Capítulo 13: Vino del espacio inter-dimensional (Stevenbomb parte 2)
Justo donde terminó el capítulo anterior:
Sin perder más tiempo ni dudar un solo instante, el grupo de valerosas Gemas emprendió el camino hacia el portal que los sacaría del planeta. Habían ido a aparecer en un mundo aparentemente vacío y yermo, ya que no se veían rastros de vida vegetal o animal por ningún lado. Lo único visible era el cielo gris sobre sus cabezas, el suelo de dura roca verde dispuesto en ondas como si de olas se trataran hasta donde alcanzaba la vista, y un par de montañas sinuosas. Al parecer, el camino a la Inter-dimensión de aquel mundo no era un portal estable como los de la Tierra o los que usaban las Gemas, sino que se trataba de una anomalía que tendrían que localizar si es que querían salir de allí. Según Obsidiana, solo tenían que llegar a la cima de una montaña situada no muy lejos de allí.
Lo que no mencionó Obsidiana, pero, era que en aquel planeta llovían carámbanos de hielo.
Grandes como Steven era de largo, caían sin parar del cielo en forma de letal lluvia que amenazaba con empalarlos al menor descuido, llenando en poco tiempo toda la superficie del planeta de gigantescos puñales que atravesaban la roca como si nada y permanecían fijos en el suelo. Para evitar tener que ir esquivándolos por todo el camino, Steven y las demás siguieron un sendero cubierto de roca que les permitió acercarse con seguridad a la montaña, punto a partir del cual avanzaron usando el escudo de Steven como paraguas. Los ánimos dentro del grupo, considerando su situación actual, no eran tan bajos como uno podría imaginar.
-Y bueno…-empezó a decir Steven, que subido a los hombros de Perla mantenía el escudo que evitaba que se convirtieran en alfileteros para estalactitas-… ¿qué eran esas cosas que nos atacaron antes? Ya sabes, las de la Inter-dimensión.
-No nos atacaron. No eran seres conscientes-explicó Obsidiana, mucho más recuperada que antes. Si bien todavía desprendía un poco de niebla al andar, por lo menos su piel quedaba ya por fin a la vista. Su ojo era del color correspondiente para ella, su voz había dejado de sonar fantasmagórica, y por fin parecía ser lo bastante sólida como para caminar normal. Por lo demás, su aspecto físico no presentaba cambios observables-. Eran como… asteroides, supongo.
-¿Asteroides? No tengo constancia de ningún cinturón de asteroides que se desplace a esa velocidad-comentó Peridoto, subida a los hombros de Obsidiana. Dadas sus cortas piernas, esta había optado por cargar a la verdosa Gema para facilitarle el ascenso y evitar que los retrasara. Si bien un poco sorprendida e indignada al principio, al final Peridoto se había cansado de pelear y se dejó hacer.
-Bueno, técnicamente no son un cinturón de asteroides como los del espacio-aclaró Obsidiana, desenfundando uno de sus trabucos al tiempo que seguía caminando con tranquilidad-. La fuerza que los mueve es una anomalía espacio-temporal en forma de corriente que acelera su movimiento a través de la Inter-dimensión. Muy peligrosa-dijo, apuntado y disparando a un par de carámbanos que hubieran caído enfrente de ella, destruyéndolos antes incluso de que tocaran el suelo-. Tuvimos suerte de salir de allí con un par de golpes y poco más.
-¿Una anomalía espacio-temporal? ¿Quieres decir que la realidad misma fluctuaba en forma de vectores direccionales en base al tiempo con la misma intensidad y sentido? ¡Eso es imposible!-dijo Peridoto.
-¿Eh?-preguntó Steven, quien sintió que no acababa de entender nada de lo que estaban diciendo esas dos.
-Tal vez en el espacio exterior. En la Inter-dimensión, las leyes de la física funcionan un poco diferente de lo normal. Cambios aleatorios de gravedad, comportamiento anormal de los átomos, dispersión de fotones… Ya habéis podido ver cómo el mismísimo tiempo nos arrastraba hasta la otra punta de la galaxia.
-Sí, eso fue muy…-empezó a decir Steven, cuando de repente algo de lo que dijo Obsidiana despertó el interés de Perla.
-Un momento… ¿¡Estamos en la otra punta de la Vía Láctea!?
-¿La Vía qué?-preguntó Obsidiana, disparándole a otro carámbano con tranquilidad. Perla tuvo que aclararle a Obsidiana que ese era el nombre de la galaxia en la que se encontraba la Tierra-. Ah, no. No, nononono…-Por un momento, Perla se había alarmado, pero al oír la negativa de Obsidiana, se permitió un suspiro de alivio.
-Buf, menos mal…-dijo, riendo algo nerviosa del susto-. Por un momento creí que…
-Estamos en la otra punta de otra galaxia-añadió Obsidiana, despachando velozmente otro par de carámbanos, facilitando así el paso al resto del grupo. Perla se detuvo en el sitio.
-¿¡QUE ESTAMOS QUÉ!?
Al detenerse en seco, provocó que Obsidiana y Peridoto quedaran momentáneamente fuera del escudo de Steven, donde solo la rápida intervención del trabuco de la mortífera asesina evitó que ambas fueran empaladas por uno de los carámbanos.
-No te pares de repente-dijo irritada Obsidiana cuando volvió bajo el escudo, ligeramente molesta como si no hubiera sido para tanto, pero aun así no le hubiera gustado. Peridoto, pero, se había agarrado a la cabeza de Obsidiana como si de un gato mojado se tratara, ambos ojos muy abiertos de la impresión e hiperventilando del susto.
-¿Cómo que estamos en otra galaxia? ¿Quieres decir que nos hemos perdido? ¡Dijiste que sabías el camino!-exclamó Perla, más que exaltada.
-¡Eh, no fue culpa mía! Fue esa estúpida corriente atemporal de asteroides-se defendió Obsidiana-. Nos ha lanzado a millones de años luz de donde debíamos estar, y puede que incluso a un par de horas hacia adelante o hacia atrás en el tiempo…, pero no pasa nada. Solo tenemos que buscar la manera de volver.
-Ya, ¿y cómo planeas…?-empezó a decir Perla, solo para ser cortada por una muy molesta Obsidiana.
-¡Tú solo…!-exclamó, pero en el último momento pareció hacer el intento de calmarse-…tú… solo confía en mí, ¿vale? Os dije que os llevaría a salvo hasta nuestro destino, y lo mantendré. Conozco un camino de aquí a la colonia, lo juro. Si somos listos, y no hay más complicaciones, el viaje debería llevarnos una hora a lo sumo… en tiempo real. Pero es imprescindible que hagáis exactamente lo que yo os diga, o lo pasaremos muy mal de aquí en adelante-declaró, mirando muy seriamente al resto del grupo-. ¿Entendido?
Cuando todos asintieron a las palabras de Obsidiana, el grupo reemprendió el camino que ascendía por la montaña. Ya quedaba poco para llegar a la cima.
-…oye, Obsidiana-dijo Steven, rompiendo pronto el silencio que se había instaurado nuevamente en el monte, lluvia aparte.
-¿Qué quieres?
-Tengo una pregunta… ¿Cómo es que puedes saber a dónde ir?-preguntó Steven, observando el paisaje de su alrededor. La imagen era, desde luego, poco "terrícola"-. Creí que la corriente nos había lanzado al azar por ahí.
-Y así lo hizo, pero reconozco este lugar, así que tengo una idea aproximada de nuestra posición-dijo tranquilamente, mientras seguía con su tarea de abrirse paso a cañonazos.
-Ah… ¿Y cómo es que lo reconoces? ¿Ya habías estado aquí?
-Ni una sola vez, pero he leí los informes de registro en el Planeta Natal.
-¿Informes de registro?
-Un registro de todos los planetas, sistemas, constelaciones y galaxias explorados por el imperio de las Gemas-explicó Peridoto, que sabía a qué se refería Obsidiana-. Contiene datos muy exhaustivos y precisos de los diferentes planetoides, con valoraciones y aportes respecto a la calidad de sus recursos por si se abriera la opción de colonizarlos. Lo que me sorprende, Obsidiana, es oír que tú te los has leído-añadió Peridoto, genuinamente sorprendida. No quedaba claro qué la sorprendía más: que Obsidiana se hubiera estudiado los informes, o que Obsidiana hubiera estudiado algo para empezar (o que supiera leer, pero eso mejor no lo diría en voz alta). Obsidiana se limitó a resoplar.
-Una asesina inculta es una asesina ineficiente-sentenció, firmando su declaración con otro carámbano destruido-. En cuanto vi lo que la Inter-dimensión podía ofrecer, me propuse averiguar cómo sacar provecho de ella. Empecé a explorarla por mi cuenta, buscando la ubicación de los planetas explorados hasta que empecé a formar un mapa de ellos en mi mente. Veréis, los planetas y mundos de la Inter-dimensión no están distribuidos en el espacio como en nuestra dimensión, por todo eso de las leyes del tiempo y espacio diferentes y demás, pero a base de ir explorando acabé por encontrar un patrón. Así fue como descubrí las diferentes rutas posibles entre mundos, las combinaciones que me llevaban de una punta a otra del universo según lo ordenaran los Diamantes.
-Hmmm… Eso explica muchos de los rumores sobre ti, como el de que podías aparecer y desaparecer a voluntad, o estar en varios planetas a la vez-dedujo Peridoto, recibiendo la confirmación de Obsidiana.
-Ventajas de la disposición temporal anómala: apareces en un lugar antes incluso de haber salido del otro. Muy conveniente para llegar rápidamente a los sitios antes que un portal o una nave.
-¡Vaya, es alucinante!-dijo Steven, que si bien no lo había acabado de entender todo, la verdad era que sonaba realmente impresionante. Sin que este alcanzara a verlo, Obsidiana sonrió complacida con el halago.
Finalmente, el grupo de Gemas alcanzó la cima de la montaña, repleta de extrañas formaciones en espiral que apuntaban en todas direcciones. Ocasionalmente, un relámpago caía del cielo en el espacio situado entre dos espirales, rebotando entre ellas durante unos instantes antes de meterse en el espacio de una de ellas y chocar hasta disiparse. Según informó Obsidiana, uno de esos rebotes los conectaría de nuevo con la Inter-dimensión. Nadie parecía especialmente entusiasmado con la idea de meterse voluntariamente en un relámpago, pero dado que Obsidiana era la experta en ese asunto, decidieron confiar en ella y no hacer muchas preguntas.
Lo bueno fue que, efectivamente, el relámpago que les cayó encima les permitió transportarse a fuera de ese desolado mundo, viajando por la Inter-dimensión en forma de rayo.
Lo malo fue el calambrazo que sacudió el cuerpo de todo el mundo, sus cabellos completamente de punta como si de puercoespines se tratara (la única que apenas fue afectada fue Peridoto, que ya de por sí tenía el cabello puntiagudo).
Del mismo modo que salieron del haz de luz la primera vez, Obsidiana los sacó del relámpago con un disparo de su trabuco, saliendo nuevamente a la Inter-dimensión y acabando flotando los cuatro en el vacío purpúreo que antes los había acompañado, estaba vez teñido aquí y allá por pequeños trozos de horizonte en rojo carmesí como la sangre. El primero en recobrarse de la parálisis provocada por el calambrazo fue Steven, quien se había protegido con la barrera para transportar así el oxígeno que necesitaba para el viaje. Después, le siguieron Perla y las demás, reuniéndose finalmente los cuatro y montándose en la espalda de Obsidiana. El rayo pronto se perdió en la distancia.
-¡Muy bien!-exclamó Steven, visiblemente animado-. ¡Vamos all…!
-¡Ssshhh!-le chistó Obsidiana, acallando su vigoroso grito-. ¡Baja la voz…!-dijo con insistencia, su voz susurrante a pesar de la urgencia de sus palabras.
-¿Por qué? ¿Qué…?-preguntó Steven con tono normal, recibiendo nuevamente el chistido de Obsidiana.
-¡He dicho que te calles!-volvió a susurrar/ordenar Obsidiana, consiguiendo acallar finalmente al exaltado joven. Cuando el silencio reinó de nuevo en la Inter-dimensión, Steven y las demás pudieron apreciar que la mirada de Obsidiana parecía buscar algo a su alrededor con gran insistencia, su postura tensa y su expresión preocupada.
-¿Qué ocurre?-susurró Perla, siguiendo la mirada de Obsidiana con la suya para ver si identificaba el peligro que tanto la preocupaba. Todos sus sentidos estaban en alerta máxima, presintiendo la amenaza que se cernía sobre ellos.
-El depredador… estamos en su territorio. Estoy tratando de localizarlo, pero no lo veo-dijo Obsidiana, bajando aún más el tono de voz-. No debe de andar cerca. Es peligroso, pero no podemos quedarnos mucho más tiempo aquí varados. Tendremos que arriesgarnos y avanzar.
Como nadie se opuso (nadie se atrevía a hablar), el grupo reemprendió el viaje. Dado que sus trabucos podían hacer mucho ruido, Obsidiana impulsó su cuerpo con las sombras que este desprendía, moviéndose mucho más lento que con las descargas de sus armas, pero haciendo muchísimo menos ruido a cambio. Peridoto y las demás observaban nerviosos a su alrededor, todos buscando con la mirada el monstruo aterrador que había conseguido, aparentemente, poner en guardia a Obsidiana. Y si una asesina experta y poderosa como ella parecía tan nerviosa ante la idea de encontrarse con lo que viviera allí, entonces es que aquel era un monstruo con el que más les valía no toparse.
Avanzaron en completo silencio durante largo rato, siguiendo el sendero invisible que Obsidiana creía que los llevaría de nuevo en la dirección correcta. Steven, una vez superado sus temores iniciales, se relajó lo bastante como para poder apreciar nuevamente las maravillas del extraño universo en el que se encontraban. Atravesaron cinturones de asteroides de gran tamaño, inmóviles en el espacio, que se disolvían como si estuvieran hechos de polvo nada más pasar la mano por encima de ellos. Vieron nadar en la distancia bancos de extrañas criaturas semejantes a peces, con escamas de todos los colores imaginables, cuyos cuerpos aparecían y desaparecían intermitentemente, impidiendo contar cuantos debían de haber en el grupo. Siguieron estelas de colores que creaban formas y dibujaban canales sinuosos en el aire, ascendiendo y descendiendo como si se tratara del trazo de la brocha de un peculiar artista, pintando paisajes extraños en el lienzo tridimensional de la Inter-dimensión. Pasaron por zonas en las que el espacio actuaba como si de un espejo se tratara, reflejando sus formas que se movían en mil y una direcciones diferentes, algunas pareciendo provenir de realidades alternativas como probaba las peculiares diferencias en el tono de su piel, la forma de sus cuerpos, entre otras (en uno de esos reflejos, Steven había creído verse a sí mismo como una chica, los dos mirándose con idéntica expresión de sorpresa, para luego saludarse sonrientes con la mano). Había tantas cosas que ver, tantos fenómenos extraños que descubrir… Steven deseaba que aquella aventura no acabara nunca, pudiendo viajar por siempre con sus amigas por aquel fascinante territorio y descubrir todos sus secretos y misterios. Si tan solo Connie pudiera ver aquello…
De repente, en medio de una de sus observaciones, Steven notó algo raro en el horizonte. A medida que habían ido avanzando, el joven niño Gema fue notando como el paisaje iba variando de color, cambiando el color de la dimensión del purpura habitual a un tono de azul más oscuro, casi negro, con el que las luces de los diferentes mundos resaltaban todavía más. Sin embargo, a pesar de la oscuridad de su alrededor, Steven alcanzó a notar que una gran parte del horizonte observable era especialmente oscura. Casi como si de un agujero negro se tratara, las sombras cubrían por completo aquella zona de la dimensión, tanto que no se veía por ninguna parte luz alguna. Era casi como si la mitad de la dimensión hubiera desaparecido de repente, oscureciéndose tan de pronto que ni Perla ni las demás parecieron darse cuenta de que de repente se encontraban al borde de un profundo abismo infinito. Daba igual en qué dirección mirara Steven: arriba, abajo, a los lados, al frente… Solo había sombras en ese lado de la Inter-dimensión.
-…Obsidiana-dijo Steven, observando confundido aquel nuevo y peculiar fenómeno.
-¿Qué quieres?-preguntó con resignación Obsidiana, quien por lo menos agradeció que Steven ya no hablara con un tono de voz excesivamente elevado.
-¿Es normal que una parte de la Inter-dimensión no esté en su sitio?
-… ¿qué?-preguntó confundida Obsidiana, sin acabar de entender la pregunta-. ¿De qué estás hablando? No, no hay ningún fenómeno así. No hay forma de que la Inter-dimensión "no esté en su sitio".
-Ah…-respondió Steven-… Entonces… ¿qué es eso de ahí?
-¿"Qué es eso" de qu…?-preguntó Obsidiana, girando la cabeza para ver a qué se refería Steven. Pronto lamentó el haberlo hecho.
Peridoto, quien había estado observando y analizando los diferentes acontecimientos de aquella nueva realidad con el objetivo de estudiarlos para así entenderlos desde un punto de vista lógico y objetivo, también se había percatado de la singularidad junto a la que se encontraban, un espacio oscuro de proporciones tan colosales que parecía que toda la dimensión se hubiera dividido en dos, una parte normal y la otra de sombras. La pregunta de Steven gustó a Peridoto, ya que le permitiría aprender de lo que Obsidiana contestara para así facilitarle la tarea de entender aquel extraño fenómeno. Sin embargo, Obsidiana no respondió nada de forma inmediata. Lo único que hizo, para mayor confusión del resto del grupo, fue ir disminuyendo su velocidad hasta que se detuvieron. Confundida, se giró para preguntar a Obsidiana que qué estaba haciendo, cuando de repente se percató de la expresión de esta.
Tal vez fuera la primera vez que veía semejante expresión de horror y espanto en el rostro de Obsidiana, quien seguramente de haber podido articular sonido alguno, hubiera chillado de terror. Confundida, siguió su mirada desorbitada tratando de entender cuál era la causa del espanto de Obsidiana, pero no alcanzó a ver nada en la gran oscuridad que justificara su repentino ataque de pánico.
-Obsi…-empezó a decir Peridoto, pero Obsidiana la hizo callar tapándole la boca con la mano.
-No…mováis…ni un…dedo…-dijo muy lentamente, en su tono de voz más bajo. Su alarma asustó a Perla y a Steven.
-¿Qué? ¿Por qué, que pasa?-susurró alerta Perla, haciendo el gesto de invocar su lanza desde su gema. Obsidiana, pero, la detuvo sujetándola con su otra mano libre.
-Ssshh… Está ahí…-dijo simplemente, su tono de voz revelando la gran tensión que esta sentía en esos momentos.
Las palabras de Obsidiana pillaron desprevenidos a los demás. ¿Es que acaso aquel peligroso depredador se encontraba cerca de donde estaban ellos? ¿Acaso se ocultaba en las sombras? De ser así, la verdad era que ni Perla ni los demás alcanzaban a localizarlo. Debía de poseer capacidades adaptativas y de camuflaje muy habilidosas, para haber conseguido mimetizarse así de bien con el entorno. Al parecer, pero, Obsidiana sí que podía verlo, ya que permaneció completamente inmóvil como si el más mínimo movimiento pudiera alertar al monstruo de su posición.
-¿Dónde está? No lo veo-susurró Perla.
-Ssshh…-le chistó Obsidiana, retrocediendo muy lentamente de la zona sombría.
-Tal vez se haya camuflado…-conjeturó Peridoto.
-¡Sshh, silencio…!-chistó nuevamente Obsidiana, visiblemente alarmada, pero sin atreverse a alzar la voz.
Algo dentro de Steven le decía que la situación era mucho peor de lo que Perla y Peridoto creían, temiendo por la seguridad de todo el mundo si lo único que Obsidiana se atrevía a hacer era retroceder espantada de aquella misteriosa amenaza. ¿Pero dónde estaba? ¿Dónde estaba escondida? ¿Qué le daba tanto miedo a Obsidiana?
De pronto, un poderoso gruñido empezó a retumbar en la totalidad del espacio a su alrededor, sacudiéndolos por dentro como si de una explosión se tratara. Su profundo tono era el más bajo y grave que Steven jamás hubiera escuchado antes, tan siniestro y gutural que por un instante sintió cómo cada célula de su cuerpo temblaba. Fuera lo que fuera lo que estuviera emitiendo aquel gruñido, no era nada parecido a cualquier clase de ser que él hubiera visto antes. Casi parecía que toda la Inter-dimensión temblaba a la vez, sus amigas igual de impactadas que él.
-¿¡Q-q-qué es…!?-empezó a exclamar Peridoto casi fuera de sí, alzando la voz para hacerse oír en medio del caótico estruendo del sonoro fenómeno. Sólo la rápida intervención de Obsidiana evitó que concluyera su grito, tapándole firmemente la boca con la mano una vez más.
-¡Silencio, idiota! Nos va a percibir…-susurró con urgencia Obsidiana, su único ojo a la vista abierto de par en par y su boca torcida en un rictus de tensión y temor nunca antes vistos por la verdosa Gema en su compañera del Planeta Natal. Verdaderamente, Obsidiana estaba asustada por lo que fuera que estuviera oculto en las sombras, cosa que no auguraba nada bueno para ellos.
-¿Quién? ¿Quién nos va a percibir?-insistió Perla, que a pesar de los nervios se forzó a hablar en voz baja, apenas audible por encima del gruñido-. ¿Quién se oculta en las sombras?
-Nadie… porque eso no son sombras…-dijo Obsidiana con espanto, negando lentamente con la cabeza.
Tan repentinamente como había empezado, el gruñido cesó. Pasó un segundo, luego dos, tres…, y fue justo entonces cuando Steven y las demás comprendieron qué era lo que Obsidiana temía de aquella cosa.
Con un chasquido como de escamas fregando las unas con las otras, solo que a escala casi cósmica, un ojo de proporciones colosales se abrió justo enfrente de ellos. Casi diez veces más grande que toda la superficie de Beach City junta, su brillante esfera dorada destacaba con facilidad contra el fondo oscuro en el que había aparecido, resaltando a su vez un iris verdoso muy brillante que no se parecía en nada al de un ser normal. Su forma vaporosa y difuminada parecía amenazar con mezclar los dos colores del ojo en la frontera entre ambos, oscilando como si de una onda se tratara en cuanto pareció centrar su enorme y oscura pupila triangular en el pequeño grupo de Gemas, un agujero negro de singular forma en el centro del brillante ojo.
No era una zona de sombras. No era un depredador oculto en el vacío.
Las sombras…el vacío… Eran el depredador.
Durante unos tensos segundos iniciales, nadie dijo ni hizo nada que no fuera sostenerle la mirada al gigantesco behemot. A Steven le estaba costando un rato aceptar que pudiera existir un ser tan absurdamente grande como aquel, y que encima estuviera situado justo a su lado. Su padre le había dicho que había paisajes en la Tierra que a menudo le habían hecho alucinar bastante, tanto que había tenido que mirarlos un par de veces para convencerse de que realmente eran tan grandes y majestuosos como parecían. Con aquel ojo, a él le estaba pasando algo parecido.
Por otra parte, Perla se quedó rígida en su sitio sin saber bien que hacer o decir, mentalmente paralizada por primera vez en mucho tiempo. El terror la había dejado casi de piedra, tan asustada que por un momento pensó que iba a reventar solo de la impresión de encontrarse cara a cara (o cara a ojo, más bien) con aquel…ser… Costaba de creer que algo así hubiera podido acercárseles tanto sin que lo hubieran detectado antes, o que pudiera siquiera haberles visto dada la diferencia de tamaños. Para él…o ella… o ello…, Perla y las demás debían de ser más pequeños que la más diminuta de las motas de polvo, algo insignificante que bien podría haber chocado contra su piel un millón de veces sin que…ello… se percatara de su presencia. Y, sin embargo, ahí estaban: mirando fijamente el hipnótico ojo de aquel monstruo, una nebulosa que danzaba en el dorado espacio de su orbe, mientras sentía cómo se abocaban lentamente al vacío de su mirada.
-No…os…mováis…-susurró Obsidiana, su voz tan baja que de no ser porque los nervios de todo el mundo hacían que sus sentidos captaran cada detalle perceptible por sus cuerpos, tal vez no la hubieran oído.
-Eso…eso…eso es…es…-susurró del mismo modo Perla, incapaz de decir lo que pensaba. De no ser por el miedo, tal vez hubiera intentado escudar a Steven con su cuerpo, pero dada la magnitud de la amenaza…, sintió que lo mejor que podía hacer era hacer caso a Obsidiana y no moverse.
-Tranquilízate…-susurró Obsidiana, hablando lentamente como si pretendiera calmar a Perla-. Si no nos movemos…, y no hacemos ningún ruido…, tal vez no nos…
Obsidiana y Perla, si bien espantadas como pocas veces en su vida, habían conseguido serenarse lo suficiente como para hablar en voz baja.
Steven, menos tranquilo, solo podía permanecer petrificado en el sitio.
Peridoto, por otra parte…
-… ¡AAAAAAAAAAAAHHHHH!-gritó a pleno pulmón, presa del pánico. Había cambiado de opinión: insultar a Diamante Amarillo a la cara había sido el verdadero "paseo por el parque", en comparación con aquello.
El grito de espanto y pavor de Peridoto pilló desprevenidos a todo el mundo, que miraron con ojos desorbitados a la histérica Gema. Todos a una, sus tres compañeros corrieron a taparle la boca, pero llegaron un segundo demasiado tarde. La titánica pupila del ser se retrajo como el obturador de una cámara, rotando sobre su eje y centrando todavía más su impresionante forma en ellos cuatro, al tiempo que volvía a reverberar el mismo gruñido de antes a su alrededor. El ojo empezó a moverse cuando la bestia se agitó.
-¡Ahí viene!-gritó Steven, ahora que estaba claro que la discreción había fallado.
Sin perder un instante, Obsidiana invocó sus dos trabucos y apuntó con ellos al ojo. Antes de disparar, transformó sus cañones para que se multiplicaran como cuando combatió contra Perla, apuntando pronto todos en dirección a la descomunal esfera.
-¡Agarraos!-gritó a sus compañeros, al tiempo que disparaba sin esperar a ver si le habían hecho caso o no. Por suerte, Perla y las demás habían tardado poco en reaccionar, sujetándose a Obsidiana en un instante.
El impacto consecutivo de los disparos de los trabucos apenas tuvo efecto contra el descomunal ojo, pero sí que permitió al grupo empezar a desplazarse en un instante, alejándose a toda prisa de aquella cosa…, pero sin hacer realmente ningún avance. Sencillamente, la bestia era demasiado grande como para que ellos, de un tamaño ridículamente menor, pudieran alejarse apenas de ella con sus reducidas fuerzas. Aun así, Obsidiana siguió disparando como si creyera que todavía podían conseguirlo.
A sus espaldas, el ojo pareció alejarse momentáneamente al tiempo que las sombras empezaban a avanzar, levantando una fuerte ventolera que desestabilizó ligeramente la trayectoria de Obsidiana y el resto, un viento de tormenta que parecía provenir de todas partes a la vez. Mucho más rápidamente que ellos, extrañas formas sombrías empezaron a desplegarse por todo el espacio a su alrededor, oscureciendo las luces y tapando los colores del horizonte. La bestia los estaba rodeando.
-¡SE ACABÓ! ¡ES EL FIN!-exclamó Peridoto, completamente fuera de sí. Si bien Steven dudó un momento respecto a cómo calmarla, pareció que a Perla de repente se le aclararon las ideas, ya que con expresión decidida cogió a Peridoto por los hombros, y la abofeteó repetidamente en ambas mejillas.
-¡Tranquilízate! ¡Podemos conseguirlo!-exclamó Perla, que si bien parecía algo más decidida, seguía estando tan nerviosa como antes. Los golpes de Perla parecieron despertar a Peridoto, que a modo de respuesta arremetió con ambas manos contra Perla.
-¿"Tranquilizarme"? ¡Estoy tranquila! ¿¡NO VES LO TRANQUILA QUE ESTOY!?-exclamó, para nada tranquila, al tiempo que intentaba golpear con sus pequeñas palmas a Perla. Esta se defendió a manotazos también, quedando ambas intercambiando golpes y palmadas como si de un par de niñas pequeñas se trataran, muy para confusión de Steven e irritación de Obsidiana.
-¡Chicas, parad! ¡Este no es el mejor momento!-dijo Steven, tratando de parar a sus dos amigas.
-¡ESTAROS QUIETAS DE UNA VEZ!-exclamó Obsidiana, mucho más brusca, al tiempo que disparaba-. ¡Como no os calléis, juro que paro ahora mismo y nos damos media vuelta! ¿Queréis ver cómo nos volvemos para atrás?
-¡Nonononono!-exclamaron las dos, olvidando rápidamente su pequeña reyerta. De no ser por lo apremiante de su situación, Steven tal vez incluso hubiera encontrado divertido el comportamiento de Perla y Peridoto. En lugar de reír, lo que hizo fue centrar su atención en el descomunal alienígena extra dimensional que en esos momentos trataba de rodearlos a la vertiginosa velocidad de varios sistemas solares por segundo.
Para entonces, todo a su alrededor eran sombras ya. Las luces y el fondo de la Inter-dimensión desaparecieron cuando el cuerpo de la criatura los envolvió, demasiado grande y demasiado alejado de ellos como para percibir el más mínimo detalle de su cuerpo. Aun así, estaba claro que la bestia los había rodeado. Su única esperanza radicaba en un pequeño fragmento de luz, la única que parecía haber escapado a la encerrona del monstruo, una diminuta luz hacia la cual Obsidiana se dirigía a toda velocidad. Sus disparos siguieron resonando con gran fuerza y cadencia, apenas audibles sin embargo debido al estruendoso gruñido de la criatura que con aviesas intenciones trataba de atraparlos. Un crujido sonó cerca de Steven, que al seguirlo con la mirada vio que se había generado una grieta en uno de los cañones de Obsidiana. A pesar de ello, esta siguió disparando repetidamente, ampliando la grieta y generando cada vez más de ellas.
-¡Obsidiana!-exclamó Steven, creyendo que esta no se había dado ni cuenta del estado de sus armas. Al parecer, pero, se equivocaba.
-¡Lo sé! Solo un poco más…-masculló, mirando de reojo a la luz hacia la que se dirigían. El aire pareció espesarse y revolverse cuando la bestia estrechó el cerco, intentando atraparlos. En el momento en que los trabucos de Obsidiana iban a explotar, la sombría Gema los lanzó hacia atrás, aprovechando su estallido para conseguir el impulso extra que necesitaron para adentrarse finalmente en la luz, desapareciendo en un instante de la Inter-dimensión.
La brillante luz que los envolvió cegó momentáneamente a Steven, quien se cubrió con un brazo en un intento de proteger sus sensibles ojos. Ni siquiera se dio cuenta de que su burbuja había desaparecido. Cuando por fin pudo abrirlos, lo primero que vio fue la melena de Obsidiana meciéndose de aquí para allá al ritmo de sus acelerados pasos, mientras corría a toda prisa a través del nuevo mundo en el que habían aterrizado.
-¡De prisa!-exclamó Perla, agarrada desesperadamente con un brazo al cuello de Obsidiana, y con el otro sujetando a Peridoto y Steven para evitar que se cayeran. Corrían por un bulboso prado de hierbajos de un color azul gris como un día de tormenta, el cielo sobre sus cabezas verde y plagado de… ¿nubes? ¿Rocas? Steven observó que en el lugar donde deberían estar las nubes había gigantescas islas flotantes de las que caían ríos de agua cristalina haciendo filigranas en el aire. Algunas setas multicolores, del tamaño de árboles, ocupaban el pequeño prado, desprovisto de cualquier otra forma de vida que no fueran los hongos y la hierba. Al fondo, Steven creyó ver algo así como un asentamiento de extrañas casas tan redondeadas como el suelo bajo sus pies, habitada por una raza de seres de aspecto vagamente humanoide (salvo que estos tenían cuatro brazos y la piel rosada). Parecían…extremadamente alarmados, todos corriendo de un lado a otro mientras se gritaban cosas en una lengua que Steven no alcanzó a entender.
¿La razón de tanto pánico? La descubrió cuando un gigantesco tentáculo de proporciones imposibles atravesó en el horizonte una de las rocosas "nubes", abriéndose camino hasta llegar al planeta y provocando que cayeran gigantescos cascotes al suelo. Sin apenas resistencia, se adentró en la tierra y resquebrajó el planeta como si de una esfera de cristal se tratara, provocando tal seísmo que todos lo sintieron a pesar de haber ocurrido tal vez a miles de kilómetros de distancia. La nube de polvo que levantó ocultó brevemente el extremo del tentáculo, que sin embargo era demasiado grande como para quedar escondido del todo.
Siguiendo el tentáculo hasta arriba, Steven vio que una especie de descomunal silueta se podía ver en el cielo a través de rocas flotantes, oscureciéndolo. Un sinfín de tentáculos de todos los tamaños y formas parecían formar su cuerpo, tan estrambótico y tan viscoso que Steven sintió que le daba un vuelco el estómago al ver contorsionarse tantos tentáculos a la vez. De haber comido algo, tal vez le hubiera sentado mal. Tan grande y cercano era, que apenas se podía ver un resquicio de cielo que no estuviera ocupado por su silueta.
-¿A dónde vamos?-exclamó Perla, agachando la cabeza para evitar que un cascote le diera en la gema.
-¡Esa cosa está justo encima de nosotros! ¡Tenemos que encontrar otro portal que nos saque del planeta!-exclamó Obsidiana, avanzando velozmente a través de las pequeñas colinas que formaban los bulbos del prado. El impacto del tentáculo había lanzado un sinfín de cascotes y rocas por los aires, desestabilizando varias nubes de roca que empezaron a caer como meteoritos al suelo. Una de estas parecía que iba a aplastar al veloz grupo de Gemas, mas la agilidad de Obsidiana le permitió saltar de roca en roca al tiempo que esquivaba los cascotes, avanzando sin demora a pesar del peligro. Dados los acontecimientos recientes, la verdad era que un desprendimiento como aquel apenas asustó a Steven y a Peridoto, quienes seguían más centrados en el monstruo que con apenas un tentáculo había provocado el pánico en todo el planeta. ¿Cómo de grande debía de ser, para que incluso desde la superficie del planeta no se le pudiera ver el cuerpo al completo? Solo uno de los tentáculos de su cuerpo ya era tan grande como para destrozar un mundo. ¿Qué se podía hacer contra algo así?
Mientras el caos y la destrucción empezaban a reinar por todo el planeta, Obsidiana siguió corriendo hasta llegar a una especie de claro desprovisto de bulto alguno o de hierba, una superficie perfectamente lisa con unas estructuras cuadriculadas que a Steven le recordaron a los portales de las Gemas. A su alrededor, numerosas columnas de piedra delimitaban el singular espacio, dándole la pinta de ser alguna clase de lugar sagrado para los habitantes de aquel planeta.
-¡Ahí!-exclamó Perla. Sin perder un instante, Obsidiana empezó a correr hacia ellos.
-¡Pero…!-dijo Steven, echando la vista hacia atrás y mirando el desolado pueblo. Estaba claro que sus habitantes nada iban a poder hacer para repeler a aquel ser. Perla, que siguió la mirada de Steven, lo atrajo contra su pecho, abrazándolo a modo de consuelo.
-No podemos hacer nada por ellos, Steven-le dijo apenada, consciente de lo mucho que debía dolerle a su joven amigo el ver a alguien indefenso y ser incapaz de ayudarle-. Tenemos que avanzar. Si nos quedamos…
-…lo sé-dijo simplemente Steven, contemplando con ojos tristes la pequeña aldea. La nube de polvo que levantó el tentáculo siguió su avance y se fue agrandando a medida que se acercaba a la posición de Steven y las demás, abalanzándose sobre ellos al tiempo que levantaba una descomunal ola de tierra en su dirección.
Antes de que alcanzara a cubrir la aldea, pero, Obsidiana alcanzó primero el portal y el grupo despareció en un destello brillante. Lo único que quedó de ellos fue una pequeña lágrima de impotencia y arrepentimiento, que cayó al suelo y pronto se perdió cuando el suelo se partió en mil pedazos antes de que el interior de aquel mundo reventara.
Cuando el haz finalmente se apagó, Steven vio que no habían ido a parar a un haz de luz como cuando salieron de la Tierra, sino que directamente aterrizaron en otro mundo, uno donde el suelo y las altas paredes que como un laberinto ocupaban la superficie del planeta estaban plagados de espinas rojas como la sangre. Esferas flotantes que parecían estar hechas de un extraño líquido azul eléctrico flotaban por doquier, chocando de vez en cuando las unas con las otras y generando pequeñas descargas cuando sucedía. No había cielo, solo un vasto firmamento de estrellas que pronto fue atravesado por la visión de otro tentáculo. A Steven no le dio tiempo de ver nada más de aquel mundo antes de que Obsidiana atravesara otro portal, perdiéndose el grupo pronto de vista.
El impacto de la fría agua pilló desprevenido a Steven, quien sin su burbuja se vio desprotegido ante tan repentina situación. Allá donde posaba Steven la mirada, solo veía agua y más agua. Formas parecidas a sirenas y tritones como los de las películas de la televisión pasaron raudos a su lado, demasiado rápido como para que llegara a ver nada concreto de su aspecto físico. Un par de animales, grandes como ballenas pero con las proporciones físicas un tanto tergiversadas (una cabeza gigantesca, cuerpo sinuoso y alargado, y una aleta mucho más grande de lo normal) nadaban junto a los esquivos habitantes de aquel curioso mundo, mucho más lentos pero siempre en la misma dirección. Mientras el grupo se hundía al tiempo que Obsidiana nadaba velozmente hacia las desconocidas profundidades de aquel lugar, Steven alzó la vista y miró a donde supuso que se encontraba el cielo, solo para ver una oscuridad penetrante como aquella a la que se dirigían. Sin ningún indicio que dónde podría estar el sol, Steven se cuestionó por un instante cómo debía de ser aquel mundo, si estaban nadando hacia arriba o hacia abajo, y cómo lo iba a hacer para respirar de nuevo allí… Antes de que pudiera hacerse más preguntas, Steven y los demás se transportaron a una nueva localización.
La luz del sol deslumbró a Steven, quien tardó un rato en acostumbrar sus ojos lo bastante como para poder observar su situación. De inmediato, sintió el frío viento de aquel nuevo mundo golpeando contra su ropa mojada, si bien su atención estaba puesta en otra cosa. Se encontraban en un nuevo paraje, un auténtico océano de nubes plagados de pilares que lo atravesaban por todas partes. Su avance consistía en Obsidiana saltando de pilar en pilar, corriendo tan rápido que sus zancadas se saltaban un par de pilares en cada salto. Mientras procuraba no pensar en lo alto que realmente debían de estar, Steven vio cómo a su lado corría una extraña criatura parecida a un mono de pelaje azul. A diferencia de los primates de la Tierra, sus brazos y piernas eran extrañamente alargados y parecían mucho más fuertes, pudiéndole seguir el ritmo fácilmente a Obsidiana a pesar de que tan solo medía la mitad de su altura total. No tenía ni idea de por qué estaba corriendo allí con ellos, pero Steven tampoco lo preguntó. En su lugar, optó por vigilar los cielos por si veía señales de los tentáculos de la criatura que los andaba persiguiendo, observando algo aliviado que tan solo había una cúpula dorada encima de sus cabezas. Sin rastro alguno de la presencia del monstruo, Steven creyó que tal vez hubieran conseguido despistarlo al fin, o por lo menos dejarlo lo suficiente atrás como para empezar a perderlo. De repente, Obsidiana se lanzó desde uno de los pilares hacia las nubes, atravesándolas de cabeza como si de una piscina se hubiera tratado, y apareciendo de repente en la tormenta que con fuerza caía hacia abajo, en su misma dirección. La oscuridad de la tormenta impidió a Steven ver nada del mundo que había más abajo, apenas iluminado por los esporádicos rayos que de vez en cuando destellaban brevemente por ahí, de manera que no llegó a ver cuándo Obsidiana alcanzó el nuevo portal, perdiéndose nuevamente de vista su pequeño grupo como si nunca hubieran estado allí para empezar.
Steven y las Gemas con las que viajaba atravesaron aún otros dos mundos, sus visitas en ellos tan breves y repentinas que el joven niño humano apenas alcanzó a percibir nada de sus formas o características. En el primero, Steven se vio inmerso en una densa niebla verdosa, y seguidamente sintió una repentina presión en su pecho, boqueando y agarrándose desesperadamente a Obsidiana y Perla en cuanto se dio cuenta de que no podía respirar aquel aire extraño. Por suerte, rápidamente alcanzaron el portal, transportándose a un mundo donde Steven pudo recobrar el aliento. Tan centrado estaba en respirar profundamente, que solo alcanzó a ver un extraño paisaje de nubes esponjosas como el algodón de azúcar y un prado rosado que le recordó mucho, por un instante, a la dimensión dentro de la melena de León. Por precaución, y para evitar que volviera a pasar lo del mundo anterior, Steven tuvo el acierto de guardarse algo de oxígeno para sí invocando su burbuja, perdiendo momentáneamente su agarre sobre la espalda de Obsidiana, pero siendo rápidamente rescatado por Peridoto y Perla, quienes lo sujetaron con un brazo cada una. En un momento, alcanzaron un nuevo portal, y el extraño lugar desapareció ante sus ojos.
Finalmente, Obsidiana sacó al grupo de un disparo del haz de luz en el que viajaban, apareciendo de nuevo en la Inter-dimensión. La visión del característico fondo purpúreo alivio curiosamente a Steven, quien al parecer ya había empezado a acostumbrarse a aquel lugar a pesar de los frecuentes peligros y los trepidantes y apremiantes viajes a los que se había visto sujeto desde que llegaron allí. Cuando se percató de los matices azulados del horizonte entre las nubes de tormenta que parecían haber por todas partes en aquel lugar, Steven sintió como si hubieran vuelto al principio de su aventura.
-¡Eh, reconozco ese fondo!-exclamó emocionado Steven-. ¿Estamos ya…?
-¡Silencio!-chistó con urgencia Obsidiana, mirando con aire tenso en cierta dirección. Steven se tapó la boca con ambas manos.
Siguiendo su mirada, Steven tuvo que forzar un poco la vista para ver qué era lo que tenía tan tensa a Obsidiana, ya que a primera vista no vio amenaza alguna. Sin embargo, tras mucho observar, Steven notó que en una de las lejanas luces del fondo purpúreo de la Inter-dimensión, había algo así como un pequeño punto que parecía estar moviéndose, desplazándose apenas unos milímetros desde su perspectiva con la luz de aquel mundo de fondo. De repente, la luz desapareció, y con ella el punto, que se confundió contra el oscuro horizonte de la dimensión paralela. Pasaron varios minutos, pero el punto no volvió a aparecer.
Solo entonces, Obsidiana se permitió un suspiro de alivio, gesto que indicó a Steven y a las demás que seguramente ya estaban fuera de peligro.
-Ya… ¿Ya está?-preguntó tentativamente Perla, quien siguió vigilando lo que fuera que Obsidiana hubiera mirado con tanta premura. Al no encontrarlo, optó por mirar de reojo a la tensa asesina.
-Ya está. Le hemos dado esquinazo-declaró Obsidiana, muy para alivio de todo el mundo.
-¡Por mis estrellas, menos mal!-dijo Peridoto, soltando el aire que sin saber había estado conteniendo de los nervios-. ¡Creí que…! ¡Estaba segura de que…!
-Tranquila, Peridoto-dijo Steven, tratando de calmar a su verdosa amiga-. ¿Ves? Sabía que Obsidiana nos salvaría. No dudé ni un momento de ella-declaró orgulloso, sacando pecho. A pesar de la mirada escéptica de Obsidiana, esta no pudo evitar que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro, optando por no decir nada al respecto.
-¿Seguro que no nos persigue aún?-preguntó Perla, quien parecía no estar del todo segura aun.
-Del todo. Ya habéis visto como se ha alejado-explicó Obsidiana, invocando de nuevo sus trabucos.
-Espera… ¡Ese punto… ¿era la cosa esa?!-preguntó sorprendido Steven. Aquella cosa era enorme, más que cualquier otra que él hubiera visto o siquiera imaginado. ¿Cómo de lejos habían ido, para que algo tan monstruosamente grande hubiera quedado reducido a un minúsculo puntito en la distancia?
-Sí. Al no poder seguirnos el ritmo, habrá optado por ir a destruir algunos de los planetas más cercanos a su posición. No deberíamos de encontrarnos con más de esos durante el resto del viaje-explicó Obsidiana, disparando sus armas y reanudando la marcha. Sin embargo, nuevas preguntas surgieron en la mente de Steven.
-Pero… ¿Qué era eso? ¿Hay más de uno? ¿De dónde venía, qué quería? ¿Por qué nos perseguía? Y…-dijo, bajando el tono de voz. El cambio aparente en los ánimos del pequeño niño llamó la atención de Obsidiana, que sin detenerse giró la cabeza para mirarlo de reojo con su ojos libre-… ¿realmente ha destruido los planetas de esas gentes?
-Oh, Steven…-dijo Perla, apenada al ver a Steven tan entristecido. Tal vez fuera la primera vez que Steven se encontraba incapaz de ayudar a alguien, enfrentado a una amenaza que no solo lo superaba a él, sino a todas sus compañeras a la vez. Se trataba de un enemigo al que no podrían vencer sin importar cuanto creyeran en ellos mismos, ni cuantas Gemas se fusionaran ni cuantas estrategias extrañas y disparatadas se sacara él de la manga. Lo único que habían podido hacer había sido correr y dejar atrás la devastación causada por aquellos tentáculos, siguiendo su camino para ponerse a salvo sin mirar un instante atrás. Eso había destrozado a Steven por dentro, más que el miedo o los nervios. El no poder salvar a aquellos seres, que lo único que pudieron hacer fue correr y huir mientras todo a su alrededor se hacía pedazos… ¿Realmente no había habido nada que ellos pudieran hacer? ¿Los habían abandonado acaso sin intentarlo siquiera? Las dudas reconcomían a Steven, que se sintió peor que si aquella cosa hubiera optado por seguirlos hasta allí. Así, al menos, no habría tenido tiempo para ponerse a pensar en cosas así.
-…sí, Steven-dijo al final Obsidiana, volviendo su atención al frente-. Los planetas y mundos que hemos dejado atrás, al menos en su mayoría, es muy posible que hayan caído presa de esa criatura.- Las palabras de Obsidiana, si bien tranquilas, se sintieron como puñaladas para Steven. Gruesas lágrimas empezaron a brotar de sus ojos cuando un terrible pensamiento se formó en su mente.
-Entonces… ¡es culpa nuestra que…!-exclamó Steven con horror, sintiendo el peso del arrepentimiento y el pesar en su interior, la culpa oprimiendo su pecho dolorosamente.
-No-dijo Obsidiana, cortándolo antes de que pudiera decir nada más-. No ha sido culpa nuestra. Hubieran sido atacados por eso incluso aunque no hubiéramos estado allí. Simplemente, coincidimos en su ruta por casualidad, apareciendo justo delante suyo cuando le dio por despertar. No provocamos el ataque, y no hubo nada que pudiéramos hacer para evitarlo ni para ayudarles. Simplemente, las cosas son así.- Si bien parecía que las palabras de Obsidiana habían conseguido consolar un poco a Steven, este no se sintió mejor precisamente por dentro. Aunque no hubiera habido nada que ellos hubieran podido hacer por salvar esos mundos, por lo menos hubiera querido intentarlo. Tal vez, si lo hubieran hecho, habrían conseguido salvar a alguien…
-Pero… ¿qué era esa cosa?-quiso saber Peridoto, a quien el no tener todas las respuestas la irritaba como pocas otras cosas en el universo. Le molestaba no ser la Gema más lista del grupo, si Obsidiana poseía información que ella desconocía.
-Pues… no estoy segura-reconoció Obsidiana como si nada, muy para sorpresa de Peridoto.
-¿Cómo, no lo sabes?-preguntó confundida Perla-. Creí que eras una experta en estas cosas.
-No soy "una experta", ¿vale?-preguntó algo irritada Obsidiana. Al parecer, se había tomado a mal la pregunta de Perla-. La Inter-dimensión es un misterio que ni las Gemas del Planeta Natal han explorado todavía. Yo apenas he alcanzado a comprender algunas cosas básicas sobre por dónde moverme o que zonas evitar, nada más. Ni sé cómo funcionan las cosas aquí, ni sé exactamente qué son las cosas que viven aquí. Tan solo te puedo decir que ninguna de ellas es amigable, así que cuantas menos nos encontremos, mejor.
-Bueno…-dijo finalmente Perla, mirando algo más relajada el horizonte-. Por lo menos, me reconforta saber que nunca nos encontraremos cosas así en nuestro universo. Mientras permanezcan aquí…
-…yo nunca he dicho que solo se muevan por esta dimensión…-dijo con tono casual Obsidiana, reclamando nuevamente la atención de todo el mundo.
-¿Qué…quieres decir?-preguntó algo atemorizado Steven. Ni a Perla ni a Peridoto les apetecía mucho oír la respuesta, pero a su vez no podían evitar oírla.
-Digamos que… ¿Nunca te has preguntado qué aguarda al otro lado de un agujero negro?-respondió enigmáticamente Obsidiana.
Demasiado aterradas como para responder, Perla y Peridoto optaron por guardar silencio al tiempo que intentaban no pensar mucho en ello. Steven, con su infantil y energética imaginación, no tardó en ponerse a pensar en las muchas y diferentes posibilidades que ofrecía la pregunta de Obsidiana, curiosamente ninguna de ellas tan aterradora como la criatura de la que habían huido, pero sí igualmente estrambóticas. Por raro que pareciera, la imagen resultante relajó bastante a Steven, que alternó entre crear monstruos en su mente con observar el cambiante paisaje para distraerse en lo que duró el resto del viaje.
Una vez el silencio volvió a imponerse sobre el grupo, sus miembros decidieron unánimemente volver a centrar su atención en el variopinto paisaje de la Inter-dimensión, demasiado cansadas de sorpresas como para permitirse el bajar la guardia. Vigilando atentamente cada rincón del vasto espacio infinito repleto de enigmáticos fenómenos y extrañas criaturas, Perla y las demás Gemas seguían la ruta sin mediar palabra. Steven, algo más relajado, siguió su ejemplo de vigilar aquel peligroso lugar, al tiempo que trataba de ocupar su mente con cada pequeño detalle y fenómeno que observaba para así no pensar en toda la devastación que acababa de presenciar. Aunque Obsidiana le hubiera dicho que no había sido culpa suya, no podía evitar sentir que había abandonado a aquellas personas, corriendo por su vida mientras dejaban atrás a aquellos que en su momento necesitaron de alguien que los ayudara y rescatara de tan acuciante situación. Tal vez hubiera tenido razón, y realmente no había habido nada que ellas hubieran podido hacer para salvarles, pero… Si al menos hubieran podido intentarlo… Tal vez no hubiera servido de nada, e incluso tal vez… No, Obsidiana tenía razón. Si se hubieran quedado, la cosa habría podido acabar muy mal para ellos también. Aquel ser… no era uno al que se hubieran podido enfrentar ellos solos. Simplemente, era demasiado grande como para que su pequeño grupo de Gemas pudiera ser reconocido como una amenaza siquiera. Si lo que Obsidiana había dicho era cierto, entonces su destino habría sido el mismo ya hubieran estado ellas allí o no, coincidiendo por simple azar y casualidad en su camino justo cuando se dispuso a devastar esos mundos. No ayudaba ni aligeraba la carga de su pecho y consciencia, pero por lo menos hacía que se sintiera un poco menos culpable por no haberse parado a ayudar. Así, en vez de sentir que los había abandonado, simplemente se sentía frustrado por no haber podido ayudar, y devastado por toda la destrucción y muerte presenciadas. Algo es algo, ¿no?
-Vale, preparaos. Estamos cerca…-dijo de repente Obsidiana, sacando de sus cavilaciones a Steven. Sin que se hubiera dado cuenta casi, habían ido adentrándose en una nueva zona de la Inter-dimensión, una con el fondo de una curiosa mezcla de negro y blanco que parecía arremolinarse formando espirales por doquier, sus luces cambiando de color según cual fuera el horizonte sobre el que estuvieran posadas. Las situadas en el fondo negro brillaban con la típica luz de los portales que habían estado viendo hasta el momento, pero las situadas en el fondo blanco parecían haber cambiado su luz por otra más oscura, casi como si sus colores estuvieran invertidos. El curioso fenómeno llamó la atención de Steven, que por un momento se preguntó si a ellos les pasaría lo mismo de acercarse a una de esas zonas.
Obsidiana, sin embargo, llevó al grupo hasta una de las luces normales del horizonte, una aparentemente idéntica a todas las demás, pero que al parecer representaba algo que la siniestra asesina podía identificar como el planeta al que habían decidido viajar. Descartando sus trabucos, Obsidiana dejó que el grupo flotara tranquilamente a medida que se iban acercando al límite del portal, su luz irradiando de este como si de una silenciosa bombilla se tratara. De cuatro metros de altura, la singular anomalía luminiscente permanecía fija (o así lo suponía Steven) en el espacio, su forma ligeramente ovalada apenas oculta por la luz que manaba de ella. No molestaba a los ojos, por lo que Steven podía quedársela mirando indefinidamente y observando con gran interés los diferentes matices luminosos de su interior, preguntándose no por primera vez cómo era que algo así podía servir de unión entre dos dimensiones diferentes. Cuando menos, era interesante.
Desprovistos de impulso alguno, el pequeño grupo de Gemas exploradoras terminó por detenerse frente a la luz, justo en el umbral del portal.
El gesto sorprendió a Steven, que miró a Obsidiana para ver si todo marchaba bien. Si bien no podía estar seguro a primera vista, nada más ver el rostro de Obsidiana, Steven pensó que algo turbio le rondaba por la mente a su compañera. No lo expresaba visualmente, pero estaba claro que a Obsidiana le preocupaba algo. Parecía intranquila, dubitativa, casi como si aún después de haber hecho aquel viaje tan largo, y aún después de haber sido ella quien propuso tan disparatado plan, a la hora de la verdad, se hubiera echado para atrás y la hubiera abandonado su valor.
-¿Eh? ¿Por qué nos hemos detenido?-preguntó confusa Peridoto, quien parecía no haberse percatado de la intranquilidad de Obsidiana. Perla, a su espalda, pareció entender como Steven lo había hecho de que algo no andaba bien con Obsidiana, si bien se abstuvo de decir nada por el momento.
La pregunta de Peridoto pareció sacar de su ensimismamiento a Obsidiana, quien sacudió la cabeza como si pretendiera espabilarse.
-N-no, no es nada…-dijo, su titubeo sorprendiendo a todos por igual. Si antes habían dudado de que algo preocupaba a Obsidiana, entonces ahí tenían la prueba concluyente-. Vale… En cuanto atravesemos el portal, estaremos en territorio del Planeta Natal. La colonia está deshabitada, pero eso no quita que tal vez haya alarmas o incluso trampas. No nos interesa llamar la atención de ninguna patrulla o sistema de vigilancia, así que entraremos rápido, cogeremos lo que necesitamos, y saldremos de ahí a toda prisa. ¿Está claro?
Al unísono, sus tres compañeras asintieron decididas. No por nada habían pasado por tantos peligros para llegar allí, y ahora que había llegado la hora de la verdad, nadie estaba dispuesto a tirar para atrás hasta haber concluido la misión. Incluso Peridoto parecía decidida a ver finalizada con éxito la misión, dejando momentáneamente de lado los nervios y la inseguridad. Además, tenía a Steven, Perla e incluso a Obsidiana consigo. ¿Qué podía salir mal?
Ignorante de todo lo que estaba por salir mal, Peridoto se sujetó a Obsidiana mientras esta se adentraba en el portal. Hubo un breve destello de luz, y el grupo desapareció nuevamente de la Inter-dimensión, dejando atrás las nubes de tormenta, los rugientes relámpagos, y los monstruos que en ella habitaban.
Y aunque un poco más corto que el otro capítulo, cortamos aquí con este.
Espero que lo estéis disfrutando hasta el momento, y nos vemos en el capítulo 14.
Chao, chao.
