Sueño febril
Corría a gran velocidad por las calles de Parthevia, sus pequeños pies manchados de barro y sus manos cubiertas de sangre evidenciaban la labor que había llevado a cabo. Vittel le seguía de cerca, tratando de llamar su atención mientras ambos se alejaban hacia las afueras de la ciudad. Fue entonces cuando lo vio, como un ser resplandeciente, parado en medio del camino, extendiendo los brazos como si lo invitara a ir hasta él, su larga coleta purpura ondeando libre con el viento. Jafar se detuvo en cuanto estuvo lo suficientemente cerca de él para reconocer sus facciones, Sinbad solo sonreía, adelantaba con cuidado algunos pasos de forma lenta intentando acercarse y extendía sus manos hacia el más joven. El pequeño se adelanto hacia Sin e intento tomar su mano, pero Vittel decidió alejarlo y tomó al niño en brazos, saltando con él lo más lejos que podía.
El pequeño Jafar se dio cuenta entonces, de que el Sham Lash al completo se encontraba ahí, y su objetivo era claro. Sinbad seguía mirándole desde donde estaba, mientras cada uno de los asesinos arremetía contra él. Jafar gritó y Sinbad se limitó a permanecer de pie justo ahí, como esperando a ser atacado, lo único que el pequeño logró hacer, fue cerrar sus ojos para evitar presenciar aquella escena.
Una fuerte sacudida le hizo abrir los ojos de nuevo. Estaba acostado en una cama bastante cómoda, miró a su alrededor y ahí estaba Sibad, de pie junto a la cama, completamente intacto, mirándole preocupado.
-¿Estás bien? – deslizo su mano por la frente del peliblanco comprobando su temperatura –estabas gritando- le informó.
Jafar tomo su mano y beso el dorso con demasiado anhelo del que le hubiera gustado mostrarle a su rey –pesadilla- pronunció con una voz ronca –es por la fiebre – suspiró, se sentía bastante débil y su cuerpo temblaba un poco –lo siento – se disculpó, realmente lamentando causarle molestias a Sin.
-No pasa nada- sonrió- puedes contarme tu sueño si quieres – sugirió sentándose al borde de la cama, esperando la respuesta del convaleciente.
-Soñé que eras tan feo que no conseguías más mujeres, así que decidías casarte conmigo y yo tenía que ver tu fea cara todos los días de mi vida – le miró, serio, intentando parecer realmente asustado.
Sin poder evitarlo, Sin soltó una tremenda carcajada, su risa inundando la antes silenciosa estancia. Apretó el brazo del enfermo de forma cariñosa y se sostuvo el estomago intentando contener el dolor que el ataque de risa le estaba causando. Jafar le miro, sonriendo, algo en su interior se removió y un sentimiento cálido se extendió por todo su cuerpo. Amaba la risa de Sin, amaba verlo de esa forma y le encantaba cuando tenían momentos juntos como aquel. Cerró sus ojos y comenzó a reír también, contagiándose del buen humor de su rey, no le importaba morir en aquel momento, mientras hubiera muerto escuchando el cálido sonido de aquella risa.
