Sip, ya volví, y traje un nuevo capítulo conmigo. Esta vez no tardé tanto. Creo que merezco un premio *le arrogan un balde de agua fría para que no moleste*

Je, je. Dejando eso de lado, aquí les traigo el nuevo capítulo, narrado desde la perspectiva de Draco. Debo decir que no es tan sencillo escribir desde su perspectiva: Draco es un personaje complejo. Comparte muchas características con Harry, pero mientras nuestro querido cararajada hace las cosas por el bien de todos (el bien común sobre el bien personal), Draco busca un beneficio para él y sus allegados; además que Harry hace lo que cree que es correcto, mientras que Draco hace lo que le enseñaron y lo que cree que hará que sus padres se sientan orgullosos de él.

En este fic, voy a tratar de darle un criterio propio del bien y del mal, pero sin alejarlo de sus valores Slytherins (es decir, va a seguir siendo alguien orgulloso, fiel a unos pocos y que no duda en dejar en claro su opinión cuando cree que un plan es muy riesgoso). Espero que me salga bien, je, je.

Bien, es lo único que quería decir, así que pasemos al fic.

¡Que lo disfruten!

Advertencia: Creo que en este capítulo no hay nada que advertir que ya no sepan, así que sólo están perdiendo el tiempo leyendo esto.

Disclaimer: Créanme, si yo fuera J. K. Rowling Harry Potter hubiera terminado con Harry y Severus casados y con cinco hijos, hubiera habido escenas de lemon entre los dos, Ron y Hermione no se hubieran casado, y Fred, Sirius, Remus, Tonks y Dobby no hubieran muerto.


Cómo conquistar a un Gryffindor y no morir en el intento

Capítulo 5: La caída del Príncipe de Slytherin*

Las vacaciones finalmente habían acabado, y el momento de volver a Hogwarts por fin había llegado. Los jóvenes se habían despedido de los mayores y se encontraban a bordo del Expreso de Hogwarts.

- Tenemos que ir al vagón de los prefectos- anunció Hermione cuando el tren se puso en movimiento.

- Nosotros buscaremos un compartimiento. Tengan cuidado- dijo Harry, yéndose con Neville, Luna, Ginny y el equipaje a buscar un lugar para todos.

Mientras tanto, Draco se dirigió hacia el vagón de los prefectos con la castaña y el pelirrojo. No fue un trayecto cómodo. Podía sentir las miradas de las personas puestos en ellos, especialmente en él.

Sabía que no iba a ser fácil. Ni siquiera había intentado auto-engañarse. Sabía que el simple hecho de estar caminando junto a Ron y Hermione haría que sus compañeros de casa lo consideraran una paria, mientras que los demás lo verían recelosos, a la espera de que hiciera un movimiento en falso... Si Harry hubiera estado por allí, ya lo hubieran lapidado.

Casi se arrepentía de no haber aceptado la capa de invisibilidad cunado el pelinegro se la ofreció, pero él quería demostrar que seguía siendo un Slytherin, y que nadie podía pasarle por encima.

- ¿Todo bien, colega?- le pregunto Ron cuando llegaron a la puerta del vagón de los prefectos.

- No tienes por qué entrar, si no quieres. Podemos decir que estas descompuesto, o...- ofreció Hermione, mirándolo como si creyera que le fuera a dar un ataque.

- Tarde o temprano deberé hacerlo; y prefiero que sea ahora- respondió, resuelto. No lo diría, pero el hecho de que los dos estuvieran a su lado le daba el coraje para hacerlo.

Ron le dio una palmada en señal de apoyo y Hermione asintió, abriendo la puerta.

El silencio fue absoluto cuando entraron. Tratando de hacer ver que no les afectaba, escucharon cuáles serían sus obligaciones ese año, explicaron a los nuevos prefectos lo que tenían que hacer, y se dispusieron a irse...

Mas una mano en el hombro de Draco lo detuvo. Sospechando de la identidad de quien lo retenía, volteó sólo para encontrarse con una furibunda Pansy.

- ¿Dónde estuviste todo el verano? ¡Te estábamos buscando! ¡Tú Lord y tu padre te estaban buscando! ¿Y qué haces con esa sangre sucia y el traidor de Weasley?- le reclamó en voz baja, pero llena de desprecio.

- Lo que haga o deje de hacer no es de tu incumbencia, Pansy- le respondió, cortante, liberándose con un gesto brusco de la mano que lo retenía-. Y poco me importa como hayan desperdiciado el verano.

La Slytherin lo miró de arriba a abajo con asco.

- ¿Eso es lo que deseas?, ¿convertirte en un peón reemplazable en el juego de Dumbledore?- Draco rio con amargura.

- En ambos lados soy un peón, Pansy. Pero sé qué lado ganará esta guerra, y cuál de las dos causas es verdadera.

- ¡¿Cómo puedes decir eso?! - chilló, histérica-. ¡Tú, que eres el Príncipe...!

- No soy el príncipe de nada. Sólo soy alguien que sabe lo que tiene que hacer- le interrumpió, dando la media vuelta y yéndose con los Gryffindors, quienes lo esperaban en la puerta del compartimiento.

No sabía exactamente por qué, pero se sentía mucho más ligero ahora.

- Creo que no debiste decir eso- dijo Hermione mientras buscaban a los demás.

Draco se encogió de hombros.

- Tarde o temprano iba a tener que dejarlo en claro- respondió.

- Para mí estuvo bien. ¡Su cara fue impagable!- intervino Ron, haciendo que el rubio riera y la castaña sonriera a su pesar.

Encontraron a los demás en un compartimiento casi al final del tren. Harry y Neville se encargaron de contarles las visitas que habían tenido (en su mayoría, alumnos curiosos y algún que otro grupo de Slytherin que buscaban intimidarlos), mientras que Ron les relato la confrontación que tuvo con Pansy, haciéndolo parecer más violento de lo que en verdad fue.

Draco no pudo evitar pensar que, si no hubiera sido un cretino desde el inicio, hubiera podido disfrutar de ello desde primer año. Tantas malas decisiones que no hubiera tomado, tantas cosas que habría hecho, tantas heridas que no existirían... sus nuevos amigos le habían perdonado todo, pero él no había terminado por hacerlo mismo con él. Sentía la desagradable sensación de ser una mancha en una prenda inmaculada bajo toda la alegría que sentía en esos momentos. Se preguntaba cómo es que su padrino podía soportar todo ello.

- No te sientas mal, eres la pieza del rompecabezas que faltaba- le dijo Luna, apenas levantando la mirada de su ejemplar del Quisquilloso.

- ¿Eh?- pregunto Ron, sin entender por qué la Ravenclaw había dicho eso.

Por otro lado, el rubio asintió, agradeciendo sin decirlo las palabras de la chica y preguntándose, de casualidad, si la joven podría leer las mentes o sólo era bastante perceptiva.

Al cabo de unas cuantas horas, llegaron a Hogsmeade. Abriéndose paso entre empujones (más que nada por las personas que se le quedaban mirando raro), lograron llegar un carruaje desocupado, que los llevo hasta el castillo.

No fue sino hasta que cruzaron las puertas del Gran Comedor que Draco cayó en cuenta de algo: iban a tener que separarse. Iba a tener que ir solo hasta la mesa de su casa, al otro lado del Gran Comedor. Nunca se había detenido a pensar que tan horrible era esa tradición hasta ese momento.

- Puedes venir con nosotros, ¿sabes? No hay ninguna regla que lo impida- ofreció Ginny.

- Además, no dejaremos que nadie te diga nada- secundo Neville, en uno de esos escaso pero serios arranques de valentía.

El Slytherin titubeo. La oferta era tentadora, pero no podía aceptarla.

- No creo que sea buena idea- negó.

Harry asintió.

- Estaremos atentos para ayudarte, si nos necesitas- dijo antes de dirigirse hacia la mesa de Gryffindor junto con sus compañeros de casa.

Draco se dirigió hacia el lado contrario, sintiendo la mirada juzgadora de todo el Gran Comedor en su nuca.

Cuando se sentó en la mesa de su casa, vio como algunos de sus compañeros se apartaban. Del otro lado de la mesa, Blaise y Theo le dirigían miradas que no supo cómo interpretar. Se sentía como una paria.

Dejó de sentir la mirada de todos cuando anunciaron al nuevo profesor de Defensas contra las Artes Oscuras pero, mientras seleccionaban a los nuevos integrantes de cada casa, las volvió a sentir con aún más fuerza.

Frustrado, supo que esa noche se le iba a hacer eterna.


Estaba siendo paranoico. Lo sabía bastante bien. Pero ningún Slytherin que llegó lejos alguna vez en la vida tenía ni un pelo de tonto, y él tampoco.

Así que, si para estar seguro de que no iba a recibir ningún tipo de "escarmiento" por parte de sus compañeros de casa era permanecer despierto durante toda la noche, lo haría. De todas formas, podía aprovechar las horas libres para dormir unos minutos.

Gruñendo levemente, se removió sobre su cama, bastante adormilado pese a todo.

Fue entonces cuando oyó los pasos que se aproximaban a su cama. Olvidando cualquier rastro de sueño que sentía, saco su varita de debajo de la almohada y se preparó para el ataque.

- ¡Protego!- exclamo inmediatamente cuando sintió que corrían las cortinas de su cama. El encantamiento que le lanzaron rebotó contra el suyo y le dio de lleno a Goyle, quien lanzó un horrible chillido.

Eran muchos, sin contar a Goyle. Teniendo en cuenta la disparidad entre tamaños y formas, el grupo estaba conformado por alumnos de distintos años, aunque ninguno parecía menor de cuarto año.

No perdió mucho tiempo. Comenzó a lanzar cuanto hechizo se le ocurrió para poder abrirse paso hasta la salida, importándole poco si daba a su objetivo o no.

-¡No podrás huir eternamente, traidor!- oyó gritar a Pansy antes de que la puerta de entrada se cerrara tras él.

No podía pensar claramente. Una parte de él le decía que debía seguir moviéndose, siempre atento a cualquier movimiento hasta llegar a un lugar que fuera seguro, pero sus piernas no querían colaborar en lo más mínimo. No fue hasta que se le ocurrió el único lugar en dónde estaría a salvo que recuperó el movimiento: el despacho de su padrino.

Comenzó a correr, sin dejar de prestar atención a cada sonido que hubiera a su alrededor y de voltearse cada tanto para asegurarse de que no lo seguían. Se sentía como una joven versión de Ojoloco. La comparación lo hizo reír de forma histérica.

Tan concentrado estaba asegurándose de que nadie lo siguiera que no pudo evitar chocar contra algo frente suyo. Soltando un grito por el susto, se preparó para lanzar algún encantamiento.

- Calma, Draco. Soy yo- le dijo Harry, apareciendo desde debajo de su capa.

- ¡Harry!, ¿qué haces aquí?- pregunto Draco, mirando con ojos como platos a su amigo y tratando de recuperar el aire tras la carrera.

- Vi que te rodeaban y que luego salías corriendo de tu Sala Común- respondió mostrándole el Mapa del Merodeador. El rubio decidió no preguntar cómo había llegado tan rápido o por qué había estado viendo el mapa a esas horas-. Vamos, te llevaré con Severus.

El pelinegro lo cubrió con la capa, y ambos se dirigieron en silencio hacia el despacho del profesor.

Cuando llegaron, Harry tocó la puerta y esperaron bajo la capa hasta que el pocimista abrió la puerta. El profesor apareció con una ligera sonrisa en sus labios, que se transformó en una mueca de confusión al ver aparecer a Draco.

- ¿Qué pasó?- preguntó, haciéndose a un lado para dejarlos pasar.

Harry abrió la boca para hablar, mas la cerró inmediatamente y le dirigió una mirada a Draco, dejando que este le contara la situación a su padrino.

- Mis compañeros de casa intentaron atacarme- confesó, y le relató lo sucedido a su padrino.

Severus lo escuchó atentamente, con el rostro impasible que (como él sabía) era signo de autocontrol, no falta de interés. Cuando terminó de contar, pudo notar que el profesor se contenía de ir a suministrar varios castigos.

- Dormirás aquí esta noche, mañana veré qué hacer- le indicó, transformando su sofá en una cómoda cama-. Harry, te acompañaré hasta tu Sala Común y luego iré a hablar con Dumbledore. Cuando vuelva, espero que estés dormido, Draco. Si no, te suministraré una pócima de sueño- le advirtió antes de salir del despacho con el Gryffindor.

Sabiendo que la amenaza era en serio, el rubio se metió a la cama y trato de dormir.

No fue sino hasta que estuvo casi dormido que cayó en cuenta de algo bastante importante: su padrino había estado esperando a alguien. Había estado esperando a Harry.


A la mañana siguiente, al llegar al Gran Comedor, ni siquiera lo dudó y se dirigió a la mesa de Gryffindor. Se sentó entre sus amigos, atrayendo la mirada sorprendida y juzgadora de los demás alumnos, que obviamente le recalcaban que ese no era su lugar.

Ignorando a las demás casas, fijó su mirada en la mesa de Slytherin, donde el grupo que lo había atacado lo veían entre indignados y furiosos. Devolviéndoles una mirada retadora, siguió pasando su vista entre sus compañeros de casa, los cuales estaban cuchicheando entre ellos. Los únicos que se veían bastante anonadados si quiera para hablar eran Blaise, Theo y Daphne.

- ¿Estás bien, Draco?- le pregunto Hermione, preocupada.

Él volvió la mirada a la mesa, dónde sus amigos lo veían preocupados y listos para demostrarles su apoyo contra cualquiera (incluso si era él mismo).

-Por supuesto- respondió, sonriendo.

La llegada de los horarios desvió el tema.


Acababa de salir de Aritmancia cuando alguien lo tomó del brazo e hizo que entrara en un aula vacía.

- ¿Qué cara...?- empezó antes de notar quiénes lo retenían-. ¿Ustedes también van a intentar hechizarme?- gruño, sacando su varita.

- Bájale la espuma a tu chocolate, Draco. Sólo queremos hablar- dijo Blaise, rodando los ojos.

- Muy bien. Hablen- concedió el rubio, cruzándose de hombros.

- ¿Dónde estuviste este verano?- pregunto Theo.

- Si vienen a buscar información, pueden irse bien a la...

- ¡Draco, estábamos preocupados por ti!- lo interrumpió Daphne, un tanto nerviosa-. Durante todo el verano no dejamos de oír los planes que el Lord tenía para ti, o que tan duros serían los castigos que recibirías cuando te encontraran.

- También intervenían nuestra correspondencia- agrego Nott-. Para asegurarse de que no nos mandaras un mensaje diciendo dónde estabas, si es que alguna vez decidías escribirnos...

- Dejémoslo simplemente en que decidí desertar del lado del Señor Tenebroso y estuve escondido- respondió, descruzando los brazos.

Los tres asintieron, sin buscar más explicaciones.

- Respecto a lo de Potter y sus amigos...- empezó Blaise.

- Ahora también son mis amigos- lo cortó el rubio.

- Bien. Y en cuanto a lo de anoche...

- Ninguno de los tres sabía que iba a pasar- dijo Daphne, con tanta sinceridad que Draco no necesitó más pruebas.

- Lo importante es que no participaron- declaró.

- ¿Estas consciente de que no eres bienvenido en la Sala Común, y que cualquiera que te hable recibirá el mismo trato?-consultó Theo.

- Lo estoy. ¿Y ustedes?

Los Slytherins le sonrieron.

- De todas formas, siempre pensé que la Sala Común de Slytherin es demasiado húmeda para mi gusto- comento Blaise.


La cena de esa noche fue bastante silenciosa. Todas las miradas estaban concentradas en el pequeño grupo que estaba reunido en la mesa de Gryffindor, integrado por leones, serpientes y hasta una águila.

Los demás alumnos los veían entre sorprendidos y alertados. Una cosa era que UN alumno de otra casa se sentara en una mesa que no le correspondía (aunque, por lo general, sólo lo hacían los hermanos y las parejas), y otra muy distinta era aquello.

Aun así, nadie se atrevió a decir ni una palabra sobre ello. Después de todo, los maestros tampoco se oponían y, si lo pensaban bien, ellos varias veces quisieron hacer lo mismo con sus amigos, pero por temor al qué dirán no se habían atrevido.

Y así, sin saberlo, el grupo había sembrado la semilla del cambio.


Insisto, merezco un premio por eso.

Ok, no. El capítulo no es tan largo, y casi ni hay mención de Snarry, pero si son capaces de darse cuenta de las cosas, habrán notado algo muy importante en este capítulo. Algo que ayudará mucho en el avance o el retroceso de la pareja principal.

Bueno, como no quiero hacerles más spoiler, sólo me queda rogar porque dejen un review. ¡Les estaría muy agradecida!

Ahora sí, me despido. ¡Hasta el próximo capítulo!