Y si, había dicho que la semana pasada iba a actualizar, pero estoy teniendo semanas de mierda. Recién hace unos días recuperé el ánimo como para escribir. Espero que sean comprensivas.

Más allá de mis problemas personales, aquí está el nuevo capítulo, dónde se rebela lo que Severus quiere decirle a Harry y aparecen sus principales "adversarios" *cofRemusySiriuscof* y alguien *cofDumbledorecof* le da un consejo. Ya hice mucho spoiler, así que pasemos al capítulo.

¡Disfrútenlo!

ADVERTENCIA: Este es un fic Snarry, por lo que trata de una historia de amor entre hombres. Wolfstar ya declarado. Huyan despavoridos quienes no les gusten estas parejas.

También, un poco de OoC.

Disclaimer: Nop, Harry Potter no es mío. En caso contrario, Sirius, Remus, Fred, Tonks y Severus no hubieran muerto. Todavía no me decido si hubiera matado a Dumbledore, pero lo más seguro que sí.

En todo caso, la obra le pertenece a J.K. Rowling y la historia que están leyendo, a mí.


Cómo conquistar a un Gryffindor y vivir para contarlo

Capítulo 3: De cómo Severus le debe la vida a Lupin (a pesar de que él también lo quiere muerto)

Severus caminaba por el jardín de la Mansión Malfoy. Cada dos o tres días, el Señor Tenebroso llamaba a una reunión general para averiguar el paradero de Draco o planear nuevos ataques, algunos (los más terribles o peligrosos) evitados gracias a su trabajo como espía.

Permitiéndose sonreír ante su soledad, Severus pensó en lo innecesario que era la búsqueda de su ahijado, siendo que este se encontraba sano y salvo, lejos del Lord Oscuro.

Aunque con ciertas reservas al principio, Draco había logrado convivir con el grupo de Harry, lo que ciertamente lo alegraba. Después de años de verlo pasar su tiempo con Crabbe, Goyle y Parkinson, le hacía feliz que se llevara bien con personas que sólo se interesaban por sus apellidos o la influencia que este le daba en el mundo mágico.

También le hacía feliz ver que el grupo se tomaba la guerra en serio, y no sólo como un simple juego. Los había visto disfrutar las vacaciones como adolescentes normales, pero también sabía que los siete se reunían en la biblioteca de Grimmauld Place para recolectar cualquier información útil para la guerra. Incluso se había planteado la idea de proponerle a Lupin y a Black que entrenaran un poco al grupete para fortalecer sus habilidades mágicas (y las no-mágicas también).

Observando como la luna se posicionaba en su cenit, el pocimista se preguntó cuánto duraría esta vez la reunión. Esperaba que no fuera mucho, o Harry terminaría dormido en el incómodo sofá de su habitación.

Sonrió nuevamente. Aunque era verdad que Black acaparaba su atención cuando no se encontraba de misión, y que el resto de su tiempo era ocupado por sus amigos; Severus se complacía que Harry le dedicara un tiempo a solas.

Al principio, se había sorprendido cuando el Gryffindor decidió quedarse con él cuando volvía de las reuniones, pero el hecho no le desagradaba en lo más mínimo. Lo que más disfrutaba era las conversaciones que mantenía con el joven, lo que le daba la oportunidad de conocerlo un poco más, de instruirlo; de que él también lo conociera.

Lo que no lo sorprendió fue descubrir que lo amaba más que a Lily. Su amiga había sido su primer amor, al que había idealizado hasta el punto de la obsesión. Harry, en cambio, fue colándose poco a poco, sin que se diera cuenta, en su duro corazón. Eso hizo que tuviera tiempo para analizarlo, de darse cuenta e cuáles eran sus virtudes y sus defectos, de tratar con él sin olvidar que también era humano.

Pero, una vez que llego al umbral del salón donde lo esperaba su Lord, tuvo que bloquear cualquier emoción, cualquier pensamiento que revelara su verdadera afiliación. En la apenas iluminada habitación, el Señor Oscuro jugueteaba con su varita con gesto aburrido hasta que lo vio entrar.

- Ah, Severus, ¿qué noticias nos traes?- pregunto mientras el pocimista se arrodillaba frente a él.

- Mi Lord, todavía no he encontrado rastro alguno de Draco- respondió Severus-. Como ya le he dicho, las últimas noticias que tuve de ellos fue que Narcissa solicito asilo en el extranjero- agrego.

- ¡Es mentira!- chillo Bellatrix, mirándolo con desprecio-. ¡Mi hermana nunca traicionaría a nuestro señor! ¡Ella considera un honor seguir sus órdenes, como todos en su familia, sus más fieles seguidores!- continuo, esta vez mirando hacia Voldemort con devoción. Severus se complació en notar que, pese a todo, la mujer no estaba del todo convencida de lo que decía.

El Señor Tenebroso hizo un gesto para hacer callar a su seguidora, sin despegar su vista del maestro de pociones.

- Bien, bien, supongo que han desertado de mi lado. Que... decepción. Obviamente, serán castigados por esto- declaró sin ninguna emoción, acariciando su serpiente-. Es decir, el papel de Draco en mis planes deberá ser ocupado por otro. Crabbe- llamó, y el hombre se adelantó un poco-, confió en que tu hijo pueda cumplir ese papel.

- Por supuesto, mi Señor- respondió este de inmediato.

- Mi Señor- intervino otro mortífago-, mi hijo...

- Tu hijo no ha probado ser lo suficientemente leal, Nott- repuso Voldemort con voz fría-. No se unió a sus compañeros en la Brigada Inquisitorial y, por lo general, no se muestra tan orgullosos de su herencia sangre pura como debería. Confío en que este año esta actitud se corrija- comento con tono aparentemente ameno pese a que Nagini siseaba furiosamente en dirección al hombre.

- D-delo por hecho, mi Lord- aseguro Nott, aterrado.

Voldemort volvió a fijar su vista en Severus.

- ¿Y qué hay d Potter, Severus? ¿Qué noticias tienes?- inquirió.

- Los miembros de la Orden lo mantienen oculto y lo trasladan continuamente de un lugar a otro- respondió sin vacilar.

- He oído- comento Yaxley- que Potter sigue en la casa de sus parientes, y que un equipo de aurores vigilan las cercanías.

- Ese es un rumor que los miembros de la Orden del Fénix se han encargado de esparcir para ocultar su ubicación- contradijo Severus-. Ni siquiera el Ministro sabe dónde ocultan a Potter.

- ¿Y tú no sabes dónde está, Severus?- cuestionó Voldemort.

- No, mi Señor. Dumbledore sabe que desprecio al chico, y cualquier pregunta que pueda hacer sobre su paradero podría levantar sospechas- respondió.

- Ya veo que ese vejete no te tiene tanta confianza- comento el Señor Oscuro, molesto-. Puedes retirarte, Severus. Te llamaré cuando termine de ultimar mi plan. Ya no es necesario que sigas buscando a Draco- le informó.

El pocimista volvió a arrodillarse y salió de la habitación, sin saber si sentirse aliviado o más preocupado.


Si Severus había tenido la más mínima esperanza de volver a Grimmauld Place antes de que terminara la noche, sin duda había terminado por desecharla por culpa de Dumbledore y su obsesión con los más ínfimos detalles.

Luego de la reunión con su Lord, había partido inmediatamente hacia Hogwarts para reunirse con el director e informarle lo que había sucedido, lo que lo llevo a tener que explicar hasta el más mínimo detalle de todo lo que había visto y escuchado.

- ¿Y dices, Severus, qué pensaba asignarle una misión al señor Malfoy?- pregunto Dumbledore por quincuagésima vez.

- Es lo que dijo- repitió el Slytherin, algo irritado-. ¿Alguna idea de lo que pueda ser, señor?- pregunto.

- Solo conjeturas, pero nada seguro- respondió el anciano.

- Entonces, con su permiso, me retiro- anunció el pelinegro, ya pensando en la disculpa que debería darle a Harry cuando lo viera al día siguiente.

Se levantó de su silla y se dirigió hacia la puerta pero, antes de que pudiera abrirla, el anciano director volvió a hablarle.

- ¿Cómo va tu relación con Harry, Severus?- pregunto en un tono casual que el pocimista no se tragó en lo más mínimo.

- Bien- respondió simplemente, poco dispuesto a seguir por esa línea de conversación.

- Me han comentado que se han vuelto un poco más íntimos- comento el vejete. Severus se preguntó quién habría ido con el cuento, y se prometió embrujarlo en cuanto tuviera la oportunidad.

Resignado ante el hecho de no poder salvarse de la conversación, volvió a tomar asiento y se cruzó de brazos.

- ¿Algún problema con ello, director?- cuestionó con voz mordaz.

- En absoluto, mi muchacho- respondió el Gryffindor con una sonrisa demasiado inocente para serlo de verdad-. Sólo quería saber cómo se dieron las cosas- pidió, y Severus no pudo evitar enarcar una ceja.

- Simplemente decidí seguir su consejo, y darle una oportunidad a Potter para conocerlo mejor.

Dumbledore le sonrió con cariño (y un poco de exasperación) antes de seguir.

- ¿Y no hay nada más que quieras contarme al respecto?- pregunto con una indirecta muy directa que el Slytherin prefirió pasar por alto.

- Para nada.

El Gryffindor suspiró, frustrado.

- Pensé que la última vez que ocultaste tus sentimientos te ayudaría a saber que no soluciona nada- soltó, decepcionado.

Snape admitía que había mejores forma de reaccionar, pero caerse de su silla, completamente blanco, le pareció la mejor forma en ese momento.

- ¿Lo sabe?- pregunto, lívido. El ojiceleste le sonrió de forma paternal.

- Por supuesto que lo sé, mi querido Severus. No olvides que te lo sugerí, de forma discreta, el año pasado- respondió Dumbledore.

El Slytherin volvió a sentarse, abrumado. El director sabía su secreto. Sabía que estaba enamorado de Harry. Ni con todas las pociones para el olvido ni con el Obliviate más fuerte del mundo lograría hacer que lo olvidara. Tirarse desde la torre de Astronomía le parecía una muy buena idea en ese momento.

- No hay nada de qué avergonzarse- le dijo el anciano, poniendo su mano sobre el hombro de Severus de forma reconfortante-. El amor no es algo malo, Severus, ya te lo he dicho. Y mucho menos el amor que sientes por Harry.

- No todo el mundo pensará eso- mascullo el pocimista, más apesadumbrado que molesto.

- Todo el mundo no importa, mi muchacho. Sólo Harry y tú- respondió el anciano.

- Harry nunca me aceptara. Él es tan... y yo soy un ser inmundo y marcado- negó el profesor de pociones.

- Yo no estaría tan seguro de eso- contradijo el director, haciendo que Snape lo viera.

- ¿Usted sabe algo? ¡Dígamelo!

- Mi querido Severus, no sé nada más que no debes dar por sentado el rechazo de alguien que ni siquiera sospecha de tus sentimientos- respondió Dumbledore.

- Entonces, ¿qué sugiere que haga?

- Antes que nada, podrías decirle tus sentimientos por él- sugirió el anciano desenvolviendo un caramelo de limón.

El pelinegro se le quedo viendo como si se hubiera vuelto loco. ¿Poner en riesgo la muy frágil amistad que había conseguido con Harry al confesarle su amor? ¡Ni hablar! Antes admitía que el pulgoso era bueno cocinando. No, no, no, no, nunca haría semejante cosa.

Aunque, por otro lado, el director podía tener razón. Si se confesaba, se sacaba un peso de encima y, tal vez (siendo muy optimista), el chico no lo repudiaría. Tal vez pudieran seguir siendo amigos pese a que el menor supiera de sus sentimientos.

- Lo pensaré- dijo ante toda respuesta, saliendo del despacho.


Era casi el amanecer cuando Severus atravesó la puerta de su habitación en Grimmauld Place. Estaba tan cansado que no se percató de la presencia de Harry hasta que este se hizo notar.

- Profesor, me alegro que haya vuelto- lo saludo, y Severus sintió como un calorcito muy agradable lo invadía.

- Severus, Harry. Ya te he dicho que me llames Severus cuando estemos solos- le corrigió el Slytherin.

- Lo siento, aun no me acostumbro- se disculpó el muchacho, y él quiso besarlo. No sabía de dónde salían esos impulsos de adolescente que sufría su primer amor y que apenás podía controlar, pero no le importaba. Lo único que le importaba en ese momento es que Harry estaba ahí, y que lo había estado esperando toda la noche.

Dile lo que sientes, le sugirió una voz en su interior muy parecida a la de Dumbledore. El pocimista lo pensó durante unos segundos. ¿Qué es lo peor que podría pasar?

- Tengo algo importante que decirte- dijo, sentándose a su lado en el sofá, completamente nervioso. El más joven ladeo ligeramente su cabeza, curioso. Al mayor se le antojo adorable, y eso no lo ayudo a bajar sus nervios.

- ¿Qué cosa?

- Harry... yo...- trago saliva, tratando de juntar valor-... yo... me enteré que mañana llegaran los resultados de las MHB- soltó, e inmediatamente después quiso golpearse la cabeza contra la pared. Era un imbécil.

- Que bien. Eso seguramente calmara a Hermione y a Draco. Ya estaban un poco histéricos por ello- se rio el Gryffindor, sin notar el predicamento de su profesor y sin saber por qué se mostraba tan nervioso ante algo tan simple como aquello-. Gracias por decírmelo, Sev- agrego, sonriéndole.

- ¿Sev?- se extrañó el mayor, sintiendo que la alegría que sentía desde que descubrió que el Gryffindor lo estaba esperando crecía un poco más.

El ojiverde se puso rojo.

- Y-yo pensé... no creí que te molestaría- balbuceó-. E-es que Severus es un nombre muy raro, y...

- No me molesta, solo que así también me llamaba tu madre- le cortó. El menor asintió, cabizbajo.

- Lo lamento. No volveré a llamarte así- le prometió.

- No te preocupes. Puedes llamarme así, si quieres- le aseguro Severus, sonriéndole. El joven lo vi con inseguridad unos instantes antes de corresponder el gesto.

Harry bostezó.

- Deberías ir a dormir- dijo el Slytherin, aunque no lo deseara.

- No tengo sueño- negó el menor-. Además, prometiste explicarme cómo contrarrestar los efectos de un Veritaserum si no tengo a manos el antídoto- le recordó, haciéndole reír.

- Como quieras- aceptó, y empezó a explicarle el método a un somnoliento Gryffindor.

Media hora después, el pocimista sintió como Harry posaba su cabeza sobre su hombro, completamente dormido. Reconfortado con la escena en la que se encontraba, conjuró una manta para cubrirlos a ambos y se rindió a los brazos de Morfeo.


Pocas horas después (aunque él las sintió apenas como minutos), Severus despertó gracias a los violentos golpes que alguien daba a la puerta de su habitación.

Tremendamente cansado, abrió los ojos, sintiendo una calidez que nada tenía que ver con la manta que él había conjurado. Con delicadeza, se volteó a ver al durmiente joven a su lado. Sonriendo con ternura, deseo poder quedarse todo el día de esa forma...

... pero la persona detrás de su puerta, muy dispuesta a arruinar sus planes, volvió a golpear con aún más violencia que la vez anterior. Cuidando de no hacer ningún movimiento brusco (y a regañadientes), se levantó del sofá y fue a abrir la puerta, encontrándose (¡cómo no!) con Black y Lupin. Allí iba su mañana perfecta.

- Supongo que tienen una buena razón para interrumpir mi descanso- les gruño, molesto.

- Harry está aquí- afirmo Black. Severus frunció el ceño.

- ¿Qué te hace pensar eso?- inquirió, haciendo lo posible para que el perro no viera dentro de su habitación.

- No está en su habitación, y el rastro de su olor nos trae hacía aquí- respondió Lupin con calma. El Slytherin quiso golpearse por olvidar el hecho de que el licántropo tuviera buen olfato.

- Se quedó dormido mientras hablábamos, y no quise moverlo- confesó el profesor, ligeramente a la defensiva.

No se le pasó desapercibida la reacción de sus antiguos enemigos. El animago lo veía con ira mientras que el hombre lobo parecía que había confirmado una sospecha.

Black abrió la boca, decidido a gritarle algo, pero se vio frustrado por una voz somnolienta que venía tras Severus.

- ¿Qué hacen aquí?- pregunto Harry, restregándose el ojo y sin notar el ambiente tenso entre los adultos.

- Estábamos buscándote- respondió Lupin, el único lo suficientemente maduro como para no caer en la guerra de miradas entre Severus y Black.

- ¡Ven, Harry! ¡Te llegó una carta muy importante!- anunció el ojigris con falso entusiasmo mientras tomaba a su ahijado del brazo y lo arrastraba hasta la cocina, siendo seguido por un irritado Snape y un incómodo Lupin.

En la cocina ya estaban todos reunidos alrededor de cuatro hermosas lechuzas (tres rojas y una plateada en representación de las casas correspondientes*) que llevaban sobres idénticos, y de los dueños de dichos sobres.

Severus se tomó el tiempo de ver el estado de los jóvenes. Granger parecía a punto de sufrir un ataque nervioso en cualquier momento, el menor de los Weasley varones tenía las orejas casi del mismo color que su pelo, mientras que Draco aparentaba normalidad, incluso indiferencia, mas era traicionado por un brillo verdoso sobre su pálida piel.

- ¡Harry, al fin! Ven, los chicos te estaban esperando para poder abrir las cartas- lo llamo Molly. El pocimista notó que el ojiverde se tensaba, pero avanzaba resuelto al círculo en donde estaban sus amigos.

Los jóvenes intercambiaron miradas nerviosas y avanzaron hacía sus sobres. El silencio reino en la cocina mientras los abrían. Las reacciones no tardaron en llegar. Weasley soltó un bramido de euforia; Granger bajo la cabeza, abatida, y Harry y Draco sonrieron complacidos.

- ¿Y bien? ¿Cómo les fue?- pregunto una tensa Molly, poniendo en palabras la duda de todos.

- ¡Tengo siete MHB, mamá!- exclamó un emocionado Ron.

- ¿Siete MHB?- se extrañó Fred-. ¿Estás pensando lo mismo que yo, Feorge?- le pregunto a su gemelo.

- Sin duda, Gred- respondió George-. El pequeño Ronnie...

- ... debe haber sobornado a los instructores- concluyo el mayor de los dos.

- ¡Oh, cállense!- les reprendió Ginny, la única disponible para defender a su hermano ya que sus padres y Bill estaban muy concentrados en celebrar el logro del menor.

- ¿Y tú, Harry?- pregunto un intranquilo Lupin.

- Seis MHB, ¡y un Extraordinario en Defensa contra las Artes Oscuras!- respondió, sonriendo radiante.

- ¡Ese es mi ahijado!- exclamo Black, orgulloso, abrazando al ojiverde junto con Lupin.

Severus notó que Harry buscaba su mirada entre los brazos de sus protectores, y le dedicó una media sonrisa de felicitación que solo él pudo ver.

- Obtuve ocho Extraordinario, y dos MHB en Defensa contra las Artes Oscuras y Transformaciones- declaro con suficiencia Draco, recibiendo un abrazo de su madre y una sonrisa orgullosa de su parte.

- Te felicitó, Draco- le dijo, haciendo que el rubio lo viera con lágrimas en los ojos que su orgullo Slytherin no le dejaría derramar.

- ¿Y qué hay de ti, Herms?- le pregunto una preocupada Ginny a su amiga, quien no había levantado la cabeza desde que había visto sus notas.

- No está mal- respondió la castaña, apesadumbrada.

- ¿En serio, Granger? Obtuviste nueve Extraordinario y una MHB en DCAO, ¿y no estas conforme con ello?- ironizó Draco, que estaba viendo las notas de la chica por sobre su hombro.

- No, por supuesto que si- repuso la joven, bastante roja.

- Esto hay que celebrarlo- propuso Tonks.

- Gran idea, primita- acepto Sirius, entusiasta-. Remus, Severus, ¿me acompañan a buscar a Kreacher para hacer los preparativos?- pidió, y ambos asintieron.

Salieron de la cocina con la mirada intrigada de los presentes siguiéndolos. Nadie entendía lo que pasaba, pero Severus se hacía una idea de lo que se venía.

Cuando estuvieron lo suficientemente lejos de todos, Black finalmente lo confronto. Severus se preparó para el melodrama.

- ¿Qué es lo que hacía Harry en tu habitación?- exigió saber.

- Ya te lo he dicho, ¿o es que tu diminuto cerebro es incapaz de retener información? Estuvimos hablando- respondió el pocimista, sin poder evitar soltar el comentario mordaz.

- ¿Hablando de qué?- pregunto Lupin, mucho más calmado que su pareja.

- De cosas que no les incumbe- contesto, irritado.

- ¡Claro que nos incumbe!- exclamo el animago, señalándolo acusatoriamente-. Ya lo sabemos, ¡sabemos que es lo que pasa aquí!

- ¿Y qué es lo que saben?- cuestionó arqueando una ceja y tratando de parecer indiferente. Era imposible; Dumbledore era una cosa (el viejo metiche siempre tenía que saberlo todo), pero era imposible que ellos...

- ¡Sabemos que te gusta Harry!- exclamo Black. El Slytherin retrocedió casi como si lo hubieran empujado.

- ¿Cómo...?

- No fue muy difícil, Severus- explico Lupin-. Te has vuelto mucho más amable con él y, cuando estas con Harry, hueles...- y se interrumpió, incómodo.

- ¿Huelo?

- Como yo cuando estamos juntos- concluyo Black señalando a su novio y a sí mismo.

- No tanto: su olor es más dulce y menos... apasionado- aclaro el hombre lobo.

- ¿Lo estas defendiendo?- cuestionó, histérico, el ojigris.

- Por supuesto que no, sólo estoy diciendo la verdad- respondió Remus, un tanto molesto por la actitud de su pareja-. Además, quiero saber qué es lo que piensa hacer- agregó.

- ¿Cómo "qué pienso hacer"?- inquirió Severus.

- Si piensas decírselo o no- respondió, impaciente.

-¡No, no, no, no! ¡Por supuesto que no se lo dirá a Harry!- exclamo Sirius, que ya pensaba que su pareja se había vuelto loco solo por sugerir tal cosa.

- Todavía no lo he decidido- respondió el espía, ignorando al animago.

- ¡Pero no lo harás!

- Digamos que no dejara que Sirius te mate en este momento...

- ¡Por mí, encantado!

-... y te dejáramos intentar conquistar a Harry...

- ¡¿QUÉ?! ¡Lunático, ¿estás loco?!

-... bajo ciertas condiciones, ¿aceptarías?- le ofreció el licántropo.

Severus lo sopeso durante unos segundos antes de responder.

- ¿Qué condiciones?- pregunto.

- ¿Qué acaso mi opinión no cuenta?- grito Sirius, ofendido.

- No- respondieron ambos.

- No podrás ser directo, no lo forzaras a nada, y si en algún momento te rechaza o se muestra incómodo, pararas inmediatamente. ¿Está claro?- condicionó el castaño.

- ¿Cuál es el truco, Lupin?- pregunto Snape, sospechando de la oferta-. Dudo que Black y tú estén felices por esto.

- ¡Para nada! ¡Yo me opongo!

- No te equivoques, Severus. En este momento deberías agradecer que no hay luna llena- respondió e hombre lobo con una sonrisa que le puso los pelos de punta-. Sin embargo, sé que tus intenciones con Harry son sinceras, y que Harry estaría en buenas manos si se enamorara de ti- agrego, poniendo una sonrisa apenás menos amenazante-. Entonces, ¿aceptas mis condiciones?- consulto, extendiéndole una mano para cerrar el trato.

- Acepto- dijo Severus, estrechando la mano que le era ofrecida.

- ¿Sirius?- llamo el castaño con tono demandante. El ojigris chasqueó la lengua y se cruzó los brazos, casi como un niño enfurruñado.

- Está bien, lo permito- acepto el animago-. Pero si llego a oír la más mínima queja de parte de Harry sobre tu actitud, créeme que Lord Voldemort parecerá un gusarapo comparado conmigo- lo amenazo antes de darse la vuelta para volver a la cocina junto con su pareja.

Severus suspiró. Ya se estaba haciendo la idea de que, pese a haberle "dado permiso" de tratar de conquistar a Harry, la pareja no se lo iba a dejar nada fácil.


Hasta aquí por hoy. ¿Qué les pareció? ¿Creen que Snape logrará su objetivo pese a estos dos confabulando en su contra? ¿Dumbledore será su único aliado o habrá más personas en el Team Sev? Todas estas preguntas y más serán contestadas... en los siguientes capítulos XD.

Lo que sí puedo irles adelantando es que el fic no sólo tendrá la perspectiva de estos dos. Ya estoy empezando a escribir un capítulo desde el punto de vista de Draco, y en un futuro pienso hacerlo con los demás integrantes del Trío Dorado y el ED (aunque con estos últimos lo más probable es que sean solamente algunas escenas).

Bueno, lo único que me queda por decir es que, por favor, dejen su review.

Ya dicho esto, me despido. Au revoir.

*: Sé que el color más representativo de Slytherin es el verde, pero ¿dónde han visto una lechuza verde sin estar drogados? Díganle no a las drogas, niños. No hacen ningún bien.