Basada en los personajes y la historia de mi fic "Diecisiete". Es recomendable (aunque no imprescindible) leer antes este fic para entender muchas cosas, situarse y conocer los personajes.
Este Shot está escrito desde la perspectiva de Blake tras regresar a casa después de escaparse. Es la escena que eliminé del capítulo 44.
.:: RETAZOS DE UNA METAMORFOSIS ::.
Capítulo III: Un padre diferente
No tenía idea de cuánto había caminado, pero había aprendido la lección de que hacerlo sobre un manto tan espeso de nieve acababa con sus fuerzas fácilmente.
Estaba agotado y las articulaciones comenzaban ya a dolerle. Había pasado demasiado tiempo bajo la tormenta, perdido en aquel bosque en el que no sabía cómo orientarse.
Sentía que podría quedarse dormido en la silla, mientras esperaba a que Ruby le sirviera una taza de leche caliente. Apoyó la cara en sus manos y suspiró con la vista clavada en Diecisiete y Ruby, que se hallaban en la cocina. Ella hablaba en tono bajo mientras preparaba un plato de galletas. Él escuchaba en silencio, cruzado de brazos y apoyado en uno de los armarios de la cocina, con aparente desinterés. Y "aparente" era el adjetivo más adecuado, porque lo cierto era que los inquietantes ojos azules no la perdían de vista.
Diecisiete parecía no haberse empapado bajo la tormenta. Se había duchado después de que lo hiciera Blake y ahora, con ropa seca y el cabello apenas un poco húmedo, no daba muestras de cansancio o entumecimiento. Viéndole así, el niño podía asegurar que ni siquiera iba a agarrar un leve catarro. Y eso que la nieve había empapado su cabello y su camisa al conducir la moto oruga durante el largo recorrido hasta casa, despojado de su abrigo, con el que le había cubierto a él para protegerlo de la ventisca.
Y cuando llegaron a casa y bajaron del vehículo, Blake se fijó que hasta las pestañas de Diecisiete se habían congelado. ¿Cómo había resistido a tan baja temperatura sin caer congelado como un témpano de hielo?
En Diecisiete descubría un misterio tras otro y Blake no podía evitar sentirse cada vez más intrigado. El odio que sintió inicialmente, tras toparse con él cuando escapó con Auri durante la excursión del orfanato, se habían transformado en simple incomprensión y desconfianza, pero ahora ya no quedaba apenas nada de todo aquello. Diecisiete le imponía respeto, eso sí, pero no por miedo, sino por su singularidad, y porque no sabía exactamente cómo tratarle. No actuaba como nadie que hubiera conocido en su vida… Aunque, de todas formas, Blake no conocía a mucha gente y a la poca que conocía jamás la había tratado demasiado..
—¿Te encuentras bien?
La vocecita de Auri sonó muy cerca de él. No había advertido hasta entonces que su hermana pequeña se había sentado en la silla contigua.
—Sí. Pero estoy muy cansado —explicó.
Miró a la pequeña. Podría asegurar que ella estaba casi tan agotada como él. Los párpados se le cerraban y sobaba la gastada oreja de Randy en un movimiento constante.
Ante él, Ruby puso un buen tazón de leche caliente y un plato con galletas de diferentes clases, y sobre su cabello, alborotado tras el baño, depositó una caricia tierna y varios besos. Luego se sentó en una silla a la mesa, junto a los niños, dispuesta a mirarle comer.
Al tiempo que Diecisiete colocaba dos troncos más en el hogar cuyas brasas apenas calentaban ya, ella suspiró y frotó su rostro en un gesto de agotamiento. Se veía pálida, el cabello desordenado y con oscuras ojeras bajo los ojos.
De vez en cuando, ella le devolvía la mirada a Blake, siempre acompañada de una sonrisa dulce. A pesar del tono amoratado bajo los párpados, los ojos de Ruby eran lindos, inmensamente expresivos. No había reparado en eso hasta entonces, siempre que se descubría siendo observado por ella había apartado la vista y no se había atrevido a enfrentarla, no se había sentido con valor de estudiar el aspecto de Ruby abiertamente… Ni el de Diecisiete.
Ruby se hacía entender apenas con una mirada y siempre se sentía dispuesta a regalar un gesto amable. Y ahora, después de haber tocado fondo y de la extraña charla que había tenido con Diecisiete en medio de aquel bosque, Blake tenía la necesidad imperiosa de refugiarse en ella… En los dos.
Él, a diferencia de ella, tenía una actitud hosca, silenciosa, una mirada amenazadora incluso sin fruncir el ceño, sin proponérselo. Pero…
Y ese "pero" era el que le forzaba a mirarle a escondidas, una y otra vez, como si su padre adoptivo poseyera alguna especie de magnetismo inexplicable. Intrigante, arrogante y a la vez bueno sin proponérselo; atento, sin darse cuenta. Diecisiete, con su silencio, su misterio, le significaba una incógnita que Blake quería… No, que Blake NECESITABA resolver.
Comía galletas silenciosamente, pensativo, observándoles interactuar de aquel modo extraño, como si se comprendieran sin hablar.
Ella, dulce, sonriente y expresiva, y él, haciendo siempre gala de su lengua afilada y de su mirada de hielo, formaban un tándem peculiar, una pareja rara por la que nadie habría apostado de no haberles visto convivir como Blake y Auri sí habían hecho.
Sumergió una galleta en el tazón hasta que sus dedos tocaron la leche y esperó a que se empapara antes de llevársela a la boca. Siempre le había gustado comer así las galletas, pastas, tostadas...
—Come despacio, cielo —escuchó a Ruby aconsejarle, él asintió con la boca llena—. Hay también de chocolate, si quieres.
—Estas me gustan... —respondió él, luciendo su acostumbrada timidez.
A pesar de que le encantaban aquellas galletas con pequeños trocitos de chocolate que Ruby solía comprar, no se sentía en confianza aún como para permitirse escoger o pedir algún capricho, ni siquiera aunque se lo ofrecieran.
Diecisiete le miró con ojos entornados, mientras organizaba algunas balas del rifle que había encontrado en los bolsillos laterales de los pantalones que se había quitado antes. Sus miradas se cruzaron brevemente y el androide resopló al detectar algo en la cara del niño.
Sus botas resonaron en los tablones del suelo de la casa al dirigirse directamente a la cocina. Regresó segundos más tarde, pasó por detrás de Blake y depositó en la mesa, junto a la taza del niño, una caja de color azul con el nombre "Chips Ahoy" impreso en letras grandes.
Blake le miró, Diecisiete regresó junto al soporte de las armas y se puso a verificar cuánta munición le quedaba para cada una de ellas. De espaldas a ellos de nuevo, no veía la mirada de intenso amor que Ruby le dedicaba.
Observándoles así, a Blake le azotó otra vez la dura verdad de saber que su madre no regresaría. Y aunque la pena pendía de su alma como una losa, sabía que debía seguir adelante.
Diecisiete tenía razón, debía asumirlo cuanto antes. Sólo así podría ser capaz de vivir.
Se quedaron completamente solos al desaparecer su madre, se vieron encerrados en el orfanato, viendo cómo la fortuna, de vez en cuando, se llevaba a los niños que allí vivían. Pero no tardaban en venir otros.
Pero esa vez la suerte les había tocado a ellos, a los dos juntos, su hermana y él. Era necesario que Blake lo entendiera así, porque su actitud positiva ayudaría a su hermana a adaptarse de forma más fácil a su nueva familia. Y, ¿por qué no decirlo? A él también le ayudaría.
Sólo mirándolo así serían capaces de ser felices.
Observó a su alrededor. Tenían una casa bonita, acogedora. Un hogar. Tenían un lobo precioso que le había encontrado perdido en el bosque, como un héroe. Tenían juguetes, podían ir a la escuela y vivían en un lugar de ensueño, precisamente, un lugar que a su madre le habría encantado.
Y entonces lo hizo, sonrió.
Cuando pensó en su madre siendo feliz al verles en esa nueva vida que se presentaba ante Auri y él entendió muchas cosas.
Miró su tazón de leche: estaba delicioso. Ruby le había recibido con abrazos, besos y leche caliente después de un comportamiento tan estúpido al escaparse de casa. Tenía suerte de verdad.
Abrió la caja de galletas que Diecisiete le había traído y troceó una de ellas dentro del tazón. Mientras le daba vueltas con la cuchara le observó en silencio, manipulando sus armas de espaldas a su familia y ajeno a las miradas que le dirigían.
Los detalles que tenía con ellos, algunos enormes como encontrarle a él, y otros diminutos como traerle las galletas, hacían destacar su humanidad por encima de aquella frialdad y extravagancia suyas. Tras el muro que rodeaba a Diecisiete había un destello especial. Y Blake comenzaba a verlo ya.
No, Diecisiete no era un padre como los demás y nunca lo sería. Esto se lo había dejado muy claro ya. Pero Blake tenía la corazonada de que, hiciera lo que hiciera, Diecisiete siempre estaría a su lado.
Quizá era precisamente la clase de padre que Blake necesitaba: uno... diferente.
Nota de la autora:
Este OS también es muy cortito, pero fue una escena del fic que se me hizo muy tierna, aunque no resultaba imprescindible para la trama, de modo que opté por eliminarla. Blake finalmente entiende que debe intentar ver a Ruby y Diecisiete como una esperanza para él y Auri, no como un lastre o una condena. Este es un paso enorme para él :)
¡Nos vemos en el próximo Retazo!
¡Muchas gracias por leer!
Dragon Ball © Akira Toriyama
