perla, quien retrocedió adolorida. Recuperándose mientras trataba de contener el dolor, Perla lanzó un tajo a la cabeza de Obsidiana, quien consiguió esquivarlo solo para recibir el impacto del extremo romo del arma de Perla en el pecho. Girando la lanza nuevamente, Perla golpeó con esa misma punta en la mejilla de Obsidiana, girándole la cara mientras esta soltaba un gruñido de dolor. Apuntándola con el filo de la lanza, Perla trató de atravesar a Obsidiana nuevamente, pero descubrió que su hoja no podría golpear el cuerpo de su enemiga. ¿La razón? Obsidiana había soltado uno de sus trabucos, y había conseguido agarrar el arma justo a tiempo para evitar que la pincharan con él. Sonriendo, atrajo a Perla hacia sí de un tirón, y la golpeó con fuerza en la cara con el codo contrario, haciéndola retroceder ahora a ella.
Mientras Perla retrocedía, Obsidiana giró hacia atrás al tiempo que invocaba un segundo trabuco desde su gema. Este instante permitió a Perla recuperarse, al tiempo que apuntaba nuevamente con su lanza a Obsidiana. Finos rayos láser brotaron de la punta de la lanza de Perla, quien intercambió disparos con Obsidiana mientras ésta abría fuego con sus trabucos.
-¿Rayos láser?-preguntó Obsidiana, esquivando por los pelos uno que le pasó a rozar de la sien-. ¿En serio?
-No pensarías que solo tú tenías recursos para compensar la diferencia de distancias, ¿verdad?-preguntó Perla, al tiempo que agachaba la cabeza para que uno de los disparos de Obsidiana no se la volara.
-Interesante truco. ¡Permíteme que te enseñe yo el mío!
Ante la atenta mirada de Perla, los cañones de las armas de Obsidiana empezaron a brillar y a estirarse. Semejantes a tentáculos, estos empezaron a dividirse y a aumentar de tamaño, hasta que finalmente perdieron su brillo y el cambio que habían experimentado quedó a la vista. Los cañones sencillos de Obsidiana habían cambiado, multiplicándose hasta que cada uno de ellos parecía estar compuesto ahora por siete orificios dispuestos como una maraña de tentáculos sobre cada arma.
-¡Esquiva esto!-exclamó Obsidiana, y al apretar los gatillos una salva de proyectiles salió disparada en dirección a Perla. Cada disparo tenía la misma intensidad que los anteriores, solo que esta vez habían siete proyectiles por cada disparo que Obsidiana hacía. Los proyectiles no salían a la vez de los cañones, dando la impresión de ser más una ametralladora que no un trabuco, pero Perla no estaba exactamente para ponerse a cuestionar la identidad de las armas de Obsidiana. Sus esfuerzos por esquivar los disparos tuvieron que duplicarse, si bien el número de heridas que aparecieron en su piel se incrementó en poco tiempo.
Cada andanada de Obsidiana iba acompañada por las risas de esta, quien debía admitir que estaba disfrutando como nunca de aquel combate. Perla la obligaba a ir al límite como ninguna otra Gema la había hecho ir. Sus ataques fallaban, su cuerpo era dañado, y su energía se estaba acabando. Y, a pesar de ello, casi no podía contener la emoción que parecía manar de su pecho. No entendía la razón de semejante sentimiento, pero era algo increíble. Si podía tomar como referencia la sonrisa de Perla, ella también debía de estar sintiendo algo parecido a lo que ella misma sentía en esos momentos.
Uno de los cañones de sus trabucos se fracturó, llamando la atención de Obsidiana. Parecía que sus cañones habían llegado a su límite, de manera que muy a su pesar se vio obligada a desecharlos para así invocar nuevas armas. La pega de ese ataque era que, si bien su poder combativo se multiplicaba, sus armas no eran capaces de resistir semejante carga durante mucho tiempo, de manera que en seguida se rompían. De ser así, sería peligroso que ella intentara seguir disparando esas armas dañadas, lo cual la obligaba a tener que tirarlas al suelo para así poder llamar a unas nuevas. Ese breve instante la dejaba expuesta al ataque del enemigo, y eso fue lo que Perla aprovechó.
Lanzando un grito de guerra, Perla arremetió contra Obsidiana mientras ésta aún tenía las manos en la espalda. Sorprendida por el ímpetu de Perla, Obsidiana sólo alcanzó a saltar hacia atrás antes de que Perla empezara a descargar golpe tras golpe contra ella. La ferocidad con la que la asaltó le impidió el invocar sus armas, obligándola a esquivar desarmada los ataques de Perla. Ni siquiera podía dar patadas, ya que las pocas veces que lo intentó Perla castigó sus piernas mediante lanzadas y cortes que rasgaron su superficie dolorosamente. Estaba claro que estaba ganándole terreno, y su asalto no parecía próxima a acabarse. Así pues, salvo que pretendiera rendirse, a Obsidiana no le quedó más remedio que jugárselo todo en un ataque sorpresa.
Esperó a que Perla siguiera cargando hacia ella, moviendo velozmente su arma de un lado para otro mientras Obsidiana esquivaba sus ataques en el último momento. Tras agacharse para evitar un corte que le hubiera separado la cabeza del tronco, Obsidiana agitó su larga melena en dirección a la cara de Perla, oscureciendo su campo de visión momentáneamente. Antes de que esta pudiera apartar el pelo, Obsidiana lanzó su puño directamente contra la cara de Perla, alcanzándola en la mejilla y tirándola hacia atrás. El impacto fue tan fuerte que Perla acabó por soltar su lanza, cayendo al suelo y dando vueltas en el suelo.
Ni siquiera Obsidiana salió indemne del tremendo impacto. La fuerza necesaria para lanzar ese golpe desesperado había sido considerable, y agotada había acabado por caer de rodillas al suelo, boqueando mientras trataba de recuperarse lo suficiente para continuar. Le dolía todo el cuerpo, sus heridas eran cuantiosas, y ni siquiera sabía si podría echar a volar de querer hacerlo. Ambas contendientes se miraron desde el suelo, Obsidiana de rodillas y con su larga melena ocultando la mitad de su rostro, y Perla tendida boca arriba en el suelo con los brazos estirados. Perla había usado casi todas sus fuerzas en esa última avalancha de ataques, tratando de vencer a Obsidiana antes de quedarse sin energía. Cada ataque de su lanza le había supuesto una mayor carga que el anterior, hasta tal punto que solo su fuerza de voluntad la había salvado de caer al suelo. Sin embargo, ese puñetazo le había sido imposible de esquivar, y la había dejado muy tocada. Las dos estaban al límite de sus fuerzas.
El silencio se hizo entre el público asistente al tenso combate entre las Gemas. Nerviosos y atentos a cómo terminaría aquello, nadie se atrevía a decir nada mientras miraban expectantes lo que seguramente fuera la conclusión de la pelea. El mismo cielo pareció contener el aliento, ocultándose en un mar de nubes que sumieron el mundo con un manto gris pálido, semejante al color de la piel de Obsidiana.
Apretando los dientes, ambas Gemas afianzaron sus posiciones e intentaron ponerse en pie antes que la otra. Obsidiana, debido a su posición anterior, consiguió ponerse en pie antes que Perla, que aún se encontraba tratando de incorporarse. Tambaleándose por todo el daño acumulado y el cansancio, Obsidiana empezó a caminar hacia Perla, quien tras mucho batallar consiguió erguirse. Nada más llegar hasta ella, Obsidiana le puso la mano en el hombro, y con la otra le cruzó la cara con un gancho tan abierto que casi la tira al suelo otra vez. La cabeza de Perla salió disparada hacia un lado, pero consiguió mantenerse de pie, ya fuera por el agarre de Obsidiana o por sus propias piernas que se negaban a ceder de nuevo. A pesar de su mejilla hinchada, Perla frunció el ceño, y lanzó su propio golpe a la cara de Obsidiana. La oscura asesina recibió el golpe en pleno pecho, proyectando su cabeza hacia adelante y separándola de Perla. Agarrándose la zona golpeada, Obsidiana miró con aire cansado y molesto a Perla.
-¿Por qué…no… ¡caes!?-masculló, golpeando con un revés de su puño a Perla.
-Eso mismo…te iba a preguntar… ¡yo!-respondió Perla, aprovechando que Obsidiana tenía la cabeza gacha para golpearla desde abajo en la barbilla.
-Como si fuera…a ser derrotada… por una Gema de Cristal…-gruñó Obsidiana, lanzando un puñetazo que falló en alcanzar a Perla. Al ver que había fallado, Obsidiana lanzó el otro puño y esta vez sí consiguió golpear a Perla en su puntiaguda nariz.
-Ugh… ¿Cómo, ahora…ya no soy… "una simple Perla"?-consiguió decir Perla, soltándole una patada en la rodilla a Obsidiana que la puso de rodillas. Casi perdiendo el equilibrio, Perla consiguió agarrarse a los hombros de Obsidiana, mientras esta se agarraba a su vez en Perla para no irse al suelo.
-¿Tú, una…simple Perla? Estarás de broma…-consiguió decir Obsidiana-. ¿Crees que una…simple Perla…podría darme tantos quebraderos de cabeza?
Ambas quedaban ya a la misma altura, tan cerca que podían sentir la respiración pesada de la otra en su rostro. Sus ojos medio abiertos por el cansancio y los golpes se fijaron a escasos centímetros el uno del otro, sus manos agarradas al cuerpo de la otra, mientras apretaban los dientes en un esfuerzo por reunir las fuerzas necesarias para lanzar un golpe más.
-Tú…no eres una simple Perla… Eres la Perla, y te distinguiría entre un millón de ellas en el…Planeta Natal.
-¿Oh?...Y eso… ¿eso por qué?-preguntó Perla, separándose con el puño en alto. Obsidiana cerró su puño, lista también para golpear, solo que hacía arriba en vez de hacia abajo.
-Porque tú eres… la más… ¡INSUFRIBLE!
-¡Eso…lo debería decir…YO!
Ambas Gemas lanzaron sus puños para golpear a la otra…y fallaron. Las manos de ambas pasaron a rozar de la cabeza de la otra, mas el impulso de ambas las llevó a abalanzarse la una sobre la otra y…
¡BAM! Obsidiana y Perla se dieron un fuerte cabezazo mutuo. A diferencia de la vez anterior, Obsidiana no estaba preparada y el impacto le hizo bastante daño, más aun considerando que en la frente de Perla estaba su gema. Esta, si bien su perla no se fracturó, tampoco salió indemne del repentino trompazo, ya que quedó igual de mareada que Obsidiana.
-Ugh…-mascullaron ambas, sus mentes dando vueltas en el interior de sus cabezas. Desprovistas finalmente de toda energía, y completamente agotadas, Obsidiana y Perla se dejaron caer la una sobre la otra. Sus espaldas chocaron, y sus cuerpos se deslizaron hasta que ambas quedaron sentadas en el suelo, espalda con espalda y las cabezas gachas.
-Me da que ha sido un empate-comentó entre risas Amatista, habiendo visto desde su aventajada posición el graciosísimo cabezazo final.
-Se acabó el espectáculo-respondió Granate, muy para desilusión del resto de espectadores. Aun así, todos coincidieron en que ambas luchadoras se merecían una calurosa ronda de aplausos y varios gritos más de felicitaciones, todos de acuerdo en que había sido un encuentro muy reñido e increíble.
Fue entonces, como si hasta el momento no hubieran sido conscientes, que Perla y Obsidiana descubrieron que su combate privado no había sido tan privado como creían, ya que a unos cuantos metros de donde estaban ellas una muchedumbre de curiosos empezaba a dispersarse mientras se despedían de ellas y las felicitaban por tan majestuosa exhibición. Realmente decía mucho del grado de concentración que había mantenido el que no se hubiera percatado de la presencia de todas aquellas personas.
-Bueno… Ha sido…-comenzó a decir Obsidiana, jadeando todavía.
-Sí…-coincidió Perla, del mismo modo-. ¿Descubriste lo que buscabas obtener con todo esto, o deberíamos pensar en un segundo asalto?
-Buf, eso ni de broma… Ahora mismo no podría matar ni a una Rubí, mucho menos a una Perla tan loca como tú-comentó en broma Obsidiana, a lo que Perla se limitó a reír brevemente entre dientes-. Respecto a tu pregunta… Creo que no lo he descubierto, pero también creo que ya no me hace falta.
-¿Qué quieres decir?
-No lo sé… Antes, cuando estábamos peleando… Ha sido distinto de las otras veces.
-Sí, tienes razón.
-Me he sentido… diferente. He llegado hasta a emocionarme.
-¿Es que eso no te pasaba con todas tus peleas?-preguntó agotada Perla-. Yo te recordaba como una psicópata que solía reírse mientras hacía volar a sus enemigas en mil pedazos con sus armas.
Obsidiana se quedó pensativa unos instantes.
-Sí, supongo que daba esa impresión…
-¿A qué te refieres?
-Nada, es igual. La cuestión es que… ha estado bien.
-Sí, pero por hoy dejémoslo aquí, ¿vale? Tengo la cabeza que aún me da vueltas.
-Eso es porque tu cabeza es muy dura.
-Eh, yo tengo la gema en la frente. ¿Cuál es tu excusa?
-Erosiónate.
-Perdona, ¿qué has dicho?
-Veo que ya os lleváis mejor-comentó Granate, caminando hacia ellas seguida de Amatista-. Me alegra ver que habéis conseguido resolver vuestras diferencias.
-¿Acaso tenemos pinta de haber resuelto algo?-preguntó sarcástica Obsidiana, señalándose a sí misma y a Perla como si pretendiera recalcar el lamentable aspecto que ambas debían de tener.
-Sí-respondió Granate, sonriendo con confianza.
-Ja… Alguien necesita cambiarse de visor.
-¡Perla! ¡Has estado alucinante!-exclamó Amatista, golpeando en el hombro a Perla. El ligero contacto con el puño de Amatista bastó para que Perla viera las estrellas, si bien su exaltada amiga siguió dando saltos y hablando con voz en grito-. ¡Tú estabas "ZAS, ZAS"! ¡Y ella estaba "BAM BAM"! ¡Y entonces tú…!
-Bueno, bueno, cálmate. No necesito que me lo recuerdes tan pronto-la detuvo Perla, antes de que Amatista cogiera impulso.
Obsidiana miró de reojo como Perla parecía recibir las sonrisas y ánimos de sus dos compañeras, la una animada y risueña y la otra más callada aunque no menos orgullosa. La sonrisa de Perla era un claro indicador que, a pesar del cansancio y las heridas, se sentía muy feliz y satisfecha en esos instantes. Tal vez fuera eso lo que buscaba Obsidiana, tal vez solo quería sentirse feliz ella también. No muchas veces había podido relacionar el concepto de luchar y el de estar contenta, y por primera vez entendió el gozo que muchas guerreras parecían encontrar en el combate. Algo había en aquel encuentro con Perla que había sido diferente al resto, pero Obsidiana no acababa de ponerle nombre. ¿Era porque no había intentado romper a Perla? ¿Era porque se había dejado herir? ¿Era porque, por una vez, no luchaba porque alguien se lo hubiera ordenado?
En cualquier caso, Obsidiana ya no tenía nada más que hacer allí. Apoyándose en el suelo, se dispuso a ponerse en pie, cuando su pierna cedió. De no ser por la rápida intervención de Granate, se hubiera caído de nuevo al suelo.
-Te tengo-comentó Granate, sujetando a Obsidiana. La sorpresa de la oscura Gema no fue poca, ya que no se esperaba que alguien la fuera a ayudar con semejante tontería.
-Estoy bien, no necesito tu ayuda. Suéltame-respondió Obsidiana ligeramente molesta, pero Granate negó con su cabeza. En vez de soltarla, se pasó el brazo de Obsidiana por encima de los hombros, y la ayudó a incorporarse. Resultaba útil que fueran de alturas similares, ya que de haberlo intentado con Perla la habría dejado con los pies colgando. A ella la ayudó Amatista, en quien se apoyó agarrándola por el hombro.
-Pues a mí me parece que sí que necesitas un poco de ayuda. ¿Sabes?, no hay nada de malo en pedir a alguien que te ayude, ni en recibir ayuda si la necesitas.
-Ya te he dicho que no necesito ayuda. Suéltame de una vez-respondió con creciente irritación Obsidiana, pero sin hacer el gesto de apartarse de Obsidiana.
-Venga, Obsi, enróllate un poquito. ¿Para qué están las amigas?-preguntó Amatista. Los ojos de Perla y Obsidiana se abrieron de par en par, dedicándose una rápida mirada de alarma, antes de dirigirse a la sonriente Amatista.
- A-amigas… ¿A QUIÉN LLAMAS TÚ "AMIGA"? ¡Yo no soy vuestra amiga! ¡Soy vuestra enemiga! ¡YO NO TENGO AMIGOS!
-¿Estás segura de ello…?-preguntó enigmática Granate, provocando una gran confusión en Obsidiana. Pronto entendió a qué se refería la permafusión.
-¡Nuada!-exclamó Nanefua, dirigiéndose hacia ellos desde el paseo marítimo. Detrás, la seguían el resto de integrantes de la familia Pizza.
- ¡Ha sido impresionante! La forma en que has combatido… ¡Eres increíble!-dijo Kiki, mirando con ojos brillantes y emocionados a la sorprendida gema negra.
-¡Sí, chica! Ha sido la más alucinante que he visto desde que aquella mano gigante se estrelló en la playa. ¡Tú sí que sabes, Obsi!-comentó Jenny.
Sonriendo como nunca antes Obsidiana le había visto hacerlo, Kofi dio un paso al frente y estrechó fuertemente entre sus brazos a Obsidiana, quien se quedó a cuadros al ver al siempre gruñón humano abrazándola sin previo aviso.
-¡Ah, Obsidiana, gracias a ti hemos hecho caja como nunca! Las ventas habían estado algo bajas desde que se quemó el local, pero con todo lo que hemos amasado hoy…Y nunca mejor dicho… ¡Jajajaja, gracias, gracias, GRACIAS!- De haber contado con la fuerza necesaria, y de no haber estado Granate sujetándola, lo más seguro era que Kofi la hubiera levantado del suelo.
Al soltarla, el grupo se abrió para que Nanefua y Obsidiana quedaran la una frente a la otra. La mirada de Nanefua, quien tenía el ceño ligeramente fruncido, se posó en los cortes que Obsidiana tenía por todo el cuerpo.
-Nuada, agáchate un momento, ¿quieres?-preguntó con educación, aunque con tono firme. Obsidiana dudó un momento sobre si hacer como le pedía la humana o no, aunque al final se soltó de Granate y fue hasta donde estaba Nanefua. La diminuta humana parecía aún más pequeña al lado de Obsidiana, quien medía casi tres veces más que ella, aunque ello no impedía que las dos se miraran a los ojos en silencio.
Sin necesidad de decir nada, Obsidiana hincó una rodilla y se agachó para quedar un poco más a la altura de Nanefua. Incluso así Obsidiana era más alta que ella, de manera que cuando la anciana estiró ambas manos hacia su cara se tuvo que poner de puntillas. Las pequeñas manos de Nanefua se posaron a ambos lados de la cara de Obsidiana, quien en silencio observó cómo la anciana le examinaba las marcas del rostro y el cuerpo con semblante preocupado. No entendía qué buscaba, ni la razón tras semejante comportamiento, pero al no conocer demasiado las costumbres humanas, Obsidiana se imaginó que sería algo típico de los humanos.
Suspirando, Nanefua miró preocupada a Obsidiana.
-Ah, mírate… Estás llena de heridas. ¿Te duelen, necesitas que te traiga algo?
-No, no… Estoy bien, Gunga, de verdad.- A pesar de las palabras de la sorprendida Obsidiana, parecía que la inquietud de Nanefua no disminuyó. En lugar de seguir preguntando, pero, Nanefua pareció cambiar de intenciones. En vez de fruncir el ceño y mirar entristecida las heridas de Obsidiana, la sorprendió todavía más sonriéndole y rodeando su cuello con sus brazos.
La cabeza de Nanefua acabó apoyada en su hombro, mientras que la de Obsidiana quedó en el de la diminuta anciana. Los ojos de Obsidiana seguían abiertos de la impresión, más allá de la sorpresa del abrazo. Era la primera vez… que la abrazaban de aquella manera. Hasta el momento, los únicos que la habían abrazado habían sido la Gema de Cristal Steven (en la pierna), las chicas Pizza (en un brazo cada una al menos una vez por día) y Kofi (aquel día, en el pecho). Sin embargo, el abrazo que Nanefua le estaba dando era muy diferente del resto. Este la hizo sentir…diferente por dentro. Sintió una extraña sensación de calidez, una sensación nacida del contacto de los brazos de Nanefua contra su cuerpo, y entonces fue consciente de lo cerca que estaba la anciana de ella.
Era curioso. No recordaba la última vez que alguien estuvo tan cerca de ella sin que estuviera involucrada en una pelea.
-Me tenías asustada, ¿sabes? Cuando te vi pelear, creí que estabas haciendo una clase de exhibición con Perla, pero cuando vi que empezabais a haceros daño, cuando acabasteis en el suelo las dos… Me preocupé un montón.- Una pequeña gota cayó en la espalda de Obsidiana. Si bien no podía verla, supo que Nanefua estaba llorando-. Por favor, no me vuelvas a dar un susto así. Yo… no soportaría que te pasara nada malo. No quiero perder a una buena amiga así como así.
Y justo en ese momento, con esas palabras, Obsidiana supo que lo había encontrado. De alguna manera, lo había conseguido. Eso que andaba buscando, la razón tras el combate, el paso que el señor Universe le había sugerido dar. Ella… tenía…
-… ¿una amiga?-preguntó Obsidiana con un susurro, tan bajo que nadie más la oyó. No sabía por qué, pero Gunga la veía como una amiga. En parte la sorprendía, ya que no recordaba haber hecho nada especial para ganar semejante conexión con la anciana, y en parte la hacía sentir por dentro algo que le era muy difícil de describir. Por primera vez en su vida, tenía una amiga… Solo el repetir esas palabras en su mente ya se le antojaba extraño. Le costaba creer que alguien pudiera confiar tanto en ella como para declarar que ambas tenían esa clase de vínculo emocional. Ella no era de la clase de Gemas de la que uno desearía ser "amigo". En el Planeta Natal todos solían rehuirla, ya fuera por miedo o por simple desprecio. Para escudarse del daño que estos quisieran hacerle, Obsidiana había empezado a buscar la comodidad de la soledad y a asegurarse de que no necesitaba a nadie más para nada. Si bien siempre había estado sola a raíz de semejante comportamiento, tampoco había sentido la necesidad de vincularse con nadie y la pérdida de Gemas en el campo de batalla nunca llegaba a afectarla. Para ella sólo eran nombres en una lista, nada más, sin historias ni recuerdos que deseara invocar a la hora de despedirse de las caídas.
Poco a poco, sin saber bien qué hacer, Obsidiana empezó a levantar los brazos. El mismo instinto que la había llevado a la puerta de las Gemas de Cristal le instaba a que completara el vínculo con Nanefua. Solo tenía que… estrechar los brazos…
¿Pero sería posible? ¿Se lo estaría imaginando en realidad? ¿Cómo podía ella realmente creer que iba a poder tener amigos? Los amigos no eran más que una invención de los más débiles para buscar apoyo en los de su clase. ¿De qué servían realmente los amigos? Ella había estado muy bien hasta el momento sin amigos. No había necesitado que nadie la acompañara al campo de batalla, que la cubriera, que estuviera a su lado cuando las cosas se torcieran y lo único que deseara era acurrucarse en un agujero y chillar de espanto y terror. Nunca había pedido que nadie la apoyara, que le diera las gracias o dijera que estaba preocupada por ella, que la consolaran en un momento de depresión y le asegurara que todo iba a ir bien…
No, nunca había necesitado…
Amigos como los Pizza.
Ellos habían estado allí por ella. La habían apoyado, la habían ayudado, y nunca la habían dejado sola. La habían corregido en sus fallos, y la habían felicitado en sus victorias. A pesar de no estar herida, se preocupaban por ella cuando creían que se podría haber hecho daño. Siempre estaban allí, incluso cuando ella no les buscaba, y siempre le daban conversación, o abrazos, o le preguntaban que cómo le iba todo o si necesitaba algo… Todos y cada uno de…esos patéticos y blandengues humanos… De vida orgánica… tan volátiles y… y…
Gruesas lágrimas caían de los ojos de Obsidiana. Conteniendo el llanto, estrechó a Nanefua entre sus brazos, completando así el primer abrazo de su vida.
-¿Oh~? ¿Es una lágrima eso que veo?-preguntó Amatista, sonriendo burlona mientras contemplaba junto a los demás el tierno momento que Nanefua y Obsidiana estaban compartiendo. Obviamente, no se pudo resistir a intervenir.
-¿Q-qué? ¡No!-exclamó Obsidiana, separándose de Nanefua pero sin poder detener las lágrimas. Granate y el resto contemplaron divertidos y enternecidos cómo Obsidiana trataba de limpiarse en vano las lágrimas que no dejaban de salir mientras Amatista daba vueltas a su alrededor-. Yo soy…yo soy… una asesina fría y…sin es…escrúpulos. ¡YO NO LLORO!
-Claaaro, claaaro. Es solo que a las Gemas a veces nos sale agua por los ojos, ¿verdad?-respondió divertida Amatista, muy para irritación de Obsidiana. Sus mejillas estaban grises oscuras por el rubor que las habían ocupado, mientras sus manos hacían cuanto podían por contener sus lágrimas. Finalmente, haciendo una garra con sus dedos, se pasó la mano por la cara e invocó su máscara, ocultando finalmente su expresión avergonzada y llorosa a los demás-. ¡Oh, venga ya…!-se quejó Amatista, pero Obsidiana se negó a quitársela.
A pesar de no poder verle la cara, todos sabían que Obsidiana aún seguía llorando. Su cuerpo temblaba ligeramente, su cabeza estaba ligeramente agachada, y sus finos brazos estaban cruzados contra su cuerpo con gesto protector. Granate no pudo sino sonreír al ver cómo Obsidiana finalmente se abría a alguien, y Nanefua no pudo sino soltar un par de lágrimas más al ver cómo su buena amiga le había demostrado su afecto.
Los sentimientos se desbordaban en el interior de Obsidiana. No sabía de dónde había salido todo aquello, pero era incapaz de parar de llorar. ¿Por qué lloraba, si por dentro se sentía tan bien? ¿Acaso su capacidad de sentir se había vuelto defectuosa también? ¿Cómo era posible que una reacción comportara una sensación tan contraria? Lo peor, era que tras romper el abrazo de Nanefua…se sentía extrañamente vulnerable, como si deseara volver a él. Era como si aquella pequeña humana, con sus brazos cortos y carnosos, fuera en realidad un refugio en el que ella pudiera esconderse, un lugar donde estar a salvo y donde nada malo le pudiera suceder. Una más para la larga lista de cosas raras que le habían pasado desde que había vuelto a la Tierra.
-Bueno, ahora solo queda una cosa por hacer…-comentó Nanefua, cogiendo la mano de Obsidiana. Tirando ligeramente de ella, la llevó junto a Perla, quien había contemplado el suceso inmersa en sus propias preguntas e impresiones. Si la había sorprendido ver a Obsidiana llorando por el abrazo de Nanefua, la sorprendió más aún que esta la llevara junto a ella-. Cuando dos personas combaten, es de simple cortesía que se den la mano y se feliciten por un buen combate. ¡Así que, ya sabéis, chicas!
Puestas una frente a la otra, Perla y Obsidiana se miraron sorprendidas sin saber cómo proceder. Una cosa era pelear, pero darse la mano… Era casi como hacer las paces, y ninguna se sentía preparada para dar semejante paso. Si bien estaba claro que su relación ya no era la misma que hacía 5000 años, la verdad era que las heridas infligidas en el pasado todavía seguían recientes para ambas, más aún para Obsidiana. Perla no podía perdonarle del todo que destruyera a sus amigas, y Obsidiana no podía perdonarle en absoluto lo que Perla le hizo. Aun así, y eso había que destacarlo, la verdad era que nadie les estaba pidiendo que hicieran las paces del todo. Meramente les estaban pidiendo que se reconocieran como guerreras, que vieran a la otra no como una sirvienta o un error, sino como las diestras guerreras que ambas habían luchado durante tanto tiempo para ser reconocidas como tales. Antes de aquella lucha, ninguna de las dos se habría planteado siquiera ver a la otra con ojos libres de rabia, pero ahora…
-…ehm… Buena pelea, Obsidiana-dijo Perla, tomando la iniciativa. Si bien algo dubitativa, acabó por extender su mano en dirección a su eterna rival.
No ya enemiga. Rival.
Obsidiana contempló esa delicada mano con expresión mortificada, sin saber qué hacer. Una parte de ella le gritaba que no lo hiciera, que desenfundara su trabuco y mandara a Perla convertida en un millón de esquirlas al fondo del mar. Pero una pequeña parte, una diminuta voz que cada vez había ido cogiendo más fuerza en su mente…
-Sí… Yo… Buena… buena pelea…, Perla-dijo finalmente Obsidiana, levantando su máscara con una mano y extendiendo la otra. Poco a poco, ambas mirándose nerviosas, Obsidiana y Perla fueron acercando sus manos extendidas, cuando de pronto…
-¡Ey, ¿qué es eso?!-exclamó Kofi, alertando al resto de los allí presentes. Sobresaltadas, Obsidiana y Perla rápidamente retrajeron sus manos, mirando rápidamente a Kofi para ver qué era lo que lo había alarmado tanto.
Se trataba de un extraño objeto rojizo que hizo acto de presencia atravesando las grises nubes del cielo. Semejante a una castaña, la misteriosa aparición sobrevoló rápida y silenciosamente la ciudad en cuestión de segundos, iluminando en la lejanía los prados verdosos junto al granero con un haz de luz brillante.
-¿Y eso qué…?-empezó a preguntar Amatista, solo para ser interrumpida por Obsidiana.
-¿Una nave de reconocimiento? ¿Aquí, en la Tierra?-preguntó en voz alta Obsidiana, mirando incrédula como la diminuta nave se perdía en la lejanía. Realmente alguien había venido…
-¿Son del Planeta Natal? ¿Qué hacen aquí?-preguntó Perla-. Granate, ¿dónde está Steven? ¡No me digas que sigue…!
-En el granero, sí-respondió seria Granate. Eso no lo había visto venir-. La nave va directa hacia él.
-¡Tenemos que ir allí enseguida! ¡RÁPIDO!-exclamó Perla, y sin previo aviso echó a correr en dirección al templo. Parecía que sus heridas quedaban ya en un segundo plano en su cabeza.
No tardó en ser seguida a todo correr por Amatista y por Granate, esta última dedicando una mirada firme a Obsidiana como si pretendiera decirle algo con la mirada. Antes de irse, asintió una sola vez con la cabeza, y una vez hecho eso se dio la vuelta y se fue.
Solo quedaron en la playa Obsidiana y los Pizza, quienes parecían bastante nerviosos con la aparición de la misteriosa nave. Al verlos tan alarmados, Obsidiana saltó en seguida en su ayuda.
-Tranquilos, no pasa nada-les aseguró-. No han venido a haceros daño. Vienen a… Bueno, no lo sé. Fue la Peridoto quien los llamó-dijo, mirando preocupada a la lejana colina-. Supongo que me están buscando.
-¿A ti? ¿Pero quiénes son? ¿A qué han venido exactamente?-preguntó Kofi bastante asustado, su voz ligeramente más estridente que de costumbre.
-Sean quienes sean, seguro que Steven y sus amigas pueden encargarse de ellas-comentó con seguridad Nanefua, calmando en el proceso a Kofi y a sus hijas. Luego, se giró hacia Obsidiana-. Ve. No pierdas el tiempo.
-¿Qué?
-Tú también has de ir, lo sé. Lo noto en tu mirada. Sé que aún estás herida de tu combate, pero no te preocupes. Si unes tus fuerzas a las de las demás Gemas, no hay nada que no podáis conseguir juntas, Nuada. Ten fe en tus amigas.
Obsidiana estaba confundida. ¿Ella, amiga de las Gemas de Cristal? Puede que no tuviera muy claro todo el tema de la amistad, pero de lo que sí estaba segura era que ella no tenía esa clase de vínculo con las rebeldes de aquel planeta. Todavía odiaba a Perla, Granate no dejaba de confundirla, no sabía bien cómo clasificar a la Amatista enana… y luego estaba el hijo de Rosa Cuarzo. Steven era un caso… difícil de tratar. Por un lado, se le antojaba extraño por su parte humana, y por la manera en que actuaba o hablaba. Estaba claro que no era la misma Rosa Cuarzo a la que se enfrentó en la guerra, si bien alguna vez creía haber visto alguna similitud en sus acciones. A pesar de ello, se le hacía difícil el estar enfadada con él. Si uno quitaba el hecho de que él era una Gema de Cristal, y ella la asesina de Diamante Azul, Obsidiana incluso se hubiera planteado el hacerse… "amiga" de él.
Fuera como fuera, Nanefua tenía razón en una cosa: tenía que ir. Sin importar quienes fueran, ya fueran su partida de rescate o sus posibles refuerzos, Obsidiana tenía que averiguar qué estaba pasando. Así pues, separándose de los Pizza, empezó a acumular las sombras de su alrededor a sus pies.
-Me voy. No os preocupéis, estaréis a salvo-dijo Obsidiana, tratando de sonar más segura de lo que en realidad se sentía-… adiós.
Como una flecha, Obsidiana ascendió por el cielo y se dirigió rápidamente hacia el templo de las Gemas de Cristal, quienes ya estaban cerca del alcanzarlo. Usar su portal sería mucho más rápido que ir volando, y además no le interesaba llegar después de ellas.
Tanto pudiera ser que necesitaran su ayuda…, como que las Gemas recién llegadas necesitaran la suya.
Ea, hasta aquí.
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Chao, chao.
