Manual sin instrucciones

Capítulo II


¿Está bien que haya dicho todo eso?

¿Está bien que estés en mi cabeza?

¿Es muy pronto para hacer esto?

Porque sé que es delicado

Taylor Swift, Delicate


Lexy abrió los ojos perezosamente. Cuando había llegado de la guardia fue directo a ducharse y en cuanto puso la cabeza en la almohada, cayó rendida.

En el hospital debía estar enfocada sólo en cosas inherentes a su trabajo, y al llegar a su casa el cansancio no le dio chance para detenerse a pensar detalladamente en el hombre más jodidamente hermoso que había visto jamás. ¡Madre santa! Sí que había hombres atractivos, otros lindos, o sexys, pero no todos los adjetivos juntos. Rallaba en la perfección, con todo el impacto de la palabra.

Su rostro parecía cincelado por algún dios. Rasgos perfectos, mirada que traspasaba defensas, sonrisa criminal y unos labios que a cualquier mujer le encantaría poder morder. Su cuerpo, con sólo darle un repaso a simple vista destacaba por su firmeza absoluta. Además era alto, increíblemente alto, no sólo porque en sí cualquiera podía serlo más que ella - con sus 1.57 m estaba en la categoría oficial de duende -, pero es que a él le calculaba más de 1.90 m.

Y es que no solo estaban esas cualidades físicas que eran más que evidentes, sino que además era un hombre que, si bien no lo conocía a fondo para ubicarlo en la categoría de altruista, pues sí que estaba vinculado con las actividades sociales. Además había ayudado con el niño, estaba pendiente de la situación, y la había esperado aún y cuando estuvo casi 6 horas con el caso.

Cuando salió por la sala de espera de la observación y no lo vio, pensó con un poco de desazón que finalmente se había marchado. Pero al oír su voz, no pudo evitar sentirse emocionada. ¡Sí estaba allí! Y con el apretón de manos sintió un hormigueo, un calor, que no podía sacudirse.

Pero el momento más cumbre fue cuando le dijo aquello de "la oración es un ejercicio de pasión, no de indiferencia". No, no, no. Se perdió en cuanto lo escuchó. ¿Por qué había tenido que soltar eso? Para ella había sido una implosión. Sí, le gustaban los hombres cultos e inteligentes, comprometidos con alguna causa, pero esta frase clave era de los que no sólo quieren cambiar el mundo, sino que saben que para hacerlo todo empieza desde sus propias manos.

Y no, no era como si él necesitara armar un arsenal de frases para el ligue. Estaba muy segura que nada más chasqueando los dedos podía tener a cualquiera. Pero fue la forma de decirlo, la determinación que había en su voz y la certeza en sus ojos, como si él tuviera un trasfondo invisible pero palpable - ella había sentido su verdad y cruzó el puente que él tendió.

Qué combinación tan peligrosa, ¿cierto? Tenía el aspecto, la mente, el corazón. Y por supuesto, todo, todo él también tenía un halo felino de misterio y peligro que la atraía irremediablemente; sabía que cualquier intento por resistirse sería en vano.

Algo en su interior le advertía que se tomara las cosas con calma, que no confiara del todo, que se controlara un poco. No obstante, sin importarle todas esas señales de alarma, la sobrecogía esta sensación de querer que ocurriera todo lo que tuviese que pasar. Porque era él. No creía en el amor a primera vista, pero algo tenía Erik Stevens que la impulsaba a lanzarse por el agujero del conejo.

Estiró su mano y tomó el teléfono de la mesita de noche. Hacía lo mismo todos los días: ver la hora, echar un vistazo a publicaciones nuevas de las revistas médicas que seguía, responder cualquier consulta o saludo que hubiese recibido, y poco a poco agarraba fuerzas para levantarse de la cama. Sólo que ahora se anexaba a su rutina de despertarse, verificar si él se había comunicado como acordaron ayer.

Veamos, llamadas y mensajes perdidos de su madre – después lidiaría con eso -, amigos, compañeros de trabajo, familiares de pacientes, colegas, y… y…

¡Sí! ¡Oh, sí! Un mensaje de remitente desconocido - que ahora pasaba a añadir a sus contactos -, se desplegaba en la pantalla del celular.

"Buenos días, Lexy. Esperando confirmación para nuestro café, o almuerzo, cena, o lo que te provoque".

¿Lo que le provocara? Así que también incluíamos travieso en la lista de características; era obvio, pero le gustaba conocer más facetas de él. Y le había dicho por su nombre, tal como se lo había pedido. Estaba sonriéndole a la pantalla y empezó a sentir calor en sus mejillas, ¿era posible que este hombre con un mensaje ya provocara tal efecto en ella?

¿Qué hacer? ¿Le escribía? ¿Lo llamaba? El mensaje lo había recibido a las 9am, y eran las… ¡4pm! Lexy se incorporó de golpe, ¡tenía años sin dormir tanto y tan profundo! Habían pasado muchas horas, así que mejor lo llamaría. Empezó a caminar dando vueltas por la habitación. Las manos le sudaban un poco cuando presionó en el táctil.

Esperó mientras escuchaba los repiques. Sentía su corazón latir con fuerza y se obligó a respirar profundo.


Erik estaba por su tercera sesión de ejercicio. Normalmente procuraba ejercitarse al menos una vez al día, pero estaba tan ansioso que tuvo que triplicar la actividad física para mantener la mente despejada. Estuvo toda la mañana en el gimnasio; temprano había hecho boxeo y después se había dedicado a piernas. Como era más de mediodía y no había tenido noticias de ella, y en definitiva se sentía enjaulado, decidió ir a trotar.

Aún con los audífonos puestos y la música a todo el volumen que le era tolerable, cada vez que perdía la concentración – lo que le estaba ocurriendo con frecuencia desde ayer -, no podía evitar pensar en Lexy.

Normalmente seguía dos modus operandi en cuanto a mujeres se refería. Si necesitaba de alguna información en particular para sus objetivos, hacía un paneo para escoger a la que le pudiera ser más útil, empleaba algún contacto para investigarla e identificar puntos débiles para manipularlos, las rompía, obtenía lo que quería y las despachaba. El otro era algo casual; si había presas fáciles las usaba para intentar saciarse. Sí, lo pasaba bien, a veces muy bien; de hecho sus favoritas eran aquellas que estaban claras en que él no tenía nada que ofrecer, sino todo que tomar, sin repetir, sin enganches. De cualquier manera, nunca estaba satisfecho del todo.

Pero con ella se sentía interesado, y mucho. No había decidido cómo maniobrar. Le intrigaba conocer todo sobre ella, pero no quería compartir sus datos con nadie más. Lo primero que hizo fue averiguar lo que aparecía en la red; sólo encontró su perfil en redes de médicos – Lexy por Alexandra, le gustaba de las dos maneras -, con información sobre la universidad y año en que se graduó, sus especialidades, áreas de experticia y experiencia laboral.

No le bastaba con eso, quería saber más, quería saberlo todo. Estuvo tentado a hackear todas las páginas que le dieran la mayor cantidad de información, pero se sentía extraño, como si no estuviera del todo bien. Es decir, sabía que violentar la privacidad era ilegal, pero simplemente nunca le importaba. Ponía su mira en algo, lo obtenía y ya. Pero de alguna manera, tratándose de ella, sólo no podía hacerlo. Maldita sea.

Él era un hombre que iba siempre adelante, pero no de manera aleatoria, sino que mientras se iba moviendo calculadamente determinaba cuál de todas las variables era la más factible. Y la única consecuencia que le importaba era el éxito. Tan simple como eso. No se detenía, simplemente no era parte de su programa. Pero algo tenía Lexy Rodríguez que lo impulsaba a tomar el riesgo de respirar y contemplarla.

Bien, le pondría una pausa a las ganas impacientes de tomarlo todo como sea, y esperaría a que ella misma se lo contara, lo que sea, todo, lo que ella quisiera. Por eso le había enviado ese mensaje. No la había llamado porque no era la opción evidente. Si había estado de guardia, apenas se estaban conociendo, aún no tenía la potestad para llamarle cuando sea a la hora que fuera, lo que habitualmente hacía porque francamente no le importaba, pero con ella, bueno, al parecer era la única excepción.

Sabía que quizá había jugado un poco los límites de lo moralmente aceptable con ese "lo que te provoque", pero quería que la doctora lo primero que hiciera al despertar fuera pensar en él, que se emocionara imaginando que podían estar juntos en cualquier situación y lo deseara así como lo hacía él. Porque vaya, cómo le provocaba marcarla.

Fue aminorando la velocidad hasta detenerse por completo. Miró el reloj, eran casi las 4pm y aún no tenía señales de ella, pero la paciencia la tenía de sobra. Estaba haciendo estiramientos cuando la música se detuvo de manera abrupta y al tomar el teléfono vio una llamada entrante. Era ella.

"Lexy, qué bueno saber de ti", lo decía con total sinceridad.

"Erik, ¡hola!", le agradaba escucharla aún y cuando claramente tenía voz adormilada.

"¿Recién despierta?", le hizo un poco de gracia, él nunca había podido dormir tanto, ni siquiera cuando no estaba en alguna misión.

"¡Sí, qué pena! Disculpa que estoy llamándote tan tarde, es que –".

"Tranquila, eres médico, tuviste una jornada difícil, tenías que descansar".

"Cierto, pero de cualquier manera, ¿crees que aún podamos vernos? Quizá hiciste planes o estás ocupado, yo lo entiendo totalmente. Dormí demasiado, no sé por qué, y yo, uhm, oh, ¡lo lamento! estoy hablando sin parar".

Erik sonrió torcidamente, le gustaban esos nervios. O corrección, le gustaba que él tuviera ese efecto en ella. No era sólo él quien había estado ansioso todo el día. Podría apostar que estaba sonrojada.

"Hey, no te preocupes, para ti siempre tengo tiempo".

¡¿Qué?! ¿Qué acababa de decir? ¿Para ti siempre tengo tiempo? Se llevó una mano a la frente en señal de exasperación. Tenía que recomponerse.

"Es decir, como habíamos acordado vernos hoy, dejé la agenda libre".

Muy bien, eso estaba mucho mejor. Sonaba respetablemente interesado sin caer en el desespero de OhPorDiosEstoyAquíSentandoEsperándote. Aunque esa era la verdad.

"¡Oh!", no supo distinguir si ese ¡oh! significaba que estaba molesta, decepcionada o ¿quizá halagada?, "Muy amable, Erik, entonces ¿te parece bien si nos vemos en un rato?".

Okey, suponía que le había sentado bien porque de lo contrario habría cancelado, ¿cierto?

"Seguro, dime lugar y hora".

"¿Conoces este local llamado Sweet Grannie?".

"¿Sweet Grannie?", Erik sonrió, pensaba que su doctora - bueno, sí, su doctora – tendría alguna sugerencia más ¿estirada? ¿No eran así los médicos?

"Sí, ¡es buenísimo! En serio, confía en mí que tengo casi una maestría en dulces", y la escuchó reír y de pronto ese sonido se le antojó uno de sus favoritos.

"¿Ah sí?", la acompañó en su risa, "¿Entonces puedo confiarte mi vida y mi selección de postres?", trazos de insinuación.

"Por supuesto, no te decepcionaré", otra risita juguetona, "¿A las 6pm, entonces?".

"Sí, allí estaré".

"¡Nos vemos!", escuchó el clic que terminó la llamada.

Guardó su teléfono y empezó el camino de vuelta a casa. No sabía exactamente por qué, pero esa llamada logró calmarlo. Quizá se equivocaba, quizá le estaba dando más importancia de la que realmente se merecía la situación, quizá ella era un espejismo y él sólo tenía que probarla para tacharla de su lista.

La verdad era que sólo se estaba justificando, porque no quería reconocer que le daba miedo. Él, siendo Erik Stevens, siendo Killmonger, siendo N'Jadaka, ya no le tenía miedo a nada. Sí, le preocupaba a sobremanera no cumplir con su objetivo final, pero precisamente eso era lo que le motivaba a seguir adelante, una vida tras otra como un videojuego.

Y con ella… Le era imposible no congelarse ante lo desconocido. No se iba a enamorar, punto. Tan sólo iba a contemplar el fuego mientras las llamas lo consumían todo excepto a él. Aunque Erik sabía en el fondo de su mente, con ese cosquilleo en el estómago, y por esa sonrisa estúpida que al parecer había decidido instalarse a vivir en su rostro, que no iba a poder salir ileso de este incendio.


Notas de Autor:

¡Hola, de nuevo! Una vez más quiero agradecerles a todos los que dejan review, hacen follow y favorite, realmente son claves para continuar :)

Por cierto, lo del agujero del conejo es una referencia de Alicia en el País de las Maravillas :3

Disculpen si Erik está OoC, estoy trabajando en eso y espero no desviarme mucho de lo que lo caracteriza V me agrada la idea de Erik en un aspecto un poco frozen (¡Vale, que T'challa y él tienen eso en común porque son primos adorables que se congelan cuando ven a sus respectivas chicas!) mientras que Lexy está en modo gowiththeflow.

Una vez más quiero agradecer enormemente a BooYouWhore101, my latinopowahsistah, por ser tan genialosa y darme ánimos para continuar este fic. Además que me encanta su manera de escribir, tiene una capacidad asombrosa para trabajar las emociones y situaciones, además que sus personajes son totalmente IC, en serio, ¡es lo más! Pasen a su perfil y revisen su historia, se van a quedar prendados de Wildest Dreams, con T'Challa de protagonista, ¡te enamoras total!

Espero que les haya gustado este capítulo, ¡nos leemos en el próximo!