Apenas la puerta se cerró, el trio se alejó de la casa con ritmo alegre, o por lo menos así parecía. Naegi trataba de aparentar su incomodidad al estar con ellos. No podía sacarse de la cabeza al cadáver de Cuddles o a las tripas de Toothy en la calle. Observo a la gente su alrededor. Esos lindos animalitos sufrían ese tipo de muere todos los días y aun con eso se los veía felices realizando sus actividades diarias.

-Oye ¿Te llamabas Makoto no?- pregunto de pronto Cuddles.

El nombrado asintió

-Genial, Sniffles no mentía cuando lo llamamos esta mañana.

-¿Qué les conto?- pegunto Naegi

-No mucho la verdad- respondió Toothy- Según él, no tenía mucha información sobre ti por lo que paso... ¿A dónde vamos primero?

-A la cafetería- dijo Cuddles

-Chicos, yo ya desayune-dijo Naegi

-Nosotros no.

Luego de un par de cuadras llegaron al establecimiento con Cuddles.

-Si te soy sincero, creo que en realidad solo quiere ver a Giggles- le comento Toothy en voz baja.

-¡Oí eso!

Dentro de la cafetería lo primero que llego a Naegi fue el fuerte olor a café y huevos fritos acompañados por las voces de los clientes. Distintos clases de animales comían y conversaban de forma animada en las mesas. Vio como sus amigos saludaban a otro castor el cual era naranja... y no tenía brazos. Este les devolvió el saludo con los muñones. Se sentaron en una mesa al lado de un enorme ventanal con buenas vistas al exterior. No bien se habían acomodado en el sitio apareció patinando una camarera. Esta parecía ser una especie de ardilla sin cola de color rosado suave. Naegi dedujo que debía ser una chica por su vestimenta y al moño rojo en su cabeza.

-¡Hola chicos!- dijo ella muy alegre

-¡Hola Giggles!- respondieron los otros.

-¿Quién es el?- pregunto curiosa al notar a Naegi

-Yo soy Makoto Naegi...

-¡Lo encontramos desmayado en el parque!- interrumpió Cuddles

-¿Makoto? Suena extranjero...un momento ¿cómo terminaste así? No habrás estado alcoholizado ¡¿verdad?!

-No parece tener edad para beber- trato de calmarla Toothy.

-Pero es cierto, nunca nos dijiste como llegaste ahí.

Naegi medito unos segundos que decirles. Decidió contarles la misma versión que a Sniffles.

-No lo sé, no me acuerdo. El último recuerdo que tengo es entrando a mi escuela.

-Oh... ya veo. Espero que encuentres respuestas Mackie- dijo finalmente Giggles- Bueno no me entretengo más ¿Les traigo lo de siempre?

-Claro- respondió Cuddles.

Sin perder más tiempo, Giggles volvió patinando a la cocina para ser regañada por una mofeta azul.

-¡Mira! ¡Ya le puso un apodo! Creo que le agradas- comento Cuddles.

Naegi se quedó pensando en la conversación, encontrando algunas cosas que lo desconcertaban.

-¿Cómo sabes que no tengo la edad para beber?- pregunto a Toothy.

-Te ves como de nuestra edad así creo que no puedas beber

-¿Y qué edad tienen?

-Nosotros tenemos diecisiete pero tenemos amigos con más edad.

Los tres se quedaron en silencio.

-Hey, me olvide de agradecerte por intentar salvarme- dijo de pronto Toothy

Naegi no entendió eso, era lo que cualquiera haría. Eso mismo le dijo pero el otro insistió.

Giggles volvió al poco con sus pedidos, unos omelettes y jugo, en una bandeja junto con otros. Se desplazaba con velocidad para entregarlos cuando se tropezó con la peluda cola de uno de los clientes desparramando todo el contenido sobre la gente cercana. La mayoría de lo que traía eran cosas calientes que cayeron directamente en la cara de los clientes causando graves quemaduras. Estas no parecían ser letales la histeria de la gente sí; ya que de algún modo u otro terminaron lanzando los cubiertos a los cables de las luces provocando su caída y las muertes de los que estaban debajo.

Curiosamente Giggles, el epicentro del caos; resulto estar viva aunque con notorias heridas. Otros no habían tenido tanta suerte, como el castor sin brazos que pese a usar casco su cabeza estaba perforada.

Algunos voltearon a verle; sorprendidos unos, con cara de "no fastidies son las 6 am" otros. Naegi se dio cuenta de que tenía la boca abierta gritando. Pensó en lo raro que se veía y paró. Escucho a Cuddles que le explicaba a los de la mesa vecina que era nuevo en el pueblo. De corazón le agradecía que encubriera el error.

Mientras los demás ayudaban a los sobrevivientes a recomponerse. Conto a las víctimas, sorprendido de que fueran solo cinco (también de que a diferencia de la otra masacre, ahora si podía distinguir entre los muertos). Ugh. Tal vez no tenía tanta hambre y que mejor dejaba de comer.

Al poco vio llegar a una mofeta azul con una flor en su cabeza, por lo que parecía una chica. Venía sosteniendo a una Giggles con las heridas tratadas y sin su uniforme.

-¿Podrían llevarse a Giggles por favor?- le pregunto a sus acompañantes- El jefe le dio el día libre pero no sé si puede llegar a casa sola.

-¡Por supuesto Petunia!- respondió Cuddles.

-Oye, tu eres Makoto ¿no?- dijo al fijarse en él.

-Sí soy Makoto, ¿eres amiga de ellos?

-Claro, mucho gusto, mi nombre es Petunia. Me gustaría presentarme de manera adecuada, pero tengo que volver al trabajo.

Diciendo esto les pidió que pagaran la cuenta (Toothy ofreció a pagársela esa vez). Tomó el dinero, y los despidió con la mano y regreso a la cocina. Sus amigos cargaron entre los dos a la ardilla, la cual parecía un poco molesta por ser tratada así, y le indicaron que debían irse.

Ya en la calle se respiraba otro aire. La brisa fría de la mañana se desvanecía y como el sol calentaba más y más. Había más movimiento de gente aunque de seguro todos ignoraban la tragedia de la cafetería.

-¿Realmente me deben llevar a mi casa?- pregunto Giggles haciendo un pucheros.

-Fue lo que dijo Petunia y ya sabes cómo es ella- le respondió Toothy.

-Técnicamente no dijo nada sobre que había que llevarla a su casa- dijo Naegi pensando en voz alta.

-¿Ves? ¡Mackie me apoya!- exclamó ella. Empezaron a discutir sobre las indirectas y lo que se debía hacer. Harto de ellos, Cuddles los interrumpió.

-¿Y sí vienes con nosotros a mostrarle el pueblo a Mackie y luego te llevamos a tu casa?

-Me parece una gran idea Cuddles- lo apoyo Naegi, que se arrepentía de iniciar la disputa.

Los otros dos aceptaron el plan de buena gana, acordando también que a las 8:00 pm llevarían a Giggles a su hogar. Esta, de la emoción, se zafo del agarre y dio unos saltos hacia adelante… solo para caer por culpa de una herida de su pierna. La volvieron a cargar, aliviados de que solo tuviese unos raspones, y prosiguieron su camino

Mientras tanto, en otro universo…

El sujeto había llegado en perfectas condiciones al otro universo, las modificaciones se habían llevado a cabo por completo. Parecía haberse adaptado a su nuevo cuerpo y progresaba en su entorno.

Había elegido a Makoto Naegi, el Estudiante Afortunado Definitivo de la Clase 78 por dos motivos. El primero era que su personalidad no muy destacable daba esperanzas de que los otros sujetos también se adaptaran al cambio. La otra era que, como el Afortunado Definitivo, era muy probable que ocurriese alguna falla imprevista. Este fue el argumento que convenció a su "compañero", quien quería comenzar por orden alfabético. Era curioso que fue esta variable la que termino ocurriendo ya que, en lugar de ser transportado al Japón de ese universo, terminó en su Estados Unidos. Por ese motivo (y por insistencia de su "compañero") tendrían que enviar al resto de la clase allí.

Gracias a este error ya no habría equivocaciones a la hora de enviar gente en masa a este nuevo universo. Eso era bueno pues les había costado mucho encontrar un mundo parecido que los aceptara. Incluso tuvieron que desistir de ciertas necesidades importantes. Pero, siendo realistas, no creía que hubiese mucha gente a la que enviar.

Por ahora se enfocarían en enviar a la Clase 78, salvo por supuesto a Junko Enoshima y a Mukuro Ikusaba. Ellas seguirían en el coma por tiempo indefinido (lo más seguro es que no las enviara nunca). También enviarían a sus rehenes pues, en palabras de su "compañero": "Se sentirían muy solos". En fin.

Pese a que su "compañero" quería enviar a la clase al mismo lugar, no sabía cómo mantenerlos ahí. ¿Era estúpido o qué? Para vigilarlos enviarían a los sujetos del universo hijo. De todos modos no sabían qué hacer con ellos y no quería lidiar con sus problemas mentales.

Ya había pasado un día desde que enviaron al primer sujeto, era hora de prepararse y enviar al siguiente; ahora si en orden alfabético… A…