Basada en los personajes y la historia de mi fic "Diecisiete".
Este One Shot recoge la escena correspondiente a la mudanza de Ruby a la cabaña del cortafuegos.
.:: RETAZOS DE UNA METAMORFOSIS ::.
Capítulo II: Luz
Diecisiete dejó sobre la mesa una caja de mudanza más. Ruby no tenía demasiadas posesiones, la mayoría de sus cosas permanecía aún en el trastero de Logan.
La zoóloga terminaba de conectar unos altavoces portátiles y colocaba su Mp3 en un soporte que ubicó en la vacía y flamante estantería, cuando se dirigió a él.
—¿Quieres que ponga música?
Diecisiete la observó, apático.
—Me da igual —respondió, desprovisto de emoción. Y salió de la casa para continuar descargando el maletero del 4x4.
Sus contestaciones sin vida ya no ofendían a Ruby, que cada vez estaba más acostumbrada a su forma de ser.
—¿Qué música te gusta? —insistió ella, alzando la voz para que él la oyera desde el exterior.
—No me gusta la música —concluyó él, al entrar de nuevo en el salón y depositar una bolsa de tela sobre una silla.
Ruby abandonó la tarea de rastrear buenas canciones en su playlist y volteó a medias.
—¿Qué? —no podía creerlo. Existían infinidad de estilos musicales. Era imposible que no existiera algo que no fuera de su gusto, por exquisito que éste fuera—. ¿Por qué?
—No me gusta nada de lo que sale de la gramola de la taberna —confesó. Y comenzó a hurgar en el contenido de la caja.
—Pero si tú ni siquiera pisas la taberna —repuso ella.
Él se encogió de hombros y procedió a sacar libros de allá y a apilarlos encima de la mesa.
Ella le miraba aún, pensativa. Definitivamente, conociéndole… Podría ser que funcionara.
—Déjame probar algo —musitó.
Se acercó al aparato Mp3 y seleccionó una canción determinada. El sonido de un sintetizador devoró el protagonismo desde el primer instante. Y luego una voz grave y melódica entonó una canción acerca de un tipo solitario de vida errante. La temática perfecta para Diecisiete.
—He got the action, he got the motion…
Ruby se la sabía de memoria y acompañaba los coros con su voz desafinada, mientras rellenaba de libros las baldas de la estantería. La canción llevaba ya dos minutos y medio sonando y Diecisiete no había apagado el aparato ni se había quejado. Ruby paró de tararear y le miró de reojo.
—¿Mejor que la gramola? —se aventuró ella.
—Peor es un puñetazo en el estómago… —admitió él. Ruby explotó en carcajadas.
«No está mal», pensaba realmente Diecisiete, mientras seguía trayendo cajas del maletero de su coche. Aquella era la primera vez que sonaba música en su casa.
Y Ruby ya no le hacía caso, se dedicaba a cantar algunas estrofas mientras ubicaba sus pertenencias. Se subió a una silla para ocupar los estantes superiores con archivadores y acompañó el ritmo de la canción con un movimiento repetitivo de la cabeza y los hombros que volvía saltarina la cola alta en la que había peinado su cabello.
Diecisiete regresó de otro viaje y al observar a Ruby, enfrascada en su labor, lo decidió. Sí, sin duda, aquella podría convertirse en su canción preferida.
Cuando terminó la música, dio paso a la siguiente en la playlist y Ruby dejó de hacer aquel movimiento tan ridículo. Él frunció el ceño, se acercó al pequeño aparatito y pulsó el botón de canción previa.
Ella se detuvo y le miró, sorprendida. El rostro de Diecisiete era insondable, como siempre.
—Vamos, sigue haciendo eso —dijo, simplemente.
—¿Qué? —Ruby pestañeó varias veces. Se acababa de perder...
—Eso que hacías —fue la aclaración de él.
Ella soltó una carcajada al caer en qué era "eso" a lo que se refería el androide, y negó con la cabeza, completamente colorada.
—No me mires fijamente cuando estoy ocupada porque suelo hacer cosas de las que no me doy cuenta —confesó.
—¿Y sólo lo haces al deshacer tu equipaje? —inquirió Diecisiete.
—NO… Me pasa también cocinando…
Él se cruzó de brazos y se plantó allá como un poste y ella supo que realmente estaba aguardando a que bailoteara ridículamente.
—¡Para ya de mirarme! —se quejó.
—No quiero.
—¡Pues entonces atrápame!
Ruby se arrojó en sus brazos desde la silla a la que se había subido para llenar los estantes y él la atrapó en un movimiento reflejo. Se encontró, de improviso, con las manos de Ruby enmarcando su rostro y sus labios besándole intermitentemente, tras lo cual, se separó con la clara intención de bajarse de sus brazos y continuar con la tarea. Pero él no la soltó.
Ruby le miró, confusa y vió en su rostro una expresión totalmente maléfica.
—¿Te arrojas a mis brazos y pretendes que te suelte tan fácil? —ronroneó la tentadora voz de Diecisiete.
Ella soltó una risita nerviosa.
—¿No querías que bailara? ¡Pues baila conmigo! —espetó ella, de golpe.
—¡¿Te has vuelto loca, "Bichóloga"?!
Y la soltó de golpe con los ojos abiertos como platos.
Ella aterrizó ágilmente en el suelo y rió. Aquella era exactamente el tipo de respuesta que esperaba de Diecisiete.
—Tengo que seguir ordenando mis cosas —dijo, y acarició con un dedo la nariz de él antes de alejarse hacia la mesa.
La vio levantar una de las cajas y desaparecer a través de la puerta de la habitación principal. Su flequillo revoloteó al pasar por delante del ventilador que había traído del refugio.
Él miró a su alrededor. No sólo era la música lo que marcaba la diferencia. Eran muchas más cosas, muchos más detalles, algunos de ellos imperceptibles para cualquiera, pero no para él, que se había acostumbrado a la soledad.
Ella llenaba aquella casa de mil y una formas diferentes. Con su presencia, con su ir y venir, con sus gestos, con sus bromas, hasta con sus bailoteos.
A causa de Ruby tenía la sensación de percibir, incluso, una luz especial entrando por las ventanas. Aunque también era natural: Ruby había abierto los postigos de par en par y el sol iluminaba el salón como nunca antes.
Sólo había visto una casa que se pareciera a la suya en aquel momento: la de Goku, cuando Diecisiete la allanó junto a su hermana y Dieciséis dispuesto a matarle. Esa casa irradiaba calidez, luz... Pero, por aquel entonces, poco y nada le importaba eso y la abandonó en seguida tras comprobar que estaba vacía.
No creyó que una simple casa pudiera transmitir aquella sensación inexplicable de… De paz, con sólo la presencia de una persona.
El chucho de Ruby entró tras haber pasado la última hora paseando por los alrededores y dormitando tras el cobertizo, donde la sombra era más fresca. A las 12 del mediodía, sin embargo, con un sol de justicia justo encima, el único lugar en el que refugiarse era la casa.
—¿Qué quieres? —preguntó el androide y lo miró inexpresivamente.
Tristan sacaba la lengua y le miraba con sus enormes orejas de cachorro medio caídas. Lloriqueó levemente y colocó sus patas delanteras en el muslo de Diecisiete.
Él lo apartó de forma ruda, como hacía siempre, y entró en la cocina para llenar de agua lo que parecía uno de los platos del cachorro, que Ruby había dejado allí casi al principio.
Lo colocó de nuevo en el suelo y Tristan se lanzó sobre él, sediento.
Lo observó con ojos entornados. Era curioso porque en cuanto pisó el porche de la casa de Diecisiete aquella mañana y detectó su olor impregnado en cada rincón, Tristan olvidó su aversión hacia él. Estaba en terreno ajeno y como buen perro asimiló con rapidez quién mandaba allí.
Escuchó a Ruby en la habitación, cantando las últimas notas de la canción con mucho afán pero nula entonación, y rió.
—¡Deja de reírte a mi costa, Diecisiete! —le advirtió ella.
Tenía la impresión de que con Ruby nunca más iba a encontrar tiempo para aburrirse.
Sonrió y caminó hasta el Mp3. "Walk of life" sonó una tercera vez, mientras él entraba en el dormitorio pisando las tablas de madera con decisión.
Un grito seguido de una risa escandalosa hicieron a Tristan alzar la cabeza de su bebedero. Pero muy pronto, el cachorro asumiría como rutina aquellos ruidos, los propios de un hogar feliz.
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Nota de la autora:
¡Hola a todos! Ha sido un OS cortito, pero me encantó escribirlo, y la canción que Ruby selecciona para Diecisiete es "Walk of life", de Dire Straits. Si no la conocéis podéis encontrarla en Youtube, me pareció que venía como anillo al dedo para los gustos de Diecisiete XD
¡Nos vemos en el próximo Retazo!
¡Muchas gracias por leer!
Dragon Ball © Akira Toriyama
