Disclaimer: La historia es de mi pertenencia, en ella sólo utilizo sin ningún fin de lucro, a los personajes de Naruto, cuyo creador es Masashi Kishimoto. Está prohibido re-suban esta o cualquier otra de mis historias, o adaptarlas. La canción pertenece a Selena Gomez
Summary: Este es un cuento de hadas moderno, y no hay finales felices.- Ella sabe que hay un millón de razones por las que debería rendirse, pero el corazón quiere lo que quiere. |Yakuza AU|
The Heart Wants What It Wants
[02]
Sus oídos zumbaban, la adrenalina en su sangre hacía a su cuerpo ansioso, el olor a muerte era metálico; sangre.
Sentía sus manos tiesas pero aun así fuertemente empuñando el arma. No caería por esto, menos así.
Los disparos seguían siendo el eco de fondo, y los gritos desesperados, angustia, rabia y maldiciones mezclándose.
"¡Demonios! ¡Salen como cucarachas de una alcantarilla!"
"¡Lo mejor es que nos vayamos!"
"¡No podemos, nos disparan enseguida al vernos!"
Porque a pesar de los siseos de ellos, no había miedo o ruego.
"Lo mejor será que Sasuke se vaya,"
Voz tratando de mostrarse controlada, la mujer asumía el cargo. Sus acompañantes asentían, sabiendo bien que los refuerzos llegarían y que esos bastardos no eran realmente el fin, la prioridad se establecía.
"No."
Pero él no era un débil, no necesitaba protección.
"Cierra la boca," la mujer le siseó, no era momento para los caprichos de niño rico.
"Jūgo, tú-"
"No necesito nada de eso," adelantando lo dicho, su arma disparó con insistencia.
Quizá Sasuke quería demostrar algo, lograr algo. Esto no era nada, no con cosas que él vio y vivió antes, así que siguió en la espera de una oportunidad para continuar su contraataque, era mejor solucionarlo rápido, evitando derramar sangre de personas indebidas, y antes de que llegaran ellos.
.
Su memoria se mostraba como una bruma confusa de ruidos, disparos, adrenalina y sangre. Cuando de un momento ubicó que lo qué escuchaba eran gritos, y al siguiente las luces centelleantes de un barrio que no dormía. El dolor en su cabeza no se comparaba con el que sentía en su costado. Ardor, punzante, profundo.
Un quejido salió de sus labios, sus ojos fuertemente cerrados, queriendo parar el retumbar en su cabeza.
Y así como su consciencia se había ido unos momentos, esta regresaba de golpe y la alerta casi le hace respingar. Su cuerpo estaba reclinado a una húmeda pared, sentía sudor correr por su cara y su cabello cubría su vista, su pecho subía y bajaba con una pesadez que dolía, su brazo izquierdo no respondía y el dolor caliente en su costado aumentaba. En su mano derecha su arma aún sujeta con fuerza.
Maldición.
De haber sido capaz habría golpeado la pared contra la que se reclinaba, pero su cuerpo estaba pesado y su mente se moviera a tal velocidad, repasando los hechos ocurridos hace tan sólo unas horas.
Un simple movimiento errado… le estaba costando demasiado.
Maldición, volvió a vociferar en su mente. Todo había salido mal y su maldito orgullo fue más grande que la situación.
"¡Llévatelo!" La mano de Karin empujando contra su pecho, haciéndolo trastabillar, más no cayó, sentía el agarre de Jūgo en su hombro, listo para arrastrarle.
"Mierda, Karin ya te dije que-"
"¡Lárgate! Esto ya se está saliendo de control, será mejor que-"
"¡Cuidado!" El grito de Suigetsu no fue más que una alerta de algo inevitable. El tiroteo se hizo más grande, sus enemigos sin control.
"Ellos han de venir, y si es así nosotros no podremos protegerte, Sasuke-"
"No necesito protección, maldita sea Karin!"
No era débil, no era un muchacho insulso, él sabía bien en qué estaba metido y no iba a dejar que nadie le dijera qué hacer.
Y mientras discutían a gritos, los disparos seguían, sin mucha opción eran ellos los que ahora estaban retrocediendo, y sabían que no mucho faltaba para estar acorralados por completo.
Fue el punto de quiebre para Sasuke, decidiendo muy en contra de su propio juicio el retirarse.
Era una humillación palpable, pero no había otra alternativa.
Más que temer por su vida, eran sus compañeros quienes le preocupaba. Eso y el hecho de que jamás se dejaría caer ante personas tan bajas y rastreras como aquellas quienes estaban disparando.
"Puedo detener esto por unos instantes, pero deben alejarse lo más rápido y lejos de aquí."
"Nos seguirán de inmediato,"
"Lo mejor será ir por separado."
El peso de las palabras —no, orden— era grande. La renuencia de su equipo muy visible, así como el reconocimiento de que esa era la única alternativa si querían salir de eso.
"El primero que disponga de un teléfono llame a saiko-komon," difíciles palabras para él, pero no había opción. Con asentimientos tenues, miradas preocupadas, ellos se dispusieron.
Suigetsu siguió disparando. De haber sido por Sasuke, él mismo se habría quedado hasta disparar su última bala, pero la mano de Karin le empujó antes que ella, urgiéndolo a irse primero.
Le conocían muy bien. Y con molestia y humillación corrió entre los autos y hacia la acera, evitando los espacios abiertos y usando el camuflaje entre el velo de la noche y las sombras de las lámparas que no funcionaban.
El aire pesado y su aliento cada vez más corto, sin verdadera atención al nombre de las calles o la poca familiaridad de las mismas, en su mente sólo maldiciéndose, jurando venganza.
No fue hasta que su cuerpo se detuvo de golpe, incapaz de seguir siendo ignorado por las lesiones que cargaba, que se desplomó.
Su descanso para recuperar aire le había quitado la consciencia sin darse cuenta.
.
Esperó a que su respiración se normalizara, o al menos que dejara de ser tan errática, obligó a su mente a concentrarse en el presente e ignorar la preocupación por sus compañeros.
Ellos iban a estar bien.
Dejando de lado el sentimentalismo, había sido criado para entender y cumplir prioridades, Sasuke obligó a su cuerpo a enderezarse. Con su antebrazo trató de limpiar su rostro y consiguiendo una mueca de dolor, no tenía tiempo para recordar cómo lastimó su cara, debía salir de ahí.
El manto de la noche oscura se extendía ante esos barrios desconocidos, pocas lámparas alumbrando y apenas si algún sitio de servicio abierto. De cualquier manera no podría entrar, su aspecto llamaba mucho la atención, y no sabía en qué territorio estaba.
Su único movimiento a ejecutar era esperar.
.
Su aliento salía casi a puños, visible como una bruma ante la baja temperatura de la madrugada, lo único que le protegía eran unos cuantos contenedores de basura no muy lejos de él, lo único que podía usar como escudo.
Que miseria, sabía que parecía un vagabundo, pero esa era la idea, mezclarse con todo, sin ser notado.
Las calles tomando vida de a poco, comercios ilícitos cerrando, otros tantos abriendo, personas ocupadas en su burbuja yendo de aquí para allá con pasos rápidos.
Lo indicado es que se levantará antes de que el sol llegara y revelara quién era.
Su cuerpo dolorido, músculos que protestaban como si una gran paliza se le hubiera dado, Sasuke ignoró el quejido de su cuerpo, se incorporó pero poco pudo avanzar, sentía su cabeza a explotar y no tenía ni la menor idea de que dirección tomar. Parecía que la gripe que cargaba desde hace unos días había empeorado, y justamente era lo que menos necesitaba.
No tenía equilibrio, su brazo trató de estirarse y tocar pared, algo con lo que recargarse, pero la distancia no fue medida y su cuerpo cayó de manera estruendosa entre tantas cajas y contenedores a su alrededor.
Una herida abierta y fiebre, sin poder comunicarse ni saber dónde estaba. Bien, en ese momento Sasuke deseaba que le mataran, su estado actual era un vergüenza para su nombre y sería preferible desaparecer a que le encontraran así.
Su mente se iba perdiendo con el lento pasar de los minutos, tras sus párpados manchas negras, sus odios zumbando distorsionaban el mínimo ruido. Creía escuchar puertas abrirse y cuerpos arrastrándose...
Y después, su cuerpo siendo sacudido. Sus ojos hicieron el esfuerzo, más por reacción mecánica que deseó, de abrirse y enfocar lo que hacía sobre él. Un rostro pequeño, una voz preocupada y luego nada.
Su poca consciencia le daba la vaga sensación de sentir su cuerpo siendo arrastrado, el dolor sordo al golpearse contra el piso, los ruidos de una voz extraña y la distancia de su fuerza. Como la oscuridad dejaba de ser su cobija y un candor naranja le envolvía. El frío poco a poco se iba, y eso dolía.
Su mente vagó entre la somnolencia y la consciencia en más de una ocasión por lo que suponía fueron segundos, y cuando la bruma pesada en su cabeza se iba aclarando, sus sentidos también se agudizaban.
No escuchaba los ruidos provenientes de las calles, el frío concreto era suave y cómodo, el dolor en su cuerpo tolerable, pero el cielo seguía siendo oscuro.
Sus ojos pesados y a doloridos, parpadeó en más de una ocasión, su mayor esfuerzo en enfocar, aclarar y entender que no era el cielo lo que había sobre él, sino un techo.
Miró a su alrededor, muebles gastados y un espacio pequeño. No reconocía el lugar.
Apoyó sus codos en el mueble bajo de él, un sofá- pensaba vagamente, pero apenas se había inclinado un poco y su cabeza resintió el movimiento. Como bandazos en su sien, su mano voló automáticamente hasta su frente, un quejido saliendo de sus labios.
"No debes moverte,"
Reacción en automático, su cuerpo se tensó y se puso a la guardia, dejando de lado el dolor, encarando a quien estaba ahí.
Por la voz suave y queda tras las palabras sabía que de una mujer se trataba, pero aun así no dejaba de ser sorpresivo.
"¿Cómo te sientes?"
"¿Quién eres?" No escondió a su pregunta, en cambio le dio una orden, no una petición. "Por qué estoy aquí."
¿Y dónde estoy? Podría estar herido y maltrecho, pero no dejaba la dureza que le caracterizaba. Cansado de no ser respondido enseguida, ignoró la protesta de su cuerpo cuando se sentó por completo en ese sofá, siendo capaz de ver por completo a la persona extraña que había cometido el error de ayudarle.
Y cuando en su boca se formulaban más preguntas exigentes, la poca luz de la lámpara a su lado fue suficiente para que él pudiera reconocer los rasgos suaves de aquel rostro que había visto cubierto de lágrimas alguna vez.
Un cabello que a pesar de la tenue luz podía recordar como exótico y cuyos ojos mostraban un color verde poco común en esos iris.
"¿Sakura?"
No podía decidir qué era lo más sorpresivo esa noche, si haber creído encontrar un muerto en la parte trasera del edificio, el reconocer el rostro de la persona ahí tirada, el encontrarse a sí misma preocupada y llevando consigo tal persona, o que dicho hombre despertara y pudiera identificarla.
Egocéntricamente, era que él pronunciara, recordara, su nombre lo que más centellaba en su mente en ese momento.
Sinceramente, no esperaba volverlo a ver. Y por su rostro sorprendió, ella diría que él tampoco.
Con paso inseguro se acercó hasta él, posicionándose en cuclillas y su mano fue a parar a la frente del hombre.
"Tú fiebre ha bajado un poco." Suspiró con alivio, su mirada bajando hasta el rostro de él, ceño fruncido y dudas expresándose.
"¿Te duele-"
"Por qué estoy aquí." Voz dura, presencia imponente a pesar de su estado… ese hombre de cabello negro, mirada oscura e intimidante seguía cargando la fuerza en su ser… sin importar su maltrecho cuerpo.
Seguía siendo amenazador. De pronto, era ella quien se sentía en desventaja. Bajó su mano y su cuerpo delató su intención de incrementar la distancia entre ellos, Sasuke se dio cuenta, y Sakura supo que no le gustó la idea pues la misma mano que había tocado su frente era aprisionada por una de él. Su agarre era débil, pero no menos flojo, y con un movimiento le estiró, obligándola a permanecer en su lugar, sino es que más cerca. "¿Por qué me has metido a tu casa?"
No había lugar para rodeos o preguntas sin sentido.
"Estabas herido, no podía dejarte ahí, tú-"
"Por favor," hiriente sarcasmo, esas eran las palabras que él no quería escuchar. La molestia e irritación surgiendo en él.
No había lugar y razón para ser un ciudadano caritativo y atender a un extraño como si nada. No confiaba en que alguien hiciera eso.
Porque no existía tal bondad.
"Es verdad."
"¿Recoges cualquier cosa tirada en la basura? ¿Eres acaso una niña?"
"Pero es que tú-"
"No sabes quién soy,"
Ella mordió la comisura de su labio, sus ojos evitando los de él, mirada gacha. El silencio se instaló y una sensación de ansiedad rodeándoles. Sasuke soltó su mano por fin, en su mente vagamente registró las marcas rojizas que se formaban alrededor de la pálida piel, no había creído haber puesto mucha fuerza en su agarre.
"Eres quien me salvó." Ella susurró, tentativa, como si eso fuera la respuesta a sus preguntas. Él bufó, ella agregó, "No podía dejarte ahí,"
"Debiste hacerlo."
Otros segundos pesados, él ya había retomado su postura anterior, su espalda contra los cojines y su vista en el techo.
"En esa ocasión..." su voz tenue, tan baja que él apenas pudo captarla, volvió su mirada hacia ella, quien seguía viendo sus propias manos. "Estaba sola, aterrada y creí que- creí que... pensé lo peor..."
Abría y cerraba los puños, un recuerdo doloroso entendía él ella rememoraba. Su rostro se levantó tan rápido, su mirada chocó con la de él y sus ojos sinceros. "De no ser por ti, yo no estaría aquí. Verte ahí tirado fue... simplemente no pensé en lo que hacía. Solo sabía que debía ayudarte."
Su voz dejó el volumen bajo, una nueva emoción se filtraba en sus palabras, gratitud y algo más, algo peligroso, envolvían la melodía que era su voz.
Ella sostuvo su mirada por unos segundos, estos se alargaron sin que ambos pudieran opinar o entender. Ojos negros recelosos, ojos verdes con determinación. Era un diferente tipo de duelo, uno que no necesitó de más palabras o razones.
Fue Sasuke quien rompió el enlace. Soltando aire de su boca, más pesado que un suspiro, luego negó con la cabeza, demasiado cansado e inquieto como para pensar en el trasfondo de lo que había ocurrido, de lo que estaba sucediendo.
Bien, pensaba, era una retribución por parte de ella este gesto de caridad. No iba a darle más vueltas, y dudaba que ella fuera capaz de más, recordando cuál conejo asustado parecía en su primer encuentro meses atrás, y cuan pequeña delicada era esa pelirrosa frente a él.
Colocando su brazo sobre su rostro, cubriendo sus ojos y ocultándolos de esos iris tan peculiares, Sasuke aceptó silenciosamente este gesto.
Escuchaba como ella se levantaba de su lugar, dispuesta a darle su espacio y fue cuando Sasuke decidió que luego meditaría a fondo lo ocurrido… pero ahora sus labios pronunciaron sin mucha dificultad,
"Gracias."
Sakura.
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ashasakjska! Esta historia me emociona, quiero mantenerla en un rango de 6-8 capítulo cuando mucho, no me volverá a pasar lo que Bad at Love. En esta quiero tratar un lado serio, claro que no sé si pueda hacerlo.
