Capítulo 11: Batazo en el campo
Momentos después:
No hacía ni dos minutos que la nave había aparecido en el cielo de Beach City, cuando las Gemas de Cristal y la asesina del Planeta Natal llegaron a la entrada del templo a todo correr.
Perla y Obsidiana, ambas hechas polvo tras su intenso combate, parecían haber recuperado las fuerzas de repente, ya que prácticamente habían esprintado todo el camino que las separaba del templo de las Gemas de Cristal, llegando la una primero al teletransportador y la otra junto a Granate y Amatista.
-¡Venga, vamos!-exclamó Perla, metiendo prisa al resto del grupo para que se unieran a ella en la plataforma cristalina. Ni siquiera parecía preocuparle el que Obsidiana se hubiera unido volando a ellas sin preguntarle a nadie, seguramente a causa de las prisas y el nerviosismo que todas parecían tener encima. Mientras la luz las envolvía y transportaba lejos del templo, ambas partes del grupo tenían sus propios pensamientos sobre la reciente llegada de más Gemas del Planeta Natal.
Por un lado, Perla y las demás no podían sino temer el retorno de la lucha que tanto tiempo hacía que llevaban evitando. Para Perla y Granate, los horrores de aquellos espantosos siglos de guerra aún perduraban en sus mentes, crueles y sangrientas escenas de Gemas destruyendo a Gemas en una vorágine de gritos, barro y explosiones por todas partes. No había sido fácil negarles la Tierra a los Diamantes, e incluso así habían pagado un precio terrible para ello. Sus amigas habían desaparecido, ya fuera porque las habían roto o se habían corrompido, y las Gemas Corruptas y las atrapadas en templos seguían causando problemas por todo el planeta. Solo la suerte conseguía que su inevitable encuentro con la humanidad se viera retrasado, dándoles el tiempo suficiente para localizar esas amenazas y neutralizarlas antes de que alguien, o la misma Gema, pudieran resultar heridos. Que el Planeta Natal se hubiera interesado de nuevo por la Tierra eran muy malas noticias, ya que en comparación a los tiempos de la Rebelión, su fuerza bélica era básicamente ellas tres, Steven y cuantas armas habían podido recoger de aquí y allá. Si los Diamantes enviaban ni que fuera un escuadrón de Cuarzos, entonces Perla y sus amigas serían barridas del mapa sin que nada pudieran hacer para evitarlo. De momento, lo único que mantenía su anonimato había sido la suerte que habían tenido de evitar que Peridoto, Jaspe u Obsidiana se pusieran en contacto con el Planeta Natal para informar de su presencia en la Tierra, pero la llegada de esas nuevas Gemas planteaba nuevos problemas para ellas. ¿Qué intenciones tenían? ¿A qué habían venido? Y la más importante… ¿conseguirían las Gemas de Cristal vencer una vez más?
Junto a ellas, Obsidiana se hacía esas mismas preguntas, tal vez sin esa última al no ser ella una Gema de Cristal. Peridoto había dicho que se había puesto en contacto con el Planeta Natal, y por lo que había conseguido sacar de su repentino rapapolvo, había sido entonces que tuvo la brillante idea de insultar a un Diamante. Y no a un Diamante cualquiera, no, había insultado a la mismísima Diamante Amarillo. De los cuatro Diamantes que gobernaban el Planeta Natal, Diamante Amarillo tal vez fuera la máxima autoridad en cuanto a la gestión de los recursos del imperio, tanto a nivel de materiales como de tropas. En tiempos de guerra, mientras Diamante Azul había centrado sus esfuerzos en el mantenimiento del imperio en sí, Diamante Amarillo había dirigido a sus tropas en la expansión del mismo, colonizando cuantos mundos se pusieran en su camino y derrotando a los idiotas que creían poder vencer a las poderosas huestes que comandaba. Obsidiana había servido a sus órdenes un par de veces, siendo entregada por Diamante Azul para llevar a cabo ciertas tareas que requerían de sus… "talentos", llegada la situación, y si había algo que podía señalar que fuera característico del modo de proceder de Diamante Amarillo, tal vez fuera su eficiencia a la hora de comandar. Con ella al mando, nada se desperdiciaba ni se hacía por que sí. Siempre había una razón para cada orden o acción, siempre había un plan o un uso para cual fuera la Gema que Diamante Amarillo comandara. No por nada parecía estar tan interesada en recuperar el Clúster, considerando que tal vez fuera lo único de utilidad que hubiera generado ese planeta desde que se intentó colonizar la primera vez. Sin embargo, había algo que preocupaba a Obsidiana. ¿A qué habían venido esas Gemas? ¿Las habían enviado a por ellas, a completar la misión en su lugar, o tal vez las hubieran enviado a atrapar a Peridoto? No sería raro eso último, considerando que había desafiado a un Diamante abiertamente. Fuera como fuera, lo mejor sería comprobar la situación de cerca primero.
Cuando la luz remitió, las Gemas aparecieron en el tan familiar prado junto al granero, saltando prácticamente de la plataforma y echando a correr a toda prisa hacia donde creían que estarían Steven y Peridoto. La nave no se veía por ninguna parte, mas un repentino temblor que sacudió la tierra momentáneamente les indicó que algo acababa de suceder no muy lejos de allí. Así pues, aceleraron sus pasos con la esperanza de llegar lo antes posible al lugar de los hechos.
Finalmente, encontraron la nave junto al granero… o más bien, medio enterrada junto a él. La nave se encontraba profundamente introducida en el suelo, con unas curiosas marcas cuadriculadas alrededor. Junto a ella, se encontraban Steven, Peridoto y una recuperada Lapislázuli, los tres contemplando la siniestrada e inerte nave. El cómo habían conseguido ellos tres derribar una nave del Planeta Natal por sí solos escapaba a la compresión de Granate y las demás, que al llegar junto a ellos no pudieron sino contemplar igual de sorprendidos el cuerpo de la nave.
-¡Steven!-exclamó Perla, llegando finalmente junto a su querido niño humano.
-Santo cielos…-murmuró Amatista, contemplando anonadada el panorama cambiado del prado. Obsidiana no pudo sino mostrarse de acuerdo con ella, a pesar de que tal vez no hubiera utilizado las mismas palabras para expresarse.
-¿Estás bien? Vimos la nave y vinimos lo más rápido que pudimos-le dijo Perla a Steven, quien al responderle no pudo evitar fijarse en los rasguños que presentaba Perla por todo el cuerpo, y que casualmente presentaba Obsidiana también.
-Sí, estoy bien… ¿Y vosotras? ¿Estáis…bien?-preguntó, haciendo que Perla fuera consciente de repente del aspecto que debía tener para Steven en esos instantes. A pesar de haber superado el dolor, aún estaba cubierta por todos los golpes y rozaduras que los tiros y ataques de Obsidiana le habían causado. Rápidamente, Perla trató de pensar en alguna excusa con la que justificar su apariencia y la de Obsidiana, quien no estaba mucho mejor que ella.
-Ah, esto… Bueno, verás… Nosotras estábamos…
-Perla y yo hemos tenido un combate-explicó Obsidiana como si nada, cortando a Perla-. Quedamos en empate. Luego vimos venir la nave, y corrimos hacia aquí.
A Perla le preocupó que la noticia del combate pudiera asustar a Steven, pero al mirarle en vez del temor lo que vio fue una ligera sorpresa ante la noticia del combate, que rápidamente se convirtió en una insegura aceptación.
-Oh… Ehm, vale… En fin, me alegra ver que ambas estáis bien, más o menos… Ahora os curaré.
-¿Qué ha pasado aquí?-preguntó Obsidiana, separándose del grupo y dando un paso hacia la nave estrellada. De reojo, sintió la mirada nerviosa de Peridoto en ella, mientras se medio escondía detrás de la Lapislázuli. Debía de tratarse de la misma que había estado fusionada con Jaspe, la cual le había dicho Granate que había estado recuperándose hasta ese momento, al parecer. Arqueando la ceja, notó que esta parecía estar mirándola con una expresión de silenciosa furia, a juzgar por sus puños apretados y sus ojos entreabiertos-… ¿tienes algo que decirme, Lapislázuli?
-Tú… ¿Qué haces aquí?-preguntó ella, mirándola directamente a los ojos sin el más mínimo atisbo de miedo en ellos. Parecía una Gema totalmente diferente a la que una vez fue su prisionera en la nave, algo más demacrada pero mucho más fiera que en aquel entonces. Sin embargo, Obsidiana apenas reaccionó a su desafiante tono.
-Curiosidad. Por lo demás, no es asunto tuyo-dijo simplemente Obsidiana, procediendo a ignorar a Lapis como si no estuviera allí. Después de todo, ¿qué más daba? La única razón para haberla traído consigo había sido que les informara sobre la situación en la Tierra. Una vez acabada la misión, volverían todos al Planeta Natal y ya nunca más tendrían que volver a dirigirse la palabra. Tal vez fuera una Lapislázuli, pero eso a Obsidiana le daba absolutamente lo mismo.
Lapis parecía que iba a decir algo más, cuando de repente sintió que Peridoto se daba la vuelta y empezaba a alejarse lentamente del lugar. Al ver cómo parecía dispuesta a irse de nuevo, Lapis recordó lo que Steven le había dicho sobre dar segundas oportunidades, sobre reconocer el esfuerzo que había estado haciendo Peridoto por enmendar lo que hizo, y valoró que tal vez hubiera estado siendo muy brusca con ella. Al fin y al cabo, de las tres Gemas que la habían arrastrado allí, Peridoto había sido la menos hostil con ella, limitándose a hacerle preguntas y dejándola tranquila por lo demás. Así pues, tomó una decisión de la cual no estaba del todo segura todavía, pero que ya no tenía marcha atrás. No después de haber derribado esa nave.
-Peridoto-dijo, deteniendo en seco a la verdosa Gema, que se giró intranquila hacia ella. Impasible, la miró a los ojos y dijo:- ¿Estás bien?
Las palabras de Lapis sorprendieron a Peridoto, que en seguida superó su impresión inicial y mostró tal sonrisa de alegría contenida que Lapis no pudo sino apartar la vista avergonzada. Su ligero rubor no escapó ni a Steven ni a las demás Gemas, quienes se mostraron algo impresionadas por lo bien que parecían llevarse esas dos, y por la risa de Steven, el cual veía por fin cómo todos sus esfuerzos daban frutos al final. Incluso Obsidiana les dedicó un breve vistazo de reojo, preguntándose en qué momento esas dos habían acabado llevándose tan bien entre ellas. Era raro que la Lapislázuli se mostrara tan…"amistosa" con la Peridoto, considerando que eran de cortes diferentes y había sido por culpa suya que hubiera acabado siendo su prisionera. Perdiendo el interés nuevamente, se dispuso a acercarse de nuevo a la nave…
…cuando de repente, esta empezó a sonar y traquetear. Ante todas las Gemas presentes, una pequeña portezuela se abrió en el lateral, revelando el interior de la nave mientras los sorprendidos testigos aguardaban alerta la revelación de quienes habían ido a visitar su planeta en esa ocasión. Una mano rojiza se asió al borde de la compuerta, y sacó su cabeza para explorar el lugar. Se trataba de una Rubí, una que miraba con ojos fieros (bueno, más bien con ojo fiero, puesto que en el sitio del izquierdo estaba su gema) el campo que las rodeaba. Centrada como estaba en el paisaje, no reparó en el pequeño grupo de Gemas que la miraba boquiabiertas no muy lejos de allí.
-¿Rubí?-preguntó confundido Steven, ya que le sorprendía ver a alguien que identificaba como aliada saliendo de una nave del Planeta Natal. Antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba, Granate lo tomó por el cuello de la camisa y lo se lo cargó al hombro en un instante.
Al ver salir a la Rubí, Obsidiana entendió que lo más seguro era que fuera un pequeño destacamento de rescate, más que uno que hubiera ido a completar su misión. No era raro enviar a Rubíes a planetas con posibilidad de presencia hostil, y de haber querido seguir con la misión, a quien habrían enviado sería a una Peridoto, no a un Rubí. Así pues, se dispuso a ir a su encuentro, cuando de repente sintió que la cogían por el hombro.
-¿Qué…?-preguntó, molesta y mirando mal a quien se hubiera atrevido a tomarla por detrás. Se trataba de Granate, con Steven aún en el hombro, quien tiró de ella y la hizo dirigirse sin decir nada más hacia el granero. Confundida aún por este repentino gesto, Obsidiana se encontró corriendo junto a las demás Gemas mientras a sus espaldas el resto del grupo de Rubíes salía de la nave.
Ocultos en el interior del granero, Steven y los demás miraban discretamente como las Rubíes, todas idénticas en aspecto pero diferentes en personalidad, se desplegaban por la zona y empezaban a buscar… o a dar tumbos por ahí, dependiendo de la opinión de cada uno. A un lado de la puerta del granero, se encontraban las Gemas de Cristal y Lapislázuli, con Steven mirando con curiosidad el singular despliegue de Rubíes. Al otro lado se encontraba Obsidiana, apartada del grupo y apoyada con aire despreocupado contra la puerta, ambos brazos cruzados mientras vigilaba desde su posición a las recién llegadas. En su cabeza, pero, no dejaba de preguntarse qué estaba haciendo allí dentro, en vez de ahí fuera.
-Wow… ¿Habéis visto?-preguntó Steven, mirándolas ir y dar vueltas alrededor de la nave mientras trataban de "buscar" lo que fuera que estuvieran buscando allí. Sin embargo, pronto apareció Peridoto mirándolas de la misma forma, tan nerviosa y aterrada que al abalanzarse para mirar por la puerta aplastó un poco a Steven contra el suelo.
-¡Lo sabía! ¡Vienen a por mí!-exclamó con un grito ahogado, al borde de la histeria. Resignándose, acabó por sentarse con gesto derrotado en el suelo (bueno, más bien en Steven, que aún seguía aplastado debajo de ella)-. Se acabó. Es el final del camino.
-Realmente no exagerabas…-comentó Lapis, mirando el semblante torcido y aterrado de Peridoto. En esos momentos, no sabía qué la confundía más: el que Peridoto hubiera estado hablando enserio sobre que Diamante Amarillo iba tras de ella, o que Obsidiana no estuviera haciendo el intento de ir con las Rubíes. Se había escondido con ellas en el granero, y si bien parecía mantener las distancias, tampoco parecía muy dispuesta a salir.
-Desobedecí una orden directa de Diamante Amarillo, y la llamé pardilla…a la cara-comentó lloriqueando Peridoto, con tal expresión que parecía que ni ella misma se acabara de creer lo que había hecho en su momento.
-Sí, lo tienes bastante mal-añadió Obsidiana, completamente impasible. Antes de que nadie pudiera recriminarle que eso no ayudaba, Obsidiana se apartó de la pared y fue hacia Peridoto-. En fin, no veo razón para retrasar lo inevitable. Vámonos-dijo, cogiendo a Peridoto por el pie y alzándola como una ristra de ajos. Por suerte para la espantada Gema, antes de que Obsidiana alcanzara a salir por la puerta, Steven se le plantó delante.
-¡No! ¿Pero qué haces?
-¿No es obvio? Me voy con ellas, y la Peridoto se viene conmigo-explicó como si fuera lo más obvio del mundo, mientras Peridoto pataleaba y trataba de liberarse en vano del agarre de Obsidiana-. Dad las gracias de que no tengo ganas de pelearme ahora con vosotras, por lo que os dejaré ir esta vez…otra vez.
Con su mano libre, Obsidiana trató de apartar a Steven de su camino, mas otra Gema se interpuso entre la salida y ella.
-No dejaré que te la lleves-dijo Lapis, posicionándose con ambos brazos cruzados mientras miraba desafiante a Obsidiana. El gesto de Lapis emocionó a Peridoto, quien tan solo consiguió emitir un agudo gemido a modo de palabras de agradecimiento. Obsidiana, pero, no parecía nada impresionada por la arrogancia de esa Gema.
-Ya… y me lo vas a impedir... ¿cómo?-quiso saber Obsidiana, devolviéndole la mirada de desafío a Lapis-. El mar está muy lejos de aquí, y la fuente de agua más cercana apenas te conseguirá unos minutos contra mí, eso sin contar que si te pones a manipularla, las Rubíes os encontrarán-dijo sonriendo Obsidiana, muy para irritación de Lapis. Era verdad, y ambas lo sabían. El lago artificial había bastado para derribar la nave, pero Obsidiana era demasiado fuerte como para vencerla con tan poca cantidad. De haber estado junto al mar, tal vez hubiera podido detenerla, pero tal y como estaban las cosas, lo único que conseguiría sería exponerse a sí misma y a Steven… y a las otras Gemas de Cristal, pero eso carecía de importancia.
Por su parte, Amatista trató de decir algo para impedir que Obsidiana hiciera eso que se proponía, cuando de repente Granate la detuvo. Confundida, miró a su amiga, que simplemente le hizo un gesto para que esperara. Pronto, entendió el por qué.
-Bueno… ¿Y a qué esperas?-preguntó entonces Perla, quien permanecía junto a la pared en una posición parecida a la que había asumido antes Obsidiana. Cruzada de brazos, miraba de reojo con una media sonrisa a la oscura asesina, una que parecía indicar que había algo divertido en la acción de Obsidiana que a esta se le escapaba-. Adelante, vete. Será tu funeral…
Las palabras de Perla escamaron un poco a Obsidiana, quien trató de ignorarla y salir del granero como si tal cosa. Sin embargo, antes de que sus pies alcanzaran a abandonar el recinto, se detuvo y suspiró con gran hastío.
-…-Obsidiana se giró en silencio hacia Perla, mirándola con expresión suspicaz mientras Perla se mantenía con los ojos cerrados y muy segura de sí misma en su sitio. Con Peridoto aun colgando de su mano, evitó pisar a Steven y se plantó ante Perla, mirándola desde las alturas con gesto amenazador-. Muy bien… Tengo dos preguntas para ti, Gema de Cristal.
-Sé lo que vas a preguntarme, Gema del Planeta Natal-respondió Perla, con los ojos aún cerrados-. Lo primero, un funeral es una ceremonia de despedida que se hace en la Tierra por aquellos que han muerto o, en nuestro caso, que han sido rotos-explicó tranquilamente Perla, como si aquello no fuera sino una tranquila charla entre colegas-. Y lo segundo-dijo, abriendo los ojos para mirar a Obsidiana-, es la razón de por qué no te conviene hacer eso que ibas a hacer con tanta seguridad.
-¿Oh~?-preguntó curiosa Obsidiana, si bien su expresión desafiante y amenazadora apenas cambió-. Adelante, Perla. Explícate…
-Piensa un poco, Obsidiana. Tal vez consigas abordar esa nave sin problemas, y tal vez vuelvas al Planeta Natal, pero… ¿Qué pasará cuando las superiores de estas Rubíes escuchen su informe? ¿Qué pasará cuando llegue a oídos de las Gemas de mayor rango que tú, quien supuestamente deberías de haber acompañado a Peridoto en todo momento, tardaste tanto en atraparla tras su rebelión?
-… ¿qué?-preguntó confundida Obsidiana. Realmente no entendía a dónde quería llegar Perla.
-Es muy sencillo. Verás, si pones cronológicamente los hechos que han acontecido desde que llegasteis a este planeta, verás que hay un vacío que no puedes explicar sin revelar que: a) Dejaste que nosotras, unas rebeldes y criminales de guerra, escapáramos con vida para eliminar el Clúster que en un principio debíais proteger; y b) Conocías la rebeldía de Peridoto, y la dejaste escapar para que colaborara con nosotros-dijo Perla, alzando un dedo por cada punto-. Adelante, piénsalo. Trata de imaginarte como iría la cosa en tu cabeza, si es que puedes.
La manera altiva y suficiente con que le hablaba Perla irritaba profundamente a Obsidiana, si bien antes que pensar en golpearla se encontró reflexionando sobre sus palabras. No mentía cuando decía que, seguramente, conseguiría que las Rubíes la llevaran al Planeta Natal, pero una vez allí tendría que explicar con detalle todo cuanto había pasado en el planeta. Y entonces…y entonces…
-…oh…-consiguió decir Obsidiana, dándose cuenta de que Perla (muy a su pesar) tenía razón. No tenía excusa. Podía explicar que se separaran cuando se estrelló la nave, pero… ¿y luego? Habían pasado meses desde entonces. Hasta la más inepta de las Rubíes habría podido volver al lugar de los hechos para entonces, y aún le habría sobrado tiempo para encontrar a una simple Peridoto. ¿Y cómo explicar que no se hubiera puesto en contacto antes? Algunas de las Gemas más antiguas sabían que Obsidiana a menudo había conseguido viajar de planeta en planeta sin necesidad de usar naves o portales, de manera que la excusa de que estaba incomunicada no le serviría si su historia llegaba a oídos que no le convenía. Y aunque ese no fuera el problema… ¿cómo explicar que se había enterado de la rebeldía de Peridoto, sin confesar que habían Gemas de Cristal en la Tierra? En ese punto, el problema no era tanto el decir que habían rebeldes en la Tierra, sino más bien el explicar por qué no las había destruido nada más verlas, por qué habían estado colaborando con Peridoto y para qué… y qué papel jugaba ella en todo ese asunto. Si fallaba a la hora de justificarse, la catalogarían como a una rebelde también, una traidora que sería eliminada en el acto y sin más dilación.
Podía decir que había encontrado a las Gemas de Cristal, pero que habían sido demasiado poderosas como para que ella sola las venciera. Sí, eso tal vez funcionara… Entonces, los Diamantes enviarían un par de naves de ataque, dispararían al planeta, y… eliminarían a todos los humanos…
Gunga…
Obsidiana dejó de cavilar, sosteniéndole la mirada de suficiencia a Perla. Sabía que era poco probable, pero sentía como si esa condenada Perla pudiera leerle el pensamiento, y lo encontrara francamente divertido. Visiblemente molesta, hizo cuanto pudo por controlarse y recuperar el control, buscando rápidamente alguna historia que contar a las Gemas del Planeta Natal para justificar todo aquel asunto. Por desgracia, no encontró nada.
-…te odio… Te odio un montón…-dijo Obsidiana a Perla, dejando caer a Peridoto de cabeza al suelo.
-¿Porque sabes que tengo razón?-preguntó divertida Perla.
-Grrrr… Da gracias de que mis trabucos sean demasiado ruidosos, o ya te estaría borrando esa sonrisa de la cara-respondió Obsidiana, apartándose con aire molesto de Perla. Después, antes de que nadie pudiera decirle nada, saltó despidiendo su característica neblina oscura del cuerpo en dirección a las vigas del granero, donde permaneció acuclillada y lo más lejos posible de las demás Gemas-. De acuerdo, Gemas de Cristal. ¿Y ahora qué? ¿Cómo pensáis salir de esta?
-Pues la verdad, estoy abierta a propuestas. Aunque, realmente, Diamante Amarillo no se anda con chiquitas…-comentó Amatista, observando a las Rubíes desde su escondite-. Y pensar que todo es porque la llamó "pardilla" a la cara…
-Bueno, ella llama "pardilla" a todo el mundo-comentó Perla sin muchas ganas, como si ese mero pensamiento la agotara.
-Sí, pero no todo el mundo tiene el poder de comandar los ejércitos del Planeta Natal… ¡y enviarlos en mi busca para romperme!-exclamó Peridoto, corriendo hacia una caja cercana y escondiéndose dentro en un intento de huir de esa atroz situación. Compadeciéndose de su verdosa amiga, Steven fue hacia Peridoto y le sacó la caja de encima.
-Peridoto… Tranquila, no dejaremos que te lleven-dijo con confianza, tratando de animar a Peridoto. Esta, hecha un ovillo en el suelo, miró con aire tristón a Steven mientras le hablaba con un hilillo de voz.
-¿No os he causado ya bastantes problemas?
-Sí-dijo Obsidiana desde el techo, con la cara apoyada despreocupadamente sobre una mano. Perla y Lapis le pusieron mala cara por ese comentario, pero ninguna de las dos llegó a decirle nada porque pronto Granate siguió los pasos de Steven, plantándose frente a Peridoto.
-No te preocupes, Peridoto-dijo con el mismo tono que Steven, apoyando su mano en su cadera-. Depende de nosotras proteger a cualquiera que llame este planeta su hogar. Y eso incluye a pardillas como tú.
Las palabras de Granate impactaron a Peridoto en lo más profundo de su ser, dejándola momentáneamente sin palabras mientras miraba con ojos brillantes a la gigantesca Gema de la cual una vez desconfió por ser una fusión.
-…esa es mi palabra…-fue lo único que la sorprendida Gema consiguió decir, al borde de las lágrimas de agradecimiento por las palabras de Granate y Steven.
Si bien semejante escena causó que más de uno sonriera, Obsidiana se limitó a hacer rodar sus ojos, tendiéndose con aire despreocupado en la viga mientras miraba de reojo la situación de abajo. Largos mechones de su oscura melena caían libres de la viga como lianas, mientras una de sus piernas colgaba del vacío y oscilaba como mecida por el viento.
-Muy bien, todos, escuchad. Tengo un plan…-dijo Granate, reclamando la atención de los allí presentes. Luego, alzando sus manos para mostrar sus gemas, sonrió con aire pícaro-…o, debería decir, tenemos un plan, ju ju…
El cuerpo de Granate empezó a brillar con una luz intensa, que pronto se encogió y dividió en dos seres diferentes. Para cuando la luz remitió, en el lugar donde antes había estado Granate, ahora habían dos Gemas cogidas de la mano: una Zafiro que portaba un elegante vestido, y una Rubí con una cinta alrededor de su cuadricular afro. La escena sorprendió a todos los presentes, que en raras ocasiones habían llegado a presenciar la des-fusión de Granate. Perla y Amatista salieron pronto a saludar a las recién llegadas, mientras que Steven prácticamente se lanzó entre risas a abrazar a ambas a la vez. Lapis permaneció en su sitio, observando la situación con expresión sorprendida, ya que era la primera vez que veía a las dos integrantes de la fusión Granate. Incluso Obsidiana mostró algo de interés, arqueando la ceja, pero menos sorprendida al ya haberlas conocido cuando las hicieron prisioneras al llegar por primera vez a la Tierra.
-¿Cuál es el plan?-preguntó emocionada Amatista, ya que preveía que si Granate había decidido separarse, entonces tenía que ser para algo bueno.
-Está todo controlado. Tan solo actúa con naturalidad-le instruyó Zafiro a Rubí, acompañando sus palabras con un dulce beso en su mejilla.
-Sí… Con "naturalidad"-repitió Rubí, golpeándose la palma libre de gema con el puño y con expresión decidida. Resultaba bastante obvio para Obsidiana cual era el plan de la fusión, considerando que una Rubí pasaría desapercibida en ese pelotón de Rubíes… siempre y cuando no se dieran cuenta de que había una de más. Aun así, Obsidiana sabía por experiencia que las Rubíes no eran las Gemas más brillantes del Planeta Natal, apenas lo bastante listas como para saber cuándo y a qué aporrear con sus puñitos repletos de furia ígnea. Pero bueno, sólo tenía que ir allí y cerrar la boca. Ni siquiera ella podía fastidiar eso.
Sin embargo, estuvo muy tentada de retractarse de sus palabras al ver cómo la Rubí de las Gemas de Cristal avanzaba hacia la nave, caminando tensa como una barra de metal y con las piernas arqueadas. "Con naturalidad"… sí, claro.
Mientras los demás vigilaban a la Rubí desde el granero, Obsidiana centró su atención en la Zafiro que se había quedado atrás. Hacía muchos años que no veía a esa Zafiro en particular, desde aquel día de hacía ya… ¿cuántos, 5700 años? ¿5800? Algo entre medias, tal vez. Lo que Obsidiana tenía más que claro, era que había sido un día para recordar…
Hace 5750 años, Arena de las Nubes, Tierra:
Obsidiana odiaba las fiestas, las celebraciones, y básicamente cualquier cosa que implicara tener que reunirse en cualquier lugar con otras Gemas.
¿La razón? Nunca la dejaban entrar en esos lugares.
La Arena de las Nubes era una construcción que, como su nombre indicaba, se asemejaba a una arena de combate ubicada en los cielos, entre las nubes. En ese lugar de entretenimiento y relax, Gemas de todas partes del Imperio podían gozar de las comodidades del Planeta Natal mientras disfrutaban de las vistas de una Tierra por colonizar, al tiempo que contemplaban espectáculos tales como luchas entre Gemas o exposiciones de los especímenes orgánicos que pululaban como plagas por el planeta. De múltiples pisos de profundidad, la Arena podía dar cabida a un pequeño ejército de Gemas, contando con multitud de estancias destinadas a acomodar a las dignatarias que hubieran decidido visitar la colonia, o a las prisioneras o desafortunados trofeos de caza que fueran a ser expuestos en la arena de combate. En esos momentos, incontables Gemas de noble corte y notable influencia se encontraban reunidas en la parte más externa de la Arena, charlando entre ellas y comentando los diferentes acontecimientos que estaban teniendo lugar en el planeta, casi todos girando en torno a cierto grupo de irreductibles Gemas que seguían resistiendo y retrasando cualquier intento por parte del Planeta Natal para colonizar el lugar, atacando asentamientos y asaltando caravanas por todas partes. Todas habían sido enviadas a la Tierra con el objetivo de descubrir qué estaba pasando, quienes eran esas traidoras que osaban oponerse tan flagrantemente a los Diamantes, y cómo podían poner fin a tan molesta situación. Cada dignataria que había viajado a la Tierra presentaba su propia escolta de Gemas guerreras, las cuales habían sido dejadas a un lado al no tener permitido el entrar en la Arena por razones de protocolo. Después de todo, no se podía dar el mismo trato a una Gema noble que a una simple soldado.
Mientras que algunas de las Gemas más importantes, como una de las Zafiros de Diamante Azul, sí habían podido meter a sus protectoras en la reunión, el resto había dispuesto a sus efectivos en el límite exterior de la Arena, en los diferentes niveles de la Arena, con estrictas instrucciones de permanecer alerta y no permitir que nada ni nadie molestara mientras las nobles debatían y discutían. Además, la presencia en la Arena de la mismísima Diamante Azul hacía que la importancia de una férrea vigilancia fuera aún más prioritaria, por lo que se había reforzado a los efectivos disponibles con la guardia personal de Diamante Azul.
Y ese detalle en concreto era otra de las razones por las que Obsidiana odiaba esa fiesta en concreto: las Ónices.
Ya bastante malo era que le negaran el acceso a la Arena, arguyendo que qué se creía que era ella, pensando que podía entrar en el mismo lugar que Gemas de alto corte, para que encima tuviera que esperar junto al resto de esas gigantescas Gemas guerreras. Cada una de ellas era aquello que Obsidiana debería de haber sido, tan altas que hacían que ella pareciera una enana a su lado, y de aspecto tan poderoso que parecía que pudieran destrozar las paredes con solo apoyarse en ellas. Sus largas melenas se asemejaban a la de Obsidiana, salvo que las suyas eran algo más cortas y solo les llegaban hasta la mitad de la espalda. Sus cuerpos eran mucho más oscuros que el de Obsidiana, mostrando todas las variaciones del negro y algunos otros colores igualmente en tonalidades oscuras. Una o dos, del mismo modo que Obsidiana tenía su máscara, ocultaban su rostro con cascos y armaduras negras que cubrían sus musculosos cuerpos y las hacían más intimidantes aún si cabía. Si bien otras Gemas de menor graduación, como Rubíes o Topacios, montaban guardia con aire diligente inmóviles en sus puestos, las Ónices charlaban más despreocupadamente entre ellas, convencidas de que nadie se atrevería a atacar la Arena con ellas allí presentes. La confianza de esas brutas irritaba a Obsidiana, a quien le costaba creer que semejantes bravuconas pudieran tener algo que ver con ella. Con el rostro cubierto por su máscara, Obsidiana permaneció apoyada en la pared a un lado del perímetro con los brazos cruzados, procurando hacer su trabajo sin llamar la atención de esas montañas con pelo.
Además, las vistas no estaban nada mal. Estaban situadas en una de las gradas inferiores de la Arena, uno de los tantos niveles que formaban la gigantesca construcción. Toda la pared externa de la instalación estaba plagada de ventanucos enormes por los que se podía ver a través el cielo que rodeaba la Arena, con las nubes pululando por ahí despreocupadamente y el cielo azul sobre sus cabezas. Uno podía caminar tranquilamente por esos pasillos haciendo guardia, sabiendo que no había un solo punto en el que esconderse sin que fueran detectados por los vigías, lo cual hacía altamente improbable la aparición de intrusos o enemigos. Así pues, el refuerzo de la seguridad era algo que irritaba a Obsidiana, ya que lo consideraba un esfuerzo inútil y que la obligaba a tener que coexistir con…esas Gemas…
-¡Ja, ja, tienes razón!-dijo una de las Ónices, riendo un comentario de su compañera. Entonces, girándose, pareció centrar su atención en Obsidiana, sonriendo con aire altivo-. ¿Y tú qué opinas, canija? ¿También crees que las rebeldes podrían atreverse a atacar la Arena?
Obsidiana no contestó, mirando de reojo a la Ónice que había hablado aprovechando que su máscara cubría sus facciones. Después, con expresión de profundo hastío, siguió a su aire sin dignarse a contestar.
-¿Qué pasa, demasiado importante como para contestarme? ¿Es que la "gran asesina de Diamante Azul" ha olvidado que tan solo es un producto echo a medias?-preguntó la Ónice con altivez, provocando las risas de sus compañeras. Poco a poco, fue caminando hasta donde estaba Obsidiana, plantándose delante de ella y mirándola con aire arrogante desde las alturas-. ¿Sabes? He oído muchas historias interesantes sobre ti: que si eres más letal que una nave de batalla, que si tú sola acabaste con toda una base rebelde, que si eres la pesadilla de mil colonias… Yo digo que todo eso no es más que basura que se han inventado las Rubíes.- La Ónice se inclinó, situándose a la misma altura que Obsidiana y hablándole con su rostro apenas a unos centímetros de su máscara. Al estar tan cerca, Obsidiana podía ver sin problemas los ojos descubiertos de la Ónice, que poseía las mismas escleras negras e iris blancos que ella. A pesar del amenazador acercamiento de la Ónice, Obsidiana no se movió un milímetro-. No eres más que un pedazo de vidrio mal hecho, una vergüenza que casualmente salió del mismo agujero que nosotras. ¿Es que acaso te crees que alguna vez valdrás tanto como una Ónice? No eres digna de decir siquiera que sirves a Diamante Azu…
Antes de que pudiera terminar esa frase, Obsidiana lanzó su mano hacia la Ónice, agarrándola por el pelo. En el instante que le tomó a la Ónice entender qué sucedía, Obsidiana cambió de fase su cuerpo y el de la otra Gema, volviendo vaporosas las formas de ambas. Con un simple gesto, Obsidiana tiró el brazo hacia atrás e introdujo a la sorprendida Ónice en la pared, soltándola y volviéndose sólida al sacar el brazo de la roca. La Ónice no consiguió salir a tiempo, y cuando se volvió sólida de nuevo, descubrió que estaba empotrada en la pared y sin posibilidad de salir. Había sido enterrada hasta el pecho en la dura roca de la Arena, con uno de sus brazos igualmente atrapado mientras el otro solo podía empujar inútilmente y golpear la pared como pidiendo ayuda.
El resto de Gemas, al ver el desenlace de las provocaciones de la Ónice, se quedaron momentáneamente anonadadas sin saber qué hacer. Mientras las testigos del suceso murmuraban entre sí y el resto de Ónices parecían hablar entre ellas si meterse o no, Obsidiana saltó sobre la espalda de la Ónice atrapada, y se sentó en ella con las piernas cruzadas. Al verla declarar su superioridad sobre la Ónice prisionera, al resto de Gemas se les pasaron las ganas de buscarle las cosquillas a esa chiflada, la cual permanecía con aire aburrido sobre la espalda de aquella a la que había atrapado en la pared. Lejos de ayudarla, las Ónices optaron por volver a sus puestos y montar guardia, la alegría y las bromas que antes habían compartido entre ellas ya olvidadas.
Cruzándose de brazos una vez más, Obsidiana volvió a centrar su atención en el mundo exterior, golpeando de vez en cuando a la Ónice que montaba para que dejara de moverse y se estuviera quieta. Le costó un poco, pero al final entendió que no saldría de allí por pura fuerza, de manera que se rindió y permaneció inmóvil mientras Obsidiana descansaba sobre su espalda, tan quieta como al principio. De reojo, vigiló que el resto de Ónices no intentaran ir a por ella, pero parecía que ninguna se atrevía a hacerlo.
De repente, el humor de Obsidiana había mejorado un poco. No demasiado, pero sí un poco.
Parecía que todo iba a transcurrir con la misma calma que hasta el momento, con todo el mundo vigilando atentamente los cielos a la espera de que sus correspondientes protegidas terminaran de hablar para así poder acompañarlas al Planeta Natal o a cual fuera la colonia en la que estaban destinadas. La mayor parte de las asistentes a la reunión eran miembros de la corte de Diamante Azul, aunque el resto era una coalición formada por diferentes Gemas de los Diamantes restantes, siendo el rosa el más extenso de todos. No por nada era la colonia de Diamante Rosa, quien había tenido que enfrentarse a tan singular resistencia por parte de quien una vez fue una de sus más confiables generales. Nadie sabía del todo a ciencia cierta qué había llevado a Rosa Cuarzo y al resto de rebeldes a montar aquel espectáculo al que llamaban "rebelión", y tampoco importaba demasiado. Las que desobedecían las órdenes de los Diamantes merecían lo que fuera que les pasara, siendo una fulminante rotura el más rápido de sus destinos o siendo recicladas una vez las arrastraran de vuelta al Planeta Natal. A Obsidiana le daba igual, ella era una Gema que no se complicaba demasiado a la hora de hacer su trabajo. Si tenía que deshacerse de alguien, lo hacía y pasaba a otra cosa. No había razón para complicarse la vida con juicios, reciclajes ni demás procesos largos.
Una sombra que parecía moverse por entre las nubes llamó la atención de Obsidiana, que casualmente había estado mirando aquel fragmento de cielo en el momento que detectó movimiento. Algo parecía deslizarse por la superficie de las nubes, semejante a una Lapislázuli moviéndose velozmente por un océano blanco. Desconfiada, Obsidiana saltó de la espalda de la Ónice y se dirigió al borde de la Arena, tratando de detectar una vez más aquella misteriosa figura. No tardó demasiado en hacerlo, ya que esta salió por sí sola de las nubes y se reveló por completo a las defensoras de la Arena. Se trataba de una pequeña nave de batalla, una construcción triangular semejante a una pirámide puesta de lado. Cual taladro, se movió girando sobre sí misma por el cielo, abalanzándose contra la pared en la que se encontraban Obsidiana y el resto de Gemas.
-¡NOS ATACAN!-alcanzó a gritar una Ónice cuando de repente la nave se estrelló contra la Arena. Obsidiana y gran parte de las defensoras consiguieron ponerse a cubierto, pero otras tantas no tuvieron tanta suerte y desaparecieron en medio de una nube cuando sus formas físicas reventaron. Sin detenerse, la nave siguió taladrando la arena y abriéndose paso a través de su interior, destruyéndolo todo a su paso. Obsidiana hizo el intento de ir tras ella, cuando vio aparecer por entre las nubes otras dos naves idénticas a la primera, que rodearon la estructura y pronto se perdieron de vista. De la zona superior de la Arena les llegó a todas el sonido de gritos de alarma y ruido de combate, como si alguien estuviera peleando en los pisos superiores. Sin perder un instante, las Ónices y demás defensoras corrieron a repeler el ataque al que se estaba viendo sometida la Arena, desplegándose de una forma un tanto caótica ante la falta de una líder que las guiara, mientras corrían de un lado a otro tratando cada una por su cuenta de neutralizar la que creían que fuera la amenaza más acuciante. Unas corrieron por el túnel de la nave tras ella, mientras otras procuraban desplegar las defensas aéreas por si aparecían más naves, y el resto trataba de abrirse paso hacia la arena del piso de arriba.
Por su parte, Obsidiana tenía claro que la prioridad era poner a salvo a Diamante Azul, luego al resto de dignatarias de la Arena. Un rápido vistazo a las escaleras ocupadas le indicó que, con semejante atasco de Gemas que subían y bajaban, no llegaría nunca al piso superior, de manera que optó por tomar un atajo. De un salto, Obsidiana se lanzó contra el techo al tiempo que cambiaba de fase, atravesando la dura roca y llegando al pasillo del piso de arriba, idéntico al que acababa de abandonar tanto en aspecto como en población de alteradas Gemas defensoras. Todas corrían de aquí para allá mientras daban la voz de alarma y corrían a proteger la base, provocando que el caos se extendiera cada vez más y entorpeciera los esfuerzos de las guardianas por subir a la arena. Las escaleras estaban ocupadas por completo, y los pasillos estaban atestados de guerreras que se empujaban en un intento de avanzar desesperadamente. Algo debía de estar bloqueando las escaleras de más arriba, ya que no era normal semejante aglomeración de Gemas y que el atasco no se moviera, pero Obsidiana no tenía tiempo que malgastar con inútiles cavilaciones. En vez de eso, siguió subiendo hasta llegar a lo más alto de toda la Arena, donde se volvió sólida una vez más.
Había ido a aparecer en la grada más alta de la Arena, desde la que se podía ver el estadio en el cual se había celebrado la reunión. Gemas de toda clase de nobleza corrían despavoridas ante la visión de… ¿dos rebeldes?
¿Cómo podía ser que semejante caos fuera causado por solo dos Gemas? Sí, una de ellas parecía ser la infame Rosa Cuarzo, la mismísima líder de las rebeldes y una de las más poderosas guerreras del imperio de las Gemas hasta que decidió abandonar a su Diamante. A su lado, la extraña Perla que la acompañaba a todas partes acababa con las defensoras que habían conseguido acceder a la arena con sus dos espadas, venciendo a cuantas enemigas le salían al encuentro con gran habilidad. Le fastidiaba reconocerlo, pero esa Perla era fuerte.
Para mayor alivio de Obsidiana, parecía que Diamante Azul ya había sido evacuada, ya que su palanquín no estaba por ninguna parte. Así pues, lo único que quedaba era acabar con esas dos rebeldes y, con suerte, terminar con la rebelión de una vez por todas. Saltando a las gradas, Obsidiana las sobrevoló como una sombra, yendo de aquí para allá hasta llegar a la propia arena. Una vez allí, se abrió paso como pudo por entre las nobles que corrían despavoridas por la zona hasta llegar a donde estaría Rosa Cuarzo, su máxima prioridad y el mayor blanco al que podía optar Obsidiana en esos instantes. Si la capturaba o derrotaba, entonces todo habría acabado. Sería el fin de la rebelión, de los problemas en la colonia, y de sus forzadas visitas a ese asqueroso planeta lleno de vida orgánica.
A pesar de todo, nada pudo prepararla para lo que vio una vez llegó al centro de la arena. Tras apartar a un par de temerosas guardianas que no sabían si lanzarse al ataque o no, Obsidiana llegó justo a tiempo para presenciar como la Perla renegada de Rosa Cuarzo parecía estar a punto de atacar a una de las Zafiros de Diamante Azul. Estaba claro que no llegaría a tiempo para defender a la Zafiro desde donde ella estaba, pero si desenfundaba su trabuco a tiempo, tal vez pudiera acabar con la Perla antes de que la detectara. Sin embargo, la aparición de una fortuita Rubí que apartó a la Zafiro del peligro detuvo el gesto de Obsidiana, que asombrada vio como la pequeña Rubí salvaba a la Zafiro por un pelo. Pero lo increíble de esa situación, aquello que la hizo abrir los ojos de puro asombro, fue lo que pasó a continuación.
Los cuerpos de las dos pequeñas Gemas empezaron a brillar al tiempo que giraban, una escena para nada extraña para aquellas que hubieran contemplado antes una fusión, pero que parecía impensable dado que ambas se trataban de Gemas diferentes. Para cuando el brillo desapareció, en su lugar había una…cosa distinta. Era más alta que la Rubí y la Zafiro, casi tanto como lo era Obsidiana, y presentaba una amalgama de colores y formas por todo su cuerpo que parecía una burda mixtura de los cuerpos de las Gemas que la formaban. En su rostro, la perfecta mezcla entre una Rubí y una Zafiro, había tres peculiares ojos de colores diferentes, los cuales se quedaron un momento contemplando espantados la nueva forma de su cuerpo.
La expresión de sorpresa de todas las Gemas presentes era casi idéntica, mostrando tanto la conmoción por lo que sus ojos veían, como la incredulidad ante el mero concepto de que dos Gemas de cortes y categoría diferentes se hubieran fusionado. Pronto, los cuchicheos y susurros empezaron a sustituir a los gritos de alarma, ya que algo así nunca antes había sucedido. Incluso Rosa Cuarzo y su Perla se quedaron anonadadas ante la visión de aquella fusión, tanto que casi no se percataron de cómo las habían ido rodeando poco a poco. Antes de que pudieran atraparlas, pero, Rosa Cuarzo cogió a su Perla y ambas saltaron con fuerza, propulsándose varios metros en el aire antes de abordar una de las naves que habían atacado la Arena momentos antes. Todas las Gemas que poseían armas y poderes a distancia trataron de abatir la nave, entre las cuales se contaba Obsidiana con sus dos trabucos. Sin embargo, pronto quedó claro que sus ataques nada iban a poder contra la veloz nave, que en cuestión de segundos se perdió en el horizonte. La líder de la rebelión, Rosa Cuarzo… había vuelto a conseguir huir.
Frustrada y molesta por su fracaso, Obsidiana tiró sus trabucos al suelo mientras contemplaba el punto por el que habían desaparecido Rosa Cuarzo y sus rebeldes. Algún día… algún día le daría caza. Por el momento, pero…
-¡No me lo creo!-gritó alguien.
-Que desagradable…-masculló otra.
-¡Esto es inaudito!
A sus espaldas, Obsidiana vio como la muchedumbre había rodeado a las dos Gemas fusionadas, que para entonces volvían a ser dos seres diferentes una vez más. Los gritos de indignación y rabia de las Gemas presentes se alzaban como una nube de rabia que rondaba las cabezas de todo el mundo sobre la Arena. Ni siquiera Obsidiana se salvó de sentir tan desagradable sentimiento de repugnancia. Una fusión de dos Gemas diferentes… Esa forma tan…rara y descolorida… Iba en contra de todo lo que le habían dicho en el Planeta Natal. No era lo común, lo normal, era algo raro y espantoso que nunca debería de haber sucedido en un principio. Otra cosa más que iba terriblemente mal en ese condenado montón de fango llamado Tierra.
Montada en su palanquín, Diamante Azul se abrió paso por entre la furiosa multitud, mientras aquellas que habían estado recriminando a las dos fusionadas guardaban silencio para oír las palabras del Diamante presente. Aun así, sus miradas desaprobadoras y sus ojos cargados de ira no dejaron a la Rubí y a la Zafiro en ningún momento.
Diamante Azul estaba furiosa. Por lo que entendió Obsidiana, la Zafiro había predicho un futuro que no se había cumplido, por raro que pudiera parecer. Pronto se descubrió que la culpable había sido la Rubí que se fusionó con ella, ya que supuestamente no debería de haber intervenido. Al hacerlo, no solo cambió el curso de la historia, sino que indignó a todos los presentes y deshonró a la Zafiro, lo cual provocó la ira de Diamante Azul.
-¡Serás destruida por esto!-sentenció Diamante Azul, su orden tan clara y definitiva que prácticamente todo el mundo dio un paso adelante como si pretendieran cumplirla ellas mismas. Sin embargo, fue Obsidiana quien avanzó por entre la multitud y se posicionó frente a la Rubí. Esta la miró con expresión nerviosa, sin atreverse a moverse ya fuera por miedo o por simple obediencia, aceptando su destino y el precio a pagar de sus acciones. A Obsidiana le daba lo mismo. Simplemente, invocó su trabuco y apuntó con él a la mano de la Rubí, donde se encontraba su Gema.
Pero al apretar el gatillo, su disparo no alcanzó mas blanco que el suelo, ya que en el último momento la Zafiro había tomado de la mano a la Rubí, y la había apartado de la trayectoria del disparo. Ante la sorprendida audiencia que apenas pudo reaccionar, la Zafiro arrastró a la Rubí por la arena hasta llegar al borde mismo, desde donde saltaron y pronto se perdieron por entre las nubes. Obsidiana, que había corrido tras de ellas, contempló como se perdían pronto de vista.
-¡Tras ellas, Obsidiana!-le ordenó Diamante Azul-. ¡Que no escapen!
Sin perder un instante, Obsidiana saltó en pos de las dos fugitivas, atravesando ella también el cielo en trayectoria descendente, y adentrándose en las nubes de tormenta que regaban con su lluvia la Tierra.
De vuelta en el presente:
Por supuesto, pensó Obsidiana, no consiguió dar con ninguna de las dos. Debía de tener algo que ver con el hecho de que una de ellas pudiera ver el futuro, o tal vez fue un golpe de suerte por su parte. Fuera como fuera, Obsidiana no consiguió encontrarlas a pesar de peinar la zona varias veces, buscando bajo cada piedra y en cada posible escondite que se le ocurrió. Finalmente, aceptó que se le habían escapado, y regresó a la Arena para informar. Para entonces, Diamante Azul ya hacía tiempo que se había ido, por lo que no recibió ningún castigo a pesar de su fracaso.
Al cabo de no mucho, una nueva integrante de las Gemas de Cristal hizo su aparición en el campo de batalla en forma de esa peculiar Gema fusionada que adoptó el nombre de Granate. Resultó ser una enemiga formidable, una Gema que combinaba la agilidad y poderes de una Zafiro con la fuerza y potencia de una Rubí, formando una combinación más que temible que en varias ocasiones puso en jaque a las huestes del Planeta Natal. Ella y Obsidiana se vieron las caras en varias ocasiones durante la guerra que siguió a la rebelión, enfrentándose los trabucos de una con los guanteletes de la otra, un arma que sorprendió a Obsidiana por lo poderosa que resultó ser. Aun así, sus poderes consiguieron darle una cierta ventaja frente a la visión futura de la Gema de Cristal, la suficiente como para conseguir repelerla un par de veces y obligarla a retroceder, nunca llegando ninguna de las dos a vencer a la otra de forma definitiva.
"De todas formas…" pensó Obsidiana, tendida de lado con aire perezoso y somnoliento sobre la viga (a pesar de que las Gemas realmente no necesitaran dormir) "…, sigue siendo una Gema muy rara". A pesar de todos los años que habían pasado, Granate seguía siendo un misterio para Obsidiana, tanto por lo que era como por cómo se comportaba con ella, pudiendo ser su enemiga a ratos y a otros siendo… otra cosa. Las palabras que compartió con ella el día anterior todavía rondaban la mente de Obsidiana, aquella Gema Corrupta que le mostró, y la oferta que ella desdeñó… No importaba cuantas vueltas le diera al asunto, no entendía nada de lo que sucedía en ese maldito planeta. Las cosas solían ser mucho más sencillas hacía 5000 años, cuando de lo máximo que se tenía que preocupar era de seguir las órdenes de su querido Diamante y procurar que no la rompieran en el campo de batalla. Cualquier cosa era más sencillo que… aquello…
La Rubí volvió pronto al granero, caminando apresuradamente y con expresión alarmada. Al fondo del prado, las Rubíes que acababan de llegar parecían aguardar pacientemente su regreso.
-¡Quieren buscar en el granero!-exclamó, dirigiéndose al resto de Gemas allí reunidas. "Y eso es lo que sacan por confiar en una Rubí…" pensó Obsidiana, no demasiado sorprendida por el resultado del plan.
-Lo hemos oído-dijo Steven, quien parecía un tanto decepcionado. Tal vez realmente hubiera creído que iba a funcionar.
-Lo hemos visto-comentó Perla, quien como Obsidiana tampoco parecía muy sorprendida.
-Estoy asustada-dijo con un gemido Peridoto, situada detrás del grupo mientras vigilaba con ojos bien abiertos por si las otras Rubíes decidían ir a buscarla también.
-¡Embosquémoslas!-propuso violentamente Amatista, enarbolando un bate de béisbol que nadie le había visto recoger. Secundando su idea, Obsidiana saltó del techo al suelo e invocó sus trabucos. Todos, menos Amatista (ella sonrió al verla tan dispuesta), miraron alarmados la aparición de la silenciosa asesina.
-No. Nadie tiene por qué salir herido. Debemos ser razonables-dijo tranquilamente Zafiro, reclamando nuevamente la atención de todo el mundo. Casi al unísono, Obsidiana y Amatista bajaron la cabeza con total desánimo, obviamente descontentas ante la idea de que no fuera a haber nada de violencia en el plan. Amatista dejó el bate apoyado sobre su hombro, y Obsidiana dejó caer sus trabucos al suelo.
-¿¡Qué hago!?-preguntó visiblemente nerviosa Rubí, mordiéndose los dedos (a falta de uñas) de pura inquietud. Pronto, Zafiro salió a su encuentro y la tomó de la mano, consiguiendo que la turbada guerrera se calmara un poco.
-Tranquila. Solo ve allí, y diles que este es un lugar donde viven los humanos.- Las sensatas palabras de Zafiro tenían sentido, pero parecía que la idea no acababa de convencer a Rubí, quien soltó un abatido suspiro.
-…no quiero ir sola-comentó, para nada contenta con la situación. Por suerte para ella, Steven pronto saltó con una exclamación.
-¡Yo iré contigo!-dijo, alzando ambos puños con semblante decidido-. Seré tu refuerzo.
-Y aquí tienes algo de refuerzo para tu refuerzo-dijo Amatista, tendiéndole el bate a Steven.
Una vez pertrechado, Steven acompaño a Rubí a la salida, dispuesto a acompañar a su amiga en tan crucial misión para librarse del resto de Rubíes. Por razones de… bueno, alguna habría… (Obsidiana realmente no había estado prestando tanta atención) la Rubí había tomado a Steven y lo había alzado como si de un paquete se tratara por encima de su cabeza, trotando hacia la nave accidentada.
Mientras Perla y las demás observaban desde el granero como sus dos amigos trataban de engañar a las Rubíes, Obsidiana se fijó en que la Lapislázuli había permanecido alejada del grupo, apoyada con aire pensativo en un pilar a un lado del granero. No le apetecía demasiado quedarse con las Gemas de Cristal, de manera que Obsidiana optó por ir con ella. El sonido de sus pasos alertó a Lapis, que al ver acercarse a Obsidiana se tensó y le puso mala cara. Sus ojos la miraban con furia interna poco o nada reprimida, acusándola con la mirada de cuantas faltas y transgresiones había sufrido estando bajo su custodia. Parecía, pensó divertida Obsidiana y sin sentirse en lo más mínimo amenazada, que de un momento a otro se fuera a poner a gruñirle o a mostrarle los dientes.
-… ¿qué quieres?-preguntó de malas Lapis. Con una media sonrisa en el rostro, Obsidiana decidió meterse un poco con ella. Cruzándose de brazos, realizó el saludo formal del Planeta Natal a la Lazuli, dibujando con sus manos y postura un diamante sobre su pecho.
-Su claridad…-la saludó con educación, si bien por su tono sardónico Lapis supuso que realmente no la respetaba tanto. Adoptando una postura más relajada, Obsidiana dejó de sonreír-. He oído que estuviste fusionada con Jaspe.
Al oír aquello, Lapis se tensó todavía más si cabía, agarrándose los brazos con aire protector mientras recrudecía su mirada sobre Obsidiana en un intento de intimidarla y conseguir que se callara. Al ver que no le estaba funcionando, acabó por desviar la mirada a otro lado.
-¿Y a ti que más te da?-preguntó con todo el desprecio del que era capaz de emitir la pequeña Gema.
-Ya te lo dije: curiosidad-dijo simplemente Obsidiana-. Es la segunda vez que oigo que una Gema de la corte de Diamante Azul, aunque esta vez fuera una Lapislázuli nada menos, se fusiona con otra Gema diferente. Quería saber cómo fue la experiencia.
Obsidiana hablaba casualmente, casi como si realmente no le interesara, a pesar de haberse posicionado en el lado libre del pilar junto a Lapis sin intención de apartarse pronto de allí. Por su parte, Lapis miraba con expresión furiosa a Obsidiana, odiándola por su participación en su captura y traslado a la Tierra de hacía unos meses, y por haber vuelto a traer aquel tema que tanto la horrorizaba recordar a coalición. ¿Que cómo había sido? Había sido un infierno en vida, una tortura inimaginable que la había llevado al límite de sus fuerzas y resistencia, y luego aún más allá. A pesar de haber vuelto a ser una sola Gema, libre de las cadenas que ella misma se impuso para atrapar a Jaspe, sentía que no era la misma que una vez fue. Algo en ella había cambiado, algo muy personal y tan profundamente arraigado en su ser que no sabía explicar el qué era realmente, como si fuera tan básico que ni las palabras pudieran describirlo. Steven había hecho el intento de animarla, y por poco sintió que las cosas tenían pinta de mejorar, con un nuevo mundo en el que instalarse lejos de la influencia de un Planeta Natal que ya no parecía su hogar. Pero la aparición de Peridoto lo había trastocado todo, haciéndole recordar todo lo que había empezado a odiar de su vida, como el sentimiento de estar prisionera o atrapada en un lugar desconocido, el tener que soportar los recuerdos que la visión de Peridoto le hacía recordar, entre otras cosas. Finalmente, había decidido hacer caso a Steven y darle una oportunidad a Peridoto, eligiendo salvarla de la nave nodriza cuando apareció en el cielo. Por alguna razón, al ver la sonrisa de felicidad de Peridoto se sintió extrañamente avergonzada, e incluso tal vez un poco contenta por dentro, pero eso era algo que nadie tenía por qué saber.
Y ahora, después de tanto esfuerzo por volver a obtener algo de estabilidad en su alocada y destrozada vida… aparecía esa condenada asesina, y tenía el descaro de preguntarle que qué tal había sido ser prisionera de una fusión forzada con, tal vez, la única Gema a la que había odiado de verdad.
-… ¿tú que crees?-dijo simplemente Lapis, conteniendo toda su ira a duras penas como si se tratara de una presa a punto de desbordarse. Obsidiana, por su parte, se limitó a encogerse de hombros.
-Bueno… Considerando cómo es Jaspe, imagino que no fue bonito o agradable-comentó casualmente Obsidiana-. Pero no eso lo que quiero saber.
-¿Y qué es…?
-¿Cómo es… eso de estar fusionada?-preguntó Obsidiana, algo más seria. La pregunta sorprendió a Lapis, quien no se esperaba semejante puntualización por parte de Obsidiana. Por un momento, creyó ver como los ojos (o más bien el ojo, pues el otro quedaba tapado por su flequillo) de Obsidiana miraban momentáneamente de reojo a la Zafiro, quien junto al resto de sus amigas seguían vigilando los acontecimientos que sucedían fuera del granero.
-¿Y… por qué quieres saberlo?-preguntó Lapis con desconfianza, aparcando parcialmente y por un instante sus recelos y su enojo.
-… quiero…-empezó a decir Obsidiana, mirando al suelo con aire pensativo-… quiero comprender, eso es todo.
Las palabras de Obsidiana no consiguieron sino confundir todavía más a Lapis, quien no entendía a qué se refería esa despiadada asesina con…"comprender". Por dentro, la ira de Lapis había sido apaciguada por ese confuso planteamiento que le había introducido Obsidiana sin ella tal vez saberlo, ya que desde que se había separado de Jaspe apenas había dedicado un pensamiento a esos fríos y oscuros días. "¿Cómo es estar fusionada?" repitió en su mente Lapis, recordando cuanto había sentido mientras formó parte de Malaquita. Un escalofrío recorrió su cuerpo, provocando que pusiera una expresión de temor en su rostro por un momento. Se sentía como si volviera a estar bajo esa masiva tumba de agua, agobiada por la presión y sin poder descansar siquiera, batallando durante incontables horas por evitar que Jaspe tomara el control, manteniéndose firmemente aferrada a la prisión que ella misma había erigido para ambas, atrapadas en el fondo del mar sin que ninguna de las dos pudiera mover a la gigantesca Malaquita y salir de allí.
Pero lo que más la había asustado, aquello que todavía la perseguía, aquello en lo que no había parado de pensar un solo instante desde que salió del mar… No, no podía decirlo. Decirlo en voz alta…sería como reconocer que ella verdaderamente era como temía que era. Jaspe la había cambiado, como si una parte de su brutal carácter siguiera unido a ella. Y lo que era peor, Lapis desconocía si esa parte de ella misma realmente le venía de Jaspe… o siempre fue así de despreciable por dentro.
-… es… extraño-dijo finalmente Lapis, su voz apenas audible-. Cuando estás fusionada… dejas de ser tú misma, pero al mismo tiempo sigues siendo… tú, solo que mucho más y… también menos a la vez. No sé cómo explicarlo mejor…-Mientras Lapis trataba de responderle, Obsidiana permaneció en silencio, dejándola hablar-… ¿tú nunca te has fusionado?-le preguntó entonces Lapis a Obsidiana, mirándola por primera vez sin pizca de odio en su rostro. Era como si el fuego de sus entrañas se hubiera extinguido ante el simple recuerdo de su época como Malaquita.
La expresión de Obsidiana, pero, permaneció impasible a pesar de la pregunta. Pareció que no iba a responder durante unos instantes, pero pronto Obsidiana soltó un suspiro y respondió a la pregunta de Lapis.
-No, nunca.
-¿Ni siquiera con otras Obsidianas?-Por alguna razón, la pregunta pareció divertir a Obsidiana.
-Las Obsidianas nunca fuimos lo que se dice un grupo muy unido, todas yendo cada una a la nuestra. Nunca se nos pasó por la cabeza eso de fusionarnos-explicó Obsidiana con tono despreocupado. Sin embargo, Lapis pudo notar un cambio en los ojos de Obsidiana, como si en vez de al vacío granero su mirada estuviera posada en algo más lejano, no tanto por la distancia como por el propio tiempo. Parecía que Obsidiana estuviera contemplando sus propios recuerdos, permaneciendo lo más estoica posible ante una visión que, creyó entender Lapis, no era de tiempos más felices precisamente-. Además, dado que nacimos defectuosas, no se siquiera si hubiéramos podido fusionarnos entre nosotras o… bueno, con otras-comentó Obsidiana, volviendo a centrar su mirada en Lapis.
Ambas se miraron unos instantes sin decir nada, contemplándose la una a la otra como si algo les rondara la mente. En los rostros de cada una pudieron ver, de alguna manera, un algo que no sabían explicar, pero que les recordaba de alguna manera a sí mismas. Lapis, contemplando el semblante impasible de Obsidiana, vio la cara de alguien que ya ni sentía ni gozaba, alguien que parecía haber eliminado cualquier rastro de algo parecido a emociones de su ser. Era la viva expresión de un arma: letal, efectiva, e incapaz de sentir compasión o dudas de las órdenes de quien la blandiera. ¿Cómo podía una Gema llegar a ser así, si no era naciendo para cumplir un propósito que requiriera semejante disposición? Y de ser así… ¿quién querría fabricar una Gema así? Por otra parte, Obsidiana buscó en el rostro de Lapis la fuerza y el orgullo característicos de su corte, habiéndolo visto tantas veces en sus visitas al Planeta Natal, cuando era recibida por Diamante Azul. Las Lapislázulis siempre le habían parecido unas Gemas arrogantes y elitistas, el pináculo de la perfección en lo que a sirvientas se tratara, las favoritas de Diamante Azul. Sus habilidades eran de gran utilidad para el Planeta Natal, quien solía usarlas para terraformar las colonias con mares y océanos y así facilitar la creación de Guarderías o demás estructuras. Esas Gemas sabían de su poder, de su utilidad e importancia, y nunca pasaban la oportunidad de recordárselo a aquellas situadas por debajo de ellas. A pesar de todo su orgullo y su mal carácter, Obsidiana siempre había procurado cuidarse de hacer enfadar a una Lapislázuli, ya que ese tipo de Gemas se contaban entre las pocas que podían resistírsele si se lo proponían y las circunstancias jugaban a favor de ellas. Una Gema guerrera con una espada era una cosa, y una Gema de élite con el poder de mover los océanos a su antojo otra muy distinta. Pero, a pesar de todo, Obsidiana no encontró rastro alguno de esa arrogancia o altivez en Lapis. Parecía… demacrada, abatida… Parecía que hubiera recibido una herida mucho más profunda que un golpe en su gema, como si algo dentro de ella estuviera roto de verdad. Se la veía furiosa contra algo, una furia que distaba mucho del enfado que el cautiverio al que la sometió Obsidiana como lo haría una hoguera de una estrella recién nacida. ¿Pero qué le había pasado a esa Gema?
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas de repente cuando, en la entrada del granero, las Gemas de Cristal gritaron todas a una:
-¿¡Béisbol!?- La atención de Obsidiana y Lapis volvió a centrarse en el problema que las atenía, dedicándose una última mirada que ambas interpretaron como "esta conversación nunca ha sucedido". Sin decirse nada más, Obsidiana volvió con el resto del grupo mientras Lapis permanecía en su sitio, ocupada con sus propios pensamientos.
-… ¿qué es "béisbol"?-preguntó Obsidiana, siendo la primera vez que oía esa palabra.
En vez de una respuesta, todo lo que recibió fue la visión del chico Steven mirándolas a todas con expresión de culpabilidad y falsa alegría, y la Rubí dándose en la cara con la mano con expresión de profunda exasperación.
-Bueno… Vi que esto podía ser una posibilidad, aunque admito que me sorprende el que este sea el camino que vamos a seguir-comentó Zafiro, quien a pesar de sus palabras no parecía realmente sorprendida.
Cualquier otro posible comentario por parte del resto de Gemas de Cristal quedó acallado ante el sonido de un estridente silbato, accionado por Steven, quien de repente parecía mucho más animado y confiado que antes.
-¡Muy bien! Mi conocimiento humano del béisbol nos llevará a la victoria. Solo salgamos, y pretendamos ser humanos-dijo Steven como si tal cosa, provocando que Obsidiana abriera los ojos de la impresión. ¿Ellas…hacer de humanos? ¿Pero qué disparate era ese? Y otra cosa…
-¿Qué es "béisbol"?-volvió a preguntar en alto Obsidiana, algo molesta por haber sido ignorada antes.
-Menos tú, Peridoto-dijo Steven, centrándose en la verdosa Gema-. Tú te quedas aquí en el granero, y te escondes.
-¿De acuerdo?-dijo Peridoto, quien no parecía confiar demasiado en el plan.
-Ey…-dijo Obsidiana, tratando de reclamar la atención de Steven, quien parecía demasiado metido en la idea del béisbol como para escuchar a nadie en esos momentos.
-¿Todos se apuntan?-preguntó, pasando la mirada por encima de todas las Gemas presentes. Sabía que podía contar con ellas, pero… ¿y las demás?-… ¿Lapis?-preguntó, mirando exclusivamente a aquella que había permanecido callada en su esquina en todo momento.
Con expresión de total desinterés, Lapis dedicó un momento a mirar a Steven y valorar sus opciones. No acababa de entender qué se proponía Steven, y en cualquier otra circunstancia habría respondido con un "no" rotundo, pero realmente le costaba decirle que no a lo que le pidiera si le miraba con esa carita de ilusión y esperanza. ¿Quién sabe…? Tal vez estuviera bien y todo… aunque francamente lo dudaba. De todas formas, y sonriendo e incluso riendo un poco por lo bajini, Lapis desvió la mirada como si pretendiera seguir pareciendo desinteresada.
-Hm… Este plan apesta-dijo, si bien dio a entender a Steven que ella también se apuntaba.
Justo cuando Steven iba a preguntarle a Obsidiana, sintió que alguien le cogía por el cuello de la camiseta y lo alzaba en el aire, sorprendiendo al resto de Gemas presentes. Quien le había cogido era Obsidiana, la cual lo había alzado por la nuca con una mano hasta situarlo a su altura, desde donde se lo quedó mirando con expresión molesta.
-Ah, Obsidiana… ¿Te apuntas a un partido de béisbol?-preguntó Steven alegremente, como sí que le cogieran y lo levantaran en el aire fuera su pan de cada día. Obsidiana se limitó a recrudecer su mirada sobre el joven Universe.
-…si digo que sí… ¿me dirás de una vez qué es eso del "béisbol"?- Al oír que tal vez Obsidiana fuera a decir que sí, Perla hizo el gesto de interceder para decir lo que pensaba, pero Steven se la adelantó.
-¡Claro, por supuesto!
-Entonces vale-dijo Obsidiana, dejándolo en el suelo una vez más, y volviendo a su expresión impasible de siempre. Perla tuvo que resistir todas las ganas que tenía de darse con la mano en la cara, dejándolo tan solo en un suspiro de exasperación en el que nadie recayó.
-¡Genial! Pues decidido. Rubí, ve con las otras Rubíes y diles que en seguida iremos-dijo Steven a Rubí, quien si bien no lo tenía del todo claro todavía se limitó a asentir e ir junto a las recién llegadas-. Muy bien, escuchadme todo el mundo. Si vamos a fingir ser humanos, tenemos que parecer seres humanos. Eso significa llevar puesta ropa, ocultar nuestras gemas, y cambiarnos el nombre-siguió diciendo Steven al resto de Gemas-. Vamos a ver… Deberíais cambiar de ropa para que parezcáis más humanas, así que transformaos o buscad algo de ropa por aquí, a ver qué encontráis. Recordad que no podéis actuar como Gemas, por lo que nada de poderes ahí fuera. Bien… ¿todas lo tenéis claro?- Perla y Amatista asintieron decididas, mientras que Obsidiana y Lapis se limitaron a permanecer en su sitio sin decir ni hacer nada-. Entonces, todo el mundo a prepararse. Saldremos cuando estemos todos cambiados.
Pronto, todo el mundo empezó a repartirse y a rebuscar por el granero, unas mirando a ver cómo transformaban sus cuerpos para parecer más humanas, o por si encontraban algo útil con lo que ocultar sus gemas. Justo cuando Steven iba a unírseles en su búsqueda de disfraces, se dio cuenta de que Obsidiana no se había movido del sitio, mirándolo con expresión neutra. Cuando arqueó una ceja, entendió lo que Obsidiana pretendía decirle con esa mirada.
-Ah, cierto…-dijo Steven, recordando entonces lo que había acordado con Obsidiana no hacía mucho-. El béisbol es un deporte humano que se juega en la Tierra. Las reglas son…hmmm…-dijo entonces Steven, meditando sobre algo-. Mira, como luego tengo que explicarles las reglas a las Rubíes, ¿te parece esperar hasta entonces y así no tengo que explicarlas dos veces?
Encogiéndose de hombros, Obsidiana dio a entender que a ella le daba igual, por lo que Steven le sonrió antes de pasar por su lado y unirse a la búsqueda de ropa. Viendo como marchaba junto a Amatista, quien estaba enterrada hasta la cintura en una caja llena de ropa, Obsidiana se quedó pensativa unos instantes. Después, avanzó por el granero hasta donde se encontraba Perla, quien en esos momentos ojeaba una anticuada revista de béisbol con gran interés.
Habiendo escogido el atuendo adecuado para ese evento, Perla se concentró unos instantes y cambió su aspecto físico para que se pareciera a las ropas que los jugadores de antaño habían usado en los partidos, con unos pantalones anchos hacia la altura de la rodilla, altos calcetines azules con botas reglamentarias, y una camiseta de botones a juego con su indumentaria. Después, empezó a rebuscar en una caja cercana para ver si encontraba una gorra o algo parecido con lo que esconder la perla de su frente, cuando de repente sintió la presencia de alguien detrás de ella.
Al girarse, se topó de frente con Obsidiana, quien al igual que ella seguía plagada de marcas y heridas por todo el cuerpo. Al haber cambiado de aspecto, la ropa de Perla parecía haberse recuperado, si bien en su rostro y brazos aún se podían varios rasguños que deberían ser atendidos más adelante. La presencia de Obsidiana alertó a Perla, quien no pudo sino tensarse como si fueran a retomar su pelea en ese instante y lugar. Aun así, se esforzó por no parecer nerviosa y dejó que Obsidiana dijera lo que parecía tener que decirle.
-Perla-dijo entonces, mirándola fijamente a los ojos. Controlando todos sus impulsos, los cuales le gritaban que sacara su lanza de su gema y se defendiera, Perla permaneció firme en su sitio-, tengo una pregunta.
-S… ¿sí? ¿De qué se trata?-preguntó Perla, tratando de imaginarse qué cuestión podía haber llevado a Obsidiana a dirigirle la palabra por primera vez desde que acabó su combate.
-… ¿qué es un "deporte"?-preguntó entonces, cambiando su mirada fija por una de confusión. Perla, sin cambiar de expresión, se quedó momentáneamente en blanco mientras trataba de entender lo que acababa de pasar. Eso…no se lo había esperado.
...
Finalmente, todo el mundo estuvo listo para el gran encuentro. Completamente disfrazadas como si de humanas se trataran (y en el caso de Obsidiana, informada por fin sobre qué eran los deportes), las 5 Gemas habían formado junto a Steven frente a las 6 Rubíes, entre las que se contaba la Rubí de su grupo, la cual hacía cuanto podía por mezclarse con el grupo. Las miradas de desafío se intercambiaron entre los miembros de ambos equipos, algunos sonriendo confiados mientras otros parecían mostrarse con semblante serio ante lo que iba a acontecer en ese prado. Una o dos, como Lapis o la Rubí con la gema en el abdomen, presentaban sus propias expresiones como la indiferencia en el caso de la Gema azul, y la alegría en el caso de la roja. Obsidiana, por su parte, permanecía estoica en su sitio con los brazos cruzados, mirando fijamente a los ojos a la Rubí que solo tenía uno de ellos, el otro sustituido por su gema. Tanto ella como Perla habían recibido un poco de baba sanadora de Steven para que se libraran de las heridas de la pelea, si bien les costó un poco convencer a Obsidiana para que se dejara besar por Steven. Los 6 miembros de ambos equipos parecían preparados para empezar ya con el partido, simplemente faltando que Steven explicara cómo se jugaba al béisbol.
-Somos… ¡Los Humanos!-exclamó Steven, iniciando las presentaciones. En lugar de su habitual camiseta rosada, llevaba una camisa a rayas muy del estilo de la que llevaba Perla-. ¡Steven!
-Earl-dijo con voz grave Perla, mostrando orgullosa su elegante (aunque algo desfasado) uniforme deportivo, cuyo pálido color conjuntaba con su piel blanca. En su cabeza, una gorra marrón ayudaba a ocultar la gema de su frente.
-Amy-dijo desafiante Amatista, que cruzada de brazos parecía intentar amenazar con la mirada a sus contrincantes. Llevaba una camiseta azul que ocultaba gran parte de su cuerpo, con un grueso pañuelo alrededor del cuello que ocultaba su gema al completo. Unos cortos pantalones negros y unas deportivas formaban el resto de su indumentaria.
-Bob-dijo simplemente Lapis, quien a juzgar por su expresión más parecía querer echarse una siesta que no estar allí en esos instantes. La ropa que llevaba le iba ridículamente pequeña, como si se la hubiera cogido prestada a Steven. Llevaba unos vaqueros cortos como los del joven Universe, además de una camiseta blanca con las mangas azules que, si bien le dejaba la barriga al aire de lo corta que le iba, al menos llegaba a ocultar la gema de su espalda. En sus pies, normalmente descubiertos, llevaba unos calcetines largos y unas zapatillas azules; y sobre su cabeza parecía hacer equilibrios una diminuta gorra que, por alguna razón, se sostenía sobre su peinado como por arte de magia.
-…Diana-dijo Obsidiana como la había instruido Steven, tratando de ocultar con la gorra azul marino de su cabeza el rubor de sus mejillas. No sabía qué le daba más vergüenza: ese estúpido y ridículo plan, o que ella hubiera sido tan tonta de acceder a él. Cubriendo sus piernas había unos pantalones de chándal grises, y en sus pies se encontraban unas deportivas un par de números demasiado grandes con los cordones medio atados. Alrededor de su cintura, Obsidiana se había atado una sudadera que le cubría la retaguardia y le disimulaba el pareo. En la parte de arriba, vestía una camiseta de deportes azul oscuro muy grande y ancha que la cubría hasta la cintura, ocultando su gema, si bien por debajo de las mangas cortas aún se podían ver las mangas oscuras que siempre cubrían los brazos de Obsidiana. Su largo pelo estaba recogido en una coleta, similar a la que solía llevar durante los tiempos de la rebelión, y el flequillo que siempre le tapaba la cara permanecía atrapado bajo la gorra de su cabeza, dejando su rostro al descubierto por completo. Esto interesó bastante a Steven al principio, ya que comentó que era la primera vez que le veía ambos ojos a Obsidiana, pero esta rápidamente apartó la mirada mientras comentaba lo estúpido de la observación de Steven.
-Y Sophie-dijo finalmente Zafiro, algo tímida, quien había cambiado su elegante vestido por uno más sencillo que dejaba al descubierto sus brazos y sus piernas, cubiertas por unos calcetines blancos y unas sencillas zapatillas en sus pies. A diferencia del resto de sus compañeras, no había ocultado su gema con nada, optando por cerrar el puño o esconder las manos tras la espalda.
Una vez terminaron de presentarse, llegó el turno de las Rubíes.
-Entendido. Pues nosotras somos Las Rubíes, y somos… ¡Rubí!-exclamó la líder del pequeño escuadrón, cuyo rasgo más característico era el visor amarillo que cubría sus ojos. Su atuendo era bastante simple, consistiendo solo en unos pantalones cortos y unos tirantes negros que dejaban a la vista la gema sobre su pecho.
-¡Rubí!-dijo a continuación la Rubí que formaba parte de Granate. Obsidiana seguía sin entender cómo era que el resto del escuadrón no la había pillado antes, considerando que por su expresión nerviosa cualquier otro lo hubiera adivinado al instante (sin contar que ahora eran una Rubí de más, pero parecía que aún no se habían percatado de ese pequeño detalle).
-Rubí-dijo la tercera, completamente confiada y sin la agresividad de sus predecesoras. Su traje presentaba un curioso corte triangular que dejaba al descubierto la ubicación de su gema, situada en su barriga.
-¡Rubí!-dijo corta y secamente la cuarta, su rostro duro y completamente decidido como si más que su nombre estuviera repitiendo las órdenes de sus superiores. Su piel era de un rojo mucho más intenso que el de sus compañeras, dándole tal aspecto de soldado fiera y taciturna que habría sido la delicia de cualquier Cuarzo comandante. Su gema, como no podía ser de otra manera, estaba en su brazo, como si de otro músculo se tratara.
-¡Rubí!-dijo (más bien gruñó) la quinta, mirando con su único ojo fijamente a Obsidiana. De todo el escuadrón, era la que más escamaba a Obsidiana, como si hubiera algo tras esa pequeña Gema que era distinto al del resto. Parecía…como si fuera más vieja que las demás, aunque eso Obsidiana no podía saberlo. Su atuendo era idéntico al de la Rubí con la gema en el brazo, un traje sin mangas y con el inconfundible diamante amarillo en el centro.
-Y Rubí-dijo la última, tan inocentemente que a Obsidiana no le cupo la menor duda: esa era nueva. Parecía mirar con aire soñador todo cuanto la rodeaba, como si todo aquello no fuera más que una excursión emocionante con sus amigas, en vez de una misión del Planeta Natal. Su uniforme parecía inmaculado, y su pequeña gema era completamente visible en su pierna izquierda.
A continuación, Steven se puso a explicar las reglas del juego mientras acababa de colocar las "bases" por el campo. Mientras escuchaba las palabras de Steven, Obsidiana no pudo evitar criticar mentalmente la frivolidad de todo ese asunto. Según le había dicho Perla, los humanos habían creado una serie de competiciones de habilidad y fuerza en las que se enfrentaban los unos a los otros con el simple objetivo de "pasárselo bien" y "mejorar físicamente su rendimiento". Para ella, no eran más que inútiles pérdidas de tiempo. "Deportes"… Eso no era más que simple entrenamiento… ¡y aún se entrenaban para ello! ¡Se entrenaban…para entrenar! ¿Cómo de estúpida podía llegar a ser una raza para crear un régimen de entrenamiento tan variado, y que su principal función fuera malgastar el tiempo? Pasarlo bien… ¿Qué tenía de divertido el entrenamiento? El entrenamiento no era más que un requisito para hacerse más fuerte y luchar mejor en el campo de batalla. No había lugar para la diversión en un entrenamiento de verdad, ni podía haber otro objetivo que no fuera la propia supervivencia y la victoria del bando de cada una. Y a pesar de todo, esos humanos habían creado los deportes… Normal que fueran tan débiles.
Obsidiana contuvo un suspiro de hastío mientras veía como Steven terminaba su explicación. Al parecer, lo único que tenía que hacer era darle a una esfera con un palo y correr alrededor de ese cuadrado sin que las Rubíes la tocaran con la bola estando fuera de una de las esquinas. Luego, se cambiarían y ellas defenderían mientras las Rubíes corrían. Si lo hacían más veces que las Rubíes, entonces ganarían. Golpear cosas, y correr. Fácil. ¿Cuánto trabajo podía costarles? Tenían a una Zafiro que veía el futuro, a una Perla que sabía pelear, a una Amatista que… que… bueno, que era una Cuarzo, y a un humano de su lado. ¿Qué podían hacer las Rubíes, que lo único que sabían hacer era darles…golpes a las cosas…y correr…?
Vaya… Pensándolo mejor, tal vez sí que fuera a ser un reto.
La primera "bateadora" (como la había llamado Steven) se colocó en posición mientras el equipo contrario salía a defender. Habían decidido por suertes quien empezaría, y habían salido vencedoras las Rubíes. Por lo tanto, la primera Rubí agarró el bate y se colocó en posición en la primera base, mientras Steven se subía a la aún enterrada nave nodriza para lanzar. Mientras se colocaba una gorra azul que vete tú a saber de dónde había salido, la Rubí guiñó un ojo con aire de complicidad a Steven, dado que se trataba de la Rubí que estaba de su lado. Así pues, a Steven solo le bastó lanzar la pelota un par de veces para que Rubí fuera eliminada, y así obtener algo de ventaja inicial sobre el equipo contrario.
-¡Oh, vaya…!-dijo la Rubí, con falsa irritación-. Supongo que estoy eliminada…-comentó, mirando de reojo cómo la saludaba Zafiro. Desde su posición en el lateral del campo, Obsidiana no pudo reprimir un suspiro de irritación, ya que semejante muestra de afecto acabaría por echar por suelo todos sus planes. Una Gema que saluda con la mano en la que lleva la gema mientras se intenta hacer pasar por humana… Realmente, esa Zafiro había pasado demasiado tiempo en la Tierra.
Por detrás de Rubí, hizo su aparición otra de las Rubíes, que golpeó a la primera con fuerza en el brazo.
-¡Bateas muy flojo!-le gritó, demostrando que por suerte el gesto de Zafiro había pasado desapercibido-. ¡Tienes que hacerlo así!-exclamó, cogiendo el bate y mirando fijamente a Steven.
Al ver a quien se enfrentaba, Steven lanzó la pelota con más fuerza y precisión, pero de nada sirvió. Haciendo gala de unos veloces reflejos, la Rubí golpeó con mucha fuerza la pelota, mandándola a bolar como si de una bala se tratara. Mientras trotaba decididamente por el campo, Steven y los demás solo podían ver como la pelota les pasaba por encima sin poder hacer nada. A Lapis, la defensora más alejada, le costó un poco seguir la pelota ya que la luz del sol le dio en los ojos, aunque tampoco importaba demasiado porque simplemente la pelota salió despedida del campo. Aun así, hizo el intento al menos y levantó su guante.
-Genial… Bravo, Lazuli-comentó sarcástica Obsidiana, viendo molesta el vago intento que había hecho Lapis. Esta, más espabilada, miró de reojo a la oscura asesina con expresión molesta.
-¿Qué quieres decir con eso?
-Se te ha escapado.
-Estaba muy alta. No llegaba.
-¿Esa es tu excusa? Ni siquiera parece que te esfuerces.
-Eh, si crees que puedes alcanzar una de esas sin usar tus poderes…-comentó Lapis, quitándose el guante y tirándoselo al pecho a Obsidiana-…, por mí puedes intentarlo. A ver cómo te las apañas.
-Hmpf… Mira y aprende-dijo Obsidiana, colocándose el guante. Después, ambos cambiaron de posición en el campo de juego.
La tercera bateadora resultó ser la Rubí con la gema en la barriga, cuya pelota fue atrapada sin demasiada dificultad por Perla. A continuación, salió al campo de juego la Rubí con el visor amarillo, que se posicionó con el bate ya preparado y mirada fija en la bola. Steven tuvo el presentimiento de que aquel tiro iba a ser otro Home Run, lo cual posicionaría a las Rubíes en cabeza con dos a cero, por lo que tendría que esforzarse el doble si cabía para que su oponente no consiguiera batear. Así pues, haciendo uso de todas sus fuerzas, agarró firmemente la pelota y la lanzó a toda velocidad contra el guante expectante de Amatista. Del mismo modo que antes, la Rubí consiguió golpear la pelota con un fuerte estallido que la mandó a volar por los cielos una vez más. Steven solo pudo ver desanimado como la pelota volaba, y volaba, hasta que…
¡BLAM! Un fuerte disparo resonó por todo el campo de juego, y ante los ojos de todos cuantos estaban jugando allí, la pelota explotó en mil pedazos. El juego se paró en seco mientras las Gemas allí presentes contemplaban lo que había sucedido, con la Rubí que había bateado detenida a medio camino de la primera base. Recuperándose antes que las demás, Steven bajó la mirada para tratar de localizar el origen de aquel disparo.
Muy para su consternación, quien había disparado no había sido otra que Obsidiana, quien en esos momentos se encontraba desechando su humeante trabuco a un lado con expresión de suficiencia. Su mirada altiva y su sonrisa condescendiente parecían estar fijas en Lapis, quien con expresión molesta vio como Obsidiana simplemente movía el guante de un lado a otro mientras atrapaba los pedazos de pelota que iban cayendo del cielo.
-…ehm, creo que estás eliminada-le comentó Amatista a la Rubí que había bateado, una vez Obsidiana acabó de "atrapar" la bola.
-¡Porras!-comentó la Rubí del visor, dándose una palmada en la pierna-. ¡No vale! La pelota era muy frágil.
-No haberle dado tan fuerte…-se limitó a decir Amatista, encogiéndose de hombros. Parecía que iba a decir algo más, pero al final la Rubí se limitó a resoplar y a volver con sus compañeras.
Mientras Perla y las demás celebraban la eliminación de otra contrincante, Steven aprovechó para ir a hablar con Obsidiana. Esta y Lapis parecían estar discutiendo sobre algo, pero hablaban lo bastante bajo como para que Steven no alcanzara a comprender nada de lo que decían. Sin embargo, a juzgar por las caras de ambas, lo más seguro era que estuvieran discutiendo sobre lo que acababa de pasar.
-…no vale-oyó decir a Lapis.
-Eso dices, pero he conseguido atrapar la pelota. .Poderes-recalcó Obsidiana con tono burlesco, muy para irritación de Lapis.
-Las armas son poderes. Vienen de tu gema.
-Nooo… Las armas son armas, y los poderes son poderes. No es lo mismo.
-Sí que lo es.
-Que no.
-Que sí.
-Que no.
-Que sí.
-¡Que no!
-¡Que sí!
-¡Basta, no os peleéis!-exclamó Steven, haciendo notar su presencia antes de que el conflicto escalara y llegaran a las manos.
-Steven, llegas a tiempo. Dile a la Lazuli esta que un arma no es un poder-dijo Obsidiana, cruzándose de brazos y mirando a los ojos a Lapis. Esta, indignada, apuntó con un dedo a Obsidiana y clavó sus ojos en Steven.
-¡Son poderes! Está más que claro, pero Obsidiana se niega a admitirlo. ¡Dile algo para que…!
-Chicas, chicas… Por favor-dijo Steven con su tono más conciliador, tratando de calmar a ambas antes de que las Rubíes se enteraran de lo que pasaba-. Mirad, no sé si las armas cuentan como poderes o no, pero lo que sí sé es que los humanos no pueden sacar armas de la nada, por lo que intentad no hacerlo otra vez.
-¡Pero si yo no…!-empezó a decir Lapis, pero fue cortada por Steven.
-Sí, ya sé que tú no lo has hecho. Es solo que…-Steven se llevó la mano a la cara, suspirando abatido como si su energía estuviera empezando a menguar-. De acuerdo. Obsidiana, por favor, no vuelvas a sacar el trabuco en el partido.
Obsidiana se quedó en silencio un momento, mirando de reojo a Steven con la ceja arqueada. Finalmente, hizo rodar sus ojos y murmuró algo parecido a "haberlo dicho antes…". Habiendo aclarado por fin las cosas, Steven corrió a buscar otra pelota.
El partido siguió adelante a pesar del pequeño incidente con la pelota hecha pedazos, eliminando a una tercera bateadora de las Rubíes y cambiando el turno para las Gemas de Cristal y compañía. La primera en batear, Amatista, consiguió un Home Run con gran facilidad, bateando la pelota fuera del campo… y poniéndose a rodar por las cuatro bases incluso antes de que ninguna de sus oponentes pudiera ir a por la pelota, muy para consternación de Steven (y alegría de Perla, quien parecía que no se había percatado de lo peligroso que había sido eso). Por suerte, parecía que las Rubíes no se habían dado cuenta de que algo raro estaba pasando, atribuyendo las habilidades de Amatista a alguna simple cualidad humana. Pero no fue hasta que llegó el turno de la segunda bateadora, Zafiro, que Obsidiana no empezó a sospechar que tal vez todas las Gemas de Cristal fueran estúpidas.
Dado que la Rubí infiltrada era la encargada de atrapar la pelota de la lanzadora, ella y Zafiro se pusieron a coquetear e intercambiar comentarios graciosos mientras la lanzadora tiraba la pelota sin que Zafiro alcanzara a darle ni una vez. Primero fue un tiro, luego dos, y al tercero fue cuando las dos Gemas se dieron cuenta de lo que había pasado. Con expresiones culpables y algo ruborizadas, miraron a sus compañeras como si pretendieran excusarse o pedir perdón, pero sin que ninguna palabra consiguiera salir de sus bocas. En el banquillo, Steven se dio en la cara con la mano, arrepintiéndose por dentro de haber tirado adelante esa mala idea. Perla y Amatista las miraban sin saber bien qué decirles, ya que hacerlo podría exponer a Rubí, y tampoco se atrevían a reñir a sus compañeras abiertamente. Obsidiana se limitó a hacer rodar sus ojos y mirar para otro lado despectivamente, mientras Lapis simplemente permaneció impasible y alzó un pulgar.
"…sí, definitivamente las Gemas de Cristal son estúpidas", pensó Obsidiana. Le costaba creerse que semejante par de idiotas, al fusionarse, pudieran crear a alguien como Granate, pero tampoco era algo que la sorprendiera tanto. Después de todo, Granate una vez creyó que podría convencerla para que se uniera a las Gemas de Cristal. Eso demostraba que en el fondo ella era la más idiota de todas.
De esta manera, ambos equipos siguieron con el partido. La ventaja inicial que las Gemas de Cristal creyeron tener al contar con Steven en su bando y a una Rubí infiltrada en el otro pronto resultó no ser tan efectiva como se esperaban cuando, poco a poco, esta última y la Zafiro dejaron de preocuparse por jugar y empezaron a preocuparse más por flirtear y pasar tiempo juntas. No importaba cuanto les llamara la atención Steven, parecía que ambas eran incapaces de pasar un solo instante sin hablarse o sin regalarse florecillas, muy para irritación de Obsidiana. Allí estaba ella, haciendo el idiota vestida como un humano, para que esas dos acabaran por desbaratar potencialmente todo el plan. Sin embargo, ya no había nada que pudieran hacer para remediarlo, por lo que lo único que les quedaba era superar esa brecha a base de anotar más puntos que las Rubíes.
Estas, a pesar de no haber jugado antes a béisbol, demostraron una gran habilidad para dicho deporte gracias a su superioridad física, ya que como soldados eran capaces de adaptarse rápidamente a situaciones extrañas y superar con sus robustos cuerpos a sus rivales, que menos en el caso de la Amatista defectuosa y la Rosa Cuarzo que no era Rosa Cuarzo, ninguno había sido hecho para el combate cuerpo a cuerpo. Perla y Lapis se desenvolvieron bastante bien, con Perla calculando hábilmente el ángulo de tiro y la fuerza de sus swings al batear y alcanzando las pelotas en la defensa al poder predecir con sus cálculos el punto aproximado al que iban a caer. Lapis, por su parte, demostró a Obsidiana que ella también podía hacerlo bien atrapando pelotas caídas, alcanzando más de una con deslizadas impropias de alguien cuyo mayor trabajo había sido levantar un océano. A la hora de batear, pero, parecía poco o nada interesada en el juego, optando por darle un golpecito y marchándose a las bases mientras las descoordinadas Rubíes corrían a placar la pelota. Obsidiana, que tenía las piernas más largas de todos los allí presentes, conseguía hacer Home Runs cuando le llegaba el turno de batear, pudiendo recorrer las bases tan rápido que las Rubíes no podían alcanzarla. Por descontado, dejó de usar armas y siguió sin usar sus poderes en la defensa, por lo que alguna pelota se le escapó, muy para diversión de Lapis. Esto no consiguió sino acrecentar la irritación de Obsidiana, que nada más deseaba que hacer que esa impertinente se tragara sus palabras (y tal vez uno o dos bates de esos después).
Ninguno de los dos bandos parecía conseguir nada de ventaja sobre el otro, ya que las puntuaciones de ambos se mantuvieron bastante igualadas durante los muchos turnos que duró el encuentro. La fuerza de ambos equipos hacía que en ocasiones Steven tuviera que volver al granero a por equipo de recambio, momentos en que aprovechaba para informar a Peridoto de sus progresos. Huelga decir que el joven niño humano hizo lo que pudo por asegurarla de que todo iba bien, a pesar de que por su tono nervioso estaba más que claro que el primero que no se lo creía era él mismo. No ya por la puntuación, sino por el peligro que resultaba que Zafiro y Rubí no se despegaran en todo el partido, provocando que más de una Rubí mirara desconfiada tan singular muestra de afecto entre una de ellas y una "humana". Aun así, haciendo de tripas corazón, Steven siguió adelante con el plan, mintiéndole descaradamente a Peridoto y asegurándole que todo iba a las mil maravillas en un intento de no asustarla. No funcionó, pero su verdosa amiga le agradeció el gesto por lo menos.
Así, lentamente, fueron llegando al noveno turno del partido. Aparte de los flirteos y coqueterías de Zafiro y Rubí, el partido había proseguido sin más percances ni problemas. En la primera ronda de la novena entrada, las Rubíes empezaron bateando y anotaron su primer punto cuando la primera bateadora lanzó su pelota en dirección a Obsidiana. El veloz proyectil salió bajo y disparado a la cabeza de Obsidiana, quien por instinto estuvo a punto de volverse intangible para esquivarlo. Sin embargo, el recordatorio de la regla de "nada de poderes" la hizo vacilar en el último instante, provocando que la pelota la golpeara de lleno en la cara y la distrajera de lanzársela a Perla. Roja de vergüenza (aunque en su caso más bien era "gris" de vergüenza), Obsidiana tuvo que aguantar las risas de Amatista y Lapis, esta última carcajeándose tan fuerte que acabó cayendo al suelo, golpeando con los puños el césped. A punto estuvo Obsidiana de aplastar la pelota de lo furiosa que se puso, pero al final alcanzó a tirarla a la tercera base y detener la carrera de la Rubí que había bateado. La segunda bateadora consiguió que su compañera terminara la carrera, pero no pudo llegar a segunda base antes de que una muy motivada Obsidiana atrapara la pelota y prácticamente la derribara al clavársela en el pecho, tirándola de espaldas del golpe. La Rubí derribada, que era la de la gema en el brazo, pareció que iba a protestar ante la aparente agresión de Obsidiana, pero al mirarla a la cara y ver su expresión asesina… bueno, decidió dejárselo pasar. Después de todo, tampoco la había hecho daño, así que… Vigilando de reojo a Obsidiana, la Rubí volvió con sus compañeras mientras veía como esta y la humana azul se miraban fijamente a los ojos, casi como si saltaran chispas entre ambas. La tercera bateadora no tuvo mucha más suerte, ya que Lapis atrapó su pelota casi sin dejar de mirar a Obsidiana. Se limitó a estirar el brazo, pilló la pelota en el aire, y siguió con su tarea de intentar fundir a Obsidiana con la mirada, la cual parecía estar intentando hacer explotar a Lapis con sus ojos. La tensión entre ambas era tal, que hizo falta que Steven las zarandeara un poco a ambas para que volvieran al banquillo con él.
A continuación, fue su turno de batear. Perla fue la primera en salir de sus compañeras, pero la pitcher contraria consiguió eliminarla con poderosos lanzamientos que dejaron impotente a Perla. No importaba cuan calculados fueran sus swings, si sus brazos no podían superar la fuerza de los lanzamientos de la Rubí con el visor. Así pues, se hizo a un lado y dejó paso a la segunda, quien resultó ser Amatista. Al verla tan confiada con el bate, Steven pensó que alcanzaría a batear sin problemas el tiro de la Rubí. Sin embargo, no contó con que su lanzamiento acabara yendo a la cara de Amatista, que por instinto abrió la boca y se zampó la pelota. Boquiabiertos, Steven corrió a excusar el comportamiento de Amatista como otra cosa que hacían los humanos. Si bien las Rubíes aceptaron su explicación, Steven no tuvo más remedio que declarar eliminada a Amatista (no tanto por la falta, como para evitar que pudiera seguir haciendo cosas sospechosas. La verdad era que se estaba empezando a quedar sin excusas…). Entonces, salió la tercera bateadora, la cual fue Lapis. Esta parecía poco motivada como de costumbre, y parecía que simplemente iba a dejar que su bate chocara contra la pelota como de costumbre, lo cual le valió un primer strike. Al borde de un ataque de nervios, Steven se mordía las uñas al creer que iban a perder el partido por ese único punto que las separaba de las Rubíes, lo cual pondría en peligro a Peridoto. Parecía que todo estaba perdido cuando, de la nada, Obsidiana echó a andar hacia Lapis desde el banquillo. Al llegar hasta ella, le susurró algo al oído que provocó la indignación de Lapis, la cual a juzgar por la mirada que le echó a Obsidiana parecía que le fuera a romper el bate en la cabeza. Sin embargo, ese momento de ira asesina consiguió que Lapis se motivara y golpeara la pelota con todas sus fuerzas cuando la Rubí se la tiró, alcanzando el límite del campo de juego y dándole tiempo suficiente como para correr a segunda base. Steven trató de preguntarle a Obsidiana que qué era lo que le había dicho, pero Obsidiana se limitó a sonreír y a decir "de nada", con expresión altiva y satisfecha.
-Bien, estamos abajo en la novena carrea-comentó Steven, examinando el campo de juego. Vio que Lapis seguía en la segunda base, mirando algo más tranquila como una de las Rubíes la saludaba sonriendo, lo cual debía de haberla calmado un poco-. Tenemos a Lapis en la segunda, pero un out más y el partido se acabó para nosotros. Tenemos que lograr un Home Run-declaró firmemente Steven, que fue secundado por Perla y las demás. Obsidiana, quien también había asentido, miró entonces a la que sería su cuarta y última bateadora.
-Sí, pero…-dijo, nada convencida de que pudieran conseguirlo. Allí, en el puesto de la bateadora, estaban Zafiro y Rubí riéndose por alguna cosa que se habían dicho durante el juego. Al ver en quién recaía sus esperanzas, Steven y las demás no pudieron sino pensar al unísono que, tal vez, la cosa no fuera a salirles tan bien como se esperaban.
-¡Alto! ¡Pido tiempo muerto!-gritó Steven, parando el juego y corriendo a donde estaban Zafiro y Rubí.
-… ¿qué ha dicho de que quiere a alguien muerto?-preguntó confundida Obsidiana, mirando a Perla y Amatista. Por suerte, Perla le explicó que era una manera de pedir que pararan un momento el partido-. Ah, vale…-Obsidiana suspiró al ver cómo Steven luchaba por convencer a Zafiro y Rubí de que se lo tomaran en serio, sin mucho éxito al parecer-. ¿Y no podría salir alguien más, quién sea? Tú, yo…, la Amatista… ¡Quien sea!
-No creas que no comparto tu inquietud-coincidió Perla-. Aun así, tengamos esperanzas en Zafiro. Ella nunca nos ha dejado tirados antes, y dudo mucho de que lo vaya a hacer ahora. Lo conseguirá, ya verás.
-Hmmm… Si tú lo dices…-dijo Obsidiana, no demasiado convencida, mientras miraba batear a Zafiro con los brazos cruzados.
Se reanudó el partido. Como se temía Obsidiana, el primer lanzamiento acabó en strike para Zafiro, quien a pesar de tomárselo en serio no consiguió golpear la pelota. La Rubí del visor, confiada, atrapó la pelota que le devolvieron. La tensión en el banquillo aumentó cuando el segundo tiro acabó de la misma manera, quedándole solo una última oportunidad para conseguir remontar el resultado.
-… ¿y cuándo dices que va a conseguirlo?-preguntó Obsidiana a Perla, la cual miraba con expresión nerviosa el desenlace del partido.
-T-tranquila… Zafiro lo conseguirá, ya lo veras…-dijo Perla, si bien no parecía tan confiada como cuando lo dijo antes.
No parecía segura de sus palabras, y Obsidiana se encontró mirando algo preocupada como la Rubí y la Zafiro hablaban de algo, lo bastante bajo como para que nadie más pudiera oírles. Todo aquel asunto del "béisbol" seguía pareciéndole a Obsidiana una pérdida de tiempo, pero… Después de haber llegado tan lejos, después de tanto luchar y de tanto esfuerzo, le daba rabia pensar que las Rubíes pudieran ganarles. Y otra cosa que sorprendió a Obsidiana al pensar en ello, fue que había pensado en las Gemas de Cristal y la Lazuli como si verdaderamente todas fueran del mismo bando. Por un instante, se había sentido como si realmente fuera una más de su grupo, otra compañera con quien habían colaborado para tratar de alcanzar la victoria en ese partido. Y Obsidiana no sabía cómo sentirse al respecto.
La Rubí con el visor agarró firmemente la pelota, incendiándola de tan intensa que era su resolución. Parecía que planeaba poner fin a ese partido con un tiro a máxima potencia, la pelota ardiendo y veloz como un meteorito a punto de estrellarse contra un planeta. Fue entonces, cuando la pelota voló y todo parecía perdido, que Obsidiana contempló algo que nunca antes en su vida había visto: a una Zafiro, una Gema conocida por su calma y tranquilidad, la perfección propia de la corte de Diamante Azul… lanzando un grito de guerra y golpeando con todas sus fuerzas la pelota en el aire.
La fuerza del proyectil le impedía acabar el swing, la tensión en el aire aumentando a medida que todo el mundo veía batallar a Zafiro con el bate en un intento de contrarrestar la fuerza de ese lanzamiento. Su rostro estaba apretado por el esfuerzo, los dientes juntos que apenas podían contener el gruñido que emitía la Zafiro. De sus manos manó un torrente de hielo que envolvió el bate en cuestión de segundos, alertando a Steven y a las demás al creer que todo estaba perdido. Sin embargo, ese breve uso de sus poderes permitió a Zafiro completar su swing, mandando la pelota más allá del alcance de los ojos, atravesando las nubes y perdiéndose en el horizonte.
Entre gritos y exclamaciones de alegría, el equipo de las Gemas de Cristal celebraba su reñida victoria mientras Lapis y Zafiro completaban sus respectivas carreras. Las Rubíes, derrotadas, miraban al suelo o tiraban sus guantes entre gritos de frustración, seguramente preguntándose cómo podían haber perdido frente a unos humanos, mucho más débiles que ellos. Viendo como Steven reía y abrazaba a Lapis, quien acababa de completar su vuelta, Obsidiana se encontró sonriendo genuinamente mientras sentía como algo dentro de ella se expandía, algo cálido que la hizo sentirse mejor de lo que se había sentido en mucho tiempo, y que hacía que no pudiera borrar esa sonrisa de su rostro. Se sentía capaz de cualquier cosa en esos momentos, como si pudiera seguir lanzando y bateando por toda la eternidad. ¿Qué le pasaba? Se sentía tan contenta… ¿Acaso era porque habían ganado? ¿Era eso lo que sentían los humanos con esos "deportes"?
Tal vez no fueran una completa pérdida de tiempo, al fin y al cabo.
De pronto, un manotazo en su hombro la puso en alerta, descubriendo rápidamente que había sido una risueña Amatista que reía sin parar.
-¡Buen trabajo, Obsi D!-dijo alegremente Amatista.
-Cierto. Lo has hecho bien-comentó Perla, más comedida y con una pequeña sonrisa en el rostro. Obsidiana no estaba acostumbrada a que la felicitaran sus compañeras de equipo, más que nada porque nunca antes había formado parte de uno. Descubrió que las palabras de esas Gemas traidoras, a quienes debía odiar y sentir puro desprecio nada más verlas, la alegraban de alguna manera y la hacían avergonzarse ligeramente al ser el blanco de sus alabanzas.
-Ah, sí… Vosotras también… lo habéis hecho bien…-dijo Obsidiana, descolocada, ya que si había algo a lo que estaba más desacostumbrada que a recibir halagos, era a darlos. Creyendo actuar normal, le dio un manotazo en el hombro a Perla como se lo había hecho antes Amatista, tan fuerte que casi tira al suelo a la sorprendida Perla. Ambas sorprendidas por la reacción de la otra, solo salieron de su estupor cuando Amatista empezó a carcajearse ante tan singular escena: una Obsidiana que tenía cara de confusión, y una Perla que no sabía si eso había sido un ataque o una peculiar muestra de afecto.
-¡Ven a mí!-oyeron de pronto gritar a Rubí, llamando la atención de todo el mundo. Para su sorpresa, Zafiro aún no había acabado de correr, puesto que aún se encontraba entre la tercera y cuarta base. En la línea de meta, la esperaba ansiosa su querida Rubí, quien pasando ya de disfraces y artimañas había extendido sus brazos para recibir a Zafiro. Con un salto, Zafiro y Rubí se reunieron entre risas mientras ambas daban vueltas por el suelo…
…hasta que ambas empezaron a brillar.
A Steven y a las demás se les borraron las sonrisas de la cara.
Y así fue como Granate, riéndose alegremente, hizo su aparición en el terreno de juego.
-¡Ahjaja…jajaja!...-dijo Granate, parando de reír tan pronto se dio cuenta de que había vuelto…y del lio en el que se acababan de meter-…ups.
-¡Son Gemas!-exclamó la líder de las Rubíes. Una a una, el resto de sus compañeras se fueron dando cuenta del engaño al que se habían visto sometidas, algunas actuando sorprendidas y otras enfureciéndose por lo ocurrido (menos la de la gema en la pierna. Esa no se acabó de enterar del todo). Sin perder un instante, las cinco Rubíes se combinaron en un único cuerpo de proporciones gigantescas, un auténtico monstruo rojo con la misma apariencia que sus diferentes integrantes. No parecía que la lanza de Perla o los látigos de Amatista fueran a bastar para vencer a esa cosa, pero todas las Gemas se encontraron uniéndose instintivamente contra su monumental enemigo, dispuestas a plantarle cara y a no dejarse vencer fácilmente. "Definitivamente… ¡esas dos son idiotas!" se encontró pensando Obsidiana, con sus manos a la espalda y listas para desenfundar sus armas.
Parecía que la batalla fuera a ser muy dura…, y así habría sido, de no haber salido Peridoto del granero dando voces y tropezándose con sus propios pies.
Al parecer, en vista de que Steven y los demás iban a enfrentarse a las cinco Rubíes para protegerla, había preferido salir y entregarse a permitir que sus nuevas amigas (y Obsidiana) pudieran resultar heridas. El gesto emocionó a Steven, quien comprobó pletórico de felicidad una vez más lo mucho que había cambiado Peridoto. Lejos quedaba ya la Gema que con frialdad los había insultado y tratado de destruir en reiteradas ocasiones, habiéndose convertido finalmente en una compañera fiel que se preocupaba por sus amigos. Lapis se encontró admirando complacida el gesto de Peridoto, sorprendida ella también por lo diferente que parecía respecto a la Gema que una vez la interrogó en el Planeta Natal. Allí se había mostrado fría y calculadora, únicamente interesada en obtener respuestas y poder llevar a cabo su misión sin preocuparse en lo más mínimo por el bienestar de Lapis. Y ahora, tal y como le había insistido Steven, Peridoto había cambiado radicalmente. Allí estaba ella, a pesar del miedo y el pánico, enfrentando a una colosal fusión para proteger a aquellos a los que consideraba sus amigos, entre los cuales notó que se encontraba ella misma. Al final, una pequeña sonrisa apareció en los labios de Lapis, que una vez más sintió lo acertada de su decisión cuando derribó la nave de las Rubíes.
La más sorprendida de todas, tal vez, fuera Obsidiana. Nunca, ni en las más disparatadas historias que a menudo circulaban por entre las huestes del Planeta Natal, había oído de una Peridoto que se hubiera lanzado de cabeza al peligro para proteger a nadie. Lo normal era que cada una velara por sí misma, prestando especial cuidado en la salvaguarda de otras Gemas de mayor categoría que la de una misma. Y, sin embargo, Peridoto había salido de su escondite para proteger a las mismas traidoras con las que se había aliado, renegadas que habían desdeñado su mundo de origen por un planeta lleno de vida orgánica y promesas de supuesta libertad. A pesar de la sorpresa, por dentro no pudo sino admirar el valor de esa pequeña verdosa. Un valor estúpido, pero valor al fin y al cabo.
-¿Eres tú la Peridoto asignada a la misión fallida en la Tierra?-preguntó con su retumbante voz la Mega-Rubí, provocando que el valor de Peridoto flaqueara un poco.
-Bueno… "fallida" no es la palabra que yo elegiría, pero…
-¡¿Dónde está Jaspe?!-preguntó la fusión, levantando una gran ventolera con su poderoso grito. La pregunta sorprendió a todos los presentes, quienes habían creído que realmente el objetivo de las Rubíes era Peridoto. Obsidiana, sin embargo, pensó que en el fondo era de lógica que buscaran a Jaspe. Si se hubiera parado a pensarlo unos instantes, habría concluido que era el caso más probable. Después de todo, Jaspe era la líder de la misión, y las líderes estaban obligadas a pasar informes al Planeta Natal sobre el estado de su misión, ya fuera un fracaso o no. No era de extrañar que la hubieran ido a buscar a ella… un momento…
-¡Pero yo fui quien saboteó la misión!-exclamó Peridoto, quien no parecía muy contenta a pesar de haberse salvado de milagro. Era como si le molestara que, al final, no fuera "la Gema más buscada del Planeta Natal"-. ¡Yo llamé pardilla a Diamante Amarillo a la cara! ¡La nueva…!
Su proclama se vio interrumpida cuando Obsidiana avanzó al frente, apartando con la mano a Peridoto y abriéndose paso hasta encarar a la fusión. Sin temor alguno, miró a la giganta a los ojos directamente, mientras esta la estudiaba con aire suspicaz desde las alturas.
-Eh, Rubí gigante-dijo Obsidiana-. Dices que venías a buscar a Jaspe.
-Eso es. ¿Dónde está?
-¿Y qué hay de míiiiiObsidiana?-corrigió a tiempo Obsidiana, a punto de irse de la lengua. La fusión miró aún más suspicaz a Obsidiana si cabía, además de algo confundida.
-¿"Tú…Obsidiana"?-preguntó, frotándose la barbilla.
-¡No! Quería decir… ¿Y Obsidiana? ¿No pensáis evacuarla a ella también?-preguntó Obsidiana. Le extrañaba que, habiendo visto a Peridoto y haber preguntado por Jaspe, aún no hubiera salido su nombre a coalición. Tal vez fuera un simple fallo por parte de las Rubíes, pero si no…
-¿Obsidiana? ¿Cómo conoces ese nombre, Gema de Cristal?-preguntó la fusión.
-¡Yo no soy una Gema de Cristal!-exclamó Obsidiana. Luego, mirando a las demás Gemas, pensó rápidamente en una excusa para enmascarar su identidad, juzgando que tal vez su disfraz aún pudiera servirle de algo-. Yo…soy un humano-dijo con toda la determinación que pudo reunir.
La fusión clavó sus ojos en Obsidiana, mirándola de arriba abajo como si estuviera estudiándola.
-… ¿humano?
-… sí.
-… ¿Seguro?
-… sí
-…
-…
-… no me estarás mintiendo, ¿verdad?
-…
-…
-... Por supuesto…que no…
-… vale, te creo-dijo finalmente la fusión, muy para alivio de Obsidiana. "Lo diré una vez, y las que haga falta: las Rubíes…son todas…unas idiotas"-. No sé dónde habrás oído ese nombre, humano, pero no había ninguna Obsidiana asignada a la misión de la Tierra. De hecho, ya no hay Obsidianas en el Planeta Natal. La última fue destruida en las guerras de hace más de 5000 años, y desde entonces no se han hecho más.
La respuesta de la fusión sorprendió a todo el mundo, pero a quien más a Obsidiana. ¿Cómo…que no habían Obsidianas asignadas? ¡Ella había sido asignada! Había viajado a la Tierra por orden de Diamante Amarillo, acompañando a Jaspe y a Peridoto para escoltar a esta última y que pudiera hacer su trabajo. ¿Y cómo que la última "fue destruida"? Ella fue capturada, junto al resto de Gemas prisioneras de las Gemas de Cristal, y retenida en la Tierra cuando la misión de rescate fracasó… ¿no? No podía ser que la hubieran declarado como caída, considerando que hacía unos meses había vuelto al Planeta Natal y había hablado con sus superioras. ¡Si incluso había hablado con un Diamante! ¿Qué…cómo…? ¡No entendía nada!
-Bien, ya basta de perder el tiempo. ¡Dime dónde está Jaspe, AHORA!-gritó la fusión, sacando de su estupor a todo el mundo.
-¿J-Jaspe? Oh, ehm…-empezó a decir Peridoto, pensando en qué les decía a esas Rubíes sobre el paradero que no conocían de Jaspe-. Sabemos…dónde está Jaspe-empezó a decir Peridoto, mirando nerviosa cómo Perla decía que no discretamente con la cabeza.
-¿¡Y bien!?-exigió la fusión, perdiendo la paciencia por momentos.
-Aaaaaaah…-Parecía que Peridoto fuera a reventar de un momento a otro de puro miedo y nerviosismo, poniendo su mente a trabajar a toda velocidad para tratar de encontrar alguna historia con la que salir de ese embrollo. Por suerte para ella, fue Steven quien le salió al rescate.
-¡Neptuno!-gritó, señalando al cielo-. ¡Está en el planeta Neptuno!
Durante unos tensos segundos, las Rubíes valoraron con la mirada a Steven, seguramente tratando de descubrir si se trataba de alguna mentira, o si realmente lo que decía el humano/Gema era verdad.
-… ¿y por qué no lo dijiste antes?-dijo entonces la fusión, su semblante más relajado y amigable. Steven suspiró aliviado, y Obsidiana salió lo justo de su ensimismamiento como para pensar con incredulidad: "Todas tontas. Todas las Rubíes. Idiotas de la primera a la última…".
De esta manera, Steven consiguió que las Rubíes se separaran y abordaran de nuevo su nave, despegando del suelo y perdiéndose rápidamente en el cielo azul a gran velocidad. El grupo al completo contempló en silencio el punto en el que desapareció la nave, todas ocupadas con sus propios pensamientos.
-…tío, las Rubíes son tontas-comentó en voz alta Amatista.
-No todas-respondió Granate, con una sonrisa en su rostro.
Si bien en otras circunstancias Obsidiana le habría discutido eso, en esos momentos tenía la cabeza demasiado ocupada como para burlarse de las Rubíes. Demasiadas preguntas se agolpaban en su confundida mente, uniéndose a todas aquellas que aún esperaban respuesta. ¿Qué habían querido decir las Rubíes con que "no habían Obsidianas"? ¿Qué la última "había sido destruida"? ¿Quién había dicho eso? Ella seguía allí. ¿Era por su ausencia mientras estuvo cautiva? Pero ella había regresado al Planeta Natal, sabían que seguía viva. ¿Entonces, por qué…?
-¿Obsidiana?-preguntó Steven, al ver que Obsidiana seguía en su sitio sin moverse.
¿Y cómo era que no estaba asignada a la misión? ¡Un Diamante la había enviado allí, la mismísima Diamante Amarillo! ¿Acaso había sido un error de las Rubíes, el que no supieran de su existencia? Sí, tenía que ser eso. ¿Qué otra explicación podía haber? Porque si no era eso, solo podían ser dos cosas: o bien no las habían informado, o…
-¿Obsidiana?-preguntó de nuevo Steven, palmeando en la pierna a la pensativa Gema. El toque de Steven consiguió traer de vuelta a la Tierra a Obsidiana, quien vio la cara de preocupación que parecía tener Steven. Al verlo en semejante estado, Obsidiana reaccionó por impulso y le puso la mano en la cabeza, mesándosela tal y como lo había visto hacer a Gunga con Kiki y Jenny, y a veces incluso con Kofi. El resultado fue inmediato, ya que Steven pareció sonreír de nuevo, lo cual alegró un poco a Obsidiana.
Y por ello fue que paró de hacerlo. Se sonrojó e intentó hacer como si nada hubiera pasado.
-En fin… Pues ya está, ¿no? Ya podemos quitarnos… esto-dijo, tirando de su camiseta.
La reacción avergonzada de Obsidiana pareció divertir a todo el mundo, que no pudieron evitar reír al ver tan azorada a la siempre siniestra asesina, muy para vergüenza de Obsidiana. Estaba claro que con el paso del tiempo la gente había acabado por perderle el miedo…
Sin embargo, no tenía tiempo que perder enfadándose con ellos. Las palabras de las Rubíes le habían dado mucho que pensar, y necesitaba averiguar la verdad antes incluso que pensar en volver al Planeta Natal. La pregunta era… ¿cómo?
-Hmmm…-murmuró Obsidiana, volviendo a su estado pensativo de antes.
-¿Todavía le das vueltas a lo que han dicho?-preguntó Perla-. Eso de que ya no quedan Obsidianas… Debe de haberse tratado de un error. No creo que…
-Diamante Amarillo en persona me asignó a esta misión. ¿Crees en serio que ella pudo cometer algún error?-preguntó algo brusca Obsidiana, frustrada por el complejo rompecabezas que parecía ocultarle sus respuestas tras semejante enigma. Las piezas estaban ahí, pero no conseguía unirlas ni que tuvieran sentido. Si por lo menos tuviera…
-Oye, Peri-preguntó entonces Amatista, mirando a Peridoto-. Tú estabas con ella en la misión. ¿No sabrás algo del asunto, no?
-¿Yo? Para nada. De hecho, ni siquiera sabía que Obsidiana iba a venir con nosotros hasta el último momento-comentó Peridoto, y de repente pareció recaer en algo-. Un momento… Ahora que lo pienso, Jaspe me dijo a última hora que íbamos a tener un "tercer miembro" con nosotras, y algo sobre "nuevas órdenes". En su momento me sorprendió porque yo no había recibido nada, así que no sabía cómo podía saberlo ella. Fue entonces cuando apareciste tú, Obsidiana.
Las palabras de Peridoto eran extrañas, pero por alguna razón parecían hacer que las demás incógnitas de Obsidiana de repente cobraran sentido. Abriendo los ojos de la impresión, miró a Peridoto como si ambas fueran quienes tuvieran que resolver aquel acertijo.
-Entonces… la única que sabía que yo iba a ir con vosotras era Jaspe-comentó Obsidiana-. Sin embargo, eso no demuestra nada. Podría ser que a ti no te informaran, o que esas Rubíes simplemente se despistaran o no leyeran el informe. También puede ser…
-No, estoy completamente segura-le aseguró Peridoto-. Leí varias veces el informe antes de partir, y en él no había nada de nuevas órdenes o de que tú fueras a venir con nosotras. Entonces, ¿cómo podía saberlo Jaspe?
-Pues o bien Jaspe también tiene poderes de visión futura…-comentó Steven.
-…, o alguien se lo dijo solo a Jaspe-completó Granate, uniendo los puntos.
Ese planteamiento aclaraba ciertas cuestiones, pero abría nuevas incógnitas que Obsidiana debía resolver. ¿Por qué solo habían informado a Jaspe? ¿Qué podía significar eso? ¿Cuáles eran esas nuevas órdenes? ¿Y cómo estaba todo relacionado? Fuera como fuera, parecía que la única que podía darle algunas respuestas era la desaparecida Jaspe, o en su defecto arriesgarse y volver al Planeta Natal a exigirle respuestas a Diamante Amarillo.
-… tengo que encontrar a Jaspe-concluyó Obsidiana, sabedora de que su segunda opción seguramente le costara la vida-. Tengo que encontrarla, y averiguar la verdad.
-¡Genial!-exclamó Steven, provocando que todo el mundo le mirara extrañado-. ¿No lo veis? ¡Obsidiana ya tiene una razón para unirse a nosotros!
-¿Qué? Alto, alto, alto…-dijo Obsidiana, alzando las manos-. Yo no he dicho que…
-¡Va a ser genial! Podría vivir aquí, con vosotras dos en el granero-siguió diciendo Steven, mirando a Peridoto y a Lapis. Por las caras que pusieron, estaba claro que la idea no las atraía demasiado-, y entonces podría seguir haciendo pizzas, y podríamos volver a jugar al béisbol, y…
-¿Me estás escuchando siquiera?-preguntó Obsidiana, si bien estaba claro que la mente de Steven se había ido de vacaciones mientras el joven niño humano seguía fantaseando con la idea de que Obsidiana se hubiera pasado a su bando. Así pues, lo dejó un poco de lado e ignoró sus balbuceos lo mejor que pudo.
Convirtiéndose en niebla, Obsidiana salió volando de su atuendo y se posicionó a un paso de distancia, dejando que la ropa cayera inerte al suelo. Luego se quitó lo único que había permanecido en ella, su gorra, permitiendo que su flequillo volviera a ocupar su lugar habitual en frente de su cara. Contemplaba la gorra con aire pensativo, si bien su mente no registraba pensamiento alguno. Habían demasiadas cosas en que pensar, y lo único que quería era que todo empezara a tener sentido de una vez para así poder volver a relajarse. Por mucho que le tentara darle a todo de lado, sabía que ese asunto tenía prioridad, por lo que muy a su pesar debería dedicarle algún tiempo para ver cómo podía esclarecerlo todo.
-Bueno… ¿Y ahora qué?-preguntó Perla a Obsidiana, si bien estaba claro lo que quería decir con esa pregunta. Obsidiana estuvo muy tentada de sacar sus armas y volver a sus antiguas hostilidades con las Gemas de Cristal, pero… Simplemente no tendría sentido. No hasta haber esclarecido qué estaba pasando. Así pues, lo único que hizo fue suspirar y tirar su gorra al suelo.
-Ahora… nada. Tengo que encontrar a Jaspe, es cierto. Es la única que me puede explicar qué demonios está pasando.
-Hmmm…-murmuró Peridoto, sumida en profundos pensamientos-. Quizás… no.
-¿Qué quieres decir?-preguntó Granate. Steven, más tranquilo, volvió a prestar atención a la conversación.
-Hmm… Tal vez sea un poco prematuro, pero creo que tal vez haya otra posibilidad-comentó Peridoto-. Aun así, para que funcionara necesitaría acceso a un terminal del Planeta Natal que todavía funcione.
-¿Cómo el que encontramos en la Luna?-preguntó Steven.
-Sí…, solo que ese está roto, gracias a la acción de cierta manazas-comentó Peridoto, mirando de reojo a Granate. Esta, si bien no dijo nada, agachó levemente la cabeza.
-Estupendo… ¿Y dónde vamos a encontrar otro terminal? No tenemos portales que nos lleven fuera del planeta, y construir una nave espacial que funcione nos llevaría mucho tiempo-se quejó Perla, quien parecía bastante metida en el problema a pesar de no afectarle directamente.
Al ver cómo todos parecían estar planeando y decidiendo como encontrar la información que necesitaba Obsidiana, esta no pudo sino preguntarse por qué se molestaban siquiera. No era su problema, sino el de ella, y tampoco era como si les hubiera pedido ayuda. Tal vez fuera porque realmente se creían que ella iba a cambiarse de bando si la ayudaban, y rápidamente intentó meterse para aclarar que la cosa no iba así. Sin embargo, una mirada por parte de Granate la disuadió de ello. No es que la mirara amenazadoramente, pero algo en la sonrisa de su rostro el indicó que seguramente fueran a ayudarla dijera lo que dijera, sin importarles que luego ella pudiera volver a ser su enemiga. Ante semejante idea, Obsidiana se quedó momentáneamente anonadada ante la estupidez de esas Gemas, que tan alegremente ayudarían a una enemiga por el simple hecho de que ella les había seguido la corriente con todo ese asunto del béisbol.
Y, sin embargo, Obsidiana se encontró incapaz de decirles nada al final. La verdad era que necesitaba ayuda, y como buscar a Jaspe por todo el planeta seguramente le fuera a llevar mucho tiempo y esfuerzo, tal vez la propuesta de la Peridoto pudiera resultar al fin y al cabo.
-… ¿solo necesitas un terminal operativo?-preguntó entonces Obsidiana en voz alta, dirigiéndose a Peridoto y sacando a todo el mundo de sus cavilaciones (menos a Lapis, quien para variar no parecía muy interesada en el tema).
Por primera vez en todo lo que habían vivido juntas, Peridoto no se sintió amenazada bajo la mirada de Obsidiana. Antes, la reputación y acciones de la silenciosa asesina la habían aterrado como pocas antes lo habían hecho en todos los años que llevaba de existencia, pero algo había en su mirada que la hacía entender que ya no guardaba odio o malicia contra ella. No era que de repente le estuviera expresando amistad y cordialidad con la mirada, pero al menos parecía que ya no la veía como un blanco tampoco, lo cual era de agradecer. Al ver eso, Peridoto se permitió una pequeña sonrisa de alivio y alegría que extrañó a Obsidiana y la hizo mirar confundida a Peridoto, dando un preventivo paso hacia atrás.
-Ehm… Me lo tomaré como un sí-dijo Obsidiana, tratando de no mirar muy fijamente a Peridoto-. De acuerdo. Pues si eso es todo, yo sé dónde podemos encontrar uno.
-¿Ah, sí?-preguntó interesada Perla-. ¿Dónde?
-Los Diamantes poseen numerosas colonias a lo largo y ancho del imperio, algunas de las cuales fueron abandonadas hace milenios. Sólo tenemos que viajar a una de ellas y buscar alguna consola que todavía funcione-explicó Obsidiana. Su respuesta pareció divertir a Lapis, que eligió ese momento para meterse en la conversación.
-Ya…, pero te olvidas de que no quedan portales ni naves en la Tierra. ¿Cómo piensas ir, volando? Porque si lo intentáis, lo más seguro es que os detecte alguna patrulla o nave de reconocimiento del Planeta Natal-comentó despectiva Lapis, como si pretendiera reírse de la propuesta de Obsidiana. Así era precisamente como la habían atrapado la primera vez, cuando intentó volver al Planeta Natal tras escapar del espejo. Obsidiana, fulminándola con la mirada, se limitó a cruzarse de brazos.
-Algo así. Los portales y las naves no son las únicas alternativas para viajar entre mundos, Lazuli-le replicó Obsidiana, sosteniéndose ambas la mirada-. Hay un tercer sistema, uno que ni siquiera los Diamantes controlan y por tanto no podrán rastrear.
-¿Oh~?-preguntó Lapis-. ¿Y qué sistema es ese?-preguntó, mirando desafiante a Obsidiana.
-Mi sistema-respondió Obsidiana, sosteniéndole la mirada a Lapis.
Al oír sus palabras, Steven no pudo sino sonreír ampliamente.
Parecía que una nueva y emocionante aventura estaba a punto de comenzar.
Y hasta aquí por el momento.
Ya tenía ganas de que llegara este momento, ya que una de las razones para crear a Obsidiana fue este capítulo en concreto. ¿Qué otra Gema se podía hacer cuyo nombre pudieras cambiar a humano que fuera más claro que Obsidiana=Diana?
Misterio resuelto, gente.
Y hablando de misterio… ¿Qué descubrirán nuestras protagonistas? ¿Qué alternativa es esa que propone Obsidiana? ¿Realmente son tan tontas todas las Rubíes?
Esto y mucho más en el siguiente capítulo de "La Gema Oscura" (menos lo de las Rubíes. Eso seguirá siendo un misterio para los restos).
Chao, chao.
