¡Eyeyeyey!
Siguiendo muy el estilo de la serie original (y como este capítulo me estaba saliendo muy largo), he decidido lanzar una serie de capítulos a la vez, en forma de… ¡STEVENBOMB!
Se trata de una serie de capítulos originales centrados en… ¡Nah, paso de hacer spoilers!
Si queréis saber de qué va esto, leéoslos, leñe.
Ale, no os entretengo más. Al trabajo con destajo.
Capítulo 12: El peor mejor sistema (Stevenbomb parte 1)
Al día siguiente:
No estaba del todo mal.
Esas eran las palabras que Obsidiana pensó mientras recibía en la cara la brisa marina, sus piernas colgando del acantilado sobre el templo de las Gemas de Cristal en el que se había sentado a observar cómo el sol salía por el horizonte e iluminaba la tranquila ciudad. Tal vez no pudiera compararse a la grandeza de su propio mundo natal, pero algo había en ese apacible rincón del planeta humano que atraía a Obsidiana, una especie de belleza que antes no hubiera sabido apreciar. Cinco milenios de sombras y dolor, al parecer, la habían llevado a revalorar su opinión sobre ciertas cosas.
A pesar de las vistas y la agradable sensación del viento contra su piel, su largo cabello meciéndose tranquilamente como si de una bandera se tratara, Obsidiana no había subido a tan alto lugar por gusto. La razón de su aparente aislamiento había sido que, simplemente, deseaba tener un momento para poder pensar a solas sobre lo que se disponía a hacer. Su sistema no era un método infalible que uno pudiera usar sin cuidado ni precaución. Había muchos factores a tener en cuenta, como la ruta a seguir o los posibles desvíos que hiciera falta tomar para esquivar posibles peligros. Además, tenían que esperar al momento propicio para salir, o de lo contrario se darían de bruces contra un obstáculo inamovible y su aventura cósmica tendría un final más bien abrupto.
Impulsándose con los brazos, Obsidiana saltó del acantilado y cayó verticalmente por la ladera en dirección a la gigantesca estatua que acompañaba la sencilla vivienda en la que vivía Steven. Aterrizando sobre la cabeza de la estatua sin recibir daño alguno, Obsidiana empezó a descender a medida que se descolgaba por la misma, agarrándose a cada pequeño resquicio o agarradero con sus manos o pies con agilidad. Hubiera podido fácilmente dejarse caer hasta el suelo, sobrevolar la estatua, o atravesarla con su cambio de fase, pero… la verdad era que estaba disfrutando un poco de su pequeño ejercicio, similar a los que realizó hacía ya tantos milenios para entrenar su agilidad y movimientos acrobáticos. Si bien al principio muchas Gemas no vieron la importancia de que una Obsidiana pudiera moverse de aquella manera, pronto quedó claro que habían subestimado en demasía la astucia de Obsidiana, ya que al acostumbrarse a moverse de maneras poco ortodoxas e inesperadas adquirió la capacidad de atacar desde cualquier ángulo y de esquivar ataques al tiempo que cambiaba de posición, incluso al tiempo que escalaba paredes o bajaba por ellas. Sin la presión del combate o de las demás Gemas, Obsidiana se permitió un momento para gozar simplemente del momento en sí, llegando en pocos segundos al suelo de madera de la entrada de la casa. Sin mayor ceremonia, abrió la puerta y entró dentro.
-Vale, es la hora. ¿Ya estáis…listos…?-preguntó Obsidiana, sorprendiéndose ante la singular estampa que sus ojos contemplaban.
A un lado del salón, en el amplio sofá blanco de la casa, se encontraban Lapislázuli y Peridoto, la una sentada a su aire con la vista fija en la otra, quien parecía algo inquieta mientras paseaba de un lado a otro enfrente del pulcro mueble. La llegada de Obsidiana parecía haber reclamado la atención de ambas, provocando que Peridoto diera un pequeño respingo en el sitio, deteniendo su caminar. Lo que había sorprendido a Obsidiana, pero, era la Gema situada al otro lado, junto a la cocina.
-¡Sí! ¡Todos listos y preparados para la aventura, capitán!-exclamó Steven, vestido con numerosas chaquetas y pantalones de abrigo. El conjunto hacía que este pareciera una pequeña bola cuyos brazos colgaban inútiles a los lados, sus piernas tan embutidas en pantalones que el pobre niño humano no podía ni doblar las rodillas, obligándole a tambalearse a la hora de caminar. Un gorro de lana ocultaba sus rebeldes rizos, y una amplia bufanda con los colores de Perla le rodeaba el cuello y a duras penas alcanzaba a ocultar la amplia sonrisa que este mostraba. A un lado, de un tamaño acorde al nuevo "cuerpo" de Steven, se encontraba una abultada mochila de contenido desconocido. Granate y Amatista contemplaban como Perla observaba con ojo crítico la vestimenta de Steven, con varias chaquetas de más y otras tantas prendas de ropa colgando de su brazo, como si hubiera sido ella quien hubiera vestido así al joven niño. Casi parecía que ella y él hubieran estado discutiendo momentos antes de la llegada de Obsidiana.
-¡Ah, no! ¡Eso sí que no!-exclamó Perla, estirando la mano como si pretendiera agarrar a Steven. Este, alarmado, trató de huir de Perla… caminando como un pingüino muy gordo.
-Ehm… Steven…-empezó a decir Obsidiana, quien trataba en todo momento de no parecer muy sorprendida por el repentino cambio de forma que había experimentado Steven-… tú no vienes con nosotras.
-¿¡Qué!? ¡Pero si Peridoto puede ir…! ¿Por qué no yo?-se lamentó Steven, zozobrando como un barquito a medida que caminaba todo lo rápido que podía hacia Obsidiana, huyendo de Perla, quien pareció algo aliviada al oír la negativa de Obsidiana. Si bien cualquier otro hubiera encontrado aquello muy enternecedor, Obsidiana se limitó a cruzarse de brazos.
-Peridoto es una Gema hecha y derecha, una ingeniera altamente cualificada que fue escogida de entre miles de otras Peridotos para llevar a cabo una misión de suma importancia para el Planeta Natal-explicó Obsidiana, sorprendiendo momentáneamente a Peridoto. Con el atisbo de un pequeño rubor en sus mejillas, Peridoto empezó a sonreír emocionada ante los halagos de Obsidiana-… Además, es la única que puede operar una consola del Planeta Natal, así que realmente no le queda más remedio que venirse conmigo-aclaró Obsidiana con el mismo tono de voz, provocando que los ánimos de Peridoto volvieran a estar por los suelos-. Tú, en cambio, no tienes ninguna función en esta misión. Así pues, no vienes.
-¡Oh, venga…! ¡Por favor, porfavorporfavorporfavor!-suplicó Steven, mirando con ojitos brillantes a Obsidiana mientras hacía cuanto podía por llegar hasta ella. Su caminar se vio interrumpido cuando, al dar un traspiés, Steven perdió el equilibrio y cayó de bruces al suelo. Las numerosas capas de ropa consiguieron amortiguar el impacto, que apenas hizo ruido a pesar del suelo de madera, y Steven no sufrió daño alguno. Sin embargo, esas mismas prendas que le impedían mover brazos y piernas también provocaron que luego no pudiera levantarse por sí mismo, quedando tendido boca abajo en el suelo mientras seguía con su (ahora ligeramente amortiguada) súplica-. Vais a ir al espacio exterior. Vais a ver otros planetas. ¿Tienes idea de lo emocionante que suena eso? Además, ya me he preparado. ¿No decías que haría mucho frío? ¡Pues mira cuantas capas llevo!
-Lo que importa no es si es "emocionante" o no, o el número de tus capas-dijo Obsidiana, arrodillándose junto a Steven y levantándolo por el cuello de la camisa con una mano. El abultado Steven quedó colgando en el aire como si de un adorno navideño se tratara, mirando con ojos tristones a Obsidiana-. Vamos al territorio del Planeta Natal. Si te pillan allí, te eliminarán por ser una Gema de Cristal. Y si me pillan a mí, me eliminarán por desobedecer mis órdenes y trabajar con una Peridoto rebelde.
-Bueno, yo no diría tanto como…-empezó a decir Peridoto al oír eso de "rebelde", solo para ser cortada por Obsidiana.
-Insultaste a un Diamante a la cara. Ten por seguro que si algún día vuelves al Planeta Natal, será para que te ejecuten… si es que no te pillan antes en esta misión. En tal caso, también te eliminarán.- Las palabras de Obsidiana acallaron a Peridoto, quien de ser posible se puso incluso más verde que de costumbre, y provocaron que se hiciera una bola nerviosa en el suelo, temblando de pies a cabeza. Lapis simplemente observó cómo Peridoto permanecía en posición fetal en el suelo, su expresión tan neutra y desinteresada como antes.
-¿Ves? Te dije que iba a decir que no-dijo Perla más calmada, caminando hacia su pequeño protegido-. Anda, deja de protestar, y quítate ya toda esa ropa. No puede ser sano ir tan abrigado en verano…-dijo, agarrando la capa más externa de ropa del joven niño.
-¡Noooo…!-se quejó él, debatiéndose en el sitio mientras Perla lo despojaba de la chaqueta y la unía al montón de ropa de su brazo. Bajo esta portaba otra chaqueta casi idéntica, únicamente diferente en el color. El volumen del cuerpo de Steven apenas había variado.
-Steven…-empezó a decir Obsidiana, algo molesta ya. Sin embargo, alguien salió en favor del pequeño niño humano.
-Dejad que vaya-dijo Granate con una pequeña sonrisa en el rostro, sorprendiendo a todo el mundo en la sala.
-¡¿QUÉ?!-exclamó Perla, tal vez la más sorprendida de todas las Gemas presentes.
-Obsidiana, la colonia a la que queréis viajar está deshabitada, ¿verdad?-preguntó Granate, dirigiéndose a Obsidiana.
-Pues… sí, diría que sí.
-Y sabes cómo usar tu sistema sin perecer en el intento, ¿no es cierto?-añadió, refiriéndose al arriesgado método que esta usaba para viajar entre planetas. Si bien no había entrado en detalles, Obsidiana les había explicado a Steven y a los demás en qué consistía su sistema el día anterior, describiendo por encima sus muchos peligros y algunas de las amenazas que tal vez se encontraran en el mismo (razón por la que Perla se había opuesto tan fervientemente a que Steven fuera con ellas al espacio). Obsidiana asintió nuevamente. Aparentemente satisfecha, Granate se dirigió a Perla a continuación, quien a juzgar por su expresión no parecía para nada contenta por el rumbo que la conversación estaba tomando.
-Granate, ni siquiera lo…
-Steven será crucial para esta misión, no solo por su escudo y su capacidad sanadora. Además, será una buena experiencia para él. Viajar fuera del sistema solar, aventurarse en lo desconocido… Steven aprenderá mucho de esta aventura.
-¡No lo será si es capturado por el Planeta Natal!-exclamó Perla, agitando tanto los brazos que las ropas sustraídas de Steven salieron volando por los aires. Una de las chaquetas cayó sobre la nerviosa Peridoto, quien permaneció inmóvil incluso cuando quedó completamente cubierta por la pesada tela.
-No lo capturarán, porque nadie sabrá que han estado allí-dijo Granate.
-Pero…pero… ¡Sí, el viaje! ¿Y si Steven se separa del grupo, o queda vaporizado, o se congela, o…? ¡Es un viaje muy peligroso para él!
-Perla, tranquila. Estará con Obsidiana y Peridoto. Si pasara cualquier cosa, ellas pueden protegerlo-le aseguró Granate. Perla miró de reojo a las dos Gemas mencionadas, una en posición fetal en el suelo y la otra una fría asesina con la que había combatido durante siglos. Sinceramente, no le inspiraba mucha confianza el hecho de dejar a su pequeño protegido con esas dos, si bien tenía que admitir que tal vez sí que fuera una buena fuente de experiencia para Steven. Después de todo, uno de sus muchos sueños había sido el poder mostrar a Steven las maravillas del espacio, poder viajar con él a otros mundos y explorarlos como hicieron una vez ella y Rosa. Así pues…
-…vale. Entonces, yo también voy-declaró Perla, sabedora que la alternativa (intentar hacer cambiar de opinión a Steven) no serviría de mucho.
La noticia pareció emocionar a Steven, que sonrió encantado con sus ojos brillantes ante la idea la idea. Obsidiana, pero, no parecía compartir su opinión.
-¿¡Qué!? ¡No! No, nononono, no…-empezó a decir Obsidiana, pero parecía que Perla tampoco se iba a dejar convencer de lo contrario.
-No, Obsidiana. Si Steven va, yo voy con él-declaró, echándose al hombro la mochila de Steven. Durante un instante, Obsidiana entendió por qué a Kofi le gustaba tanto darse con la mano en la cara cuando sentía que nadie le escuchaba. Imitándolo, Obsidiana trató de calmarse lo bastante como para intentar razonar con esa Perla tan irritante.
-Perla… Ni vienes tú, ni viene Steven. Es un viaje muy importante, es una ruta muy peligrosa, y sencillamente no podemos utilizarla ¡SIENDO CUATRO GEMAS!-exclamó Obsidiana-. ¡Tú no vas a venir, Steven no va a venir, y no se hable más! Nada de lo que digáis me convencerá de lo contrario-declaró, cruzada de brazos.
Durante un segundo, pareció que Perla se iba a rendir, internamente irritada pero a la vez aliviada al saber que Steven no se iba a enfrentar a los mortales peligros de esa temeraria expedición. Con lo que no contó, pero, fue con que este se plantara frente a Obsidiana, mirándolo con tal expresión tristona y ojitos brillantes de pena que casi parecía que se fuera a echar a llorar.
Obsidiana, inamovible e imperturbable, fijó sus fríos ojos en la mirada suplicante de Steven.
...
Minutos más tarde, envuelto en una de sus características burbujas rosadas, Steven sonreía emocionado subido al hombro de Obsidiana. Esta se limitó a asegurar a Steven-burbuja con una correa echa de cinturones alrededor de su cuerpo, suspirando hastiada mientras trataba de resistir el impulso de darse con la cabeza contra una pared. ¿Cómo se había dejado convencer, cómo….?
-¡Vamos allá!-exclamó Steven, apuntando emocionado con su dedo al portal cristalino del templo. El resto de su grupo, pero, no parecía compartir su entusiasmo.
Subida al otro hombro de Obsidiana, Peridoto contemplaba completamente aterrada el portal como si de una poza conectada con el mismísimo infierno se tratara. Sabía que parte de la culpa de toda esa situación era suya, por proponer aquello de la consola, pero eso no quitaba que el plan de Obsidiana la aterrara como pocas cosas la… No, pensándolo mejor, no la aterraba más que cuando insultó a Diamante Amarillo a la cara. En comparación con aquel momento, esa locura de plan casi parecía un paseo por el parque, como solían decir los humanos. Por raro que pareciera, esa breve comparativa sirvió para aplacar brevemente sus nervios, si bien seguía sintiendo un "nudo en el estómago" (otro dicho de los humanos que Peridoto, que aunque no acababa de entender, describía perfectamente lo que sentía en esos momentos). Sujetando con una mano el hombro de Obsidiana y con el otro la correa que como a Steven la unía a su sombría compañera, Peridoto trató de reunir el coraje necesario para afrontar su inminente viaje… o, por lo menos, para no echarse a gritar como una histérica. Perla, demasiado grande como para caber en la espalda de Obsidiana, se había transformado en una majestuosa ave con el plumaje pintado de sus suaves colores, con su gema ubicada en la misma zona en su frente y la mochila (considerablemente más vacía) a la espalda. Subida a la cabeza de la pálida Gema, miraba intranquila a Steven y a Granate y Amatista, prácticamente suplicándoles con la mirada que dijeran o hicieran algo para echar atrás toda esa situación antes de que fuera demasiado tarde. Por su parte, las Gemas que atrás se quedaban se limitaron a despedirlas con la mano (a excepción de Lapis, que se quedó mirando cómo Peridoto se iba con expresión aparentemente neutra, si bien en sus ojos se podía ver un ligero atisbo de intranquilidad que a Granate no le pasó desapercibido).
Finalmente, Obsidiana se subió a la plataforma del teleportador, sus compañeras de viaje nerviosas como los pasajeros de una vagoneta en una montaña rusa momentos antes de la primera bajada, la más aterradora de todas. El único que parecía emocionado con el viaje era Steven, que a pesar de encontrar molesto el tener que viajar en la burbuja (Obsidiana había dicho que, de lo contrario, tal vez moriría), no podía contener apenas la alegría y la euforia de tan increíble aventura, en la cual viajarían a un lejano planeta nunca explorado por ningún otro humano. Perla, cabizbaja sobre la cabeza de Obsidiana, suspiró a través de su afilado pico, para nada ilusionada con toda aquella situación.
-¿Ocurre algo, Perla?-preguntó Steven, quien había escuchado el suspiro de Perla y que en esos instantes observaba preocupado el semblante de su amiga. Al ver que la habían pillado atrapada en sus propios pensamientos, trató de mostrar una sonrisa para no preocupar a Steven.
-Oh, no es nada. Es que…-empezó a decir Perla-… Nunca imaginé que cuando por fin te sacara del planeta para mostrarte las maravillas del universo…, fuera a ser para explorar territorio enemigo. Es muy peligroso, y fácilmente podría…
-Eh, no pasa nada-declaró Steven-. Te tengo conmigo, así que sé que aunque pase lo peor, no tengo por qué tener miedo. Y si tú tienes cualquier problema, o algo te asusta, entonces yo te salvaré a ti. Nos tenemos el uno al otro, no tienes por qué pasar por nada de esto sola.
Las palabras de Steven sorprendieron levemente a Perla, quien se preguntó en qué momento Steven parecía haberse vuelto tan confiable y seguro de sí mismo. Muy atrás quedaba el joven que los seguía a las misiones como si de otra carga más se tratara, una distracción a la que muy a menudo habían tenido que rescatar aun a costa del éxito de la misión. Ahora, Steven parecía listo y preparado para cual fuera el desafío que le saliera al encuentro, decidido a enfrentarse a cualquier peligro y salir victorioso de cualquier situación. Su sonrisa consiguió calmar y animar a Perla, quien pensó que tal vez se estuviera preocupando demasiado por su joven amigo. Después de todo, Steven ni estaba desprotegido ni estaba indefenso.
-Además…-añadió Steven-, tenemos a Obsidiana y a Peridoto con nosotros. ¡Ya verás cómo entre los cuatro, conseguimos salir de esta con vida!-concluyó Steven con una amplia sonrisa.
La sonrisa de Perla se vio ligeramente torcida al contemplar el semblante asustado de Peridoto y la expresión neutra de Obsidiana. No acababa de compartir el entusiasmo de Steven, ya que por una parte Peridoto no parecía muy confiable si se trataba de resolver alguna situación de combate, y por el otro Obsidiana no era precisamente la Gema que ella hubiera escogido para cubrirle la espalda. Ambas habían empezado siendo enemigas suyas, y si bien Peridoto se había redimido con todo el asunto del Clúster, Obsidiana aún era una incógnita para ella. Habían hecho progresos, sí, pero todavía tenían mucho camino que recorrer antes de plantearse siquiera el llamar a Obsidiana "compañera", mucho menos "amiga". Su comportamiento de los últimos días no tenía sentido alguno para ella, de manera que no tenía del todo claro si fiarse o no de ella y su complicada estratagema. Si simplemente lo fuera a seguir ella, entonces tal vez Perla no se hubiera preocupado tanto, pero dado que tanto ella como Steven iban a seguirla en su alocado plan… Decidida a confiar en el instinto de Steven, que en más de una ocasión había resultado ser más beneficioso que su propio juicio, Perla esperó pacientemente a que se pusieran en marcha.
Unos segundos más tarde, los cuatro seguían subidos al portal sin haberse movido un solo centímetro. La emoción de Steven seguía al mismo nivel, para nada disminuida a pesar de la extraña pausa que parecía haber hecho.
-Bueno…-dijo entonces, mirando de reojo a Obsidiana-… ¿cuándo nos vamos?
-Cuando alguna de vosotras, Steven, recuerde que yo no puedo activar portales. Así que…
-Ah, ¿en serio?-preguntó sorprendido Steven.
-Ya lo hago yo-dijo Amatista, corriendo hasta ellos y colocando un pie sobre el portal-. Vale… ¿A dónde?
-A donde sea. Lo mismo da-dijo Obsidiana tranquilamente.
Asintiendo, Amatista activó el portal y rápidamente retiró el pie, contemplando junto a Granate y Lapis cómo un haz de luz envolvía los cuerpos de las cuatro Gemas, que en seguida se desvanecieron como si nunca hubieran estado allí para empezar. Una vez cumplida su función, el portal se apagó y volvió a su estado anterior, sumiendo nuevamente la casa en silencio.
-Bueno, pues allá van…-comentó Amatista-. Tío… Lo que hubiera dado por ir yo también de aventuras. Sin Steven y Peridoto, esto va a ser un rollazo-se quejó, las manos tras su nuca mientras volvía junto a Granate con aire perezoso.
-No necesariamente. Podemos tener nuestras propias aventuras hasta que vuelvan-propuso Granate, provocando que Amatista sonriera emocionada y empezara a corretear alegremente por la casa. Mientras su pequeña amiga planeaba en voz alta sus múltiples y variadas opciones, Granate se giró hacia Lapis, quien seguía sentada en el sofá-. Lapislázuli, ¿te gustaría unirte a nosotras?
Lapis, con su característica expresión desinteresada, miró con la ceja arqueada a la taciturna Granate, ambas sosteniéndose la mirada mientras oían cómo Amatista corría hacia la puerta del templo, gritando algo sobre "hacer la maleta".
Mientras tanto:
El alto pilar de luz transportaba a Obsidiana y las demás a gran velocidad, iluminando sus expresiones silenciosas mientras cada uno se mantenía firme en sus propios pensamientos. Sin decir nada, Obsidiana se llevó la mano a la gema, y extrajo de ella uno de sus trabucos.
-Vale, es la hora-declaró, mirando de reojo a sus acompañantes-. ¿Preparados?
A modo de respuesta, Perla agitó sus alas y asintió, repasando una vez más en su mente la lista de consejos de seguridad que había elaborado en el breve espacio de tiempo del que había dispuesto cuando se decidió a acompañarles a la aventura. Peridoto, agarrada a Obsidiana como una cría de koala, apenas asintió con el más breve de los cabeceos, consciente de que ya no había vuelta atrás en ese viaje. Steven, todavía en la burbuja, asintió decidido con una amplia sonrisa en el rostro, mucho más contento y animado que su verdosa amiga. Una vez vio que todos estaban listos y dispuestos, Obsidiana miró al frente, y apuntó con su trabuco hacia adelante.
¡BLAM! Su disparo sacudió por completo el cuerpo de Obsidiana, tanto que incluso lo pudieron notar Steven y los demás. El retroceso lanzó hacia atrás el ingrávido cuerpo de Obsidiana, desplazándola gracias a la falta de un suelo bajo sus pies, y sacándola del haz de luz del portal.
¡CRAC! Un gigantesco relámpago recibió a los cuatro viajeros, pasándoles tan cerca que Steven sintió su energía incluso a pesar de la burbuja que lo protegía. La fuerza de la descarga hizo que Obsidiana empezara a girar descontroladamente en el aire, separándolos del haz de luz que pronto se perdió de vista cuando las sombras se lo tragaron. Por suerte, Obsidiana evitó que los cuatro se metieran de lleno en otro relámpago con un certero disparo de su trabuco, que contrarrestó su impulso y los detuvo en el sitio momentos antes de que tuviera lugar la letal descarga de energía. Alarmados y algo desorientados, Steven y las demás apenas pudieron ver nada del lugar en el que se encontraban, demasiado oscuro como para distinguir otra cosa que no fueran los múltiples rayos y centellas que destellaban por doquier. A su lado, Obsidiana gruñó molesta.
-Maldición…
-¡¿Qué?! ¿¡Qué pasa!?-exclamó Peridoto, escondiendo la cabeza en la melena de Obsidiana cuando otro relámpago pasó a rozar de ellos.
-¡He calculado mal nuestra salida! Hemos ido a salir justo en una tormenta-masculló Obsidiana, mirando a todas partes como si estuviera buscando algo.
-¡Da igual que lo calcularas mal! ¡SÁCANOS DE AQUÍ!-gritó Perla, tan nerviosa y alarmada que casi… ¡CRAC! Un nuevo relámpago restalló a su lado, sorprendiéndola tanto que se volvió a transformar en ella misma del sobresalto. Agarrándose a lo primero que encontró, Perla se encontró sujetando la cabeza de Obsidiana con ambas manos, tapándole los ojos.
-¡PERLA! ¡Quítate, que no veo!-exclamó Obsidiana, tratando de librarse de Perla al tiempo que se retorcía en el aire. Perla, pero, parecía incapaz de soltarse de Obsidiana, agarrada desesperadamente a la sombría Gema como si le fuera la vida en ello (y tal vez fuera así). Peridoto y Steven solo podían contemplar espantados como daban los cuatro vueltas en el aire, con los truenos y rayos explotando a su alrededor en medio de la gran oscuridad que era el interior de la nube.
Finalmente, Obsidiana consiguió que Perla la soltara, liberando su visión y pudiendo situar finalmente lo que andaba buscando. Justo cuando Perla alcanzaba a sujetarla por la melena, Obsidiana apuntó de nuevo con su trabuco y disparó, desplazándolos justo a tiempo para evitar que un rayo que pasó justo donde antes habían estado ellos los golpeara. El impulso del disparo los hizo atravesar las sombras de la nube, adentrándose cada vez más en ella mientras Obsidiana trataba no mostrarse tan nerviosa como en realidad se sentía. Había sido muy mala suerte que hubieran ido a aparecer justo en una tormenta de esas, y si no salían pronto de allí, no quedaría ni el polvo de sus gemas. De su espalda colgaban sus tres acompañantes, quienes se apretaban contra Obsidiana lo más fuerte que podían al tiempo que trataban de cubrirse de los rayos que caían a su alrededor en todas direcciones. Cada uno de ellos parecía lo bastante grande como para tragarse la caseta de la playa al completo, y ninguno deseaba saber lo que pasaría si uno de esos rayos los alcanzaba de pleno.
Pronto, por suerte para ellos, el canal de luz del teleportador volvió a aparecer frente a ellos, destacado claramente gracias al resplandor que atravesaba las sombras de la nube, atrayendo la atención del grupo de aventureros que lo contemplaron con la misma alegría y alivio que si de un refugio se tratara. Con un disparo más de su trabuco, Obsidiana los acercó lo bastante al haz de luz como para que ella pudiera tocarlo con la mano. En vez de entrar dentro, como esperaban todos que hiciera, Obsidiana dejó que la luz que ascendía por el haz los desplazara como si de un coche de choque se tratara, el canal fregando contra la mano de Obsidiana como el agua de un veloz torrente mientras esta permanecía recta y paralela al canal. A cada vez mayor velocidad, el pequeño grupo fue ascendiendo y atravesando la nube, los relámpagos perdiendo intensidad a medida que se alejaban del centro de la tormenta.
Cuando por fin emergieron de las nubes, Steven y los demás despegaron sus cabezas del cuerpo de Obsidiana y miraron maravillados el lugar en el que se encontraban. Steven lo reconoció en seguida, a pesar del tiempo que hacía que no visitaba aquel extraño lugar. Se parecía extrañamente al espacio exterior (o, por lo menos, a lo que él creía que debía de ser el espacio exterior), salvo que ni era tan negro como lo pintaban las fotos, ni las luces de las estrellas parecían tan lejanas. El fondo parecía pintada de un color purpúreo muy oscuro, en contraposición al negro del espacio profundo, y por todas partes se podían ver luces de todos los tamaños y colores, una infinidad de pequeñas esferas que cubrían la casi totalidad del horizonte visible. Por doquier se podían ver numerosas nubes de tormenta como la que acababan de abandonar, sus fuertes descargas resonando por el misterioso espacio en forma de relámpagos tan grandes que hacían que los que casi acababan con ellos antes parecieran minúsculos en comparación. Curiosamente, y esto llamó enormemente la atención de Steven, las luces misteriosas parecían dispuestas de manera curvilínea, casi como si en realidad se encontraran en el interior de una esfera, y las luces no fueran más que bombillas situadas en su superficie.
Una vez pusieron una cierta distancia entre ellos y la tormenta de abajo (¿o era arriba? Costaba un poco de saber en aquel lugar), Obsidiana sacó la mano del torrente de luz, y permitió que ella y sus acompañantes se separaran del haz, el cual desapareció pasados unos segundos. Sumidos en las sombras de aquel extraño lugar ante la ausencia de la luz que el haz les había proporcionado, Peridoto y Perla miraron entre nerviosas y fascinadas a su alrededor, mientras Steven hacía lo mismo con más emoción, y Obsidiana se limitaba a seguir observando la nube que acababan de abandonar.
-Así que… es esto…-murmuró Peridoto, su voz baja pero aun así audible ante la ausencia de más ruidos que los lejanos truenos-… la "Inter-dimensión"…
Según les había explicado Obsidiana, una vez hace muchos milenios, descubrió que se podía viajar de un planeta a otro atajando por el "espacio fuera del espacio", la dimensión paralela por la cual los haces de luz viajaban y conectaban los portales unos con otros. Si bien era un lugar cambiante de peligros múltiples e impredecibles, alguien con las habilidades necesarias (alguien como Obsidiana) podía viajar por ella sin ser detectada por ningún tipo de radar o sensor, pudiendo a su vez recorrer grandes distancias sin la necesidad de naves espaciales, que no podían alcanzar esa dimensión, o portales, que podían estar vigilados por posibles enemigos. Por lo que había podido comprobar Obsidiana, allí ciertas leyes de la física e incluso del tiempo y el espacio podían verse comprometidas, aunque dada su falta de conocimientos al respecto, no podía explicar cómo funcionaban las cosas allí o por qué. Lo único que sí que sabía era todo lo que había aprendido a base de viajar por ese lugar, ya fueran los lugares a evitar, como los atajos entre mundos que había descubierto. Y uno de esos atajos, precisamente, era lo que Obsidiana había propuesto usar para viajar a la colonia abandonada.
Claro estaba, primero tendrían que sobrevivir hasta llegar allí.
-Este es el espacio que conecta los diferentes mundos y galaxias entre sí-explicó Obsidiana, contemplando con sus compañeras el gigantesco universo paralelo que era aquel lugar. Hacía mucho tiempo que no se paraba un instante para apreciar el paisaje que sus ojos contemplaban, o simplemente para reflexionar respecto a la situación en la que estaba: varada en la inmensidad de una dimensión alternativa, flotando como si de un satélite sin planeta se tratara, inerte en el silencio y calma del reino más allá de cualquier reino. Se parecía un poco a estar encerrada en una burbuja, con la diferencia de que podía moverse e incluso salir de allí si así lo deseaba. De lo contrario, jamás se hubiera permitido volver a pasar por algo como aquello voluntariamente-. Desde aquí, podemos viajar de una punta a otra del universo en cuestión de horas, minutos, o segundos si somos afortunados. Todos los mundos, todos los destinos, todas las rutas…-dijo, haciendo un gesto con la mano que abarcaba todo el horizonte visible-… al alcance de la mano. Esto es la "Inter-dimensión", mi sistema de transporte privado.
-Wow… ¡Es alucinante!-declaró Steven, casi como si se le hubiera olvidado que él ya había estado dos veces allí. Aprovechando que nadie podía verla, centrados como estaban en el universo en el que se encontraban, Obsidiana aprovechó para sacar pecho y sonreír orgullosa del comentario de Steven.
-Es… bueno, es…-empezó a decir Perla, todavía agarrada a Obsidiana como si de un koala se tratara. Algo más recuperada, volvió a transformarse para dejar de ocupar tanto espacio, optando por convertirse esta vez en un elegante felino con cuyas garras podría agarrarse mejor a su vehic…a Obsidiana-. Bueno, admito que es bastante impresionante… ¿pero cómo es que casi acabamos convertidos en arenisca nada más aparecer aquí? ¡Dijiste que era el momento idóneo para salir!
-No, yo solo dije que era el momento, no que fuera el idóneo-señaló Obsidiana, mientras daban todos plácidamente vueltas en el vacío infinito de la Inter-dimensión-. No existe eso que llamas "momento idóneo" para aparecer aquí. Este lugar no es como el espacio exterior, Perla. Aquí hay muchos más peligros de los que te puedes encontrar viajando por el espacio, y hay que saber responder de inmediato, o de lo contrario…
-"De lo contrario"… ¿qué?-preguntó Peridoto, algo asustada, mientras miraba con renovado nerviosismo a su alrededor, seguramente buscando uno de esos peligros de los que hablaba Obsidiana.
-…no importa. Tranquila, no es mi primera vez aquí. Se reconocer el peligro cuando lo veo, de manera que si tenemos suerte, no deberíamos de encontrarnos con nada más peligroso que una de estas tormentas de iones.
-Ah, eso es un…-empezó a decir Steven, pero alguien se le adelantó.
-¿Qué quieres decir? ¿Qué hay cosas aquí peores que estas tormentas?-exclamó Perla, moviéndose por el cuerpo de Obsidiana hasta plantársele delante, los rasgados ojos de la transformada Gema fijos en la expresión hastiada de Obsidiana. Suspirando, agarró por el pellejo de la nuca a Perla, y la volvió a situar a su espalda, entre Steven y Peridoto.
-Cálmate, ¿quieres? Ya he dicho que no deberíamos de tener que toparnos con nada si vamos con cuidado. De esto entiendo un rato-dijo, sacando sus dos trabucos-. Después de todo, a mí tampoco me interesa toparme con nada con vosotros tres a mi espalda.- Apuntando con ambos trabucos hacia abajo, Obsidiana se estiró como si de un misil se tratara-. Por cierto, si una de vosotros ve acercarse algo con tentáculos, hacédmelo saber, ¿queréis?
-¿Qué dices de tenta…?- La pregunta de Steven quedó cortada por la atronadora explosión de los trabucos de Obsidiana, cuyo estallido reverberó con fuerza ante la ausencia de otros sonidos en la vastedad de la Inter-dimensión. A cada disparo de los trabucos, parecía que Obsidiana y el resto aumentaban la velocidad a la que se movían, iniciando su recorrido por el extraño paraje que era aquella dimensión.
Dada la gran distancia entre ellos y los lejanos puntos y nubes de tormenta de la singular dimensión, al principio Steven creyó que no se estaban moviendo en lo más mínimo, careciendo de referencias cercanas que le permitieran saber si se estaban moviendo siquiera o si se estaba acercando o alejando de su objetivo. Obsidiana parecía avanzar decidida, disparando ocasionalmente con sus trabucos para mantener la velocidad a la que se desplazaban. Nadie dijo nada durante un buen rato, optando por centrar su atención en el peculiar paisaje que ofrecía aquel extraño lugar, y vigilar a su vez que no apareciera nada que pudiera tomarlos por sorpresa (o que tuviera tentáculos, ya de paso). Nadie sabía qué podía existir en ese lugar que pudiera poner en guardia a alguien como Obsidiana, pero tal vez precisamente por eso mismo se mostraban tan alarmados y recelosos. Sin decir nada realmente, se repartieron el mundo a su alrededor para así mantenerlo vigilado y proseguir su camino con relativa seguridad.
Tal y como parecía a primera vista, la Inter-dimensión no era para nada como Steven se hubiera podido imaginar que fuera. A medida que pasaba el tiempo, el horizonte fue variando su color purpúreo a otro más azulado, siempre de un tono oscuro que contrastaba con las múltiples luces que lo ocupaba, luces que según le explicó luego Obsidiana, correspondían a los millones de portales, conductos y demás sistemas de transporte que conectaban los diferentes planetas o planos físicos entre sí, todos con sus propias características e historias, su propia fauna y sus propios habitantes. Un universo infinito de posibilidades, miles de millones de potenciales aventuras que hicieron que el corazón de Steven empezara a latir acelerado como si el de un colibrí se tratara, tan emocionado que prácticamente empezó a hiperventilar en el interior de su burbuja. Al verlo, Obsidiana le dijo que lo mejor sería que se calmara, o se le acabaría pronto el oxígeno de la burbuja. Esto pareció apaciguar en parte a Steven, si bien no alcanzó a bajar sus ánimos ni a calmar su espíritu aventurero. Lentamente, el horizonte empezó a cambiar una vez más, apareciendo franjas doradas que se difuminaban en el límite entre el nuevo color y el anterior.
Pronto, Steven aprendió otra valiosa lección sobre la Inter-dimensión: el tiempo no corría a la misma velocidad por todas partes. Después de un buen rato de vuelo ininterrumpido, a Steven le entró la curiosidad por saber cuánto rato llevaban volando desde que salieron del portal, de manera que preguntó si alguna de las demás Gemas sabía la hora. Obsidiana estaba centrada en volar, por lo que no contestó, y Peridoto se limitó a negar con la cabeza, si bien aseguraba que tan solo debían de haber pasado unos cinco o diez minutos. Perla, quien parecía algo aprehensiva todavía respecto al lugar en el que se encontraban, decidió responder a Steven invocando un pequeño despertador de su gema, aparato que luego examinó antes de dar su respuesta a Steven. Su expresión, antes calmada y atenta, cambió totalmente cuando su atención se centró en la esfera de cristal del despertador.
-¿Qué? Esto… no es posible…-murmuró Perla.
-¿Qué pasa? ¿Se ha parado?-preguntó Steven, confundido. En vez de responderle con palabras, Perla se limitó a enseñarle el despertador a Steven, quien pronto entendió la razón de la preocupación de esta.
Las agujas del reloj se movían sin sentido alguno de un lado para otro, unas veces avanzando velozmente en el sentido correcto, otras retrocediendo, una aguja desapareciendo y reapareciendo en una posición completamente aleatoria, ambas agujas moviéndose en direcciones opuestas…
-El tiempo de esta dimensión no funciona de la misma manera que en la nuestra-explicó Obsidiana, que si bien no había mirado el reloj, entendía la razón de la preocupación de ambos-. No existen cosas como "ahora", "luego", una hora, dos, o un millón. Hay zonas en que pueden pasar siglos en un parpadeo, y otras en las que el tiempo no se mueve en absoluto. Haríamos bien en evitar esas últimas si queremos llegar alguna vez a nuestro destino.
-¿Y qué pasaría si no… no las evitáramos?-preguntó preocupada Peridoto. La aterraba el no poder comprender lo que sucedía en ese extraño lugar, donde sus muchos y variados conocimientos no se podían aplicar y por tanto eran inútiles.
-Bueno…, pues que nos quedaríamos aquí atrapados por toda la eternidad-explicó sencillamente Obsidiana, como si en realidad el quedar encerrados y varados en el interminable espacio de la Inter-dimensión no fuera más que una molestia pasajera que se podía experimentar volando por ahí. Su tono casual no ayudó a rebajar la ansiedad de Peridoto, quien se propuso redoblar sus esfuerzos en vigilar sus alrededores por si detectaba cualquier clase de peligro que pudiera amenazarlos a ella y a sus compañeros-. Tranquilos. Cuando salgamos en uno de los portales, habrá pasado uno o dos segundos como…
De repente, algo pareció llamar la atención de Obsidiana, quien dejó de disparar al tiempo que ralentizaba su avance hasta detenerse por completo. A pesar de no poder mirarla a la cara, Steven y los demás notaron cómo Obsidiana se tensaba de repente, casi como si estuviera previendo un ataque. No entendían la razón, ya que no se veía nada a kilómetros a su alrededor, pero parecía que la pálida Gema no opinaba lo mismo.
-Obsidiana, ¿qué…?-empezó a preguntar Steven.
-No puede ser… No tendríamos que estar tan cerca…-murmuró Obsidiana, visiblemente preocupada. Con el ceño fruncido y los puños apretados, siguió con la mirada puesta en el horizonte, tan vacío como todo lo demás-. ¡Steven, Perla, Peridoto, agarraos fuerte a mí!-exclamó de repente, alzando ambos brazos haciendo una cruz enfrente de su cara, como si se estuviera protegiendo de un ataque.
-¿Qué pasa? ¿Qué ocurre?-preguntó Perla, alarmada, mientras trataba de ver por encima de la cabeza de Obsidiana la amenaza que la había puesto en alerta. Sin embargo, no veía cual podía ser.
-¡Vosotros hacedlo! ¡YA ESTÁN AQUÍ!-gritó Obsidiana, quien se encogió haciendo una bola con sus piernas y brazos protegiendo el resto de su cuerpo. Sin acabar de entender todavía qué estaba pasando, Perla volvió a su forma original y agarró a Peridoto y a Steven y los apretó contra la espalda de Obsidiana, cubriéndolos por detrás con su propio cuerpo.
¡FIU! Algo pasó a toda velocidad a su lado, tan cerca que al pasar alborotó la melena de Obsidiana y el pelo de Perla. Demasiado sorprendida como para reaccionar, Perla tan solo alcanzó a ver un breve borrón de lo que fuera que les había pasado por el lado, tan veloz que al girar la cabeza este ya se había perdido en la lejanía. Fue precisamente por eso, por girar la cabeza hacia atrás, que Perla estuvo a punto de perderse el resto del ataque.
Justo cuando Perla se giró para ver el misterioso proyectil, ocurrió algo que pilló a todo el mundo por sorpresa. Con la misma intensidad que uno de los truenos que por poco los vaporizaba nada más llegar a la Inter-dimensión, de pronto los envolvió una auténtica avalancha de proyectiles que zumbaban con gran estruendo a su alrededor, todos tan veloces que solo su gran número permitía que fueran mínimamente visibles, aunque apenas fuera una breve imagen residual. El fuerte viento que levantaban era como un huracán, tan potente que cuando Obsidiana y el resto se vieron de repente inmersos en él, salieron disparados en la dirección de la avalancha sin que pudieran hacer nada por evitarlo.
Encerrado en su burbuja, y rodeado por los cuerpos de Perla, Peridoto y Obsidiana, Steven no alcanzaba a comprender lo que estaba pasando. Lo único que sentía era cómo él y sus compañeras eran sacudidas y lanzadas por el espacio como muñecas de trapo, a merced del violento ímpetu de aquella nueva y misteriosa tormenta. Sus ojos solo alcanzaban a ver el rostro de Peridoto, chillando a pleno pulmón, pero sus oídos tan solo podían escuchar el incesante paso de los proyectiles, tan cadentes como la ametralladora de una película bélica. Su mundo daba vueltas a medida que se veían desplazados a la fuerza por lo que fueran aquellas cosas, incapaces de hacer nada que no fuera seguir su curso como uno más de la manada, demasiado lentos como para seguirles el ritmo. Steven perdió toda noción del tiempo, sumido en el estruendo del exterior y los ocasionales impactos que resonaban demasiado cerca, cada golpe sacudiendo su burbuja con un tañido apenas audible en medio de la vorágine que aquellas cosas provocaban.
Y así, tan repentinamente como habían surgido, los proyectiles los dejaron atrás. El repetitivo pasar de los veloces objetos voladores fue disminuyendo, perdiéndose en el horizonte hasta que tan solo quedaron los rezagados, el último de ellos marcando su partida con un nuevo impacto contra la burbuja de Steven.
Silencio. Extraño, opresivo, agradable, absoluto… pero silencio al fin y al cabo. Steven, que en algún momento del suceso se había abrazado a la Gema más cercana, se despegó de la espalda de Obsidiana, dándose cuenta de que casi sin darse cuenta había expandido su burbuja para que cubriera a las otras tres Gemas, quedando así los cuatro flotando en su interior. El cinturón que lo había atado a Obsidiana había reventado en algún momento del suceso, perdiéndose para siempre en los confines de la Inter-dimensión. Un rápido examen de la burbuja le sirvió para ver cuán deteriorada estaba, con numerosas grietas por todas partes y pinta de ir a romperse en cualquier momento, pero aguantando por el momento.
-Fiu… Por qué poco-comentó Steven, suspirando aliviado al ver que todo había acabado-. Eh, Obsidiana, ¿qué ha sido…?-Lo que vio Steven a continuación lo dejó tan sorprendido, que por un momento su burbuja casi desaparece.
Con sus brazos y piernas aún levantados, Obsidiana permanecía en posición fetal en el aire, si bien su postura ya no era tan rígida ni protectora como antes. Su cuerpo parecía haber sufrido graves daños debido seguramente a los choques contra aquellas cosas, como probaban sus dañadas extremidades, que se habían llevado la peor parte de la paliza. El resto de ella, si bien en menor medida, también parecía haberse llevado muchos golpes, dejándola en el peor estado físico en el que Steven la hubiera visto jamás. Su cabeza colgaba inerte hacia adelante, los dos ojos cerrados y sin que pareciera que fuera a despertar pronto. Asustado, Steven se giró rápidamente para pedirle ayuda a Perla, solo para darse cuenta de que su amiga no estaba en mejores condiciones. Cubierta de magulladuras por toda la parte de atrás del cuerpo, parecía que Perla estuviera luchando con todas sus fuerzas por no caer en la inconsciencia como Obsidiana.
-¡PERLA!-exclamó Steven, sujetando a Perla cuando pareció que a esta le iban a fallar las fuerzas. Gracias a la falta de gravedad, Steven consiguió acercar a Perla lo suficiente como para que entre él y Peridoto evitaran que saliera volando, los cuatro desplazándose lentamente con los últimos resquicios del impulso de la avalancha. Justo cuando Peridoto y Steven aseguraron a Perla, el cuerpo de Obsidiana finalmente cedió, reventando en una fina nube de polvo oscuro y dejando su pulida gema flotando en el vacío. Por suerte, Peridoto consiguió alcanzarla antes de que pudiera alejarse mucho de ellos, atrayéndola con aire protector contra su pecho. A juzgar por las expresiones de Steven y de ella, ambos estaba muy asustados y nerviosos, claramente alarmados y sin saber qué hacer a continuación.
De tan preocupados que estaban, Steven y Peridoto no fueron conscientes de cómo se habían ido acercando lentamente a la extraña luz ovalada que en esos momentos les salía al encuentro, adentrándose en ella silenciosamente y desapareciendo de la Inter-dimensión en un brillante haz que pronto se extinguió.
Con un gruñido, Perla sintió retornar el dolor.
Le dolía todo. Vaya si le dolía…, pero se negaba a dejarse vencer. Steven… ¿Dónde estaba? ¿Estaba bien, estaba a salvo? Tenía que encontrarlo… Tenía que protegerlo… Hasta que su pequeño no estuviera a salvo, no podía permitirse el reventar…
Una cálida sensación la embargó de repente, un sentimiento de bienestar que se llevó lejos el dolor y lo transformó en dicha y felicidad. Conocía bien ese sentimiento…
-R…Rosa…-murmuró Perla en su sueño, agitándose levemente mientras pugnaba por despertar. Quería verla, quería…
-¿Perla?-dijo una voz de repente, una voz que muy para desgracia de Perla, no era la de Rosa.
-¿Steven…?-preguntó Perla, entreabriendo los ojos. Allí, mirándola desde arriba, estaba el semblante preocupado de su pequeño protegido, sus ojos tristes iluminándose brevemente cuando abrió finalmente los ojos. A su lado, Peridoto parecía mostrar un cierto alivio cuando Perla terminó por despertar, suspirando con la mano en el pecho como si estuviera tratando de calmar su agitado corazón (caso poco probable, dado que las Gemas no tenían corazón)-… ¡STEVEN!-exclamó Perla cuando su mente acabó de despertar, lanzando sus brazos al cuello de Steven para darle un fuerte abrazo, sonriendo aliviada al ver que no parecía estar herido. Sonriendo, Steven le devolvió el abrazo, ambos transmitiendo con ese sencillo gesto el amor y el cariño que se profesaban el uno al otro. Por suerte, se había quitado gran parte de las capas de ropa que portaba, permitiéndole mover los brazos para así poder abrazar a Perla.
Cuando por fin se separó de él, Perla tuvo la oportunidad de examinar sus alrededores. Al parecer, se encontraba estirada en el duro suelo de una especie de caverna echa de piedra de un verdor oscuro que le recordó preocupantemente a la temible Malaquita. Contrariamente a lo esperado en una caverna natural, el suelo y las paredes eran pulidas como el cristal, tanto que al mirar el suelo casi pudo ver su reflejo gracias a la pálida luz que parecía manar de la roca, iluminándolo todo y tiñéndolo ligeramente de verde.
-¿Qué…? ¿Dónde…?-empezó a preguntar Perla, visiblemente confundida-. ¿Y Obsidiana?
-Está fuera, explorando. Dijo que esperáramos a que te despertaras antes de volver a ponernos en marcha-explicó Peridoto-. En cuanto a dónde estamos, bueno… La verdad, es que eso no lo sé. Tendrás que preguntárselo ahora a Obsidiana.- Girándose, Peridoto empezó a caminar hasta el otro extremo de la caverna, donde Perla creyó ver un pequeño orificio de un metro de alto por otro de ancho, a través del cual juraría que veía el cielo gris de tormenta-. Iré a por ella. Esperad aquí.
Cuando Perla trató de ponerse en pie, descubrió que su cuerpo aún estaba demasiado débil como para incorporarse del todo. Por suerte, Steven la ayudó a sentarse y la ayudó a recostarse contra la pared para que estuviera más cómoda. Agradeciéndoselo con una sincera sonrisa, Perla abrazó a Steven cuando este se sentó en su regazo, apoyando su cabeza contra la mullida pelambrera del niño humano.
-Steven… ¿Qué pasó? Solo recuerdo aquellas…cosas golpeándonos, y luego… una luz, y…
-Bueno… Se ve que atravesamos una de las luces esas que Obsidiana dijo que comunicaban los mundos con la Inter-dimensión, y acabamos en este planeta-empezó a explicar Steven-. Como fuera llovía, Peridoto y yo os movimos a ti y a Obsidiana hasta esta cueva, donde esperamos a que tú te despertaras y a que ella se reformara.
-¿"Se reformara"? ¿Obsidiana reventó?-preguntó Perla, sorprendiéndose por lo preocupada que había sonado. No sabía de dónde había salido eso.
-Sí, pero no te preocupes. Se reformó casi en seguida, aunque…-Perla se fijó, entonces, en que a Steven parecía preocuparle algo. Miraba cabizbajo al suelo, su boca y ojos revelando la tristeza de su rostro, y Perla supo que algo malo pasaba con él.
-¿Qué ocurre, Steven?
-…estaba muy herida, Perla-dijo Steven-. Obsidiana no reventó cuando se enfrentó a vosotras, pero lo hizo antes con las cosas esas de la Inter-dimensión. Debieron de hacerle mucho daño.
-¿Qué es lo que…?
-¿Por qué no se volvió una fantasma?-preguntó Steven, girándose para mirar a Perla. A juzgar por el brillo de sus ojos, parecía que en cualquier momento se iba a echar a llorar-. De haberlo querido, podría haber dejado que esas cosas la atravesaran, o incluso podría haber hecho que todos las atravesáramos. Así que… ¿por qué no lo hizo?
Fue entonces cuando Perla entendió qué era lo que preocupaba tanto a Steven, que a juzgar por sus palabras y su tono al borde del llanto, ya debía de sospechar cual podía ser la respuesta.
-No lo hizo…porque no podía-dijo Perla. La falta de reacción de Steven le sirvió para ver confirmadas sus sospechas: Steven ya lo había deducido-. Durante la guerra, Obsidiana demostró que podía atravesar casi cualquier cosa con la que la atacáramos: armas, proyectiles, naves, otras Gemas… Ni siquiera el suelo o los láseres podían pararla. Sólo había dos cosas que Obsidiana no podía atravesar…
-Mi escudo…y mi burbuja-terminó de decir Steven, posando su mano sobre su propia gema.
-Sí. Si se hubiera vuelto un fantasma como dices, podría habernos protegido a Peridoto y a mí, pero tú te hubieras quedado a merced de esas cosas. Pero no fue…
-¡Fue culpa mía!-explotó Steven-. ¡Por mi culpa, Obsidiana y tú recibisteis mucho daño! ¡Si no hubiera venido, Obsidiana y Peridoto se habrían podido proteger de esa tormenta de proyectiles! ¡Tú no habrías resultado herida! ¡Si no hubiera sido tan…egoísta, y no hubiera insistido en venir…!-dijo, apretando sus puños al tiempo que sentía brotar de sus ojos las lágrimas de pena, ira, frustración y arrepentimiento. Tapándose la boca con la mano, Perla miró con expresión angustiada a Steven, sintiendo pánico al ver tan desolado a su pequeño.
-¡No, Steven! Eso no es…
-¡Sí que es! Por mi culpa… Obsidiana reventó, y tú te has hecho daño. Si no fuera por…
-¡Steven!-exclamó Perla, obligando a Steven a mirarla a través de las lágrimas de sus ojos. La expresión seria y decidida de Perla sorprendió a Steven, que por un momento creyó que esta le iba a regañar, dado que realmente había sido toda culpa suya. Sin embargo, lo que hizo fue abrazarlo con fuerza, sorprendiéndolo por segunda vez-. ¡Tú nos salvaste!
-¿Q…qué?
-¡Tu burbuja, ¿no te acuerdas?!-exclamó Perla, rompiendo el abrazo y mirando a los ojos al lloroso niño. Con sus manos en los hombros de este, miró sonriente a Steven, tratando de hacerle entender lo que ella creía y pensaba-. Ampliaste tu barrera y nos protegiste de gran parte de la avalancha. De no ser por ti, dudo que ninguna de las tres hubiéramos llegado hasta aquí. Y luego me sanaste con tus poderes, ¿verdad?
-Bueno… yo…-dijo Steven, quien no parecía del todo convencido todavía.
-Y nos protegiste a Obsidiana y a mí, nos trajiste a esta cueva… Peridoto no habría podido hacer todas esas cosas sola. De no haber venido, tal vez ni siquiera hubieran podido resistir la avalancha-dijo Perla-. Steven, sé que piensas que es culpa tuya, pero has de entender que las cosas a menudo son como son, sin que podamos hacer nada por cambiarlas. Yo… me he estado dando cuenta, y más aun recientemente…-empezó a decir, observando algo más allá de Steven, sumida momentáneamente en su propia reflexión-…, que me hubiera gustado poder hacer las cosas de otra manera, poder cambiar lo que fue, pero no es posible. Lo único que puedo hacer es aprender, mejorar, e intentar corregir mis errores de la mejor manera posible. No tiene sentido que te lamentes por lo que fue, por lo que hiciste, cuando no sabes siquiera si de haber tomado otras decisiones el futuro hubiera cambiado a mejor o hubiera seguido siendo el mismo. ¿Quieres hacer algo bueno por nosotras, por el futuro? Intenta vivir en el presente, observa cual es el problema, y busca una solución. No podemos ir hacia atrás, pero… todavía podemos ir adelante.
Las palabras de Perla sacudieron el interior de Steven, demasiado sorprendido como para hablar por el momento. Era como si cada palabra que Perla había dicho hubiera encajado en los huecos de su pecho, llenando un vacío que ni él mismo sabía que tenía, sintiéndose mucho mejor por ello y alcanzando a sentir nuevamente la esperanza de que todo iba a salir bien. No se había librado de la culpa, pero por lo menos ahora ya se sentía capaz y dispuesto para hacer algo y arreglarlo, decidido a no seguir sumido en la tristeza y la autoflagelación. Si quería solucionar aquel problema, entonces llorar no era la solución. No, lo que tenía que hacer era ser valiente, decidido… Lo que tenía que hacer, era seguir adelante.
Agradecido, Steven se limpió los restos de lágrimas de sus ojos, y abrazó nuevamente a Perla, una amplia sonrisa de alivio y felicidad en su rostro. Contenta de verlo más feliz y de mejor humor, Perla le devolvió el abrazo, sintiendo como sus inseguridades y temores parecían desvanecerse ante el cálido abrazo que ambos compartían en esos instantes. Tal vez la situación fuera aún desconocida para ambos, extraviados en un mundo desconocido y sin saber qué había pasado ni qué iban a hacer, pero mientras permanecieran todos juntos, Perla estaba segura de que conseguirían salir de ese embrollo de alguna forma. Después de todo, no había nada que las Gemas de Cristal no pudieran solucionar trabajando juntas.
-…aquí-oyó entonces Perla, un lejano eco que señaló la llegada de Peridoto. Rompiendo el abrazo, Perla y Steven aguardaron a que ella y Obsidiana hicieran acto de presencia-. ¿Ves? Te dije que Steven podría salvarla. ¿Acaso no te lo dije?-indicó orgullosa Peridoto, señalando con un gesto el recuperado cuerpo de Perla.
-Hmpf, no está mal, supongo…-dijo Obsidiana, su voz sonando distorsionada y vaporosa a ratos, y normal alternativamente. En cuanto apareció ante Perla, esta supo la razón de ello.
Caminando junto a Peridoto, se encontraba Obsidiana… en un estado muy extraño. Parecía que su cuerpo se hubiera quedado atascado a medio camino entre su forma física normal y la forma vaporosa que exhibía cuando volaba. Si bien su silueta era clara contra la masa de niebla negra que la envolvía de pies a cabeza, parecía que sus facciones y colores no estaban del todo definidos todavía. Su piel pálida parecía oculta por las sombras de su alrededor, apenas visible como si estuviera rodeada de alquitrán, y la mitad de su rostro que normalmente le ocultaba el flequillo parecía estar deshaciéndose en zarcillos de humo que dejaban una estela tras Obsidiana a medida que avanzaba por la cueva. Caminaba con un ligero vaivén, como si no pesara nada, y sus pasos no hacían sonido alguno al pisar el suelo. Su melena oscilaba a su lado como si estuviera bajo el agua, la punta de esta y el contorno difuminados como si el menor soplo de aire pudiera hacerla desaparecer.
-¡Obsidiana!-exclamó Steven, visiblemente contento de verla como si su aspecto no lo preocupara en lo más mínimo-. ¡Tienes mejor aspecto! Al menos ahora ya tienes piernas-señaló Steven, corriendo a su lado.
-Sí, poco a poco me voy reformando...-dijo Obsidiana, cruzada de brazos. Todo su cuerpo parecía oscilar ligeramente, como si las sombras de su alrededor estuvieran intentando acabar de decidir donde acababa Obsidiana, y donde empezaba todo lo demás-. Dentro de no mucho, debería ser lo bastante sólida cómo para poder viajar.- Entonces, la mirada de Obsidiana se posó en Perla, su único ojo visible fijo en la sorprendida Gema. Curiosamente, parecía que ahora todo el ojo de Obsidiana era blanco, contrastando ligeramente contra las sombras que envolvían su rostro-. ¿Qué pasa, Perla? Ni que hubieras visto un fantasma…-comentó en broma Obsidiana, sonriendo con una sonrisa afilada y que quedaba un tanto espeluznante dado su estado actual.
-¿Pero qué…? ¿Qué te ha pasado?-preguntó confundida Perla. Era la primera vez, desde que se conocieron hacía ya muchos milenios, que veía a Obsidiana en ese extraño estado.
-¿No te lo han dicho Steven y Peridoto? Reventé. Todavía estoy intentando reformarme…-explicó sencillamente Obsidiana, contemplando su mano. Más parecía una garra oscura que no la pálida mano que una vez sostuvo un trabuco, pero tras concentrarse unos segundos, pareció que sus dedos adquirieron una forma un tanto más fija, y decididamente menos monstruosa que antes. Satisfecha, Obsidiana bajó la mano.
-Pe…pero…-trató de decir Perla, pero al final optó por no hacer más preguntas. Después de todo, Obsidiana siempre había presentado una serie de habilidades y características muy distintas a las de las demás Gemas, haciendo de ella algo único en el Planeta Natal. ¿Reformarse fuera de su gema? No, no era lo más extraño que alguna vez la hubiera visto hacer. En su lugar, prefirió hacer otra clase de pregunta-… ¿Qué pasó antes?
-¿Disculpa…?
-¿Qué pasó antes? ¿Cómo es que de repente acabamos en esa especie de… ¡lo que fuera!? ¿Dónde estamos? ¿Qué…?-preguntó molesta Perla.
-¿Que qué pasó? ¡Pues exactamente lo que dije que podía pasar!-respondió Obsidiana, visiblemente descontenta por el tono acusatorio de Perla-. La Inter-dimensión es un lugar peligroso, Perla. No es como la Tierra, o el espacio al que estás acostumbrada. Allí hay cosas para las que…
-Yo tal vez no las conozca, pero es obvio que tú sí. Así que… ¿¡CÓMO PUEDE SER QUE NOS METIERAS DE LLENO EN ESA SITUACIÓN TAN PELIGROSA!? Si algo le hubiera pasado a Steven…
-¡No hables como si lo hubiera hecho adrede!-exclamó Obsidiana-. ¡Fue…fue…! …un error de cálculo…
-¿"Un error de cálculo"? ¿De verdad esperas que me crea que…?-empezó a decir escandalizada Perla, cuando de repente Obsidiana pareció estallar. Su rostro, antes más recuperada, pareció transformarse como cuando se ponía en modo fantasma, sus facciones difusas y su boca convertida en un pozo de dientes afilados. Su melena, como si de repente hubiera cobrado vida, se puso de punta por un instante.
-¿¡Y DE QUIÉN TE CREES QUE ES LA CULPA!?-gritó con voz de trueno, un tono completamente esos años atrapadaen la burbuja, todos esos años perdidos… La Inter-dimensión es una realidad que continuamente está cambiando, moviéndose, y los peligros cambian de lugar y migran con el tiempo. ¡¿De quién te crees que es la culpa de que yo ya no pudiera saber dónde estaban las amenazas, Perla?!-dijo, volviendo a su estado anterior.
Perla y Obsidiana, furiosas, se sostuvieron la mirada durante unos tensos minutos, dejando a Peridoto y a Steven demasiado asustados como para atreverse a intervenir. Parecía como si, a pesar del lamentable estado de ambas, estas pudieran ponerse a pelear de un momento a otro, y ni Steven ni Peridoto se veían capaces de pararlas si la cosa llegaba a las manos. Sin embargo, al final, parecía que la cosa no iba a resultar en el combate a muerte que todos esperaban.
Suspirando con aire resignado, Perla fijó su mirada con algo menos de severidad y hostilidad en Obsidiana, si bien su ceño seguía igual de fruncido y sus puños apretados.
-Vale, está bien… Tienes razón, es posible que la culpa sea mía. Lo siento, Obsidiana-dijo Perla, su tono de voz mucho más calmado. En respuesta a las palabras de Perla, parecía que Obsidiana se calmaba un poco, mostrándose mucho menos amenazadora que al principio.
-…de acuerdo.
-Por ahora, centrémonos en lo importante… ¿Sabes al menos dónde estamos?-preguntó Perla, poniéndose en pie con la ayuda de Steven.
-Sí, pero me temo que tengo malas noticias…
-¿Malas noticias? ¿Cuáles?-preguntó preocupado Steven.
-No me digas… ¡que estamos atrapados en este planeta!-exclamó Peridoto, llevándose las manos a su puntiagudo peinado. Obsidiana, pero, dijo que no con la cabeza.
-No, no es eso.
-Entonces… ¿Qué ocurre? ¿Es que no sabes cómo llegar a la colonia que dijiste?-preguntó Peridoto, algo menos alarmada, pero igualmente preocupada.
-No, tampoco es eso. Sé cómo llegar, pero…
-¿Pero qué ocurre? ¡Dilo de una vez!-exclamó Perla, molesta. Steven, a su lado, intentó calmar la impaciencia de esta para que no volvieran a surgir hostilidades entre las dos rivales. Obviando el tono de Perla, Obsidiana miró impasible a los demás.
-Nos hemos alejado bastante de la ruta. Estamos en zona de peligro.
-¿Zona de peligro?-preguntó confundido Steven-. ¿Es que acaso la de antes no era una "zona de peligro"?
-Todo es igual de peligroso, pero no todas las zonas tienen los mismos… depredadores.
-¿De…depredadores?-preguntó preocupada Peridoto. No le gustaba nada cómo sonaba eso.
-Hay cosas que viven y se desplazan por la Inter-dimensión con más facilidad que yo, cosas que no nos interesa que se fijen en nosotros…, y ahora, por desgracia, estamos metidos de lleno en el territorio de uno bastante problemático-comentó Obsidiana, visiblemente molesta por la situación.
-B-bueno, seguro que no es para tanto…-dijo Steven, tratando de quitarle hierro al asunto con un gesto, si bien su titubeo traicionaba la confianza que aparentaba tener-. Quiero decir… ¿Cómo de peligroso puede ser?
-Lo bastante como para considerarlo una amenaza a escala galáctica. ¿Te parece suficientemente peligroso?-preguntó Obsidiana, arqueando una ceja. Steven, tragando saliva, trató de no imaginarse cómo debía de ser por miedo a lo que pudiera llegar a crear su ferviente mente infantil.
-¿Cuál es el plan?-preguntó Perla, rodeando con aire protector a Steven con sus brazos. Este pareció agradecer el abrazo, ya que parte de sus temores y tembleques corporales cesaron casi al instante.
-El plan es salir de aquí, y volver a la ruta sin que nos detecte. Si lo conseguimos, llegaremos en poco tiempo a la colonia. Si no…
-¿Si…no?-dijo Steven, sintiendo como el miedo volvía a él. Tal y como Obsidiana hablaba, parecía que estuviera contándoles una historia de miedo.
-¿Si no… qué?-añadió Peridoto, acercándose a Steven y abrazándose a él en busca de seguridad.
-…nada-dijo simplemente Obsidiana. La tranquila respuesta de ella sorprendió a Steven, que se esperaba algo más terrorífico que eso.
-Uf… Entonces no es para tanto-contestó aliviado-. Si no nos hará nada…
-No, digo que no seremos nada. Dejaremos de existir-aclaró Obsidiana, muy para desdicha de Peridoto y Steven. Abrazados como un par de niños pequeños (aunque Steven técnicamente fuera un adolescente y Peridoto una Gema), se aguantaron las ganas de chillar de puro miedo al tiempo que eran consolados por Perla, quien a juzgar por su expresión nada impresionada parecía estar preguntándose por primera vez cómo había acabado ella en semejante grupo-. Venga, en marcha. Pongámonos en camino…
Y hasta aquí, la primera parte de este Stevenbomb.
Espero que lo estéis disfrutando mucho.
Ánimo, que la cosa aún no ha hecho más que empezar.
Chao, chao.
