Hola a todo el mundo, aquí Crow con el nuevo capítulo.

Antes de empezar, quisiera agradecer a las personas que dejaron reviews. ¡Son de lo mejor!

También, quisiera disculparme por tardar tanto en subir el nuevo capítulo. Simplemente se me acumularon tareas pendientes de varias materias (si de casualidad esto lo lee mi profesor de Historia, déjeme decirle que lo detesto); además que el fin de semana pasado lo pasé sin luz por culpa de una tormenta que hubo en mi ciudad.

Ahora, ya sin nada más que decir, vayamos al capítulo.

¡Que lo disfruten!

ADVERTENCIA: Este es un fic Snarry, por lo que trata de una historia de amor entre hombres. Además, tiene una leve (muy leve, por ahora) mención de Wolfstar. Si ninguna de estas parejas te gusta, no te obligaré a quedarte.

Disclaimer: Nop, Harry Potter no es mío. En caso contrario, Sirius, Remus, Fred, Tonks y Severus no hubieran muerto. Todavía no me decido si hubiera matado a Dumbledore, pero lo más seguro que sí.

En todo caso, la obra le pertenece a J.K. Rowling y la historia que están leyendo, a mí.


Cómo conquistar a un Gryffindor y vivir para contarlo

Capítulo 2: La convivencia en Grimmauld Place

El día de regreso de Hogwarts nunca había sido tan caótico. Entre esquivar a los miembros del ED (y a algunos Slytherin) y tratar de encontrar una cabina vacía para ellos, Harry no pudo evitar sentirse agotado cuando finalmente pudieron sentarse.

- Ya puedes quitarte la capa- avisó. Segundos después, Draco Malfoy se encontraba sentado a su lado.

- ¿De dónde sacaste esta cosa, Potter?- pregunto el rubio, tratando de no parecer muy interesado.

- Es una reliquia familiar- respondió-. Y, dado a que vamos a pasar todo el verano juntos, te sugeriría que empezaras a llamarnos por nuestro nombres, Draco.

El Slytherin hizo un gesto de desagrado, y señaló a los demás ocupantes del compartimiento.

- ¿También a ellos los tengo que llamar por sus nombres?- le pregunto, actuando como si no pudieran oírlo.

- "Ellos" tienen nombres; y te sugeriría que los usaras, Draco- respondió Hermione, visiblemente irritada.

- Esto no me gusta para nada- comento Draco, cruzándose de brazos.

- Créeme, no eres el único- dijo Ron con el ceño fruncido.

Harry soltó un suspiro, frustrado. Ya se había figurado que no iba a ser fácil, pero no había caído en cuenta de lo difícil que sería. Si las hostilidades ya aparecían en la ida, no quería ni imaginarse lo que le deparaba el resto del verano.

Pasó su mirada por el compartimiento. Draco estaba a su derecha, del lado de la ventana, con su capa de la invisibilidad sobre sus rodillas para cubrirse rápidamente por si alguien entraba de improviso, y luciendo mucho menos molesto de lo que él había imaginado que se vería. A su izquierda se encontraba Luna, quien se encontraba ensimismada en su lectura de un ejemplar del Quisquilloso, siendo la única persona relajada en el lugar. En el extremo del asiento, un tanto apretujado contra la puerta, estaba Neville, quien pasaba la mirada nerviosamente entre los presentes, para luego desviarla hacia Trevor, quien croaba distraídamente en el regazo de su dueño.

En el asiento contrario, justo frente a Malfoy, estaba Hermione, quien alternaba la mirada entre su libro de Uromancia y el rubio, a quien miraba ceñuda. A su lado e encontraba Ginny y, finalmente, Ron. Ambos pelirrojos veían con desconfianza al Slytherin.

Esperaba que la convivencia con el rubio ayudara a aliviar las tensiones, porque en definitiva no iba a soportar dos meses con esa situación.

Decidido a cortar el silencio (y aunque sabía que se arriesgaba a iniciar una discusión), empezó a hablar sobre un tema neutral: el Quidditch. Si bien no dio paso a una charla amena (eso hubiera sido pedir bastante), por lo menos consiguió un intercambio cortes (aunque ni Hermione ni Luna participaron), que se logró mantener hasta que llegaron a la estación.

Poco antes de bajar del tren, Draco bebió una poción multijugos que lo transformó en un joven pelirrojo y un tanto rechoncho. El plan era que se camuflara como un Weasley hasta que llegaran a Grimmauld Place.

Al bajar del tren, los esperaba una comitiva liderada por Ojoloco y la señora Weasley. Junto a ellos se encontraban Remus Lupin, Tonks, Bill, los gemelos, el señor Weasley, Kingsley, una señora larguirucha y pelirroja que solo podía ser Narcissa Malfoy disfrazada y (para el desconcierto de los menores) Severus Snape.

- ¡Oh, chicos, que alegría que ya estén aquí!- exclamó la señora Weasley abrazando a cada uno de ellos (incluyendo a Draco) ni bien lo vio.

- ¿Todo bien, Harry?- le pregunto Remus mientras Narcissa revisaba que su hijo no hubiera sido dañado durante el viaje. Harry asintió, mirando de reojo al pocimista y preguntándose qué hacía allí, aunque el hecho no lo molestaba.

- Ya tendremos tiempo para esto cuando estemos en el cuartel, tenemos que irnos- rugió Ojoloco, impaciente.

- Nos vemos en una semana- se despidió Hermione, dándole un abrazo a cada uno (e ignorando magistralmente a Draco en el proceso) antes de dirigirse a donde la esperaban sus padres.

Luna y Neville hicieron otro tanto de lo mismo, y se fueron con sus respectivos familiares. Hermione pasaría primero un tiempo con sus padres antes de unírseles en Grimmauld Place, mientras que a Neville y a Luna los verían cada tanto durante las vacaciones.

- Vámonos- espetó Moody, dirigiéndose a la salida.

- La capa, Potter- le pidió Severus.

- ¿Qué? ¡Ah, sí!- dijo el pelinegro entregándole la capa. Segundos después, el profesor había desparecido.

Salieron al Londres muggle y emprendieron rumbo hacia el cuartel de la Orden. En todo el camino, Harry no pudo dejar de notar la cercanía de su profesor, notándolo de vez en cuando aunque tuviera puesta la capa. Supuso que estaba perdiendo su eficacia al ser muy vieja. Luego lo consultaría con Hermione, y buscaría la manera de remediarlo.

Mientras tanto, Severus se reprendía el hecho de no haber permanecido invisible todo el tiempo, pero había tenido dos buenas razones por las cuales había actuado de esa manera: la principal, para darle a su ahijado una cara conocida esperándolo al estar su madre bajo una poción multijugos; y la segunda, para que Harry también lo viera. Quería aprovechar cada segundo que podía tener la mirada del chico posada en él antes de que su padrino acaparara toda su atención.


- ¿Qué se supone que estamos esperando?- pregunto Draco cuando llegaron frente a Grimmauld Place. Harry recordó momentáneamente la confusión que había sentido el año pasado, poco antes de que le confiaran la ubicación del cuartel.

- Ya verás- le dijo cando Ojoloco le tendió al rubio y a su madre unos pergaminos con la letra de Dumbledore y la información que él ya conocía.

Después de leer el trozo de papel, madre e hijo dirigieron su mirada de vuelta a los edificios muggle, donde había aparecido (para ellos) de la nada el número 12 de Grimmauld Place en el medio. Draco soltó una exclamación de sorpresa, mientras que Narcissa sólo la dejo ver en un pequeño gesto que desapareció a los pocos segundos.

- Entremos- ordeno Moody avanzando hacía la entrada, y todos los obedecieron.

Inmediatamente después de entrar, Harry quedo anonadado. La casa se encontraba mucho más limpia, más iluminada y más acogedora que la última vez que la había visto. La mayoría de los retratos (excepto por el de la madre de Sirius) y las cabezas de los elfos domésticos habían desparecido. Por consideración a Tonks, también habían quitado la paragüera.

- Harry- exclamo su padrino, apareciendo de la nada y dándole un abrazo de oso que le hizo crujir algunos huesos-. Nunca, de los nunca jamases, vuelvas a pensar en poner en peligro tu vida por mí. Prometémelo-pidió, estrujándolo un poco más en su abrazo.

- E-está bien, lo prometo. Sirius, no respiro- dijo Harry, ahogado.

- Perdona- dijo rompiendo el abrazo, pero manteniendo el contacto con él al apoyar uno de sus brazos sobre sus hombros. Recién entonces se volteó hacia todos los demás-. Bienvenidos- los saludo para luego centrar su atención en a mujer larguirucha que volvía poco a poco a su apariencia normal-. Y bienvenida a ti también, Narcissa.

- Sirius, no sabes el placer que me da volver a verte en esta casa- respondió su prima, sarcástica. El gesto irónico de la mujer se veía bastante extraño en las facciones cambiantes.

Al ver que Sirius iba a responder, Harry decidió intervenir para evitar que comenzara una discusión, pero no fue necesario ya que unas pisadas que venían desde la escalera llamaron la atención de todos los presentes.

Cuando vio a la mujer que bajaba, el primer impulso de Harry fue sacar la varita, mas fue detenido por su padrino. Cuando la desconocida estuvo lo suficientemente cerca, entendió el porqué.

Aunque físicamente parecida a su hermana Bellatrix desde lejos, una vez cerca se podían apreciar los detalles que la diferenciaban de su hermana. Harry supuso, acertadamente, que se trataba de Andrómeda Tonks, la prima de Sirius y la hermana de Narcissa y Bellatrix.

- Narcissa- saludo la castaña a su hermana en tono neutral.

- Andrómeda- dijo, a su vez, la rubia ya en su apariencia normal.

Los presentes no pudieron evitar pasar la mirada entre las dos mujeres, conscientes del ambiente tenso que se había instalado y que se podía cortar con un cuchillo. Tanto Severus como Sirius decidieron prudente sacar sus varitas para poder intervenir en caso de ser necesario.

- Me parece que nosotras deberíamos mostrarles un buen ejemplo para los niños, ¿no lo crees?- señaló la castaña, extendiéndole la mano a su hermana en son de paz y sonriéndole sinceramente.

- Creo que tienes razón, querida- concordó Narcissa, correspondiendo su gesto.

La tensión en el ambiente desapareció de inmediato, dejando a los presentes con la extraña (y un tanto aterradora) sensación de que una fuerte tormenta había aparecido y desaparecido sin apenas hacer ruido.

- Creo que es la hora de la cena, vamos a comer- anunció la señora Weasley, rompiendo el silencio y sacando a todos de su estupor mientras se dirigía a la cocina.

Agradecidos, todos la siguieron.


Si alguna vez le hubieran dicho a Harry que un día estaría en la misma mesa que Severus Snape y Draco Malfoy sin que hubiera insultos, maldiciones o indirectas muy directas del desprecio mutuo que se tenían, hubiera pensado que esa persona en cuestión se encontraba bajo los efectos de un hechizo Confundus.

Ahora, se sorprendía de la calma que reinaba en la mesa. Si bien era cierto que su padrino ignoraba la presencia de Severus y Narcissa tanto como le era posible, y que Ron seguía mandando miradas llenas de desconfianza hacia Draco (que se las devolvía cargadas de desdén); no parecía que ninguno quisiera desenterrar el hacha de guerra (al menos, por esa noche).

Harry pasó la mirada por la mesa. A su derecha, los gemelos le comentaban como les iba en la tienda a unos muy atentos Ron, Ginny, Tonks y (sorprendentemente) Draco, que ya había sido aceptado en su familia por una muy alegre Tonks. Un poco más lejos de allí, el señor Weasley, Remus, Kingsley y Bill discutían sobre las opiniones sobre la guerra entre las demás comunidades y criaturas mágicas. En el lado más lejano de la mesa, la señora Weasley, Ojoloco y Severus planificaban las vacaciones de verano de tal forma que (le pareció entender) estuvieran protegidos, mas no por ello encerrados. A su izquierda, a un lado de Sirius, se encontraban Andrómeda y Narcissa, que trataban de ponerse al día con los acontecimientos recientes de cada una. En ese momento, hablaban de la remodelación de la casa Black, tarea en la que solo hacia unas pocas semanas se había unido la mayor.

-... y todavía queda mucho por hacer, ¡y eso que Molly y los chicos hicieron un gran trabajo durante el verano pasado!- le comentaba Andrómeda a su hermana-. Claro que pudimos arreglarnos con la mayoría delas cosas. Los retratos, por ejemplo, pudimos descolgarlos a casi todos. Los guardamos en una habitación vacía, aunque Sirius quería quemarlos a todos.

- Sigo pensando que es una buena idea- se rio el moreno-. Es lo que pienso hacer con el retrato de mi madre... si algún día llegamos a poder descolgarlo- agrego con ironía.

- Conociendo a la tía Walburga, lo más seguro es que se trate de un hechizo vinculante- reveló Narcissa.

- ¿A qué te refieres?- preguntaron Andrómeda y Sirius a la vez.

- A que tía hechizo el cuadro para que fuera imposible removerlo mientras Sirius permaneciera en Grimmauld Place- explico la rubia.

- Perfecto, ya mañana nos podrán descolgar su retrato y, cuando vuelva, ya no volveré a ver a esa vieja arpía- se regocijo el animago.

- ¿Mañana? ¿No te quedaras más tiempo?- pregunto Harry, un tanto decepcionado. Estaba consciente de que no podría pasar todo el verano con su padrino, pero tampoco se imaginó que se iría tan pronto.

- No, lo lamento, Harry. Pero volveré, pronto- le prometió el moreno-. Solo deberé hacer algunas misiones de vez en cuando, pero también estaré aquí contigo. Sobre todo- agrego bajando su voz para que solo Harry pudiera oírlo-, porque no confió del todo en el murciélago de las mazmorras para que te cuide.

- ¡Sirius!- lo reprendió el ojiverde-. Lo prometiste.

- Y cumpliré mi promesa. No pelearé con el grasiento, pero tampoco esperes que confié ciegamente en él o que me caiga bien. Eso llevara tiempo, mucho tiempo- replicó.

- Me serviría más si también dejarás de llamarlo por apodos despectivos.

- Está bien, ¿eso te haría feliz?- prometió Black, sonriéndole.

- Por supuesto- repuso, sonriendo a su voz.

Tal vez fuera porque estaba desarrollando un sexto sentido para sentir cuando alguien lo miraba, pero Harry notó que alguien lo veía insistentemente. Pasó nuevamente la mirada por la mesa, buscando quien lo miraba de esa forma, y finalmente encontró la mirada de su profesor que, al verse descubierto, empezó una charla con la señora Weasley.

Harry se le quedó mirando un rato más, hasta que una conversación sobre Quidditch llamó su atención. Durante el resto de la cena no volvió a notar ninguna mirada pese a que Snape lo veía de reojo cada tanto.


A las pocas semanas de convivencia, Harry y Severus tuvieron que admitir que, tal vez, habían exagerado un poco sus perspectivas. Si bien en los primeros días hubo una tensión no reconocida entre los miembros de la Orden y los Malfoy, esta había desaparecido casi por completo a mediados de julio.

Pronto, Harry se dio cuenta de que estaba viviendo el verano más movido y divertido que había tenido en toda su vida. Tal como había escuchado en la cena del primer día en Grimmauld Place, los adultos de la Orden hacían lo posible para llevarlos a algún lado (aunque solo en el Londres muggle, ya que creían muy peligroso exponerlos a posibles ataques en el mundo mágico). Una de las salidas favoritas de los jóvenes había sido cuando, tras tres días de mucha insistencia, Sirius logró convencer a Severus, Narcissa y Molly de llevarlos a un parque de diversiones muggle en dónde él y Remus desaparecieron durante casi una hora y, cuando regresaron, el animago se deshacía, radiante, en halagos para los trenes fantasmas mientras el licántropo solo miraba al suelo entre la alegría y la vergüenza.

Otras veces, iban a la Madriguera, donde los chicos podían jugar Quidditch en equipos liderados por Harry y Draco (siendo que la única vez que jugaron en el mismo equipo resultó en una derrota aplastante para el equipo contrario pese a que Ginny había dado batalla), en las que algunas veces se unían los adultos. Normalmente no pasaban más de un par de días allí; excepto por una vez, en la que se quedaron durante toda una semana tras la vuelta de una misión de Sirius. Durante una semana, Sirius, Andrómeda y Narcissa estuvieron solos en Grimmauld Place y, cuando volvieron, encontraron el retrato de un joven parecido a Sirius (sólo que menos atractivo) colgado donde anteriormente había estado el retrato de la señora Black. A pesar de que el pelinegro había decidido no preguntar por la identidad del retratado, terminó por enterarse que se trataba de Regulus Black, el hermano de Sirius, gracias a una investigación muy bien hecha por parte de Hermione y Draco.

Sobre este último, le sorprendió lo bien que se podía llevar con él si se dejaba de lado las hostilidades. Descubrió que, si se le daba la oportunidad, Draco podía ser un buen amigo, y una gran ayuda para las bromas. Esto último o descubrieron durante una guerra de bromas que los gemelos declararon al día siguiente de volver a Grimmauld Place, y en la que todos (incluyendo a Severus y Narcissa) participaron. Durante la semana, se concretaron alianzas que se rompían al segundo siguiente y en las que apenas se podía confiar en el otro. Finalmente, los ganadores resultaron ser Severus (que, gracias a sus habilidades como espía logró evitar la gran mayoría de las bromas) y Sirius (cuya victoria se había dado en gran parte por colocarles orejas de burro pelo multicolor a los gemelos sin que estos lo notaran en todo el día).

Incluso Hermione debía admitir que le agradaba pasar tiempo con el Slytherin. Los dos habían tomado por costumbre discutir sobre cada libro que leían, aburriendo en el proceso a los demás jóvenes (excepto por Luna, que participaba cuando estaba en las discusiones con argumentos un tanto irracionales, pero precisos).

Claro que ellos no eran los únicos que aprovechaban la ancestral biblioteca Black. El grupo había decidido estudiar todo aquello que les sirviera para la guerra. Hasta ahora, Harry y Ginny habían encontrado varios manuales con hechizos defensivos y ofensivos bastante fuertes, sin que llegaran a ser magia oscura, que pensaban ponerse a practicar ni bien llegaran a Hogwarts; Hermione encontró varios libros de magia antigua e incalificable; Neville un tratado de herbología y su uso en pociones bastante interesante; Ron y Luna varios libros de bestias; y Draco una muy útil lista de pociones y sus antídotos.

Harry se había sorprendido al ver que el rubio estaba dispuesto a cooperar en la guerra de su parte (para gran disgusto de su madre), pero este le había explicado la razón.

- Esto lo hago- había dicho- para asegurar la seguridad de mi familia una vez que el Innombrable sea detenido.

Aun así, el ojiverde no había podido evitar notar que los pensamientos de su antiguo enemigo habían cambiado para bien, lo que le hacía una persona mucho más tratable.

Claro que esa era la parte divertida del verano. Por otro lado, estaban los momentos en los que los miembros de la Orden iban a misiones peligrosas, o traían malas noticias. Excepto por la señora Weasley y Narcissa, nadie se quedaba mucho tiempo en Grimmauld Place. Hasta Severus debía responder cada cierto tiempo al llamado d Lord Voldemort, casi siempre de noche.

Harry no pudo evitar notar que, cuando el profesor volvía de las reuniones, este se recluía a solas en su habitación durante horas.

- Es normal que lo haga- le había comentado Draco cuando él le pregunto-. Padre también lo hacía a veces, cuando las reuniones eran muy peligrosas. Es mejor dejarlo solo.

Y aunque las primeras veces Harry le había hecho caso, pronto empezó a visitar al profesor en su habitación cuando este volvía. Al principio sólo se quedaba a su lado en silencio, tanteando; mas, al ver que Snape se relajaba ante su presencia, empezaron a hablar de diversos temas para distraer al pocimista.

- Creo que he aprendido más en estas charlas que en todos los años de Pociones- se le escapó en una ocasión. Snape se le quedo viendo fijo, cosa que terminó por ponerlo nervioso-. Q-quise decir...

- Entiendo. Mis clases no han sido del todo agradables- le cortó, sonriendo-. Este año serán diferentes.

- Todavía no sé cómo me fue con las MHB- replicó Harry.

- Estoy seguro que este año podrás cursar Pociones, no te preocupes- le aseguró Snape. Harry se le quedó viendo con sorpresa, antes de sonreírle.

Esa noche, Severus había sido llamado por Voldemort, por lo que Harry se dirigió a la habitación del pocimista tras la cena, ignorando las miradas extrañadas de sus amigos. Allí lo espero, impaciente y un tanto preocupado, hasta casi el amanecer, cuando el hombre hizo acto de presencia.

- Profesor, me alegro que haya vuelto- lo saludo el ojiverde, desde el sofá de la habitación del mayor.

- Severus, Harry. Ya te he dicho que me llames Severus cuando estemos solos- lo corrigió el pocimista con voz suave.

- Lo siento, aun no me acostumbro- se disculpó. Severus hizo un gesto para restarle importancia y se sentó a su lado en el sofá.

- Tengo algo muy importante para decirte- reveló Severus, un tanto nervioso.

- ¿Qué cosa?- pregunto Harry, curioso ante la ansiedad de su profesor.

- Harry... yo...


Y, en la mejor parte, se acaba el capítulo. Lo sé, soy malvada, muajajajajaja.

Ahora se deben quedar con la duda: ¿qué es lo que quiere decirle Severus a Harry? ¿Logrará decirlo sin que nada o nadie lo interrumpa? ¿Actualizaré pronto para no torturarlas con las respuestas? ¡Quién sabe!

Es broma, planeo actualizar en la semana que viene... si es que todo sale como lo planeo.

En todo caso, agradecería que dejaran algún review con sus opiniones, tomatazos, ideas, quejas o cualquier cosa que quieran (evitar el pus de bubotubérculo y fotografías de Lockhart autografiadas por él mismo, por favor).

¡Nos vemos el próximo capítulo!